Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Discurso «populista» y defensa de privilegios. Los estadounidenses que votan a George W. Bush

Thomas Frank

LE MONDE diplomatique | 21 febrero 2004

Los estadounidenses conocerán en las próximas semanas el nombre del adversario demócrata que se enfrentará a George W. Bush. La aversión que suscita el presidente de Estados Unidos en su país y en el extranjero hace olvidar que conserva, a pesar de ello, numerosos partidarios que saben sacar el máximo de réditos electorales del papel que despreciativamente se les atribuye de portavoces de una América profunda. Ni intelectual ni europea pero segura de su superioridad y de sus valores.

Cuando los candidatos demó­cratas a la elección presiden­cial de noviembre de 2004 se enfrentaban en el Estado de Iowa. una publicidad televisiva atacaba al favo­rito en las encuestas, Howard Dean. Lo presentaba como el preferido de la "élite cultural", dado a "subir los im­puestos y a aumentar el poder del Estado, al café a la italiana, a comer sushis, a los autos Volvo, a leer el New York Times, al body piercing y a Hollywood; un monstruo de feria del ala izquierda", que no sabe tratar con el pueblo llano del Medio Oeste.

La publicidad es auspiciada por el Club para el Crecimiento, una organi­zación con sede en Washington, cuya finalidad es reunir a los ricos que ve­neran el mundo de los negocios con los políticos que comparten la misma inclinación y que están en condiciones de transformarla en leyes contantes y sonantes. Los miembros del Club son economistas neoliberales, celebrida­des millonadas, y grandes pensadores de la difunta Nueva Economía que consagraron toda una década a presen­tar la desregulación y la reducción de impuestos como si se tratara del se­gundo advenimiento de Cristo. En otras palabras, quienes creyeron ver a Jesús en la siempre ascendente cotiza­ción del Nasdaq, los economistas que vivieron de insistir públicamente en que la privatización y las desregula­ciones eran el mandato de la historia. ahora difunden anuncios televisivos que denuncian a la "élite".

En esa paradoja reside el misterio estadounidense de 2004. Gracias al desplazamiento a la derecha de los úl­timos treinta años, la concentración de riqueza en Estados Unidos es la más grande registrada desde la década de 1920, mientras que los trabajadores ven reducidos sus derechos laborales y las empresas se han convertido en el elemento más poderoso del mundo. Y esa corriente conservadora -que si­gue fortaleciéndose- se vende como una guerra contra las "élites", la rebe­lión virtuosa del hombre común con­tra una detestable clase dirigente.

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Contra el Fatalismo Económico

