Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Hace falta una reconstruccion global

Stéphane Beaud, Michel Pialoux

Encuesta a los obreros de Peugeot de Sochaux

Con los artículos que estamos presentando queremos comenzar una reflexión sobre cuáles son hoy las tareas que se le plantean a la clase trabajadora para lograr recomponer su conciencia de clase y sus instituciones, en la perspectiva de volver a proponerse como sujeto capaz de liderar la transformación social.

Es preciso partir de reconocer los cambios estructurales que ha sufrido. Se trata de una "nueva clase trabajadora", caracterizada -esencialmente- por una nueva relación laboral (marcada por la desocupación y la exclusión). Como también las pérdidas subjetivas, la autocompresión como clase, y la falta de toda perspectiva que vaya más allá del orden capitalista existente.

Del primero queremos señalar, que lo hemos tomado gentilmente de la revista marxista revolucionaria francesa Carrè Rouge, en el que François Chesnais escribió una reseña del libro Retour sur la condition ouvrière*, sobre los cambios en las vidas de los obreros –y sus familias– que trabajan en Peugeot y las fábricas subtratantes, en la región de Sochaux-Monbéliard, Francia, durante los últimos 15 años. El siguiente es un extracto de esa reseña.

El método de investigación y sus implicancias

Entrevistas individuales llevadas a cabo de manera continua durante un período largo, cuatro años como mínimo, o mucho más largo –en ciertos casos de más de quince– con los obreros de Peugeot es el método de investigación aplicado por los autores. Y se los volvió a entrevistar en diferentes ocasiones de su vida y su actividad: como militantes (en los locales sindicales, en las reuniones de los comités de huelga durante el conflicto de 1989), o como ciudadano en las fiestas de la FCPC de la escuela o del colegio de sus hijos e incluso en su vida familiar.

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MI ABUELO, MI MADRE Y YO. TRES GENERACIONES CONTRA EL TRABAJO

Mi abuelo, que era jornalero agrícola, leía a Marx y Lenin en las horas de descanso bajo la sombra de un árbol. En un momento de su vida apostó toda su hacienda, herencia y algún debito para abrir un negocio de alimentación y así tener tiempo para militar en el PCI. “Podríamos haber sido ricos si no hubiese pensado sólo en hacerse arrestar” todavía repite continuamente la abuela. Mi madre, una vez llegó a Milán, se puso a trabajar en una fábrica y a participar en las luchas de los precarios de la enseñanza, para acabar trabajando como secretaria y escapar así a la condena del trabajo y de la vida. Yo, desde que empecé a trabajar, no me plantee el problema de escapar a esta o aquella condición de trabajo, al contrario, he tenido tantos trabajos de mierda que los concebía siempre como transitorios, bien para tener más tiempo, además del dedicado al trabajo, para mí y para desarrollar otra actividad. Part-time, cfl, en negro, cooperativista, co.co.co., a tiempo indeterminado, son las tipologías de “contrato” con las cuales he desempeñado trabajos de mudanza, encuestador, eventual de correos, dependiente, sistemista … y también cualquier pequeña actividad ilegal, para conseguir no dedicar toda mi existencia sólo al trabajo, además de tener una renta y tiempo más allá del trabajo. Mi abuelo, mi madre y yo a partir da condiciones diferentes y con modalidades diversas, hemos buscado líneas de fuga para las diversas formas en las que se presenta la esclavitud del trabajo subordinado; hemos intentado sustraernos a la reducción de la vida al trabajo, a la imposición del trabajo (comprendida su exclusión) a la que nos somete bajo varias formas y en las diversas fases históricas, este sistema más social que económico llamado capital, que hoy reduce toda nuestra existencia a mercancía.

