Un punto de encuentro para las alternativas sociales

¡Por fin los jóvenes!

(Corriente Roja)     

En esta exclamación preñada de satisfacción y de esperanza podría resumirse el estado de ánimo de la mayoría de los participantes en la impresionante manifestación por la III República celebrada en Madrid el pasado fin de semana.  Y si hubiese que destacar por encima de todas una característica de esta movilización sería la abrumadora mayoría de jóvenes que irrumpían, en muchos casos por primera vez, en el escenario de la rebeldía y de la lucha. Solo por ver como brillaban sus ojos, llenos de rabia y de deseos de un futuro mejor, hubiera merecido la pena abarrotar las calles de un Madrid que volvía a ser más resistente que nunca.    

Los jóvenes de nuestro país respondieron, sí, y lo hicieron en un momento en el que los más pesimistas insistían en subrayar la diferencia con los franceses: el botellón frente a la lucha por un trabajo digno. En mi opinión las "revueltas del botellón" expresan también un sentimiento de rebeldía, seguramente de una rebeldía primitiva, demasiado primitiva quizás, pero no olvidemos que nuestra historia de luchas tiene poco que ver con la francesa y que no podemos inventarnos grados de conciencia y de organización para nuestros jóvenes. Debemos trabajar con lo que hay, que es lo que, en gran parte, han forjado las organizaciones políticas y sindicales que hasta el momento hemos conocido, además nosotros no guillotinamos a ningún rey….    

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Démocratie et autogestion. Le citoyen-producteur

(Rouge, enero 2002)

La question démocratique est au coeur du projet d’émancipation de Marx. Mais quelles sont les conditions d’une pratique démocratique touchant l’ensemble de la vie sociale? Auteur de "Révolution et démocratie chez Marx et Engels" (PUF), Jacques Texier revient sur la question de la démocratie politique et sur l’apport de la problématique autogestionnaire.

De quel type de démocratie politique avons-nous besoin pour que devienne effectif le passage au socialisme? Sur ce point, la pensée marxiste n’est pas démunie. 1. Elle a constamment revendiqué le suffrage universel et les institutions de la souveraineté populaire, défendant au minimum l’idée que c’est seulement sur le terrain de la république démocratique qu’aura lieu le combat décisif entre les classes de la société moderne. 2. Elle a identifié le type d’institution qui fait obstacle à la souveraineté populaire effective et elle lui a donné un nom: celui d’appareil bureaucratique de l’Etat. Est bureaucratique ce qui dessaisit le peuple de sa souveraineté politique. Ces obstacles doivent être brisés. Il doit être mis un terme à la monopolisation des pouvoirs politiques qu’implique l’existence d’appareils bureaucratiques.

La démocratie participative

3. Le principe fondamental affirmé par cette tradition est celui d’une démocratie participative. Si l’on considère deux moments essentiels de la réflexion de Marx et d’Engels ("la Guerre civile en France" de Marx et la "Critique du projet de programme d’Erfurt" d’Engels), on peut affirmer qu’ils n’étaient pas hostiles à la démocratie représentative en tant que telle, mais soucieux de multiplier les instances de décision à tous les niveaux de la vie sociale, et tout particulièrement à la base. Le principe de l’autoadministration locale, sur lequel insiste Engels, caractérisait selon lui la ie République française et fait de ce type de république démocratique "la forme spécifique de la dictature du prolétariat". 4. Marx et Engels combattent donc les formes diverses de la monopolisation du pouvoir politique par les classes qui possèdent un véritable "privilège politique" ("la Guerre civile en France") et les mécanismes multiples qui aboutissent à dessaisir les classes populaires de tout pouvoir de décision effectif. Ce dessaisissement concret les conduit à utiliser le schème de l’aliénation pour penser l’appareil d’Etat. Selon Engels, lors de la dissolution de la société gentilice, les organismes publics chargés de la gestion des intérêts communs s’élèvent au-dessus de la société et lui deviennent toujours plus étrangers. La démocratie participative implique qu’il soit mis fin à la transformation des organismes publics en entités étrangères à la société et qui la dominent. 5. Se pose enfin la question de savoir si le développement de la démocratie participative met fin aux organes de pouvoir et au caractère politique du pouvoir. Je ne le crois pas. L’idée de remplacer le gouvernement des hommes par l’administration des choses a donné lieu à des interprétations redoutables. En fait, la gestion de la production devient socialiste lorsque le gouvernement des hommes devient autogouvernement des femmes et des hommes. Le socialisme n’abolit pas les rapports de pouvoir, même s’il vise la fin de toute domination. Il est radicalisation de la démocratie, pouvoir du demos, de la multitude. Le pouvoir de la cuisinière me paraît un programme suffisamment ambitieux. Je ne vois pas ce que pourrait être un au-delà de l’autogouvernement effectif des hommes et des femmes.

