Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Con la mano que acerca el vaso

HAY MÁS DE DOS SIGLOS de arte europeo, sustancialmente religioso, dedicado a la satisfacción y el gozo producido por el dolor         

QUIENES ACUSAN A LOS demás de intransigentes están afectados por el virus de lo políticamente correcto; epidemia contra la que no hay defensa        

13/05/2006  

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El proletariado no pertenece más que a sí mismo

Nicolás González Varela

Autodefensa, Autonomía, Solidaridad    

En torno al 1º de Mayo   

 "El 1º de mayo el proletariado no pertenece más que a sí mismo…   La calle le pertenece a ellos, a ellos solos.   Sin preocuparse de que desfilan en país enemigo,   van radiantes, sin inquietud, seguros del porvenir.   No deben compartir ese día, como los otros días de reposo,   con sus adversarios y enemigos.   Este día les pertenece, es solamente de ellos"  (J- Diner-Dénes, 1907)     ""Qué hemos dicho en nuestros discursos y en nuestros escritos?  Hemos explicado al Pueblo sus condiciones y las relaciones sociales; le hemos hecho ver los fenómenos sociales y las circunstancias y leyes bajo las cuales se desenvuelven; por medio de la investigación científica hemos probado hasta la saciedad que el sistema del salario es la causa de todas las iniquidades, iniquidades tan monstruosas que claman al cielo… Yo creo que el estado de castas y clases, el estado donde una clase vive a expensas del trabajo de otra clase (a lo cual llaman "Orden"), creo y digo que esta forma bárbara de organización social, con sus robos y asesinatos legales, está próxima a desaparecer…  Si creéis que ahorcándonos podrán contener al movimiento, este movimiento constante en que se agitan millones de hombres que viven en la miseria, los esclavos del salario… ¡Ahorcadnos!" 

(Discurso de August Spies, trabajador alemán, ante el Tribunal, 1886)     

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El regreso del «Caimán»

Marco Santopadre

(Roma)   

publicado en el cotidiano vasco Gara del 18 de abril 2006   

En una película del director izquierdista Nanni Moretti, estrenada pocos días antes de las elecciones del 9-10A, a Silvio Berlusconi se le llama El caimán y se celebra su entrada en la cárcel después de ser condenado en uno de los muchos juicios que lo tienen como protagonista. Mucha gente ha pasado horas en las colas para poder entrar en los cines que tenían programada una de las películas italianas más exitosas de los últimos meses. Páginas enteras dedicadas al director Moretti en los periódicos, entrevistas en las cadenas televisivas, debates en las radios… Todo parecía formar parte de un ritual colectivo que sólo podía acabar con la desaparición de un personaje político que todas las encuestas y sondeos daban perdedor, y a mucha distancia, en las elecciones.    

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¡Por fin los jóvenes!

(Corriente Roja)     

En esta exclamación preñada de satisfacción y de esperanza podría resumirse el estado de ánimo de la mayoría de los participantes en la impresionante manifestación por la III República celebrada en Madrid el pasado fin de semana.  Y si hubiese que destacar por encima de todas una característica de esta movilización sería la abrumadora mayoría de jóvenes que irrumpían, en muchos casos por primera vez, en el escenario de la rebeldía y de la lucha. Solo por ver como brillaban sus ojos, llenos de rabia y de deseos de un futuro mejor, hubiera merecido la pena abarrotar las calles de un Madrid que volvía a ser más resistente que nunca.    

Los jóvenes de nuestro país respondieron, sí, y lo hicieron en un momento en el que los más pesimistas insistían en subrayar la diferencia con los franceses: el botellón frente a la lucha por un trabajo digno. En mi opinión las "revueltas del botellón" expresan también un sentimiento de rebeldía, seguramente de una rebeldía primitiva, demasiado primitiva quizás, pero no olvidemos que nuestra historia de luchas tiene poco que ver con la francesa y que no podemos inventarnos grados de conciencia y de organización para nuestros jóvenes. Debemos trabajar con lo que hay, que es lo que, en gran parte, han forjado las organizaciones políticas y sindicales que hasta el momento hemos conocido, además nosotros no guillotinamos a ningún rey….    

