Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Un instrument de recerca militant. L’enquesta obrera, de Marx als Quaderni Rossi.

Joan Tafalla

“La burgesia no ha de dir la veritat, doncs si ho fa pronunciarà la seva condemna” [1]

F. Engels.

0. Presentació.

Aquesta intervenció pretén emmarcar històricament una pretensió militant: estimular l’aparició d’un grup d’enquesta obrera a Catalunya. Estic convençut de l’interès de l’enquesta obrera com a instrument de recerca militant per a conèixer la realitat dels treballadors. Ho ha estat durant tota la història del moviment obrer i no veig per què ara no hauria de ser-ho. El recorregut històric que proposo pot servir per a copsar alguns elements metodològics que, amb les corresponents adequacions, podrien ajudar per a posar dempeus una iniciativa d’enquesta sobre el precariat en la Catalunya del segle XXI.

Els límits cronològics de la meva intervenció estan justificats únicament en els meus coneixements. Estic en l’inici d’un procés d’informació sobre l’enquesta obrera i en aquest treball he arribat fins a els Quaderni Rossi. Tota la riquesa del moviment italià posterior no l’he treballada de forma suficient com per a exposar-la competentment [2] . De tota manera, espero que els elements metodològics i les reflexions sobre el moviment obrer que segueixen poden ser d’ utilitat en el nostre debat.

1. La Situació de la classe obrera a Anglaterra.

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La encuesta obrera de Karl Marx

Karl Marx, Maximilien Rubel

Destinado a poner en marcha una vasta encuesta sobre la situación obrera en las ciudades y campos franceses, el Cuestionario redactado por Marx en 1880 se proponía recoger una masa de materiales con el fin de compilar una serie de monografías especiales para las diversas categorías, a reunir después en un volumen [1] . Lo que distingue esencialmente esta encuesta de otras que se habían realizado con anterioridad en Francia era su carácter de clase: los obreros eran exortados a describir en primera persona y por sus propios fines su situación económica y social [2] . En un preámbulo Marx insiste fuertemente sobre el aspecto revolucionario y auto educativo de la iniciativa, subrayando que solamente los obreros pueden “describir con total conocimiento de causa, los males que les afectan: […] únicamente ellos, y no salvadores providenciales, pueden aplicar enérgicos remedios a las miserias sociales de las que sufren” [3] .

Las primeras encuestas dirigidas en Francia por iniciativa de las instituciones académicas o del estado estaban, como mucho, impregnadas de espíritu filantrópico: algunas estaban dirigidas contra las tentativas de mutua asistencia de los obreros y contra las teorías socialistas en general, a las que oponían la beneficencia y la caridad de iniciativa clerical o patronal; otras, embebidas de maltusianismo se limitaban a criticar los efectos desastrosos de la industrialización creciente, aconsejando la moderación a los patronos y la calma a los obreros [4] . En su preámbulo, Marx denuncia la actitud inhumana de la burguesía francesa, que tiene todas las razones para temer una encuesta imparcial y sistemática sobre “las infamias de la explotación capitalista”; se desea que el gobierno republicano “ imite al gobierno monárquico de Inglaterra” que no ha temido nombrar comissiones especiales y inspectores de fábrica encargados de indagar “sobre los hechos y fechorías de la explotación capitalista”. Mientras no se producían estas medidas oficiales, los obreros habrían procedido ellos mismos a la edición de Cahiers du travail: “la primera labor que se impone a la democracia socialista para preparar la renovación social”.

La intención profunda que se puede deducir del cuestionario es la de suscitar en los obreros mismos una clara conciencia sobre su condición de seres alienados en la sociedad capitalista y, aún más – como deja entender el preámbulo en una frase lapidaria-, de persuadirlos de ser “la clase a la que pertenece el porvenir”. La encuesta no se debería limitar a la pura información y documentación estadística, aunque las preguntas se refiriesen a los detalles más pequeños de la condición social del trabajador. Los Cahiers du travail no debían parecerse a los Cahiers de doléances del tercer estado, si no constituir, al contrario, una condena sin reservas de un régimen social y económico en el que los obreros no podían esperar ningún remedio sustancial a sus condiciones de vida.

