Maduros para el descarte
Vivimos en una cultura del descarte, de la exclusión a todo aquel que no esté en capacidad de producir según los términos que el liberalismo económico exagerado ha instaurado y que afecta tanto a los seres humanos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura. Los excluidos no son explotados sino desechos, sobrante. En un sistema en el que solo cuenta lo que vale y solo vale lo que el mercado designa, en el que la voluntad y la determinación colectivas quedan subordinadas a una forma específica de construcción social de poder como es el mercado.
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