Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Un Guión conocido en las reacciones a la manifestaciones por Palestina

Un guión conocido en las reacciones ante la manifestación por Palestina, celebrada en Roma el 19 de noviembre de 2006.

Cinco preguntas para una carta abierta a la “política”, a la información y a los inservibles.

Leyendo los diarios de hoy domingo 19 de noviembre, me parece leer los diarios de hace nueve meses, exactamente del 19 de febrero. Una manifestación de solidaridad con el pueblo palestino que ha sido un éxito, con contenidos claros que han ilustrado los inaceptables acuerdos militares ( en gran parte secretos para el Parlamento) entre Italia y Israel y la vergüenza del embargo aplicado a las víctimas ( los palestinos) en lugar de a los ocupantes que bombardean cada día ( Israel), hubiera sido silenciada o reducida a crónicas en pequeños recortes de periódico. Y en lugar de esto, las primeras páginas y las crónicas dedican amplia atención a esta manifestación pero sólo para dar una imagen

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Antologia de textos de Manuel Sacristan en torno a Catalunya España y el internacionalismo

Manuel Sacristán Luzón

Le dije a López Rodó “Cataluña tiene el complejo de haber perdido la guerra civil”. Replicó él sin ninguna vacilación. “Pues yo soy catalán y tengo la impresión clarísima de haberla ganado.”

                                                Salvador Pániker, Segunda Memoria

                

            (Anti-España, 2). ¡Ay, Dios mío!. Tengo miedo de haberme vuelto tan histérico para ciertas cosas que ya es que no me van a aguantar ni las paredes. Me basta con que se me junte, por un lado, en el rabillo del ojo el tremolar de la más inocente rojigualda, limitándose acaso a celebrar la cobertura de aguas de una obra, por otro, ya de frente a la pupila, un cartel de toros de una corrida en Castellón de la Plana todavía chorreando pegajosos y hasta obscenos goterones de engrudo blanquisucio y, en fin, para rematar, en el oído cuatro o cinco compases de El gato montés o de Marcial, tú eres el más grande, allá en la lejanía para que, literalmente, me prendan fuego cuerpo y alma a la vez en medio de la calle y clame a toda voz, no sé si al cielo, a la tierra o al infierno, como si fuese mi último suspiro “¡¡¡Odio España !!!” (Os juro, amigos, que no puedo más).

            Rafael Sánchez Ferlosio, Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, pp. 42-43.

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Porque el capitalismo es incompatible con la democracia

Pablo G. V.

¿Por qué el capitalismo es incompatible con la democracia? Pablo G. V – 07.11.06

Las palabras tienen dueño aunque la propiedad nunca sea eterna. Dicho de otra forma: el lenguaje y las palabras conforman otro frente en la guerra ideológica de la lucha de clases. En ese sentido, lo que nos dice la realidad es que hemos sufrido la expropiación de la palabra "DEMOCRACIA". El presente trabajo pega 8 tiros democráticos en la cabeza del capitalismo, con el fin de destruir el mito de la democracia dentro del capitalismo.

