Un punto de encuentro para las alternativas sociales

¿Qué es la URSS?

León Trotsky

Capitulo IX de La Revolución Traicionada

Relaciones sociales

La propiedad estatizada de los medios de producción domina casi exclusivamente en la industria. En la agricultura sólo está representada por los sovjoses, que no abarcan más que el 10% de las superficies sembradas. En los koljoses, la propiedad cooperativa o la de las asociaciones se combina en proporciones variables con las del Estado y las del individuo. El suelo perteneciente jurídicamente al Estado, pero concedido “a goce perpetuo” a los koljoses, difiere poco de la propiedad de las asociaciones. Los tractores y las máquinas pertenecen al Estado; el equipo de menor importancia, a la explotación colectiva. Todo campesino de koljos tiene, además, su empresa privada. El 10% de los cultivadores permanece aislado.

Según el censo de 1934, el 28,1% de la población estaba compuesto por obreros y empleados del Estado. Los obreros célibes de industria y de la construcción eran 7,5 millones en 1935. Los koljoses y los oficios organizados por la cooperación constituían, en la época del censo, el 45,9% de la población. Los estudiantes, los militares, los pensionados y otras categorías que dependen inmediatamente del Estado, el 3,4%. En total, el 74% de la población pertenecía al “sector socialista” y disponía del 95,8% del capital del país. Los campesinos aislados y los artesanos representaban todavía (en 1934) el 22,5% de la población, pero apenas poseían un poco más del 4 % del capital nacional.

No ha habido censo desde 1934, y el próximo se efectuara en 1937. Sin embargo, es indudable que el sector privado de la economía ha sufrido nuevas limitaciones en favor del “sector socialista”. Los cultivadores individuales y los artesanos constituyen en la actualidad, según los órganos oficiales, cerca del 10 % de la población, o sea 17 millones de almas; su importancia económica ha caído mucho más bajo que su importancia numérica. Andreev, secretario del Comité Central, declaraba en abril de 1936: “En 1936, el peso específico de la producción socialista en nuestro país debe constituir el 98,5 %, de manera que no le quedará al sector no socialista más que un insignificante 1,5%…” Estas cifras optimistas parecen, a primera vista, probar irrefutablemente la victoria “definitiva e irrevocable” del socialismo. Pero, desdichado del que detrás de la aritmética no vea la realidad social.

Estas mismas cifras son un poco forzadas. Basta indicar que la propiedad privada de los miembros de los koljoses está comprendida en el “sector socialista”. Sin embargo, el eje del problema no está allí. La indiscutible y enorme superioridad estadística de las formas estatales y colectivas de la economía, por importante que sea para el porvenir, no aleja otro problema igualmente importante: el del poder de las tendencias burguesas en el seno mismo del “sector socialista”, y no solamente en la agricultura, sino también en la industria. La mejoría del estándar de vida obtenida en el país, basta para provocar un crecimiento de las necesidades, pero de ninguna manera basta para satisfacerlas. El propio dinamismo del desarrollo económico implica cierto despertar de los apetitos pequeñoburgueses, y no únicamente entre los campesinos y los representantes del trabajo “intelectual”, sino también entre los obreros privilegiados. La simple oposición de los cultivadores individuales a los koljoses y de los artesanos a la industria estatizada, no dan la menor idea de la potencia explosiva de estos apetitos que penetran en toda la economía del país y se expresan, para hablar sumariamente, en la tendencia de todos y de cada uno, de dar a la sociedad lo menos que pueden y sacar de ella lo más.

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Contra el Fatalismo Económico

Pierre Bourdieu

Texto del discurso pronunciado por Pierre Bourdieu el 22 de noviembre de 1997, en el acto de recepción del Premio Ernst Bloch, concedido por el Instituto Ernst Bloch, en la ciudad alemana de Ludwigshafen. Mis más cálidos agradecimientos para la ciudad de Ludwigshafen, su alcalde el Señor Wolfgang Schulte y al Instituto Ernst Bloch, por el honor que se me ha concedido y asocia mi nombre con el de uno de los filósofos a quien más admiro. Mis agradecimientos también para el señor Ulrich Beck por el generoso discurso que acaba de pronunciar. Me hace pensar en que en el futuro próximo podremos asistir al nacimiento de la utopía de un colectivo intelectual europeo, cosa que he apoyado durante mucho tiempo. Mi única crítica a esta eulogia es su excesiva generosidad, especialmente por la forma en que atribuyó a mi persona una cantidad de propiedades y cualidades que sólo son producto de condiciones sociales. No puedo dejar de pensar, cuando se me honra de semejante manera y se me eleva al nivel de gran defensor de la idea utópica -en estos días tan desacreditada, desechada y ridiculizada, en nombre del realismo económico-, que estoy siendo autorizado o más precisamente urgido a intentar definir cual tiene que ser y debe ser el papel del intelectual, en relación a la utopía en general y la utopía europea en particular. Revolución conservadora Debemos reconocer que estamos actualmente en un período de restauración neoconservadora. Pero esta revolución conservadora asume una forma sin precedentes: no hay, como en tiempos anteriores, ningún intento de invocar un pasado idealizado mediante la exaltación de la tierra, la sangre, y los temas de las antiguas mitologías rurales. Es un nuevo tipo de revolución conservadora que, para justificar su restauración reclama una relación con el progreso, la razón y la ciencia -la economía, en verdad-, y a partir de esto intenta relegar el pensamiento y la acción progresiva a un estatus arcaico. Se erige como patrón de normas para todas las prácticas, y por tanto como norma ideal, el orden del mundo económico librado a su propia lógica: la ley del mercado, la ley del más fuerte. Ratifica y jerarquiza la norma de los llamados mercados financieros, el retorno a un tipo de capitalismo radical que no responde a ninguna ley más que a la máxima ganancia; un capitalismo sin tapujos, desenfrenado, que ha sido llevado hasta el límite de su eficiencia económica por medio de las formas modernas de conducción management y las técnicas manipuladoras como la investigación de mercado y las propagandas de venta y comercialización.

