Un punto de encuentro para las alternativas sociales

La Tradición de la Democracia(y6)

Joaquín Miras Albarrán

LA POLÍTICA EN LA SIGUIENTE ETAPA: POLÍTICA Y  ESTADO

Para terminar, voy a tratar de resumir cómo se conservan estas ideas de la tradición de la democracia en Marx y Engels. Pero antes debo responder una posible observación que pueda serme expresada por algún lector. La intención manifestada por el título de este ensayo es tratar sobre la tradición de la democracia. Al extenderme en esta segunda parte sobre el pensamiento de Marx y Engels, y al seguir su evolución intelectual durante  más de cinco decenios, como se verá aquí, ni me equivoco impremeditadamente sobre el objeto del ensayo, ni trato de sesgar conscientemente la tradición.

Sigo la obra de Marx y Engels porque el mundo teórico de la tradición de la democracia, y la propia tradición en tanto que movimiento de masas consciente de las características de la misma, se adelgazó a extremos inquietantes en la segunda mitad del siglo XlX y durante principios del XX, y Marx y Engels quedan convertidos  con el correr del tiempo, en unos “fósiles”  que dan testimonio del periodo de los movimientos democráticos .

La fuerza principal que defendía la democracia en este periodo, era el movimiento obrero. En Francia el campesinado y gran parte de las clases medias optaron por la defensa de la democracia. Pero Francia, precisamente por ser el país de la Gran Revolución, es una sociedad por completo atípica, contrariamente a lo que, durante tiempo, defendió la historiografía.

Y además, hay que subrayar que la democracia que este bloque social impuso en Francia fue una democracia parlamentaria sobre un estado burocrático. Es cierto que, bajo la Tercera República Francesa se producía una fuerte participación y un activismo real, popular, canalizado a través del Partido radical-socialista de Clemenceau, quien se lanzaría a la ofensiva en 1881 con un programa democrático.

En otros países, junto a la clase obrera, defendieron la opción democrática algunos segmentos de las clases medias urbanas, los jornaleros o proletarios del campo y alguna franja campesina. A pesar de esas adscripciones, las clases medias y el grueso del campesinado constituyeron grupos sociales divididos en su filiación hacia la democracia. Tampoco las otras escasas democracias que se constituyeron avanzaron en el proyecto de la tradición: todas fueron híbridos de democracia y estado burocrático, si bien todas las que lograron instituirse en este periodo se apoyaron en movimientos de masas vitales: fueron ‘democracias vitales’ [1].

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La Tradición de la Democracia(y7)

Joaquín Miras Albarrán

Una última palabra sobre nuestros dos amigos, a título de resumen definitivo. Como hemos visto, en política Marx y Engels siguieron ateniéndose en lo fundamental, a lo aprendido en los años de París y de Colonia. En los años 60, durante el periodo de la AIT, al volver a constituirse un movimiento democrático de masas, se incorporaron de nuevo a la actividad política, dejando inconclusa y sin mayor preocupación la obra intelectual que habían ido desarrollando como paliativo a la falta de actividad política. Esta actividad duró hasta la derrota del movimiento, cuyo emblema fue la Comuna de París. Hemos podido interpretar algún texto de este periodo.

La confianza en que el movimiento fuese generando un proyecto a la altura de sus capacidades, y que el propio movimiento mostrase cuáles eran éstas, es el meollo las ideas fundamentan su actividad.

El rechazo del estado burocrático delegativo -o del estado- como medio idóneo para la acción política se encuentra, desde el principio en los textos más primitivos de Marx y Engels y se mantiene hasta el final de sus días como idea en ambos revolucionarios.

El aprecio que sintieron siempre por la tradición de la democracia, y por la experiencia del movimiento democrático moderno, que se inicia con la Revolución Francesa, la podemos ver nuevame recogida en 1891, ya muerto Marx, en la ‘Crítica al programa de Erfurth’, redactada por Engels, texto en el que se ve cómo, para Engels, en la democracia, la actividad política democrática carece de estado, o si se prefiere, el estado político de la democracia carece de burocracia. Engels rechaza que la política consista en la representación de los ciudadanos por parte de técnicos especializados que apliquen estrategias de intervención en la sociedad conforme a técnicas de ingeniería social. La política debe ser resultado de la autoactuación de la propia ciudadanía que aplica directamente sus propias normas.

Escribe Engels: ‘Está absolutamente fuera de toda duda que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar a la dominación bajo la forma de república democrática. Esta última es incluso la forma específica de la dictadura del proletariado, como lo ha demostrado ya la Gran Revolución francesa. (.) Así, pues, república unitaria. Pero no en el sentido de la presente República francesa, que no es otra cosa que el Imperio sin el emperador fundado en 1798. De 1792 a 1798, cada departamento francés, cada comunidad poseían su completa autonomía administrativa, según el modelo norteamericano, y eso debemos tener también nosotros. Norteamérica y la primera República francesa nos han mostrado y probado cómo se puede organizar esa autonomía y cómo se puede prescindir de la burocracia, y ahora lo muestran Australia, el Canadá y las otras colonias inglesas. Semejante autonomía provincial y comunal es mucho más libre que el federalismo suizo, por ejemplo, donde el cantón es, por cierto, muy independiente respecto de la Confederación, pero lo es también respecto del distrito y de la comunidad. Los gobiernos cantonales nombran a los gobernadores de los distritos y los alcaldes, lo que no ocurre en absoluto en los países de habla inglesa…'[1].

Con posterioridad a los personajes de los que acabamos de tratar, las luchas democráticas de masas se acrecentarían en el período subsiguiente. A consecuencia de la crisis de civilización generada por la Primera Guerra Mundial, las masas europeas irrumpieron en la política y se empeñaron en protagonizar el espacio público cuya existencia caracteriza a la Modernidad, en hacerlo crecer, y en expresarse políticamente instaurando regímenes democráticos. Esto provocaría el pánico de las burguesías capitalistas, al extremo de apoyar el fascismo.

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La constitución de la multitud en movimiento: la génesis de la democracia