Pierre Bourdieu

Texto del discurso pronunciado por Pierre Bourdieu el 22 de noviembre de 1997, en el acto de recepción del Premio Ernst Bloch, concedido por el Instituto Ernst Bloch, en la ciudad alemana de Ludwigshafen. Mis más cálidos agradecimientos para la ciudad de Ludwigshafen, su alcalde el Señor Wolfgang Schulte y al Instituto Ernst Bloch, por el honor que se me ha concedido y asocia mi nombre con el de uno de los filósofos a quien más admiro. Mis agradecimientos también para el señor Ulrich Beck por el generoso discurso que acaba de pronunciar. Me hace pensar en que en el futuro próximo podremos asistir al nacimiento de la utopía de un colectivo intelectual europeo, cosa que he apoyado durante mucho tiempo. Mi única crítica a esta eulogia es su excesiva generosidad, especialmente por la forma en que atribuyó a mi persona una cantidad de propiedades y cualidades que sólo son producto de condiciones sociales. No puedo dejar de pensar, cuando se me honra de semejante manera y se me eleva al nivel de gran defensor de la idea utópica -en estos días tan desacreditada, desechada y ridiculizada, en nombre del realismo económico-, que estoy siendo autorizado o más precisamente urgido a intentar definir cual tiene que ser y debe ser el papel del intelectual, en relación a la utopía en general y la utopía europea en particular. Revolución conservadora Debemos reconocer que estamos actualmente en un período de restauración neoconservadora. Pero esta revolución conservadora asume una forma sin precedentes: no hay, como en tiempos anteriores, ningún intento de invocar un pasado idealizado mediante la exaltación de la tierra, la sangre, y los temas de las antiguas mitologías rurales. Es un nuevo tipo de revolución conservadora que, para justificar su restauración reclama una relación con el progreso, la razón y la ciencia -la economía, en verdad-, y a partir de esto intenta relegar el pensamiento y la acción progresiva a un estatus arcaico. Se erige como patrón de normas para todas las prácticas, y por tanto como norma ideal, el orden del mundo económico librado a su propia lógica: la ley del mercado, la ley del más fuerte. Ratifica y jerarquiza la norma de los llamados mercados financieros, el retorno a un tipo de capitalismo radical que no responde a ninguna ley más que a la máxima ganancia; un capitalismo sin tapujos, desenfrenado, que ha sido llevado hasta el límite de su eficiencia económica por medio de las formas modernas de conducción Management y las técnicas manipuladoras como la investigación de mercado y las propagandas de venta y comercialización. El aspecto engañoso de esta revolución conservadora es que, atrapada por todos los signos de la modernidad, aparentemente no conserva nada de la oscura pastoral de la Selva Negra, tan amada por los revolucionarios de los años 30. Después de todo, viene de Chicago ¿no es así? Galileo dijo que el mundo natural está escrito en lenguaje matemático. Actualmente, tratan de inventar que el mundo social está escrito en lenguaje económico. Mediante el arma de las matemáticas -y también del poder de los medios- el neoliberalismo se ha transformado en la forma suprema de contraataque conservador, apareciendo durante los últimos treinta años bajo la denominación de "el fin de la ideología" o, mas recientemente, "el fin de la historia". Fatalismo economicista Lo que se nos presenta como un horizonte imposible de superar por el pensamiento -el fin de las utopías criticas- no es nada más que un fatalismo economicista, que puede criticarse en los términos empleados por Ernst Bloch en El espíritu de la utopía (1) dirigiéndose al economicismo y fatalismo que pueden encontrarse en el marxismo. La fechitización de las fuerzas productivas y el fatalismo resultante, se encuentra hoy paradójicamente en los profetas del neoliberalismo y en los sacerdotes del Deutschmark y la estabilidad monetaria. El neoliberalismo es una poderosa teoría económica cuya estricta fuerza simbólica, combinada con el efecto de la teoría, redobla la fuerza de las realidades económicas que supuestamente expresa. Sostiene la filosofía espontanea de los administradores de las grandes multinacionales y de los agentes de la gran finanza, en especial los agentes de Fondos de pensión. Seguida en todo el mundo por políticos nacionales e internacionales, funcionarios oficiales y especialmente por el mundillo de los periodistas tradicionales -todos mas o menos igualmente ignorantes de la teología matemática subyacente- se esta transformando en una creencia universal, en un nuevo evangelio ecuménico. Este evangelio, o más bien la vulgarización gradual que se ha hecho a nombre del liberalismo en todos los lugares, está confeccionada con una colección de palabras mal definidas -"globalización", "flexibilidad", "desrregulación" y otras- que, a través de sus connotaciones liberales e incluso libertarias pueden ayudar a dar la apariencia de un mensaje de libertad y liberación a una ideología que se piensa a si misma como opuesta a toda ideología. De hecho, esta filosofía tiene y reconoce como su único objetivo la permanente creación de riqueza y, más secretamente, su concentración en manos de una minoría privilegiada, y por lo tanto conduce un combate por cualquier medio, incluso la destrucción del medio ambiente y el sacrificio humano, contra cualquier obstáculo a la maximización de las ganancias. Seguidores del laisser-faire, como Thatcher, Reagan y sus sucesores ponen cuidado en la práctica no del laisser-faire sino, al contrario, en dar mano libre a la lógica de los mercados financieros para llevar adelante una guerra total contra los sindicatos, contra las adquisiciones sociales de los últimos siglos, en una palabra, contra todas las formas de civilización asociadas con el estado social. Juzgar por los resultados La