El aspecto engañoso de esta revolución conservadora es que, atrapada por todos los signos de la modernidad, aparentemente no conserva nada de la oscura pastoral de la Selva Negra, tan amada por los revolucionarios de los años 30. Después de todo, viene de Chicago ¿no es así? Galileo dijo que el mundo natural está escrito en lenguaje matemático. Actualmente, tratan de inventar que el mundo social está escrito en lenguaje económico. Mediante el arma de las matemáticas -y también del poder de los medios- el neoliberalismo se ha transformado en la forma suprema de contraataque conservador, apareciendo durante los últimos treinta años bajo la denominación de "el fin de la ideología" o, mas recientemente, "el fin de la historia". Fatalismo economicista Lo que se nos presenta como un horizonte imposible de superar por el pensamiento -el fin de las utopías criticas- no es nada más que un fatalismo economicista, que puede criticarse en los términos empleados por Ernst Bloch en El espíritu de la utopía (1) dirigiéndose al economicismo y fatalismo que pueden encontrarse en el marxismo. La fechitización de las fuerzas productivas y el fatalismo resultante, se encuentra hoy paradójicamente en los profetas del neoliberalismo y en los sacerdotes del Deutschmark y la estabilidad monetaria. El neoliberalismo es una poderosa teoría económica cuya estricta fuerza simbólica, combinada con el efecto de la teoría, redobla la fuerza de las realidades económicas que supuestamente expresa. Sostiene la filosofía espontanea de los administradores de las grandes multinacionales y de los agentes de la gran finanza, en especial los agentes de Fondos de pensión. Seguida en todo el mundo por políticos nacionales e internacionales, funcionarios oficiales y especialmente por el mundillo de los periodistas tradicionales -todos mas o menos igualmente ignorantes de la teología matemática subyacente- se esta transformando en una creencia universal, en un nuevo evangelio ecuménico. Este evangelio, o más bien la vulgarización gradual que se ha hecho a nombre del liberalismo en todos los lugares, está confeccionada con una colección de palabras mal definidas -"globalización", "flexibilidad", "desrregulación" y otras- que, a través de sus connotaciones liberales e incluso libertarias pueden ayudar a dar la apariencia de un mensaje de libertad y liberación a una ideología que se piensa a si misma como opuesta a toda ideología. De hecho, esta filosofía tiene y reconoce como su único objetivo la permanente creación de riqueza y, más secretamente, su concentración en manos de una minoría privilegiada, y por lo tanto conduce un combate por cualquier medio, incluso la destrucción del medio ambiente y el sacrificio humano, contra cualquier obstáculo a la maximización de las ganancias. Seguidores del laisser-faire, como Thatcher, Reagan y sus sucesores ponen cuidado en la práctica no del laisser-faire sino, al contrario, en dar mano libre a la lógica de los mercados financieros para llevar adelante una guerra total contra los sindicatos, contra las adquisiciones sociales de los últimos siglos, en una palabra, contra todas las formas de civilización asociadas con el estado social. Juzgar por los resultados La política neoliberal puede ser ahora juzgada por sus resultados, que son claros para todos, a pesar de los esfuerzos para probar por medio de trucos estadísticos y trampas groseras que Estados Unidos y Gran Bretaña han alcanzado el pleno empleo. Hay desempleo masivo. Los trabajos que hay son precarios, la permanente inseguridad resultante afecta una creciente proporción de la población, aun en las clases medias. Hay una profunda desmoralización ligada al colapso de la solidaridad elemental, especialmente en la familia y todas las consecuencias de este estado de anomia: delincuencia juvenil, crimen, drogas, alcoholismo, la reaparición en Francia y en otros lugares de movimientos políticos de corte fascista. Y hay una destrucción gradual de las adquisiciones sociales y cualquier defensa de estas es denunciada como conservadurismo pasado de moda. A esto podemos sumar ahora la destrucción de las bases económicas y sociales de las más notables conquistas culturales de la humanidad. La autonomía de la cual gozaban los universos de la producción cultural en relación al mercado, que había crecido continuamente por medio de las luchas de los escritores, artistas y científicos, está cada vez más amenazada. La dominación del "comercio" y de "lo comercial" sobre la literatura aumenta día a día, especialmente por medio de la concentración de la industria de publicidad que está cada vez más sujeta a las restricciones de la ganancia inmediata. Acerca del cine, podemos preguntarnos qué quedará del cine artístico experimental europeo en diez años, a no ser que se haga todo lo posible para proporcionar a los productores de vanguardia los medios de producción y más importante aún, de distribución. Todo esto, sin mencionar los servicios sociales, condenados o a las órdenes directamente interesadas de las burocracias estatales o empresariales o a ser estrangulados económicamente. Se me preguntará ¿cual fue el papel de los intelectuales en todo esto ? No intentaré hacer un listado -sería muy largo y muy cruel- de todas las formas omisión o, peor aun, de colaboración.