Joaquín Miras Albarrán

“La democracia como cosa en sí, como abstracción, no existe en la vida histórica, sino que la democracia es siempre un determinado movimiento político, conducido por determinadas fuerzas y clases que luchan por determinadas finalidades. Un estado democrático, es en consecuencia, un estado en el que gobierna el movimiento de la democracia” Arthur Rosenberg, Democracia y Socialismo. Aporte a la historia política de los últimos 150 años (1789-1937), Ed. Claridad, Buenos Aires, 1966 Una nueva época Un nuevo ciclo de luchas sociales se ha abierto, y un nuevo sujeto político ha hecho acto de presencia en la historia: lo hemos visto en la calle. El sábado 15 de febrero en nuestras ciudades y en decenas de ciudades de otros países. En noviembre, en Florencia. Antes, en la manifestación contra la cumbre del G8, en Barcelona. Y en Porto Alegre y en Génova… Una nueva época nace y su característica fundamental es que la plebe, el demos, la multitud, osa nuevamente, constituirse en opinión pública organizada; se atreve, otra vez, a protagonizar la práctica política y a disputar el poder a la plutocracia capitalista y su cohorte de poderes. Ya nada será igual. A destacar: lo que hemos visto movilizarse en Barcelona, Madrid y Londres, en Florencia, es ciertamente un número aún pequeño de la totalidad de la población –aunque ¡quién lo hubiese soñado hace, tan sólo, cuatro años!-, pero su composición revela que lo que se está movilizando abarca en potencia a todo el espectro social del demos; a las 8 décimas partes de la sociedad – lo que, continuando la vieja tradición de la democracia, recuperada por el jacobinismo, Robespierre denominaba “proletariado”-. Falta aún mucha gente, y mucha organización estable micro fundamentada, mucha participación. Por eso, tan sólo es el fantasma del demos lo que recorre hoy Europa. El bloque subalterno de la sociedad civil no está aún lo suficientemente organizado como para poder dominar democráticamente la actividad social que produce y reproduce la vida, e instaurar un nuevo poder político democrático, pero se expresa y genera una nueva opinión pública. Conviene que abramos una reflexión para tomar conciencia de todas las cosas que han sucedido en los últimos tiempos ante nuestros ojos, y muy en especial el 15 de febrero. Nuevamente hemos visto al mismo sujeto que se ha ido configurando en los últimos cuatro años, salir a la movilización. Se confirma la incorporación a la lucha de una nueva generación, con mayor formación intelectual y técnica media que la que protagonizó las luchas hace 30 años Esta generación nueva está sociológicamente constituida, desde una estimación que dé relevancia a las relaciones sociales de producción, por actuales o futuros asalariados, asalariados-precarios, trabajadores autónomos supeditados al dominio del gran capital, profesionales y pequeños propietarios –se hace hoy muy difícil diferenciar entre el trabajador asalariado estable, el asalariado sometido a precariedad, el trabajador organizado en empresa cooperativa a la que se subcontrata, el trabajador autónomo individual, y el pequeño propietario de un establecimiento – . Esta generación joven forma la vanguardia de todo un conjunto de población, de su misma generación y de otras anteriores, que ya apunta en las movilizaciones. Cuando uso el término vanguardia lo hago en sentido estricto, como punta de lanza que se moviliza con más facilidad que el resto. La verdadera vanguardia de la sociedad, ese 15/ 20 % que está dispuesto a movilizarse ya, ni se deja sustituir ni puede ser confundida con los estados mayores de las viejas estructuras políticas dispuestos a sustituir a los demás. Gracias a esa nueva vanguardia social encabezada por la generación joven de las clases subalternas, dominadas por el capitalismo, hemos visto recuperar la voz a la sociedad democrática, subalterna, al pueblo –al demos-. Convocadas a la lucha antiimperialista , se han vuelto a movilizar las generaciones de la lucha antifranquista, lo que revela que los sectores sociales que lucharon por las libertades, fueron derrotados pero no están vencidos. Hay que mejorar el análisis sobre el bloque social que se ha expresado en la protesta contra la guerra y por un orden internacional justo. Tanto sobre este sector joven como sobre los otros que han comparecido en las movilizaciones. Sí podemos ver que hoy por hoy, la estructuración estable permanente de esta ciudadanía es aún débil. Pero esto también revela un dato nuevo. Tradicionalmente el viejo movimiento obrero y popular alcanzaba cotas altas de movilización en la medida en que existían instrumentos organizativos estables y micro fundamentados, de masas. Ahora, eso que sería muy deseable, aún no existe, pero, sin embargo, el nivel de la movilización es muy elevado. La pujanza del nuevo ámbito social deliberativo construido y la fuerza de la nueva Opinión Pública alternativa, emergente, se basa en la elaboración de opiniones políticas a partir de la información y de intercambios de opiniones informales. Y en la experiencia inmediata que poseen como individuos de la sociedad presente. También en el manejo de nuevas tecnologías informáticas. Esta respuesta ante la información, la capacidad consiguiente de elaborarla, la capacidad para discutirla en grupos informales muestra que este amplio sector popular está intelectualmente capacitado. Estamos ante una situación de aumento de la actividad ciudadana en sus actitudes públicas, y ante la reconstrucción de una nueva Opinión Pública popular, plebeya. El bloque social activo que se dibuja va a crecer, tanto como consecuencia de las afinidades con la población que todavía no se ha movilizado, pero que coincide en sus experiencias generacionales, en sus expectativas, en su sociología, etc., con los sectores movilizados, como por la forma de organizar la movilización, democrática, no autoritaria, inclusiva, no supeditada a las viejas instituciones electoralistas, y también por el éxito obtenido por las movilizaciones que se han desarrollado hasta el presente, razón nada desdeñable. La esperanza de construir colectivamente un mundo mejor –“otro mundo es posible”-, los valores de libertad e igualdad, que han permanecido latentes, pero alentando, en la cultura popular hija de las luchas democráticas antifascistas, han vuelto a encarnarse en un sujeto colectivo, y han vuelto a constituir una fuerza beligerante políticamente. Podemos afirmar que esta es una realidad irreversible. Esto quiere decir que en esa dinámica abierta, el nuevo sujeto social, va a ir desarrollando deliberación y actividad, y va a ir ampliando su capacidad de organización, mediante la inclusión de nuevos sectores; va ir construyendo sociedad civil, reticulando redes democráticas de acción y de control de la actividad en el interior de las estructuras organizadas, ya existentes, de actividad y producción, hoy dominadas por el capital o por el poder político oligárquico, no controlado; va a ir generando experiencia y proyecto político propio, salvo que sea derrotada por la derecha. Pero, para que esta situación nueva que apunta, decaiga o inflexione, es precisa una lucha y un triunfo de la derecha sobre el movimiento. Cosa que no está predicha, ni mucho menos. Por el momento, la derecha, cogida por sorpresa, no puede ni tan siquiera presentar batalla de forma inmediata y eficiente al presente movimiento. Mas, aún en el peor de los casos posibles: la historia es irreversible. El pasado ya no volverá bajo ninguno de los supuestos futuros posibles. Nada volverá a ser como es; como ha sido.