Brevemente, el cuestionario era al propio tiempo, instrumento de educación socialista y estímulo para una acción política que tuviera un fin creativo: la realización del socialismo. El documento estaba dividido en cuatro puntos:

1. Estructura de la empresa y condiciones de seguridad ( preguntas 1-29).

2. Horario de trabajo; trabajo infantil ( preguntas 30-45).

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Cuestionario para una encuesta obrera ( 1880)

Presentación

Ningún gobierno ( monárquico o republicano burgués) ha osado emprender una encuesta seria sobre la situación de la clase obrera francesa. Pero, en revancha, ¡cuántas encuestas sobre las crisis agrícolas, financieras, industriales, comerciales, políticas!

Las infamias de la explotación capitalista reveladas por la encuesta oficial del gobierno inglés; las consecuencias legales que estas revelaciones han producido (limitación de la jornada de trabajo a diez horas, leyes sobre el trabajo de las mujers y de losniños, etc.) han hecho a la burguesía francesa aún más temerosa de los peligros que podría representar una encuesta imparcial y sistemática.

Esperando que podamos obligar al gobierno republicano a imitar al gobierno monárquico de Inglaterra, a abrir una vasta encuesta sobre los hechos y desgracias de la explotación capitalista, vamos, con los débiles medios de los que disponemos, a intentar iniciar una por nuestra parte. Esperamos ser apoyados, en nuestro trabajo, por todos los obreros de la ciudades y campos, que comprenden que únicamente ellos pueden describir con conocimiento de causa los males que soportan; que únicamente ellos, y no salvadores providenciales, pueden aplicar enérgicamente remedio a las miserias sociales que sufren; contamos también con los socialistas de todas las escuelas que, deseando una reforma social, deben querer un conocimiento exacto y positivo de las condiciones en las que trabaja y se mueve la clase obrera, la clase a quien pertenece el provenir.

Estos Cuadernos del trabajo son la tarea primera que se impone a la democracia socialista para preparar la renovación social.

Las cien preguntas que siguen son las más importantes. Loas respuestas deben llevar le numero de orden de la pregunta. No es preciso responder a todas las preguntas; pero recomendamos responder de la forma más abundante y detallada posible. El nombre de la obrera o del obrero que responde no será publicado, a menos que sea autorizado de forma expresa; pero se nos debe facilitar, así como su dirección, para que podemos comunicar con él.

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El trabajo atípico y precariedad como elemento determinante estratégico del capital en el paradigma del devenir postfordista.

Luciano Vasapollo

Introducción

¿Es posible solucionar el problema del desempleo a través de la introducción de nuevas formas de trabajo llamado atípico, es decir flexible o precario?. ¿Es posible solucionar los problemas de subsistencia y de calidad de vida de todos aquellos que viven en pobreza por falta de salario a través de trabajos temporales, precarios, atípicos en general o con muy pocas o casi inexistentes garantías salariales o reglamentarias?

El concepto de flexibilidad del trabajo, la idea de la necesidad de dejar el modelo del “trabajo con contrato a tiempo indeterminado”, son elementos que pertenecen ya a nuestra actual forma de pensar y muchos economistas y estudiosos tratan de declarar que sólo a través de un rápido intercambio de plazas y puestos de trabajo será posible adaptarse a las nuevas reglas impuestas por la globalización y por el nuevo paradigma socio económico productivo.

¿Pero será verdaderamente así?

En este ultimo decenio, el trabajador precario como figura marginal y de “suporte” a la producción, ha adquirido siempre más importancia, convirtiéndose en una componente consistente del mundo del trabajo.

Actualmente es difícil prever su “superación” en el trabajo estable, o su total sustitución; es cierto que las necesidades de estos trabajadores, sobre todo jóvenes, y su tutela se han convertido una cuestión central para cada fuerza antagonista y alternativa del actual sistema libelista.