No necesito mencionar los argumentos de los así llamados filósofos modernistas y posmodernistas que, no satisfechos con enterrarse a sí mismos en juegos escolásticos, se reducen a la defensa verbal de la razón y el diálogo racional, o peor aun, sugieren una versión supuestamente posmoderna pero realmente radical-chic de la ideología del fin de las ideologías, con toda su condena de las grandes narrativas y una denuncia nihilista de la ciencia. Utopismo razonado ¿Cómo podremos evitar desmoralizarnos en este entorno más o menos desalentador? ¿Cómo devolveremos la vida y la fortaleza social al "utopismo razonado" del que habla Ernst Bloch refiriéndose a Francis Bacon? (2). Para empezar ¿cómo debemos entender el significado de esta frase? Otorgándole un riguroso significado a la oposición descrita por Marx entre "sociologismo" (la pura y simple sumisión a las leyes sociales) y "utopismo" ( el desafío audaz de estas leyes), Ernst Bloch describe al "utópico razonable" como quien actúa en virtud de "el pleno conocimiento conciente del curso objetivo", la posibilidad objetiva y real de su "época"; a quien, en otras palabras, "anticipa psicológicamente una posible realidad". El utopismo racional se define como opuesto tanto al "pensamiento ilusorio que siempre ha traído descrédito a la utopía" como a "las trivialidades filisteas preocupadas esencialmente por los hechos". Se opone al "derrotismo ultimatista" -la herejía de un automatismo objetivista, según el que las contradicciones objetivas del mundo serían suficientes en sí mismas para revolucionar el mundo en el cual se dan- y, al mismo tiempo, al "activismo por sí mismo" , puro voluntarismo basado en un exceso de optimismo.(3) Así que contra este "fatalismo de banquero" que pretende hacernos creer que el mundo no puede ser diferente a lo que es -en otras palabras, totalmente sometido a los intereses y deseos de ellos-, los intelectuales y todos aquellos preocupados por el bienestar de la humanidad tendrán que restablecer un pensamiento utópico con respaldo científico, tanto en sus metas, que deben ser compatibles con las tendencias objetivas, como en sus medios, que también deben ser científicamente examinados. Necesitan trabajar colectivamente en estudios que puedan impulsar proyectos y acciones adecuados a los procesos objetivos que se intenta transformar. El utopismo razonado, como lo he definido, es indiscutiblemente lo más ausente en la Europa actual. La forma de resistir a esta Europa -la que el pensamiento de los banqueros intenta hacernos aceptar a toda costa- no es el rechazo a Europa en sí misma desde una posición nacionalista, como lo hacen algunos, sino levantar un rechazo progresivo a la Europa neoliberal definida por bancos y banqueros. Sirve a sus intereses suponer que cualquier rechazo a la Europa que quieren equivale a un rechazo a cualquier Europa. Pero rechazando a una Europa definida y dominada por los bancos, rechazamos el pensamiento de los banqueros y el proceso que -bajo la cobertura neoliberal- termina haciendo del dinero la medida de todas las cosas, incluido el valor de los hombres y mujeres en el mercado laboral y así en todos los terrenos, en todas las dimensiones de la existencia; un proceso que al establecer la ganancia como criterio único para evaluar la educación, la cultura, el arte, la literatura, nos condena a una prosaica civilización desabrida de "fast food", novelas de aeropuertos y guisos televisivos. Resistencia europea La resistencia a la Europa de los banqueros y la previsible restauración conservadora, sólo puede ser europea. Y solamente puede ser europea en el sentido de liberarse de intereses, presunciones, prejuicios y hábitos de pensamiento que son nacionales y aun vagamente nacionalistas, siendo realmente una acción de todos los europeos, en otras palabras, una combinación concertada de intelectuales de todos los países europeos, sindicatos de todos los países europeos, de las más diversas asociaciones de todos los países europeos. Es por esto que la tarea más urgente del momento no es elaborar programas europeos comunes, sino la creación de instituciones -parlamentos, federaciones internacionales, asociaciones europeas de esto y aquello: camioneros, editores, maestros y demás, pero también defensores de árboles, peces, hongos, aire puro, niños y todo lo demás- en el seno de los cuales pueden ser discutidos y elaborados determinados programas europeos. La gente podrá decir que todo esto ya existe, pero yo estoy plenamente seguro de lo contrario, no es preciso más que mirar la actual situación de la federación europea de sindicatos; la única corporación internacional europea que se está construyendo y que posee cierto nivel de efectividad es la de los tecnócratas, contra la cual no tengo nada que decir, en verdad sería el primero en defenderla contra las dudas generalmente estúpidas, nacionalistas o -peor aún- populistas que se ciernen sobre ella. Finalmente, para no dar una respuesta general y abstracta a la pregunta por la cual comencé -sobre el papel de los intelectuales en la construcción de la utopía europea- quisiera decir que contribución espero hacer personalmente a esta inmensa y urgente tarea. Convencido como estoy de que los mayores vacíos de la construcción europea pueden ubicarse en cuatro áreas principales -el estado social y sus funciones; la unificación de los sindicatos; la armonía y modernización de el sistema educativo; y la articulación entre la política económica y la política social- estoy trabajando actualmente, en colaboración con investigadores de diversos países europeos, sobre la concepción y construcción de las estructuras organizativas esenciales para llevar a cabo la investigación comparativa y complementaria necesaria para aportar al utopismo en estas cuestiones su carácter razonado, especialmente, por ejemplo, esclareciendo los obstáculos sociales hacia una europeización real de instituciones tales como estado, sistema educativo y sindicatos. Un proyecto especialmente querido por mí, se refiere a la articulación entre la política económica y lo que llamamos política social, más precisamente, los efectos sociales y los costos de la política económica. Incluye el intento de encontrar las causas primarias de las diversas formas de la miseria social que aflige a hombres y mujeres de las sociedades europeas, lo que casi siempre nos remite a decisiones económicas. Es una oportunidad para que el sociólogo, a quien corrientemente no se consulta excepto para remendar la vajilla que rompen los economistas, aproveche para recordarnos que la sociología puede y debe jugar un papel inicial en las decisiones políticas que son dejadas cada vez más en manos de los economistas o dictadas de acuerdo a consideraciones económicas muy limitadas. A través de una descripción detallada del sufrimiento causado por las políticas neoliberales -en el mismo sentido que en La Misere du monde (4)- y por medio de sistemáticas referencias cruzadas entre, por un lado, los índices económicos concernientes a la política social de las empresas (ajustes, métodos administrativos, salarios y demás) y, por otro lado, los índices de tipo más evidentemente social (accidentes industriales, enfermedades ocupacionales, alcoholismo, utilización de drogas, suicidio, delincuencia, crimen, violaciones, y demás). Me gustaría plantear la pregunta acerca de los costos sociales de la violencia económica y por lo tanto intentar diseñar las bases para una economía del bienestar que tenga en cuenta todas las cosas que, la gente que dirige la economía y los economistas, excluyen de los cálculos más o menos imaginarios en cuyo nombre pretenden gobernarnos. Por lo tanto, para concluir, sólo quiero formular la pregunta que debe estar en el centro de cualquier utopía razonada concerniente a Europa: cómo creamos una Europa realmente europea, una que esté libre de toda dependencia de cualquiera de los imperialismos -comenzando por el imperialismo que afecta la producción y la distribución cultural en particular, vía las restricciones comerciales. Liberada también de todos los residuos nacionales y nacionalistas que aun impiden que Europa acumule, aumente y distribuya todo lo que es más universal en la tradición de todas naciones que la componen. Para terminar con un lugar totalmente concreto del "utopismo" razonado, permítaseme sugerir que esta cuestión, para mí crucial, sea incluida en el programa del Centro Ernst Bloch y el de la organización internacional de "utópicos reflexivos" que en él podría constituirse. * Publicado en New Left Review Nº 227, enero-febrero 1998, Londres. * Traducido del inglés por Clara Inés Restrepo. * Pierre Bourdieu fué uno de los principales sociólogos y antropólogos contemporáneos, autor entre otros muchos de libros como El oficio del sociólogo (en colaboración con J.C Chamboredon y J:C Passeron), La distinción, El sentido práctico, La reproducción, Elementos para una teoría de la enseñanza, etc. Director de la revista Actes de la recherche en Sciences Sociales y de numerosos trabajos colectivos de investigación, como el publicado bajo el título La miseria del mundo, así como de incisivas denuncias contra las manipulaciones mediáticas, se destaca también por su militante solidaridad con las luchas de los trabajadores, ante la guerra en los Balcanes, por una clara postura de condena tanto a la agresión de la NATO como la "limpieza étnica" lanzada contra los kosovares por el régimen de Milosevic. Muró el 24 de enero del año 2002.