política neoliberal puede ser ahora juzgada por sus resultados, que son claros para todos, a pesar de los esfuerzos para probar por medio de trucos estadísticos y trampas groseras que Estados Unidos y Gran Bretaña han alcanzado el pleno empleo. Hay desempleo masivo. Los trabajos que hay son precarios, la permanente inseguridad resultante afecta una creciente proporción de la población, aun en las clases medias. Hay una profunda desmoralización ligada al colapso de la solidaridad elemental, especialmente en la familia y todas las consecuencias de este estado de anomia: delincuencia juvenil, crimen, drogas, alcoholismo, la reaparición en Francia y en otros lugares de movimientos políticos de corte fascista. Y hay una destrucción gradual de las adquisiciones sociales y cualquier defensa de estas es denunciada como conservadurismo pasado de moda. A esto podemos sumar ahora la destrucción de las bases económicas y sociales de las más notables conquistas culturales de la humanidad. La autonomía de la cual gozaban los universos de la producción cultural en relación al mercado, que había crecido continuamente por medio de las luchas de los escritores, artistas y científicos, está cada vez más amenazada. La dominación del "comercio" y de "lo comercial" sobre la literatura aumenta día a día, especialmente por medio de la concentración de la industria de publicidad que está cada vez más sujeta a las restricciones de la ganancia inmediata. Acerca del cine, podemos preguntarnos qué quedará del cine artístico experimental europeo en diez años, a no ser que se haga todo lo posible para proporcionar a los productores de vanguardia los medios de producción y más importante aún, de distribución. Todo esto, sin mencionar los servicios sociales, condenados o a las órdenes directamente interesadas de las burocracias estatales o empresariales o a ser estrangulados económicamente. Se me preguntará ¿cual fue el papel de los intelectuales en todo esto ? No intentaré hacer un listado -sería muy largo y muy cruel- de todas las formas omisión o, peor aun, de colaboración. No necesito mencionar los argumentos de los así llamados filósofos modernistas y posmodernistas que, no satisfechos con enterrarse a sí mismos en juegos escolásticos, se reducen a la defensa verbal de la razón y el diálogo racional, o peor aun, sugieren una versión supuestamente posmoderna pero realmente radical-chic de la ideología del fin de las ideologías, con toda su condena de las grandes narrativas y una denuncia nihilista de la ciencia. Utopismo razonado ¿Cómo podremos evitar desmoralizarnos en este entorno más o menos desalentador? ¿Cómo devolveremos la vida y la fortaleza social al "utopismo razonado" del que habla Ernst Bloch refiriéndose a Francis Bacon? (2). Para empezar ¿cómo debemos entender el significado de esta frase? Otorgándole un riguroso significado a la oposición descrita por Marx entre "sociologismo" (la pura y simple sumisión a las leyes sociales) y "utopismo" ( el desafío audaz de estas leyes), Ernst Bloch describe al "utópico razonable" como quien actúa en virtud de "el pleno conocimiento conciente del curso objetivo", la posibilidad objetiva y real de su "época"; a quien, en otras palabras, "anticipa psicológicamente una posible realidad". El utopismo racional se define como opuesto tanto al "pensamiento ilusorio que siempre ha traído descrédito a la utopía" como a "las trivialidades filisteas preocupadas esencialmente por los hechos". Se opone al "derrotismo ultimatista" -la herejía de un automatismo objetivista, según el que las contradicciones objetivas del mundo serían suficientes en sí mismas para revolucionar el mundo en el cual se dan- y, al mismo tiempo, al "activismo por sí mismo" , puro voluntarismo basado en un exceso de optimismo.(3) Así que contra este "fatalismo de banquero" que pretende hacernos creer que el mundo no puede ser diferente a lo que es -en otras palabras, totalmente sometido a los intereses y deseos de ellos-, los intelectuales y todos aquellos preocupados por el bienestar de la humanidad tendrán que restablecer un pensamiento utópico con respaldo científico, tanto en sus metas, que deben ser compatibles con las tendencias objetivas, como en sus medios, que también deben ser científicamente examinados. Necesitan trabajar colectivamente en estudios que puedan impulsar proyectos y acciones adecuados a los procesos objetivos que se intenta transformar. El utopismo razonado, como lo he definido, es indiscutiblemente lo más ausente en la Europa actual. La forma de resistir a esta Europa -la que el pensamiento de los banqueros intenta hacernos aceptar a toda costa- no es el rechazo a Europa en sí misma desde una posición nacionalista, como lo hacen algunos, sino levantar un rechazo progresivo a la Europa neoliberal definida por bancos y banqueros. Sirve a sus intereses suponer que cualquier rechazo a la Europa que quieren equivale a un rechazo a cualquier Europa. Pero rechazando a una Europa definida y dominada por los bancos, rechazamos el pensamiento de los banqueros y el proceso que -bajo la cobertura neoliberal- termina haciendo del dinero la medida de todas las cosas, incluido el valor de los hombres y mujeres en el mercado laboral y así en todos los terrenos, en todas las dimensiones de la existencia; un proceso que al establecer la ganancia como criterio único para evaluar la educación, la cultura, el arte, la literatura, nos condena a una prosaica civilización desabrida de "fast food", novelas de aeropuertos y guisos televisivos. Resistencia europea La resistencia a la Europa de los banqueros y la previsible restauración conservadora, sólo puede ser europea. Y solamente puede ser europea en el sentido de liberarse de intereses, presunciones, prejuicios y hábitos de pensamiento que son nacionales y aun vagamente