Mi abuelo, una vez puesto en marcha el negocio, y retornado al campo para sostener las luchas de los jornaleros pensaba que, si el PCI hubiese vencido y tomado el poder, todos habríamos tenido de qué vivir a través del trabajo socialista que, ¡ay de mí!, siempre es trabajo, siempre de subordinación se trata también en la economía socialista. Mi madre, cuando llegó a Milán, encontró alojamiento y trabajo a través de la organización extraparlamentaria en la que militaba, y en la cual continuó militando hasta el reflujo de los años 80, pensando que, si se hubiese hecho la revolución, se habría acabado con la explotación y tendríamos una distribución distinta del trabajo y por tanto de los recursos. Yo en cambio, el tiempo que he logrado sustraer al trabajo, lo he dedicado principalmente a actividades inherentes a la construcción de un centro social y, “superado” el problema de los desalojos, al desarrollo de este proyecto colectivo y territorial que hoy nos gusta definir biopolítico. Porque el recorrido colectivo que hemos emprendido, a partir de la cuestión de los espacios y después a la del tiempo para dedicar a las actividades a desarrollar dentro y fuera del centro social, ha tenido un acercamiento respecto a la cuestión de los recursos de reapropriación y de gestión directa de los mismos, en contraposición a la única modalidad de acceso que es el trabajo. El tiempo, tiempo para dedicar a los proyectos, tiempo a partir de la valorización del rechazo del trabajo, de cualquier tipo. “Trabajar para nosotros, para mejorar la calidad de la vida en el territorio.” Hace diez años que hemos iniciado una negociación con la administración municipal, no solo por el espacio, sino también para tener recursos financieros para reconstruir el centro y para desarrollar diversas actividades sin hacer voluntariado o utilizando el tiempo libre del trabajo para dedicarnos a la militancia política, reivindicando explícitamente el rechazo del trabajo y proponiendo proyectos de cooperación social autogestionada. Hemos conseguido fondos para reestructurar el centro aunque todavía no hemos logrado un solo euro para las actividades que se desarrollan, y por esto no hemos firmado el acuerdo deliberado en el consejo municipal para la asignación del espacio, pero nos las hemos arreglado y hemos puesto en común la tensión singular que cada uno, en plena soledad e impotencia, practicaba. Hemos empezado a hablar no sobre un salario justo, sino de una renta, entendiendo con ello la reapropiación y la gestión directa de los recursos a través de un proceso de cooperación. Pero no nos hemos recluido en el centro, hemos afrontado al mismo tiempo la fractura espacio-temporal que el capital nos imponía con nuevos modos de ser al trabajo durante la fuga de masa de la fabrica. Hemos continuado trabajando, entrando y saliendo del mercado de trabajo, utilizando también el instrumento de la negociación sindical y legal en los lugares de trabajo y una vez concluido el conflicto porque la producción se desplaza a otro lugar o se da el despido individual, reivindicamos de todos modos siempre los sueldos para tener tiempo de buscar otro trabajo y/o para desarrollar un año sabático en el centro y nominando también en los lugares de trabajo todo lo que es renta, lucha por la renta y no por el trabajo. Al mismo tiempo, dentro del centro, se ha iniciado y todavía está en curso también un proceso de autorenta, de utilización de una parte de los recursos producidos por nuestra economía de gestión, por algunas actividades de carácter principalmente político y social que nos han ayudado a afrontar individualmente y colectivamente la precariedad creciente de la existencia. Así, buscando valorizar y promover el rechazo del trabajo, buscando la ruptura a partir de las actuales modalidades de ponernos al trabajo, buscando invertir el concepto de flexibilidad y utilizarlo en nuestra ventaja; para sustraerse a la valorización capitalista de todas las actividades humanas que es hemos llegado a la experimentación de experiencias de libre cooperación.

Durante el desarrollo de este proceso de autorganización nos hemos planteado el problema de cómo generalizar la posibilidad, de cómo hacer que todos pudieran emprender proyectos de cooperación para participar en otra producción material e inmaterial del mundo. Cómo pasar del reino de la oportunidad para algunos al de la posibilidad para todos, considerando el chantaje del salario que sufrimos? Cómo generalizar la posibilidad de acceder a los recursos sin estar obligados a trabajar, garantizando así a todos la existencia sin ningún chantaje, para decidir libremente cómo, qué, cuánto y cuándo producir? Estas interrogaciones nos han llevado desde el trabajo a las actividades humanas y a la libre cooperación, desde el salario a la renta de ciudadanía universal e incondicionada. Es esta la búsqueda que nos hace escribir, que nos hace relatar nuestra experiencia en este magazine. En este magazine no sentirás ninguna añoranza por el puesto fijo de por vida, no demonizaremos la flexibilidad, no hablaremos de salario justo, de salario europeo, de salario garantizado, de renta mínima de inserción, de 35 horas, de indemnización por desocupación, de welfare municipal porque nos proponemos eliminar la explotación y quedarnos el trabajo. Aquí en cambio se trata de liberarse del trabajo, de cómo lograr emprender y generalizar procesos de reapropiación y gestión directa de los recursos para decidir libremente sobre la propia vida. La renta de ciudadanía es puesta en común desde los infinitos modos de sustraerse a la imposición del trabajo, es reconocimiento y valorización de los procesos de autovalorización individual y colectivos que, si no practican objetivos comunes, son destinados a ser nuevamente metidos al trabajo, tutti quanti. La renta de ciudadanía es imaginar una tendencial liberación del tiempo de vida a través de una reducción del rechazo sobre el salario. La renta de ciudadanía es un presupuesto imprescindible para una organización horizontal de la multitud y del éxodo. Veréis que mi abuelo, mi madre y yo hemos, junto a tantísimas otras tentativas que han acabado encontrar practicas y palabras comunes, metido en crisis y forzado a este sistema a nuevos límites para conseguir ´reinsertarnos’ de nuevo al trabajo? ¿Qué otro instrumento podríamos hoy practicar, si no la renta de ciudadanía, para no recaer en esta trampa?

