“You take my life when you do take the means whereby I live”
(Shakespeare) [1]
Organismos oficiales y analistas hacen coro, en este final de semestre del año 2000, para proclamar que Francia en particular y otros países europeos importantes experimentan una importante mejora económica. “Todos los semáforos están en verde”, claman las metáforas periodísticas, después del informe del INSEE (N.T: Institut National de la Statistique et des Études Économiques) que pondera los méritos del “pleno régimen”. La tasa de crecimiento prevista es del 3,5%, el paro cae “por debajo de la frontera” del 10%, el consumo está en alza de 3%, el crecimiento alcanza el de los Estados-Unidos. Más aún: “las empresas empiezan a padecer una penuria de mano de obra” [2] . Y según Le Monde que no le tiene miedo al énfasis, “el gotha de los universitarios, buscadores y filósofos franceses”, invitados por el MEDEF (N.T: Mouvement des Entreprises de France) empieza a saborear “la refundación social” [3] . Como si se dijera, y se dice, que la política de la izquierda plural, guiada como el pelotón del Tour de Francia, por los socialistas, y las políticas social-demócratas en general han triunfado sobre las recesiones, inflaciones, regresiones y otros estancamientos, y conseguido hacer entrar nuestras democracias evolucionadas en la era de la “mundialización feliz”. O casi, porque “la reducción de las desigualdades”, tan cacareada desde los años 80 (por lo menos), no parece haberse llevado a cabo. Con motivo de la jornada de reflexión del 29 de mayo, en la universidad de Evry-Val d’Essonne, donde Francia descubría, parece ser, a sus “trabajadores pobres”, en número de 1,85 millones, los testimonios de mujeres, que representan el 85% de la nueva categoría, con salarios iguales o inferiores al SMIC (4.500 F) (N.T: Salario Mínimo Interprofesional de Crecimiento), coincidían, en las informaciones de la prensa, con el anuncio del traspaso de Fabien Barthez, portero del equipo nacional de fútbol, al club del United Manchester, por un coste de 120 millones de francos, con un sueldo mensual de 1,5 millones, es decir 333 veces el sueldo de Éliane y casi 28 años de su trabajo. Apuntemos que cada uno de los jugadores vencedores de la Euro cobraba 3,5 millones de prima sólo por el partido contra Italia, es decir, según el mismo cálculo, 777 veces el SMIC y casi 65 años de trabajo.
De seguro sólo puede uno alegrarse de ver que el número de parados disminuye de 600.000 unidades, pero sería realmente excesivo hacer de ello un motivo de euforia. Cuando, según la publicación del INSEE de junio pasado, el aumento del empleo asalariado ha sido de 3,5%, el trabajo precario ha progresado en un 23 % y los Contratos de Duración Determinada (CDD) en un 9%. El abaratamiento del coste del trabajo y la precariedad de los empleos son, así pues, concomitantes y recíprocos con la prosperidad de las empresas. Un responsable de la dirección de la previsión señalaba que el “boom” del tiempo parcial era en parte imputable a las desgravaciones de cargas patronales decididas por los poderes públicos a partir de los años 90 para sostener el empleo. El crecimiento se acompaña y se fortalece con la extensión de un “nuevo lumpenproletariado” [4] . Se sabe de sobra que la famosa “refundación social”, ya evocada, tiende a instaurar una separación de los parados en dos grupos, el de los buenos/empleables y el de los malos/Rmistas de por vida (N.T: beneficiarios del Revenu Minimum d’Insertion), además merecedores de sanciones.
Sin embargo, ¿no se podría oponer, a la tentación del catastrofismo, que, entre sus aspectos positivos, la coyuntura permite detectar una tendencia al retroceso progresivo del desempleo y a una mejora de las condiciones de trabajo y de remuneración? Sería hacer poco caso de lo que se llama el paro “irreductible” o “estructural” [5] , ya que la preocupación que suscita, lejos de encontrarse disimulada por la mejora aparece como uno de sus puntales. El nivel del susodicho paro, que no ha cesado, a lo largo de los años, de ser revisado a la alza, se situaría, según las estimaciones, entre el 7% y el 9% de la población activa, dicho de otra manera, afectaría a varios millones de personas, entre 3, 4 o 5, en función de los métodos de cálculo del número de los sin trabajo. “Ahora bien, este paro estructural define el umbral a partir del cual los esfuerzos financieros para reducir el paro son demasiado costosos respecto a los beneficios que se podrían esperar”. [6] Y es a este paro al que las esperanzas nacidas de la “recuperación” califican de “ vuelta al pleno empleo”.