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El liberalismo, matriz de la ideología reaccionaria de la contemporaneidad

Joaquín Miras Albarrán

Queridos jacobinos: el jueves, durante la cena que hubo tras el seminario sobre El primer discurso sobre la desigualdad del hombre –“…las artes y las ciencias”- de Rousseau, en un momento dado, hablamos sobre Jorge Verstrynge, debido a  que había publicado una reseña en Viejo Topo sobre los diarios de Goebbels. Hablamos de su evolución política, desde la extrema derecha a la izquierda. Alguien preguntó cómo había sido  posible una evolución intelectual de este fuste; yo al menos, al pronto, no entendí la pregunta. Al día siguiente se me vino a las mientes esta pregunta, y  comprendí de qué se trataba. Era una pregunta de carácter general, y no referida a la persona de la que hablábamos. La pregunta versaba sobre la ideología: sobre los elementos inherentes a las formas de pensamiento de la derecha que posibilitaban evoluciones hacia la izquierda, y no una pregunta sobre la peripecia ideológica de un individuo particular.

Existen en el pensamiento de derechas algunas corrientes intelectuales, que, basadas en la propia experiencia, en las vivencias de los individuos de derechas –es decir, que recogen vivencias reales de personas- son anticapitalistas. Pero no por ello, de entrada al menos, estas formas  de consciencia anticapitalistas sienten una  menor fobia hacia la ‘chusma’, ni son menos ‘distinguidistas’ -la gente distinguida frente a los demás-. El elitismo es el elemento ideológico fundamental del pensamiento de la derecha de todos los tiempos; y este elitismo, la teoría de élites, que es la característica fundamental del liberalismo, se puede ver recogida, a mi juicio, en el texto de Verstrynge. Teoría de elites: Stalin, admirado por el otro coloso del momento: Hitler. Casi el deseo de que el pacto germano soviético, firmado por Molotov y von Ribentrop, se hubiese mantenido y se hubiese desarrollado, y que una coalición germano soviética hubiese batido a las potencias capitalistas occidentales. El cosmos de los grandes titanes individuales contra el de los enanos prosaicos.