Algunas páginas vinculadas con su pensamiento:

Pierre Bourdieu, sociologue énervant

Pierre Bourdieu en la Wikipedia

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12 de Octubre: Nada que festejar. Cinco siglos de prohibición del arcoiris en el cielo americano

Eduardo Galeano

El Descubrimiento: el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó. Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso. Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve. *** El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios a España para que aprendan a hablar ("que deprendan fablar"). Cinco siglos después, el 12 de octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado retardado mental ("mentally retarded") porque no hablaba correctamente la lengua castellana. Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación: Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad. *** El Paraguay habla guaraní. Un caso único en la historia universal: la lengua de los indios, lengua de los vencidos, es el idioma nacional unánime. Y sin embargo, la mayoría de los paraguayos opina, según las encuestas, que quienes no entienden español son como animales. De cada dos peruanos, uno es indio, y la Constitución de Perú dice que el quechua es un idioma tan oficial como el español. La Constitución lo dice, pero la realidad no lo oye. El Perú trata a los indios como África del Sur trata a los negros. El español es el único idioma que se enseña en las escuelas y el único que entienden los jueces y los policías y los funcionarios. (El español no es el único idioma de la televisión, porque la televisión también habla inglés.)

Hace cinco años, los funcionarios del Registro Civil de las Personas, en la ciudad de Buenos Aires, se negaron a inscribir el nacimiento de un niño. Los padres, indígenas de la provincia de Jujuy, querían que su hijo se llamara Qori Wamancha, un nombre de su lengua. El Registro argentino no lo aceptó por ser nombre extranjero. Los indios de las Américas viven exiliados en su propia tierra. El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue: los delata. Cuando un indio renuncia a su lengua, empieza a civilizarse. ¿Empieza a civilizarse o empieza a suicidarse? *** Cuando yo era niño, en las escuelas del Uruguay nos enseñaban que el país se había salvado del problema indígena gracias a los generales que en el siglo pasado exterminaron a los últimos charrúas. El problema indígena: los primeros americanos, los verdaderos descubridores de América, son un problema. Y para que el problema deje de ser un problema, es preciso que los indios dejen de ser indios.

Borrarlos del mapa o borrarles el alma, aniquilarlos o asimilarlos: el genocidio o el otrocidio. En diciembre de 1976, el ministro del Interior del Brasil anunció, triunfal, que el problema indígena quedará completamente resuelto al final del siglo veinte: todos los indios estarán, para entonces, debidamente integrados a la sociedad brasileña, y ya no serán indios. El ministro explicó que el organismo oficialmente destinado a su protección (FUNAI, Fundacao Nacional do Indio) se encargará de civilizarlos, o sea: se encargará de desaparecerlos. Las balas, la dinamita, las ofrendas de comida envenenada, la contaminación de los ríos, la devastación de los bosques y la difusión de virus y bacterias desconocidos por los indios, han acompañado la invasión de la Amazonia por las empresas ansiosas de minerales y madera y todo lo demás. Pero la larga y feroz embestida no ha bastado. La domesticación de los indios sobrevivientes, que los rescata de la barbarie, es también un arma imprescindible para despejar de obstáculos el camino de la conquista. *** Matar al indio y salvar al hombre, aconsejaba el piadoso coronel norteamericano Henry Pratt. Y muchos años después, el novelista peruano Mario Vargas Llosa explica que no hay más remedio que modernizar a los indios, aunque haya que sacrificar sus culturas, para salvarlos del hambre y la miseria. La salvación condena a los indios a trabajar de sol a sol en minas y plantaciones, a cambio de jornales que no alcanzan para comprar una lata de comida para perros. Salvar a los indios también consiste en romper sus refugios comunitarios y arrojarlos a las canteras de mano de obra barata en la violenta intemperie de las ciudades, donde cambian de lengua y de nombre y de vestido y terminan siendo mendigos y borrachos y putas de burdel. O salvar a los indios consiste en ponerles uniforme y mandarlos, fusil al hombro, a matar a otros indios o a morir defendiendo al sistema que los niega. Al fin y al cabo, los indios son buena carne de cañón: de los 25 mil indios norteamericanos enviados a la segunda guerra mundial, murieron 10 mil. El 16 de diciembre de 1492, Colón lo había anunciado en su diario: los indios sirven para les mandar y les hacer trabajar, sembrar y hacer todo lo que fuere menester y que hagan villas y se enseñen a andar vestidos y a nuestras costumbres. Secuestro de los brazos, robo del alma: para nombrar esta operación, en toda América se usa, desde los tiempos coloniales, el verbo reducir. El indio salvado es el indio reducido. Se reduce hasta desaparecer: vaciado de sí, es un no-indio, y es nadie. *** El shamán de los indios chamacocos, de Paraguay, canta a las estrellas, a las arañas y a la loca Totila, que deambula por los bosques y llora. Y canta lo que le cuenta el martín pescador:

-No sufras hambre, no sufras sed. Súbete a mis alas y comeremos peces del río y beberemos el viento. Y canta lo que le cuenta la neblina:

-Vengo a cortar la helada, para que tu pueblo no sufra frío. Y canta lo que le cuentan los caballos del cielo:

-Ensíllanos y vamos en busca de la lluvia.