El también llamado ‘sistema de mercado’, capitalismo para los amigos, o en la intimidad de la burguesía, tiene intrínsecamente una serie de contradicciones antagónicas y estructurales suficientes como para que todo "buen demócrata" se replantee si existe vida democrática dentro del mundo capitalista. A ‘Democracia’, le daremos el significado de poder equitativo entre ciudadanos trabajadores. Estas son las principales contradicciones congénitas entre democracia y capitalismo: 1) Naturaleza plutocrática del mercado capitalista: (1 euro, 1 voto). La desigualdad de rentas tanto salariales como de capital, sin tener en cuenta la contribución social del trabajo y las necesidades personales, ejerce dentro de las relaciones mercantiles-monetarias un desequilibrio de poder adquisitivo que tiene su reflejo en un desequilibrio de poder político por la capacidad del dinero de: comprar voluntades, tener cuotas de poder mediático y por ser medio de ascender en status o clase social. 2) Oligarquía como verdadero partido único del régimen burgués: Es el verdadero centro de decisiones estratégicas en lo político y económico, donde reside la soberanía política en el capitalismo. La clase política y el parlamento son simples mercenarios a su servicio, o al menos, su actividad sólo es libre mientras no toque los intereses de la clase dominante. El gobierno simplemente es una estructura tecnocrática que sigue los impulsos de la oligarquía económica y financiera. 3) Estructura de partidos antidemocrática: Los corruptos partidos burgueses, desde el PP hasta IU, pasando por grupos nacionalistas asimilados al sistema, no se rigen por principios democráticos pues no dejan de ser empresas de marketing del voto que siguen una lógica de arribismo personal y competencia por el reparto del presupuesto del Estado. Muchos camaradas de Corriente Roja hemos vivido, en el pasado, como funciona el que teóricamente es el partido más democrático de España: IU, y hemos padecido todo tipo de ataques a la libertad de expresión y la democracia interna. Están todos dominados por el caciquismo y la corrupción inmobiliaria, como últimamente ha tenido que reconocer el gobierno de ZP por el desorden institucional que está creando. Ese lumpenparlamentariado sólo busca ascender de categoría social como alternativa al mercado laboral. En el caso de IU, cumple además una función de paralización del movimiento popular y de colchón del sistema, como bien decía un editorial del ABC. 4) Lógica del lucro y la competitividad: Entendidas como forma de división y empobrecimiento (absoluto y relativo) económico e intelectual entre la clase social mayoritaria: l@s trabajadores/as, y en beneficio de la clase dominante: los capitalistas. 5) Sociedad mediática, libertad formal y elecciones burguesas: Las arbitrariedades en este capitulo son varias: leyes electorales que no representan el voto real, la estructura mediática no da acceso a los que no tienen dinero para comprar su cuota, la libertad es formal porque es a condición de no usarla, ejemplos hay muchos: Frente Popular en España, Allende en Chile, Chávez en Venezuela,… si el candidato que gana no juega en el equipo de la burguesía, se cambian las reglas del juego (golpe de estado) y gana quien tiene que ganar… 6) Naturaleza imperialista del capitalismo: La necesidad intrínseca de buscar nuevos mercados de venta, buscar mano de obra barata y asegurar la materia prima a bajo precio, así como la competencia interimperialista de burguesías, provoca el sometimiento de pueblos, el enfrentamiento entre los mismos, y a que haya un freno al desarrollo económico del tercer mundo por las alianzas entre el capital imperialista y los sectores locales corruptos y reaccionarios; asimismo las relaciones comerciales internacionales, por el proteccionismo agrario y por el mayor valor añadido de los productos industriales en relación con los agrarios, suponen otro ‘palo en la rueda’ del desarrollo. Mantener el ‘status quo’ de pobreza en el mundo es, obviamente, incompatible con los fundamentos de la democracia. 7) La explotación como realidad invisible del capitalismo: Coloquialmente se suele utilizar explotación como una explotación física, aquí la utilizaremos en sentido económico y sobre la base del análisis de Marx en ‘El Capital’ (la teoría laboral del valor). La plusvalía es la riqueza que generan los trabajadores, por encima del valor de sus salarios, pero que, sin embargo, no tienen derecho a administrar tanto para aumentar sus salarios como para decidir que hacer sobre los fondos de inversión. Así pues, por mucha carcasa democrática, si en las relaciones sociales de producción determinan que la propiedad de los medios de producción va a cargo de los capitalistas, por deducción, los asalariados serán una clase social oprimida y explotada por carecer de poder político sobre la producción (función básica social) y sus beneficios. En consecuencia, sobre una base económica capitalista no puede haber democracia; a lo sumo, puede haber un pluralismo que no choque con los intereses de la clase dominante. 8) La empresa capitalista tiene una estructura interna autocrática: "Todo el poder para el propietario", ese sería el lema que rige en el actual sistema; o si nos ponemos rigurosos por el actual mundo de las sociedades anónimas y el mercado bursátil, quien tenga mayor cuota en el consejo de administración, es quien tiene el poder. Nadie podrá poner en duda que en el tiempo donde los trabajadores venden su fuerza de trabajo, están sometidos a una esclavitud moderna al servicio del propietario. La libertad del trabajador sólo la puede hacer uso para romper el contrato, pero en todo caso, sólo podrá cambiar de una empresa por otra, pero nunca de relaciones de producción. Una libertad sin opciones. Existe un matiz importante, los trabajadores del sector público burgués, que a pesar de no basarse en el lucro privado, también están oprimidos política y económicamente por su carácter antidemocrático y al servicio de las necesidades del orden imperante. Otro caso es el de las cooperativas, que siempre tendrán limitaciones en su supervivencia en el mercado, y si sobreviven, lo más probable es que les engulla el capitalismo, como las cooperativas de Mondragón. A pesar de ir a contracorriente, existen experiencias positivas en el cooperativismo político, como el caso de Marinaleda. Conclusión: Todos los apologistas de la democracia liberal tendrán que contraargumentar estas contradicciones. O más sencillo, que respondan a esta pregunta: ¿Por qué Emilio Botín tiene más poder político que yo, si los dos tenemos el mismo derecho a votar cada 4 años? Desde luego, el capitalismo ha supuesto históricamente un gran avance respecto al feudalismo, pero su funcionamiento interno está basado en el beneficio de una minoría social. El materialismo histórico nos indica que la única clase social que puede tomar el relevo progresista de la humanidad es la clase obrera, con la ayuda del campesinado en países subdesarrollados. Así pues, no hay más conclusión que la de destruir las relaciones de producción que dominan la base económica capitalista, pero eso no es nada fácil, ni se hace por la vía de decretos, ni cae del cielo. La transición al socialismo es un tema que desborda los objetivos del presente artículo, pero que conviene su estudio tanto desde el plano de la voluntad política como del desarrollo natural del socialismo con sus propias leyes internas. En ese sentido, recomiendo a Lenin en sus últimos escritos de las Obras Escogidas y al economista pero no menos bolchevique Nikolai Bujarin en: “Teoría de la transición al socialismo”, “Los problemas de la edificación socialista“, “Testamento político de Lenin”,… Como militante de Corriente Roja, comparto el objetivo de la lucha por el socialismo como proceso revolucionario emancipador anticlasista y antipatriarcal que sea superador del orden institucional burgués y machista, que acabe con el dominio de la nueva feudalidad financiera que nos somete con sus hipotecas; y sobre esa negación, construir una nueva sociedad donde la democracia y el bienestar material esté orientada por los principios de dar a cada cual según su contribución social del trabajo y según sus necesidades. En consecuencia, la lucha por la democracia (no burguesa), es la lucha por el socialismo.

