Un punto de encuentro para las alternativas sociales

La International Gramsci Society “en el món gran, terrible i complicat”[1]

1. Prehistòria

L’agost de 1988, en les vespres de la presentació de la pel.lícula de Gianni Amico, Gramci, l’ho visto così, en el festival de Bolonia de l’ Unità, Valentino Gerratana, Joseph A. Buttigieg, Cornel West, Frank Rosengarten i Giorgio Barratta es reunien a Roma per a la constitució d’una International Gramsci Society.

El projecte és el fruit d’una sèrie de trobades que, en el context o al marge de les manifestacions realitzades a Hamburg, Londres, Roma, Urbino, Nova York, entre 1985 i 1987, havien portat a la convicció de que – acabada l’hegemonia italiana i togliattiana en la història de la fortuna de Gramsci- s’havia creat al mateix temps un buit que tenia de ser omplenat i una plenitud, informe però explosiva, a la qual valia la pena dedicar alguna atenció tan organitzativa com teòrica.

La sensació forta, encara que vaga, que acompanaya aquest primers esforços de construcció associativa, és que el pensament de Gramsci, en una barreja feconda d’una orientació clàsica i de vitalitat moderna, forneix a estudiosos de tradicions i de problemàtiques absolutament diverses un terreny de identitats sorprenents i fascinants. Com si a través de Gramsci es poguès realitzar avui la verificació, a nivell planetari, de la veritat profunda del fragment d’ Heràclit: “Els desperts tenen un món únic i comú, pero entre els que dormen cadascú es gira cap a el seu propi món”.

Serán potser els intelectuals d’esquerra, avui, els adormits?

La impresió és que Gramsci ens estimula a “sortir del somni dogmàtic” i a redescobrrir … el món, o – traduint en el nostre context una categoria seva peculiar- a enfrontar la dimensió de una política i d’una cultura “internacional-populars”.

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Jesús Albarracín, militante comunista (1943-2001)

Necrológica

"La humanidad esta más allá de la economía política, la inhumanidad esta en ella" Marx, Manuscritos de 1844

Conocí a Jesús Albarracín en noviembre de 1973 o 1974, ya no me acuerdo bien del año. Habiamos ido entrando en pequeños grupos de 3 o 4 personas a un consultorio médico en la Plaza de Lavapies, donde ibamos a celebrar una Conferencia de la LCR de Madrid. En el hall nos daban unas capuchas antes de entrar a la sala principal y así, como si fueramos todos penitentes de una extraña orden mendicante, empezamos aquella reunión en la que Jesus, con una voz a la que pondría cara unos años más tarde, le llevó la contraria en todo, con una seguridad que nos dejo a todos desconcertados, al camarada del Buró Político que hizó el informe sobre la situación política y económica de aquellos últimos años del franquismo.

Y es que Jesús tenía unas cualidades innatas para llevar la contraria.

Cualidades que, como si fuera un deportista, cultivó hasta ser un incansable nadador contracorriente para llegar a la orilla que el más ansiaba: la liberación de la clase obrera, y con ella de toda la humanidad, de la explotación capitalista.

En esta época puede parecer una ingenuidad, desde luego, pero Jesús no era un ingenuo, sabía de lo que hablaba.

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Dictadura militar en Argentina (1976-1983): naturaleza y antecedentes del Estado genocida

Alejandro Andreassi Cieri

El propósito de los golpistas de 1976 era fundar una nueva legalidad, una nueva escala de valores y de normas sociales que redujera el exterminio del disidente político a la categoría de procedimiento político rutinario, como método fundamental de ejercicio del poder en un nuevo orden que sustituyera la discusión y la crítica abierta de lo político y lo social por la obediencia ciega, en una nueva pirámide de rígidas jerarquías coronadas por una elite integrada pro los comandantes golpistas y sus socios civiles. La muerte del opositor se transformaba en un objetivo y un horizonte político definido consciente por los jefes militares, ya que eran el fundamento constitutivo de la sociedad en la que se había suprimido el disenso. Basta para ello como prueba las palabras de Videla justificando el secuestro y desaparición, la muerte clandestina de disidentes, para evitar el impacto emocional en la opinión pública de fusilamiento a la luz del día y masivos. Que la muerte era el objetivo, eso no se discutía. Según éste nadie en la cúpula o los escalones subalternos de la dictadura dudaba sobre la decisión de asesinar. La discusión giraba sólo sobre si las ejecuciones de disidentes debían ser públicas o secretas.[1]