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En la silla de Galileo Galilei

Leonardo Boff

09-09-2004 El día 7 de septiembre se cumplirán 20 años de que me senté en la pequeña en la que se sentó también Galileo Galilei y Giordano Bruno, en el Palacio del Santo Oficio (ex-Inquisición), en Roma, para defender opiniones de mi libro «Iglesia: carisma y poder». Ser convocado a comparecer ante la presencia de la más alta instancia doctrinal de la Iglesia no es un hecho corriente en la biografía de un teólogo. Remitiéndome al poeta chileno Pablo Neruda, es ciertamente memorable -y al mismo tiempo desgarrador- encarnar siquiera por un momento, la razón y el destino de todo un camino de pensamiento y de práctica eclesial con los pobres.

Subjetivamente es muy costoso sentir el peso de la institución milenaria de la Iglesia cayendo sobre tu cabeza. Más penoso todavía es sentir los límites de esta institución, pues percibe uno que, no raras veces, está más interesada por la seguridad que por la verdad, más por su propia imagen que por servir a la Causa de los humillados y condenados de la Tierra.

Pasados veinte años, hoy veo en aquel episodio algo providencial. El hecho fue publicitado y comentado en los principales medios de comunicación de todo el mundo. Por ahí, la opinión pública pudo entrar en contacto con otro tipo de Iglesia, despojada de poder, sencilla y profética, que hace cuerpo con los pobres y que, por eso, participa también de la maledicencia y de la persecución que ellos padecen. Pudo conocer también una teología que pone la vida en el centro, una teología que es elaborada con la mira puesta en la liberación histórico-social de los oprimidos, y no sólo en la edificación interna de la galaxia eclesial. La teología de la liberación se convirtió en tema de conversaciones en las calles, en los bares y en los círculos de intelectuales. La opinión pública captó la dimensión ética de la liberación, una liberación que concierne a las grandes mayorías dolientes de la humanidad. Entendió la argumentación básica: los cristianos, por el hecho de ser seguidores del Nazareno, torturado y muerto en la cruz, están obligados a ser agentes de liberación. Es posible una teología que nazca de este compromiso, fiel a la gran Tradición, articulada contra la injusticia social y a favor de cambios estructurales.

La imagen de Dios que de ahí surge es comprensible por todos: Dios está más interesado por la justicia que por el rito, más ligado al grito del oprimido que a las alabanzas de los piadosos. Son las prácticas y no las prédicas lo que cuenta. Finalmente, por más que las autoridades se consideren «Eminencias Reverendísimas», no dejan de tener las limitaciones de la condición humana. Bien lo dijo el teólogo francés Yves Congar que me defendió en «La Croix» (8 sept 1984): «El carisma del poder central del Vaticano es el de no tener nunca ninguna duda. Ahora bien, no tener ninguna duda es, a la vez, magnífico y terrible. Es magnífico porque el carisma del centro consiste precisamente en permanecer firme cuando todo vacila alrededor. Y es terrible porque en Roma están hombres que tienen límites de todo tipo, en su inteligencia, en su vocabulario, en sus referencias y en su ángulo de visión. Y cayeron contra Boff». Pero me niego a mirarlos con la óptica del Gran Inquisidor. A su manera, pretenden también ellos servir a la verdad. En definitiva, es a ella y no a ellos a quien compete la última palabra. A Roma fui y volví como teólogo católico. Ninguna doctrina fue condenada, sólo «opciones que ponen en peligro la fe cristiana». Pero las opciones pertenecen a la ética, no a la doctrina. Soy consciente de que en todo este asunto fui un mero servidor. Hice simplemente lo que debía hacer, como corresponde a un servidor.

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Referéndum cantado

Carlos Taibo

( setiembre de 2004)

No hay ningún motivo para concluir que merced a la Constitución de la Unión Europea -que según todos los indicios será sometida a referéndum en febrero o marzo- va a cobrar cuerpo entre nosotros una discusión franca y abierta sobre muchos problemas. Para bajarle los humos a una pretensión tan optimista nada mejor que echar una ojeada a lo que, con mucha probabilidad, y desde la atalaya del verano de 2004, ocurrirá en los meses venideros.

Por lo que sabemos, y no parece que se vaya a hacer valer ninguna sorpresa al respecto, las dos principales fuerzas políticas españolas de ámbito estatal -el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular- reclamarán el sí a la Constitución, y otro tanto harán los dos sindicatos mayoritarios -Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores-, o al menos sus cúpulas dirigentes. En tales condiciones lo esperable es que se imponga un irrefrenable rodillo y se articule, a su amparo, una formidable maquinaria de propaganda.

El peso de la maquinaria mencionada es lógico que sea muy notable por cuanto el único temor que parece llamado a atenazar a nuestros gobernantes -los de ahora y los de hace bien poco- es el de una baja participación que al cabo cancele muchos de los pretendidamente saludables efectos de la ratificación en referéndum: aunque este último puede contribuir a reforzar la idea de que hay un demos, un pueblo, detrás de la Constitución, una baja participación, francamente probable, por lo demás, a la luz de lo ocurrido con ocasión de las elecciones al Parlamento de la UE celebradas en junio, moverá el carro en sentido contrario.

Por si lo anterior no fuese suficiente, es lícito albergar dudas en lo que se refiere a la posición que, en el malhadado referéndum, defenderán fuerzas políticas de menor relieve. Aunque el impulso inicial de la izquierda resistente y de buena parte de las formaciones nacionalistas de la periferia lo es en provecho del no, ya se han escuchado voces que han salido en defensa de fórmulas más moderadas, y entre ellas el voto en blanco, la abstención y el inefable sí crítico. Por lo que parece, sigue pesando mucho la idea de que no es saludable plantar cara con radicalidad a ninguno de los elementos articuladores de la Unión Europea del momento, tanto más en un escenario, el nuestro, en el que sigue campando por sus respetos un incontestado europeísmo que tradicionalmente se blande frente al aislacionismo que impregnó buena parte del pasado más o menos reciente.

Así las cosas, es harto improbable que entre nosotros se hagan valer posiciones como la que defiende el dirigente socialista francés Laurent Fabius, por lo que cuentan nada encandilado por la Constitución en ciernes, y es improbable, también, que prospere el criterio, presuntamente hostil a ésta, que parece postular el ex presidente del Gobierno, José María Aznar. Este último, en posición psicológica precaria, se muestra distante de una Constitución en la que –se diga lo que se diga- se han introducido cambios menores, en lo relativo a los acuerdos alcanzados en Niza en 2000, en materia de votos y vetos en el marco de la Comisión Europea. La liviandad de la pataleta de Aznar, firme partidario de situar a España en el club de los países más ricos del globo, sin renunciar -eso sí- al cobro de los Fondos Estructurales y de Cohesión, se revela de la mano de un olvido significado: el de que, conforme a lo acordado en Niza, un ciudadano español contaba, en términos de decisiones en el marco de la UE, casi con el mismo peso que tres ciudadanos germanos.