Traducción: autsoc.

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El Imperialismo hoy

Pablo González Casanova

A fines del siglo XX, el imperialismo, que es la formación más avanzada del capitalismo, domina en el mundo entero, con excepciones como Cuba, muy poco explicadas en la teoría de las alternativas. Desde los años 70 y 80, las redefiniciones o reestructuraciones del imperialismo dieron una fuerza especial al proceso conocido como "globalización". Bajo ese proceso se delinearon las nuevas formas de expansión de las grandes potencias, en particular de Estados Unidos. En la década de los setenta, Estados Unidos pasó a la ofensiva en el control mundial al imponer el dólar en vez del oro, que hasta entonces había sido el referente de todas las monedas. Con Europa y Japón, Estados Unidos formó una Triada a la que encabezó y con ella impulsó una política de endeudamiento interno y externo de los gobiernos que enfrentaban una crisis fiscal creciente o una crisis en la balanza de pagos. Sus víctimas principales fueron los gobiernos de los países dependientes, incapaces de alterar la relación de intercambio desfavorable, o el sistema tributario regresivo, y urgidos a la vez de satisfacer demandas populares mínimas para mantener su precaria estabilidad. La política global de endeudamiento de los poderes públicos y nacionales renovó el viejo método de sometimiento de los deudores por los acreedores y ocurrió a nivel mundial macroeconómico, incluyendo a muchos gobiernos de las ciudades metropolitanas. El proceso de endeudamiento correspondió al desarrollo de un capitalismo tributario y al sometimiento financiero renovado de los países dependientes. Con tasas de interés móviles, que podían aumentar a discreción del acreedor, la política de globalización impuso un sistema de renovación automática de una deuda creciente e impagable que hizo de la dependencia un fenómeno permanente de colonialismo financiero, fiscal y monetario. Desde l973, tras el golpe de Estado de Pinochet, se implantó en Chile el neoliberalismo. Desde los ochenta, el neoliberalismo se convirtió en la política oficial de Inglaterra, con la Tatcher, y de Estados Unidos, con Ronald Reagan. Las fuerzas dominantes enaltecieron al neoliberalismo como una política económica de base científica y de aplicación universal, reafirmando y renovando la ofensiva anglosajona que desde el siglo XVII impulsara Inglaterra bajo el manto del liberalismo clásico para aprovechar las ventajas que le daba en el comercio mundial ser el país más industrializado. La globalización neoliberal iniciada a fines del siglo XX tuvo también como objetivo central la privatización de los recursos públicos, la desnacionalización de las empresas y patrimonios de los Estados y los pueblos, el adelgazamiento y la ruptura de los compromisos del Estado social, la "desregulación" o supresión de los derechos laborales y de la seguridad social de los trabajadores; el desamparo y la desprotección de los campesinos pobres para beneficio de las grandes compañías agrícolas, en particular las de Estados Unidos; la mercantilización de servicios antes públicos (como la educación, la salud, la alimentación, etc.); la depauperación creciente de los sectores medios; el abandono de las políticas de estímulo a los mercados internos; la instrumentación deliberada de políticas de "desarrollo del subdesarrollo" con el fin de "sacar del mercado" globalizado a los competidores de las grandes compañías… El neoliberalismo globalizador exportó la crisis a las periferias del mundo al tiempo que se apropió de los mercados y medios de producción y servicios que habían creado en la post-guerra, , sustituyendo los que no eran rentables, y estableciendo un neocolonialismo cada vez más acentuado y represivo, en que compartió los beneficios con las oligarquías locales, civiles y militares, y negoció con ellas privatizaciones y desnacionalizaciones para asociarlas al proceso.