nacionalistas, siendo realmente una acción de todos los europeos, en otras palabras, una combinación concertada de intelectuales de todos los países europeos, sindicatos de todos los países europeos, de las más diversas asociaciones de todos los países europeos. Es por esto que la tarea más urgente del momento no es elaborar programas europeos comunes, sino la creación de instituciones -parlamentos, federaciones internacionales, asociaciones europeas de esto y aquello: camioneros, editores, maestros y demás, pero también defensores de árboles, peces, hongos, aire puro, niños y todo lo demás- en el seno de los cuales pueden ser discutidos y elaborados determinados programas europeos. La gente podrá decir que todo esto ya existe, pero yo estoy plenamente seguro de lo contrario, no es preciso más que mirar la actual situación de la federación europea de sindicatos; la única corporación internacional europea que se está construyendo y que posee cierto nivel de efectividad es la de los tecnócratas, contra la cual no tengo nada que decir, en verdad sería el primero en defenderla contra las dudas generalmente estúpidas, nacionalistas o -peor aún- populistas que se ciernen sobre ella. Finalmente, para no dar una respuesta general y abstracta a la pregunta por la cual comencé -sobre el papel de los intelectuales en la construcción de la utopía europea- quisiera decir que contribución espero hacer personalmente a esta inmensa y urgente tarea. Convencido como estoy de que los mayores vacíos de la construcción europea pueden ubicarse en cuatro áreas principales -el estado social y sus funciones; la unificación de los sindicatos; la armonía y modernización de el sistema educativo; y la articulación entre la política económica y la política social- estoy trabajando actualmente, en colaboración con investigadores de diversos países europeos, sobre la concepción y construcción de las estructuras organizativas esenciales para llevar a cabo la investigación comparativa y complementaria necesaria para aportar al utopismo en estas cuestiones su carácter razonado, especialmente, por ejemplo, esclareciendo los obstáculos sociales hacia una europeización real de instituciones tales como estado, sistema educativo y sindicatos. Un proyecto especialmente querido por mí, se refiere a la articulación entre la política económica y lo que llamamos política social, más precisamente, los efectos sociales y los costos de la política económica. Incluye el intento de encontrar las causas primarias de las diversas formas de la miseria social que aflige a hombres y mujeres de las sociedades europeas, lo que casi siempre nos remite a decisiones económicas. Es una oportunidad para que el sociólogo, a quien corrientemente no se consulta excepto para remendar la vajilla que rompen los economistas, aproveche para recordarnos que la sociología puede y debe jugar un papel inicial en las decisiones políticas que son dejadas cada vez más en manos de los economistas o dictadas de acuerdo a consideraciones económicas muy limitadas. A través de una descripción detallada del sufrimiento causado por las políticas neoliberales -en el mismo sentido que en La Misere du monde (4)- y por medio de sistemáticas referencias cruzadas entre, por un lado, los índices económicos concernientes a la política social de las empresas (ajustes, métodos administrativos, salarios y demás) y, por otro lado, los índices de tipo más evidentemente social (accidentes industriales, enfermedades ocupacionales, alcoholismo, utilización de drogas, suicidio, delincuencia, crimen, violaciones, y demás). Me gustaría plantear la pregunta acerca de los costos sociales de la violencia económica y por lo tanto intentar diseñar las bases para una economía del bienestar que tenga en cuenta todas las cosas que, la gente que dirige la economía y los economistas, excluyen de los cálculos más o menos imaginarios en cuyo nombre pretenden gobernarnos. Por lo tanto, para concluir, sólo quiero formular la pregunta que debe estar en el centro de cualquier utopía razonada concerniente a Europa: cómo creamos una Europa realmente europea, una que esté libre de toda dependencia de cualquiera de los imperialismos -comenzando por el imperialismo que afecta la producción y la distribución cultural en particular, vía las restricciones comerciales. Liberada también de todos los residuos nacionales y nacionalistas que aun impiden que Europa acumule, aumente y distribuya todo lo que es más universal en la tradición de todas naciones que la componen. Para terminar con un lugar totalmente concreto del "utopismo" razonado, permítaseme sugerir que esta cuestión, para mí crucial, sea incluida en el programa del Centro Ernst Bloch y el de la organización internacional de "utópicos reflexivos" que en él podría constituirse. * Publicado en New Left Review Nº 227, enero-febrero 1998, Londres. * Traducido del inglés por Clara Inés Restrepo. * Pierre Bourdieu es uno de los principales sociólogos y antropólogos contemporáneos, autor entre otros muchos de libros como El oficio del sociólogo (en colaboración con J.C Chamboredon y J:C Passeron), La distinción, El sentido práctico, La reproducción. Elementos para una teoría de la enseñanza, etc. Director de la revista Actes de la recherche en Sciences Sociales y de numerosos trabajos colectivos de investigación, como el publicado bajo el título La misère du monde, así como de incisivas denuncias contra las manipulaciones mediáticas, se destaca también por su militante solidaridad con las luchas de los trabajadores y, más recientemente, ante la guerra en los Balcanes, por una clara postura de condena tanto a la agresión de la NATO como la "limpieza étnica" lanzada contra los kosovares por el régimen de Milosevic. ____________________________________________________ José Eugenio Guimarães