Lo viejo no acaba de morir El demos que se ha movilizado lo ha hecho manifestando firmeza y claridad de ideas en torno a principios de carácter fuertemente moral y político: no a la prepotencia de EUA que trata de imponer su nuevo orden mundial. No a la guerra. Denuncia de los intereses que se ventilan por debajo: el petróleo. Por otra parte, ya el nacimiento del movimiento es el resultado de una conciencia radicalmente anticapitalista, pues surge para protestar y rechazar la “globalización”, esto es la política económica impulsada por el gran capital internacional, que ha consistido en destruir los controles generados desde la Segunda Guerra Mundial para proteger el mercado de trabajo y salvaguardar de la piratería el mercado financiero. El carácter inmediatamente internacionalista del movimiento es otra evidencia que nos habla de la clara conciencia política que poseen sus miembros; el movimiento hace gala de un cosmopolitismo no retórico. En resumen: su nivel de politización y su antagonismo anticapitalista prácticos, no meramente declarativos, son mucho mayores que el de las actuales organizaciones políticas de la izquierda que se amparan bajo nombres de fuerzas políticas antaño gloriosas. El movimiento democrático se ha levantado en lucha por la libertad entendida, de forma relacional, como no dominación, o no supeditación de los seres humanos a la voluntad explotadora y enseñoreadora de la minoría capitalista. Y ha asumido consecuentemente la lucha política directa contra la explotación y la dominación de la sociedad civil a manos de la plutocracia capitalista –la lucha contra el dominium- y la lucha contra el despotismo del poder político desatado que trata de someter por la fuerza militar a la ciudadanía y al mundo entero a sus pretensiones –la lucha contra el imperium-. Se ponen en discusión tanto las relaciones de poder que organizan la economía capitalista como las relaciones de poder que estructuran las instituciones políticas y parlamentarias y las sostienen al margen de la voluntad de la ciudadanía, en manos de oligarquías cooptadas. Esto debe hacer reflexionar a quienes somos miembros de la vieja izquierda sobre nuestro tradicional discurso que insistía en una pretendida inconsciencia de las masas, que faltas de dirección política, no eran capaces de desarrollar criterios políticos fuertes propios. Una movilización contra la guerra imperialista en Irak, o contra la globalización económica, es algo muy alejado de la simple experiencia espontánea de índole salarial, que propugna quejas y reivindicaciones de ese tenor. También ha quedado puesto en entredicho el tradicional expediente que achaca nuestra incapacidad a la influencia de los medios de comunicación que intoxican a las masas: la masividad “intoxicadora” de los medios de comunicación sobre el asunto de la guerra del Irak ha sido flagrante, pero, sin embargo, este hecho ha provocado la irritación de la gente que ha sentido que el discurso era mendaz, cínico y prepotente. La prepotencia política ha movido las conciencias tanto ahora como cuando la cumbre de Barcelona. Existe una muy clara y firme conciencia de repulsa a unas determinadas formas de hacer la política. Queda claro que un amplio sector de la sociedad posee criterios firmes de índole moral-política, y si la vieja izquierda no hemos sabido conectar con ellos es porque nos hemos equivocado. A empezar, por tratar de auto otorgarnos el papel de elite dirigente. La gente movilizada no tiene una particular predisposición en contra de las organizaciones políticas tradicionales de la izquierda, sino que se muestra meramente indiferente y desinteresada hacia las mismas y hacia sus intentos de instrumentalización. Un ejemplo curioso e interesante ha sido la “respuesta” de la ciudadanía movilizada a los intentos de encabezar las manifestaciones por la paz, desarrolladas durante el 15 de febrero, por parte de los partidos y sindicatos. Durante las semanas previas, fuerzas políticas y sindicales que habían estado ausentes de la movilización anterior y de la organización de la jornada de lucha, acudieron al olor del éxito de la movilización y exigieron ocupar con sus personalidades de relieve los puestos de cabecera de la manifestación, plantearon la necesidad de asumir eslóganes, de realizar públicamente determinadas declaraciones, etc. Para la ciudadanía democrática activada, esa gente no existió: las “cabeceras” de “prohombres- y- promujeres” fueron ignoradas, al igual que las consignas oficiales, no como pataleta y en señal de protesta, sino por indiferencia ante algo que se sabe postizo e inerte. Las evidencias que vamos presenciando revelan que la sociedad dispuesta a la respuesta político moral, y a la movilización no se muestra propensa a hacer depósito de confianza en ninguna organización que se auto proponga para gestionar en clave de profesionales de la política la representación de la ciudadanía. Esta ha sido precisamente una de las condiciones que han posibilitado el desarrollo tan desconcertantemente rápido del nuevo movimiento, en los diversos estados y a nivel mundial: el carácter democrático de base del movimiento, y su carácter inclusivo, que trata de unir, de poner de acuerdo mediante la deliberación no prefijada a todos los sectores que se aproximan, y que admite todo tipo de nueva organización o colectivo –“movimiento de movimientos”- sin desconfiar de su carácter previo organizado, sin rechazar los planteamientos que traiga, pero que, a la vez, no contempla la posibilidad de la “negociación” de colectivo a colectivo, sino la deliberación pública, el acuerdo eventual, el desarrollo creativo de nuevas ideas, gracias a la deliberación, y la posibilidad de sostener opiniones diversas en asuntos.

