Un punto de encuentro para las alternativas sociales

El Manifiesto de los plebeyos

Babeuf que, había apoyado el movimiento de 9 de Termidor (que significó el fin del Comité de Salud Pública y la caida de los jacobinos robespierrista) se percató con bastante rapidez del sentido burgués del nuevo régimen que se construía y entró en contradicción con él. Ello le supuso la detención. Estuvo detenido hasta el 18 de diciembre de 1794. Para enmarcar el rumbo contrarevolucionario de Termidor, podemos citar que el 12 de noviembre ( 22 Brumario) había sido clausurado el Club de los jacobinos y que el 24 de diciembre (4 Nivoso), había sido abolida la ley del maximum. El conjunto de la política económica y social de Termidor fue de instauración del régimen capitalista de producción, el liberalismo económico más desatado. Como dice Guerin:’Se sacrificaba deliberadamente a los pobres…Al tiempo que se les quitaba el pan de la boca, privaban a los sans culottes de una de sus conquistas esenciales: la libertad política.’ El primero de abril de 1795 (12-13 Germinal del año III) se produjo una insurrección popular en Paris, como expresión de la desesperación popular que fue seguida de las jornadas de 1-4 de Pradial. La derrota del movimiento popular fue ya total. Por su parte, Babeuf había empezado a publicar su periódico ‘El Tribuno del Pueblo’ desde verano del 94, que siguió publicándose hasta el 24 de abril de 1796. A raíz de los artículos del Tribuno estuvo detenido entre febrero y noviembre de 1795,en Paris, en Baudets y en Arrás La cárcel le permitió realizar una reflexión sobre lo que estaba ocurriendo y trazar los planes de un nuevo proyecto político: establecer la igualdad de hecho. Babeuf, salido de la cárcel gracias a la amnistía concedida por el Directorio, reemprende inmediatamente la publicación de su periódico ‘Le Tribun du peuple’. Sus ideas sociales y políticas estaban claras y su Programa era coherente. Todavía era necesario propagarlas y continuar firme en las posiciones defendidas. Durante las semanas que separan la reaparición del ‘Tribun’ y el fracaso de la conspiración, Babeuf se comporta como un jefe de partido: designa los objetivos y critica los periódicos republicanos que pactan con el Directorio; contribuye eminentemente al renacimiento del movimiento democrático y a la organización de los grupos revolucionarios; denuncia la reacción y establece un balance en su periódico de los beneficios del ‘sistema de la igualdad’ y de las villanías dictatoriales. Sus últimas llamadas corresponden a la época en que fue construido el aparato insurreccional babouvista. Las frases apasionadas de Babeuf revelan a la vez la grandeza mesiánica del hombre y las incertidumbres de la tentativa. Babeuf presentó en el índice de su periódico el Manifiesto bajo el título ‘Extracto del gran manifiesto a proclamar para reestablecer la ‘igualdad de hecho’. Necesidad para todos los desgraciados franceses de una retirada al Monte Sagrado o de la formación de una Vendée plebeya’. En él se encuentra lo esencial de los proyectos socialistas y políticos de los babouvistas. Babeuf, que había constatado a su salida de la cárcel la desbandada popular y las vacilaciones de los demócratas, vió como una necesidad mostrar, lo más rápidamente posible, ‘lo que era necesario hacer’. En el Prospecto aparecido al mismo tiempo que el número 34 de ‘Le Tribun du peuple’, escribía: ‘Persuadido eternamente de que no se puede hacer nada grande sin todo el Pueblo, creo que es necesario aún, para hacer alguna cosa con él, mostrar- le continuamente ‘lo que es necesario hacer’ y temer menos los inconvenientes de la publicidad de los que la política se aprovecha, que contar con las ventajas de la fuerza colosal que delata siempre la política… Tenemos que calcular las fuerzas que se pierden dejando la opinión en la apatía, sin aliento y sin objeto, y todo lo que se gana activándola y enseñándole el ‘fin». Todo el número 34 de ‘Le Tribun du peuple’ que precede al Manifiesto, no es nada más que una llamada a la opinión para que despierte, a que no se deje ganar por aquellos que quieren llevar al movimiento popular por la vía de la moderación (Fouché, Barras, etc.) y para hablar, como a principios del siglo xx, de la vía de la ‘colaboración de clase y del reformismo’. El Manifiesto de los plebeyos, fue el pretexto para nuevas persecuciones contra Babeuf. ¡Patriotas! ¡Estáis un poco descorazonados!, ¡Me atrevería a decir que sois un poco pusilánimes! Estáis espantados porque sois muy pocos y teméis el fracaso. Pero acabáis de ver, y os lo han dicho, que queda muy poco que retroceder. ¡Vencer o morir!, no habéis olvidado que éste fue nuestro gran juramento. Vuestros enemigos os apresuran a llegar a la manos: y yo también. Procediendo de otra forma de la que ellos lo entienden, podéis salvar a la patria. Os haré ser, a pesar vuestro, valientes. Os forzaré a, llegar al enfrentamiento con nuestros adversarios comunes… ¡Hombres libres! No soy imprudente en absoluto… no soy prematuro en absoluto… Todavía no sabéis dónde y cómo quiero ir. Veréis pronto mi camino; y, o bien no sois demócratas, o juzgaréis que éste es el bueno y el seguro. En principio somos pocos obreros, es verdad; pero pronto habremos agrupado a los que hace falta. (… ) ¡Patriotas! Lo he hecho todo para haceros reconocer ‘atentos y convencidos’ la necesidad de detestar el régimen aristocrático bajo el que estamos encadenados, y para haceros ver, de una forma igualmente manifiesta, que solamente podréis vivir después del, retorno de la democracia, que ya habéis conquistado. Lo he hecho, porque he creído que ‘ha llegado la hora’ de emprender el combate entre vosotros y los pérfidos enemigos de un sistema equitativo. ¡Ahora sois vosotros quienes debéis forzar el combate! Esto es lo que yo he querido. Debe ser forzado, digo, porque vuestros enemigos no pueden desconocer, y vosotros mismos no lo podéis disimular, ‘lo que queremos’. Ya no tenemos tradición. Creo, he creído siempre, que si dejamos escapar este momento para llegar a las manos, no nos quedará por mucho más tiempo la esperanza de reconquistar este estado de libertad y de felicidad por el que hemos hecho tantos sacrificios. Que el gobierno, tan alabado por los republicanos y tan cordialmente aborrecido por los patricios y los monárquicos; que el gobierno justifique las esperanzas de unos y pague el odio de los otros con una retribución merecida. Que ayude, en lugar de impedir, los movimientos necesarios para devolver al pueblo sus derechos. Que los miembros del Directorio ejecutivo ‘tengan la suficiente virtud para minar su propio establecimiento’. Que se dediquen voluntariamente, y que sean los primeros en desdeñar, todo el andamiaje de la aristocracia ‘superlativa’, esta institución gigantesca que se sostiene siempre difícilmente, porque contrasta demasiado con los principios que nos han hecho hacer la revolución. Que rechacen todo este aparato, toda esta pompa veneciana, esta magnificencia casi monárquica , que escandaliza a nuestros ojos que sólo están acostumbrados ya a admirar lo simple y lo que se acerca a la igualdad. Que protejan, en lugar de continuar persiguiendo, a los apóstoles de la democracia, y que dejen predicar libremente la santa moral. Que sean tan grandes como lo fueron Agis y Cleomena, en situaciones muy parecidas a la suya ( … ) Babeuf condena seguidamente la quietud de los demócratas y sus vacilaciones para combatir al gobierno. Muestra que su fin no es establecer un nuevo régimen político, sino un nuevo régimen social basado en la igualdad, del que no se puede diferir la llegada. (… ) Las instituciones tienen que asegurar la ‘felicidad común’, la comodidad de todos los asociados. Recordemos algunos de los principios fundamentales desarrollados en nuestro último número, en el artículo De la guerra de los ricos y de los pobres. Repeticiones de este género no aburren lo que interesan. Señalábamos que la ‘perfecta igualdad’ es de derecho primitivo: que el pacto social lejos de atentar contra este derecho natural, tiene que dar a cada individuo garantías de que este derecho no será nunca violado; que además, nunca deberían existir instituciones que