L’apport autogestionnaire

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Democracia participativa en Brasil

Joan Tafalla

El proceso de constitución del nuevo proletariado surgido del boom económico del llamado “milagro brasileño” en clase autónoma, con proyecto político propio y con la creación del “Partido dos Trabalhadores” (PT), en 1979, la Central Única dos Trabalhadores (CUT), en 1983, y, también en la misma onda, del Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST), en 1985, coincidiendo com el “proceso de liberalización política” (“transição à brasileira”), es el marco político en que se desarrolló una concepción de la democracia en la izquierda brasileña que, desde aquellos años, ha ido desarrollándose de forma original y muy contextualizada. A pesar de la irreductibilidad de un fenómeno tan complejo y de la dificultad de su exportación mecánica, esta experiencia democrática merece ser conocida para extraer de ella criterios y filosofia política válidos más allá del contexto brasileño. No podemos entrar a resumir aquí los hitos que marcaron el camino de esta constitución de clase por razones de espacio, aunque sería de interés si queremos realmente contextualizar este proceso, analizar las condiciones de posibilidad de un fenómeno social y de masas tan amplio como la democracia popular brasileña. Aquí a duras penas podremos entrar en algunos de los elementos centrales del debate político.Centramos la atención en este artículo y en  el conjunto del dossier,en las experiencias institucionales que no resumen ni  agotan la totalidad del proceso democrático brasileño ya sea en el movimiento sindical, en el MST o en otros movimientos sociales[1].

El PT y la democracia

Las condiciones de nacimiento del PT no pueden ser más sorprendentes a los ojos de un europeo. Entre otras cosas se puede resaltar la siguiente:el PT fue legalizado cuando aún existía la dictadura militar, aprovechando las grietas legales. Tenemos pues, un partido con la estructura quizás más democrática y plural de América Latina, naciendo en un contexto de dictadura. Una dictadura en crisis pero  dictadura al fin y al cabo.

En la “Carta de principios del PT”, publicada el 1 de mayo de 1979 podemos leer: “El PT afirma su compromiso con la democracia plena ejercida directamente por las masas, pues no hay socialismo sin democracia ni democracia sin socialismo”[2]. Esta idea se desarrolla en el Manifiesto del PT de 10 de febrero de 1980, que en su apartado “Por la participación política de los trabajadores”, afirma: “El PT pretende que el pueblo decida qué hacer con la riqueza producida y con los recursos naturales del país. Las riquezas naturales sólo han servido hasta hoy a los intereses del gran capital nacional e internacional, deberán ser puestas al servicio del bienestar colectivo. Para esto es necesario que las decisiones sobre la economía sean sometidas a los intereses populares. Pero estos intereses no prevalecerán mientras el poder político no exprese una real representación  popular, asentada en las organizaciones de base, para que se haga efectivo el poder de decisión de los trabajadores sobre la economía y los demás niveles de la sociedad”[3].