La necesidad de buscar parámetros con que juzgar históricamente esta catástrofe nos obligan a mirar a los máximos exponentes de la barbarie en el siglo XX: los fascismos europeos de entreguerras y especialmente el fenómeno nazi. Existe un sobrecogedor paralelismo entre estos objetivos y características de la dictadura militar y los regímenes fascistas europeos, especialmente con la dictadura nazi, salvando las obvias distancias de contexto y período histórico (también llama la atención la extensión geográfica del terrorismo de estado en los años setenta en el sur de América Latina, similar a la proliferación de fascismos en la Europa de entreguerras), que es desde ya un calificativo de las cualidades letales del régimen inaugurado en Argentina con el golpe de estado de marzo de 1976. Tanto en el caso del fascismo alemán como de la dictadura militar argentina, regímenes análogos en muchos sentidos, pero especialmente por compartir el mismo objetivo de refundación e ingeniería social basada en la normalización del exterminio como mecanismo de mediación social y de regulación de las relaciones entre sociedad política –el estado- y sociedad civil; pueden rastrearse en su propia historia esos antecedentes que precipitaron a sus respectivos pueblos en un abismo de barbarie, y mediante el genocidio produjeron una fisura irreparable en el concepto del hombre y la humanidad.

Para asegurar sus objetivos ambos regímenes recurrieron a la deshumanización y bestialización sistemática de las víctimas, esencial para aislarlos del resto de la sociedad, e impedir no sólo la solidaridad de los que podrían ayudarlos a escapar de su suerte o a resistir, sino, lo que es más contundente y eficaz para lograr el exterminio, quitar a su eliminación el carácter de muerte, de tal  modo que el genocidio se transforma en un asesinato sin culpables, sin responsables, y tampoco sin víctimas, ya que estas deben morir por que los son, no por lo que han hecho y por eso no merecen seguir con vida, según lo decidido por los nazis y los militares argentinos. La cosificación de las víctimas permite la absolución de los verdugos (¿es acaso un criminal el carnicero que trocea una res en el matadero?), transformando al primero sólo en un problema logístico burocrático que exige solución, y al segundo en el ejecutor de la solución del problema.[2]

En el caso argentino también el exterminio de los opositores constituye una finalidad en sí misma, que mide y comprueba la eficacia del poder desplegado (“lucharemos no hasta la muerte sino hasta la victoria”, dijo el almirante Massera, o el célebre exabrupto del sanguinario general Ibérico Saint Jean[3]: “primero eliminaremos a los subversivos, luego a sus colaboradores, seguiremos con los simpatizantes y acabaremos con los indiferentes”). Y la deshumanización de las víctimas se hace, en lugar de utilizar referentes biológicos seudocientíficos (aunque también existieron manifestaciones  antisemitas en la represión desatada por la dictadura)[4], mediante la construcción de un no-hombre, no-ciudadano objeto de eliminación, que carece de existencia política aunque los motivos de su exterminio lo sean, pero igualmente eficaz para promover la indiferencia o la complicidad de gran parte de la población frente al genocidio: el “subversivo”. Para ellos el término designaba una esencia maligna, una amenaza procedente del ejercicio de la democracia, que también se transformaba en sospechosa para los inquisidores uniformados, porque esta, al permitir el intercambio de todo tipo de ideas favorecía su existencia. El subversivo estaba encarnado por todos aquellos que de algún modo se oponían o disentían con la jerarquía social fundacional de la república, o, lo que era aún más inadmisible, proponían alternativas opuestas a la república elitista y desigual. Según la dictadura se trata de individuos agrupados para destruir las esencias prepolíticas de la argentinidad, residentes en la comunidad nacional imaginaria preexistente a cualquier normativa constituyente y depositadas en los estamentos sociales tradicionales, la aristocracia de la tierra y las fuerzas armadas que conquistaron  y aseguraron las bases materiales y espirituales del orden social vigente y amenazado por la combinación de “democracia y subversión”.[5]

Si bien no hay nada equiparable en la dictadura militar argentina a las leyes de Nuremberg en la delimitación normativa de quienes deben ser expulsados de la comunidad nacional, esta ausencia  no anula la existencia de proyectos que tenían por objetivo la consumación de un genocidio, en este caso sobre un colectivo identificado por su posición política disidente. Si bien no hubo una delimitación escrita del grupo de ciudadanos a exterminar, si la hubo fáctica.  Es lo que ha quedado meridianamente establecido con una argumentación impecable, si faltaba una última consideración sobre estos crímenes, por la Audiencia Nacional, en su sesión en Madrid, en noviembre de 1998.[6]

