Un punto de encuentro para las alternativas sociales

La sociología como una de las bellas artes. Entrevista con Richard Sennett

Carolina del Olmo

Traducción Xohana Bastida Calvo En su último libro publicado en España, El respeto, habla usted abundantemente de su vida: del compromiso político de sus padres, de su infancia en un bloque de viviendas sociales en Chicago… ¿Contribuye de algún modo esa herencia a explicar la orientación o el enfoque de su trabajo teórico? Mi padre y mi tío, que eran anarquistas, lucharon en la Guerra Civil española con el POUM, y su relación con España estuvo bastante circunscrita a Cataluña, y a Barcelona en particular. Cuando volvieron a Estados Unidos se encontraron con que allí a nadie le importaba la diferencia entre estalinistas, anarquistas y trotskistas y fueron catalogados, simplemente, como izquierdistas. De ahí parte la larga relación que tiene mi familia con España. Tras la muerte de Franco me quedé asombrado al ver que la mayor parte de los españoles de mi generación que conocía porque estaban exiliados en Nueva York, se convertían de pronto en alcaldes de ciudades como Barcelona. Uno de ellos, Narcís Serra, llegó a ser Ministro de Defensa. Me sorprendió mucho aquella brusca evolución. En cuanto a la relación de mi historia personal con mis libros, lo cierto es que si incluí en El respeto todo este material autobiográfico no fue para intentar explicar de dónde proceden mis teorías o, al menos, no fue exactamente por eso. Pero, ya que estaba escribiendo sobre el respeto, esa relación tan básica para el buen funcionamiento de la sociedad, para el estado de bienestar y los pobres, pensé que sería más ilustrativo describirlo recurriendo a mi propia infancia que limitarme a teorizar. El respeto forma parte de una trilogía cuyo primer libro es La corrosión del carácter y que se completa con un ensayo que aparecerá próximamente en España: La cultura del nuevo capitalismo. Estos tres volúmenes forman una especie de ciclo en el que describo qué es el nuevo capitalismo centrando mi atención en el trabajo en el caso de La corrosión del carácter, en el estado de bienestar en El respeto y en la cultura en el que libro que está a punto de salir. Resulta habitual que en los estudios sociales de los últimos años se mencione un cambio económico, político y social que habría tenido lugar entre finales de los sesenta y comienzos de los setenta, un cambio que se ha conceptualizado de maneras muy diferentes: capitalismo tardío, sociedad posindustrial, paso a un sistema de producción posfordista o a un régimen de acumulación flexible… En La corrosión del carácter también usted aludía a esta transformación citando algunos fragmentos del clásico libro de Piore y Sabel The Second Industrial Divide. ¿Cree que se trata de un cambio de gran calado o de una modificación superficial? En mi opinión, se trata de un cambio profundo y estructural: el capitalismo ha entrado en una nueva era, que no se puede describir únicamente en términos de globalización. Se ha producido una transformación profunda en las instituciones y también en las expectativas que tiene la gente acerca de la relación entre la economía política y la cultura. En esta trilogía de la que hablaba he intentado demostrar que no estamos presenciando simplemente un fenómeno pasajero. Y no creo que la izquierda haya comprendido aún el calado de esta mutación, como no ha comprendido las profundas modificaciones que la tecnología está introduciendo en el sistema capitalista ni en qué medida esta tecnología se emplea para incrementar las desigualdades y la dominación. Si no tenemos en cuenta esta transformación nos limitaremos a mirar hacia atrás y a pedir que las cosas no cambien, como esos estudiantes franceses que se están manifestando porque quieren una seguridad que ya no tienen. No creo que ése sea un buen método para combatir este tipo de cambio. Cuando emprendí esta investigación sobre el nuevo capitalismo que me ocupa desde hace prácticamente quince años, casi todo el mundo identificaba lo que estaba ocurriendo con una nueva fase del imperialismo americano. Sin embargo, ahora vemos que los mismos cambios están teniendo lugar en China, en la India… Sería demasiado simplista decir que ya hemos visto antes lo que está ocurriendo allí. Se trata de dos países extremadamente pobres que, de pronto, han alcanzado una posición de poder muy importante y están presenciando cómo en su seno se genera una profunda contradicción entre los nuevos tipos de clase media y la gente que se está quedando rezagada. No cabe duda de que éste es un cambio estructural producido, digamos, por la economía y no el resultado intencionado de las maniobras de Estados Unidos. Son temas importantes sobre los que es preciso reflexionar. En sus ensayos utiliza abundantemente estudios de caso, historias de vida y transcripciones de conversaciones. Además de manejarse estupendamente con el lenguaje, se aprecia claramente que tiene una especial sensibilidad para este tipo de relatos. No me ha sorprendido, pues, descubrir que también ha escrito usted tres novelas, que no están traducidas al castellano. ¿Qué le llevó a escribir narrativa? A lo largo de mi formación como sociólogo aprendí a recabar y a utilizar historias de vida en mi investigación. Este método de estudio se basa en una teoría según la cual, para comprender el significado de los hechos políticos o económicos es preciso situarlos en un contexto temporal. Se trata de un enfoque que surge de la tradición etnográfica de la sociología británica, aunque también ha recibido influencias del psicoanálisis. Su objetivo es llegar a comprender la situación dentro de un marco narrativo amplio. En realidad, mi formación como sociólogo estuvo muy próxima a la antropología y dado que la mayor parte de mis investigaciones requerían entrevistas de hasta diez y doce horas, acabé desembocando en la narrativa de una manera muy natural. Para mí, la literatura y la sociología no son cosas tan distintas. Por lo demás, si bien es cierto que no soy un novelista particularmente bueno, mis novelas fueron para mí una especie de extensión de mis estudios, una investigación diferente que también me servía para comprender el lugar de las cosas en el marco de períodos extensos de tiempo, lo cual resulta fundamental en unos momentos en los que el rasgo más relevante de la cultura del nuevo capitalismo es la ruptura del tiempo, su fragmentación en pequeñas porciones, de forma que, como explicaba en La corrosión del carácter, las experiencias resultan muy breves e inconexas. Este tipo de investigación etnológica, que produce un tipo de conocimiento muy específico, no tiene nada que ver con la escuela estadounidense, más orientada a los números y las estadísticas, pero tampoco con la francesa; es totalmente diferente. Aunque es cierto que la obra del sociólogo francés Pierre Bourdieu, que fue buen amigo mío y que también tuvo una formación antropológica, se basa en narraciones de este tipo. Curiosamente, en los últimos años estoy teniendo en la universidad, en Londres, bastantes alumnos franceses; tal vez están cansados de tanta teoría… Dice usted que sociología y literatura no son cosas tan distintas… Si no me equivoco, hace algún tiempo declaró que su intención era volver a convertir la sociología en un género literario, como lo fue en el siglo XIX. ¿Qué opinión le merecen las pretensiones científicas de los sociólogos? Y, una vez que aceptamos la sociología como género literario, ¿a qué tipo de verdad cree que pueden aspirar sus conocimientos? La primera parte de la respuesta es que no hay por qué pensar que ciencia y arte son excluyentes. Las cosas se puede hacer como las hago yo o de otro modo. En realidad, siento un enorme respeto por los investigadores que trabajan con estadísticas, aunque mi método sea distinto. El trabajo que yo llevo a cabo, y que desarrollan otros muchos estudiosos con los que comparto un enfoque similar, desemboca en un tipo de conocimiento diferente que en alemán se denomina Verstehen; es una labor de reconocimiento y empatía, aunque tal vez «empatía» no sea la palabra adecuada. En cualquier caso, es la capacidad de imaginar una vida diferente de la propia. Naturalmente, este método basado en el Verstehen no es algo que yo haya inventado, procede de una tradición muy respetable en la que destacan figuras como Dilthey o Nietzsche. Los conceptos de «verdadero» y «falso» forman parte de un lenguaje propio de un mundo muy específico. En las investigaciones de este tipo, en cambio, no se trata tanto de producir verdades cuanto de conseguir un entendimiento, una comprensión que constituye también conocimiento objetivo, aunque de un tipo muy peculiar, que permite descubrir qué es lo que hace que otro ser humano sea diferente de uno mismo. Y para lograr que el lector experimente esas diferencias y comprenda ciertos aspectos concretos que están en el interior de otras personas, quien realiza el análisis debe trabajar mucho su escritura. Si yo quiero, por ejemplo, expresar qué hay de extraño en la vida de un señor que trabaja como programador informático, no puedo limitarme a explicarlo, tengo que convertirlo en una experiencia concreta que poder narrar. Si me limito a decir «estas personas son diferentes de ustedes», el lector no captará nada. Por eso le doy tanta importancia a la forma en la que escribo.