favorecieran la desigualdad, la codicia, que pudieran permitir evadir lo necesario para unos, para formar lo superfluo para otros. Que sin embargo había sucedido lo contrario, que convenciones absurdas se habían introducido en la sociedad y habían protegido la desigualdad, habían permitido el despojo de la mayoría de la minoría; que existieron épocas en las que los resultados de estas asesinas reglas sociales, fueron que la universalidad de las riquezas se había concentrado en las manos de unos pocos; que la paz que es natural cuando todos son felices, entonces era necesariamente precaria; que la masa que no podía continuar existiendo, al no poseer nada, encontrando solamente corazones inhumanos en la casta que se había apoderado de todo, estos efectos determinaban la época de estas grandes revoluciones, fijaban los períodos memorables, predichos en el libro del Tiempo y del Destino, en las que el cambio radical en el sistema de propiedad se convierte en inevitable, donde la revuelta de los pobres contra los ricos es una necesidad a la que ya nada puede vencer. Nosotros hemos demostrado que en 1789, estábamos en este momento, y que es por esto que entonces estalló la revolución. Hemos demostrado que, después de 1789, singularmente desde 1794 y 1795, la aglomeración de las calamidades y la opresión pública habían hecho urgente la conmoción majestuosa del pueblo contra sus expoliadores y sus opresores… Babeuf utiliza seguidamente un conjunto de situaciones sacado de la historia republicana de Roma, para demostrar que en una situación parecida, a la que, en su opinión, conocía el pueblo de París en 1795, el no ‘respetar las propiedades’ era conforme a la naturaleza humana. (… ) No es la igualdad mental lo que necesita un hombre que pasa hambre o que tiene necesidades: la tenía, esta igualdad, en el estado natural. Repito, porque no es un don de la sociedad; y porque para limitar aquí los derechos del hombre, era mejor para él quedarse en el estado natural, buscando y disputando su subsistencia en los bosques o al borde del mar o de los ríos… La primera y la más peligrosa de las objeciones, además de la más inmoral, es el pretendido derecho a la propiedad, en su acepción común. ¡El derecho a la propiedad! Pero, ¿cuál es pues este derecho a la propiedad? ¿Se entiende por ello el derecho de disponer de ella a su agrado? Si se entiende así, lo proclamo en voz alta, es reconocer la ‘ley del más fuerte’, es engañar el deseo de la asociación, es recordar a los hombres el ejercicio de los derechos de la naturaleza, y provocar la disolución del cuerpo político. Si, por el contrario, no se entiende así, me pregunto cuál será la medida y el límite de este derecho, ya que al fin de cuentas es necesario uno. ¿No lo esperáis de la moderación del propietario? (…) (… ) ¿Queréis de buena fe la felicidad del pueblo? ¿Queréis tranquilizarlo? ¿Queréis ligarlo indisolublemente al éxito de la revolución y al establecimiento de la República? ¿Queréis acabar con sus inquietudes y sus indigestiones intestinas?, declarad hoy que la base de la constitución republicana de los franceses será el limite al derecho de propiedad. (… ) No es más en ‘los espíritus’ donde hay que hacer la revolución; no es allí donde hay que buscar el éxito: desde hace tiempo ya está hecha y es perfecta, toda Francia os lo atestigua: es ‘en las cosas’ donde es necesario que esta revolución, de la que depende la felicidad del género humano, se haga. ¡Eh!, ¿qué importa al pueblo, qué importa a todos los hombres un cambio de opinión que no les procure nada más que una felicidad ideal? Uno puede quedarse extasiado, sin duda, ante este cambio de opinión; pero esta beatitud espiritual sólo conviene a los buenos espíritus y a los hombres que gozan de todos los bienes de la fortuna. Les es bien fácil a éstos, embriagarse de libertad y de igualdad: también el pueblo bebió la primera copa con delicia, también se embriagó. Pero temed que esta borrachera no pasa y que, estando más calmado y siendo más desgraciado que antes, no lo atribuya a la seducción de algunos facciosos, y no se imagine haber sido el juguete de las pasiones o de los sistemas de la ambición de algunos individuos. La situación moral del pueblo no es hoy nada más que un sueño que es necesario realizar, y no lo podéis hacer de otra forma que haciendo ‘en las cosas’ la misma revolución que habéis hecho ‘en los espíritus’. (… ) ¿Es ‘ley agraria’ lo que queréis?, se alarmarán mil voces de hombres honestos. NO: es más que esto. Sabemos qué argumento invencible nos opondrían. Nos dirían, con razón, que la ley agraria no puede durar más que un día; que desde la mañana siguiente de su promulgación, se restablecería la desigualdad. Los tribunales de Francia que nos han precedido, han concebido mejor el verdadero sistema de la felicidad social. Han sentido que tenía que residir en instituciones capaces de asegurar de mantener inalterablemente la ‘igualdad de hecho’. La ‘igualdad de hecho’ no es una quimera. El ensayo práctico fue emprendido felizmente por el tribuno Licurgo. Se sabe cómo llegó a instaurar este sistema admirable, en el que las cargas y las ventajas de la sociedad estaban igualmente repartidas, en el que todos tenían lo suficiente, y en el que nadie podía esperar lo superfluo. Todos los moralistas de buena fe reconocieron este gran principio e intentaron consagrarlo. Los que lo enunciaron más claramente fueron, en mi opinión, los hombres más estimables y los más distinguidos tribunos. El judío Jesucristo no merece este título sino es en forma mediocre, ya que expresó demasiado obscuramente su máxima: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’. Esto insinúa, pero no dice explícitamente, es que la primera de todas las leyes es que ningún hombre puede pretender legítimamente que ninguno de sus semejantes sea menos feliz que él . J. Jacques ha precisado mejor este mismo principio, cuando ha escrito: ‘Para que el estado social sea perfeccionado, es necesario que cada uno tenga lo suficiente'[1], y que ninguno tenga demasiado. Este corto párrafo es, en mi opinión, el elixir del contrato social. Su autor lo ha hecho tan inteligible como le era posible en el tiempo en que escribía y pocas palabras bastan a quien sabe comprender. Escuchar a Diderot, no dejará equívoco sobre cuál es el único y verdadero sistema de sociabilidad conforme a la justicia: ‘Hablad tanto como queráis -dice- sobre la mejor forma de gobierno, no habréis hecho nada en tanto no hayáis destruido los gérmenes de codicia y de la ambición.’ No es necesario ningún comentario para explicar que, la mejor forma de gobierno, es que sea imposible a todos los gobernadores convertirse en más ricos o más fuertes en autoridad que cada uno de sus hermanos; para que en una justa, igual y suficiente parte de las ventajas para cada individuo, se encuentren los limites de la codicia y de la ambición. Robespierre os dirá también, que éstas son las bases de todo pacto fundado en la igualdad de los derechos primitivos o de la naturaleza. ‘El fin de la sociedad -dice en su Declaración de Derechos- es la felicidad común -es decir, evidentemente, la felicidad igual de todos los individuos- que nacen iguales en derechos y necesidades.’ Y más lejos esta otra máxima de moral eterna: ‘No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti – es decir- haz a los otros lo que querrías que te hicieran a ti ( … ).’ Y, ¿no es a esto, a lo que, armado con la razón más soberana, Saint-Just, cuando parecía querer responder a sus verdades incontestables, daba una doble protección, al dirigimos estas importantes palabras a vosotros, Sans-culottes, oprimidos siempre?: ‘Los desgraciados son las potencias de la tierra, tienen derecho a hablar como dueños a los gobiernos que actúan con negligencia hacia ellos.’ (…) La religión de la ‘pura igualdad’, que nos atrevemos a predicar a todos nuestros hermanos despojados y hambrientos, quizá les parezca a ellos mismos, por más natural que les sea; les parecerá, digo, quizá nueva pero por ser tan viejos en nuestras bárbaras y numerosas instituciones, que casi no podemos concebir que sean más justas y más simples (…). Babeuf hace seguidamente un llamamiento a la tradición propia de la Revolución Francesa, citando los textos igualitarios de los hombres que después del 9 termidor han ‘cambiado de camisa’ : Tallien, en ‘Ami des sans-culottes’ en 1793, y Fouché en su decreto del 24 brumario del año II (14 de noviembre de 1793). ¿Es necesario para restablecer los derechos del género humano y hacer cesar todos los males, es necesario una ‘ retirada al Monte Sagrado o una Vendée plebeya? ¡Que todos los amigos de la ‘igualdad’ estén listos y se den por aludidos! ¡Que cada uno de ellos se llene de la incomparable belleza de esta empresa! ¡Los Israelitas a liberarse de la servidumbre egipcia! ¡Llegar a la posesión de las tierras de Canaán! ¿Qué expedición fue nunca más digna de iluminar los grandes corajes? El Dios de la Libertad, estemos seguro de ello, protegerá a los ‘Moisés’ que la querrán dirigir. Nos lo ha prometido sin necesidad del intermediario Aaron, del que no sabemos qué hacer, como tampoco de su colega el vicario. Nos lo han prometido, sin aparición milagrosa en el zarzal ardiente. Dejemos a un lado todos estos pródigos, todas estas necedades. Las inspiraciones de las divinidades republicanas se manifiestan simplemente bajo los auspicios de la naturaleza (Dios Supremo) por la voz del corazón de los, republicanos [2]. Nos ha sido revelado, pues, que mientras numerosos ‘Josué’ combatirán en la llanura sin necesidad de detener el sol, muchos, en lugar del legislador de los Hebreos, estarán en la verdadera ‘Montaña Plebeya’. Allí trazarán, al dictado de la justicia eterna, el decálogo de la santa humanidad, del sans-culottisme, de la imprescriptible equidad. Proclamamos, bajo la protección de nuestras cien mil picas y de nuestras lenguas de fuego, el primer código verdadero de la naturaleza, que no podrá ser nunca quebrantado. Explicaremos claramente qué es la ‘ felicidad común, fin de la sociedad’. Demostraremos que la suerte de todo hombre no debe acabar al pasar del estado natural al social. Definiremos la propiedad. Probaremos que la tierra no es de nadie, sino que es de todos. Probaremos que todo lo que un individuo acapara más allá de lo que le es necesario para su alimentación, es un robo. Probaremos que el pretendido derecho a la alienabilidad es un infame atentado populicida. Probaremos que la ‘herencia por familia’ es un error no me- nos grande; que aísla a todos los miembros de la asociación, y que hace de cada familia una pequeña república, que no puede dejar de conspirar contra la más grande y que consagra la desigualdad. Probaremos que todo lo que un miembro del cuerpo social tiene ‘por debajo’ de los suficiente a sus necesidades de toda especie y de cada día, es el resultado de una expoliación de su propiedad individual hecha por los acaparadores de bienes comunes. Que, en consecuencia, todo lo que un miembro del cuerpo social tiene ‘por encima’ de los suficiente a sus necesidades de toda especie y de cada día, es el resultado de un robo hecho a los otros asociados, que priva necesariamente a un número más o menos grande de ellos, de su parte en los bienes comunes. Que los razonamientos, por más sutiles que sean, no pueden prevalecer sobre las verdades inalterables. Que la superioridad de los talentos y de las industrias no es más que una quimera y un cebo especial que siempre ha servido a los complots de los conspiradores contra la igualdad. Que la diferencia de valor y de mérito en el trabajo de los hombres, reposa en la opinión de que algunos de entre ellos han sentado y han sabido hacer prevalecer, Que es sin duda incorrecto que esta opinión haya apreciado la jornada del que hace un reloj, como veinte veces superior a la jornada de] que traza los surcos. Que es sin embargo con ayuda de esta estimación que la ganancia de un obrero relojero le ha llevado a adquirir el patrimonio de veinte obreros de arado, a los que ha expropiado por este medio. Que todos los proletarios lo son por el resultado de la misma combinación de todas las otras relaciones de la producción, pero que todas parten de la diferencia de valor, establecida entre las cosas por la única autoridad de la opinión. Que es absurda e injusta la pretensión de querer una recompensa más grande para aquel cuya tarea exige un mayor grado de inteligencia, y más aplicación y tensión de espíritu; esto no amplía en nada la capacidad de su estómago. Que ninguna razón puede pretender una recompensa que exceda de lo suficiente para las necesidades humanas. Que también es fruto de la opinión que el valor de la inteligencia, y quizá haya que examinarlo si el valor de la fuerza natural y física, no vale nada. Que son los inteligentes los que han dado tan alto precio a las concepciones de sus cerebros y que si hubieran sido los fuertes los que hubiesen reglamentado las cosas, habrían establecido sin duda que el mérito de los brazos vale tanto como el de la cabeza y que la fatiga de todo el cuerpo podría ser compensada con la de la única parte pensante. Que sin esta igualación, se da a los más inteligentes, a los más industrializados, una patente para acaparar, un título para despojar impunemente a los que lo son menos. Que es de este modo como se destruyó, derribando en el estado social, el equilibrio de la comodidad, ya que no hay nada que esté mejor demostrado que nuestra gran máxima: ‘no se llega a tener demasiado sino es haciendo que los otros no tengan lo suficiente’. Que nuestras instituciones civiles, nuestras transacciones recíprocas no son más que actos de un bandidaje perpetuo, autorizados por leyes bárbaras y absurdas, a la sombra de las cuales solamente nos ocupamos en despojarnos mutuamente. Que nuestra sociedad de bribones implica, a causa de sus atroces convenciones primordiales, toda clase de vicios, de crímenes y de desgracias contra las que algunos hombres de bien se unen en vano para hacerles la guerra, que no pueden hacerla triunfar porque no atacan los males desde su raíz y aplican únicamente paliativos sacados de la reserva de ideas falsas de nuestra depravación orgánica. Que queda claro, por lo que precede, que todo lo que poseen aquellos que tienen algo más que su parte individual de los bienes de la sociedad, es robo y usurpación. Que por tanto es justo recuperarlo. Que el que pudiera probar que, gracias solamente a las fuerzas naturales, es capaz de hacer tanto como hacen cuatro personas juntas y que, en consecuencia, exige la retribución de cuatro, no dejaría por ello de conspirar contra la sociedad, porque destruiría el equilibrio por este único medio y destruiría la preciosa igualdad. Que la prudencia ordena a todos los asociados a reprimir este tipo de hombre, a perseguirle como a una plaga social, a reducirle a no poder hacer más tarea que la de uno, para no poder exigir más recompensa que la de uno solo. Que solamente es una especie la que ha introducido esta locura asesina, de distinción de mérito y de valor, y que también es ella quien conoce la desgracia y las privaciones. Que no deben existir privaciones en las cosas que la naturaleza nos da a todos, que son producto de todos, sino es una causa de accidentes inevitables de la naturaleza, y en este caso, las privaciones tienen que ser soportadas y repartidas entre todos igualitariamente. Que de este modo las producciones de la industria y del genio se convierten en propiedad de todos, de dominio de toda la asociación desde el mismo momento en que los inventores y los trabajadores las han hecho aparecer; ya que no son más que compensaciones de las invenciones precedentes del genio de la industria, de los que estos inventores y estos trabajadores se han aprovechado gracias a la vida en sociedad, y que les han ayudado en sus descubrimientos. Que, ya que los conocimientos adquiridos son de dominio público, deben ser repartidos igualitariamente entre todos. Que es una verdad mal constatada por mala fe, prejuicio o irreflexión, es decir que esta repartición convertiría a todos los hombres en iguales, con la misma capacidad y el mismo talento. Que la educación cuando es desigual es una monstruosidad, del mismo modo que cuando es patrimonio exclusivo de una parte de la asociación, ya que entonces se convierte, en manos de esta parte, en un