Existe otra coincidencia entre la dictadura militar argentina y el régimen nazi. Es el carácter público de la degradación del disidente y su expulsión –mediante el secuestro- de la comunidad nacional, y el carácter secreto y clandestino de su exterminio: se produjo un Nacht und Nebel rioplatense similar al que practicó Alemania en su propio territorio y en los países aliados y ocupados por los ejércitos nazis. La desaparición tenía el propósito de ocultar a la opinión pública las formas en que se estaba produciendo la represión  para que la población no tuviera reparos en aprobar la represión de disidentes al deshumanizarlos, presentándolos como bestias sin alma dispuestas a la destrucción, anulando la existencia del crimen al ser practicado sobre un no-ser humano: de ahí el carácter demoníaco y bestial con que era reforzado cualquier mensaje desde el poder al hacer referencia a los disidentes como “subversivos” y a su conducta general como “la subversión”.[7] Al mismo tiempo el carácter ostensiblemente irregular de los procedimientos de secuestro, que se producían muchas veces en plena luz del día y en las calles más concurridas de las grandes ciudades, mediante coches sin matrícula y personal armado sin uniformes que les identificaran, tenían como objeto resaltar el carácter aparentemente incontrolado de la represión,   cualitativamente distinta a la que podría aplicarse de acuerdo a preceptos legales convencionales, y por lo tanto dirigidos a provocar un sentimiento permanente de inseguridad e indefensión en toda la población induciendo conductas sumisas al poder por ciudadanos que estarían dominados por la percepción de que cualquier desviación podrían lanzarlos más allá de la línea de sombra y expulsarlos a las tinieblas de un destino incierto, y que permanentemente actuarían movidos por el deseo de adivinar cuales conductas serían del agrado de las elites dominantes.[8] Porque las causas de la detención por las fuerzas represivas nunca eran anunciadas públicamente mediante un juicio o procedimientos normales de procesamiento. El poder disuasorio y atemorizador sobre la normalidad del método utilizado actuaba a modo de tribunal kafkiano sobre la base de la duda de las motivaciones de la dictadura para proceder de ese modo. También podría actuar como un mecanismo de sometimiento que consistiría en la regresión infantil de gran parte de la población preocupada en agradar al poder con conductas sumisas para no pisar esa peligrosa zona de sombra donde se perdían otros, al actuar de modo socialmente reprobado por la dictadura, convertida en un padre cruel e inescrutable, similar a los modelos de comportamiento que los nazis pretendían inducir en los prisioneros de los campos de concentración, según las conclusiones elaboradas por Bruno Bettelheim, sobre la base de sus experiencias como preso político en la Alemania nazi en los campos de Dachau y Buchenwald.[9] Otra similitud de este con aquel fascismo es la desnaturalización de los términos empleados, basada en el recurso al eufemismo para describir los procedimientos más atroces: así “chupar” significa secuestrar, “traslado” ejecución mediante los vuelos de la muerte o el tiro en la nuca, etc. La misma tergiversación de las palabras que practicaban los nazis: “solución final” exterminio de los judíos, “instalaciones especiales” las cámaras de gas en Auschwitz, “tratamiento especial” los asesinatos en masa practicados por los grupos SS en los territorios ocupados de la URSS. [10]

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Dossier Antonio Negri L’ “operaisme” italià dels seixanta i dels setanta

Dos artícles que presenten l’obrerisme italià dels anys seixanta/setanta.

Dos artículos que presentan el obrerismo italiano de lo años sesenta/setenta.

·         Lenin y Leopardi en Manhattan. El itinerario de Autonomia operaia. Aldo Musci. Democrazia e diritto, Roma, gennaio-aprile 1991.

·         Obrerismo./Operaïsme. Voz en el Dictionnaire critique du marxisme. Bensussan-Labica. Paris, 1999.

Textos de Negri

‘La selecció de textos que presentem és precària i subjectiva. Potser serveixi més per a detectar el biaix de la lectura de Negri que em fet desde Espai Marx, que per a fer-se una idea completa de l’obra del nostre autor. Per exemple, els escrits de la época de l’obrerisme no hi són presents. Un buit que intentarem omplir. Naturalment, la nostra selecció no pot substituir l’ esforç de lectura que qualsevol lector de Negri hauria de fer per a conèixer la seva obra. Confiem en la col.laboració per a suggerir-nos altres textos. La procedencia del textos és diversa, des de traduccions nostres, fins a troballes a la xarxa’.