El proyecto petista de sociedad, que va más allá de la afirmación de la democracia representativa y inicia una reflexión sobre la democracia directa, no es un elemento voluntarista de algún teórico aislado de la realidad sino que surge de uno de los procesos de movilización social más amplios, duros y masivos que se conocen en los últimos treinta años a nivel mundial. La intensa movilización obrera y popular en Brasil, especialmente en la década de los años 70 y primera mitad de los 80, a partir de y dando lugar a numerosas organizaciones sociales en defensa de habitación, salud, educación, transporte, de los derechos de la mujer, la infancia, negros, indios, homosexuales, dá lugar a creaciones tan potentes como el proprio PT, la CUT y el MST. Es precsio resaltar aquí la importancia de la Teologia de laLiberación y de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) y de las Pastorales Sociales en este proceso. Una parte muy importante de los dirigentes del PT, de la CUT  y, posiblemente más aún, del MST, vienen de esta experiencia de organización y de mobilización. Según  Frei Betto, en una entrevista que nos concedió: “no  hay lideres nacionales expresivos que no hubieran  pasado per las CEBs”. Quizás exagerado, pero lo cierto es que si no  formaven parte deesemovimiento, no estaban muy lejos del mismo. Un partido que hunde sus raíces en un suelo nutricio tan movilizado y autoorganizado, no podía crecer con una concepción dirigista o sustituista de las energías populares. Dificilmente podía adoptar una concepción de la democracia formal y representativa, como han hecho diversas fuerzas de la izquierda europea, pasando en muchos casos de los dogmas del marxismo-leninismo al acatamiento de las fórmulas y procedimientos de la democracia representativa sin más preocupaciones.

El PT sostiene una visión de la política , de la democracia y de la transformación social basada en la democracia participativa, asentada en la tradición de la democracia directa. Es una propuesta que se basa en la propia experiencia de constitución del partido, previamente en un vasto movimiento asambleario y participativo, en sindicatos, barrios  y, como ya se ha dicho, en grupos cristianos de base y, también, de experiencias partidistas alternativas a las clásicas de la ortodoxia moscovita, pekinesa o albana; y  también directamente en la forma misma de constitución del PT, a partir de grupos y debates abiertos sobre y desde el trabajo y la lucha. Ese era el mandato de la sociedad civil alternativa que reclamaba la formación de una representación política que articulase en proyecto nacional las aspiraciones de clase.

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Democratización del Estado: la experiencia del Presupuesto Participativo

Raul Pont

El texto que sigue es la transcripción de una conferencia del alcalde de Porto Alegre (POA), Raul Pont, con el título: "Democratización del Estado: la experiencia del Presupuesto Participativo", que tuvo lugar en el Seminario de Economía Política en la Universidad Federal de Río Grande del Sur (UFRGS), durante un congreso de la Sociedad Brasileña de Economía Política, el 14 de julio de 1999, en POA. El texto, en portugués, fue amablemente cedido por el propio Raul Pont al responsable de la presente traducción y adaptación, Pep Valenzuela.

Nuestra experiencia del Presupuesto Participativo (OP, siglas en portugués) está íntimamente ligada a una concepción que marca la sociedad, o sea, comprender la íntima relación entre la economía y la política sin caer en una visión meramente tecnocrática o que restrinja esta relación a una mera aplicación de algunas fórmulas matemáticas o a un proyecto y propuestas que desconozcan las consecuencias que tienen paras las personas que viven en una ciudad, un Estado, un país. La ciencia social es una ciencia donde nosotros somos los propios cobayas, por tanto, tenemos que tener mucho cuidado con eso.

Es conocida con ese nombre de OP, pero tiene una concepción que está ligada al programa del partido (Partido de los Trabajadores). Es una concepción del partido y del frente político que gobierna la ciudad, hace ya tres mandatos. En este sentido, quería establecer algunas preliminares, para que eso pueda ser comprendido. Cuando llegamos al gobierno, teníamos algunas visiones, previas, que partían del presupuesto de la necesidad de ir más allá de aquello que nosotros conocemos en el país como democracia representativa.

