La naturaleza como fuente de inspiración
Jorge Riechmann, Biomímesis. Ensayos sobre imitación de la naturaleza, ecosocialismo y autocontención. Los Libros de la Catarata, Madrid, 2006, 362
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Read moreJorge Riechmann, Gente que no quiere ir a Marte. Ensayos sobre ecología, ética y autolimitación Madrid: Los libros de la
Read moreDos en uno
François Cusset, French Theory. Foucault, Derrida, Deleuze & Cia, y las mutaciones de la vida intelectual en Estados Unidos, Melusina, Barcelona, 2006 (original francés 2003), traducción de Mónica Silvia Nasi, 379 páginas.
La filosofía, dicen, suele ser muy aburrida y los filósofos, dicen también, son una de las especies existentes más soporíferas. Pero no siempre: toda norma, incuso esta misma regla, tiene su excepción. Circula un chiste en “el ambiente” -filosófico, of course- que cuenta Bouveresse en una entrevista con Lucien Degoy y Jérôme-Alexandre Nielsberg (sin permiso, nº 1, 2006, pp. 199-200): “[…] A menudo se dice que, en lo que en los Estados Unidos ha sido llamado “la teoría francesa”, el término “teoría” se utiliza de forma intransitiva: conviene evitar preguntar, de un modo que sería calificado de “positivista”, de qué tipo de hechos, exactamente, la “teoría” constituye la teoría”. Espléndido… aunque algo cruel y en el fondo equivocado: la “teoría francesa” pretende ser teoría de algo, aunque ese “algo” no siempre esté suficientemente delimitado (Cabe preguntarse, eso sí, si no es simple inconsistencia o mera publicidad adjetivar una teoría con un término geográfico-nacional). Barthes señalaba, por ejemplo, recuerda el propio Cusset, que teoría francesa designa cierta discontinuidad, una naturaleza fragmentaria de la exposición, análoga a enunciaciones de tipo aforístico o poético, un combate para agrietar la simbología occidental, ya que la teoría disuelve el significado constantemente y lo excluye como representante de la monología, de la determinación, de todo lo que no da cuenta de la multiplicidad (p. 114).
Otra cosa es que la teoría “francesa” sea una teoría en alguna acepción usual del término o más bien sea un término usado con nuevo significado. Así, la misma definición de Deleuze que abre el volumen: “La teoría es en sí misma una práctica, tanto como su objeto. No es más abstracta que su objeto. Es una práctica de los conceptos, y hay que juzgarla en función de las otras prácticas con las que interfiere” (p. 13), o la que construye el propio Cusset: “la nueva theory, francesa o simplemente “literaria”, de profunda implantación en los departamentos de literatura desde hace treinta años, es misteriosamente intransitiva y no tiene más objeto que su enigma: es, ante todo, discurso sobre sí y sobre las condiciones de su producción –y, por consiguiente, sobre la universidad-. De algún modo constituye el efecto institucional de la desaparición de la literatura como categoría delimitada, de una extensión de su territorio pareja a la de su indefinición” (p. 109). Debo confesarlo: tengo problema con varias pasos de la última definición, aunque debe recordarse que el mismo Cusset habla a veces de la indefinición de la teoría: “No sorprende, pues, que la teoría, a pesar (o quizás a través) de su indefinición, se transforme en objeto de debates universitarios tan impensables en Francia como el que hizo furor en 1982-83 en las columnas de la revista Critical Inquiry bajo el título “Against Theory” (p. 112). El autor llega incluso a establecer, por encima, dice, de la teoría racional de la ciencia occidental (sin aclarar el sentido de este enunciado), una vinculación entre esta theory estadounidense, de base francesa, concebida como práctica de lo indefinido, confusión de fronteras, y la theoria presocrática celebrada por el mismísimo Martin Heidegger:
Read moreGerald Holton, Ciencia y anticiencia. Nivola Libros ediciones, Madrid 2002. Traducción de Juan Luis Chulilla y José Manuel Lozano-Gotor, 220 páginas.
Gerald Holton estudia con pasión y autoridad el papel de la ciencia en la cultura occidental, así como la necesidad de la razón y el conocimiento para que la humanidad tenga futuro.