He leído que Tony Blair ha citado su libro El respeto en apoyo de su Labour’s Respect Action Plan, un paquete de medidas destinadas a solventar los problemas de convivencia ciudadana –una normativa parecida a la ordenanza cívica que tanta polémica ha desatado en Barcelona–. ¿Comparten usted y Blair el mismo concepto de respeto? No, en absoluto. La cuestión de los problemas de convivencia que causan los excluidos y los marginales no tiene nada que ver con el tema sobre el que escribí en mi libro. Me sorprendió muchísimo enterarme de lo de Blair; supongo que la confusión se debe a la forma de leer que tienen los políticos. En realidad, mi libro habla precisamente sobre cómo los poderosos –y esto también vale para las instituciones– podrían tratar con más respeto a los que están por debajo de ellos, a los que están en sus manos. En los últimos años parece como si el discurso acerca de la justicia social, tan común en los estudios urbanos, hubiera sido remplazado por un discurso, muy típico del Nuevo Laborismo, que habla de «sostenibilidad social» y en el que los objetivos de competitividad y cohesión social, antaño considerados contradictorios, aparecen como complementarios. ¿Cree que los gobiernos pueden realmente lograr esta meta conjunta? No, cohesión y competitividad son conceptos que no pueden ir de la mano. Ése es el problema. En el capitalismo, al menos en su etapa actual, no puede haber conciliación entre las ganancias económicas y la cohesión social. Todo ese discurso del que hablas no es más que palabrería, es imposible producir simultáneamente más desigualdades económicas y más solidaridad. Esta cuestión cobra tintes dramáticos en países como China. Allí el capitalismo está en plena eclosión de una manera que los europeos no podemos ni imaginar. El Partido Comunista ha resultado ser un perfecto motor para llevar a cabo esta revolución capitalista. Pero este desarrollo está separando drásticamente las zonas urbanas de las rurales, violando uno de los principios fundamentales del comunismo chino y provocando una terrible pérdida de cohesión y un conflicto dramático del que sólo se está beneficiando un tercio de la población, mientras las barreras que separan a este grupo de los dos tercios restantes se vuelven cada día más infranqueables. Últimamente están empezando a producirse revueltas en las zonas rurales y se está forjando todo un discurso sobre las desigualdades que el Partido Comunista Chino no está preparado para asumir. Este asunto constituye, por cierto, un buen ejemplo de las razones por las que debemos evitar dirigir la mirada únicamente a Estados Unidos, o hablar sólo del capitalismo anglosajón. Pero volviendo a tu pregunta, creo firmemente que no es realista afirmar que puede haber crecimiento económico y un incremento de la cohesión social al mismo tiempo. Tal vez fuera posible hace un siglo, pero ahora no. Hace un par de años, Ray Pahl, uno de los padres de los estudios urbanos actuales, autor del clásico Whose city?, declaraba que los investigadores llevaban años culpando a la ciudad de ciertos aspectos de la vida social que tenían bastante más que ver con política fiscal, por ejemplo, y afirmaba que lo que deberían hacer era, precisamente, insistir en la relativa insignificancia de las pautas y procesos específicamente urbanos. ¿Está de acuerdo con esta opinión de Pahl? Pahl es un buen amigo mío. En mi opinión, lo que quiere decir con estas palabras es que no se puede tomar un fenómeno como el capitalismo flexible, por ejemplo, y tratar de intervenir a pequeña escala, a escala urbana. Si no se cambian, por ejemplo, las normas que rigen las operaciones de los bancos, quien se limite a dirigir la mirada a la sucursal bancaria de su pueblo sólo conseguirá un impacto mínimo. De todas formas, la afirmación de Pahl es realmente rotunda… Yo creo que los cambios económicos y sociales que he estudiado han tenido un efecto claro de homogeneización en las ciudades. Hoy en día, lugares tan dispares como Londres, Nueva York, Madrid, Shanghai o incluso Bombay, resultan enormemente parecidos, lo cual no deja de asombrarme. La principal razón de esta homogeneización es que el entorno urbano es el territorio ideal para que pueda operar este nuevo capitalismo, por tanto, todas las personas y los servicios irrelevantes para esta dinámica económica son expulsados del centro de las ciudades, que queda reservado para turistas y burgueses, con el inevitable componente de exclusión social que ello conlleva.