La negociación, como concesión, cooptación y corrupción adquirió características macroeconómicas y estuvo constantemente vinculada, a nuevos fenómenos de paternalismo, de humanitarismo caritativo, de cooptación y corrupción de líderes y clientelas, fenómenos que abarcaron incluso a las poblaciones más pobres y hostigadas contra las que se preparó un nuevo tipo de guerra llamada de baja intensidad con contingentes militares y paramilitares y con las más variadas formas de terrorismo de Estado a cargo de "fuerzas especiales", encargadas de "operaciones encubiertas" realizadas por agencias gubernamentales, o por agentes subsidiados y contratados por las mismas. En el montaje de un teatro de confusiones la pérdida de sentido de las luchas alternativas, los negocios de la droga aportaron contribuciones millonarias. Con ellas se logró la criminalización real y fingida de líderes y movimientos populares, sistémicos y antisistémicos. En los noventas la guerra económica entre las grandes potencias sucedió al proyecto de gobernabilidad del mundo por la Trilateral. Estados Unidos sometió en pocos años a Japón y a los Tigres asiáticos. El gran capital impuso una política de apoyo fiscal, político y militar creciente a los contribuyentes más ricos, muchos de ellos poseedores de los bancos y de las megaempresas, y a menudo también integrantes de los altos cargos públicos y de las viejas y nuevas élites dominantes. Los privilegios al gran capital legalizaron formalmente la apropiación de recursos públicos y privados en el centro y la periferia del mundo capitalista, incluyendo el derecho a especulaciones gigantescas como la que estuvo a punto de quebrar al Banco de Inglaterra. Muy pocos años después de iniciado el proceso, el complejo militarempresarial de Estados Unidos, expresión máxima del capitalismo organizado dominante, confirmó que sus mediaciones, instituciones y recursos de dominación ideológica, política y económica habían llegado a un punto de crisis amenazadora para su dominio y sus intereses. Eso los llevó a enducer su política y a emprender nuevas acciones que le permitieran mantenerse a la ofensiva y ampliar su situación de privilegio. La crisis de las mediaciones del capitalismo organizado se manifestó en un creciente desprestigio de su proyecto de democracia de mercado; en los graves escándalos de corrupción de que fueron actores principales gerentes y propietarios de las megaempresas que supuestamente eran más honrados que los funcionarios populistas y socialdemócratas de los gobiernos "adelgazados"; en el malestar abrumador de una ciudadanía sin opciones, aprisionada entre los mismos programas y políticas de demócratas y republicanos, y víctima de la inseguridad social y el desempleo en ascenso, del deterioro e insuficiencia de las escuelas públicas, de la falta de servicios médicos y de medicinas; de la criminalidad generalizada en ciudades y campos. Las elecciones fraudulentas y elitistas, en que Bush perdió la presidencia de Estados Unidos por 500,000 votos y poco después ganó por la decisión de una minoría de cuatro jueces a favor y tres en contra, fueron el punto de partida de un proceso de lógica totalitaria en que las mentiras no se dicen para que se crean sino para que se obedezcan. Y como a la crisis de instituciones y de mediaciones se añadiera el peligro de una recesión que no cedía, Estados Unidos llevó a Europa la guerra económica conque ya había controlado a Japón. Al mismo tiempo aceleró una ofensiva geopolítica mundial que ya había iniciado años antes. Con la invasión de Irak culminó sus intervenciones en Europa Central (Kosovo), en Asia Central (Afganistán), y en el "Medio Oriente" esta última a cargo de Israel, hechura de la estrategia militar de "Occidente" y cada vez más instrumentada por Estados Unidos. Diez años de bombardeos contra Irak, apoyados por las propias Naciones Unidas, tras debilitar y empobrecer terriblemente a ese país, facilitaron la ocupación de su territorio y, sobre todo, de sus inmensas riquezas petroleras. Estados Unidos mostró cada vez más ser el líder de la globalización neoliberal e incluso hizo gestos simbólicos y prepotentes que confirmaran su carácter de "Soberano" que puede estar por encima de las Naciones Unidas para declarar la guerra, de la Suprema Corte de Justicia para violar los derechos humanos, de los acuerdos de Koto para no firmar un compromiso que lo obligue a tomar las medidas necesarias para la preservación de la tierra. La nueva política globalizadora frente a la crisis interna y externa consistió en dar prioridad al neoliberalismo de guerra y a la conquista de territorios, empresas y riquezas mediante la fuerza. En el campo ideológico Estados Unidos complementó su ideología de lucha por la democracia y la libertad, gravemente desprestigiada, por la ideología de una guerra preventiva contra el terrorismo. Se adjudicó el derecho de definir a éste y de incluir en la definición a todos los opositores