La democracia, una nueva forma de construir un sujeto El movimiento emergente siente la necesidad de mejorar su autoorganización, y va dotándose paulatinamente de formas organizativas estables. A título de ejemplo, en el número de enero de El Viejo Topo, David Catalán daba cuenta con cautela de mejoras de los niveles organizativos del movimiento en Cataluña. En todas partes se discute la forma de dotarse de estructuras estables suficientes y democráticas. Las nuevas formas que estructuren en concreto el bloque social emergente, es decir, el demos o pueblo que lucha por constituirse en poder –en kratos- no pueden ser conocidas por adelantado, ni pueden ser resultado de elaboraciones en laboratorios politológicos. Las formas organizativas serán fruto del debate, de la experiencia política desarrollada por las luchas que se avecinan, de las necesidades sentidas y de la deliberación interna del movimiento. Pero algunas cosas sabemos ya sobre sus trazos futuros, porque son evidencias del presente. En primer lugar, que el entramado que emerge no es un medio, o instrumento al servicio de ninguna fuerza política constituida externa al mismo, porque el movimiento que se está construyendo no es, ni se entiende a sí mismo, como instrumento táctico o puntual al servicio de una estrategia “de parte”, ni como medio organizativo al servicio de la recolección de votos de otras organizaciones políticas. Los fines del movimiento son exclusivamente los que el mismo se va planteando deliberativamente, y su finalidad organizativa es precisamente posibilitar el protagonismo directo de la ciudadanía organizada sobre sus propios actos y sus propias vidas, la reapropiación en el seno de la sociedad civil de su destino político colectivo. Como se comprende fácilmente, para las gentes organizadas en el movimiento, la democracia no es un medio institucionalizado que sirve como procedimiento instrumental para el acuerdo entre individualidades aisladas o colectividades sociales ya preconstituidas, cuyos intereses y deseos están prefijados. Ni es el expediente por el cual nuestras preferencias individuales orientan la gestión pública de las instituciones burocráticas, previamente existentes, del estado y de sus recursos. Ni el instrumento que permite la elección de elites gestoras gobernantes en las cuales delegar la gestión de los asuntos públicos ya preestablecidos mediante la agencia estatal. Democracia es el nombre que se da a la estructuración estable, en la sociedad civil, de un movimiento abierto a la autoorganización de todo ciudadano en su seno y a la deliberación incluyente, con el fin de coordinar la práctica política de los ciudadanos que integran el movimiento. La democracia no es un método, sino una manera de organizar las relaciones entre las personas que integran el movimiento, que se basa en la igual libertad de todos sus participantes. La democracia es un elemento inherente a la existencia del propio movimiento. Veamos esto con un poco más de detalle. El pensamiento humano, la psique, posee un carácter dialógico: la participación de los individuos en situaciones de libre deliberación y diálogo para elaboración de proyectos comunes con el objeto de orientar la praxis de los individuos directamente participantes en el proceso, origina la creación o surgimiento de nuevas ideas y planteamientos antes no existentes. Estas nuevas ideas orientadoras de la praxis tienen en cuenta las objeciones de los participantes, y tienen la capacidad de cambiar las concepciones previas de los mismos. La deliberación libre posee esta cualidad. Por otro lado, la actividad subsiguiente, organizada democráticamente, sin subordinación a la tarea rectora de nadie – la actividad no planeada conforme al esquema de división del trabajo entre quien concibe y quien, sin saber por qué, ejecuta-, genera en los individuos participantes, que deben protagonizar su actividad en la ejecución de los compromisos adoptados, nuevas capacidades y facultades antes no poseídas –nuevas “fuerzas productivas” o fuerzas capaces de objetivación- . La posibilidad de intervenir en la actividad, y conseguir la autorrealización de la persona –el ser humano es un ser práxico- es la matriz donde nacen las cualidades intelectuales, técnicas y morales requeridas por la democracia: la areté –la virtud- de la democracia tiene su nacimiento en la propia práctica democrática. Virtud –areté- es el nombre que en la tradición de la democracia se dio a la moral democrática; y en ésta se otorga prioridad absoluta a los deberes que los individuos ciudadanos tienen contraídos respecto a los asuntos públicos atinentes a su comunidad social. El primer deber es luchar por el bien común de la sociedad, lo que implica deliberar previamente sobre cuál es el proyecto político que favorece el bien común de la polis, y luego ejecutar los acuerdos adoptados. Esta moralidad prioritariamante pública –virtudes públicas contra vicios privados- define una antropología humana. Esta moralidad tiene su origen en la experiencia práxica desarrollada por quienes se comprometen en la praxis del movimiento. Veamos esto un poco más detenidamente: La praxis democrática se puede descomponer analíticamente en una triple actividad: deliberación en pié de igualdad, entre los demás/ ante los demás, mediante el uso público y libre, de la palabra –dokein-; ejercicio de los cometidos previamente acordados, que deben ser llevados a la práctica directamente por los ciudadanos deliberantes, los cuales asumen el compromiso público de ejecutarlos en la medida de sus capacidades –praxis/ prattein-; rendimiento público de cuentas ante los demás, del cumplimiento de los compromisos –léguein didónai-. El deseo de ser apreciado en la comunidad cívica constituida, en el presente, por el movimiento de ciudadanos en el que el individuo se integra, como resultado del cumplimiento de los compromisos adoptados libre y públicamente y por la eficacia en la ejecución de los mismos; el deseo de que se reconozca su derecho a tomar la palabra y deliberar, siendo escuchado con respeto por su saber, intuición y tacto en la previsión de los asuntos políticos –frónesis/ prudentia- e incluso con admiración, no con rechifla, son las experiencias que generan el desarrollo de la moral pública que denominamos Virtud –areté- . La necesidad de reconocimiento social por parte de la comunidad ciudadana activa para el individuo formante de ella es mucho más fuerte de lo que pensamos a primera vista. La nueva personalidad del ciudadano democrático, resultado de su auto desarrollo mediante la actividad, es resultado, en primer lugar, de la actividad socialmente organizada, y de la ayuda de otros. La posibilidad de pervivencia de la nueva personalidad democrática depende de la existencia de la colectividad democrática, sin la cual deja de ser posible la realización del individuo . El reconocimiento hacia la comunidad democrática y el esfuerzo por que se mantenga son evidencias para el individuo. También la verdadera ciudadanía, en el sentido hondo del término que posee en la tradición republicana de la democracia, surge tan sólo de la participación activa en el movimiento. Pues ser ciudadano no es tener garantía de poseer determinados derechos otorgados por el imperium: eso es ser súbdito. Ser ciudadano es “mandar y obedecer por turno” en los asuntos públicos; esto implica que en un hipotético, y futuro, poder político democrático, en el que la ciudadanía ejerza la soberanía, ésta debe desempañar directamente, como mínimo, la facultad legislativa. Por lo tanto, la democracia, esto es, el concreto movimiento de masas ciudadanas, históricamente existente, constituido por el demos, posee un carácter ontológico. Es elemento constituyente, auto creador, que construye al agente social colectivo, al bloque social subalterno organizado que se revela contra su situación de dominio. La práctica ordenada por la democracia es una práctica nueva, constituida conforme a una concepción de las relaciones sociales, en el sentido fuerte del término, basadas en la libertad: la democracia genera una nueva cultura in nuce, allí donde se practica. La democracia construye al propio movimiento como agente social colectivo y solidario. La democracia genera la deliberación colectiva, y da lugar a la práctica directa del movimiento que modifica la situación. Desarrolla experiencia política y saber práctico. Interpela a la inclusión en el movimiento de nuevas individualidades También es el medio que permite la autoconstrucción libre y voluntaria de los individuos participantes en el movimiento que se revela contra su situación de dominio. La práctica democrática es el agente creador de la nueva sociedad, de la nueva cultura y de la nueva antropología individual, allí donde se practique y al nivel más elemental en que se practique. La práctica de la democracia, directamente, por parte de los ciudadanos organizados en el movimiento, es la energía –enérgueia, praxis- que genera la ciudadanía, y construye el demos. Otra característica que apunta en el movimiento, y que es inherente a todo movimiento democrático –esto es: “popular”- es la constitución de un bloque social, que abarca a las diversas clases subalternas, y al que la tradición de la democracia ha denominado precisamente “Pueblo”, o “demos”. El movimiento no se organiza sobre la base de la identidad de lo que nosotros entendemos en la actualidad como una clase social en el sentido actual y estrecho del término, sociológico y a la par obrerista, que las tradiciones socialdemócrata, comunista y anarquista elaboraron tras la derrota de la oleada revolucionaria de la AIT. Lo que vemos emerger es un Bloque Social, formado por una muchedumbre que incluye todos los segmentos sociales subalternos, explotados y dominados por el gran capital, esto es, a la totalidad de la plebe. Este sujeto social hoy en ciernes, que abarca conativamente a la mayoría de la sociedad, es el que ha fraguado siempre, anteriormente, como condición de posibilidad, en los periodos históricos en los que la sociedad se replanteó su propia ordenación social: la Revolución Francesa, la Revolución de 1848, la oleada revolucionaria de la AIT, durante los años sesenta del siglo XlX, la Revolución Europea posterior a la primera guerra mundial, la movilización del “68”/ 71… A esta mayoría social desposeída, explotada y dominada por los plutócratas y potentados del gran capital se le denominó, con lenguaje procedente de la Revolución Francesa, como ya adelanté, “proletariado”; y a la acción encaminada a constituir a todos los segmentos subalternos, plebeyos o populares, en facción confrontada antagónicamente contra la burguesía capitalista, se le denominó la constitución en “clase”. Podemos registrar esto en el memorable análisis histórico de los sectores constituidos bajo el nombre de “clase” durante los primeros cuarenta años del siglo XlX en Inglaterra, que realizó E. P. Thompson , el cual nos revela el carácter de bloque popular organizado que poseía el agente definido como clase. Esta característica, que permite augurar una posible organización del demos, es propia también del actual movimiento. Quienes procedemos de las organizaciones de la izquierda, debemos liberarnos de reservas doctrinarias, de índole economicista, y valorarla como muy beneficiosa. En el modelo organizativo contrario, la articulación previa de las diversas fracciones de la subalternidad de forma separada, fragua identidades segmentarias, que desarrollan las unas hacia las otras intereses particulares confrontados, alimentados por las intelectualidades orgánicas de esos proyectos cuyo modus vivendi depende de la organización estanca de su segmento social y de la desactivación de la participación como medio para conseguir la representación en exclusiva del segmento social. En esas condiciones, se pueden producir negociaciones estratégicas entre los diversos sectores subalternos organizados, pero no una deliberación incluyente de los diversos sectores sociales y de sus problemas y expectativas, capaz de generar, confianza mutua y un nuevo proyecto social común. La organización de todos los segmentos populares, subalternos, explotados y dominados por el gran capital plantea de inmediato el asunto de la hegemonía. Y lo plantea de la forma adecuada: se trata de que el movimiento lleve las deliberaciones creativas, creadoras de nuevo proyecto social, a partir de las experiencias de lucha y de los recursos civilizatorios dominados por los individuos organizados –los saberes o Dynameis, es decir, las fuerzas productivas- hasta sus últimas consecuencias, no de tratar de introducir desde fuera un recetario previamente decidido a partir de postulados afirmados. Pero el debate por la hegemonía social: el desarrollo de proyectos políticos, esto es, de alternativa de sociedad, tan sólo se puede producir como resultado de la organización, la praxis y la deliberación de un movimiento de estas características, semejante a aquellos otros bajo cuya existencia histórica se produjeron situaciones verdaderas de alternativa de sociedad. Una tercera característica del movimiento naciente es su organización transnacional, consecuencia de ese verdadero cosmopolitismo no retórico, que permite al movimiento rebasar sin problemas los marcos estatales y abre la posibilidad de que el nuevo movimiento sea capaz de articular respuestas políticas alternativas en los nuevos ámbitos regionales pluriestatales que constituyen actualmente las nuevas formaciones económico sociales instauradas por el capitalismo. Gracias a la existencia del nuevo movimiento estamos hoy en mejores condiciones de plantear una lucha sin compromisos contra el gran capital en Europa, y de tratar de establecer instituciones políticas que pongan la economía bajo control de la ciudadanía. La izquierda tradicional en la encrucijada Todas estas características que he enumerado son una novedad respecto del inmediato periodo histórico que se ha cerrado. Son prueba de que una nueva cultura política y organizativa se abre paso, como resultado de nuevas experiencias de vida. La propia cultura de los individuos, las nuevas exigencias sentidas por las subjetividades, las nuevas experiencias generadas por el mundo en que se vive, muy en especial las creadas por el capitalismo de la era de la globalización, son elementos cruciales que determinan una nueva época y marcan a las generaciones que se incorporan a la vida política. La estructuración política orgánica de este nuevo sujeto social está por venir, como el propio movimiento. Pero, si se desarrolla tendrá que reproducir las características que posee el movimiento democrático: el eventual proyecto político que surja del mismo tendrá que poseer organicidad. No sirve como inspiración la experiencia política que la izquierda ha desarrollado desde la derrota de la AIT, con excepciones momentáneas abiertas en los periodos de lucha de masas –el periodo de los consejos de los años posteriores a la primera guerra mundial, por ejemplo-. No sirven las formas políticas de los partidos de masas orgánicas de las experiencias sociales del obrero poco culto del mundo fabril estable, hoy ya desaparecido. Hace ya casi cien años, un hombre comprometido con el movimiento democrático revolucionario de su época, el movimiento de los consejos, Antonio Gramsci, escribió: “El comunismo (.) no es sino el movimiento real de rebelión de todo el pueblo trabajador, que lucha por liberarse de la opresión económica y espiritual del régimen capitalista y que, con relación a sus propias experiencias directas, construye los organismos que se revelan más idóneos para el cumplimiento de aquellos fines determinados en cada oportunidad por el mismo desarrollo de la lucha general” . La vieja izquierda ha quedado definitivamente desvinculada de su relación organizativa, directa con las masas sociales, como resultado del nuevo cambio de época impulsado por el capitalismo, que ha deshecho las antiguas bases sociales e identitarias en las que la izquierda se asentaba. A consecuencia de esto, ha perdido el norte, y sigue sin entender nada de lo que está sucediendo. Observa los nuevos acontecimientos con desconfianza e inseguridad. Oscila entre el deseo de convertir el “movimiento de movimientos” en una cantera de voto y el despecho crispado de quien sabe que su interpelación no obtiene respuesta al otro lado. Las dos características en las que se cifra su comportamiento son la comprensión de la política como representación del electorado en las instituciones del estado y la valoración instrumental de los movimientos sociales. Sí se producen incorporaciones meritorias al movimiento de grupos e individualidades, procedentes de la izquierda tradicional, normalmente provenientes de las alas izquierdas de la misma, pero ese es el límite. En otras sociedades hemos visto cómo importantes destacamentos de la izquierda de los años sesenta y setenta se han incorporado lealmente al movimiento democrático emergente y son los primeros en propulsarlo. A tener en cuenta el papel de Refundación Comunista en Italia. Como declaran las tesis presentadas por esta fuerza política realmente democrática -no temerosa del movimiento, sino comprometida muy a fondo con el mismo-, la auténtica vanguardia de la sociedad es el propio movimiento de masas, a través del cual se expresa directamente la ciudadanía. Y el papel del partido, al igual que el de las demás organizaciones y asociaciones cívicas y políticas que sean verdaderamente de izquierdas y pretendan desempeñar un papel histórico, progresista, en el presente ciclo, es promover la autoorganización libre de la ciudadanía en el seno de movimiento. Al principio de este artículo he citado un paso particularmente ilustrador, extraído de una de las importantes obras de Arthur Rosenberg, intelectual y revolucionario comprometido con la oleada democrática que se levantó como consecuencia de la Primera Guerra Mundial. Quiero volver sobre ella para reiterar que la democracia no es un mero expediente electoral. Democracia, es el nombre de un movimiento de masas articulado que es capaz de desarrollar, a partir de la lucha política organizada de la ciudadanía, y de la experiencia consiguiente de la misma, un proyecto, a la vez económico social y de construcción de nuevo poder político. Y para esperanza nuestra, la democracia despunta nuevamente en la historia y en nuestras vidas. Al igual que ocurrió en la época en que Marx y Engels escribieron el Manifiesto, la democracia vuelve a ser hoy “un movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos”.