Es evidente que la democracia representativa es mucho mejor que el régimen autoritario, dictatorial, pero también genera muchas debilidades, favorece una cierta burocratización; aparta al ciudadano de la "cosa pública" o permite que él se aproxime a ella apenas periódicamente. Nuestra preocupación era cómo hacer algo que retomase una tradición histórica de la humanidad y, principalmente, una tradición histórica de la izquierda: la experimentación, la búsqueda en torno de un proceso más sustantivo de democracia. Recuperar una visión de la democracia como algo mucho más participativo de lo que es el puro hecho de llamar a los ciudadanos a ejercer el derecho a voto y delegar, de 4 en 4 años o de 8 en 8 años, para ejecutivos, parlamentarios, el poder de decidir.

Entendemos que eso es insuficiente, que tenemos que marchar en la búsqueda de formas que envuelvan más a la comunidad, que permitan al ciudadano tener un mayor control sobre el poder público. Es en ese sentido es que digo que nosotros retomamos una idea muy querida, una idea de los grandes momentos en que la humanidad pensó esa relación de la sociedad con el Estado. En cierta forma, ese ha sido el grande debate sobre la democracia en los últimos siglos. Para retomar algunos momentos marcantes de eso, vale la pena recordar todo el debate sobre los regímenes constitucionales, sobre las concepciones del proceso de representación, de delegación, donde destacan grandes teóricos de los regímenes constitucionalistas modernos y otros autores del mismo período, especialmente en el caso de Rousseau, donde esta cuestión estaba íntimamente ligada con aquello que debería ser un verdadero concepto de democracia: la idea de que, cuanto menos delegación, cuanto menor fuera el grado de delegación de poder y cuanto más el pueblo o la sociedad organizada pudiera ejercer la soberanía de sus decisiones, esto es mejor y nos aproxima más de un régimen efectivamente democrático que los proceso de delegación representativa.

En aquel momento, nosotros teníamos eso en la mente, sin tener, sin embargo, ninguna experiencia práctica, cualquier experiencia, ni en el conjunto de Brasil, que se aproximase a eso. Nosotros no teníamos una tradición, como en otro lugares, en Europa principalmente, experiencias de autogestión, experiencias de gobierno con base en conceptos de democracia directa, como fue el caso de un pequeño periodo, aunque riquísimo en experiencias, inmediatamente después de la Revolución Rusa.

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La democracia participativa en la red

Proponemos a continuación algunas páginas web y algunas direcciones electrónicas que pueden ser útiles a quienes quieran hacer una investigación propia sobre les temas de la democracia participativa. Naturalmente, no son las únicas pero son un buen principio para iniciar una interesante navegación en la búsqueda de la Ítaca de la democracia.

ATTAC: Llamamiento de Morsang.

http://attac.org/glocal/index.html

En enero del 2000 ATTAC organizó en Morsang-sur-Orge un coloquio titulado “ Cuando lo local se confronta con la mundialización liberal. Las colectividades, anclajes del avance ciudadano” que se formalizó en el “Llamamiento de Morsang” a los ciudadanos y a sus electos.

Brasil es uno de los paises de mayor producción práctica y teórica respecto de la democracia participativa. Diversas direcciones nos dan cuenta de esta rica producción:

http://www.correiocidadania.com.br/

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Devolvemos la soberanía al pueblo

Joan Tafalla

Entrevista a Raúl Pont, alcalde de Porto Alegre

Raúl Pont es un alcalde afable y accesible, lejos de la imagen paternal y distante de tantos alcaldes al uso. En los pasillos del encuentro "Pour un droit de cité. Vers une nouvelle citoyenneté", celebrados los días 17 a 20 de mayo pasados en Saint Denis lo encontramos abierto al contacto, haciendo pedagogía paciente entre la clase política municipal europea que, aunque interesada, mira con distancia ( incluso con aire de superioridad) esta experiencia de democracia participativa que es el Presupuesto Participativo ( OP) de Porto Alegre. Acepta rápidamente la propuesta de entrevista para El Viejo Topo que le formulamos. Sus respuestas reflejan la madurez de una realidad que está socializando la política en su ciudad, que está devolviendo a los ciudadanos la soberanía que les había sido usurpada por los políticos profesionales.