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Los desafíos actuales de la izquierda brasileña

Joao Pedro Stédile

La sociedad brasileña vive un período muy especial, por diversas razones. Una de ellas es el largo período de crisis del modelo económico. Siempre que hay crisis, hay inestabilidad, pero al mismo tiempo se caracteriza por ser un proceso de transición, aún cuando no sepamos hacia donde iremos. Eso va a depender de la correlación de las fuerzas sociales.

Después de 50 años del llamado modelo de industrialización dependiente -en la definición de Florestan Fernández-, en la década de los 80, ese modelo entró en crisis como patrón de acumulación del capital. En la década siguiente, la clase dominante brasileña aceptó un papel de subalterno al capital internacional y pasó a implementar las políticas neoliberales, con la "ilusión" de que constituiría un nuevo modelo de desarrollo de la economía nacional.

Las políticas neoliberales desnacionalizaron nuestra economía, debilitaron el poder del Estado y dieron libertad total al capital internacional. Pero esa subordinación no condujo a un nuevo ciclo de desarrollo. El capitalismo internacional había entrado en una fase de total hegemonía del capital financiero, mezclado con los grandes grupos monopólicos, que dominan el comercio, la industria y los servicios.

Ahora, la forma principal de acumulación es en la esfera financiera. Se acumula por medio de los intereses y del lucro en la compra de acciones de las empresas estatales o nacionales ya instaladas; y se da total libertad al envío de remesas al exterior. Nada de eso genera riqueza nacional, empleo, trabajo, distribución de renta.

En doce años de esas políticas, la economía, como todo, permanece inestable. Independientemente que el PIB crezca, permanezca inestable o decrezca, las grandes transnacionales y el capital financiero siempre ganan. O sea, el modelo no sirve para las naciones, no sirve para que las poblaciones mejoren su vida, pero sirve a las grandes empresas oligopólicas y al capital financiero. Cambios y contradicciones Con resultados sociales cada vez peores, el pueblo entendió el significado de esas políticas y, en las elecciones de 2002, votó contra el modelo. No se sabía, sin embargo, qué debería ser colocado en su lugar, incluso por el bajo nivel del debate político de la campaña de 2002. En la desesperación de la amenaza de la crisis Argentina, parte de las elites brasileñas aceptó la posibilidad de cambio e hizo una alianza con la alternativa Lula.

Del lado de acà, del PT y de las fuerzas sociales que apoyaron a Lula, esa posibilidad era entendida como una alianza táctica entre la clase trabajadora y sectores de la burguesía industrial, para enfrentar al capital financiero, nacional e internacional. Pero de parte de las elites no fue esa la lectura. Hicieron una alianza para no perder los dedos, y para seguir influyendo en las políticas públicas en el rumbo del neoliberalismo.

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Posibilidades y desafíos en el MERCOSUR y más allá

Julio Gambina

Discutir la globalización es poner el acento en como insertarse en la actual división internacional del trabajo y por cuáles asociaciones deben optar los países, incluso para disputar el contenido de una globalización alternativa a la que diseña actualmente el poder económico transnacional. De ese modo, Argentina y la región se debaten entre variadas negociaciones comerciales y de estrechamiento de vínculos económicos, políticos y culturales. Algunas de esas negociaciones profundizan la inserción subordinada y en otros casos habilitan una perspectiva diferenciada que potencian otras posibilidades en las relaciones sociales a escala global.

Por un lado están sus negociaciones con el “primer mundo”, caracterizadas por las asimetrías de poder global entre EEUU y sus socios en el ALCA, del mismo modo que la Unión Europea (UE) con relación a Latinoamérica y El Caribe. En este marco debemos incluir la subordinación de nuestros países a los organismos dominados por los países centrales y que empujan y condicionan la liberalización de la economía mundial, tal como la OMC, el FMI o el Banco Mundial. Son las usinas ideológicas y políticas comandadas desde el G7 para inducir políticas de ajuste estructural derivadas de la administración de la crisis del endeudamiento externo.

Desde otro andarivel se transita la sinuosa senda de la integración regional y más allá. Primero en un MERCOSUR que ya cuenta con cuatro países como socios plenos, los fundadores: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay; cuatro países en carácter de asociados: Bolivia, Chile, Perú y Venezuela y un país en calidad de observador: México. ¿Este último representará la pata del norte en el sur, o expresará una vocación por restablecer una estrategia compartida al sur del Río Bravo?

También debe registrarse regionalmente la potencia del vínculo bilateral que empieza a construirse entre Argentina y Venezuela, evidente en la cooperación venezolana vía exportación de fuel oil para atender las necesidades derivadas de la crisis energética local y más aún con la posibilidad de reactivación de la industria de los astilleros en la reparación y producción de barcos para Venezuela. Es un proceso con capacidad de incidir en el crecimiento de la economía, las exportaciones y el empleo, con clara orientación diferenciada en las relaciones internacionales con acento en el mutuo beneficio entre países.

El reciente viaje presidencial a China y las perspectivas abiertas deben inscribirse en este otro andarivel de la inserción internacional del país.

Diferente liberalización entre Brasil y Argentina

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Sujeto y trabajo

Arnold Kremer

Si uno lee la literatura social del siglo XIX, ve filmes como "Germinal", incluso a escritores de mediados de siglo XX como Elio Vittorini y la remata con la última novela de Saramago "La caverna"; si uno escucha a nuestros abuelos, casi centenarios, puede comparar las consecuencias de la segunda revolución industrial con los actuales resultados de la llamada globalización. No queremos decir que no hay nada nuevo bajo el sol sino que se confirma la tendencia del desarrollo capitalista enunciada y seguida por sus estudiosos críticos, desde "El capital" de Marx a "El imperialismo fase superior del capitalismo" de Lenin y "La integración mundial, ultima etapa del imperialismo" de Silvio Frondizi.

Empero la literatura tiene la ventaja de mostrar el dolor, el drama humano, psicológico, emocional, las catástrofes culturales, por encima de la lectura de un dudoso progreso justificado por las ciencias sociales.

