Un punto de encuentro para las alternativas sociales

La revolución inoportuna

Fernando Claudín

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El comienzo de la revolución española –la única revolución que tuvo lugar en Europa durante la existencia de la IC, aparte la efímera república soviética húngara de 1919­- cogió desprevenidos a los dirigentes del "partido mundial".

.En febrero, de 1930, Manuílskí, Informando ante el Ejecutivo de la Komintern, se explaya sobre "las vastas perspectivas que se abren de transformación del actual auge revolucionario de los países capitalistas avanzados y de las colonias en situación revolucionaria”. "Auge revolucionario" en los "países capitalistas avanzados" no existía en ese momento más que en la imaginación del representante de Stalin en la Internacional Comunista (IC), pero poco antes de la reunión del Ejecutivo había caído la dictadura de Primo de Rivera, y algunos de los presentes en la reunión se interrogaron sobre la significación del acon­tecimiento. Manuilski replicó: “No es en España donde se decidirá la suerte de la revolución proletaria mundial […] una huelga parcial puede tener mayor importancia para la clase obrera internacional que ese género de "revolución” a la española, efectuada sin que el partido comunista y el proletariado ejerzan su misión dirigente. “(1). Pero la revolu­ción "a la española” se empecinó en seguir adelante, pese a no estar en las previsiones de Manuilski ya la casi inexis­tencia del partido ungido por la historia con la “misión dirigente”. La sección española de la IC, en efecto, apenas contaba con 800 miembros cuando cae la monarquía, en abril de 1931. Más grave que su exigüidad numérica era su reducidísima influencia en el proletariado, y su extrema debilidad teórica (2). Rasgo, este último, común a todo el movi­miento obrero español. Ni socialistas ni anarcosindicalistas las dos grandes tendencias en que se divide el proletariado peninsular desde el siglo XIX- tenían ideas claras sobre la naturaleza del proceso revolucionario que se inicia en 1930­-1931.

Los primeros consideran que se trata de una revolución puramente burguesa y se atienen a su “programa mínimo”; la dirección de la república deben asumirla los partidos republicanos burgueses. Lo más que puede hacer el Partido Socialista es cooperar lealmente con ellos para realizar un programa de reformas que interesen también a la clase obrera española. Se dispone, en una palabra, a seguir las huellas de la socialdemocracia europea. Los anarcosindicalis­tas parten del mismo’ supuesto -la revolución es puramente burguesa- pero la conclusión operativa es radicalmente opuesta: ninguna colaboración con la república del 14 de abril. Hay que ir a la revolución social para instaurar el "comunismo libertario”. Los comunistas, faltos en los pri­meros meses de directivas claras del centro de Moscú, impro­visan guiándose por la línea general, ultraizquierdista, que sigue la IC en ese periodo. Su posición puede resumirse en las siguientes consignas: "¡Abajo la república burguesa de los capitalistas, los generales y el clero! ¡Por la república de los soviets de obreros, soldados y campesinos!”. Muy española, casi anarcosindicalista, la primera. Completamente exótica y fuera de lugar, la segunda (3).

En verdad, nadie sabía lo que iba a ser aquello, ni en Moscú ni en Madrid. A poco de ser proclamada, la “república del clero” parecía un crematorio de iglesias, y los generales comenzaban a conspirar contra la “república de los genera­les”. En un esfuerzo de clarificación, la nueva Constitución proclama que se trata de una "república de trabajadores de toda clase”. Pero los trabajadores de “primera clase” se apresuran a enviar sus capitales al extranjero, mientras que los de tercera declaran huelgas y ocupan fincas de terrate­nientes, con el notorio propósito de reducirla a república de una sola clase. La Constitución define a España como un “Estado integral”, pero admite las “autonomías”, y las nacionalidades periféricas, que soportan desde el siglo XVI el centralismo castellano, tienden a que el “Estado integral” se desintegre en tres o cuatro. Azaña anuncia la sorprendente nueva de que España “ha dejado de ser católica”, y las Cortes -que hacen a Azaña jefe del gobierno- eligen presi­dente de la república al muy católico Alcalá Zamora. Araquis­tain afirma con aplomo que “ningún pueblo es racialmente [sic] tan socialista como España”, y Unamuno sale por los fueros del “individualismo” español. Así, apenas venida al mundo, la república española ofrece mil perfiles, pero Ortega y Gasset dice muy sesudamente: “Es preciso rectificar el perfil de la república”. Todas las señoras leídas admiran la profundidad del filósofo, y mientras tanto la guardia civil comienza a “rectificar” ametrallando a los campesinos. En una palabra, la revolución “a la española” se presenta bastante embrollada, pero la IC la clasifica rápidamente en el tipo de revoluciones “democrático-burguesas” que encajan en la teoría elaborada por Lenin para… la Rusia de comienzos de siglo.