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Obrerismo

«Operaïsme»[1], en Bensussan – Labica, Dictionnaire critique du marxisme, Paris, Quadrigue – Presses Universitaires de France, 1999.

Movimiento teórico y político italiano, el operaísmo es fundamentalmente activo durante los años sesenta y el comienzo de los setenta. En una época donde el movimiento obrero en crisis está dominado por los debates excesivamente “ideológicos”, el operaísmo se caracteriza esencialmente por proponer un “retorno a la clase obrera”. Se caracteriza por:

1) Un método. – “También nosotros hemos considerado en primer lugar el desarrollo capitalista, y sólo después las luchas obreras. Esto es un error. Es necesario invertir el problema, cambiar el signo, y recomenzar: y el comienzo es la lucha de la clase obrera” (M. Tronti, p. 105). Por lo tanto, no sólo la lucha de clases es el motor de la historia, sino que, sobretodo, la relación es asimétrica. Son los movimientos, siempre visibles, de la clase obrera los que explican los del Capital y de la sociedad capitalista, y no a la inversa.

Esta idea abstracta adquiere su sentido con la introducción del concepto composición de clase. La clase obrera no es una noción mitológica, sino un conjunto construido históricamente. Composición técnica: análisis del proceso de trabajo, de la tecnología, no en términos sociológicos, sino como sanción de las relaciones de fuerza entre las clases. Ejemplo: fordismo y taylorismo existen desde el principio para aplastar la resistencia de los obreros de oficio y de sus sindicatos imponiendo un nuevo tipo de proceso de trabajo. Conviene, pues, analizar en detalle el proceso de trabajo, sus modificaciones, para comprender lo que significa “lucha de clases”: “evidencia” marxista que no lo ha sido más. Composición política: en el seno de la clase obrera ciertas fracciones juegan un papel político menor. La clase obrera no se contenta con reaccionar frente al dominio del Capital, está inmersa en proceso continuo de recomposición política, y el Capital se ve obligado a responder con una continua reestructuración del proceso de trabajo. Conviene, por lo tanto, analizar esta recomposición política, la circulación de las luchas.

2) Un punto de vista global. – Desde los primeros textos de Raniero Panzeri la atención se centra sobre la planificación. El Capital adquiere más relevancia como poder social que procura controlar los movimientos de clase que como propiedad privada. De ahí surge una nueva visión del Estado: ya no es el simple garante, sino el organizador de la explotación, interviniendo directamente en la producción. La forma de Estado es una consecuencia de la composición de clase. Antonio Negri puede así mostrar que el Estado “keynesiano” y, en general, lo que el denomina “Estado-plan” no es otra cosa que la inserción de la Revolución de Octubre en el seno del desarrollo capitalista: el poder obrero es considerado como variable independiente.

3) Un movimiento político. – Si la clase obrera es el motor del desarrollo capitalista, puede igualmente ser, y es, una fuerza de ruptura. En un período de reflujo aparente, en el que se habla de voluntad de integración de la clase obrera, los obreristas predicen, e intentan organizar nuevas luchas impulsadas por una nueva figura: el “obrero masa”, el trabajador no cualificado de las grandes fábricas. Luchas por la igualdad del salario, no como reivindicaciones corporativas, sino como fuerza de ruptura política susceptible de bloquear el sistema y aumentar el poder obrero. El movimiento del 68 será percibido como una confirmación de estas tesis. Existe la posibilidad de ruptura, y por lo tanto de construcción del comunismo (contra el socialismo, forma nueva de desarrollo); pero el Estado puede igualmente imponer su reestructuración, transformando una vez más a las luchas obreras en simples motores del desarrollo.

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Crisis del Estado-crisis

Toni Negri

Parte 1

Para comenzar, resumamos algunos desarrollos de las políticas capitalistas y de estado que parecen caracterizar a los 80. Son sólo aproximaciones, ejemplos que vienen a la mente en forma inmediata: – (1) la transición del ‘estado benefactor’ al ‘estado de guerra’;

(2) el uso ‘negativo’ de la política económica Keynesiana como medio de reactivar un ‘uso’ positivo del mercado;

(3) la reestructuración de los intersticios de la economía (la economía intersticial), involucrando un nuevo ataque contra todo elemento de homogeneidad en la composición de la clase, especialmente en el área crítica que vincula producción con reproducción.