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Un instrument de recerca militant. L’enquesta obrera, de Marx als Quaderni Rossi.

Joan Tafalla

“La burgesia no ha de dir la veritat, doncs si ho fa pronunciarà la seva condemna” [1]

F. Engels.

0. Presentació.

Aquesta intervenció pretén emmarcar històricament una pretensió militant: estimular l’aparició d’un grup d’enquesta obrera a Catalunya. Estic convençut de l’interès de l’enquesta obrera com a instrument de recerca militant per a conèixer la realitat dels treballadors. Ho ha estat durant tota la història del moviment obrer i no veig per què ara no hauria de ser-ho. El recorregut històric que proposo pot servir per a copsar alguns elements metodològics que, amb les corresponents adequacions, podrien ajudar per a posar dempeus una iniciativa d’enquesta sobre el precariat en la Catalunya del segle XXI.

Els límits cronològics de la meva intervenció estan justificats únicament en els meus coneixements. Estic en l’inici d’un procés d’informació sobre l’enquesta obrera i en aquest treball he arribat fins a els Quaderni Rossi. Tota la riquesa del moviment italià posterior no l’he treballada de forma suficient com per a exposar-la competentment [2] . De tota manera, espero que els elements metodològics i les reflexions sobre el moviment obrer que segueixen poden ser d’ utilitat en el nostre debat.

1. La Situació de la classe obrera a Anglaterra.

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La encuesta obrera de Karl Marx

Karl Marx, Maximilien Rubel

Destinado a poner en marcha una vasta encuesta sobre la situación obrera en las ciudades y campos franceses, el Cuestionario redactado por Marx en 1880 se proponía recoger una masa de materiales con el fin de compilar una serie de monografías especiales para las diversas categorías, a reunir después en un volumen [1] . Lo que distingue esencialmente esta encuesta de otras que se habían realizado con anterioridad en Francia era su carácter de clase: los obreros eran exortados a describir en primera persona y por sus propios fines su situación económica y social [2] . En un preámbulo Marx insiste fuertemente sobre el aspecto revolucionario y auto educativo de la iniciativa, subrayando que solamente los obreros pueden “describir con total conocimiento de causa, los males que les afectan: […] únicamente ellos, y no salvadores providenciales, pueden aplicar enérgicos remedios a las miserias sociales de las que sufren” [3] .

Las primeras encuestas dirigidas en Francia por iniciativa de las instituciones académicas o del estado estaban, como mucho, impregnadas de espíritu filantrópico: algunas estaban dirigidas contra las tentativas de mutua asistencia de los obreros y contra las teorías socialistas en general, a las que oponían la beneficencia y la caridad de iniciativa clerical o patronal; otras, embebidas de maltusianismo se limitaban a criticar los efectos desastrosos de la industrialización creciente, aconsejando la moderación a los patronos y la calma a los obreros [4] . En su preámbulo, Marx denuncia la actitud inhumana de la burguesía francesa, que tiene todas las razones para temer una encuesta imparcial y sistemática sobre “las infamias de la explotación capitalista”; se desea que el gobierno republicano “ imite al gobierno monárquico de Inglaterra” que no ha temido nombrar comissiones especiales y inspectores de fábrica encargados de indagar “sobre los hechos y fechorías de la explotación capitalista”. Mientras no se producían estas medidas oficiales, los obreros habrían procedido ellos mismos a la edición de Cahiers du travail: “la primera labor que se impone a la democracia socialista para preparar la renovación social”.

La intención profunda que se puede deducir del cuestionario es la de suscitar en los obreros mismos una clara conciencia sobre su condición de seres alienados en la sociedad capitalista y, aún más – como deja entender el preámbulo en una frase lapidaria-, de persuadirlos de ser “la clase a la que pertenece el porvenir”. La encuesta no se debería limitar a la pura información y documentación estadística, aunque las preguntas se refiriesen a los detalles más pequeños de la condición social del trabajador. Los Cahiers du travail no debían parecerse a los Cahiers de doléances del tercer estado, si no constituir, al contrario, una condena sin reservas de un régimen social y económico en el que los obreros no podían esperar ningún remedio sustancial a sus condiciones de vida.

Brevemente, el cuestionario era al propio tiempo, instrumento de educación socialista y estímulo para una acción política que tuviera un fin creativo: la realización del socialismo. El documento estaba dividido en cuatro puntos:

1. Estructura de la empresa y condiciones de seguridad ( preguntas 1-29).

2. Horario de trabajo; trabajo infantil ( preguntas 30-45).

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Cuestionario para una encuesta obrera ( 1880)

Presentación

Ningún gobierno ( monárquico o republicano burgués) ha osado emprender una encuesta seria sobre la situación de la clase obrera francesa. Pero, en revancha, ¡cuántas encuestas sobre las crisis agrícolas, financieras, industriales, comerciales, políticas!

Las infamias de la explotación capitalista reveladas por la encuesta oficial del gobierno inglés; las consecuencias legales que estas revelaciones han producido (limitación de la jornada de trabajo a diez horas, leyes sobre el trabajo de las mujers y de losniños, etc.) han hecho a la burguesía francesa aún más temerosa de los peligros que podría representar una encuesta imparcial y sistemática.