Valldoreix, 7 de marzo de 2003

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La evolución de la idea de democracia de Rousseau a Robespierre*

JQ Moraes

1. Rousseau y la imposibilidad de la democracia

A tal punto se asoció el nombre de Rousseau con la democracia que incluso los buenos hermeneutas de su obra se resisten a aceptar como algo más que una «boutade» la célebre observación de que «si hubiera un pueblo de dioses, se gobernaría democráticamente. Un gobierno tan perfecto no conviene a los hombres» (Contrato social, lib. III, cap. 4).1 Salinas Fortes, que consagró mucho talento y pasión intelectual al estudio de Rousseau ­estudio interrumpido por su muerte prematura­, mostró claramente esta renuencia en su artículo «El engaño del pueblo inglés».2 Para este autor, la paradójica negativa del gran filósofo de la democracia a considerarla conveniente para los hombres no sería más que una cuestión terminológica:

No podemos decir que Rousseau es un adversario de la ‘democracia’ o siquiera que sostenga una posición escéptica respecto de ella, si le atribuimos a la democracia el sentido ­por cierto diferente al suyo pero más comúnmente empleado­ de otorgar al ‘pueblo’ el poder soberano. La cuestión de las formas de gobiernos es, al fin de cuentas, secundaria.3

Además de ser inaceptable desde el punto de vista de la historia de la filosofía (no se puede discutir el pensamiento de Rousseau dando a las palabras que empleó un sentido «diferente al suyo»), el argumento de Salinas plantea por lo menos dos dificultades de fondo, cuyo examen mostrará que en este caso, como en los otros, no se puede separar la palabra de la idea que denota, ni la forma léxica del contenido teórico, y que, por lo tanto, es necesario tomar completamente en serio la paradoja (y no la «boutade») de la perfección excesiva de la democracia.

La primera dificultad se expresa en el intento de resolver la paradoja con la observación de que la cuestión esencial es la de la soberanía del pueblo, y que la de las «formas de gobierno» es «secundaria». Lejos de ser esclarecedor, el argumento remite al antiquísimo problema filosófico de la relación entre la esencia y los atributos, o, en un lenguaje más actual, entre lo principal y lo secundario. Para Rousseau, la cuestión de las formas de gobierno era tan importante que le consagró todo el libro III del Contrato social. Ya en el inicio del primer capítulo («Del gobierno en general») de ese libro, ilustra con una clarísima metáfora el modo en que entiende la relación entre soberanía y gobierno:

En toda acción libre hay dos causas que concurren a producirla: una, moral, o sea la voluntad que determina el acto; otra física, o sea la potencia que la ejecuta. Cuando camino hacia un objeto, necesito primeramente querer ir, y en segundo lugar, que mis pies puedan llevarme. Un paralítico que quiera correr, como un hombre ágil que no quiera, permanecerán ambos en igual situación. En el cuerpo político hay los mismos móviles: en él se distinguen la fuerza y la voluntad; ésta bajo el nombre de poder legislativo; la otra bajo el de poder ejecutivo. Nada se hace o nada debe hacerse sin su concurso.

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La posguerra de los movimientos

Toni Negri

Si hay algo que la expansión del movimiento contra el liberalismo y su transformación en movimiento por la paz han puesto inequívocamente de manifiesto, se trata del fin de toda ambigüedad de tipo juvenil: el movimiento se ha hecho adulto. La lucha por la paz ha integrado los objetivos contra el liberalismo, ha permitido el reconocimiento de la guerra como un dispositivo feroz de legitimación del poder capitalista. De esta suerte, el movimiento se ha visto obligado a definirse como resistente siguiendo la vía del éxodo, mostrando su capacidad de oponerse a la guerra en el preciso momento en el que se propone la constitución de una sociedad anticapitalista.

Cuando la guerra se convierte en la razón de la soberanía capitalista e imperial, la resistencia es necesaria: la paz, y no la violencia, es la forma de la resistencia, la lucha anticapitalista es su contenido. Es preciso ser claros y explicar que no hay posibilidad de continuar en el éxodo ni de construir nuevas instituciones en el proceso de liberación del capitalismo si no se asume la resistencia (y la capacidad de expresarla) como un tránsito fundamental. La posguerra de los movimientos llega con esta decisión a su madurez. A la par que las multitudes que se han unificado en la lucha por la paz están compuestas de muchas singularidades, sabiendo que las articulaciones y las recomposiciones de estas diferencias se basan en el respeto recíproco y en las decisiones comunes, se plantea igualmente el problema de la resistencia como algo fundamental.