En sus libros, especialmente en La corrosión del carácter, explica cómo la gente que se siente de un modo u otro amenazada por esta fragilización de las relaciones sociales que conllevan las nuevas condiciones flexibles del trabajo y la economía, tiende a desplazarse a posiciones políticas de derechas. ¿Qué es lo que motiva este giro político? Me alegro de que hayas tocado este tema, porque es algo que tengo muy presente en estos últimos tiempos. Me intriga sobremanera saber por qué el primer impulso de la gente en momentos de cambio como el actual es desplazarse a posiciones de derechas. Para comprenderlo, hay que tener en cuenta que generalmente se trata de una derecha particular, tipo Vicente Fox, por ejemplo, o tipo Berlusconi, muy marcada por el individualismo, que viene a decir a la gente: «Tú también puedes alcanzar el éxito. El problema son esos pesados de la izquierda que se interponen en tu camino». Es un discurso que apela a una mentalidad de derechas individualista, desligada, en apariencia, de los intereses de los grandes grupos de poder. La única razón que se me ocurre para explicar este fenómeno es que el nuevo capitalismo pone el énfasis en la responsabilidad de cada persona frente a su propio destino, antes que en la responsabilidad colectiva, y este tipo de movimientos de derechas también refuerzan esa responsabilidad personal: le dicen a la gente que también ellos son importantes como individuos, que no son simplemente parte de la gran masa, aunque las circunstancias les hayan impedido demostrar de lo que son capaces. En la India, por ejemplo, resulta muy interesante observar cómo las personas que más sufren los efectos de este nuevo capitalismo están siendo atraídas en gran medida por este tipo de ideología derechista que les dice: «Sí, vosotros también merecéis tener vuestra oportunidad». De modo que no es un fenómeno únicamente occidental. Y la cuestión es saber por qué los movimientos de izquierdas no conectan con estos sentimientos. Esta es la gran pregunta que la izquierda debe abordar porque, en estos momentos, lo único que parece transmitir a la gente es desesperanza. En el Reino Unido, por ejemplo, los movimientos organizados de izquierdas están totalmente anquilosados y en Francia, la izquierda se ha ganado la etiqueta de auténtico movimiento conservador, con sus reivindicaciones de estabilidad. Tal vez simplemente tengamos que esperar unos años para que la situación evolucione; al fin y al cabo, estas tendencias actuales sólo tienen diez o quince años de vida. Puede que lo único que haga falta sea un cambio generacional para conectar mejor con la gente, que la solución radique simplemente en librarse de los líderes de mi generación que hay en los sindicatos y los partidos de izquierdas. No conozco bien la situación en España, pero no me cabe duda de que en países como Francia o el Reino Unido la vieja izquierda no tiene ninguna idea sobre qué hacer. Por ejemplo, me parece imprescindible reinventar los sindicatos de forma que apoyen a la gente que vive inmersa en esta economía flexible y va cambiando de un trabajo a otro; deberían reconvertirse en una especie de combinación de agrupación comunitaria y servicio de empleo, así podrían aportar a las personas algo de continuidad y estabilidad a pesar de las interrupciones y las rupturas que implica el nuevo capitalismo. En cierta ocasión hablé sobre este tema en un congreso sindical en el Reino Unido, y me asombró oír las respuestas que me dieron: «No podemos hacer eso, perderíamos nuestra identidad. Somos un sindicato que sólo representa a los trabajadores de un ramo determinado, y si uno de ellos cambia de ramo, dejamos de representarlo. Además, lo que nos importa es preservar el salario de nuestros trabajadores, no buscarles empleo». Me parece una actitud absolutamente tradicional: sólo te protegen si ya tienes trabajo. Mi esperanza es que, a medida que se vaya muriendo la gente de mi generación puedan desarrollarse estos nuevos sindicatos que defiendo… En El respeto utiliza su experiencia como violonchelista para explicar cómo una base de técnica, disciplina y «saber hacer» es necesaria para poder disfrutar de la libertad –en este caso, de un vibrato–. Imagino que es una metáfora válida para todos los ámbitos, desde la práctica artística hasta la vida cotidiana. ¿Cree que la disciplina es un valor en desuso que debiera ser rescatado? Sí, estoy firmemente convencido. Ahora bien, cuando hablo de disciplina no me refiero al término en el mismo sentido que Foucault y sus seguidores, no es algo impuesto desde arriba. Para mí, la palabra «disciplina» es una especie de símbolo que representa la fuerza psicológica que ha de tener la gente para sobrevivir en este capitalismo tan lleno de injusticias. También me refiero a este concepto con la palabra «oficio» [craft], en el sentido de los oficios artesanos, algo que es necesario dominar. ¿Nunca has tenido la sensación de que tienes la capacidad de realizar una tarea determinada, y de que quieres hacerla bien aunque el sistema económico no te vaya a compensar por ello? Eso quiere decir que crees en ti misma, que te respetas, y eso te proporciona energía. En cambio, si te conviertes en una especie de criatura del momento, en alguien que aborda cualquier tarea aunque sólo tenga un conocimiento superficial de ella, estás perdida. De modo que esta idea de reconstrucción de uno mismo a través de una disciplina u oficio, es crucial. Porque este nuevo capitalismo resulta ser un sistema muy destructivo tanto en el plano social como en el psicológico, dañino de una forma en que no lo era el capitalismo clásico. Y si queremos soportarlo tenemos que empezar por construirnos una personalidad fuerte para enfrentarnos a él.