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Tres anotaciones sobre una autobiografia de Pietro Ingrao

Rossana Rosanda

Siglo XX

Grácil, amargo, áspero, tres anotaciones sobre una autobiografía

Quería la luna, de Pietro Ingrao. Retrato privado de un hombre público. De la clandestinidad antifascista a la larga militancia en el grupo dirigente comunista. De los recuerdos sobre su amada Laura a las preguntas sobre el fallecimiento del PCI.

Rossana Rosanda

Cuando Pietro Ingrao publicó en 1986, su primer libro de poesía (La duda de los vencedores, Ed. Mondadori) más de uno quedó confundido: cómo podía ser aquéllo; era el dirigente comunista más querido, el más firme, el seguro punto de referencia en la crisis del partido, y de repente revelaba una dimensión personal propia tumultuosa e inquietante, que pugnaba por encontrar un espacio en la forma, era como si dijese: no os pertenezco por entero a vosotros, mi comunidad política. Hoy, al volver sobre su vida, (Quería la luna, Einaudi, pp. 376, 18,75 €) aparta de sí nuevamente el icono de líder del pueblo y padre de la patria, de una pieza, el que en la sobrecubierta habla a las masas, de rostro aseverativo y mano levantada en ademán de exhortación. El icono –según dicen sus páginas-, es la cristalización forzosa de una trayectoria, interior y pública, de la cual, en el momento de hacer cuentas, se reordenan prioridades y pesos, y corre un gran riesgo de parecer vanidad. Ingrao sabe que es un hombre público, y se atiene a ello, incluso si acepta ceder algo al halago, pero sopesa sus logros y admite sus errores. Es una vida auténtica. El propio título abre un interrogante. ¿Quería lo inalcanzable o simplemente aquello que quería se ha quedado lejos? La respuesta queda en el aire. Pienso en los versos de Eluard: “Et s’il était à refaire, je referais ce chemin”. Sí, si hubiera que volver a hacerlo, volvería a recorrer este camino”. Con algo menos de ilusión o de arrogancia comunista.¿Y con qué resultado? Su actual camarada de partido, Fausto Bertinotti, no cesa de citar los versos de Kavafis en Itaca: lo importante no es el destino, sino el viaje. Pero el destino da sentido al viaje. El destino de Ingrao es que la revolución de los oprimidos contra la opresión, que está por realizarse, será distinta de como él la imaginó durante su anterior militancia y el sujeto de la misma será múltiple. Como camino, permanece, con todos sus escombros, el leninismo – estalinismo, pareja de sustantivos a los que todavía no se había enfrentado. Y la violencia

Un retiro sin aspavientos

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Brasil, razones de la victoria de Lula