montón de máquinas, en una provisión de armas de toda clase, con ayuda de las cuales esta primera parte combate a la otra desarmada, llegando fácilmente, en consecuencia, a yugularla, a engañaría, a despojarla, a esclavizaría bajo las cadenas más vergonzosas. Que no es verdad menos importante que la que ya hemos citado y que un filósofo ha proclamado en estos términos: ‘Hablad tanto como queráis, sobre la forma de gobierno, no habréis hecho nada en tanto no hayáis destruido los gérmenes de la codicia y de la ambición. ‘ Que es necesario, pues, que las instituciones sociales nos lleven a un punto en el que nieguen a todo individuo la esperanza de llegar a ser más rico, más potente y más distinguido que ninguno de sus iguales. Que es necesario, para precisar todavía más esto, llegar a ‘encadenar la suerte’; a hacer la de cada asociado independiente de las circunstancias felices o desgraciadas; ‘a asegurar a cada uno y a su descendencia, por numerosa que sea, lo suficiente y nada más que lo suficiente’ ; y a cerrar todas las vías posibles para que nunca puedan obtener más allá de esta parte individual de los productos de la naturaleza y del trabajo. Que el único medio de llegar hasta aquí, es establecer la ‘administración común’; suprimir propiedad particular; ligar cada hombre al talento, a la industria que conoce; obligarle a depositar sus frutos en especie en el almacén común, y establecer una simple administración de distribución, una administración de subsistencia que, teniendo registrados a todos los individuos, y a todas las cosas, hará repartir estas últimas en la igualdad más escrupulosa y las depositará en el domicilio de cada ciudadano. Que este gobierno, que la experiencia nos demuestra que es practicable, ya que se aplica a un millón doscientos mil hombres de nuestros doce ejércitos (lo que es posible en pequeño lo es en grande)[3] , que este gobierno es el único del que puede resultar la felicidad universal, inalterable, sin mezcolanzas; ‘la felicidad común, fin de la sociedad’. Que este gobierno hará desaparecer los límites, las vallas, los muros, las cerraduras de las puertas, las disputas, los procesos, los robos, los asesinatos, todos los crímenes: los tribunales, las cárceles, las horcas, las penas, el desespero que causan todas estas calamidades; el ansia, la envidia, la insaciedad, el orgullo, los engaños, la duplicidad, en resumen, todos los vicios: y más aún, y sin duda este punto es el esencia, ‘el gusano roedor’ de la inquietud general, particular, perpetua de cada uno de nosotros, por nuestra suerte de mañana, del próximo mes, del año siguiente, de nuestra vejez, la de nuestros hijos y la de sus hijos. Este resumen de este terrible manifiesto que ofreceremos a la masa oprimida del Pueblo francés, del que te damos un primer esbozo para empezarle a ‘dar gusto’. ¡Pueblo, despierta a la esperanza!, acaba con la desesperación que te sepulta. (… ) Despierta a la vista de un futuro feliz. ¡Amigos de los reyes!, perded toda esperanza de que los mallos con los que habéis abrumado al pueblo le sometan para siempre jamás al yugo de uno solo. ¡Y vosotros, patricios!, ¡ricos!, ¡tiranos republicanos! renunciad igualmente, y todos a la vez, a vuestras especulaciones opresivas, sobre esta nación que no ha olvidado todavía sus juramentos a la libertad. Una perspectiva, más feliz que todo lo que podéis suponer, se abre a su vista. ¡Dominadores culpables!, en el momento en que creéis que podéis azotar sin peligro a este pueblo virtuoso con vuestro brazo de hierro, os hará sentir su superioridad, se liberará de vuestras usurpaciones y de vuestras cadenas, recuperará sus derechos primitivos y sagrados. Desde hace demasiado tiempo le estáis insultando en su agonía… ‘El pueblo -decís- está sin vigor; sufre y muere sin atreverse a quejarse.’ ¡El orgullo de la nación no se dejará pisar por estas humillaciones! ¡El nombre francés no pasará a la posterioridad acompañado de este envilecimiento! ¡Que este escrito sea la señal, la luz que reanime y vivifique todo lo que en otro tiempo tuvo calor y valentía!, todo lo que quemó con llama ardiente por la felicidad pública y la independencia perfecta. ¡Que el pueblo torne la primera idea verdadera de la Igualdad! Que estas palabras: ‘Igualdad’, ‘iguales’, ‘plebeyanismo’ sean palabras de unión de todos los amigos del pueblo. Que el pueblo ponga a discusión todos los grandes principios; ¡que el combate se centre sobre el famoso tema de esta ‘igualdad’ propiamente dicha y sobre el de la propiedad! ¡Que goce esta vez con la moral y que la llene de fuego sostenido hasta la consumación total de su obra! Que destruya todas las antiguas instituciones bárbaras y que las sustituya por aquellas que son dictadas por la naturaleza y la justicia eterna. Sí, ¡todos los males del pueblo están en el límite; no pueden empeorar! ¿No pueden repararse sino es un cambio total? ¿Que esta guerra del rico contra el pobre tome un color menos innoble? ¡Que deje de ser audaz por un lado y malvada por el otro! ¡Que los desgraciados respondan de una vez a sus opresores! Aprovechémonos de que nos han empujado hasta el límite. Avancemos sin rodeos, como hombres que se sienten llenos de todas sus fuerzas: Marchemos francamente hacia la Igualdad. Veamos el ‘fin de la sociedad’; ¡veamos la ‘felicidad común’! ¡Pérfidos o ignorantes! ¿Gritáis que es necesario evitar la guerra civil? ¿Que no hay que echar entre el pueblo la antorcha de la discordia? ( … ) ¿Qué guerra civil es más irritante que aquella que muestra a todos los asesinos en un bando y a todas las víctimas sin defensa en el otro? ¿Clasificaríais de criminal a quien arma a las víctimas contra los asesinos? ¿No es mejor una guerra civil en la que las dos partes puedan defenderse recíprocamente? Que se acuse, si se quiere, a nuestro periódico de avivar la discordia. Tanto mejor: la discordia es mucho mejor que una horrible concordia en la que la gente muere de hambre. Que los partidos tomen posiciones; que la rebelión sea parcial, general, instantánea, que retroceda, que se determine. ¡Nosotros estamos siempre satisfechos! ¡Que el ‘Monte sagrado’ o la ‘Vendée plebeya’ se formen en un solo punto o en los ochenta y seis departamentos! Que se conspire poco o mucho contra la opresión, secretamente o a la luz del día, en cien mil conciliábulos o en uno solo, poco nos importa ya que se conspira y los remordimientos e inquietudes acompañan siempre a los opresores. Hemos dado la seria¡ para que muchos se den cuenta; para llamar a muchos cómplices; les hemos dado motivos suficientes y algunas ideas, estamos casi seguros que se conspirará. Que la tiranía intente, si puede, interceptamos… El pueblo, se dice, no tiene guías. Que aparezcan, y el pueblo desde este mismo instante romperá las cadenas y conquistará el pan para él y para todas las generaciones venideras. Repetimos una vez más: Todos los males están en el límite; no pueden empeorar; ¡no pueden repararse si no es con un cambio total!… ¡Que todo se confunda!… ¡que todos los elementos se envuelvan, se mezclen y choquen entre sí!… ¡Que todo se convierta en caos y que del caos salga un mundo nuevo y regenerado! ‘Apresurémonos, después de mil años, a cambiar estas leyes groseras’. ‘Le Tribun du peuple’, número 35. 9 frimario del año IV (30 de noviembre de 1795), págs. 79-107. Nota: Para editar este texto se ha utilizado la siguiente biblografia: Babeuf. Ecrits presentés par Claude Mazauric. Messidor/Editions sociales. Paris, 1988. François-Noel Babeuf. Realismo y utopia en la revolución francesa. Sarpe . Biblioteca de la historia. Madrid, 1985. Irene Castells Oliván. La revolución francesa (1789-1799). Editorial Síntesis. Madrid 1997. Daniel Guerin. La lucha de clases en el apogeo de la revolución francesa. 1793-1795. Alianza Editorial, Madrid 1974. [2] Babeuf confirma aquí su ateísmo, o quizá mejor, su panteísmo naturalista. [3] Babeuf muestra aquí todo lo que su doctrina debe a la práctica del año II: tasación y requisicíón. La misma idea era entonces frecuentemente expresada y sería desarrollada por los socialistas utopistas en su proyecto de ‘ejércitos industriales’ (Cf. M. Dommanget pages choisies…, op. cit., notas, p. 262.)