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Otra vuelta de tuerca en el desmantelamiento de los derechos laborales: la “flexiguridad”

Miguel Candel

A finales de noviembre del 2006, la Comisión Europea presentó, por boca del comisario Vladimír Špidla (digno representante de la “nueva Europa” tan grata a la extrema derecha estadounidense), un Libro Verde sobre el futuro de la legislación laboral europea: “Modernizar el derecho laboral para afrontar los retos del siglo XXI”. Como es frecuente en la literatura de inspiración anglosajona (y éste es un claro ejemplo de ello, tal como indica el recurso a sobadas expresiones polisémicas del tipo “challenges”, “retos” o “desafíos”), la idea principal del texto se ha sintetizado mediante el invento de un término artificial, calculadamente ambiguo: “flexiguridad”.

El palabro en cuestión sugiere dos ideas que el conjunto del texto trata de hacer compatibles cuando todo el mundo sabe que no lo son: flexibilidad y seguridad laboral. Si alguien tuviera el atrevimiento de formular conceptos como “tardoprontitud”, “traidolealtad” o “guarrolimpieza”, quedaría inmediatamente descalificado como embaucador o como oligofrénico. Nada de eso está ocurriendo con el señor Špidla y sus colegas, bien arropados por todos los gobiernos europeos (los de la “nueva” y los de la “vieja” Europa). Y es que, claro está, de oligofrénicos no tienen nada. Pero sí mucho de lo otro. Ahora bien, tal como fue informada Alicia en el cuento homónimo de Lewis Carroll, “no importa lo que significan las palabras: lo que importa es quién manda”.

Como ha puesto en evidencia el estudio del Libro Verde por representantes de la Izquierda Unitaria Europea, junto con sindicalistas de diversos países de la Unión, en una reunión celebrada el pasado 17 de enero en Estrasburgo, el objetivo prioritario de las medidas preconizadas en el documento no es otro que desregularizar aún más las relaciones laborales en Europa. Ése es el sentido profundo de propuestas como “facilitar las transiciones en el mercado de trabajo fomentando el aprendizaje a lo largo de toda la vida y desarrollando la creatividad de la mano de obra en su conjunto”. Por si alguien duda de que la cosa va por ahí, he aquí algunas “perlas” del texto:

“Cláusulas y condiciones de trabajo demasiado proteccionistas pueden privar a los empleadores de incentivos para contratar personal en períodos de reactivación económica.” Por ello hay que “evitar el costo que implica el respeto de las normas relativas a la protección del empleo, los plazos de preaviso y los costos derivados de las cotizaciones sociales.”

En su afán pedagógico, el Libro Verde pone como ejemplo el modelo danés, que de la mano del actual gobierno conservador ha pasado de ser uno de los más avanzados en materia de derechos sociales a suprimir las indemnizaciones por despido, reducir el plazo de preaviso a cinco días, abolir el salario mínimo y suprimir los límites de la jornada laboral.

La trampa del concepto de “flexiguridad”, pues, es clara: se trata de hacer creer que la mejor (o única) manera de asegurar el empleo es que los trabajadores acepten una movilidad permanente, un constante reciclaje profesional y, en último término, se avengan a servir a empresas que no contraigan con ellos compromiso alguno, pasando a convertirse en falsos “autónomos” que carecen de lo único que puede garantizar la autonomía, a saber, unos medios de producción propios. En el límite, pues, habríamos de convertirnos todos en trabajadores “free lance”. Que en determinados oficios muy especializados sea ésa una situación hasta cierto punto ventajosa para el trabajador (que posee unos conocimientos técnicos equivalentes en último término a lo que serían unos medios de producción propios, con la ventaja añadida que supone no estar sometido a horarios de trabajo rígidos) no significa que el modelo “free lance” sea aplicable, ni mucho menos, a la generalidad de los trabajos y los trabajadores.

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Notas para una discusión sobre la militancia comunista de base

Pepe Gutiérrez-Àlvarez

(*)

Salvo contadas excepciones, apenas se habla de los militantes anónimos de las filas intermedias de las organizaciones sociales. Un ejemplo bastante manifiesto es el caso de la crisis española de los años treinta, imposible de explicar sin los hombres y mujeres conscientes que articularon partidos, sindicatos y todo tipo de asociaciones, obreros en su mayoría autodidactas sin los cuales nada hubiera sido igual, y sobre los que, sólo muy parcialmente, encontramos referencias en novelas, películas u obras de teatro, y sobre los que la historiografía suele pasar de puntillas. Se podría decir que en el caso del antifranquismo militante, un espacio primordialmente ocupado por los comunistas al menos desde los años sesenta, el olvido resulta todavía mucho más agravado, y muy poco se sabe de ellos.

Entre las excepciones se cuentan especialmente algunas brillantes reflexiones de Manuel Vázquez Montalbán, uno de los más tovarich de los escritores catalanes y españoles. Así, por ejemplo, en su sugestiva introducción de las (imprescindibles) memorias de Miguel Núñez, La revolución y el deseo, incluyó esta apretada confesión: «Cada año recibo docenas de manuscritos de luchadores anónimos que pasaron del analfabetismo a la conciencia revolucionaria y al sufrimiento y que jamás verán publica­das sus memorias. Con el tiempo el número de originales va disminuyendo porque el siglo xx probablemente termi­nó en 1989 y se trata de sepultar definitivamente a sus ver­dugos y a sus víctimas1».

En estas líneas, Manolo da fe de la intensa pulsión testimonial de muchos militantes que, después de todo lo que les tocó vivir y de todo lo que les sucedió bajo la dictadura, necesitan contar su vida, explicar y explicarse. La suya es una necesidad tan auténtica y humana como escasamente accesible, pero muy pocos cuentan con posibilidades para dejar constancia de que su vida no ha sido en vano. Al llamar a la puerta de Manolo Vázquez, lo hacían con la abierta o secreta ilusión de que el autor de Asesinato en el Comité Central les comprendería, y quizás les echaría una mano, algo que, por supuesto, no le correspondía a él, ya que ésta sería la tarea propia de una entidad o entidades afines e interesadas en dar a conocer un pasado que hasta ahora ha permanecido sacrificado en el altar de las exigencias dictadas por el llamado «pacto entre caballeros», según el cual verdugos y víctimas quedarían equiparados. Sin embargo, los hechos demuestran que no ha sido así, y mientras que, por citar un solo ejemplo, la Iglesia no ha dudado en santificar a diestro y siniestro, los hombres y mujeres que sacrificaron su existencia contra la dictadura y que permanecen en el olvido.