Theotonio Dos Santos

Brasil: Razones de la victoria de Lula Theotonio Dos Santos ALAI AMLATINA, 27/10/2006, Río de Janeiro.- En un artículo anterior llamamos la atención sobre la importante victoria de Lula en el primer debate electoral que se realizó para inaugurar la campaña de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil. Los sondeos electorales que se efectuaron posteriormente demostraron esta apreciación. Lula amplió considerablemente su apoyo, pasando del 49% de los votos al 57%, mientras Geraldo Alkhmin redujo sus votos del 41% al 37%. Así vemos que Lula absorbió gran parte de los votos de Heloisa Helena y Cristóbal Buarque (sus opositores desde la izquierda) y Geraldo Alkhmin perdió votos entre sus propios electores. Como vimos, su conducta autoritaria, agresiva y despectiva reveló a gran parte de la población que no lo conocía, su condición de clase que se hizo más evidente cuando Lula definió claramente a su partido como el responsable de la privatización que debería continuar como parte esencial de su programa. Conforme a las declaraciones del ex -ministro de Fernando Henrique Cardoso sería necesario privatizar por lo menos la Petrobrás y el Banco do Brasil para finalmente estabilizar la deuda interna brasileña, por ellos creada artificialmente en función de los pagos absurdos e injustificables en cualquiera manual de economía – incluso neoliberales- de los más altos intereses del mundo para financiar un presupuesto que siempre presentó superávit. La única explicación para la euforia privatista de la derecha son las comisiones y otras remuneraciones asociadas a las ventas de las empresas públicas. Al poner el dedo en esta llaga de la derecha, Lula definió claramente el contenido hipócrita de la campaña de Geraldo Alkhmin a favor de la ética en la política y sus histéricas exigencias de que Lula rindiera cuentas a la población sobre posibles y no comprobados desvíos de recursos del Partido de los Trabajadores, los cuales, se supone, proviene de los recursos públicos. Quedó claro también que el programa de la derecha no ofrece al país ningún cambio significativo y pone en riesgo las políticas sociales en curso, así como la expansión de las exportaciones que se apoya en una política externa por ellos torpemente criticada, así como una política industrial, comandada por el BNDES, que ellos rechazaron en su gobierno en nombre de las mágicas cualidades del libre mercado. Lula presentó también los avances en materia de educación en general y en particular de la educación superior y técnica. Si el ex presidente y profesor universitario Fernando Henrique Cardoso no creó ninguna universidad en el país, el obrero Lula creó 10 y el médico Geraldo Alkhmin deberá seguir a su jefe político que acepta los argumentos del Banco Mundial en contra de la educación universitaria en el Tercer Mundo. La verdad es que sin el clima histérico generado por la campaña contra la corrupción del PT, llena de falsas acusaciones, mientras la policía federal y la justicia no llegan a resultados concretos, la derecha, no solamente en Brasil sino en toda América Latina, tiene muy poco que ofrecer. Sus representantes asumieron el poder autoritariamente a través de los gobiernos militares en las décadas del 60 y el 70 y dejaron un rastro de estancamiento del crecimiento, concentración de ingreso, exclusión social, dependencia y falta de perspectiva para nuestros pueblos que no los desean más en el poder por ninguna razón. Alcanzadas las libertades públicas y la democracia, algunos representantes de la derecha alcanzaban victorias electorales a través de falsas promesas de abandonar las políticas neoliberales en las cuales basaron sus gobiernos. Sin embargo, sus candidatos llegaron al poder en el período democrático a través de “golpes electorales” que consistieron en negar el neo liberalismo en las elecciones y practicarlo en el gobierno. Desgraciadamente, lograron incluso embarcar a una buena parte de la izquierda en esta conspiración anti popular. En este nuevo contexto, la campaña electoral en Brasil va adquiriendo un carácter vacío. Si bien es verdad que a la mayoría de la población le gustaría un compromiso más decidido de Lula con una política económica de crecimiento y profundo cambio social, ella ahora sabe claramente que la oposición de derecha tiene muy poco o nada para ofrecer. Existe incluso la fuerte convicción de que un gobierno de derecha retomaría el asalto a la propiedad pública, los altos intereses, el recorte de los gastos sociales, las aventuras económicas neoliberales. En el último debate, Alkhmin cambió de táctica para bajar el tono agresivo que tantos votos le restó, según los sondeos, y convirtió su discurso en un aburrido y mediocre programa de gobierno, sin convicción, sin fundamentos, sin sinceridad. Todo indica, por lo tanto, que Lula camina hacia una victoria merecida. Él supo apuntar a las llagas del adversario y mostrar los avances modestos pero importantes que realizó en el gobierno. Falta solamente que vaya hasta el final y recoja la voluntad de cambio de nuestro pueblo y el sentimiento de que esta es la oportunidad ideal para salir del atraso y del subdesarrollo. Lula puede despertar otra vez las enormes esperanzas que logró representar en su primera elección. El país está listo para atravesar este camino con el apoyo de toda América Latina. – Theotonio Dos Santos es profesor titular de la Universidad Federal Fluminense (UFF) de Río de Janeiro, Director de la REGGEN www.reggen.org.br

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Brasil: El derecho a la fiesta y a la lucha