Volvamos al plano general histórico actual. Imbuida por esta corriente ideológica de pensamiento, a la vez anticapitalista y antiplebeya, estaba, por ejemplo, una parte muy importante de los fundadores del partido ecologista -el único: el alemán; lo demás son grupillos-: el ex general Gerth Sebastian y los suyos. Las personas de ideología de derechas que experimentan la vivencia de agresión sobre sí mismas del capitalismo, y son, por ello, portadoras de esta otra ideología, a la vez anticapitalista y liberal, es decir, elitista, aunque evolucionan en su forma de pensar, a menudo  se mantienen a medias en su ideología originaria: prejuicios anti plebeyos y pro elitistas. Desprecian el capitalismo por ser destructivo de la civilización y, en consecuencia, por ser destructivo de un mundo cultural conservador y de clase, distinguido, del que proceden. En él  se da un buen gusto admirable, que otros podemos no tener, y en él se defienden los valores de la aristocracia y la distinción personal, que se ven destruidos por el capitalismo. Por ejemplo,  el capitalismo obliga al individuo que desea ser reconocido por los demás en sus méritos individuales y distinguirse por sus cualidades personales y sus capacidades y excelencia, a tragarse esa frustración y a destacar, si es que quiere ser reconocido, sacando la Visa,  a despilfarrar, a vivir en casas como mausoleos, para que se vea en su tamaño, el dinero que posee, a ostentar, etc., etc. El capitalismo no permite al sujeto individualmente culto  e internamente rico ser valorado por sí mismo: este es el mal gusto generado por el capitalismo que los oprobia. La base de la que parte su rechazo anticapitalista es real. Pongamos algún ejemplo concreto de ello: La destrucción de lugares, accesibles antes solo unos pocos, y que una vez masificados -el dinero exige inversión, si se puede montar en algún lugar un hotel en la misma playa, eso se hace; si se puede atraer a millones de turistas, a la playa, aunque se concentren en unos pocos cientos de metros y se bañen en las mismas aguas donde defecan, eso se hace, etc- quedan destruidos. La conducción del coche o, a mi juicio, aún mejor,  tener chofer que lo condujera, posibilidad aristocrática que era un placer de dioses, cuando no había a penas coches: pura y real libertad de ir y venir a su antojo; y que hoy día es una broma infernal: caravanas, retrasos, accidentes, muertes, etc. Estos y otros hechos concretos muestran que la cultura de masas impulsada por el capitalismo y que se basa en la caricaturesca imitación de la cultura aristocrática, tenida como referente de prestigio, resulta inviable y es una burla en la que el individuo que quiere ser reconocido por sus cualidades, aunque proceda de las antiguas clases dominantes, no cabe. Precisamente, personas procedentes de unas clases sociales dominantes, o sencillamente cultas y tradicionales, en las que se había reproducido la expectativa de una vida buena, basada en la idea desarrollo individual y reconocimiento social de sus capacidades, están particularmente capacitados para percibir toda anulación de estas posibilidades que la cultura capitalista actual genera. En lo que hace a estos planteamientos ideológicos, la crítica contra el capitalismo de nuestros días que desarrollan está bien fundamentada: ese tipo de civilización es inviable, y además, condenable. Pero no por ello dejan de concebir el mundo o la sociedad como una realidad en la que unos pocos, los distinguidos, deben ser los señores que dirijan el mundo.

El criterio de demarcación que debemos usar respecto de ellos, para sondear el grado de ideología de derechas aún larvado, son sus prejuicios antiplebeyos, “antichusma”. Si aún  les seducen las ‘grandes personalidades” que liberan a las masas y las educan, dirigen y enseñan -teoría de elites- o no. Pueden haber cruzado la frontera definitivamente: haber superado su ideología e incorporarse a las fuerzas  políticas y movimientos de la plebe, sin más: Por ejemplo, Nino Pasti -‘generale’ del ejército italiano-. Pueden quedarse en su contradicción, anticapitalista y a la vez antiplebeya o elitista, para siempre, o pueden retroceder y que la cabra tire al monte (para entendernos). En el elitismo liberal tradicional está la clave. Si el elitismo liberal es compartido, su ideología es de derechas, a pesar de todo. Pongamos un ejemplo general y anónimo: la “gente bien”, los de “toda la vida”, “los nuestros”, de, por ejemplo, Sabadell, -ciudad donde trabajo-, es decir, los 15.000 que se reconocen entre ellos (reconocimento/ exclusión), para los que los otros 150.000 son invisibles –exclusión-. Si esta gente siente que ‘el poder del dinero y de las finanzas’ –es decir el capitalismo- destruye su cultura y el tejido social que los organizaba, en el que ellos realizaban su vida cotidiana cara a cara entre sí, mediante el que ellos se reconocían, y eso impide ya, por ejemplo, que se pueda ser alcalde y a la vez cantar gregoriano en una coral, etc,  esto hace que elabore, a partir de su experiencia una ideología a la vez anticapitalista y pro minoritaria.