Declaraciones recogidas por Joan Tafalla

Joan Tafalla.- El planteamiento del presupuesto participativo en Porto Alegre, ¿ era una opción estratégica del PT o bien surgió como fruto de la circunstancia de que el PT tuviera la alcaldía de Porto Alegre (poder ejecutivo), pero la mayoría de la Cámara de Vereadores ( poder legislativo) tenía otra composición, lo que dificultaba la posibilidad de gobernar?

Raúl Pont.- Cuando ganamos la elecciones en 1989 por primera vez en la capital teníamos como punto de programa, gobernar de una forma distinta que hasta entonces la ciudad había conocido. Esto sería a través de Consejos Populares, que no teníamos muy claro como serían por que no teníamos una acumulación anterior, no teníamos una experiencia anterior ni en Porto Alegre, ni en otras ciudades gobernadas por el PT. Teníamos referencias teóricas de la historia de las luchas del socialismo, pero en Brasil nunca se había practicado un gobierno de izquierdas, precisamente por que la mayor parte de nuestra historia está compuesta por gobiernos oligárquicos o por dictaduras donde no existía ni tan sólo la representación de la democracia representativa. Por tanto, era algo pensado, no era algo espontáneo, lo teníamos como punto programático. Y empezamos por esto: por hacer una primera experiencia, oir a la gente, dividir la ciudad por regiones … y esto se fue perfeccionando hasta llegar a hoy, en que el OP involucra a miles de personas, con una organización y una complejidad mucho mayor que cuando empezamos, doce años atrás. Es algo consolidado y es algo que expresa claramente un predominio en las decisiones de los ciudadanos que participan en este proceso.

J.T.- ¿Cómo son las relaciones entre la alcaldía y el poder legislativo?

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La Tradición de la Democracia (y2)

Joaquín Miras Albarrán

LA FILOSOFÍA Y EL PENSAMIENTO EN LA TRADICIÓN DE LA DEMOCRACIA

La Filosofía es la metateoría o autoconciencia reflexiva de esta experiencia de la democracia, que percibe la cultura material como contingente, producto del ser humano y, por lo tanto mudable [1]. Insisto en su carácter metateórico, pues su peculiaridad noética la clasifica como un saber teorético fuerte -episteme-.

La episteme, o saber fuerte tiene la peculiaridad de ser poseído por pocos: los que se hayan tomado el trabajo de hacerse con el conocimiento de la materia mediante aprendizaje. Versa sobre lo necesario, es decir, su objeto de conocimiento es lo que no puede ser de otra manera -las leyes de la naturaleza, etc.-, por ello puede pronosticar el comportamiento futuro del objeto de su estudio -p. e. las revoluciones de los cuerpos celestes-, o es una generalización de segundo orden, a posteriori, de experiencias singulares, y en la medida que es generalización, y en virtud de ello, es un cuerpo de conocimiento que puede ser codificado, enseñado y aprendido. Su paradoja es, por tanto, que lo poseen pocos, pero que puede ser poseído mediante aprendizaje, por cualquiera que estudie.

Precisamente por esas dos características de la ciencia, el pensamiento político, para la democracia, no puede ser considerado episteme o ‘ciencia’. Si fuese un saber especializado, la política debería quedar en manos de los especialistas, y esto, sin embargo va contra el sentido común y la experiencia de la democracia [2]. Además, si fuese un saber sobre lo necesario, y no sobre lo contingente, la política dejaría de pertenecer al reino de la libertad; y en la medida en que esta tiene como objeto la vida social, el ser humano dejaría de pertenecer al reino de la libertad, pues la posibilidad de conocer la realidad social y humana mediante la ciencia indicaría que estas realidades han sido siempre iguales y que no pueden ser cambiadas por la voluntad humana.