©EspaiMarx 2002

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El mundo: Siete pensamientos en mayo de 2003

Subcomandante Marcos

Publicado en Rebeldia, Mayo de 2003

Introducción Conforme se van deteriorando los calendarios del Poder y las grandes corporaciones de los medios de comunicación titubean entre los ridículos y las tragedias que protagoniza y promueve la clase política mundial, abajo, en el gran y extendido basamento de la tambaleante Torre de Babel moderna, los movimientos no cesan y, aunque aún balbuceantes, empiezan a recuperar la palabra y su capacidad de espejo y cristal. Mientras arriba se decreta la política del desencuentro, en el sótano del mundo los otros se encuentran a sí mismos y al otro que, siendo diferente, es otro abajo.

Como parte de esta reconstrucción de la palabra espejo y cristal, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional retomó diálogos con movimientos y organizaciones sociales y políticas en el mundo. Inicialmente, con hermanos y hermanas de México, Italia, Francia, Alemania, Suiza, el Estado Español, Argentina y la Unión Americana, se trata de ir construyendo una Agenda común de discusión.

No se pretende establecer acuerdos políticos y programáticos, ni de intentar una nueva versión de la Internacional. Tampoco se trata de unificar conceptos teóricos o uniformar concepciones, sino de encontrar y/o construir puntos comunes de discusión. Algo así como construir imágenes teóricas y prácticas que son vistas y vividas desde lugares distintos.

Como parte de este esfuerzo de encuentro, el EZLN presenta ahora estos 7 pensamientos. El ‘anclarlos’ en un horizonte espacial y temporal significa, por parte nuestra, un reconocimiento de nuestras limitaciones teóricas, prácticas y, sobre todo, de visión universal. Este es nuestro primer aporte a la construcción de una Agenda mundial de discusión.

Agradecemos a la revista mexicana Rebeldía el que nos haya abierto sus páginas para estos pensamientos. Igualmente agradecemos a las publicaciones que en Italia, Francia, el Estado Español, la Unión Americana y América Latina hacen lo mismo. I. Teoría El lugar de la teoría (y del análisis teórico) en los movimientos políticos y sociales suele obviarse. Sin embargo, todo lo evidente suele esconder un problema, en este caso: el de los efectos de una teoría en una práctica y el ‘rebote’ teórico de ésta última. Y no sólo, el problema de la teoría es también el problema de quién produce esa teoría.

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El Nuevo Mundo

Subcomandante Marcos

Este texto fue publicado en la revista política mexicana Rebeldía.

Introducción

Conforme se van deteriorando los calendarios del poder y las grandes corporaciones de los medios de comunicación titubean entre los ridículos y las tragedias que protagoniza y promueve la clase política mundial, abajo, en el gran y extendido basamento de la tambaleante Torre de Babel moderna, los movimientos no cesan y, aunque aún balbuceantes, empiezan a recuperar la palabra y su capacidad de espejo y cristal. Mientras arriba se decreta la política del desencuentro, en el sótano del mundo los otros se encuentran a sí mismos y al otro que, siendo diferente, es otro abajo.

Como parte de esta reconstrucción de la palabra espejo y cristal, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) retomó diálogos con movimientos y organizaciones sociales y políticas en el mundo. Inicialmente, con hermanos y hermanas de México, Italia, Francia, Alemania, Suiza, el Estado español, Argentina y la Unión Americana, se trata de ir construyendo una agenda común de discusión.

No se pretende establecer acuerdos políticos y programáticos, ni intentar una nueva versión de la Internacional. Tampoco se trata de unificar conceptos teóricos o uniformar concepciones, sino de encontrar y/o construir puntos comunes de discusión. Algo así como construir imágenes teóricas y prácticas que son vistas y vividas desde lugares distintos.

Como parte de este esfuerzo de encuentro, el EZLN presenta ahora estos siete pensamientos. Anclarlos en un horizonte espacial y temporal significa, por parte nuestra, un reconocimiento de nuestras limitaciones teóricas, prácticas y, sobre todo, de visión universal. Este es nuestro primer aporte a la construcción de una agenda mundial de discusión.

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Empezar pacientemente la acumulación de fuerzas

Joan Tafalla

“La izquierda italiana que hemos conocido está muerta… No es una oposición ni una alternativa y ni tan solo una alternancia por usar esta jerga. Ha asumido un grado de subalternidad y de sujeción no sólo a las políticas de la derecha si no a su punto de vista y a su mentalidad en el cuadro internacional e interno”.

Con estas palabras definía Luigi Pintor, el 24 de abril de 2003, la situación de la izquierda italiana en el último editorial que escribió para Il Manifesto. Murió veinticuatro días después (**). Creo sinceramente que este duro diagnóstico puede ser aplicado sin paliativos al conjunto de la izquierda institucional española. Me refiero al PSOE y a la dirección de Izquierda Unida. Creo también que empieza a ser hora de darse una perspectiva diferente.