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La cuestión anarquista en la revolución española

Pepe Gutiérrez-Àlvarez

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Como es bien sabido, el anarquismo mundial tuvo en España su máxima representación e influencia. Esto ha llevado a decir a algunos especialistas que la presencia libertarla ha sido el trazo más original de su historia contemporánea. Lo que es más seguro es que este hecho fue el más singular de la guerra y la revolución de 1936-1939, fechas absolutamente cruciales en la historia de la anarquía. Después de numerosas derrotas, el movimiento libertarlo internacional creyó encontrar en la contienda española su ocasión de oro para demostrar al mundo, y muy particularmente a los marxistas, cómo se hacia una revolución, o sea de una manera antiestatal y autogestionaria, siguiendo otras pautas de las del modelo bolchevique de 1917 que coincidían casi unánimemente en descalificar (1).

En el momento en que estallaron las "jornadas de julio", la Asociación In­ternacional de Trabajadores (AIT), creada en 1922 en Berlín en oposición a la II y a la III Internacional, puede di­vidirse claramente entre su principal sección, la española, con más de medio millón de afiliados -que se ampliarán considerablemente a continuación-, y el resto, en su mayor parte secciones diezmadas por el avance fascista -Portugal, Alemania, Italia- o en decadencia -Francia, Argentina-, todas francamente minoritarias o instaladas en el exilio, como será también el caso de los anarquista rusos (2).

Después de un efímero fulgor con la Internacional Antiautoritaria o Negra, animada por el propio Bakunin, el anarquismo había sido desplazado de los principales centros industriales por la Internacional Socialista que había rechazado tempranamente la filiación anarquista por antipartidista y antiparlamentaria. A principios de siglo XX conocerá otro gran momento con el auge del sindicalismo revolu­cionario -encarnado por Ferdinand Pelloutier y por los principios expuestos en la Carta de Amiens-, pero en el momento del estallido Primera Guerra Mundial, pero sobre todo, con el triunfo de los bolcheviques en Ia revo­lución rusa de Octubre de 1917, conocerán sucesivas crisis que se saldan en provecho de la Internacional Comunista en los países semiindus­trializados; donde muchos de sus cuadros serán atraídos por el bolchevismo ascendente (3). España será aquí también la gran excepción. Así será incluso durante la resistencia contra la dictadura de Primo de Rivera, y así se llega cuando se implanta la II República, y prosigue cuando estallan la guerra y la revolución. En este momento el anarquismo mundial hará suya las esperanzas de la CNT-FAl y los militantes anarquistas de todo el mundo vivirán intensamente su guerra de España, algunos lo harán viajando para engrosar unas siglas que ya eran míticas.

La excepción española

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PCE, marca registrada

Javier Ortiz

Y el PCE aceptó que los albaceas testamentarios del franquismo lo sometieran a examen. Y se avino a pasar bajo esas horcas caudinas, pese a que eso significaba, de un lado, legitimar la autoridad de quienes se arrogaban el derecho de otorgar o negar a los demás patentes de ortodoxia democrática, y del otro, transigir con el hecho de que aún quedaran en la ilegalidad otras organizaciones políticas antifranquistas.

A algunos no nos sorprendió lo más mínimo. Era coherente con la posición que Santiago Carrillo y sus más próximos venían manteniendo desde hacía años, pero muy destacadamente desde 1976. Aunque su aceptación de la Monarquía –es decir, del Rey designado por Franco para sucederle en la Jefatura del Estado– no se produjera formalmente hasta el 14 de abril (sic!), Carrillo ya había hecho saber a Suárez que estaba dispuesto a respaldar el proceso de reforma del Régimen, renunciado a la ruptura que había defendido formalmente en los inicios de la Transición. Suárez sabía que podía creerle: había constatado los esfuerzos hechos por Carrillo para moderar la movilización popular, sin la cual la estrategia rupturista resultaba insostenible.

Aunque en un primer momento no se apreciara, la sucesión de renuncias que caracterizó la línea política seguida en aquellos años por la dirección del PCE introdujo en sus filas un germen de desmoralización y de derrotismo que lo empujaría hacia la pendiente de su autodestrucción, frenada casi in extremis por la corriente que pondría en marcha Julio Anguita más de una década después (*). La base militante y social del PCE, disciplinada como ninguna otra, aceptó resignadamente las consignas desmovilizadoras y conformistas de Carrillo, pero muchos no las sintieron nunca como propias.

¿Qué hubiera podido suceder si el PCE hubiera asumido una política más audaz, menos acomodaticia? Es imposible saberlo. En el seno del propio PCE hay en marcha actualmente un interesante debate sobre el papel que jugó su partido en la Transición. Tengo para mí que con aquellos protagonistas difícilmente hubiera podido representarse un drama muy diferente. Pero no me cabe duda de que las supuestas astucias y zorrerías que propició entonces Carrillo –tan festejadas aún hoy por la derecha, y con razón– contribuyeron en no poca medida a que la política española sea la que es desde hace 25 años, y a que la izquierda no neoliberal y no atlantista juegue desde entonces un papel muy limitado, a menudo casi testimonial.

¿Que de todos modos el PCE iba a acabar en las mismas, porque era el signo de los tiempos? Tal vez. Pero no es lo mismo intentar algo y no lograrlo que renunciar a ello de antemano.