Lo necesario no es libre; sólo lo contingente es libre. El capítulo sobre  ‘La deliberación’ en el libro lll de la Ética Nicomáquea es magistral al respecto. ‘Nadie delibera sobre lo eterno, por ejemplo, sobre el cosmos, o sobre la diagonal y el lado, que son inconmensurables; ni sobre las cosas (.) que ocurren siempre de la misma manera, o por necesidad o por naturaleza o por cualquier otra causa. (.) Deliberamos entonces sobre lo que está en nuestro poder y es realizable’ .

En cambio, sobre las realidades estudiadas por la ciencia, Aristóteles se expresa así:

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La Tradición de la Democracia(y3)

Joaquín Miras Albarrán

LA ECONOMÍA EN LA TRADICIÓN DE LA DEMOCRACIA

El asunto de la economía es caudal para la democracia. En primer lugar, la democracia desarrolla su política en torno a este asunto y crea un pensamiento y una práctica. Sin estas la democracia no existiría. Pero, además, en segundo lugar, hay que tener en cuenta que la aparición de una economía que genera riquezas de forma expansiva -crematística/ jremata-, y que amplía hasta hacerla flagrante la desigualdad entre pobres y ricos, es el contexto genético de la democracia, y por lo tanto, el asunto de la economía exige un enfoque distinto y más complejo. Comenzaré por este segundo aspecto.

Las democracia tiene su origen en la situación abierta  lucha de clases que es consecuencia de esa nueva situación de desarrollo económico ampliado y de la desigualdad material.

El gran debate de la tradición de la democracia es entre quienes son denominados indistintamente ‘demos’ -pueblo-, ‘hoi polloi’ -los muchos-, ‘ta plezos’ -la muchedumbre/masa- ‘hoi aporoi’ -los pobres-,  ‘hoi eleuceroi’ -los libres- y quienes son denominados ‘ousías éjontes’ -los que tienen riquezas-, ‘hoi plousioi’ -los opulentos, los plutócratas-, ‘hoi oligoi’ -los pocos-, euporío -los de hermosos bienes- y a veces, aunque posee otros sentidos también, ‘hoi áristoi’ -los mejores-. El lenguaje lo dice todo [1].

La radicalidad de la lucha de clases, su carácter manifiesto y explícito es consecuencia de que ésta se expresa en términos políticos y a través de prácticas políticas, debido a las particularidades ya existentes en la polis que permitieron a ‘los muchos’ emplear medios políticos que ya estaban casi a su alcance. Cuando el conflicto social y económico se expresa en términos políticos, explica Marx, es cuando la lucha de clases se hace explícita. Para el demos griego eso estaba al alcance de la mano. Los griegos pobres emplearon los recursos políticos a su alcance como instrumento de lucha contra los ricos. En el mundo griego era natural que las actitudes políticas de cada individuo estuviesen determinadas por sus situación material.

‘Al igual que otros muchos griegos, Aristóteles consideraba la situación económica de un hombre el factor decisivo que determina su actividad política, al igual que en otros muchos campos. No ve nunca la necesidad de argumentar a favor de esta situación, que daría simplemente por decontada, porque era casi universalmente aceptada’ [2].

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La Tradición de la Democracia(y4)

Joaquín Miras Albarrán

Estas ideas se borran y diluyen, por supuesto, en las versiones de la democracia elaboradas desde el liberalismo, fundamentalmente durante el periodo de lucha contra el fascismo, en la segunda guerra mundial.

Estas ideas, desgraciadamente, se han difuminado como consecuencia de la hegemonización del concepto de democracia por parte de la burguesía, que ha logrado asociar el término democracia con su tardía y recortada interpretación de la misma. Hoy se oculta la relación entre democracia y participación directa y permanente en política de las masas organizadas.