Sin la entrega de estos hombres y mujeres anónimos, la resistencia al franquismo, y no digamos la extraordinaria implantación lograda por un partido como el PSUC, hubiera sido totalmente imposible. Como no podía ser menos, así lo reconoce explícitamente Andreu Mayayo en «La gente, primero», un significativo primer apartado de la obra colectiva Nuestra utopía. PSUC. Cincuenta años de historia de Cataluña. Mayayo escribe en un tono inequívocamente lírico: «La vida de cualquier militante merecería llenar las páginas que vienen a continuación. Hombres y mujeres que no saldrán nunca en negrita en los libros de historia, que no tendrán las satisfacciones inherentes a los dirigentes e intelectuales orgánicos que […] A pesar de todo, ellos y ellas son los auténticos protagonistas de la historia del PSUC. A todos ellos, a todas ellas, mi respeto, mi admiración, por su generosa ‘bondad’. Por eso, a pesar de los defectos y errores cometidos, los militantes del PSUC representan uno de los potenciales más valiosos con que cuenta nuestro pueblo»2. Sin embargo, dicho esto, se pasa a la página siguiente, sin considerar ningún posible «problema». La militancia está ahí, incondicional, generosa, pero muchos militantes ya no estaban presentes, se habían apartado a lo largo de sucesivas crisis, y que ya entonces, los exmilitantes formaban –con ventaja- como el “partido” mayoritario. Nada se dice de su realidad y aspiraciones.

Si dedicamos un poco de atención a estas líneas, podemos comprobar que se trata de un texto editado en 1986, o sea en un tiempo intermedio entre la gran crisis que enfrentó a eurocomunistas y prosoviéticos y la crisis final que acabaría con el propio PSUC, y sin contar siquiera con el consuelo que su sucedáneo ocupe de lejos el papel que siguieron ocupando otros partidos comunistas en el resto de Europa, a pesar de sus contradicciones.

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El valor político de la fraternidad. Entrevista a Antoni Domènech

Alexandre Carrodeguas

ENTREVISTA CON ANTONI DOMÉNECH (Catedrático de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Barcelona).

EL VALOR POLÍTICO DE LA FRATERNIDAD

Antoni Doménech es un filósofo racionalista con conciencia histórica que no cree mucho en la compartimentación académica del saber establecido, y por eso pasa con facilidad de la economía a la filosofía, a la sociología como le enseñó su maestro el marxista Manuel Sacristán. Fue militante del PSUC – bajo el franquismo – . es también un gran enamorado de Aristótoles y un profundo admirador de Marx. Y ahora está a punto de publicar una dilatada investigación sobre el valor político de la fraternidad; y el por qué de los tres valores republicanos exaltados por la Revolución Francesa, el de la fraternidad fue el que corrió peor suerte. El libro llevará el significativo título “El eclipse de la fraternidad”, que se publicará en la editorial Crítica a finales de año.

Usted es un famoso discípulo del filosófo marxista Manuel Sacristán, ¿nos podría hablar de la influencia que ejerció en usted?

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Un libro de referencia

Salvador López Arnal

Enric Prat, Moviéndose por la Paz. De Pax Christi a las movilizaciones contra la guerra. Editorial Hacer, Barcelona, 2006. Prólogo de Francisco Fernández Buey, 329 páginas.

“Este libro es sin duda la aproximación más completa a la historia del movimiento por la paz que se ha editado hasta ahora en España”. Con estas ajustadas y merecidas palabras inicia Francisco Fernández Buey el prólogo que ha escrito para este excelente ensayo de Enric Prat cuyo tema central es la reciente historia de los movimiento por la paz en Catalunya desde los años cincuenta del siglo pasado hasta prácticamente la actualidad. Y, como es sabido, en todo este período ha habido de todo en el ámbito nacional e internacional: acuerdos sobre bases americanas (y temas anexos), guerra fría entre bloques, accidentes nucleares militares, incorporación a la OTAN, masivos movimientos ciudadanos antiotánicos, disolución por liquidación del Pacto de Varsovia, movimientos anti-mili, guerras en Europa, destrucción de federaciones, guerras en Mesopotamia, eliminación de la conscripción obligatoria en nuestro país, guerrillas revolucionarias. Largo etcétera.

No era tarea fácil el trabajo de Enric Prat, historiador, activista prudente, de y con principios y miembro asesor de la revistas Viento Sur y Sin Permiso. Entre otros factores que podrían enumerarse, la enorme, diversa y casi inabarcable información en algunos temas, junto con la escasez de datos sobre algunos períodos y actuaciones; la casi inexistencia de estudios previos de tipo general; la fuerte vinculación del autor con parte de los movimientos analizados durante un largo período de su admirable actividad militante, hacían que el estudio, la investigación de Prat pudiera adentrarse por direcciones enmarañadas. No ha sido el caso. Estamos ante un excelente libro histórico (y de historia reciente que en ocasiones es la más complicada), con investigaciones sociológicas anexas, que sin duda merece ser (y será) un libro de referencia en los estudios sobre los movimientos por la paz en Catalunya y también en España.

Sabemos la importancia histórica, política y cultural del tema. En lo que respecta a Catalunya, por concretar y no cometer errores, aunque afirmaciones similares podrían realizarse respecto a otros territorios españoles, las recientes manifestaciones por la paz han sido hasta el momento las movilizaciones ciudadanas más masivas conocidas, las intervenciones sociales que más han recordado la importante resistencia popular contra la permanencia en la OTAN y la inadmisible y estudiada manipulación gubernamental anexa. Y no sólo aquí. No exagera un neutrino Enric Prat cuando afirma que “el movimiento contra la guerra de Irak del año 2003 será recordado como uno de los más extensos e internacionales que han existido en la historia de la humanidad” (p. 1). Fueron años, además, en que el movimiento español por la paz conseguía señalar por el dedo de la acusación razonada e informada las características autoritarias (por decirlo suavemente, muy suavemente) del Ejército español y denunciaba lo que suponía para muchos jóvenes servir (en el sentido literal del término) durante años en una institución como aquélla.