__________(*) Aunque los resultados electorales sean sólo un indicador entre varios posibles, vale la pena recordar que en las elecciones de 1986, Izquierda Unida, con el PCE como principalísimo baluarte, se quedó en el 4,63% de los votos. En 1989, tras llegar Anguita a la Secretaría General y ser elegido coordinador general de IU, duplicó el porcentaje de los votos obtenidos, cifra que mejoró en las elecciones generales de 1993, y aún más en las de 1996, en las que obtuvo 2.639.774 votos (el 10,54% del total). En otras elecciones superó ese porcentaje.

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El PC de EEUU dona sus archivos históricos a la Universidad de Nueva York

Patricia Cohen

El Partido Comunista de EEUU dona sus archivos históricos a la Universidad de Nueva York Patricia Cohen · · · · ·

1/04/07

El cantautor, organizador obrero y héroe de folk Joe Hill ha sido motivo de poemas, canciones, una ópera, libros y películas. Su voluntad, escrita en verso la noche antes de que un pelotón de fusilamiento de Utah lo ejecutara en 1915 y más tarde fuera musicada, devino parte de la banda sonora del movimiento obrero. Ahora la copia original de esa voluntad esbozada se encuentra entre las inesperadas joyas históricas desenterradas de una enorme colección de documentos y fotografías jamás hechos públicos que el Partido Comunista de los EEUU ha donado a la Universidad de Nueva York.El alijo contiene décadas de la historia del partido e incluye documentos fundacionales, contraseñas secretas, pilas de cartas personales, directrices secretas de Moscú, pines de Lenin, fotografías y severas órdenes sobre cómo debían comportarse los buenos miembros del partido (no realización de trabajo caritativo, por ejemplo, que les distrajera de sus deberes revolucionarios). Al ofrecer una visión interna, los archivos tienen el potencial de revisar supuestos tanto en la izquierda como en la derecha sobre uno de los temas más discutidos en la historia americana, además de completar la historia de la política progresista, el movimiento obrero y las luchas por los derechos civiles. “Es una de las oportunidades recopilatorias más apasionantes que se hayan presentado aquí jamás”, decía Michael Nash, director de la Biblioteca Tamiment, de la Universidad de Nueva York, que anunciará la donación el viernes. Historiadores liberales y conservadores, informados por The New York Times sobre los archivos, se mostraron entusiasmados ante la incorporación de tantos documentos originales al archivo histórico. Nadie sabe aún si podrán resolverse las persistentes discusiones sobre la extensión de los vínculos entre los subversivos americanos y Moscú, ya que, como ha dicho el Sr. Nash, “nos llevará años catalogarlos”. Pero lo más apasionante, como han dicho el Sr. Said y otros investigadores, son los nuevos campos de investigación que se abren, más allá del desarrollo en casa de la amenaza a la seguridad durante la guerra fría.

La última rima de Hill ─que empieza mi voluntad es fácil de decidir / no hay nada ahí que dividir─ se descubrió en una de las 12.000 cajas. (Hill fue condenado, algunos pensaron que erróneamente, por homicidio.) En otras cajas había esbozos de programas del partido con cambios manuscritos para su edición y una copia grapada de su primera constitución. “El Partido Comunista es un hecho”, escribía el 18 de septiembre de 1919 C. E. Ruthenberg, el secretario ejecutivo, días después de que los fundadores se reunieran en Chicago. Un documento de 1920 señala la fusión del Partido Comunista con el Partido de los Trabajadores. Recoge Dix como nombre secreto de Earl R. Browder, que años más tarde se convertiría en secretario general del partido, L. C. Wheat, como el de Jay Lovestone, que posteriormente renegaría del comunismo y trabajaría con la AFL-CIO y la CIA, y se refiere a Alexander Trachtenberg como “uno de los agentes fiduciarios de Lenin en América”. A causa de haber permanecido dobladas durante años, muchas de las páginas están impresas con líneas surcadas como caras arrugadas; otras están agujereadas por quemaduras de cigarrillo y son delgadas como papel cebolla. Algunas carpetas, repletas de artefactos desmontables, son como si hubieran sido rociadas con confeti amarillo.Ruthenberg subraya la “forma secreta en que se dirige el partido”. La rama de Los Angeles, conocida como XO1XO5, utiliza la contraseña “kur-heiny, que significa ‘¿Avanzas?’”, escribe. “La respuesta es: teip, que significa ‘sí’.”