La elección no está entre buena y mala mundialización, como algunos fingen creer y hacer creer, desde los partidarios de Blair de cualquier obediencia a la plataforma del reciente congreso del PCF. No hay elección. Con o sin “mejora”, el atestado sigue siendo una “mejora” permanente, sólo a favor del capital. Todas las encuestas y estadísticas tanto nacionales como internacionales nos asestan esta mejora día tras día. Tiene por nombre pobreza. La sesión extraordinaria de la Asamblea General de la ONU, que tuvo su cumbre en Ginebra del 26 al 30 de junio precisamente sobre esta cuestión, se disolvió con una atestiguación de impotencia. Se trataba de medir los progresos realizados desde el anterior encuentro de Copenhague en marzo de 1995 que se proponía, tomando nuevas iniciativas en el ámbito del desarrollo social, “erradicar la pobreza en el mundo”, con la reducción a la mitad de aquí al 2015 del número de personas que viven en una pobreza extrema. Cinco años después, los progresos son nulos y los participantes, mucho menos numerosos, menos prestigiosos, y más africanos [7] , han tenido que contentarse con renovar los compromisos anteriores de dar “un rostro humano a la mundialización”. Con 1 dólar por día, viven 1000,2 millones de seres humanos en una pobreza absoluta; con dos dólares, la mitad de la humanidad (2000, 8 millones) se encuentra fuera de circuito; 1,5 millón no dispone de agua potable; 750 millones padecen subempleo; 850 millones son parados; 800 millones no tienen acceso alguno a servicios de sanidad; 850 millones son analfabetos. En Francia, el INSEE constataba en 1996 que el nivel de vida de los menores de 25 años había bajado en más de 15% en cinco años; y en 1998, que el 10% de las familias estaban en posesión de la mitad de las fortunas, ya que el sistema de impuestos, como la progresión de la Bolsa, favorece a los más ricos… Las paradojas, en realidad las contradicciones expuestas en Copenhague no dejan lugar a la duda. En cincuenta años, desde el final de la segunda guerra mundial, la pobreza no había retrocedido, mientras que la riqueza mundial, en PNB, se multiplicaba por siete y que, a pesar del aumento de la población, la renta por habitante se había más que triplicado –siendo las ganancias de todas maneras muy desiguales entre naciones y en el interior mismo de cada nación. Gran-Bretaña nos da un triste ejemplo, con un porcentaje de pobres del 25%, idéntico al que tenía al principio del siglo. El paro, que en Estados Unidos sólo afectaba oficialmente al 5,5% de la población activa, coincidía con un 15% por debajo del umbral de pobreza. Se señalaba también que el desarrollo social “no se puede garantizar únicamente con el libre juego de las fuerzas del mercado”. La OCDE, ya desde julio de 1993, había apuntado que las “desigualdades de renta se han ampliado en los años 80”, lo que llevaba a Guy Herzlich a escribir: “Desigualdades crecientes, empobrecimiento de los más pobres, enriquecimiento de los más ricos: si el marxismo estuviera todavía de moda, habría de que recoger el llamamiento del Manifiesto comunista, “Proletarios de todo el mundo, uníos”. [8] Le hacen eco el 66% de los españoles que todavía piensan que la sociedad está dividida en clases y el 23% que están convencidos de la realidad de la lucha de clases, cuando 8 millones de ellos, sobre un total de 40, están por debajo del umbral de pobreza [9] , Compostela, con casi 25% de pobres, se muestra como “capital… de pobreza”. [10] El mismo fenómeno, “imputable al funcionamiento de la economía y a la forma de sociedad” se encuentra en Portugal, cuya población cuenta con un 30% de pobres. [11] En Argentina se organizan “marchas para el trabajo”que llevan al presidente liberal Carlos Menem a declarar “Ya pueden hacer mil marchas, mil huelgas, nada cambiará”. [12] Ni siquiera se salva el paraíso suizo, donde se señala la estratificación social. 3% a 5% de Heimatlos (N.T. Sin techo) y más de 400.000 personas (ya en 1976) por debajo del umbral de pobreza, mientras que “ de nuevo, la caridad remplaza la justicia” [13] . En 1997, según el INSEE (9 de julio), el 12% de las familias europeas vivían bajo el umbral de pobreza; en Francia un 11%. 23% de los menores de 16 años, que representan el 19% de la población europea, viven en una familia pobre. En junio del 2000, la UNICEF constata que 47 millones de niños de países desarrollados, es decir uno sobre seis, viven en la pobreza, llevándose la palma, justo después de Méjico, los Estados Unidos (22,4%) y Gran Bretaña (19,8%). Señalemos de paso que los Estados Unidos donde la pena de muerte para menores no ha sido abolida, siguen sin haber firmado la Convención de los derechos del niño. Bill Gates, posee, él sólo, una fortuna equivalente a la renta del 40% de la población más pobre de Estados unidos. El salario de Michael Eisner, el más alto del país, alcanzaba 4 mil millones de francos en 1990. El 80% de la energía producida es consumida por ¼ de la población mundial. Un niño de cada cuatro padece malnutrición. En 1960, la diferencia ricos / pobres era de 30 veces, pasó a 82 en 1995. En 1997, las 225 mayores fortunas poseían el equivalente de la renta anual del 47% de los individuos más pobres, es decir 2 mil 500 millones de personas. Las diferencias de sueldo en Estados Unidos pasan de 1 a 42 en 1980, de 1 a 85 en 1990, de 1 a 326 en 1997. Están a disposición centenares de cifras análogas que repiten incansablemente la verdad de “la miseria infatigable” [14] : la bipolarización acrecentada inherente al proceso de globalización.
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