Esperando que podamos obligar al gobierno republicano a imitar al gobierno monárquico de Inglaterra, a abrir una vasta encuesta sobre los hechos y desgracias de la explotación capitalista, vamos, con los débiles medios de los que disponemos, a intentar iniciar una por nuestra parte. Esperamos ser apoyados, en nuestro trabajo, por todos los obreros de la ciudades y campos, que comprenden que únicamente ellos pueden describir con conocimiento de causa los males que soportan; que únicamente ellos, y no salvadores providenciales, pueden aplicar enérgicamente remedio a las miserias sociales que sufren; contamos también con los socialistas de todas las escuelas que, deseando una reforma social, deben querer un conocimiento exacto y positivo de las condiciones en las que trabaja y se mueve la clase obrera, la clase a quien pertenece el provenir.

Estos Cuadernos del trabajo son la tarea primera que se impone a la democracia socialista para preparar la renovación social.

Las cien preguntas que siguen son las más importantes. Loas respuestas deben llevar le numero de orden de la pregunta. No es preciso responder a todas las preguntas; pero recomendamos responder de la forma más abundante y detallada posible. El nombre de la obrera o del obrero que responde no será publicado, a menos que sea autorizado de forma expresa; pero se nos debe facilitar, así como su dirección, para que podemos comunicar con él.

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El trabajo atípico y precariedad como elemento determinante estratégico del capital en el paradigma del devenir postfordista.

Luciano Vasapollo

Introducción

¿Es posible solucionar el problema del desempleo a través de la introducción de nuevas formas de trabajo llamado atípico, es decir flexible o precario?. ¿Es posible solucionar los problemas de subsistencia y de calidad de vida de todos aquellos que viven en pobreza por falta de salario a través de trabajos temporales, precarios, atípicos en general o con muy pocas o casi inexistentes garantías salariales o reglamentarias?

El concepto de flexibilidad del trabajo, la idea de la necesidad de dejar el modelo del “trabajo con contrato a tiempo indeterminado”, son elementos que pertenecen ya a nuestra actual forma de pensar y muchos economistas y estudiosos tratan de declarar que sólo a través de un rápido intercambio de plazas y puestos de trabajo será posible adaptarse a las nuevas reglas impuestas por la globalización y por el nuevo paradigma socio económico productivo.

¿Pero será verdaderamente así?

En este ultimo decenio, el trabajador precario como figura marginal y de “suporte” a la producción, ha adquirido siempre más importancia, convirtiéndose en una componente consistente del mundo del trabajo.

Actualmente es difícil prever su “superación” en el trabajo estable, o su total sustitución; es cierto que las necesidades de estos trabajadores, sobre todo jóvenes, y su tutela se han convertido una cuestión central para cada fuerza antagonista y alternativa del actual sistema libelista.

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Obrerismo

«Operaïsme»[1], en Bensussan – Labica, Dictionnaire critique du marxisme, Paris, Quadrigue – Presses Universitaires de France, 1999.

Movimiento teórico y político italiano, el operaísmo es fundamentalmente activo durante los años sesenta y el comienzo de los setenta. En una época donde el movimiento obrero en crisis está dominado por los debates excesivamente “ideológicos”, el operaísmo se caracteriza esencialmente por proponer un “retorno a la clase obrera”. Se caracteriza por:

1) Un método. – “También nosotros hemos considerado en primer lugar el desarrollo capitalista, y sólo después las luchas obreras. Esto es un error. Es necesario invertir el problema, cambiar el signo, y recomenzar: y el comienzo es la lucha de la clase obrera” (M. Tronti, p. 105). Por lo tanto, no sólo la lucha de clases es el motor de la historia, sino que, sobretodo, la relación es asimétrica. Son los movimientos, siempre visibles, de la clase obrera los que explican los del Capital y de la sociedad capitalista, y no a la inversa.

Esta idea abstracta adquiere su sentido con la introducción del concepto composición de clase. La clase obrera no es una noción mitológica, sino un conjunto construido históricamente. Composición técnica: análisis del proceso de trabajo, de la tecnología, no en términos sociológicos, sino como sanción de las relaciones de fuerza entre las clases. Ejemplo: fordismo y taylorismo existen desde el principio para aplastar la resistencia de los obreros de oficio y de sus sindicatos imponiendo un nuevo tipo de proceso de trabajo. Conviene, pues, analizar en detalle el proceso de trabajo, sus modificaciones, para comprender lo que significa “lucha de clases”: “evidencia” marxista que no lo ha sido más. Composición política: en el seno de la clase obrera ciertas fracciones juegan un papel político menor. La clase obrera no se contenta con reaccionar frente al dominio del Capital, está inmersa en proceso continuo de recomposición política, y el Capital se ve obligado a responder con una continua reestructuración del proceso de trabajo. Conviene, por lo tanto, analizar esta recomposición política, la circulación de las luchas.