Esta es también la ideología del marqués de Foxá, Agustín de Foxá, el escritor de Madrid de corte a cheka, novela en la que este sujeto,  profundamente deseoso del reconocimiento de su individualidad – era un “original” como nos cuenta en una de sus novelas Curzio Malaparte, quien lo conoció durante la segunda guerra mundial como embajador español en Finlandia, pero no hace falta ser un excéntrico para compartir esta ideología-, fundador luego de la falange española, se aterroriza, se escalofría siente asco y pavor, cuando recuerda una escena que incluye en el comienzo de su libro sobre el 14 de abril de 1931: la chusma madrileña, los harapientos, los jorobados, los pobres, los cojos, los desdentados, invadían la Castellana. Era ‘la masa’; estaba alegre, encima, y reían y se atrevían a salir de los agujeros donde escondían su fealdad y su miseria, de donde nunca debían haberse atrevido a salir, y disfrutaban de la vida.

Lukacs ya había explicado en un libro maldito y condenado por todos como sectario, estalinista y no sé cuántas cosas más, que el liberalismo con sus teorías elitistas estaba en la matriz inmediata del fascismo y del nazismo, y permitía posiciones anticapitalistas o coqueteos anticapitalistas por su aristocraticismo (y el racismo, claro). Me refiero al El asalto a la razón que tradujo al castellano Wenceslao Roces catedrático de derecho romano  comunista. Lukacs siempre supo que había que ir a por los liberales si había que aclarar lo que era la democracia: plebe organizada que se atreve a querer ser soberano. Un abrazo jacobino

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Muros

Eduardo Galeano

Altercom*       25 de abril de 2006       

El Muro de Berlín era la noticia de cada día. De la mañana a la noche leíamos, veíamos, escuchábamos: el Muro de la Vergüenza, el Muro de la Infamia, la Cortina de Hierro…      Por fin, ese muro, que merecía caer, cayó. Pero otros muros han brotado, siguen brotando, en el mundo, y aunque son mucho más grandes que el de Berlín, de ellos se habla poco o nada.     

Poco se habla del muro que los Estados Unidos están alzando en la frontera mexicana, y poco se habla de las alambradas de Ceuta y Melilla.     

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Memoria y olvido del pasado nazi en la Alemania de la segunda posguerra

Bruno Groppo

Publicado en Memoria 164 octubre 2002 | Groppo, Bruno | Reflexiones

Un caso paradigmático

La memoria, en tanto presencia del pasado, es el fundamento de la identidad. La memoria colectiva, es decir, la memoria compartida por un grupo social, reasume y reelabora la historia de este grupo en función del presente, seleccionando ciertos aspectos del pasado, destinados a ser recordados y transmitidos, y condenando otros al olvido. Las identidades colectivas, incluidas las identidades nacionales, son en gran medida el resultado de este trabajo de memoria, que presenta dos características esenciales. Ante todo, es una obra de selección entre los innumerables elementos que componen el pasado. La memoria es selectiva. En efecto, es imposible recordar íntegramente el pasado1: sólo una parte de ello permanece impresa en la memoria, mientras el resto cae en el olvido. Por lo tanto, memoria y olvido son indisociables, como las dos caras de una misma medalla o dos aspectos de una misma realidad. Es importante observar que también el olvido interviene en el proceso de construcción de la identidad, en particular de las identidades nacionales, que están fundadas precisamente sobre el olvido compartido de muchos aspectos del pasado.

La segunda característica consiste en que la memoria no es una restitución idéntica de los eventos pasados, sino siempre una reconstrucción del pasado en función de los problemas y las preocupaciones del presente. El recuerdo de un mismo suceso varía en el tiempo, asumiendo significados distintos según los momentos y las épocas en las cuales viene evocado. En Francia, por ejemplo, la memoria de la Revolución Francesa no es la misma en la época del Frente Popular, que al día siguiente de la Liberación o en ocasión del segundo bicentenario. El trabajo de la memoria consiste precisamente en la reconstrucción incesante del pasado a la luz del presente, atribuyéndole cada vez nuevos significados y contribuyendo en tal modo a la construcción, también ella permanente, de las identidades, sean individuales sean colectivas. También, la pérdida de memoria significa la pérdida de la identidad: equivale a cortar total o parcialmente los filos que unen al grupo o al individuo con su pasado y que dan un sentido a su presente.