Copia un carta firmada por los rusos Nikolai Bujárin y Ian Berzin, que dice que estaba oculta en el forro del abrigo de un bolchevique, sobre cómo debían actuar los americanos. Ordenan al partido a que exhorte a soldados y marineros a hacer campaña “contra los oficiales” y a armar a los trabajadores. Advierten de autorizar a los miembros a tomar parte en actividades filantrópicas o educativas, insistiendo en que forman “organizaciones de lucha para tomar el control del Estado, para derrocar al gobierno y establecer la dictadura del proletariado”. Robert Minor, un dibujante y radical que cubrió la guerra civil rusa, tiene un lúcido y lírico informe de una entrevista con Vladimir Lenin en Moscú fechado en diciembre de 1918. A Lenin le fascinaba América, la consideraba “un gran país en muchos aspectos” y cosió a preguntas a Minor. “«¿Cuánto tardará en llegar la revolución a América?» No me preguntó si llegaría, sino cuándo.” Minor, que aún no se había unido al partido, consideró a Lenin un hechicero. “Cuando arroja su dogma, se ve al Lenin luchador. Es de hierro. Es el Calvino político”, dice Minor en sus notas mecanografiadas. “Sin embargo, tiene su otra cara. Durante toda la discusión estuvo moviendo su silla hacia mí”, escribe. “Me sentí extrañamente sumergido por su personalidad. Llenaba la habitación.” Cuando abandonó el Kremlin, Minor se fijó en dos hombres a bordo de limusinas. “Unos meses antes eran sangrientos agentes del capital de rapiña”, escribe. “Pero ahora son «comisarios del pueblo» y conducen bonitos automóviles como antes y viven en bonitas mansiones.” Gobiernan “bajo banderas de seda rojas para protegerse de cualquier desorden. Han percibido los olores de rosas igual de dulces bajo otro nombre.”

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Alejandra Kollontaï: De revolucionaria a diplomática

      El largo proceso del movimiento revolucionario ruso -que va desde el intento insurreccional de los "decembris­tas" hasta la consolidación del estalinismo-, es extraordi­nariamente rico en cuanto a su participación femenina se refiere. Bastante reducido a una vanguardia muy estricta por las propias exigencias de la clandestinidad, este movi­miento fue llevado, hasta la eclosión popular de 1905 y de 1917, por militantes surgidos, fundamentalmente, -del seno de las clases opresoras. Se puede decir que, sobre todo en su etapa final, no existió una familia perteneciente a las clases privilegiadas que no tuviera una o varias «ovejas negras» entre los suyos y que, entre éstos, no hubiera una mujer que, en ruptura con el ambiente conservador, se lanzara a una incierta aventura revolucionaria que equi­valía a una terrible clandestinidad y casi invariablemente. la cárcel, los malos tratos, el destierro en Siberia o, en el mejor de los casos, el exilio en Europa o en Norteamérica, donde la militancia revolucionaria se curtía culturalmente absorbiendo ávidamente la producción cultural de la iz­quierda occidental cuya producción intentaba aplicar y enri­quecer en una praxis interior en la que el diletantismo era muy difícil.

       La historia de estas mujeres está en gran medida, toda­vía por hacer. Durante su estancia en la Rusia soviética, la compañera de John Reed, Louise Bryant, escribió un am­plio reportaje sobre la aportación femenina a la revolución y descubrió, algo que Lenin y los historiadores reconoce­rían más tarde, a saber, que habían sido las mujeres las que habían desencadenado el proceso revolucionario un 8 de febrero (8 de marzo, Día de la mujer trabajadora, en el calendario occidental). Su testimonio no ha llegado hasta nosotros y posteriormente los trabajos sobre cl papel de la mujer en la revolución rusa representan una ínfima por­ción dentro de la inmensa bibliografía escrita sobre este acontecimiento.

       La mujer rusa necesitaba todavía más que los hombres un cambio revolucionario. Habían sido las esclavas de los esclavos y todavía, en pleno siglo XX, la legislación zarista reconocía a los maridos el derecho de maltratar a sus es­posas. Sin embargo, aunque esta necesidad fuese apremian­te, el atraso cultural, la represión y por supuesto, la incom­prensión del propio movimiento revolucionario, hizo que la incorporación de las mujeres a la lucha fuera tardía y subordinada. Rusia careció de un período de libertades de­mocráticas amplias que permitiera la creación de organi­zaciones de mujeres con una sólida implantación, con un importante número de cuadros capaces de establecer sus propios criterios… La revolución, la guerra civil, el ascenso de la burocracia, la sucesión vertiginosa de acontecimientos no permitió que las grandes ideas desarrolladas por dife­rentes generaciones de mujeres revolucionarias rusas, em­pezando por las audaces nihilistas y continuando por las que lucharon en cada una de las ramas del movimiento revolucionario, cobraron cuerpo a través de organizaciones estables y capaces de imponerse…Por todo ello, la historia del feminismo revolucionario ruso se ilustra primordial­mente a través de las grandes individualidades, de figuras legendarias como lo fueron las populistas Maria Spirido­nova y Vera Figner, la menchevique Vera Zasúlitch, o las bolcheviques Alejandra Kollontaï, Angélica Balabanov, Larissa Reissner, Nadia Krupskaya, Inessa Armand, Elena Stássova, Eugenia Bosch, etc.