2) Un punto de vista global. – Desde los primeros textos de Raniero Panzeri la atención se centra sobre la planificación. El Capital adquiere más relevancia como poder social que procura controlar los movimientos de clase que como propiedad privada. De ahí surge una nueva visión del Estado: ya no es el simple garante, sino el organizador de la explotación, interviniendo directamente en la producción. La forma de Estado es una consecuencia de la composición de clase. Antonio Negri puede así mostrar que el Estado “keynesiano” y, en general, lo que el denomina “Estado-plan” no es otra cosa que la inserción de la Revolución de Octubre en el seno del desarrollo capitalista: el poder obrero es considerado como variable independiente.

3) Un movimiento político. – Si la clase obrera es el motor del desarrollo capitalista, puede igualmente ser, y es, una fuerza de ruptura. En un período de reflujo aparente, en el que se habla de voluntad de integración de la clase obrera, los obreristas predicen, e intentan organizar nuevas luchas impulsadas por una nueva figura: el “obrero masa”, el trabajador no cualificado de las grandes fábricas. Luchas por la igualdad del salario, no como reivindicaciones corporativas, sino como fuerza de ruptura política susceptible de bloquear el sistema y aumentar el poder obrero. El movimiento del 68 será percibido como una confirmación de estas tesis. Existe la posibilidad de ruptura, y por lo tanto de construcción del comunismo (contra el socialismo, forma nueva de desarrollo); pero el Estado puede igualmente imponer su reestructuración, transformando una vez más a las luchas obreras en simples motores del desarrollo.

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Crisis del Estado-crisis

Toni Negri

Parte 1

Para comenzar, resumamos algunos desarrollos de las políticas capitalistas y de estado que parecen caracterizar a los 80. Son sólo aproximaciones, ejemplos que vienen a la mente en forma inmediata: – (1) la transición del ‘estado benefactor’ al ‘estado de guerra’;

(2) el uso ‘negativo’ de la política económica Keynesiana como medio de reactivar un ‘uso’ positivo del mercado;

(3) la reestructuración de los intersticios de la economía (la economía intersticial), involucrando un nuevo ataque contra todo elemento de homogeneidad en la composición de la clase, especialmente en el área crítica que vincula producción con reproducción.

(4) el reatrincheramiento masivo, político y social de una ‘Nueva Derecha’, que apunta, por razones de consenso y productividad, a recomponer la fragmentación de la clase trabajadora en términos de nuevos valores institucionales y estatales.

Dado el pequeño monto de información que tengo a mi disposición (Negri escribe desde la prisión) los siguientes comentarios deben ser tomados como extremadamente provisorios y sujetos a mayor documentación. Aquí están algunos comentarios, bajo cada uno de los encabezamientos arriba listados.

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Ocho tesis preliminares para una teoría del poder constituyente

Toni Negri

A partir de la hipótesis teórica de una crisis de la teoría del valor y por un análisis de la absorción de la totalidad social en el seno de la lógica del Capital, el autor orienta hacia nuevas formas de intervención, con la constitución de una «subjetividad» revolucionaria no determinada según los modos clásicos de concebirla.

La confrontación con el pensamiento de Marx vuelve hoy a ser oportuna. No sólo para constatar cómo hemos cambiado (lo que siempre resulta agradable), sino sobre todo para comprender si y en qué medida puede el marxismo contribuir a la reconstrucción de la teoría social y política. Es un hecho que la crisis del marxismo ha dejado un auténtico, seco déficit de teoría. Algunos, con el marxismo, han tratado subrepticiamente de liquidar las categorías y los problemas que el marxismo «überhaupt» desvelaba: como si la crisis de la doctrina inscrita en Das Kapital eliminase del horizonte del mundo de la vida «el capital». 0 la explotación o la lucha de clases. Pero la realidad económica y social es tozuda: tal vez en otros campos la magia negra consiga modificar el real, pero no en éste. ¿Entonces? Volvamos a situar las cosas. Déficit de verdad de las nuevas lecturas de nuestra realidad político-social, hemos dicho -esta paradoja a la inversa, no podrá sin embargo hacernos fingir que el marxismo es nuevamente capaz de explicar el real, con la única justificación que sus adversarios explican tan sólo sus porciones nulas o menores – no, la crisis del marxismo permanece. Pero nosotros nos preguntamos si el marxismo, aunque agotado como Weltanschaung, no será, como otras veces en su ya larga historia política, capaz así y todo de desplazarse y ofrecer sus categorías modificadas a las modificaciones estructurales importantes del presente, e innovaciones conceptuales a las consiguientes determinaciones epistemológicas. El problema es arduo y el contexto emblemático no es desde luego soslayable mediante expedientes retóricos. Queda el hecho de que el pensamiento marxiano es, pese a todo, muy fértil. Me gustaría pues tratar de provocar aquí el déplacement del cuadro teórico marxiano, en torno a un tema que me interesa mucho: el de la composición de clase. Lo haré de una manera altamente hipotética, y en una forma literaria concisa, ofreciendo a la discusión ocho tesis de un grupo de veinte, redactadas para plantear la base de un trabajo colectivo de investigación. Las ocho tesis que presento se refieren pues al tópico: composición de clase, y se sitúan en un conjunto concerniente a la definición (desplazada) del concepto de valor/trabajo y las consecuencias (desplazadas) que se pueden derivar. De las otras doce tesis me limitaré a dar el enunciado.