Con la guerra, el golpe de Estado de G. W. Bush se ha esclarecido en todas sus dimensiones y ha expresado los elementos de un proyecto hegemónico del capitalismo mundial organizado por la dirección estadounidense. En el terreno monetario y financiero, a través del golpe de Estado asistimos a la confirmación de que «un dólar es un dólar», de que éste es y sigue siendo una moneda de reserva mundial y de que esta condición no puede ser puesta en tela de juicio. En el terreno de las instituciones jurídicas internacionales (y de sus correspondientes garantías), se proclama que ni los ciudadanos ni el gobierno estadounidenses pueden ser procesados internacionalmente, mientras que, por el contrario, todos los demás ciudadanos y gobiernos pueden ser procesados por el gobierno estadounidense. En el terreno del desarme (y en lo que atañe, en particular, a las armas de destrucción masiva), se dice que Estados Unidos puede desarmar a cualquiera, pero que nadie puede plantear el problema de su desarme. En el terreno de las instituciones internacionales para la promoción y el control de la paz, G. W. Bush sostiene que estas instituciones deben servir a la política estadounidense, pero que los estadounidenses no están sometidos a ellas. Por último, la información: Estados Unidos informa al mundo, interviene en los ritmos biopolíticos y culturales de su reproducción, prefigura lenguajes —sin embargo, todo esto no es recíproco. El golpe de Estado de G. W. Bush confirma y refuerza todos estos principios. Él ha planteado la guerra, así como la capacidad militar de sostenerla y ganarla, como base de legitimación de una nueva soberanía imperial.

Sin embargo, la guerra no ha terminado. Bush se hace ilusiones cuando lo declara desde el puente del portaaviones Lincoln. No ha terminado porque la llegada a Bagdad no pone fin a la guerra, porque una política que se apoya tan sólo en la fuerza militar no puede resolver ningún problema, porque el universalismo democrático (cuya exportación se pretende hacer a través de la guerra) es algo que no se puede imponer unilateralmente. El golpe de Estado de Bush se ha llevado a cabo contra la nueva figura que ha cobrado la soberanía en el mundo global: una soberanía biopolítica que coloca a quien manda y a quien obedece, al empresario y al trabajador, dentro de una relación complementaria aunque no en un plano de reciprocidad: esta sociedad es demasiado compleja para que alguien pueda pretender dominarla por sí solo, Ni mucho menos desde un punto de vista exclusivamente militar. La posguerra consiste precisamente en esto: consiste en el hecho de que la guerra continúa a través de la posguerra. La guerra de los ejércitos ha terminado y, sin embargo, la guerra continúa en forma de acción de policía, de baja intensidad frente a alta intensidad, de administradores y Karzais en vez de generales y Sharons: la intensidad biopolítica no cambia, mientras que la acción policial afecta no obstante a todos los aspectos de la vida. Sin embargo, en ésta, en la vida, se presenta la resistencia y los movimientos resurgen, en primer lugar contra la explotación, luego contra la guerra y más tarde, de nuevo, contra las feroces medidas liberales de organización del mundo, las operaciones de nation-building y, por último, contra la próxima guerra.

Los vencedores en el campo de batalla tienen ahora el pequeño problema del pago de los costes de la guerra: se trata de una guerra que ha costado a Estados Unidos mucho más de lo que el petróleo iraquí podrá restituir en los próximos años. ¿Quién pagará la diferencia? Cuando no salen las cuentas, cuando queda claro que la llamada «guerra por el petróleo» ha sido una guerra por el control estratégico de los recursos mundiales (y que esta guerra no ha concedido), entonces, como se suele hacer en los Imperios, tendrán que pagarla los vasallos. En este terreno vuelve a abrirse la lucha y las consecuencias de la posguerra se revelan más contradictorias aún. ¿Hasta cuándo podrá ser mantenido el dólar como moneda de reserva en el ámbito global? ¿Hasta cuándo las políticas unilaterales de apoyo a la moneda estadounidense, a pesar de la enorme deuda de Estados Unidos con el resto del mundo, se harán sin suscitar oposición?

Ahora bien, también en este terreno un movimiento maduro debe comenzar a desarrollar su propia respuesta. Los golpistas de Washington lo saben. De ahí que estén organizando, además de guerras preventivas contra los «rogue States», guerras monetarias y económicas «preventivas» contra aquellas economías que pueden oponerse a la hegemonía estadounidense. El «Washington consensus», responsable de los desastres de la pasada década, de Indonesia a Argentina, pretende presentarse ahora como un dispositivo dinámico, encaminado ya no sólo a la defensa del orden liberal del comercio y de la redistribución de la riqueza, sino orientado a la determinación de posibilidades de guerra. Así, pues, cabe esperar «ataques preventivos» contra todos aquellos que rechacen el pago de los costes bélicos estadounidenses. La situación está agravándose (antes las pretensiones de Washington) hasta tal punto que los mismos organismos internacionales que hasta hace muy poco erán súcubos de la voluntad estadounidense empiezan a preocuparse. El hecho es que organismos como el FMI o el Banco Mundial ya ni siquiera consiguen dar cobertura a sus operaciones bajo el manto de coherencia de las políticas liberales: están obligados a intervenir en favor del Estado x o y sencillamente para apoyar la aleatoria voluntad de guerra del Emperador, o para encubrir su debilidad política en determinados sectores del tablero mundial. Esperábamos la vuelta del «Big Government» en el ámbito de los Estados nacionales: lo estamos experimentando en el ámbito global, como máquina de la soberanía imperial.

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La Revolució Francesa i nosaltres… que l’estimem tant

Joan Tafalla

Deu anys després del Bicentenari i de la caiguda del mur de Berlin

Escric aquestes linees quan fa deu anys de la caiguda del mur de Berlin i del Bicentenari de la revolució francesa. Fa deu anys del final del “segle curt” ( Hobswann diu que començà el 1914 i que s’acabà el 1989) i ja ha començat el segle XXI a Seattle, amb l’eclossió de la resistència mundial a l’anomenada globalització del capitalisme. Un impasse de deu anys que ha vingut acompanyada de fenomens tant esperançadors com l’insurrecció indígena l’1 de gener de 1994, les movilitzacions obreres de França de desembre del 1995 o la generalització del moviment okupa, del moviment contra l’atur i la precarietat del moviment antifeixista a Europa mentre l’esquerra institucional més o menys clássica es debat entre la perplexitat i la manca de reflexos.

A deu anys, ja es poden fer balanços d’alló que foren i han significat el Bicentenari i la caiguda del mur. Ambdós aconteixements, en la seva esfera, han tingut conseqüències inmediates e importants en el desenvolupament del comunisme.

Voldria compartir amb tu, amable lector, algunes reflexions que durant aquest darrers anys he anat fent, de forma ocasional i dispersa. Les he fetes al fil de l’evolució dels aconteixements i de diverses i desordenades lectures. No poden doncs pretendre l’ambició de la globalitat. Albiro, com Gardel “una esperanza humilde” de que puguin ser una contribució a la nostra reflexió col.lectiva sobre la democràcia, la política i la revolució. Que crec que són temes que ens interesen tant a tú com a mi.

És per això que, a diferencia de Cohn-Bendit que emplea el passat en el títol del seu llibre sobre el maig del 68, jo faig servir el present quan conjugo el verb estimar respecte de la revolució francesa. O simplement, respecte a la Revolució, amb majúscu

1.- El revisionisme històric com a clau de volta ideològica de l’ordre neoliberal

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Una Oportunidad para la Refundación de la Política. – Las 15 tesis presentadas por Bertinotti

Joaquín Miras Albarrán

“…mucho más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pasará el hombre libre…” 1973. Presidente Allende. Radiograma.