       No hay duda: ninguna de las mujeres que dieron vida a la revolución rusa han alcanzado una popularidad in­ternacional tan intensa como Alejandra Kollontaï, a la que el cronista francés de la revolución Jacques Saboul llamaría "la egeria bolchevique del amor li­bre". Esta gran popularidad se deriva, sobre todo, de la notable importancia de sus escritos feministas, de su papel al frente de la efímera y polémica Oposición Obrera, pero sobre todo del hecho de que fue la representante femenina más cualificada del bolchevismo triunfante y como tal, fue una de las “bestias negras” para la derecha, su candidata de mayor prestigio (tercera en las listas para la Asamblea Constituyente), la primera mujer ministra de la historia… Además, quizá nadie mejor que ella define el alcance y las limitaciones, los aciertos y los errores de la revolución, y re­presenta más fielmente la corrupción que conllevó el surgi­miento y la consolidación de un poder burocrático cuya actitud hacia los derechos de la mujer, refleja mejor que con cualquier otro ejemplo, su naturaleza reaccionaria.

      En un balance escrito ya en la vejez, la propia Kollon­taÍ establece su trayectoria militante sobre una triple apor­tación: “Mi primera aportación, naturalmente, es la que he dado en la lucha por la emancipación de las mujeres trabajadoras y por el afianzamiento de su igualdad en todas las esferas del trabajo, de la actividad esta­tal, la ciencia y demás. Con la particularidad de que enlazaba indisolublemente, la lucha por la emancipa­ción y la igualdad con la doble misión de la mujer: la de ciudadana y la de madre (…) segunda aporta­ción a la lucha por la agitación de una sociedad nueva es mi labor internacional, la agitación y la propa­ganda realizadas en muchos países y, esencialmente, en los Estados Unidos de Norteamérica durante la primera guerra imperialista. La labor realizada, por indicación de Lenin, para apartar de la II Interna­cional a los elementos de izquierda y sentar los funda­mentos de la III Internacional (…) tercera aporta­ción a la política de fortalecimiento de la Unión Sovié­tica es mi actuación en la diplomacia, desde 1922 hasta marzo de 1945…” (1)

       Quizás de acuerdo con Voltaire que afirma que “el amor propio dura toda la vida”, Alejandra reescribe la historia en función de las exigencias de la historia oficial. Ya no se presenta como una mujer sexualmente emancipada, ni como una inconformista dentro de los rangos marxistas y bolche­viques, no menciona para nada a Stalin que viene a ser algo así -salvando las distancias- como hablar del siglo de Pericles sin mencionar a Pericles. Se sitúa bajo el amparo de Lenin con el que mantuvo sus acuerdos, pero también sus desacuerdos y adapta su feminismo a la versión oficial del Estado: la mujer debe ser ciudadana y madre.

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Breve autobiografía de Alejandra Kolontái para la Enciclopedia Granach

Alejandra Kollontai

  Nací en 1872 v crecí en el seno de una familia de la nobleza terrateniente. Mi padre, general ruso, era de origen ucraniano. En cuanto a mi madre, finlandesa. era de origen campesino. Pasé mi infancia y mi juventud en Petrogrado  y en Finlandia. Primogénita de la familia e hija única de mi padre (era el segundo matrimonio de mi madre) fui objeto de cuidados muy cariñosos por parte de mi numerosísima familia, que conservaba las costumbres patriarcales. No fui al instituto porque se temía tuviese malas compañías. Aprobé el bachillerato a los 16 años y seguí cursos particulares y conferencias sobre historia, literatura, etc. Mis padres me prohibieron también asistir a los cursos Bestúzhev. Trabajé mucho, particularmente bajo la dirección del e historiad literatura Víctor Petróvic Ostrogorsky. Éste consideró que yo tenía dotes literarias y me Impulsó hacia el periodismo, Me casé muy joven, en parte por espíritu de rebeldía contra mis padres. Pero al cabo de tres años me separé de mi marido, el ingeniero Kolontái, llevándome a mi pequeño hijito (mi apellido de sol­tera es Domontóvich).

     En ese momento mis ideas políticas comenzaron a precisarse. Trabajé en las sociedades de difusión de la cultura, ya que servían a mediados de la década del 90 como fachada a una serie de empresas clandestinas. Así por medio del famoso "museo ambulante de ayuda escolar de material didáctica" habíamos establecido vínculos con los detenidos en la fortaleza de Schlüsselburg. Gracias a nuestra actividad en las sociedades de instrucción y a las lecciones que dábamos a los obreros pudimos tener con estos un contacto muy activo. Organizamos veladas de beneficencia para recoger dinero a la Cruz Roja política. El año 1896 fue decisivo en mi vida. Pasé la primavera de ese año en Narva, en la famosa fábrica de Kremgólskaya. El cuadro de servidumbre de doce mil tejedores me impresionó profundamente. En ese momento no era aún marxista y me inclinaba más bien hacia el populismo y el terrorismo.

     Tras mi visita a Narva, me use a estudiar marxismo y economía. En ese momento aparecieron, una tras otra, las dos primeras revistas marxistas legales: Nachalo y Nóvoe slovo. Su lectura me abrió considerablemente los ojos. Acababa de encontrar la vía que había empezado a buscar con particular perseverancia desde mi visita a Narva. La famosa huelga de Ios obreros textiles de Petrogrado en 1896, en la que tomaron parte treinta y seis mil obreros, hombres y mujeres, contribuyó del mismo modo al esclarecimiento de mis ideas políticas. Con Elena D. Stássova y un gran número de camaradas que trabajaban todavía al margen del partido, organizamos colectas de ayuda a los huelguistas.