Cada grupo social, del más pequeño al más grande, produce y transmite su memoria específica, que constituye, como lo hemos dicho, el fundamento de su identidad. En cada sociedad, existe por lo tanto una pluralidad de memorias de grupo, o memorias sociales, que coexisten y frecuentemente se confrontan, provocando verdaderas y propias guerras de la memoria, porque cada una de estas memorias colectivas busca afirmarse, de frente a las otras, para devenir la memoria dominante, es decir, aquella compartida por el número más grande de personas. Cada grupo recuerda del propio pasado sobre todo aquellos aspectos que contribuyen a valorizar y a consolidar su identidad, mientras deja en cambio, en la sombra, condenándolos consciente o inconscientemente al olvido, aquellos que atentan en cambio con cargar de prejuicio tal identidad. No analizaremos aquí en modo pormenorizado la distinción entre historia y memoria. Nos limitaremos a observar que éstas tienen en común el carácter selectivo y de reelaboración del pasado, pero que la historia tiene una pretensión científica, es decir, busca interpretar el pasado sobre la base de los criterios del trabajo científico (verificación de hipótesis, etcétera). En otras palabras, la historia quiere ser una forma “científica” de la memoria, pero también ella, como la memoria, reconstruye el pasado a la luz de las preocupaciones del presente.

Hechas estas premisas, nos proponemos reflexionar sobre el funcionamiento de la memoria colectiva, o más exactamente de las memorias colectivas, en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. Sobre todo, nos interesa saber cómo ha sido recordado, en las dos partes de Alemania, un aspecto particular del pasado, que a saber es la dictadura nazi. Desde el punto de vista de una reflexión sobre la memoria colectiva y sobre la relación entre historia y memoria, el caso alemán es particularmente interesante por una serie de razones que lo vuelven casi paradigmático. La primera razón consiste en el carácter de ruptura radical y traumática que el nazismo ha representado en la historia alemana y, por lo tanto, es lógico que ocupe un lugar importante en las memorias colectivas. Después, existe el hecho de que el régimen nazi cometió, en nombre de Alemania, crímenes particularmente monstruosos; el principal de ellos fue el exterminio de los judíos en Europa. La sombra de Auschwitz, símbolo de esta política de exterminio, se extiende sobre toda una parte de la historia y de la memoria alemana. La memoria del periodo nazi es sobre todo memoria de los crímenes cometidos durante dicho periodo. El problema de esta memoria es que el régimen nazi tuvo el apoyo, frecuentemente entusiasta, de gran parte de la población alemana. Por lo tanto, hay un problema -político y moral- de co-responsabilidad, en el sentido de que la responsabilidad por los crímenes cometidos por el nazismo no puede ser atribuida exclusivamente a un restringido número de jerarcas nazis, sino que se extiende también, en distinta medida, a aquella parte de la población alemana que apoyó a Hitler y que permanece fiel a él hasta el final. La existencia, por más de cuarenta años, de dos Alemanias, dotadas de sistemas políticos y económicos opuestos, permite además confrontar el funcionamiento de dos memorias colectivas muy distintas que se refieren al mismo pasado. Por todas estas razones, el caso de Alemania amerita una atención particular, también si los mecanismos fundamentales de la memoria colectiva en este país son análogos a aquellos que se pudieran observar en otro lugar.

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Racismo de estado en Francia

Alain Vidal

El racismo de Estado en Francia

De las leyes antiárabes a las leyes antijudías

El racismo de estado, de Jules Ferry al mariscal Petain.

El 28 de junio de 1881, Francia instituía oficialmente el racismo de Estado. Bajo la autoridad de Jules Ferry, entonces jefe de Gobierno, fue promulgado el Código del indigenismo. En aquella época, Argelia, formaba parte integrante del territorio de Francia, todos sus habitantes eran franceses. Con este Código, más de dos millones de franceses quedaron relegados "legalmente" al estatuto de sub-hombres.

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