Emir Sader

Brasil: El derecho a la fiesta y a la lucha Emir Sader ALAI AMLATINA, 30/10/2006, Rio de Janeiro.- Hace exactamente cuatro años atrás celebrábamos –muchos de nosotros en la Avenida Paulista y otros tantos en el resto de Brasil y en el exterior-, por fin la victoria de Lula, la victoria del PT, la victoria de la izquierda. Nos encontrábamos con tanta gente que exteriorizaba, en las lágrimas, en los gritos, tantas cosas reprimidas, que venían de lo más profundo: el recuerdo de los compañeros que no pudieron celebrar con nosotros el fin de las frustraciones acumuladas y que un gobierno, que había despedazado el país, terminaba por fin derrotado aquel día. Celebrábamos, pero con un trago amargo en la garganta. Sabíamos que era nuestro gobierno, pero alguna cosa se nos escapaba. Ganábamos, despedíamos al gobierno Fernando Henrique Cardoso (FHC) con su derrota – lo más importante en aquel momento -, pero se cernían sombras sobre la victoria, que indicaban que ella se nos escapaba. De la “Carta a los brasileños” a “Lulita, paz y amor”, de Duda Mendonça a Palocci, y – confirmando tristemente las sombras, Henrique Meirelles-, algo nos indicaba que nuestra victoria no era necesariamente nuestra victoria, la victoria de la izquierda, la victoria del anti-neoliberalismo, la victoria del “otro mundo posible” por el cual habíamos luchado tanto tiempo. Habíamos luchado contra las privatizaciones, habíamos luchado contra las (contra) reformas neoliberales, de menos Estado, menos políticas sociales, menos reglamentación, menos derechos laborales, menos empleos formales, menos soberanía, menos esfera pública, menos educación pública, menos cultura pública. Habíamos luchado contra la cesación de los derechos de los trabajadores, de los jubilados, de los trabajadores sin tierra, de las universidades públicas, de la salud pública. Habíamos resistido y en aquel día sentíamos que, a pesar de todo lo que se había dilapidado del país, habíamos derrotado al proyecto neoliberal de FHC, habíamos triunfado. El día de la posesión y del discurso de Lula en Brasilia parecía el punto de llegada de más de una década de luchas de resistencia, en las que Brasil se había vuelto depositario de las esperanzas de la izquierda de todo el mundo. El Brasil de Lula, del PT, del MST, de la CUT, de Porto Alegre, del presupuesto participativo, del Foro Social Mundial. Nuestras desconfianzas se confirmaron con más rapidez de lo que suponíamos. Henrique Meirelles, la continuación de las tasas de interés y el superávit primario, constituían las puntas de un iceberg más profundo: la continuación del modelo económico heredado de FHC. Al principio, se la llamó la “herencia maldita”. Pero no fue abierta como paquete, para mostrar al Brasil deshecho y rehecho como Bolsa de Valores en las manos de los tucanes-pefelistas, el Brasil de la privatización de la educación y de la cultura, el del mayor escándalo de la historia del país con la privatización de las estatales – saneadas con el dinero público del Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social (BNDES), para luego ser vendidas a precios ridículos de nuevo con recursos públicos del BNDES. En nombre de la superación de esa “herencia” nos fue impuesta una (contra) reforma de las pensiones, que desató un fatal desencuentro entre los movimientos sociales y el gobierno, porque señalaba el camino de “reconquistar la confianza del mercado” a expensas de los derechos sociales de los trabajadores. Nuestro gobierno hacía lo que se llegó a decir que haríamos, “lo que FHC no había tenido coraje de hacer”, sin decir que era porque no tuvo fuerza, por la resistencia que le opusimos. No tardó mucho para que el modelo –denominado al comienzo la “herencia maldita” – fuese perennizado, con el mantenimiento de las tasas de interés reales más altas del mundo, con un superávit primario más alto que el definido por el FMI, con la dictadura de las “compensaciones” de recursos a cargo del equipo económico, que pasó a tener el poder de definir cuantos recursos se destinarían (o no) para las políticas sociales, cuál sería el aumento posible del salario mínimo y todo lo que debería ser la referencia central del gobierno, para poder cumplir la “prioridad de lo social”, aspecto por el cual había sido elegido. De esta manera se perpetuó el modelo, luego se afirmó que esto era el mejor, se agradeció al antecesor de Lula por la herencia – a partir de allí rebautizada de bendita – que había dejado y se afirmó que “si yo tuviese diez años, diez años mantendría este superávit primario”. Acompañaba a esta política, un discurso desmovilizador, de auto-complacencia, que no señalaba cuáles eran los adversarios, los que habían generado el país más injusto del mundo, que llevó a Lula a la Presidencia para redimirlo y no para mantenerlo. Nunca sentimos tanta amargura. Porque una cosa era ver al país despedazado por los que nos habían derrotado, otra era ver un equipo en el Banco Central, completamente ajeno a toda la tradición de los economistas del PT, atribuirse el derecho de predominar sobre lo dio notoriedad al PT: sus políticas sociales. Otra cosa era ver a los grandes empresarios imponer sus intereses ligados a los agro-negocios-exportadores, de diseminación de los transgénicos, sobre los de los sin tierra, la reforma agraria, la economía familiar, la autosuficiencia alimentaria en nuestro gobierno. Otra cosa era ver a las radios comunitarias reprimidas en lugar de ser apoyadas, la prensa alternativa sobrevivir a duras penas, mientras el gobierno continuaba alimentando a los grandes monopolios anti-democráticos de los mass media privados. Otra cosa era ver a los softwares alternativos subestimados o excluidos en favor de los grandes lobbies de las corporaciones privadas. Todo eso, por nuestro gobierno. Fue duro, fue muy duro. Quizás hubiese sido más fácil – si todo fuese pensado desde el punto de vista de la biografía individual de cada uno – haber roto, haberse ido, haber dicho todo lo que lo gobierno merecía oír, en todos los tonos y sonidos. Pero habría significado decir que habíamos sido irremediablemente derrotados, que todo lo que habíamos hecho en las décadas anteriores había desembocado en una inmensa derrota. Habría significado abandonar las trincheras de lucha que habíamos construido con tanto esfuerzo y sacrificio. Ganas no faltaban. En ciertos momentos habría sido mucho más fácil dejar que corran sueltas las palabras, adherir a la teoría de la “traición”, refugiarnos en las denuncias y abandonar la posibilidad de construir una alternativa concreta. Como si no fuese suficiente todo eso, vinieron los “escándalos”: Waldomiro Diniz, Roberto Jéferson, el "mensualazo", las “sanguijuelas”: cada uno como un nuevo puñal en nuestro corazón. La imagen ética del PT, construida como la niña de nuestros ojos, era revertida. Nos volvíamos el partido de los “mayores escándalos de la historia del país”. La palabra “petista” pasaba a ser revestida de una imagen de desconfianza y de “corrupción”. Nada peor podía acontecer a un partido que había nacido, crecido, fortalecido y se había vuelto victorioso con las banderas de la “justicia social y de la ética en la política”. No éramos fieles ni a la una ni a la otra. Sin embargo no nos fuimos. Nos quedamos. Seguimos intentando encontrar los hilos para retomar el camino del que nos habíamos desviado. Sabíamos que los grandes enfrentamientos todavía estaban por darse. Sabíamos que nuestra política externa era la correcta y se había vuelto esencial para el continente, ahora lleno de gobiernos progresistas, como nunca en la historia de América Latina. Sabíamos que nos podíamos enorgullecer de Petrobrás – que casi se había tornado en Petrobrax en las manos criminales de los tucanes -, de la autosuficiencia en materia petrolera, de que una de las mayores empresas del mundo había alejado a Brasil de la crisis del petróleo a través de una tecnología de investigación y extracción de