Nos ocupamos aquí de ese periodo de la revolución industrial que, a partir de los años en torno a 1848, Marx describe como período de la ‘gran industria’. Marx estudia también el periodo precedente de la ‘manufactura’, que hunde sus raíces en la época de la ‘acumulación primitiva’ y de la construcción del Estado moderno: El interés específico de Marx se dirige sin embargo al período de la «gran industria». El arco de desarrollo de la «gran industria», descrito por Marx en sus orígenes y en los países capitalistas centrales, se ha tensado mucho más allá del horizonte de la experiencia científica de Marx, se ha prolongado de hecho más de un siglo, hasta la revolución de 1968.

Podemos aquí describir sumariamente este gran período de la revolución industrial, subrayando ante todo que se divide en dos fases, y que esta división se sitúa alrededor de la primera gran guerra mundial de 1914-1918.

La primera fase de la «gran industria» va pues de 1848 a 1914. Se caracteriza: 1.- Desde el punto de vista de los procesos laborales: el obrero es atraído por vez primera dentro del mando de la maquinaria y se convierte en apéndice de ésta. La fuerza aquí aneja al ciclo productivo es fuerza trabajo cualificada (período del «obrero profesional»), con cierto conocimiento del ciclo laboral. En cuanto al período de la «manufactura», la composición técnica de la clase obrera se ve ahora profundamente modificada porque el artesano es llevado a la fábrica y su cualificación, antes independiente, se torna aquí la prótesis de una maquinaria cada vez más pesada y compleja; 2. -Desde el punto de vista de las normas de consumo: esta primera fase se caracteriza por la creciente afirmación de una producción de masa únicamente regulada por la capacidad salarial adecuada a una demanda efectiva correlativa, por tanto por el determinarse de una profunda irregularidad del ciclo económico con frecuentes caídas catastróficas; 3.-Desde el punto de vista de los modelos de regulación: el Estado se desarrolla hacia niveles más y más rígidos de integración institucional entre construcción del capital financiero, consolidación de los monopolios y desarrollo imperialista; 4.-Desde el punto de vista de la composición política del proletario: se asiste a la formación de partidos obreros, basados en una organización dual (de masas y de vanguardia, sindical y política), y en el programa de gestión obrera de la producción industrial y de la organización social, según un proyecto de emancipación socialista de las masas. La composición técnica del obrero profesional se traduce aquí adecuadamente en la composición política de la organización socialista. Los valores del trabajo y la capacidad del trabajo productivo de fábrica para dominar y dotar de sentido a cualquier otra actividad y estratificación social se asumen como fundamentales.

La segunda fase del período de la «gran industria» va desde la primera guerra mundial hasta la revolución de 1968. Se caracteriza: 1.-Desde el punto de vista de los procesos laborales: por la nueva composición técnica del proletariado, es decir, por un tipo de fuerza trabajo que se ha vuelto completamente abstracta en relación con la actividad industrial a la que está unida, y, como tal, reorganizada por el taylorismo. Grandes masas de trabajadores, de este modo descalificadas, son introducidas en procesos de elaboración tan alienantes como complejos. Él «obrero masa» pierde el conocimiento del ciclo. 2. -Desde el punto de vista de las normas de consumo: ésta es la fase en la que se constituye el fordismo, o sea una concepción del salario como anticipación sobre la adquisición de los bienes producidos por la industria de masa. 3. -Desde el punto de vista de las normas de regulación: poco a poco se va formando, bajo el impulso de políticas keynesianas (pero también, en general, por la reflexión sobre las crisis cíclicas de la fase precedente), el modelo de Estado intervencionista, para el sostenimiento de la actividad productiva, para el mantenimiento del pleno empleo y como garantía de la asistencia social. 4. -Desde el punto de vista de la composición política del proletariado, mientras se prolongan las experiencias en las organizaciones obreras socialistas (es sobre todo la experiencia soviética la que perpetúa la desastrosa hegemonía política de las viejas figuras del «obrero profesional», convertido ahora en stajanovista!), Se configuran, sobre todo en los Estados Unidos y en los países capitalistas avanzados, nuevas formas de organización. En estas formas de organización del «obrero masa», la vanguardia actúa al nivel de masa, desarrollando las grandes contraseñas del «rechazo al trabajo» y del «igualitarismo salarial», rechazando radicalmente toda forma de delegación y volviendo a apropiarse del poder bajo formas de masa y de base.

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