Moviéndose por la Paz. De Pax Christi a las movilizaciones contra la guerra está dividido en 11 apretados capítulos. Los temas tratados son las cuestiones esenciales del período movimientos antimilitaristas durante la transición, oposición a la entrada y permanencia de España en la OTAN, feminismo antimilitarista (uno de los capítulos, en mi opinión, más destacables y novedosos del ensayo), las movilizaciones contra las guerras del golfo,.. El lector puede encontrar un resumen de los temas estudiados en las páginas 15-18 de la Introducción. Pero el autor transita también con detalle por temas y derivadas menos conocidos: por los movimientos no violentos que existieron durante el franquismo, por las campañas internacionales contra el uso de armas ligeras, por lo factores que conllevaron un reflujo del movimiento en algunos momentos, por las campañas contra los presupuestos militares reales (que en España ascendieron realmente en 2004 a 15.185 millones de euros, más del 10% del Presupuestos generales del Estado), etc.

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Cuadro verde con tonalidades rojizas

Salvador López Arnal

Ángel Valencia Sáiz (ed), La izquierda verde. Prólogo de Andrew Dobson. Icaria, Barcelona, 2006, 383 páginas.

Hay como mínimo una razón para quedarse sorprendido, netamente sorprendido, y agradecido a un tiempo, al leer el magnífico prólogo de Andrew Dobson que abre este volumen. Dobson, catedrático de Ciencia Política en la Open University de Londres, miembro del consejo editorial de Environmental Politics y reconocido autor o editor de numerosos trabajos sobre pensamiento y política ecologista, y también de un ensayo de 1989 sobre Ortega -Una Introducción a la política y filosofía de José Ortega y Gasset- Dobson, por motivos geográficos y profesionales, es persona que, en principio, no sigue, que no puede seguir con detalle, las vicisitudes concretas de la política y la cultura españolas. Pues bien, a pesar de ello, en el prólogo que comentamos, al señalar que el ecosocialismo se desarrolla, como no podía ser de otra forma, de acuerdo con la naturaleza singular de los sistemas políticos en los que se inserta, afirma que el caso español está netamente influido por nuestra experiencia de transición a la democracia y por la forma en que el marxismo influyó en el movimiento antifranquista, añadiendo Dobson: “Eso permitió que el marxismo sobrevivirá de un modo que distingue a España del resto de Europa, dando lugar a algunas de las más sofisticadas ideas acerca de la relación entre el marxismo y los nuevos movimientos sociales (es el caso de Manuel Sacristán y mientras tanto) que surgían en esa época en el continente. De ahí que el ecosocialismo español sea el resultado de la izquierda que se ha unido al ecologismo político, mientras que en otros lugares normalmente es el ecologismo político el que se une al socialismo” (pp. 8-9) [La cursiva es mía]. He de confesar que no acabo de seguirle en la conclusión que extrae, pero si debo remarcar su sensibilidad para reconocer el trabajo pionero de un autor y de una publicación cuya labor e importancia no siempre son reconocidos equilibradamente y sin sectarismos.

La izquierda verde traza un brillante y documentado panorama del paradigma ecologista, tanto en su vertiente más teórica como en sus consideraciones políticas o de intervención. El volumen está estructurado en cuatro apartados: “Pensando en la izquierda verde”, con artículos de Valdivielso, Riechmann y Arias Maldonado; “El espacio político de la izquierda verde”, con trabajos de Pedro Ibarra y Alberto de la Peña, y Ángel Valencia, al mismo tiempo editor del volumen; “La izquierda verde en el caso español”, con trabajos de M. A. Llauger, sobre el ecologismo en las Baleares, de Ricard Gomà y Marc Rius sobre el ecologismo en Catalunya y de José Larios Martón sobre el ecologismo andaluz. Dos artículos, uno de Juan Carlos Monedero y Joaquim Sempere, forman el cuarto apartado –“La izquierda verde: perspectivas y desafíos de futuro”- y una documentada y muy útil guía de lectura de Joaquín Valdivielso y Manuel Arias cierra el volumen. En la introducción de Ángel Valencia –“Izquierda sí, pero sostenible”- se puede encontrar un resumen de todas las aportaciones incluidas (pp. 17-24).

Como suele ocurrir en este tipo de publicaciones, y no es ningún demérito desde luego, la diversidad de trabajos permite diversas aproximaciones a gusto del lector o lectora. El estudioso del movimiento político ecologista, por ejemplo, tiene en la tercera parte un buen material de estudio; el analista de los movimientos sociales y la concepción ecologista tiene también excelente material en los trabajos de Pedro Ibarra y Alberto de la Peña y Àngel Valencia. El interesado por todo tiene ante él todo el volumen, sin resto. Me permito recomendar por su vuelo teórico la atenta lectura de los trabajos de Valdivielso –“El ser natural humano. Ecologismo, marxismo y socialismo”-, “La crítica ecosocialista al capitalismo”, de Jorge Riechmann; “La izquierda verde ante los desafíos del nuevo milenio”, de Joaquim Sempere, y “Verde izquierda desbordante: apuntes para un socialismo posmoderno”, de Juan Carlos Monedero. Riechmann, por ejemplo, construye una excelente argumentación para negar la compatibilidad del sistema de producción y vida capitalistas con la preservación a medio y largo plazo de la biosfera, tanto para la humanidad actual como para las generaciones futuras, defiende, pues, la tesis de la irresolubilidad de la actual crisis ecológica en términos de civilización capitalista, al mismo tiempo que señala líneas de actuación políticas para el avance de la alternativa ecosocialista

Más allá de las preferencias e intereses de cada cual, más allá de la coincidencia total con la formulación de los tres ejes políticos que señala el editor del volumen en su introducción, este ensayo es sin ninguna duda una excelente aproximación a los planteamientos, análisis, propuestas y actuaciones ecologistas, en el que quizá falte un mayor balance critico de las experiencias políticas -no sólo de oposición o de crítica sino gubernamentales, de poder- en las que recientemente han estado (y siguen estando) inmersas formaciones políticas enmarcadas en ese paradigma político-filosófico o en grupos políticos de orientación ecologista de ámbito internacional.