petróleo en aguas profundas, con tecnología nacional y pública. Sabíamos que la privatización en la educación, que había hecho proliferar facultades y universidades privadas como verdaderos centro comerciales que vendían educación como Big Mac, había terminado. Que se fortalecían las universidades públicas, que pasábamos a tener, por primera vez, políticas públicas de cultura, abiertas a la creatividad y a la diversidad popular. Que Lula no era FHC, que el PT no era el PSDB. Que los movimientos sociales no eran ya criminalizados y reprimidos. Que la relación con Venezuela, Bolivia, Cuba, Argentina y Uruguay era de hermandad y no de prejuicios de quien mira hacia el Norte y hacia fuera. Que el ALCA había sido quebrado y derrotado por nuestra política externa. Que Brasil había sido el principal responsable de la reaparición del Sur del mundo en el escenario internacional con el Grupo de los 20 y las alianzas con Sudáfrica e India. Que las políticas sociales del gobierno, pese a no ser las que históricamente habían caracterizado al PT, cambiaban, por primera vez las manecillas de la desigualdad – la mayor del mundo, el mayor desafío de la historia brasileña – en el sentido positivo. Que no solo por solidaridad con la amplia mayoría de los brasileños – pobres, miserables, excluidos, discriminados, humillados y ofendidos secularmente -, teníamos que valorizar esas políticas sociales. Nos quedamos también porque sabíamos que irse sería volver a caer en la vieja e infértil tentación del refugio en el doctrinarismo, camino justamente que el PT se había propuesto superar. Ello sería reanudar el viejo circulo de Sísifo, interminable proceso de avances, victoria, “traición” y reanudación de la resistencia. Como una tragedia griega que había condenado a la izquierda a tener razón, pero siempre a ser derrotada A tener vergüenza y desconfianza de la izquierda que triunfa. De los desafíos que la construcción de una hegemonía alternativa pone frente a nosotros. Valió la pena habernos quedado, haber continuado en la lucha, haber creído que este es el mejor espacio de lucha, de acumulación de fuerzas, de construcción de alternativas para Brasil. No porque hayamos triunfado en las elecciones. Claro que también por ello. Porque derrotamos al gran monopolio privado de los mass media, demostrando que es posible e indispensable construir formas democráticas de expresión de la opinión pública, quitándola de las manos oligopólicas de las cuatro familias que se creían dueñas de lo que se piensa en Brasil. Claro que porque derrotamos el bloque tucano-pefelista – y de carambola mandamos a la jubilación política a Tasso Jereissatti, a la ACM, Jorge Bornhausen, a FHC -, derrotamos la derecha. Pero sobre todo porque recuperamos la posibilidad de construir ese “otro Brasil”, camino que parecía clausurado por tanto superávit fiscal, tasas de interés exorbitantes y tantas denuncias. Nos recuperamos, en especial en la segunda vuelta, porque llamamos la derecha, derecha. Hablamos un poco de las desgracias que ellos causaron a Brasil: por fin abrimos el dossier de la “herencia maldita”. Criminalizamos las privatizaciones, posibilitando que apareciese a la superficie la condena mayoritaria de los brasileños a un proceso embellecido y sacralizado por los mass media y por los emisarios del gran capital privado dentro de ella. Porque apelamos a la movilización popular, porque hicimos una campaña de izquierda en la segunda vuelta. Porque comparamos el gobierno de ellos con el nuestro que, incluso con todas sus flojeras, se mostró incuestionablemente superior al de ellos. Fue eso lo que triunfó. Triunfamos por lo que cambiamos, no por lo que mantuvimos. Ganamos porque nos mostramos diferentes y no iguales a ellos. Celebramos ahora de nuevo, en la Avenida Paulista y en muchos otros sitios y sobre todo en esos millones de casas de beneficiados de la Bolsa Familia, de la electrificación rural, de los microcréditos, del aumento del salario mínimo, que sobre todo los dignifica, al sentirse tomados en cuenta y representados. Es en esas casas donde nunca se dudó que este gobierno es mejor que todos los otros. Que nos habían dado la lección de la tenacidad y de la resistencia contra las campañas terroristas de los mass media. Celebramos con el mismo trago amargo en la garganta, pero con esperanza y con más confianza. Celebramos el derecho de tener otra oportunidad. Celebramos la fuerza que conseguimos construir y reconstruir. Celebramos el derecho de salir de la política económica conservadora que impidió el crecimiento económico y que podría bloquear la extensión del crecimiento social en caso que perdure la dictadura de las “compensaciones” de recursos. Celebramos el derecho de desterrar esa maldita expresión – “compensación” – del vocabulario político del gobierno. Celebramos el derecho a reabrir espacios de lucha y de esperanza que nuestros errores habían amenazado con cerrarlos. Celebramos porque conseguimos salvarnos de una derrota que habría condenado a la izquierda – y con ella, al país – a muchos años de nuevos retrocesos. Celebramos porque bloqueamos la posibilidad de regresiones en América Latina y seguimos sumándonos a los procesos de integración. Celebramos porque en este momento firmamos un acuerdo con Bolivia, demostrando que el camino del diálogo y del entendimiento con los países amigos es el camino correcto. No fue fácil mantener la dignidad y esperanza, incluso durante la campaña. Pero resistimos, con dignidad, hasta que triunfamos. Y reconquistamos el derecho a la esperanza. Sobre todo en la segunda vuelta, con una campaña de izquierda, de reivindicar el Brasil que queremos, señalando los enemigos de un Brasil justo y solidario: las fuerzas políticas, mediáticas, económicas, las elites tradicionales. Ganamos el derecho a luchar, a luchar por un gobierno que por fin promueva la prioridad de lo social, que sea un gobierno posneoliberal, trabaje por la construcción de una democracia con alma social. Celebremos, porque merecemos la victoria, a pesar de nuestros errores. Pero para estar a la altura de nuestra victoria, tenemos que hacer de ella una victoria de la izquierda. Una victoria que esté a la altura del emocionante apoyo que el gobierno recibió, a lo largo de toda la campaña, de los más pobres, de los más marginados, de los que constituyen la amplia mayoría de los brasileños, de los que trabajan más y ganan menos. De los que supieron, como nadie, resistir al torrente de propaganda que los mass media difundieron sobre todos. Hacer del nuevo gobierno, ante todo el gobierno de ellos. De todos los brasileños, pero sobre todo de los que siempre habían sido marginados, excluidos, reprimidos, que siempre vivieron y murieron sobreviviendo, en el anonimato, en el silencio, en el abandono. Celebremos, pero juremos nunca más dejar que nuestro gobierno se desvíe del camino del desarrollo económico y social, de las políticas de universalización de los derechos, de democratización de los mass media, de socialización de la política y del poder. Nunca más aceptemos que nuestro gobierno se confunda con el gobierno de los otros, haga y diga lo que los otros dijeron, legándonos la “herencia maldita”. Celebremos y reanudemos la lucha, en condiciones mejores, por ese “otro Brasil posible” que está al alcance de nosotros, del gobierno, del PT, de la izquierda, de los movimientos sociales, de la intelectualidad crítica, de la militancia política y cultural. De esa lucha depende el segundo gobierno Lula, que conquistamos con mucho sufrimiento y tenacidad. Supimos decir “No a la derecha”, sepamos decir “FHC nunca más”, sepamos construir la “prioridad de lo social”, sepamos derrotar a la derecha en todos los planos, sepamos construir un Brasil justo, solidario, democrático y humanista. Para volver a celebrar de aquí a cuatro años, sin tragos amargos, sin desconfianza, con el corazón y la mente orgullosos del país que supimos construir. (Traducción ALAI)