     Este ejemplo espectacular del crecimiento de la conciencia del proletariado, esclavizado y desprovisto de derechos, me incitó entonces de manera decisiva a pasar al campo marxista. Sin embargo, no trabajé todavía como publicista marxista y no tomé parte activa alguna en el movimiento. Me consideraba aun muy poco preparada. En 1898, escribí mi primer estudio sobre la Psicología de la educación: "Bases de la educación según Dobroliúbov". Apareció en septiembre de 1898 en la revista Obrazovanie, que tenía aún carácter pedagógico antes de transformarse, a continuación, en uno de los órganos legales más persistentes del pensamiento marxista. Su redactor jefe era A. Y.Otrogorsky. El 13 de agosto de ese mismo año parti para el extranjero a estudiar ciencias económicas y sociales.

     En Zúrich, ingresé en la universidad, siguiendo los cursos del profesor Herkner, cuya segunda edición de su libro sobre la cuestión obrera me había interesado. Fue algo característico que cuanto más avanzaba en el estudio a fondo de las leyes económicas, más me convertía en marxista "ortodoxa" mientras que mi profesor y director de estudios se volvía cada vez mas, hombre de derechas y se alejaba de la teoría de Marx, termi­nando, en la quinta edición de su libro, por ser un verdadero renegado. Fue aquel un curioso periodo, cuando apareció abiertamente en el partido alemán, por la ligereza de Bernstein, una abierta tendencia a la concilia­ción práctica, al oportunismo, al "revisionismo"; es decir, a la revisión de la teoría de Marx. Mi venerable profesor cantaba alabanzas a Bernstein. Pero yo seguía resueltamente a la izquierda. Me entusiasmé con Kautsky devorando la revista Neue Zeit, editada por él, y los artículos de Rosa Luxemburgo. Me interesó particularmente el librito de ésta Reforma o Revolución, donde refutaba la teoría integracionista de Bernstein.

      Por consejo de mi profesor, y provista de sus recomendaciones, parti en 1899 para Inglaterra a estudiar el movimiento obrero, que por su sensatez me convencería de que la verdad estaba del lado de los oportunistas y no de los "izquierdistas"

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Jean Jaurès, líder socialista e historiador jacobino

Pepe Gutiérrez-Álvarez

Jean Jaurés, líder socialista e historiador jacobino

Pepe Gutiérrez-Álvarez

Entre los grandes “leones” de la Socialdemocracia clásica brilla con una potencia especial Jean Jaurés, una reformista revolucionario que fue asesinado por su pacifismo consecuente. Su legado, tantas veces traicionado, sigue teniendo la fuerza de la originalidad y una coherencia que muy pocos consiguieron.