(4) el reatrincheramiento masivo, político y social de una ‘Nueva Derecha’, que apunta, por razones de consenso y productividad, a recomponer la fragmentación de la clase trabajadora en términos de nuevos valores institucionales y estatales.

Dado el pequeño monto de información que tengo a mi disposición (Negri escribe desde la prisión) los siguientes comentarios deben ser tomados como extremadamente provisorios y sujetos a mayor documentación. Aquí están algunos comentarios, bajo cada uno de los encabezamientos arriba listados.

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Ocho tesis preliminares para una teoría del poder constituyente

Toni Negri

A partir de la hipótesis teórica de una crisis de la teoría del valor y por un análisis de la absorción de la totalidad social en el seno de la lógica del Capital, el autor orienta hacia nuevas formas de intervención, con la constitución de una «subjetividad» revolucionaria no determinada según los modos clásicos de concebirla.

La confrontación con el pensamiento de Marx vuelve hoy a ser oportuna. No sólo para constatar cómo hemos cambiado (lo que siempre resulta agradable), sino sobre todo para comprender si y en qué medida puede el marxismo contribuir a la reconstrucción de la teoría social y política. Es un hecho que la crisis del marxismo ha dejado un auténtico, seco déficit de teoría. Algunos, con el marxismo, han tratado subrepticiamente de liquidar las categorías y los problemas que el marxismo «überhaupt» desvelaba: como si la crisis de la doctrina inscrita en Das Kapital eliminase del horizonte del mundo de la vida «el capital». 0 la explotación o la lucha de clases. Pero la realidad económica y social es tozuda: tal vez en otros campos la magia negra consiga modificar el real, pero no en éste. ¿Entonces? Volvamos a situar las cosas. Déficit de verdad de las nuevas lecturas de nuestra realidad político-social, hemos dicho -esta paradoja a la inversa, no podrá sin embargo hacernos fingir que el marxismo es nuevamente capaz de explicar el real, con la única justificación que sus adversarios explican tan sólo sus porciones nulas o menores – no, la crisis del marxismo permanece. Pero nosotros nos preguntamos si el marxismo, aunque agotado como Weltanschaung, no será, como otras veces en su ya larga historia política, capaz así y todo de desplazarse y ofrecer sus categorías modificadas a las modificaciones estructurales importantes del presente, e innovaciones conceptuales a las consiguientes determinaciones epistemológicas. El problema es arduo y el contexto emblemático no es desde luego soslayable mediante expedientes retóricos. Queda el hecho de que el pensamiento marxiano es, pese a todo, muy fértil. Me gustaría pues tratar de provocar aquí el déplacement del cuadro teórico marxiano, en torno a un tema que me interesa mucho: el de la composición de clase. Lo haré de una manera altamente hipotética, y en una forma literaria concisa, ofreciendo a la discusión ocho tesis de un grupo de veinte, redactadas para plantear la base de un trabajo colectivo de investigación. Las ocho tesis que presento se refieren pues al tópico: composición de clase, y se sitúan en un conjunto concerniente a la definición (desplazada) del concepto de valor/trabajo y las consecuencias (desplazadas) que se pueden derivar. De las otras doce tesis me limitaré a dar el enunciado.

Nos ocupamos aquí de ese periodo de la revolución industrial que, a partir de los años en torno a 1848, Marx describe como período de la ‘gran industria’. Marx estudia también el periodo precedente de la ‘manufactura’, que hunde sus raíces en la época de la ‘acumulación primitiva’ y de la construcción del Estado moderno: El interés específico de Marx se dirige sin embargo al período de la «gran industria». El arco de desarrollo de la «gran industria», descrito por Marx en sus orígenes y en los países capitalistas centrales, se ha tensado mucho más allá del horizonte de la experiencia científica de Marx, se ha prolongado de hecho más de un siglo, hasta la revolución de 1968.