Crítica de la impaciencia electoral

Los resultados de la izquierda en el pasado 25 de mayo corroboran lo que se pretende demostrar en estas líneas. Como no era difícil de prever, las grandes multitudes que salieron a la calle contra la guerra permanente de Bush y Aznar no encontraron en el politicismo e institucionalismo de las propuestas del PSOE y de la mayoría de IU una respuesta política a sus aspiraciones. No encontraron en el discurso débil de ambas organizaciones lo que reclamaba Luigi Pintor en el editorial citado más arriba: “Además, la paz y la convivencia civil, nuestras banderas, no pueden ser una opción entre otras, sino un principio absoluto que implica una concepción del mundo y de la existencia cotidiana”. No puedo desarrollar esta idea aquí, pero creo que este hecho ha tenido grandes consecuencias en lo que yo llamaré la derrota del 25 de mayo. La disputa mediática de cifras entre el PP y el PSOE y el triunfalismo fatuo e ingenuo de Llamazares no pueden ocultar la realidad. La izquierda institucional está desnuda. El PSOE ha mantenido a duras penas su electorado e IU ha evitado su desaparición gracias a la triste realidad de una guerra. Las bases esenciales del poder de la derecha, de su hegemonía política, ideológica y social siguen sin haber sido tocadas. El movimiento antiguerra fue una ocasión de oro para ensayar la derrota de la derecha. Surgió de las inmensas reservas de valores morales que poseen nuestros pueblos. No todas las generaciones tienen la ocasión de participar a movimientos masivos de ese calibre y de esa profundidad. Era el momento para mostrar otros valores, de ofrecer otra forma de organizarse, otra forma de vivir. Era el momento para el combate contra la hegemonía social derecha. Era el momento de iniciar un contrapoder real. Pero sólo fue vivido por la izquierda institucional como una precampaña electoral. De ése modo, se contribuyó a recortarle las alas al movimiento y, de forma suicida, se contribuyó a la propia derrota electoral. En lugar de estimular y organizar la lucha en la calle, en los territorios, en las empresas, se quiso organizar un referéndum electoral. Y la izquierda institucional perdió y nos hizo perder a todos. La no convocatoria de huelga general por parte de las CCOO fue la muestra de la incapacidad de la izquierda institucional para construir ese contrapoder, para dar la batalla allí donde había que darla, en el corazón de las empresas, de su incapacidad para acumular fuerzas, para proponerse la tarea de diluir la hegemonía de la derecha por la base.

Por un relanzamiento de la iniciativa de la clase

Las movilizaciones multitudinarias del movimiento antiglobalización desde el año 2001 hasta aquí, han sido un factor siempre en ascenso cuya ultima (por el momento) expresión ha sido la lucha contra la guerra. No cabe duda que esas movilizaciones expresan la aparición de una nueva generación en la lucha y la recuperación de generaciones anteriores. Pero debemos huir del triunfalismo fácil y de los análisis simplones, presentes en una parte del movimiento. A pesar de la masividad de las movilizaciones se hecha de menos un proceso de recomposición de la multitud, del proletariado metropolitano, del demos o de la clase trabajadora. Cualquiera de esas denominaciones nos sirve provisionalmente para definir aquello a lo que nos referimos. No entraré aquí, por razones de espacio, a discutir esta terminología. Los cambios drásticos, epocales ha que ha sido sometida la clase obrera fordista en nuestra área, su fragmentación, su precarización creciente, la desarticulación de los organismos sindicales y políticos de empresa y territoriales donde la clase se socializaba, se organizaba, tomaba conciencia de sí, ha hecho casi desaparecer a la clase obrera de la escena política y social. Aquellas movilizaciones donde orgullosamente se cantaba “aquí están, estos son los que aguantan la nación” son un recuerdo ya lejano. La movilización de Sintel ha significado una ruptura de esta tendencia por parte de una plantilla que se siente orgullosa de sus conocimientos profesionales y de haber modernizado las telecomunicaciones en España. Los de SINTEL, juntos, se sienten poderosos. Tan poderosos que pueden autogestionarse su lucha prescindiendo de aparatos sindicales externos. Tan poderosos, que ha sido precisa la santa alianza entre Telefónica, el gobierno y la dirección de CCOO para intentar disgregarla, para tratar de convertir a ese colectivo conciente de su poder en un recuerdo vago. Sintel ha sido y es un destello de luz en la oscuridad de la derrota y de la disgregación, del aniquilamiento como clase. Pero un relanzamiento de la iniciativa de la clase requiere crear “ uno, cien, mil Sintels” El relanzamiento de la iniciativa de la clase no es sólo un asunto sindical. Es esencialmente un asunto político. Aquellos sectores que coincidan en la idea de que sin clase obrera para sí, de que sin clase organizada no es posible plantearse la perspectiva de la transformación social, deberán cargarse la pilas, deberán relanzar la perspectiva del sindicalismo crítico y de clase, pero además deberán estudiar en concreto los cambios de la composición de la clase, estudiar las experiencias de las luchas y resistencias que se dan aquí y allá, deberán ( como los camaradas italianos de muy diversas tendencias) realizar en todas partes y cada día, encuesta de clase. La encuesta de clase no es un ejercicio teórico si no eminentemente práctico. Se trata de un ejercicio de sociología militante y organizada y organizadora, imprescindible para un relanzamiento de la iniciativa de la clase y de su presencia en el escenario político.

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La democracia participativa en la red

Proponemos a continuación algunas páginas web y algunas direcciones electrónicas que pueden ser útiles a quienes quieran hacer una investigación propia sobre les temas de la democracia participativa. Naturalmente, no son las únicas pero son un buen principio para iniciar una interesante navegación en la búsqueda de la Ítaca de la democracia.

ATTAC: Llamamiento de Morsang.

http://attac.org/glocal/index.html

En enero del 2000 ATTAC organizó en Morsang-sur-Orge un coloquio titulado “ Cuando lo local se confronta con la mundialización liberal. Las colectividades, anclajes del avance ciudadano” que se formalizó en el “Llamamiento de Morsang” a los ciudadanos y a sus electos.

Brasil es uno de los paises de mayor producción práctica y teórica respecto de la democracia participativa. Diversas direcciones nos dan cuenta de esta rica producción:

http://www.correiocidadania.com.br/

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Devolvemos la soberanía al pueblo

Joan Tafalla

Entrevista a Raúl Pont, alcalde de Porto Alegre

Raúl Pont es un alcalde afable y accesible, lejos de la imagen paternal y distante de tantos alcaldes al uso. En los pasillos del encuentro "Pour un droit de cité. Vers une nouvelle citoyenneté", celebrados los días 17 a 20 de mayo pasados en Saint Denis lo encontramos abierto al contacto, haciendo pedagogía paciente entre la clase política municipal europea que, aunque interesada, mira con distancia ( incluso con aire de superioridad) esta experiencia de democracia participativa que es el Presupuesto Participativo ( OP) de Porto Alegre. Acepta rápidamente la propuesta de entrevista para El Viejo Topo que le formulamos. Sus respuestas reflejan la madurez de una realidad que está socializando la política en su ciudad, que está devolviendo a los ciudadanos la soberanía que les había sido usurpada por los políticos profesionales.

Declaraciones recogidas por Joan Tafalla

Joan Tafalla.- El planteamiento del presupuesto participativo en Porto Alegre, ¿ era una opción estratégica del PT o bien surgió como fruto de la circunstancia de que el PT tuviera la alcaldía de Porto Alegre (poder ejecutivo), pero la mayoría de la Cámara de Vereadores ( poder legislativo) tenía otra composición, lo que dificultaba la posibilidad de gobernar?