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Remesas, Inmigración y acumulación de capital

Raúl Zibechi

Remesas, inmigración y acumulación de capital Raúl Zibechi ALAI AMLATINA, 17/11/2006, Montevideo.- La banca española intenta captar las remesas de los inmigrantes latinoamericanos, luego de haber amasado enormes ganancias en nuestro continente. Los emigrantes, generadores de la mitad del crecimiento económico de España, se enfrentan a una situación en la que los recursos que generan se pueden convertir en un brillante negocio financiero. La cuestión de las remesas ocupó un espacio importante en la reciente cumbre iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Montevideo, cuyo tema central fue la inmigración. La declaración final señala que los estados deben abstenerse de legislar sobe las remesas ya que se trata de flujos financieros privados. Y, aunque parezca obvio, consideran que no se trata de la ayuda oficial al desarrollo. Pero detrás de las declaraciones oficiales, se libra una sorda batalla por la captación de un negocio lucrativo: en 2005, 169 mil millones de dólares por concepto de remesas llegaron a los países del tercer mundo. Quizá por eso, la declaración de Montevideo señala que “debemos facilitar el envío de remesas, reduciendo su costo y garantizando el acceso a los servicios bancarios”. La propia declaración muestra dónde está situado el debate. Aunque las remesas crecen a un ritmo del 10% anual, en España lo hacen un 30% cada año y una buena parte de ellas tiene como destino América Latina. El 90% de esas transacciones son operadas por remesadoras que cobran costos demasiado elevados para los inmigrantes. Pero desde Europa las cosas se ven de otra manera. Un reportaje del diario El País (14 de noviembre de 2006) luce un significativo título: ”Las remesas sostienen América Latina”. Apoyándose en datos del BID y la Cepal, asegura que el dinero que envían los inmigrantes latinoamericanos a sus países de origen ha crecido, en los últimos 25 años, de mil millones de dólares a más de 50 mil millones anuales. Para cinco países centroamericanos las remesas representan entre el 10 y el 15% del producto interior bruto (PIB), para Bolivia y Ecuador oscilan entre el 5 y el 6%, y superan el 3% en el caso de Colombia. Según el BID, hay 25 millones de emigrantes latinoamericanos en Estados Undios y la Unión Europea, de los cuales la mitad envían remesas. Greg Watson, analista del banco regional citado por El País, sostiene que las remesas son una oportunidad para el desarrollo del país receptor, pero para que eso sea posible “los bancos tienen que ofrecer instrumentos financieros para que ese capital de las remesas se incorpore al sector productivo”, y no como está sucediendo ahora que las familias lo utilizan para “cubrir necesidades básicas”. Un editorial de Joaquín Estefanía en el mismo diario (“La batalla por la captación de remesas”, 13 de noviembre de 2006), hace un llamado a lo que denomina “profesionalización de las remesas”, con la excusa de abaratar los costos. Lo que está sucediendo es una verdadera batalla para que el sector financiero consiga captar parte del dinero de las remesas. Este año, el 40% de los beneficios del BBVA (Banco Bilbao Vizcaya) hasta septiembre proceden de sus filiales latinoamericanas. Sólo en México, el grupo gana más dinero que en España. El 33% de los beneficios del Banco Santander al cierre del tercer trimestre provienen de la misma región, en tanto Telefónica obtiene en América Latina una quinta parte de sus beneficios y un tercio de las ganancias de Repsol vienen de Argentina, Brasil y Bolivia. Si la banca española consigue hacerse con una parte sustancial de las remesas, habrá hecho un negocio redondo. Un informe de Enrique Alberola publicado en octubre por el Boletín Económico del Banco de España, va directamente al grano. La banca española está en buenas condiciones para captar las remesas de los inmigrantes gracias a su “importante presencia en algunos de los países de origen de la inmigración a España, principalmente en América Latina”. Alberola es consciente que buena parte de los inmigrantes latinoamericanos en España eluden enviar sus remesas a través del sistema bancario, y lo hacen a través de empresas remesadoras, por las experiencias de crisis financieras que provocaron la pérdida de sus ahorros. Le faltó mencionar que la banca española fue una de las grandes beneficiadas con la crisis argentina de 2001, en la cual cientos de miles de ahorristas se vieron perjudicados para abultar los beneficios de esos grandes bancos. A la hora de argumentar a favor de la bancarización de las remesas, Alberola es igualmente transparente: “Si las remesas fueran intermediadas en el país de destino por la banca, su efecto catalizador de la profundización financiera sería mucho más efectivo, contribuyendo así de un modo indirecto al desarrollo económico”. En suma, se trata de hacer crecer el negocio bancario que, en el mejor de los casos, puede contribuir a “desarrollar” a las grandes empresas multinacionales que, como Repsol y Telefónica, ya obtienen jugosas ganancias en América Latina. Para cerrar el círculo, hay que atender los datos proporcionados por Miguel Sebastián, director de la Oficina Económica del Presidene del Gobierno español: “Más del 50% del crecimiento económico de los últimos cinco años” se debe a los inmigrantes (El Periódico de Cataluña, 16 de noviembre de 2006). La diferencia entre lo que los inmigrantes reciben por sanidad y educación y otros beneficios sociales, y lo que aportan en concepto de cotizaciones, es de cinco mil millones de euros: el 0,5% del PIB o la mitad del superávit de la administración pública en 2005. La acumulación del capital español, que está situando a ese país entre los más ricos del mundo (la renta per cápita superará a la italiana el año próximo y a la alemana antes de ocho años), sería impensable sin los negocios que realiza en América Latina y sin la explotación de los inmigrantes. Si ahora echan mano de las remesas, habrán dado un paso de gigante en la carrera mundial por apropiarse de una porción destacada del capital mundial.