Del siete al diez de noviembre se desarrolló en la ciudad de Florencia la reunión europea del Foro Social, previamente acordada en Brasil. En este encuentro masivo, en el que participaron cincuenta mil personas, se combinaron el debate y la deliberación políticas con la movilización a favor de la paz, contra el liberalismo económico y la globalización. En la movilización estricta participó una cifra de manifestantes próxima al millón de personas. De estos acontecimientos el lector del Viejo Topo se encuentra bien informado.

La intención de este artículo es valorar políticamente un acontecimiento acaecido durante el desarrollo de esas jornadas que no tiene precedentes, y que posee una importancia capital para el lanzamiento de una iniciativa práctica de refundación de la política en Europa, tras la liquidación de la misma como consecuencia de la globalización: La difusión del documento político elaborado por  Refundación Comunista, firmado por su secretario general, Fausto Bertinotti, en el que somete a la deliberación pública una plataforma de quince puntos con el objeto de debatir la refundación de la política, y  la reconstrucción de la opción de la izquierda.

Dicha propuesta es un acontecimiento, sin precedentes, necesario y esperanzador, tanto por los contenidos programáticos cuanto por el procedimiento elegido para darlos a conocer, que caracteriza, por sí, la novedad que inspira el documento. Porque las quince tesis son, en primer lugar,  una propuesta política que se hace a la sociedad europea, dando razón del por qué del nuevo marco geográfico elegido. Y, además, porque las quince tesis constituyen un verdadero  manifiesto político. Veamos por qué:

En primer lugar el documento de las quince tesis es una propuesta política que se libra, directamente, a la deliberación de la ciudadanía concernida, que es la europea, a la que se interpela para que lo debata, y en concreto  a aquel sector de la misma que ya se encuentra en actividad cívico política y que, en número importante, se hallaba reunida en Florencia. La singular característica de la opción elegida para abrir el debate es una evidencia ”tácita”, que está tan a la vista que se nos puede pasar por alto.  Los militantes de las diversas fuerzas políticas y movimientos (no caben las fuerzas políticas que no tengan militantes) son considerados, no una colectividad diversa del resto de la ciudadanía, sino como parte de la misma: la parte más resuelta y consciente, eso sí, -por decirlo para fraseando un célebre panfleto librado al debate de la opinión pública democrático revolucionaria en 1848-, que ya ha dado el paso a la praxis política: a la acción ciudadana organizada.

Una vez hecho esto, el texto pertenece a la comunidad interpelada, y poco  podrán hacer las eventuales maniobras cupulares, o de aparato, de determinadas fuerzas de la vieja izquierda para refrenar los efectos del mismo.

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Maximilien Robespierre: la causa del poble

George Labica

De l’igualtat

El poble, "aquesta multitud d’homes dels quals jo defenso la causa" ( abril 1791), i el seus drets: totes les intervencions de Robespierre a la Constituent no tingueren altra finalitat que afirmar aquests drets i proposar la seva constant extensió, la de la pròpia democràcia. A partir de la modèstia dels èxits que va obtenir, es pot mesurar la força de les resistències amb les que s’hagué d’enfrontar. El poble, en tot cas, en tingué coneixement i li va agrair quan li oferí l’ovació, junt a Petion, el 30 de setembre.

L’exigència d’igualtat entre tots els ciutadans està clara en moltes de les seves intervencions. Aquesta exigència crida a l’ Assemblea a respectar la Constitució. És el cas del Discurs sobre l’organització de les guàrdies nacionals (5 de desembre del 90). Robespierre es revolta contra la idea que les guàrdies poguessin ésser considerades com un exèrcit: "Les guàrdies nacionals no poden ésser altra cosa que la nació sencera, armada per a defendre, per necessitat, els seus drets(…) despullar una porció qualsevol dels ciutadans del dret d’armar-se per la pàtria i investir-ne exclusivament una altra part, és doncs violar al mateix temps la santa igualtat que està en la base del pacte social, i les lleis més incontestables i més sagrades de la natura(…) Aquest principi no admet cap distinció entre allò que vosaltres denomineu ciutadans actius i els altres(…). És impossible que les guàrdies nacionals esdevinguin per elles mateixes perilloses per a la llibertat, donat que és contradictori que la nació vulgui oprimir-se ella mateixa". El discurs, llegit als Cordeliers , Sobre la necessitat de revocar el decret sobre la moneda de plata ( abril 91), és encara més eloqüent. El sistema electoral, que limitava el dret de vot als ciutadans que pagaven una contribució directa igual al valor local de tres dies de treball, excloïa tres milions de ciutadans sobre set. Robespierre en fou un adversari resolt. Per tal de revocar la distinció entre "actius" i "passius", ell no es limita a posar, de nou, a l’ Assemblea en contradicció amb la Declaració, si no que invoca les Llums, on es creuen "els camins de la raó i de la natura", fustiga els "rics" i presenta el poble com el garant absolut de la revolució. " Heu fet quelcom per apreciar-lo [ el poble] i per a conèixer els homes, vosaltres que… no els heu jutjat més que des de les idees absurdes del despotisme i de l’orgull feudal; vosaltres que… heu trobat fàcil degradar la major part del gènere humà, pels insults de canalla, de populatxo; vosaltres que heu revelat al món que existien persones sense naixement, com si tots els homes que hi viuen no haguessin nascut; que hi havien persones de res que eren homes de mèrit i que hi havien persones honestes, persones com cal, que eren els més vils i els més corromputs de tots els homes […] . Els abusos són l’obra i el domini dels rics, ells són els flagells del poble: l’interès del poble és l’interès general, el dels rics és l’interès particular; i vosaltres voleu anular el poble i fer omnipotents els rics!". Afegim, de passada, al dossier de la polisèmia de la paraula poble , aquesta rigorosa definició: " Fins aquí, jo he utilitzat el llenguatge d’aquells que semblen voler designar per la paraula poble una classe d’homes separada, a la qual els afegeixen una certa idea d’inferioritat i de menyspreu. Ja és hora d’expressar-se amb més precisió, recordant que el sistema que nosaltres combatem proscriu a les nou dècimes parts de la nació, que esborra de la llista d’aquells que ell anomena ciutadans actius una multitud innombrable d’homes que els prejudicis i inclòs l’orgull havien respectat, distingits per la seva educació, per la seva indústria i inclòs per la seva fortuna". "Poble", per tant, el conjunt dels dominats, mitjana i petita burgesia inclosa. Que Robespierre defensa encara, a propòsit del dret de petició ( 9 de maig del 91), contra Le Chapelier: " L’ Assemblea no pot atorgar el dret de petició de forma exclusiva als ciutadans actius". Ell hi tornarà encara el 29 de juliol del 92: "Per quina fatalitat hem arribat a una situació en que els únics amics fidels de la Constitució, que les veritables columnes de la llibertat siguin precisament aquesta classe laboriosa i magnànima que la primera legislatura despullà del dret de ciutadania? Expieu doncs aquest crim de lesa nació i de lesa humanitat esborrant aquestes distincions injurioses que mesuren les virtuts i els drets de l’home per la quota d’impost". Amb el mateix esperit, ell proposava, el 19 de juny del 91, d’indemnitzar els electors més pobres que sacrificaven una jornada de treball per a assistir a les assemblees electorals. Ell exigia igualment que els magistrats fossin escollits (15 de desembre del 91), que els administradors rendissin comptes ( 28 de desembre del 91), o que la col·lectivitat sencera, i no només els notables, tinguessin dret de votar els impostos ( 7 de gener del 92).

Seguint en el capítol de l’igualtat, la intervenció en favor del dret de vot per a els comediants i els jueus, curiosament barrejats per la Constituent. "Com s’ha pogut oposar als jueus les persecucions de les quals han estat víctimes en diferents pobles? Precisament aquest és un dels crims nacionals que hem d’expiar, tornant-los-hi els drets imprescriptibles de l’home, dels quals cap potencia humana no els podia despullar. S’ els imputa, a més, vicis i prejudicis; l’esperit de secta i d’interès s’exageren; però qué els hi podem imputar , si no son les nostres pròpies injustícies?".