A finales de julio de 1914, en víspera de la Iª Guerra Mundial, moría asesinado Jean Jaurés, la personalidad más sobresaliente del socialismo francés del siglo XX. La importancia de este crimen fue sobresaliente ya que Jaurés era una pieza clave para la oposición a una guerra -que. diez años antes habia descrito como una lucha "entre naciones (que) toma proporciones de una Iucha entre continentes. fa potencia del capital remueve las más pesadas masas del planeta; y de todo el espesor del globo; el fuego interno del capital remueve los continentes y los hace devorar entre sí". Al día siguiente de que su asesino -un tal Villain, ultraderechista monárquico refugiado en Mallorca. ejecutado en 1936 por los milicianos- acabará con él, sus discípulos. con León Blum a la cabeza. olvida¬ron su internacionalismo y su pacifismo, y se aprestaron a servir a la patria, a animar una guerra tan cruel como sucia en aras de Ia burguesía y del imperialismo.Por nacimiento, Jaurés erá de origen pequeño burgués. Había nacido en Castre, en el Languedoc. Una tierra fértil en tradiciones heréticas. Niño prodigio. su padre le imagina una brillante carrera de cartero. Gracias a un benefactor con más vuelos logra estudiar. Los resultados se notaron enseguida cuando le preguntan por Kant v desarrolla una respuesta que dura tres días. En 1881, con 22 años es ya profesor y llega a ejercer en la Universidad de Toulouse, Diputado republicano. se siente conmovido por las huelgas obreras y por la podredumbre mostrada por su partido.En el Parlamento trata de establecer una línea de acuerdo con los socialistas que se encontraban entonces divididos entre doctrinarios y posibilistas: bajo la influencia de Lucien Herr. camina hacia un socialismo independiente. En 1893, Jaurés fue elegido por los trabajadores de su región. convirtiéndose desde entonces en su defensor intransigente: muestra de ello la tenemos en el momento en que al asumir una denuncia total en 1894.contra el presidente de la República. Casimir Perier. dice: “Prefiero para nuestro país las casas de lenocinio en las que agoniza la vieja monarquía del antiguo régimen. que las casas turbias. De banca y de reserva. en las que agoniza el honor de la República". Interpelado por estar "comparando la casa del presidente de la República con una casa de lenocinio", Jaurés replica: "No señor. no la comparo. la pongo muy por debajo". Al poco tiempo Perier presenta la dimisión. Su línea de pensamiento no se identifica ni con eI marxismo reduccionista de Guesde. ni con socialismo pre-marxista. Aunque "no marxista", Jaurés se cree "discípulo de Marx", En sus tesis. Los orígenes del socialismo alemán (Laia, Barcelona, ) escribe: "Yo no busco el socialismo alemán en el materialismo de la extrema izquierda hegeliana. sino en esos idealistas que se llaman Lutero, Kant, Fichte y Hegel. Quiero no sólo alcanzar las verdaderas y profundas fuentes del socialismo alemán sino también descubrir la futura evolución de ese socialismo. En efecto, aún cuando hoy el socialismo alemán combate tras las apariencias materialistas.,tras el escudo del materialismo, esto es un aspecto no de la paz futura sino solamente de la paz presente. Los socialistas .afirman y se creen materialistas. para facilitar su demostración a fin de que esta tierra, aunque no ya libre de los fantasmas de la superstición, aparezca con luz cruda y áspera, erizado en duras miserias: pero en los repliegues profundos del socialismo subsiste el hálito alemán del idealismo".La unidad socialista, casi congeguida a principio de siglo al calor de las luchas obreras y del debate parlamentario se verá sacudida por el llamado "affaire Dreyfus", en el que un militar por ser judío es acusado por la extrema derecha de ser un espía al servicio de Alemania, Los guesdistas distinguen la cuestión como "una guerra civil entre burgueses", mientras que la derecha liberal considera que se trata de "un asunto peligroso". Dudoso en un principio es convencido por la resuelta posición del novelista Emile Zola que escribe según Jaurés. la carta "más revolucionaria del siglo". En ella se decía: "Acuso al teniente coronel Du Paty de Clan de haber sido el autor diabólico de este error judicial" en contra de Dreyfus. Arremete contra todo el Estado mayor del ejército, y sigue acusando al "Consejo de guerra de haber violado el Derecho al condenar a un acusado sobre la base de un documento que se mantiene secreto". Cuando en la Cámara, la derecha habla de "desastre”; Jaurés. "la golondrina roja”, clama: "!El desastre estaba en los generales de la corte, protegidos por el Imperio, y. está en los generales de los viveros jesuitas, protegidos por la República¡". "¿Saben Uds. que es lo peor que puede ocurrirnos actualmente? Desde que este asunto ha empezado. Lo peor son las medias medidas, las reticencias los equívocos las mentiras, las cobardías". En una carta abierta a los soldados, les dice: "Si no queremos perecer tenemos que revolucionar hoy las alturas del ejército por medio de la ley republicana… Soldados del pueblo de Francia: insensatos. y criminales son aquellos que cuentan con vosotros para confiscar la República, para doblegar al socialismo bajo la dictadura o para ahogar con sangre nuestro gran sueño de justicia".Temeroso de un golpe reaccionario. llega a .aceptar que su "amigo" Millerand -que como todos sus amigos posibilistas terminarán rompiendo con él- forme parte de un gobierno burgués, el de Waldeck Rousseau, Su posición es contradictoria. Por un lado escribe: "El socialismo no puede aceptar una. parcela del poder. Debe de esperar conquistarlo por entero… un partido que se propone la reforma total de la sociedad. La sustitución de un principio de propiedad por otro principio no puede aceptar más que el juego integro. Si sólo tiene una parte, no tiene nada, porque esta influencia parcial queda neutralizada por los principios dominantes de la sociedad actual… El ideal nuevo no se realiza. sino que se compromete- y entonces, si hay una crisis capitalista. el socialismo no saldrá de ella". y por otro acepta un "ministerialismo" puntual que se mostrará totalmente negativo cuando Millerand manda contra los obreros a la policía.La brevedad de este espacio no nos permite extendernos sobre la vertiente de Jaurés como historiador, como el primer autor que investiga los Orígenes y el desarrollo de la Gran Revolución Francesa a través deI prisma socialista. Su pasión por la izquierda de los jacobinos, por Babeuf y los igualitarios, es total. De está gran experiencia saca Jaurés no poco de los elementos estratégicos que propone. en el que la unión entre el socialismo y el republicanismo radical pequeñoburgués es la clave.Su esquema político lo podíamos establecer como sigue: a) la .sociedad está dividida entre poseedores y desposeídos; b) los interesados adquieren conciencia a comprender el antagonismo entre dos mundos, dos sociedades; c) la convicción por parte del proletariado de que tiene que emanciparse por sí mismo. La conciencia adquiere para él un carácter determinante. Jaurés confía en que. gradualmente el proletariado pueda ir armándose aprovechando todo lo que como antisociedad burguesa puede avanzar.Su radicalismo democrático se manifiesta plenamente en su brilIante obra sobre El nuevo ejército. Su idea básica es que hay que rescatar al ejército de las manos de la casta militar. para entregarlo a las manos de la nación en armas. Entiende que toda. la guerra que no es defensiva es criminal. Adversario del colonialismo y del chovinismo no desdeñe los valores tradicionales del país. Un poco de internacionalismo, escribe. aleja de la patria. mucho internacionalismo nos devuelve a ella”.Habiendo comprendido que por "primera vez la guerra será universal,. enfrentándose todos los continentes. y que la extensión capitalista ha ampliado el campo de batalla, ¡ahora los capiteles se disputan todo el planeta y todo el planeta será enrojecido con la sangre..de los hombres!". Se esfuerza por todos sus medios para persuadir al gobierno francés que por el “camino de la guerra, provocará el desastre”, y llama organizar "el Sol de la unidad socialista" contra la guerra. Este empeño le hace ser odiado mortalmente por los patrioteros, y se convierte en el blanco sugerido con toda claridad por una prensa que pide su cabeza. Pero. él sabe que la contrarrevolución es también la calumnia y el fanatismo, y espera sobre todo de la lnternacional Esta conoce la quiebra el 4 de agosto de 1914: Gran orador. Brillante escritor. convencido reformista revolucionario, Jaurés ha sido considerado como la cabeza más noble de la socialdemocracia clásica, de un socialismo que "sembró dragones y cosechó puIgas”. Que el reformismo lo sitúe entre sus héroes suene un poco a blasfemia. Había un profundo sentimiento de liberación social en un hombre que escribió páginas como la siguiente: "Una noche de invierno me sentí sobrecogido por una especie de asombro social. los millares de hombres que paseaban sin conocerse, eran una masa inerme de fantasmas solitarios me parecía des ligada de toda relación entre si. y con una especie de terror impersonal me preguntaba por qué todos aquellos seres se conformaban con el desigual reparto de bienes y de los males, y por qué no se disolvía la enorme estructura social. No les vela cadenas ni en las manos ni en los pies. y me preguntaba: ¿Por qué prodigio esos individuos cargados de penas y desprovistos de todo aguantan la situación…? La cadena estaba en el corazón, el pensamiento se encontraba atado, la vida habla impuesto sus formas en los espíritus; la costumbre las habla fijado. El sistema social había formado a todos estos hombres, estaba en ellos; en cierto modo se habia convertido en su propia sustancia; no se rebelaban contra la realidad porque se confundían con ella. Ese hombre que pasaba temblando de frío. sin duda habría considerado menos insensato y difícil ponerse a re coger con ambas manos todas las piedras de Paris para construirse una casa. que acabar con el sistema social. enorme, aplastante y protector, en el que, en algún rincón, tenla su techo cubriendo sus hábitos y sus miserias" (cita entresacada de Jaurés, biografía escrita por Michelle Auclair, especialista también en García Lorca y publicada en la valiosa colección Gandesa de Grijalbo). Las obras de Jaurés publicadas aquí son (que yo sepa), las siguientes: Historia socialista de la Revolución francesa (Grijalbo-Crltica), Siete ensayos socialistas (Zero, Madrid), Los orígenes del socialismo alemán (Laia, Barcelona). Su Obra Completa ha ido apareciendo en la prestigiosa Editorial Fayard.