Los movimientos democráticos de masas de la Modernidad, hasta la fecha, nunca, o tan sólo transitoriamente, han alcanzado el propósito último que empujó su organización, pero son la causa de que el capitalismo haya tenido límites, y que, donde se han producido, las condiciones de vida de los de abajo hayan sido más dignas.

Los movimientos democráticos de masas han tenido conciencia de ser continuidad de una tradición, y esto se ha expresado de múltiples formas, entre otras, mediante palabras y símbolos tomados a la clasicidad. El gorro frigio, los ropajes a imitación de una presunta moda griega o romana, el arte neoclásico, la recuperación de las historias de los Gracos, de Espartaco, etc., y por supuesto, las palabras ‘democracia’ ‘proletariado’, etc.

El legado escrito clásico, recibido desde las lecturas e interpretaciones elaboradas por la Ilustración, ha sido patrimonio de este movimiento.

Para ver la consciente recuperación de ideas de la tradición, desde los nuevos contextos sociales de recepción de esas ideas y desde los nuevos problemas aparecidos, tras la Revolución Francesa, en lucha con el capitalismo, vamos a recurrir a los textos de dos de los intelectuales más importantes del movimiento democrático del siglo XlX, Carlos Marx y Federico Engels.

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La Tradición de la Democracia(y5)

Joaquín Miras Albarrán

LA CONCEPCIÓN DE LA POLÍTICA Y DEL ESTADO EN MARX. LA CRÍTICA A LA ESTATOLATRIA

Las ideas de Marx sobre la clase obrera, sobre la organización social de la propiedad, alternativa a la desarrollada por el capitalismo y sobre la política, como hemos visto, fueron cambiando notablemente durante los años cuarenta. También sus ideas sobre el estado variarían, en parte como resultado de su relación con esos otros cambios de pensamiento. Pero el núcleo fuerte de su concepción del estado como producto subordinado de una determinada sociedad civil, quedaría fijo para siempre. Las ideas que Carlos Marx había elaborado al respecto, procedían de la herencia de la tradición ilustrada -los ‘pensadores franceses modernos’-, de su reflexión a partir de sus conocimientos históricos, y del conocimiento de los clásicos griegos. A pesar de la estatolatría de Hegel, la investigación sobre la constitución de la sociedad civil, de ese autor, redundó en el refuerzo de la línea de pensamiento de Marx.

En cuanto a la evolución de su valoración sobre la política, el cambio fue notable. Precisamente el análisis de la actividad política que se desarrollaba ante los ojos de Marx mientras vivía en Alemania, es decir, la interpretación liberal de la política, que él creía ser, por esas fechas, el resultado de la Revolución Francesa, le había producido fuertes prejuicios, que luego mantendría con firmeza en debates con personas que habían sido amigas, como por ejemplo, Ruge.

La política era asimilada por él, en este periodo, con la concepción liberal de la misma. El liberalismo defendía los derechos del ciudadano, pero dejaba de lado las necesidades materiales del ser humano. Por lo tanto, la cuestión social no encontraría cabida en la política. La política era asimilada, además con la actividad representativa y con el estado burocrático; por todo ello Marx se sentía inducido a oponer actividad política y liberación social.

El mismo estado democrático representativo fue fustigado una y otra vez, e, incluso, en un exceso, llegó a asimilarlo con la retrógrada burocracia prusiana [1].

El cambio de opinión se produce rápidamente en Francia, donde la tradición ilustrada y jacobina sostenida por los obreros organizados en opinión pública le permite entrar en contacto con una interpretación alternativa de la política. Ya en 1845 encontramos un texto breve -esquema de un trabajo que pensaba realizar sobre el estado moderno-, en el que Marx distingue entre el estado representativo democrático y el ‘derecho de sufragio’, término que aparece en cursiva como nombre de un agente de lucha política y de una alternativa política al estado burocrático:

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