Raúl Pont.- Cuando ganamos la elecciones en 1989 por primera vez en la capital teníamos como punto de programa, gobernar de una forma distinta que hasta entonces la ciudad había conocido. Esto sería a través de Consejos Populares, que no teníamos muy claro como serían por que no teníamos una acumulación anterior, no teníamos una experiencia anterior ni en Porto Alegre, ni en otras ciudades gobernadas por el PT. Teníamos referencias teóricas de la historia de las luchas del socialismo, pero en Brasil nunca se había practicado un gobierno de izquierdas, precisamente por que la mayor parte de nuestra historia está compuesta por gobiernos oligárquicos o por dictaduras donde no existía ni tan sólo la representación de la democracia representativa. Por tanto, era algo pensado, no era algo espontáneo, lo teníamos como punto programático. Y empezamos por esto: por hacer una primera experiencia, oir a la gente, dividir la ciudad por regiones … y esto se fue perfeccionando hasta llegar a hoy, en que el OP involucra a miles de personas, con una organización y una complejidad mucho mayor que cuando empezamos, doce años atrás. Es algo consolidado y es algo que expresa claramente un predominio en las decisiones de los ciudadanos que participan en este proceso.

J.T.- ¿Cómo son las relaciones entre la alcaldía y el poder legislativo?

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“Yo no he roto con Cuba”: Entrevista con José Saramago

Especial para Juventud Rebelde, La Jornada, Rebelión y Cubadebate Declaraciones en Lanzarote, Canarias, dell Premio Nobel de Literatura. "Siempre he pensado que llegará un tiempo en que la justicia no sea esa vergüenza de mundo al que asistimos todos los días", dice.

A la entrada, junto a la puerta marcada con el número 3, un discreto grabado indica que allí viven Pilar del Río y José Saramago. No hay mucha diferencia entre esta y las viviendas vecinas de la comarca de Tías, en Lanzarote, salvo el cartel que la nombra, "A Casa" – "la Casa"-, y que recuerda esas denominaciones que le da el escritor portugués a muchas de sus criaturas: "el Rey", "el Hombre", "la Mujer", "el Centro", "la Caverna", "la Balsa"…

Y "la Casa" es eso, un lugar tibio, tres perros, una biblioteca y un hombre y una mujer que se aman. José, simplemente José, llega sin protocolos, a pasos firmes, desmintiendo la edad que dicen los libros que tiene, y presentando a los compañeros de viaje de la pareja en esta isla dentro del archipiélago canario: Pepe, Greta y Camoens, los perros. "¿Viste la corbatica blanca?", y señala el pecho de Camoens, al que reconozco no más verlo. Es "Encontrado", uno de los protagonistas de La Caverna, a quien le debemos quizás el capítulo más hermoso de esa novela y una verdad inexorable: "en asuntos del corazón y del sentir, siempre lo demasiado es mejor que lo escaso".

La conversación toma distintos rumbos, y por supuesto, se habla de la noticia del día: la designación de John Michael Coetzee como Premio Nobel. José lo conoció en México. "Es un hombre reservado y valiente. Me parece excelente esta designación", afirma, mientras Pilar va y viene, terminando de armar la cena que sus manos han preparado especialmente para la embajadora cubana en España, Isabel Allende, y para su esposo, el escritor Armando Cristóbal Pérez, Consejero Cultural de la misión..

Es Pilar, periodista y traductora de la obra de su esposo, quien nos invita a ver un video sobre la visita que en 1999 hizo el Premio Nobel a Cuba y que reseña también el encuentro de toda la tribu Saramago-Del Río con Fidel. También, hará notar el cuadro con la imagen de la Bodeguita del Medio, que cuelga a la entrada de su despacho. Y contará detalles de la presentación del último libro del Nobel, El hombre duplicado, en el Teatro Colón, de Buenos Aires, ante 4200 personas. Allí, en un cartel gigante habían escrito: "Saramago, te queremos, pero queremos a Cuba también." Pilar recuerda lo que comentó José cuando lo vio: "Yo también quiero a Cuba."

Pero me enteraré de todo esto después. Antes, se produce la entrevista. En ese largo diálogo descubro que el ser humano esencial que escribe sus libros, es el mismo que tengo delante. En la despedida, nos abrazó uno a uno, y cuando me tocó el turno, solo atiné a decirle muy bajo: "no deje de querernos, no deje de querer a Cuba". Todavía me estremece ese "nunca" que escuché con la cabeza apoyada en su hombro. EL AMOR -He visto que todos los relojes de esta casa siguen detenidos a las cuatro de la tarde…

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Fonaments teològics de la política de G. Bush

Jaume Botey

Pot semblar estrany el títol d’aquesta trobada. Però son també estranyes a l’Occident les continuades referències de Bush a la Bíblia, a la religió, a Déu com a garantia publica de les seves decisions. A l’Occident és inusual que un president confessi que ho és per exprés designi de Déu, que les sessions d’un Consell de Ministres comencin amb una estona d’oració o que el divendres a la tarda les oficines del govern tanquin a fi que els treballadors puguin assistir a sessions d’estudi de la Bíblia.

El discurs religiós, sempre present en la vida pública nord-americana malgrat la separació de poders establert per la Constitució des de la independència al 1776, s’ha fet més present en els últims anys. I sovint ha explicat el propi president que era la raó última de les decisions de l’actual administració republicana.

Discurs que connecta, tan amb la tradició calvinista com amb el de les identitats i enfrontament entre cultures, el màxim exponent del qual es Samuel Huntington amb el “xoc de civilitzacions”. Tan Huntington com el clàssic de Fukuyama de “El final de la història” fonamenten les seves tesis indemostrables en una mena de categorització religiosa dels pobles, ètnies i cultures en funció del model occidental i nord-americà, al que es considera han d’assemblar-se totes les cultures..

Heus aquí tres texts:

“He escoltat una crida. Sé que Déu vol que em presenti a les eleccions presidencials” (Bush al telepredicador James Robinson, al 1998). El mateix Bush després de l’atemptat de l’11 de setembre: “Ha sigut una desgràcia nacional. Ha sigut un acte de guerra. La llibertat i la democràcia han sigut atacades (…). El terrorisme contra el nostre país no quedarà impune. Els que han comès aquestes accions i els que les protegeixen, pagaran un preu molt alt pel que han fet (…). La guerra que ens espera es una lluita monumental entre el bé i el mal (…). Serà llarga i bruta (…). Els que ens han atacat han escollit la seva pròpia destrucció (…). O s’està amb nosaltres o amb el terrorisme (…). Déu està amb nosaltres (…). Déu beneeixi Amèrica”.

O el 21 de novembre del 2001 davant de militars destinats a Afganistan: “El que no està amb nosaltres està contra nosaltres”, “sabem que Déu no es neutral”, “Estem al començament d’una intervenció militar que serà llarga. La intervenció a Afganistan no es més que l’inici de la guerra contra el terror. Durant molts anys i a tot el món haurem de combatre els malvats. Es la nostra missió. I estem segurs que guanyarem”.

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Gobierno Democrático y Popular de Río Grande del Sur: un año y medio de alternativas

El Palacio Piratini, sede del Gobierno del Estado de Río Grande del Sur (RS), en el centro histórico de la ciudad capital, Porto Alegre, compartiendo el espacio de una plaza en pendiente, con la catedral, el palacio de la Asamblea Legislativa (Parlamento del Estado) y uno de los más viejos teatros, no puede dejar de sorprender al nuevo visitante: una pancarta colgada en la fachada llama a participar en la jornada de actividades del Dia Internacional de la Mujer Trabajadora; en el interior, obviamente construcción señorial de aires decimonónicos, neoclásicos, barrocos, va a encontrar carteles con diferentes motivos de izquierda y, más importante, un comportamiento inusitadamente amable de parte de los funcionarios y personal que atiende. Es el Gobierno Democrático y Popular de RS, que ya tuvo que acatar una moción aprobada en la Asamblea Legislativa prohibiendo a los y las telefonistas de la Casa atender las llamadas con un, por veces, combativo "Aló, Gobierno Democrático y Popular de RS" demasiado agresivo y duro, sin dudas, para la derecha gaúcha.