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O odio de classe da burguesia brasileira

Emir Sader

O MUNDO PELO AVESSO

O ódio de classe da burguesia brasileira

"A gente vai se ver livre desta raça (sic), por, pelo menos, 30 anos", disse o senador Jorge Bornhausen (PFL). Ele merece processo por discriminação, embora no seu meio – de fascistas e banqueiros – é usual referir-se ao povo dessa maneira – são "negros", "pobres", "sujos", "brutos".

Emir Sader

“A gente vai se ver livre desta raça (sic), por, pelo menos, 30 anos” (Jorge Bornhausen, senador racista e banqueiro do PFL)

O senador Jorge Bornhausen é das pessoas mais repulsivas da burguesia brasileira. Banqueiro, direitista, adepto das ditaduras militares, do governo Collor, do governo FHC, do governo Bush, revela agora todo o seu racismo e seu ódio ao povo brasileiro com essa frase, que saiu do fundo da sua alma – recheada de lucros bancários e ressentimentos.

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Los viajes de Carlo Guinzburg

Justo Serna, Anaclet Pons

Los viajes de Carlo Ginzburg.

(Justo Serna y Anaclet Pons)

Publicado en Archipiélago, núm 47 (2002), Carpeta: “Pensar, narrar, enseñar la Historia”, págs. 94-102.

Pregunta[1]. En este mismo número de Archipiélago, se reproduce un artículo suyo de 1994 en el que reflexiona sobre la profesión que ejerce. ¿Añadiría ahora alguna cosa más sobre ese oficio que desempeña, sobre su concepción? ¿Se reafirma en el perfil que allí trazaba?

Respuesta. El oficio que he aprendido es el de historiador. Es un oficio que me complace porque me permite moverme en muchas direcciones. Hay historiadores que conciben su disciplina como si ésta fuera una fortaleza en la que refugiarse; hay otros que la consideran (o al menos la consideraban) como si de un imperio se tratara, como un impero cuyo confines fuera necesario extender. Para mí, por el contrario, es un puerto de mar, un lugar del que se parte y al que se regresa, un lugar que permite encontrar gentes, objetos y variadas formas de saber. Por eso me place. Sin embargo, debo añadir que, cuando me hallo en una biblioteca desconocida, frente a una balda en donde se exponen y se suceden las revistas más recientes, prefiero ponerme a hojear las publicaciones de historia del arte, mientras que dejo para después, para más tarde, los ejemplares de historia.

P. Hemos de admitir que es ésta, la del puerto de mar, una imagen muy bella, porque da idea de libertad y de tránsito intelectual. Pero para concederse esa libertad se necesitan buenos maestros, alguien que tutele con mano firme. ¿Cuáles fueron los suyos?

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