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Test- media ¿Cuanto valía nuestra información sobre la fragmentación de Yugoslavia?

Michel Collon

= Milosevic: Con perspectiva resulta un poco menos difícil verificar si hemos sido informados correctamente sobre Yugoslavia. ¿Se podía presenta= r la guerra de la OTAN como "humanitaria"? ¿Tenían estrategias secretas las grandes potencias? ¿Hubo mentiras mediáticas y propaganda de guerra? Para tener las ideas claras y examinar cómo le van a informar los medios de comunicación en= las próximas horas, he aquí un pequeño test-media que les recomendamos…

= Veinte o treinta años después, siempre se acaba por descubrir que los media nos habían presentado una versión engañosa y embellecida de las guerras emprendidas por nuestros gobiernos: Suez, Argeli= a, Vietnam… ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar todavía para hacer un balance de la guerra contra Yugoslavia y descubrir lo que se = nos ha ocultado?

= 1. ¿Empezó la guerra en 1991 con las secesiones eslovaca y croat= a?

O Sí – O No – O No sé

= 2. ¿Provocó Alemania deliberadamente la guerra civil?

O Sí – O No – O No sé

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Algunas cosas que usted debería saber antes de que se acabe el mundo

William Blum

Cómo utilicé mis quince minutos de = fama

El 19 de enero de = este año se dio a conocer la última grabación de Osama bin Laden y en ella declaraba: “Si ustede= s [los norteamericanos] son sinceros en su deseo de paz y seguridad, ya les hemos respondido. Y si Bush decide continuar con sus mentiras y su opresió= n, entonces les vendría bien leer el libro Estado villano que plantea en su introducción…” Y seguidamente citaba el inicio= de un párrafo que escribí (que solo aparece en el Prefacio de la edición británica, la cual fue luego traducida al árab= e), el cual dice en su totalidad: “Si yo fu=3D era el presidente, podr&ia= cute;a detener los ataques terroristas contra Estados Unidos en pocos días.= Y en forma permanente. Primero pediría disculpas —de manera pública y muy sincera— a todas las viudas y los huérfan= os, los empobrecidos y los torturados, y a tod=3D o= s los otros muchos millones de víctimas del imperialismo norteamericano. L= uego anunciaría que las intervenciones globales estadounidenses —in= cluidos los espantosos bombardeos— han llegado a su fin. E informaría a Israel que ha dejado de ser el estado 51 de la unión para ser &#8212= ;por extraño que parezca— un país extranjero. Más tar= de reduciría el presupuesto militar en, al menos, un 90 % y usar&iacute= ;a ese dinero ahorrado en pagar indemnizaciones a las víctimas y reparar los daños causados=3D por los numerosos bombardeos e invasiones norteamericanas. Habría dine=3D ro más que suficiente. ¿Sabe usted a qué equivale un año de presupuesto militar estadounidense? Un año. Pues equivale a más de veinte mil dólares por hora por cada hora transcurrida desde el nacimiento de Jesucristo. Eso es lo que= harí=3D a en mis tres primeros días en = la Casa Blanca. El cuarto día sería asesinado”.

En pocas horas fui= asediado por la prensa y pronto fui invitado a muchos de los programas televisivos de mayor audiencia, docenas de programas radiales, y amplias semblanzas sobre mí aparecieron en el Washington Post, y en varias pági= nas web. Durante los diez años precedentes,= el Post se negó a publicar una sola de mis cartas, en la mayoría de l= as cuales señalaba errores que habían cometido al reportar suces= os en el extranjero. Ahora mi foto figuróen= la primera página.

Muchos de los repo= rteros deseaban que dijera que me irritaba la recomendación de Bin Laden de= que leyesen mi libro. No dije tal cosa porque no era cierta. Después de = ser entrevistado durante un par de días, logré coordinar bien mi respuesta y era algo parecido=3D a esto:

“Aquí= hay dos elementos a tener en cuenta: por un lado, yo rechazo por completo cualquier tipo de fundamentalismo religioso y las sociedades basadas en ellos, tales = como los talibanes en Afganistán. Por otro lado, formo parte de un movimi= ento que tiene el ambicioso propósito de dificultar, si no detener, el av= ance del Imperio Norteamericano por el mundo con su carga de bombardeos, invasio= nes, derrocamientos de gobiernos y torturas. Para tener algún éxit= o en ello, necesitamos que nuestro mensaje llegue al pueblo norteamericano.=3D Y= para llegar al pueblo norteamericano necesitamos acceso a los medios masivos de comunicación. Lo que acaba de pasar me ha dado la oportunidad de dirigirme a millones de personas que, de otro modo, habrían estado f= uera de mi alcance. ¿Por qué no habría de sentirme satisfec= ho? ¿Cómo podría desperdiciar tal oportunidad?”