El 9 de maig i el 22 d’agost del 91, Robespierre intervé en favor de la completa llibertat de premsa : "la premsa lliure és la guardiana de la llibertat"; "essent la llibertat de publicar el propi pensament el primer baluard de la llibertat no pot ésser molestat ni limitat de cap manera, si no és en els estats despòtics". Ell, el purità a qui se li posen els pèls de punta front a les publicacions llicencioses i de la venda d’imatges obscenes ( 7 de juliol del 91), dona prova d’una confiança plena: "Deixeu desenvolupar-se plenament les opinions bones i les dolentes, només les primeres estan destinades a romandre".

El 13 de maig i el 24 de setembre del 91, Robespierre, membre de la Societat dels amics dels Negres, fundada per l’abat Gegoire, denuncia amb vehemència el lobby colonial, a qui l’ Assemblea s’aprestava a seguir (i que ella seguirà): "Ho repeteixo: morin les colònies, si els colons volen, per amenaces, forçar-nos a decretar allò que els hi convé als seus interessos".

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Modos petistas de gobernar

Edmilson Rodrigues

El texto que sigue es la aportación de Edmilson Rodrigues, alcalde de Belém do Pará, a la "Conferencia de Alcaldes, vice alcaldes y secretarios municipales del PT" realizada en Brasilia, en julio de 1999. Visión crítica del balance del conjunto de la gestión municipal del PT, el autor habla desde la experiencia de casi tres años de gobierno en la capital del norteño Estado de Pará, en la Amazonia, con una población de 1.400.000 habitantes. El texto fue publicado en: "Governo e cidadania. Balanço e reflexões sobre o modo pestista de governar", de la Editora Fundação Perseu Abramo, São Paulo, noviembre de 1999. Autorizada la publicación por el propio autor, la traducción es responsabilidad de Pep Valenzuela. (Cursiva y comillas son del texto original)

Edmilson Rodrigues es profesor y arquitecto, maestro en planificación del desarrollo. Participó activamente en la construcción del PT y de la CUT en Belém y el Estado de Pará, siendo destacado dirigente del Sindicato de Trabajadores de la Educación y Profesores. Miembro y destacado dirigente de la corriente interna del PT Força Socialista, fue diputado en la Asamblea Legislativa del Estado de Pará entre 1987 y 1995.

Pretendo abordar en este texto algunas cuestiones que considero centrales en el debate partidista sobre concepción y práctica de la gestión pública. En ciertos aspectos, las perspectivas de algunos militantes o agrupaciones son muy diferentes de aquellas que me orientan filosófica y prácticamente, pero hay también un abanico importante de afinidades. Esas diferencias y confluencias, pienso, son de gran importancia para que podamos no solamente reflexionar, sino apuntar hacia una articulación mayor, más sistemática, del PT orientada a la realización de una praxis política que contribuya para afirmarlo como instrumento de construcción de un mundo libre, democrático y feliz, para lo cual las experiencias de gobierno pueden asumir un papel histórico fundamental.

Como punto de partida, hay que preguntarse como concebimos nuestro partido, o sea, si lo concebimos como un instrumento al mismo tiempo construido y en construcción, o como algo ya preparado, acabado, firme en su estructura actual, lo que lo caracterizaría como un partido con un programa, una fuerte y harmoniosa vida orgánica, imbricado en los movimientos sociales más expresivos de la lucha del pueblo y a las organizaciones de la sociedad civil, poseedor de una estrategia claramente definida a la luz de la cual serían determinados posicionamientos tácticos, fuera o dentro de períodos electorales, que enraizasen su concepción del mundo y su proyecto de sociedad.

Ésa no es una concepción que predomine en el PT. Por más que algunas prácticas refuercen la compresión de que el PT es algo acabado y, en ese sentido, orienten una cierta postura arrogante y sectaria de crítica al derecho de los militantes a establecer juicios diferentes sobre determinados aspectos de la vida partidista, inclusive acerca de la acción de militantes del partido que ocupan cargos públicos. El PT, como se puede observar en todos los momentos de su construcción y a través de las resoluciones de sus foros nacionales, es una especie de relación política de fuerzas contradictorias, con un alto grado de unidad, pero importantes diferencias que, al mismo tiempo que lo enriquecen, expresan su característica de partido en proceso de definición estratégica.

A pesar de que esas diferencias que se mezclan profundamente en las referencias filosóficas de los militantes, organizados o no en tendencias políticas internas, sean significativas, no creo que se pueda tratar como antagonismo esa relación de fuerzas que caracteriza al PT, lo que significa que el partido tiene más elementos de unidad que de diversidad. Son concepciones y prácticas diferenciadas y en permanente conflicto. Yo diría que en permanente proceso de construcción, en una relación dialéctica. Y más: en eterno proceso de construcción, en tanto que dure, en tanto continúe siendo históricamente necesario.

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Murió otro de los nuestros: Luigi Pintor

Luigi Pintor murió en su casa de Roma el pasado 17 de mayo de 2003. Nacido en esa ciudad el 18 de septiembre de 1925, sufría de un mal incurable. Su infancia transcurrió en Cagliari (Cerdeña), volvió a Roma donde se acercó al movimiento antifascista clandestino. Hermano de Giaime (muerto en diciembre de 1943 por la explosión de una mina), participó en la guerra de liberación en las filas de los GAP (Grupos de Acción Partisana). Arrestado por la banda de Koch, fue condenado a muerte. La condena fue suspendida en el último instante. En 1943 se inscribió en el Partido Comunista Italiano. Trabajó en l’Unità desde 1946 a 1965 primero como redactor y después como co-director (director Alicata y codirectores Tortorella en Milán y Pintor en Roma).

Entra en el Comité Central del PCI en el X Congreso de 1962, y después deja l’Unità por diferencias con el director Alicata y es llamado a trabajar en la Oficina de Secretaria en la dirección de Botteghe Oscure.

Después del XI Congreso de 1966, en la “depuración” que golpeó a todos los que apoyaron el disenso de Ingrao, fue mandado al “exilio”, en el Comité regional de Cerdeña, allí fue elegido diputado en las elecciones de 1968 (legislatura que duró hasta 1972). En ese contexto, en noviembre de 1969 fue expulsado del PCI con el grupo “Il Manifesto”, junto a Rosana Rosanda, Lucio Magri, Luciana Castellina y Massimo Caprara. En junio de 1969 estaba entre los fundadores de Il Manifesto revista mensual que en abril de 1971, se transformará en diario. Fue director de Il Manifesto diversas veces. En 1987 Pintor volvió al parlamento como diputado de la izquierda independiente.

En 1991 publicó su primera novela “Servabo”, seguido en 1998 por “La signora Kirchgessner” y “Il nespolo” en 2001. Está a punto de salir “I luoghi del delito”. Todos en las ediciones Bollati Boringhieri.

Existen dos compilaciones de sus editoriales: “Parole al vento. Brevi cronache degli anni 80”, 1990, Kaos ediciones y “Politicamente scorretto. Cronache di un quinquennio 1996-2001”, ed. Bollati Boringhierei, 2001.

Por su valor histórico, acta notarial de un recorrido político y cultural de una de las expresiones más inteligentes y aún útiles del comunismo del siglo XX publicamos a continuación el primer editorial que Pintor escribió para Il Manifesto titulado “Un diario comunista” (28 de abril de 1971) y el último que escribió 24 días antes de morir bajo el título “Sin fronteras” (24 de abril de 2003). Entre ambos editoriales 32 dos años de distancia, entre ambos editoriales, la crónica de la extinción del movimiento comunista históricamente existente en el siglo XX. Entre ambos editoriales el convencimiento de que comunismo habrá aunque se extingan los partidos comunistas del siglo XX. Demos la palabra a Luigi Pintor.

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