Podemos aquí describir sumariamente este gran período de la revolución industrial, subrayando ante todo que se divide en dos fases, y que esta división se sitúa alrededor de la primera gran guerra mundial de 1914-1918.

La primera fase de la «gran industria» va pues de 1848 a 1914. Se caracteriza: 1.- Desde el punto de vista de los procesos laborales: el obrero es atraído por vez primera dentro del mando de la maquinaria y se convierte en apéndice de ésta. La fuerza aquí aneja al ciclo productivo es fuerza trabajo cualificada (período del «obrero profesional»), con cierto conocimiento del ciclo laboral. En cuanto al período de la «manufactura», la composición técnica de la clase obrera se ve ahora profundamente modificada porque el artesano es llevado a la fábrica y su cualificación, antes independiente, se torna aquí la prótesis de una maquinaria cada vez más pesada y compleja; 2. -Desde el punto de vista de las normas de consumo: esta primera fase se caracteriza por la creciente afirmación de una producción de masa únicamente regulada por la capacidad salarial adecuada a una demanda efectiva correlativa, por tanto por el determinarse de una profunda irregularidad del ciclo económico con frecuentes caídas catastróficas; 3.-Desde el punto de vista de los modelos de regulación: el Estado se desarrolla hacia niveles más y más rígidos de integración institucional entre construcción del capital financiero, consolidación de los monopolios y desarrollo imperialista; 4.-Desde el punto de vista de la composición política del proletario: se asiste a la formación de partidos obreros, basados en una organización dual (de masas y de vanguardia, sindical y política), y en el programa de gestión obrera de la producción industrial y de la organización social, según un proyecto de emancipación socialista de las masas. La composición técnica del obrero profesional se traduce aquí adecuadamente en la composición política de la organización socialista. Los valores del trabajo y la capacidad del trabajo productivo de fábrica para dominar y dotar de sentido a cualquier otra actividad y estratificación social se asumen como fundamentales.

La segunda fase del período de la «gran industria» va desde la primera guerra mundial hasta la revolución de 1968. Se caracteriza: 1.-Desde el punto de vista de los procesos laborales: por la nueva composición técnica del proletariado, es decir, por un tipo de fuerza trabajo que se ha vuelto completamente abstracta en relación con la actividad industrial a la que está unida, y, como tal, reorganizada por el taylorismo. Grandes masas de trabajadores, de este modo descalificadas, son introducidas en procesos de elaboración tan alienantes como complejos. Él «obrero masa» pierde el conocimiento del ciclo. 2. -Desde el punto de vista de las normas de consumo: ésta es la fase en la que se constituye el fordismo, o sea una concepción del salario como anticipación sobre la adquisición de los bienes producidos por la industria de masa. 3. -Desde el punto de vista de las normas de regulación: poco a poco se va formando, bajo el impulso de políticas keynesianas (pero también, en general, por la reflexión sobre las crisis cíclicas de la fase precedente), el modelo de Estado intervencionista, para el sostenimiento de la actividad productiva, para el mantenimiento del pleno empleo y como garantía de la asistencia social. 4. -Desde el punto de vista de la composición política del proletariado, mientras se prolongan las experiencias en las organizaciones obreras socialistas (es sobre todo la experiencia soviética la que perpetúa la desastrosa hegemonía política de las viejas figuras del «obrero profesional», convertido ahora en stajanovista!), Se configuran, sobre todo en los Estados Unidos y en los países capitalistas avanzados, nuevas formas de organización. En estas formas de organización del «obrero masa», la vanguardia actúa al nivel de masa, desarrollando las grandes contraseñas del «rechazo al trabajo» y del «igualitarismo salarial», rechazando radicalmente toda forma de delegación y volviendo a apropiarse del poder bajo formas de masa y de base.