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La coyuntura actual. ¿La cueva del ciego?

Presidenciales 2007:

La coyuntura actual. La cueva del ciego?

Se caracteriza por el deslizamiento hacia la derecha de las principales fuerzas políticas. Por consiguiente, nunca antes se había ofrecido a los electores tal abanico de opciones de derecha: Le Pen, De Villiers, Sarkozy, Bayrou, Royal.

El discurso sobre la seguridad, convertido en ideología dominante, legitima todos los dispositivos del liberalismo, última fase del capitalismo mundializado, declarándolos insuperables.

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Una conferencia de Manuel Sacristán “Sobre el estalinismo” (y II)

Manuel Sacristán Luzón

(Presentación, trascripción y notas)

Coloquio (continuación).

3ª: Se le pregunta a Sacristán por el interés de las críticas “reaccionarias” a la tradición marxista provenientes de los entonces llamados “nuevos filósofos” franceses.

         Te pediría el retoque de la pregunta porque yo no tengo nada claro que porque un movimiento o una crítica sea reaccionaria no nos pueda ser útil. Ahí están Balzac y Marx.

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Una conferencia de Manuel Sacristán “Sobre el estalinismo”

Manuel Sacristán Luzón

(Presentación, trascripción y notas).

Aunque se publicó por vez primera en 1990 en la revista barcelonesa mientras tanto, esta conferencia de Sacristán sobre el estalismo data de 1978. Diez años antes, pocos días después de la invasión de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia, en carta de 25 de agosto de 1968 dirigida a su amigo Xavier Folch, Sacristán comentada: “Tal vez porque yo, a diferencia de lo que dices de ti, no esperaba los acontecimientos, la palabra “indignación” me dice poco. El asunto me parece lo más grave ocurrido en muchos años, tanto por su significación hacia el futuro cuanto por la que tiene respecto de cosas pasadas. Por lo que hace al futuro, me parece síntoma de incapacidad de aprender. Por lo que hace al pasado, me parece confirmación de las peores hipótesis acerca de esa gentuza, confirmación de las hipótesis que siempre me resistí a considerar./ La cosa, en suma, me parece final de acto, si no ya final de tragedia. Hasta el jueves” [El subrayado es mío].

La lectora o el lector que lea treinta años después esta intervención de Sacristán -más teniendo en cuenta lo mucho que ha llovido y granizado desde entonces- no debería olvidar una serie de consideraciones para poder valorar mejor las informaciones, argumentos y posiciones defendidos por Sacristán en su intervención :

En primer lugar, y como es sabido, la URSS existía como estado, como segunda gran potencia mundial se decía entonces. No había entonces síntomas detectados que hicieran pensar que su desintegración como “unión de repúblicas de soviets” estuviera en un horizonte cercano o lejano. El gigante tal vez tuviera pies de barro pero aparentaba tener una salud aceptable, adecuada a su edad y al intento de asaltar cielos europeos y asiáticos.

En términos parecidos podría hablarse respecto a su modo de producción económico, respecto al socialismo en construcción. Nada hacía pensar entonces en el triunfo del capitalismo salvaje y mafioso en tierras de Lenin, Gorki y Bujarin. Se hablaba desde la izquierda de capitalismo de Estado o de un “Estado obrero degenerado” pero esas caracterizaciones, en todo caso, eran cosa muy distinta, una forma de indicar que lo allí se había construido, lo que allí e estaba construyendo, quedaba lejos de lo que en teoría, en la simple fácil, pura y manejable teoría, se consideraba una sociedad socialista. La acuñación del pragmático y nefasto termino “socialismo real”, sin duda pensado desde alguna instancia publicística del sistema, respondía a esa política de corto alcance: nosotros no teorizamos, obramos, practicamos, nos esforzamos en una praxis humana, demasiada humana, eso sí, con imperfecciones, alejados de modelos puramente ideales. Nuestro mejor decir, decían, era nuestro imperfecto hacer. Prueben ustedes, háganlo mejor, retaban.

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Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros.

Comunicado a los órganos de información

Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros. Lisboa. Portugal, 10-12 de noviembre