Cierto es que frente a la escasez generalizada en el siglo XIX ha sido justo que Marx viese en el desarrollo capitalista, la acumulación de riqueza amasada en sangre que sería, no obstante, la base material imprescindible para pensar en una sociedad igualitaria. Sin embargo eso ya no parecía creíble a la segunda mitad del siglo XX a pesar que nosotros lo queríamos creer. Porque ese " queríamos creer" explica las revueltas mundiales de los sesentas, precisamente más fuertes en las generaciones de jóvenes bien alimentados, sea allá el mayo francés, acullá la primavera de Praga, ahí la masacre de Tlatelolco o aquí cordobazo llevado a cabo por las clases sociales populares, que habíamos disfrutado de la niñez peronista. Las cargas de caballería, los tanques, los gases, los garrotes y las ametralladoras nos demostraron que ya no era creíble, si alguna vez lo fue.

El hilo conductor en estos casi dos siglos ha sido el conflicto entre capital y trabajo, confrontación antagónica, irreconciliable por su propia naturaleza. Una historia tinta en sangre que puso la impronta sobre la historia de la vida del pueblo y está registrada en toneladas de páginas, en las ciencias, las artes y en la memoria colectiva. Un tema monumental, por cierto, del que aquí solo me propongo examinar la vinculación que en este proceso se ha establecido entre trabajo y sujeto, entre trabajo e identidad y cómo la historia de la modernidad – que es la historia del capitalismo – desarrolló una relación ambigua entre el culto y la humillación al trabajo. Desafortunadamente, el marxismo no escapó a esa influencia. Culto como forjador de la esencia humana y humillación en sus divisiones en jerarquías variables según exigencias de cada época, partiendo de aquella primogénita separación entre trabajo manual e intelectual y demás subdivisiones de acuerdo a las necesidades del mercado, incluso el socialista..

Hoy es evidente que el folleto de Engels "El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre" estuvo muy influido por el darvinismo, y un materialismo lineal que le atribuyó solo al trabajo la conformación de la conciencia y el lenguaje, otorgándole a la subjetividad una subordinación pasiva. De esa influencia entre un economicismo indeseado y un biologismo insospechado, debido al prestigio de las ciencias naturales en aquel siglo, viene la concepción marxista oficial que supone un sujeto sustancial, originado por las fuerzas productivas, materializado en el trabajador. En efecto: así como la evolución de las especies basada en la supuesta, al menos hoy cuestionada, supremacía de los más fuertes, la evolución del trabajo de sus formas presumiblemente menores a las mayores, artesanales a industriales, antiguas a modernas, etc. desarrollaría la clase social llamada a ser la emancipadora de la humanidad: los obreros industriales. El proceso industrial sería irreversible puesto que se identificaba acumulación y concentración capitalista con centralización productiva física..

La temprana descentralización productiva

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Descubren varios textos inéditos de Bertolt Brecht

Efe (24-08-2004)

Varios textos inéditos de Bertolt Brecht, entre ellos quince historias que tienen como protagonista al "señor Keuner", han aparecido en la pequeña localidad suiza de Brüttisellen, en el cantón suizo de Zúrich El autor del hallazgo es el escritor suizo Werner Wüthrich, investigador de la obra del gran poeta y dramaturgo alemán, autor además de un libro sobre Brecht y Suiza, informa el semanario helvético "Weltwoche". El semanario publica en su último número exclusivamente cinco de esas historias hasta ahora desconocidas del señor Keuner, a quien algunos consideran un alter ego del autor de "Madre Coraje", y que la editorial alemana Suhrkamp incorporará junto al resto y las ya conocidas en un nuevo volumen que aparecerá en septiembre.

El prolífico señor Keuner Con este descubrimiento son en total 121 las historias y fragmentos en torno al famoso señor Keuner, entre ellas las incluidas en las famosas "Historias de Almanaque", de 1948. Además de esas historias, el investigador suizo encontró toda una serie de originales como manuscritos para la escena, bocetos escénicos de Teo Otto, fotos y otros documentos relacionados con el exilio suizo del escritor. Un referente en la escritura Brecht vivió exiliado con su familia en Feldmeilen, junto al lago de Zúrich, entre noviembre de 1947 y octubre de 1948, en una casa que había puesto a su disposición la especialista en literaturas románicas Reni Mertens, que traduciría luego su obra al italiano. Tras la muerte de Reni Mertens en diciembre de 2000, una de sus hijas se ocupó de los documentos en su poder relacionados con Brecht y así es como llegaron a Brüttisellen, donde los descubrió Wüthrich, mientras preparaba su libro sobre la estancia del dramaturgo en territorio helvético.

Los textos del señor Keuner publicados por Weltwoche, incluido uno titulado "El señor K. y la política alemana", debieron de salir de la pluma (o máquina de escribir) de Brecht en 1948. El dramaturgo llegó a Suiza en noviembre de 1947 como ciudadano sin pasaporte tras haber huido prácticamente de Estados Unidos, donde le habían citado el FBI y el Comité sobre Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes. Como explicó con ironía el escritor al cineasta Erwin Leiser: "Cuando a uno le acusan de querer robar la estatua de la Libertad, es hora de largarse". En la neutral Suiza, según ha podido averiguar Wüthrich, Brecht, que estaba considerado como un "extremista de izquierdas" fue sometido a espionaje por las autoridades helvéticas, tal vez aconsejadas al respecto por las estadounidenses, que se negaron incluso a concederle permiso ilimitado de residencia. Biografía de Bertol Brech http://es.wikipedia.org/wiki/Bertolt_Brecht Bert (Bertolt) Brecht, nombre completo Eugen Berthold Friedrich Brecht ( 10 de febrero de 1898 en Augsburg-14 de agosto de 1956 en Berlín) es considerado el dramaturgo y poeta alemán más influyente del siglo XX. Ha sido renombrado y galardonado repetidas veces, tanto en el este como en el oeste de Alemania así como también internacionalmente. Nació el 10 de febrero de 1898 en Augsburg (Alemania). Su padre fue Bertolt Friedrich Brecht y su madre Sofie Brecht, nacida Brezing. Bertolt asistió a la escuela primaria desde 1908, a la escuela secundaria en Augsburg hasta 1917, año en el cual obtuvo el bachillerato de emergencia, debido a su implicación en un escándalo escolar. Por suerte, un profesor abogó a su favor. A continuación estudió medicina en Munich. Tuvo que interrumpir sus estudios al año siguiente ya que le llamaron a filas como soldado sanitario en un hospital militar en Augsburg. Durante este tiempo, conoció a Paula Banholzer que en 1919 dio luz a un hijo suyo, Frank. Siendo soldado alemán, Frank cayó en Rusia en 1943. A partir de 1920, Brecht viajó a menudo a Berlín, donde entabló relaciones con gente del teatro y de la escena literaria. En 1924 se trasladó a Berlín. Al principio trabajó en esta ciudad junto con Carl Zuckmayer como dramaturgo en el Deutsches Theater de Max Reinhardt. En el año 1922 se casó con la actriz de teatro y cantante de ópera Marianne Zoff. A partir de aquel momento, el joven artista tuvo papeles en Münchner Kammerspiele y en el Deutsches Theater de Berlín. Un año más tarde tuvieron una hija Hanne. Poco después conoció a su posterior esposa Helene Weigel. En 1924 nació su segundo hijo, Stefan, y tres años más tarde se divorció de Marianne Zoff. En 1929 se casó con Helene Weigel, matrimonio del cual tuvieron una hija, Barbara.