La celebridad &#82= 12;el mayor logro cultural de la civilización moderna— es un fenómeno peculiar. En realidad no sirve de nada, a menos que usted h= aga uso de ella.

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Venezuela: La revolución de las necesidades radicales

Michael Lebowitz

Una revolución r= adical solo puede ser una revolución de las necesidades radicales…. Ser radical es tomar la cosa de raíz y para el hombre la ra&iacute= ;z es el hombre mismo.

Karl Marx[1]=

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TOC o "2-5" z 1. La astuc= ia de la historia: el cuento venezolano.. PAGEREF _Toc130298272 h 3 08D0C9EA79F9BACE118C8200AA004BA90B02000000080000000E0000005F005400= 6F0063003100330030003200390038003200370032000000

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Tiempos precarios

Manuel Cañada Porras

“La vida, la salud,= el amor son precarios, ¿porqué el trabajo no habría de serlo?”

Laurence Parisot, presidenta del Movimiento de Empresas de Francia (MEDEF)

“Fuera de la actualidad se encuentran los que no son el día: los vencidos, = los extravagantes, los proletarios”. Hoy la condición obrera se encuentra aun más fuera de la actualidad que cuando Miguel Espinosa escribiese estas palabras en su amarga novela “La fea burguesía”.

&nb= sp; Hoy el mundo del trabajo está sumergido, invisibilizado incluso semánticamente: es curioso, por ejemplo, que incluso organizaciones “filantrópicas” como Amnistía Internacional o Greenpeace hayan adoptado la misma musiquilla de ocultación y dispon= gan de flamantes “departamentos de recursos humanos”. El trabajo humano, en cuanto recurso, dejó de ser sujeto social y “pasó a ser organizado por la empresa-capital y la sociedad-economía”1.

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«Globalización» = Capitalismo + Neoliberalismo

Leonardo Boff

Para desmitificar la "globalización" se ha escrito que comenzó en 1519/22, cuando la expedición de Fernando Magallanes completó por primer vez la vuelta al mundo. No obstante, aun si admitimos que la "globalización" es un fenómeno nuevo, caracterizado por unas crecientes y muy intensas relaciones económica de todos los países, no existen, sobre el papel, razones para que este nuevo estado de cosas, cuyo impulso último viene dado por el desarrollo de las fuerzas productivas, afectara negativamente al objetivo de promover un mundo donde el conjunto de los habitantes del Planeta se beneficiara de las conquistas que el hombre ha logrado a lo largo de su historia.

Antes muy al contrario. El desarrollo de las comunicaciones y el transporte, la aparición de nuevos productos, la modernización de los procesos productivos, las técnicas de preservación de las mercancías, estos y otros avances, ciertamente maravillosos, podrían dar lugar a un intercambio creciente y a una dependencia cada vez mayor entre todos los países, que podrían resultar beneficiosos para el conjunto de todos ellos, permitiendo que las posibilidades que otorga la ciencia y la tecnología hicieran más fácil, plena y, si cabe la palabra, más feliz, la existencia de toda la humanidad.

El problema surge porque, para empezar, la "globalización" es una nueva fase del desarrollo del capitalismo, y hablando de un sistema que descansa en la división de clases y en la desigualdad no cabe pensar en la neutralidad del fenómeno. Y, para seguir, porque la globalización es en gran medida un producto del neoliberalismo, bajo cuya hegemonía está hoy concebido el orden económico mundial, el cual exacerba y amplifica los aspectos más aberrantes del sistema.

Recuerda este asunto el viejo debate y los conflictos que se dieron entre el maquinismo y el empleo a lo largo del siglo XIX en los primeros países industrializados. Nada objetivamente negativo aportaban las máquinas para crear riqueza y para liberar al hombre de los trabajos más penosos y embrutecedores, sino todo lo contrario, salvo que en manos de los patronos y con los criterios de la gestión capitalista las máquinas arrojaban a la miseria y al desempleo a masas ingentes de trabajadores.