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De la transición al poder constituyente

Toni Negri

Futur Anterieur, nº 2, L´Harmattan, Paris, 1990, pp. 38-53

1. El comunismo como objetivo mínimo

A partir del Bersteindebatte, tanto la tradición revolucionaria como la reformista han considerado siempre el socialismo como un periodo de transición entre el capitalismo y el comunismo ( o, según la terminología socialdemócrata, el pos capitalismo) y, por lo tanto, como un concepto independiente el primero y del segundo. Que los socialdemócratas hayan abandonado enseguida el terreno de la utopía para reconocerse como simples administradores de la modernización capitalista es un problema, pero se convierte en el nuestro desde que, por un juego de manos, esta transición que todos llamaban socialismo es hoy definida como comunismo. La responsabilidad mayor de esta banalización de la utopía  proviene sin duda de las ideologías del estalinismo y de los políticos del “futuro radiante”. Lo cual no altera en absoluto nuestro deprecio por los que en la actualidad celebran unánimemente  el fin del comunismo, transformándolo en apología del  estado actual de cosas.Pero volvamos a nuestra distinción. Ni el Marx de La comuna de París, ni el Lenin de El estado y la revolución, han considerado el nunca socialismo como una época histórica: lo han concebido como un periodo de transición, corto y poderoso que hacía realidad la extinción del aparato de poder. El comunismo vivía ya en la transición, como su motor, no como un ideal, sino como una subjetividad activa y eficaz –que se enfrentaba con el conjunto de las condiciones de producción y reproducción capitalistas, reapropiándose de ellas, y podía con esta condición destruirlas y superarlas. El comunismo, en tanto que proceso de liberaciones definía como el movimiento real que destruye el estado de cosas actual.

Durante los años treinta el grupo dirigente soviético consideró el socialismo como una actividad productiva que crea, cueste lo que cueste, las bases materiales de una sociedad en competición  con el ritmo de su propio desarrollo y el de los países capitalistas A partir de este momento, el socialismo no se identifica tanto con la superación del sistema del capital  del trabajo asalariado como con una alternativa socioeconómica, al capitalismo. En el socialismo, según esa teoría sobreviven ciertos elementos del capitalismo: ahora bien, uno de los dos, el Estado, se encuentra exacerbado en las formas autoritarias extremas; el otro, el mercado, se halla ahogado y eliminado como criterio microeconómico  del cálculo del valor. Tanto la posición luxemburguista, que insistía en el proceso democrático, creativo, antiestatal, de la transición, como la trotskista, cuya crítica se refería a la totalidad de las relaciones de explotación en el mercado mundial, fueron destruidas. Lo que ha tenido como consecuencia en el primer caso, la atrofia, después la asfixia mortal del intercambio político; en el segundo el estrangulamiento del socialismo en el interior del mercado mundial, o la imposibilidad de recuperar mediante líneas interiores el impetuoso desarrollo de la lucha de clases antifascista y revolucionaria que en el curso de diferentes épocas se ha desencadenado a escala mundial. Y por más que se insista –y nosotros mismo estamos  profundamente convencidos de ello- sobre el alma revolucionaria de la reforma gorvachoviana, verdaderamente no parece que la Unión Soviética pueda recuperar ya esta función hegemónica en la lucha de clases que la revolución de 1917 le había asignado.