Domingo, 12 Novembro 2006

1 Los días 10, 11 y 12 de noviembre de 2006 se realizó en Lisboa el Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y obreros con el tema de “Los peligros y las potencialidades de la situación internacional. La estrategia del imperialismo y la cuestión de la energía, la experiencia de la lucha de los pueblos de América Latina, la perspectiva del socialismo." El Encuentro, en el que participaron 63 partidos y que recibió salutaciones de otros 17 que no podrían asistir por motivos diversos, puso en evidencia los aspectos más relevantes de la situación internacional y, además de hacer un vehemente llamado de alerta sobre las grandes amenazas de nuestro tiempo, también expresó su confianza en la capacidad de los pueblos para forzar al imperialismo a revertir sus proyectos hegemónicos y para lograr nuevos avances en el sendero del progreso social, la paz y el socialismo. 2. El Encuentro observó el incremento en la agudización de la lucha de clases y subrayó la necesidad de intensificar la batalla contra el neoliberalismo y el neocolonialismo y contra la expansión de la explotación por parte del gran capital que, al atacar los valores humanos más elementales, engendra la regresión social, cultural y democrática. 3. Se enfatizó en que el neoliberalismo, el militarismo, la guerra y la embestida contra los derechos fundamentales, las libertades y las garantías son componentes inseparables de la ofensiva del gran capital y el imperialismo. La lucha por el dominio de los recursos energéticos del planeta y el control de sus rutas de distribución es un factor importante en la geopolítica del imperialismo, tanto en términos de colaboración como en términos de rivalidad, como queda evidente en Europa, el Medio Oriente, Asia Central, África y en otras regiones. Al mismo tiempo, los participantes denunciaron el despilfarro de los recursos energéticos por el consumo desenfrenado que caracteriza a las sociedades capitalistas. 4. Se consideró que existe la necesidad de intensificar la lucha contra el militarismo y la guerra; por el retiro de las fuerzas de ocupación en Afganistán e Iraq; por la disolución de la OTAN y otros tratados militares de agresión; por la drástica reducción de los gastos en armamento y por su canalización a promover el desarrollo; por la supresión de las bases militares extranjeras. De nueva cuenta fue subrayada la urgencia de poner en la orden del día el tema del desarme y en especial el desarme nuclear. 5. Se destacó que la generalización de los ataques contra los derechos, las libertades y las garantías fundamentales de los ciudadanos es una tendencia particularmente alarmante en la situación internacional, y se condenó la aprobación por parte del Congreso de Estados Unidos de las prácticas de la tortura y el terrorismo de Estado. Los participantes presentes en el Encuentro formularon un vehemente llamado a la lucha en defensa de las libertades democráticas, contra el avance de la extrema derecha, contra la xenofobia, el racismo, el fanatismo religioso y el oscurantismo, y contra el anticomunismo. Expresaron su solidaridad con los jóvenes comunistas checos, y exigieron el reestablecimiento de los derechos de la Juventud Comunista Checa. Rechazaron las tentativas de criminalizar a las fuerzas y a los pueblos que resisten la explotación capitalista y la opresión imperialista. 6. Los participantes valoraron la creciente resistencia contra el intervensionismo y la agresión imperialistas y subrayaron la importancia de reforzar la solidaridad con todos los pueblos que están en la primera fila de esa batalla. Subrayaron la importancia de la vigorosa resistencia que enfrentan las fuerzas de ocupación de EEUU y la OTAN en Afganistán e Iraq. Condenaron las amenazas contra Siria e Irán, que en los últimos días han adquirido particular gravedad, y exigieron total respeto a la soberanía de Líbano. Denunciaron los crímenes perpetrados por Israel en Líbano y Palestina, y la complicidad de la Unión Europea con Estados Unidos, responsable de la situación de represión y de la catástrofe humanitaria en Gaza y Cisjordania. Expresaron su apoyo a la lucha por la retirada completa de Israel de todos los territorios árabes ocupados en 1967, en cumplimiento de las resoluciones pertinentes de la ONU, y su solidaridad activa con la OLP y el pueblo palestino en su lucha por el establecimiento de su propio Estado independiente y soberano en el territorio de Palestina. 7. La generalidad de las intervenciones abordaron las experiencias concretas de la lucha en diversos países y regiones, confirmando que los trabajadores y los pueblos no se resignan y que, incluso en las actuales condiciones, los avances liberadores hacia la soberanía y el progreso social, son posibles. Los avances de las luchas populares y antiimperialistas que recorren América Latina fueron saludados, y los procesos de soberanía y de cooperación solidaria que tienen lugar. Se manifestó la solidaridad con Cuba socialista y se reafirmó la exigencia de cese del bloqueo criminal impuesto por Estados Unidos; la solidaridad con el pueblo de Venezuela y su Revolución Bolivariana, con el pueblo de Bolivia y demás pueblos de América Latina y el Caribe. 8. Fueron subrayadas de manera amplia la vigencia y la urgencia del socialismo. El intercambio de opiniones demostró la incapacidad del capitalismo para dar solución tanto a los problemas apremiantes de los trabajadores y los pueblos como a los peligros que pesan sobre el futuro del planeta. El socialismo emerge cada vez más como la alternativa al capitalismo y como la condición para la supervivencia de la propia Humanidad. 9. Fue subrayado que la actual situación internacional hace particularmente necesario consolidar la cooperación de todas las fuerzas progresivas y antiimperialistas y particularmente de los partidos comunistas y obreros de todo el mundo. En este sentido fue valorada la realización de este tipo de encuentros como espacio para el intercambio de información, experiencias, puntos de vista y para la posible definición de posiciones e iniciativas comunes, y fue considerada la importancia de asegurar su continuidad. Fueron planteados en el Encuentro varios temas, líneas de acción e iniciativas para el desarrollo de la solidaridad y la acción común de los partidos comunistas y obreros, como los siguientes: • Contra el militarismo y la guerra y particularmente por el retiro de las fuerzas de ocupación en Iraq; • Por la disolución de la OTAN y la abolición de bases militares extranjeras; • Contra la estrategia imperialista en el Medio Oriente, por acciones urgentes de solidaridad con el pueblo palestino y por el envío de misiones de solidaridad a Palestina y Líbano; • De solidaridad con Venezuela Bolivariana, con Bolivia y con Cuba Socialista y por la promoción de una semana de acciones comunes de solidaridad con este país; • Contra el revisionismo histórico, el blanqueo del fascismo, y el anticomunismo, destacando fechas significativas como el 11 de septiembre de 1973, en Chile; • Contra la ofensiva neoliberal para desmantelar los derechos y las conquistas de los trabajadores; por la consolidación de las acciones de masas, por un movimiento sindical clasista y en defensa de trabajadores migrantes; • Para aprovechar la participación en eventos internacionales para celebrar encuentros y articular la actividad de comunistas; • Para estimular la cooperación regional y temática entre los partidos. Fue destacada la importancia de la batalla de ideas en nuestra época. Los participantes recalcaron la importancia de resaltar el 90º aniversario de la Revolución de Octubre con iniciativas diversas y expresaron su apoyo a la propuesta de un acontecimiento central, internacional, que tendría lugar en la Federación Rusa. El PCP informó su intención de promover una iniciativa internacional, en un nivel europeo, en el marco de la presidencia portuguesa de la Unión Europea, que ocurrirá en el segundo semestre de 2007. 10. La fecha, el lugar y el tema para el Encuentro Internacional de 2007 serán decididos por la reunión del Grupo de Trabajo de los partidos comunistas y obreros que se realizarán oportunamente y se darán a conocer en un comunicado de prensa. 11. La reunión adoptó un “Llamamiento contra el militarismo y guerra, por la libertad, la democracia, la paz y el progreso social” y una “Moción de solidaridad con América latina y Cuba”. 12. Participaron en este Encuentro los partidos incluidos en la lista que se anexa a este lanzamiento de prensa. Lisboa, 12 de noviembre de 2006

Llamamiento contra el militarismo y la guerra, por la libertad, la democracia, la paz y el progreso.

Domingo, 12 Noviembre 2006

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