La sede del conjunto de secretarías (ministerios) es una construcción moderna, muy céntrica también, con clara voluntad faraónica, de forma piramidal, obvio. Dos alas con más de veinte pisos, para poder ser vistas desde bien lejos y desde las que se consiguen varias de las más bonitas vistas de la ciudad. También ahí el ambiente refleja el cambio de gobierno. Cambio que, sin embargo, no siempre es posible percibir nítidamente sin haber conocido la situación anterior. En la planta 17, sede de la Secretaría para el Desarrollo y Asuntos Internacionales (SEDAI), cuando los actuales inquilinos tomaron posesión, encontraron despachos de la General Motors (GM) y la FORD. Junto a las instalaciones, también los funcionarios públicos a su servicio. Una opción política muy clara la del anterior Gobernador.

Fue, precisamente, en relación con esas dos grandes transnacionales estadounidenses del automóvil que el Gobierno Democrático y Popular de Olivio Dutra, apoyado por un frente de organizaciones de izquierda cuya columna vertebral es el Partido de los Trabajadores, sufrió la primera gran ofensiva, con eco en todo Brasil, de un frente formado, esta vez, por la patronal, la derecha con mayoría en la Asamblea y casi todos los medios de comunicación de masas, en realidad y prácticamente un monopolio relacionado con la famosa Red Globo.

Ésa y otras tres decisiones tomadas al principio de la gestión: llevar a la Justicia Federal el contrato de la deuda con el Gobierno Federal realizado por el anterior gobernador; la asistencia a la reunión de gobernadores con el presidente de la República, durante la crisis de la deuda de los Estados; la comparecencia a la Marcha de los 100.000, en Brasilia, bajo las banderas del "Fuera Fernando Henrique Cardoso, fuera el FMI"; permiten ver con meridiana claridad la orientación política del nuevo gobierno. "Las cuatro decisiones muestran un gobierno: preocupado, a veces hasta demasiado, con la opinión pública y con la actual correlación de fuerzas; pero dispuesto a avanzar, con cautela, "sin golpes" como dicen ellos, en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo para Río Grande del Sur y el país." ("O Sul de novo se levanta" Raimundo Rodrigues Pereira, en "Teoria & Debate" n.42, agosto/set./oct. 99).

El Gobierno planteó renegociar con las dos montadoras yanquis los contratos que éstas habían cerrado con el anterior gobierno. Pero, antes de poder hablar nada, el griterío en la Asamblea se hizo ensordecedor; los titulares de prensa escrita, radio y televisión anunciaban el caos absoluto; la patronal, mostrándose aterrorizada y muy agresiva, auguraba la noche más negra para la economía gaucha. De hecho, los contratos firmando por el anterior gobernador y la GM y la FORD eran considerados como conquistas históricas por la burguesía gaucha e, incluso, en algunos sectores del campo democrático y popular había interés por las montadoras, creyendo en la propaganda que anunciaba puestos de trabajo y desarrollo tecnológico.

Los contratos eran ciertamente históricos, sobretodo para GM y FORD que recibieron dos tipos de promesas: préstamos sin plazo de retorno, con intereses simbólicos y sin corrección monetaria, además de obras y servicios gratuitos; exenciones fiscales. En resumen, el Estado gastaría un billón de reales (US$ 1: R$ 1,75, aproximadamente) desembolsado para ayuda inmediata y cinco billones en exenciones y préstamos futuros.

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In memoriam de Cristopher Hill

Joaquín Miras Albarrán, Joan Tafalla

“Si cuando nuestros cuerpos de barro reposen en la tumba, hay niños en nuestro lugar, será señal de que luchamos por la verdad, la paz y la libertad de nuestros días”

Gerardo Winstanley

Nuestro camarada Christopher Hill murió el pasado 26 de febrero de 2003. La desaparición de uno de los grandes historiadores del siglo XX, perteneciente al grupo conocido como “historiadores marxistas británicos” que ha revolucionado la historiografía mundial, sin embargo, ha pasado por completo desapercibida. Por ello, a pesar del retraso, creemos oportuno redactar esta breve semblanza intelectual, que recuerde su obra y que, quizá sirva como presentación y como invitación a la lectura para algún lector de las generaciones jóvenes.

Christopher Hill nació en York en 1912. Fue decano del Balliol College d’ Oxford y miembro de la Academia británica. De 1934 a 1938 fue fellow del All Souls College d’Oxford, y de 1936 a 1938 profesor ayudante de Historia Moderna en el University College de Cardiff. Fue felllow y tutor de Historia Moderna en el Balliol College de Oxford de 1938 a 1965, y profesor invitado de Historia Inglesa de los siglos XVI y XVII en la Universidad de Oxford entre 1958 a 1965. Christopher Hill y la historiografía marxista británica.

Hill ingresó en el Partido Comunista de la Gran Bretaña en 1937, tras una visita de un año a la Unión Soviética donde conoció a historiadores soviéticos que habían estudiado, aplicando criterios marxistas, la revolución inglesa del siglo XVII. Los autores de esta nota ignoramos los nombres de estos historiadores, pero conociendo la contribución de historiadores soviéticos a la historia de las rebeliones campesinas en la Francia del mismo siglo o a la vida de Babeuf, podemos comprender la profunda huella que imprimieron en la inteligencia del joven historiador inglés. Ya en fecha tan temprana como 1940 Christopher Hill publicó un ensayo sobre “La revolución inglesa de 1640”, en el que, frente a la predominante “tesis Gardiner” que interpretaba aquella revolución en clave de lucha religiosa, como “revolución puritana”, Hill desarrollaba una interpretación alternativa de la misma, basada en la lucha de clases a partir de tres fuentes de inspiración: la obra de R.H. Tawney, las indicaciones de historiadores soviéticos y la concepción sustentada por Marx y Engels. A partir de esta interpretación, ya no se verá el siglo XVII en clave de enfrentamiento religioso sino en clave de lucha de clases.

Entre 1945 y 1957 Christopher Hill perteneció a la Agrupación de Historiadores del PCGB. Aunque la parte más importante de su obra es posterior a 1957, Hill consideraba que el formidable equipo de historiadores reunido en aquella agrupación constituyó el fermento intelectual cuyas discusiones e intercambios intelectuales le permitieron desarrollar sus concepciones, puesto que su adhesión al grupo coincide con “debates que fueron el mayor estímulo que he conocido” (Harvey j. Kaye, 1989). Hill pertenece a una tradición teórica, historiográfica, a cuya creación él contribuye decisivamente, junto con otros tres grandes colosos: Rodney Hilton, Eric Hobsbawm, y Edward Palmer Thompson. Todos ellos comparten una problemática común, que es, sin duda, resultado de su experiencia política y que replica a los pseudo teoremas doctrinales que dominaban en el movimiento obrero organizado tras la segunda guerra mundial y cuyas consecuencias políticas experimentaron en carne propia. Hobsbawm, hablando del legado de aquellos historiadores ha dicho: “ (una) ventaja de nuestro marxismo – que debemos en gran manera a Hill…- fue que nunca redujimos la historia a mero interés económico o a un determinismo de “intereses de clase” ni devaluamos la política ni la ideología … ( y) la dedicación formal a la ideología plebeya – teoría que subyace a las acciones de los movimientos sociales- todavía se identifica en gran manera con las historiadores de este origen, porque la historia social de las ideas fue siempre ( en especial gracias a Hill) una de nuestras preocupaciones primordiales” (Hobsbawm, 1974)

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