Stephen Jay Gould
Ciencia y anticiencia reúne seis ensayos de Gerald Holton publicados previamente entre 1989 y 1992 en revistas académicas de epistemología, historia y sociología de la ciencia de la importancia de Isis, Archives internationals d´Histoire des Sciences o Public Understanding of Science. Su autor es profesor de Física y de Historia de la Ciencia en la Universidad de Harvard. Forma parte del comité editorial que trabaja en la publicación de las obras completas de Einstein y es autor, entre otros importantes ensayos, de Los orígenes temáticos del pensamiento científico: de Kepler a Einstein y de Einstein, historia y otras pasiones
Read moreGeorges Charpak y Roland Omnès, Sed sabios, convertíos en profetas
Ed. Anagrama. Barcelona (España), 2005 Traducción de Javier Calzada
Es muy probable que el título de este ensayo produzca temblores (y horrores) en más de un lector. Es posible que si se ojea al azar el volumen y se lee el texto de Jawaharlal Nehru que lo cierra (p. 253), sin tener en cuenta tiempo y contexto -"¿Quien podría permitirse ignorar la ciencia hoy? En cada instante debemos buscar su ayuda… ¡El futuro pertenece a la ciencia y a aquellos que se profesan sus amigos!"-, pueda verse aquí una sospechosísima declaración de cientificismo que parece olvidar a estas alturas de la jugada la otra cara, la cara más amarga de la empresa tecnocientífica; puede uno discrepar de aproximaciones excesivamente rápidas, confusas y poco meditadas (Heidegger, pp. 159-161) -o, por contra, acaso generosas en exceso (Nietzsche, 155-159)-; puede señalarse que algunos pasos hubiera sido necesario argumentarlos con mayor lujo de detalles ("Como ha mostrado el físico Wolfgang Pauli, el mundo de los átomos y su mecánica cuántica son claramente incompatibles con la teoría kantiana de las categorías", p. 154), tesis que parecen coincidir con otras declaraciones poco afortunadas: "Las ciencias necesitan de la prueba para demostrar su grado de fiabilidad, mientras que la filosofía es una montaña de papeles" (Georges Charpak, El País, 16 de abril de 2005), o, en fin, puede parecer impropio de dos inteligencias tan poderosas como las de Charpak (premio Nobel de Física en 1993) u Omnès (físico teórico de relieve) que escriban, negro sobre blanco y sin más matices, que fue "así como Marx imaginó conocer con seguridad los conceptos que describen exactamente la sociedad, así como ciertas leyes que permitirían predecir su curso" (p. 56), aunque puedan ser pertinentes sus críticas a afirmaciones de Althusser en su presentación del libro I de El Capital.
No importa, incluso tampoco importa en demasía la tesis sobre mutaciones -digamos, filosófico-histórica- que sostienen los autores de este ensayo: ha habido tres grandes mutaciones en la historia de la humanidad: la primera fue el comienzo de la era neolítica, hace unos 12.000 años, tras el último período glaciar; la segunda, el surgimiento de la ciencia experimental hace unos 400 años, con la obra de Galileo y Newton, y estamos ahora inmersos en la tercera de ellas. Es igual. Cabe destacar, en cambio, algunas de sus tesis, posiciones y desarrollos. Los siguientes, por ejemplo:
1. Los autores creen que "sin haber penetrado realmente en el significado de la ciencia, no es posible entender nada del mundo moderno que vaya más allá de una comprensión superficial. Esta es la idea básica del presente libro y su razón de ser" (p. 9). No hay posible discrepancia sobre este punto, más teniendo cuenta la perspectiva moral que mantienen: el capítulo 7º, que cierra la primera parte del ensayo, finaliza con una cita de Rabelais: "La ciencia sin conciencia no es más que la ruina del alma" (p. 139).
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Contra el (hispánico) revisionismo histórico.
Bienestar insuficiente, democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país (BIDI). Vicenç Navarro
Anagrama, Barcelona, 2002, 216 páginas.
Read moreActualidad de Robespierre
María Toledano
Rebelión
y si el peligro surge, con sonrisas me dispongo a observar su amenaza
Giacomo Leopardi, Cantos, XXVI
Read moreSiglo XX
Grácil, amargo, áspero, tres anotaciones sobre una autobiografía
Quería la luna, de Pietro Ingrao. Retrato privado de un hombre público. De la clandestinidad antifascista a la larga militancia en el grupo dirigente comunista. De los recuerdos sobre su amada Laura a las preguntas sobre el fallecimiento del PCI.
Rossana Rosanda
Cuando Pietro Ingrao publicó en 1986, su primer libro de poesía (La duda de los vencedores, Ed. Mondadori) más de uno quedó confundido: cómo podía ser aquéllo; era el dirigente comunista más querido, el más firme, el seguro punto de referencia en la crisis del partido, y de repente revelaba una dimensión personal propia tumultuosa e inquietante, que pugnaba por encontrar un espacio en la forma, era como si dijese: no os pertenezco por entero a vosotros, mi comunidad política. Hoy, al volver sobre su vida, (Quería la luna, Einaudi, pp. 376, 18,75 €) aparta de sí nuevamente el icono de líder del pueblo y padre de la patria, de una pieza, el que en la sobrecubierta habla a las masas, de rostro aseverativo y mano levantada en ademán de exhortación. El icono –según dicen sus páginas-, es la cristalización forzosa de una trayectoria, interior y pública, de la cual, en el momento de hacer cuentas, se reordenan prioridades y pesos, y corre un gran riesgo de parecer vanidad. Ingrao sabe que es un hombre público, y se atiene a ello, incluso si acepta ceder algo al halago, pero sopesa sus logros y admite sus errores. Es una vida auténtica. El propio título abre un interrogante. ¿Quería lo inalcanzable o simplemente aquello que quería se ha quedado lejos? La respuesta queda en el aire. Pienso en los versos de Eluard: “Et s’il était à refaire, je referais ce chemin”. Sí, si hubiera que volver a hacerlo, volvería a recorrer este camino”. Con algo menos de ilusión o de arrogancia comunista.¿Y con qué resultado? Su actual camarada de partido, Fausto Bertinotti, no cesa de citar los versos de Kavafis en Itaca: lo importante no es el destino, sino el viaje. Pero el destino da sentido al viaje. El destino de Ingrao es que la revolución de los oprimidos contra la opresión, que está por realizarse, será distinta de como él la imaginó durante su anterior militancia y el sujeto de la misma será múltiple. Como camino, permanece, con todos sus escombros, el leninismo – estalinismo, pareja de sustantivos a los que todavía no se había enfrentado. Y la violencia
Un retiro sin aspavientos
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