La Plaza Roja ha dejado de ser, desde hace mucho tiempo, y a través de innumerables tragedias, el punto de referencia de los comunistas. Dicho esto, el comunismo vive.Vive allí donde la explotación persiste. Constituye la única respuesta al anticapitalismo natural de las masas. O más bien, cuanto más se reproduce el capitalismo, más se extiende y enraíza dl deseo del comunismo –determinando, por un lado, las condiciones de producción colectiva, por otro, una irresistible voluntad colectiva de reapropiarse libremente de las mismas-. El que, en la orgía actual de anticomunismo, crea sinceramente que la explotación y la voluntad subversiva han desaparecido no puede sino evidenciar su ceguera. Ha llegado por lo tanto el momento de volver a repensar la transición comunista como algo que se constituye  -como pensaban los clásicos del marxismo- en el seno del desarrollo capitalista. Desde los años sesenta, a corrientes críticas del marxismo occidental habían trabajado en ese sentido, sin ilusiones respecto a la Plaza Roja y al socialismo de la pobreza. El comunismo, como objetivo mínimo, constituye desde entonces el único tema de la ciencia política de la y transición. Sobre este punto se han acumulado una enorme cantidad de experiencias y  conocimientos. El método es materialista: sumergir el análisis en el modo de producción actual, reconstruir las contradicciones que se anuncian, bajo figuras siempre nuevas, entre éste y los procesos  los sujetos productivos, criticar la modernidad y sus consecuencias trabajar en la recomposición de las subjetividades  colectivas y sus redes de comunicativas, transformar el conocimiento en voluntad consecuente. Nos encontramos, pues, ante una serie de prerrequisitos del comunismo que viven en nuestras sociedades y que han alcanzado u nivel de madurez sin presentes. Y si la palabra “prerrequisito” asusta e insinúa la sospecha de que confrontáosla realidad con un ideal, don´t wory: Nuestra única teleología es la que extraemos del dicho marxismo “es la anatomía del hombre la que explica la del mono”.

2. La irreversibilidad de las conquistas obreras

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Toni Negri entrevistado por Herramienta

Nuestra revista viene desarrollando desde hace más de tres años una campaña por la libertad del filósofo Antonio Negri, encarcelado injustamente en Italia desde el 1º de julio de 1997. Hoy, junto con la reiteración de este reclamo, queremos acercar al lector la palabra del protagonista.

Este reportaje es parte de una entrevista con Toni Negri que realizaron dos compañeros del Consejo de Redacción de Herramienta en Roma durante el mes de junio del 2000. Con posterioridad se le hizo llegar una serie de preguntas cuyas respuestas nos envió hacia finales de noviembre y que publicamos a continuación.

 

Herramienta: –¿Cuál sería tu evaluación sobre la actualidad de El capital y la importancia de su actualización?

Toni Negri: –El capital de Karl Marx es una obra insuperable desde muchos puntos de vista: bastaría recordar el análisis de la explotación y la teoría del plusvalor. No obstante, Marx no logró desarrollar completamente el plan de su libro: en particular, nos faltan el libro sobre el salario y el correspondiente al Estado. Hoy es posible completar El capital a propósito de la teoría del Estado (construyendo una teoría del Estado imperial –no más simplemente nacional e imperialista– como forma política y jurídica posnacional del mercado global), y a propósito de la teoría del salario (reconociendo claramente que si la productividad del trabajo ya no es más sólo relacionable a la “fuerza de trabajo” industrial sino al conjunto de la “cooperación” social, por lo tanto, el salario debe ser reconocido a todos los que cooperan en la actividad social de producción). Sobre estas bases, es posible también actualizar El capital en sus partes insuperadas, llevándolo a confrontarse con realidades nuevas. Por ejemplo, la teoría del plusvalor: la explotación sigue existiendo e incluso ha aumentado terriblemente, la extracción de plusvalor se ha extendido a una gran parte de la humanidad y ha arremetido contra el trabajo intelectual. Todo esto nos muestra cómo la teoría del plusvalor (mejor que alguna reminiscencia fuera de foco de la teoría del valor clásica) representa, en la actualidad más que en el pasado, la violencia del dominio estatal y la ferocidad de la organización capitalista del trabajo. ¿Por qué hoy más que ayer? Porque actualmente la producción de plusvalor es: a) global, b) esencialmente cooperativa y c) cada vez más inmaterial (intelectual). En consecuencia, cuando muestra que la cooperación social global e inmaterial de los trabajadores es la base fundamental de la riqueza y que, por lo tanto, ella no puede ser apropiada por el egoísmo privado sino que, por el contrario, debe ser comúnmente recompuesta en la potencia de la multitud, el análisis marxiano de la explotación invoca el odio de masas contra el capital y transforma la indignación contra el plustrabajo en una pasión plena de felicidad, portadora de un porvenir positivo.

H: –¿Cómo ves las transformaciones del siglo XX y el rol del Estado?

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