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Robespierre, o la derrota de la virtud

Joan Tafalla

Robespierre, o la derrota de la virtud.

Joan Tafalla Monferrer

Perder la batalla de 9 thermidor del año II de la Revolución Francesa ( 27 de julio de 1794) no ha favorecido en nada la fama, ni la suerte histórica de Robespierre. El fundador de la república democrática francesa, no tiene ninguna calle en el nomenclátor de Paris. El inventor del lema Libertad, igualdad, fraternidad, no tiene ninguna estatua ni monumento en la ciudad de las luces. Únicamente en Arras, su ciudad natal, recibe algún reconocimiento el personaje central de la Revolución Francesa. Thermidor convirtió a Robespierre en innombrable.

El cine tampoco ha sido clemente con nuestro personaje. En Danton, de Andrej Wajda, es pintado con todos y cada uno de los elementos negativos de la imagen construida tras el 9 thermidor. Sólo la breve aparición de Robespierre en La Marsellesa de Jean Renoir compensa esa imagen negativa. Pero ¿ quién ve hoy películas francesas de 1936?

212 años más tarde, quizás sea ya hora de nombrar a Robespierre más allá de la leyenda. Tarea difícil: luchar contra los tópicos es tarea comparable a la de Alonso Quijano con los molinos.

Un drama familiar que marcó una vida.

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Entrevista a John Berger

John Berger

‘En su intensidad vital o su tragedia, tales momentos incluyen las experiencias de una libertad en la acción. (La libertad sin acciones no existe.) Momentos así son trascendentales -como ningún »resultado’ histórico puede serlo, pues rozan lo eterno. Y aunque son frecuentes los momentos que contienen lo eterno de algún modo, casi todos ellos son extremadamente duros, y pueden implicar sacrificio, dolor, un dolor compartido, y fatigas, fatigas, fatigas, porque la vida es muy dura’

02-03-2007

Entrevista con el escritor inglés John Berger

‘Vivimos tiempos oscuros, pero las luces continúan’

 

Ramón Vera Herrera

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