Desde 1926 tuvo frecuentes contactos con artistas socialistas, los cuales influenciaron su ideología ampliamente. Sus primeras obras ya tuvieron alguna característica de su interpretación de Hegel, cuyas obras conoció desde su primera juventud, así como de sus estudios de las obras de Karl Marx. A los 29 años publicó su primera colección de poemas "Devocionario Doméstico", un año más tarde tuvo el mayor éxito de teatro de la República de Weimar con "La Ópera de los Tres Peniques" (Música de Kurt Weill). Brecht siempre quiso influenciar al público con sus actuaciones, para lo cual eligió los medios de una manera dirigida hacia su meta, como por ejemplo, la radio, anécdotas o el teatro, a través de los cuales podía llegar al público correspondiente. Su meta fue un cambio social que debía alcanzar una liberación de los medios de producción. Incluyó tanto el ámbito intelectual como también el estético. Pueden observarse estas metas ya en sus primeras obras como "Baal", "Tambores en la Noche" y en su colección de poemas "Devocionario Doméstico". La "Ópera de los Tres Peniques", critica, por ejemplo, el orden burgués, del cual se burla representándolo como sociedad de delincuentes.

A comienzos del año 1933, la representación de la obra "La Toma de Medidas" fue interrumpida por la policía y los organizadores fueron acusados de alta traición. El 28 de febrero – un día después del incendio del Reichstag – Brecht con su familia y amigos abandonó Berlín y huyó a través de Praga, Viena y Zurich a Skovsbostrand cerca de Svendborg en Dinamarca, donde pasó cinco años. En mayo del mismo año, sus libros fueron quemados por los nacionalsocialistas.

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Ética y Moral

Leonardo Boff

¿Qué es ética y que es moral? ¿Son lo mismo o hay que hacer distinciones entre ellas? Hay mucha confusión acerca de esto. Tratemos de aclararlo. En el lenguaje corriente e incluso culto, ética y moral son sinónimos. Así decimos: "aquí hay un problema ético" o "un problema moral". Con eso emitimos un juicio de valor sobre alguna práctica personal o social, si buena, mala o dudosa. Pero profundizando la cuestión, percibimos que ética y moral no son sinónimos. La ética es parte de la filosofía. Considera concepciones de fondo, principios y valores que orientan a personas y sociedades. Una persona es ética cuando se orienta por principios y convicciones. Decimos entonces que tiene carácter y buena índole. La moral forma parte de la vida concreta. Trata de la práctica real de las personas que se expresan por costumbres, hábitos y valores aceptados. Una persona es moral cuando obra conforme a las costumbres y valores establecidos que, eventualmente, pueden ser cuestionados por la ética. Una persona puede ser moral (sigue las costumbres) pero no necesariamente ética (obedece a principios). Estas definiciones, aunque útiles, son abstractas porque no muestran el proceso, cómo surgen efectivamente la ética y la moral. Y aquí los griegos pueden ayudarnos. Ellos parten de una experiencia de base, siempre válida, la de la morada entendida existencialmente como el conjunto de las relaciones entre el medio físico y las personas. Y llaman a la morada, "ethos" (con e larga en griego). Para que la morada sea morada, hay que organizar el espacio físico (cuartos, sala, cocina) y el espacio humano (relaciones de los moradores entre sí y con sus vecinos) según criterios, valores y principios para que todo fluya y esté como se desea. Eso da carácter a la casa y a las personas. Los griegos también llaman a esto "ethos". Nosotros diríamos ética y carácter ético de las personas. Además, en la morada, los moradores tienen costumbres, maneras de organizar las comidas, los encuentros, modos de relacionarse, tensos y competitivos o armoniosos y cooperativos. A esto los griegos también lo llamaban "ethos" (con e corta). Nosotros diríamos moral y la postura moral de una persona. Sucede que esas costumbres (moral) forman el carácter (ética) de las personas. Winnicot, continuando a Freud, estudió la importancia de las relaciones familiares para establecer el carácter de las personas. Éstas serán éticas (tendrán principios y valores) si han tenido una buena moral (relaciones armoniosas e inclusivas) en casa. Los medievales no tenían las sutilezas de los griegos. Usaban la palabra moral (viene de mos/moris) tanto para las costumbres como para el carácter. Distinguían la moral teórica (filosofía moral), que estudia los principios y las actitudes que iluminan las prácticas, y la moral práctica, que analiza los actos a la luz de las actitudes y estudia la aplicación de los principios a la vida. ¿Cuáles son la ética y la moral vigentes hoy? Las del capitalismo. Su ética dice: bueno es lo que permite acumular más con menos inversión y en el menor tiempo posible. Su moral concreta reza: emplear la menor cantidad de gente posible, pagar menos salarios e impuestos y explotar mejor la naturaleza. Imaginemos cómo sería una casa y una sociedad (ethos) que tuviesen tales costumbres (moral/ethos) y produjesen caracteres (ethos/moral) igualmente conflictivos. ¿Sería todavía humana y benéfica para la vida? Aquí está la razón de la grave crisis actual.

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