De la misma manera, la "globalización" podría rendir beneficios espléndidos a la humanidad, los cuales podrían esparcirse por todos los confines de la Tierra si no fuera porque no está concebida para ello, sino para servir los intereses de las clases dominantes y para la perpetuación del propio sistema a través del mecanismo de aumentar la explotación de los trabajadores en cada país y la explotación de los países del Tercer Mundo por las potencias económicas mundiales.

En efecto, la "globalización" no es un fenómeno abstracto, sino la concreción de una nueva fase del desarrollo del capitalismo. Es la expresión actual de la tendencia permanente, predicha por Marx, a la concentración y la centralización del capital. En el estadio alcanzado el capitalismo, esa tendencia ha desbordado de forma turbulenta los limites de los espacios económicos que representan los Estados.

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Agonies del capitalisme

Immanuel Wallerstein

Ens trobem en un triple aniversari: el XXV aniversari de la fundació el 1968 de la Kyoto Seika University; el XXV aniversari de la revolució mundial de 1968; el LII aniversari de la data exacta (almenys segons el calendari d’EE.UU.) del bombardeig de Pearl Harbor per l’esquadra japonesa. Començaré per dir el que, en la meva opinió, prepresenta cada un d’aquests aniversaris 1.

La fundació d’aquesta Universitat és un símbol d’un dels desenvolupaments més importants en la història del nostre sistema-món: l’extraordinària expansió quantitativa de les estructures universitàries durant els anys 50 i 60 2. En un determinat sentit, aquest període fou la culminació de la promesa il.lustrada de progrés a través de l’educació, que era maravellosa, i que avui celebrem aquí. Pero, com tantes coses meravelloses té les seves complicacions i els seus costos. Una d’aquestes complicacions va consistir en que l’expansió de l’educació superior va produir un gran nombre de titulats que aspiraven a ocupacions i ingressos equivalents al seu status, hi varen sorgir, però, algunes dificultats, per a que aquesta demanda pogués ser satisfeta, almenys tan ràpida i completament com estava formulada. En quant al cost, es tractava de la despesa social necessària per a sostenir aquesta expansió de l’educació superior, que era solament una part de la despesa total precisa per a proporcionar benestar als estrats mitjans, en significatiu creixement, del sistema-món. Aquest incrementat cost del benestar social començaria a constituir una pesada càrrega sobre les hisendes estatals, i el 1993 estem discutint al llarg i ample del món la crisi fiscal dels estats.

Això ens porta al segon aniversari, el de la revolució mundial de 1968, que en molts països, encara que no en tots, començà a les universitats. Sens dubte, una de les guspires que prengueren el foc, fou la súbita inquietut d’aquests futurs llicenciats respecte a la seva perspectiva de treball encara que, evidentment, aquest factor tan egoista no fou el principal focus de l’explosió revolucionària. Ha de veure’s, més aviat, com un símptoma més del problema general, relacionat amb el contingut real del conjunt de promeses pròpia de l’escenari il.lustrat del progrés que, superficialment, semblaven haver estat realitzades en el període posterior a 1945.

I així arrivem al tercer aniversari: el de l’atac a Pearl Harbor, atac que va conduir als EE.UU. a declarar la seva participació formal en la Segona Guerra Mundial. No obstant aixó, en la pràctica, aquesta guerra, no fou fonamentalment una guerra entre Japó i Estats Units. Si se’m permet dir-ho, Japó era un actor de segona fila en aquest drama mundial, i el seu atac era un episodi menor dintre d’una lluita de llarga durada. Principalment, la guerra enfrontava als EE.UU. i Alemanya i, de fet, podria parlar-se d’una guerra continuada des de 1914, una guerra "dels 30 anys", entre els dos principals competidors pel lloc de successor de la Gran Bretanya, com poder hegemònic del sistema-món. Com saben, EE.UU. va guanyar aquesta guerra i va conquerir l’hegemonia presidint l’aparent triomf universal de les promeses de la Il.lustració.

Seguidament organitzaré els meus comentaris al voltant del conjunt dels temes que hem asenyalat mitjançant aquests aniversaris. Parlaré primer de l’era de l’esperança i de la lluita pels ideals de la Il.lustració, 1789-1948. Després, intentaré analitzar l’era 1945-89, en la que les esperances de la Il.lustració es realitzaren, encara que falsament. En tercer lloc, arribaré a la nostra era, el "Període Negre", que comença el 1989 i que durarà, pobablement, al voltant de mig segle. Finalment, parlaré de les opcions de que disposem ara i en els propers temps.

Les funcions del liberalisme

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