de que necesitara deshacerse, y de excluir de ella a todos los delincuentes que necesitaría y a sus propios cuerpos especiales militares y paramilitares "con derecho de matar" y "torturar". La guerra no estuvo incluida en los actos de terrorismo ni de bombardeo y exterminio de las poblaciones civiles, de pueblos, ciudades y países enteros. Al contrario, Estados Unidos afirmó emprender una guerra del Bien contra el Mal, que se disponía librar en todas partes del mundo y por un tiempo indefinido. No todos los falsos mitos de la Edad Moderna fueron suplantados. Muchos, como la democracia con sangre, fueron impuestos por las fuerza. El gobierno de Estados Unidos fingió que había ido a Irak para imponer la democracia y construir un país independiente mediante la conquista. Sus engaños razonados mostraron tanta violencia como la que ejerció sobre la población de Irak con el argumento de que su verdadero objetivo era aprender a Sadam Hussein, mientras para ello destruía al país ciudad por ciudad y casa por casa, y se apoderaba de sus ricos pozos petroleros. La consternación mundial frente a esa política inhumana se manifestó en el desfile de millones de gentes en las grandes capitales del mundo. También apareció en el desconcierto y la sensación de impotencia que vivieron los movimientos sociales partidarios de la paz y en lucha por "otro mundo posible" Estados Unidos se propuso demostrar al mismo tiempo su decisión de actuar solo cuando fuera necesario, y de asociar a sus proyectos de intervención mundial a los gobiernos de los países altamente desarrollados y de las potencias intermedias, así como a las demás burguesías y oligarquías del mundo que se plegaran a aceptar y apoyar "sus valores y sus intereses". A través de concesiones y represiones buscó forjar un complejo imperialista. Por sentido común entendió que el reparto del botín y de las zonas de influencia debía dar prioridad en todo caso a los Estados Unidos, con pequeños ajustes previa o posteriormente acordados. La política de represiones y de negociaciones abarcó a todos los actores y los actos. Orientada siempre por la política de privatización, incluyó la privatización de las empresas de guerra y de los ejércitos, y la privatización en profundidad y en extensión, incluyendo la tierra y el subsuelo, las fuentes energéticas, el agua y los mares, el aire y el espacio aéreo. En esta etapa de la globalización neoliberal, Estados Unidos, y sus complejos y redes de asociados y subordinados, siguieron aprovechando la crisis por la que atravesaban los movimientos de liberación, por la democracia y por el socialismo. Los movimientos alternativos, sistémicos y no sistémicos seguían padeciendo la desestructuración y enajenación de ideologías y estructuras y de los flujos de información y acción. Aunque desde los años noventa se hubiera iniciado el movimiento universal por una nueva alternativa que busca combinar y enriquecer las experiencias de las luchas anteriores, la claridad de ideas y la eficacia de la organización de pueblos, trabajadores y ciudadanos resultaron muy insuficientes para enfrentar la terrible ofensiva. Muchos de ellos habían pensado que la crisis creciente del capitalismo de por sí los favorecía. No habían imaginado la inmensa capacidad de reacción y de violencia de que era capaz el capitalismo. O no habían querido verla. La "guerra preventiva de acción generalizada" no sólo constituyó un cambio profundo frente a "la estrategia de la contención" que había privado durante la guerra fría sino la forma más adecuada -a corto plazo- para que el gran capital y las potencias imperialistas impidieran el desarrollo de la conciencia y la organización de las fuerzas alternativas emergentes. En esas circunstancias empezaron a atropellarse unas contradicciones a otras sin que destacaran las luchas por la liberación, la democracia y el socialismo como aquellas que dan un nuevo sentido a la historia. Junto a las grandes manifestaciones de protesta contra la guerra, aparecieron movimientos locales y globales de una riqueza teórica y organizativa extraordinaria; pero sus luchas tendieron a quedarse en actos de protesta, y a lo sumo en actos de presión pasajera, o de lenta construcción de alternativas. En su mayoría todavía mostraron ser incapaces de frenar la política neoliberal que en la paz y en la guerra está llevando el mundo a una catástrofe generalizada. A los movimientos a la vez alentadores e incipientes, se añadieron otros de un pensamiento religioso y fundamentalista que tiende a reproducir la situación anterior de opresión y enajenación de los pueblos oprimidos y fanatizados. Los líderes de la resistencia rara vez representaron a los líderes del pensamiento crítico y radical y a menudo lo representaron en sus formulaciones más autoritarias y confusas como en el caso de los maoístas de Nepal, que volvieron a actuar como líderes de movimientos armados incapaces de construir un mundo alternativo. En muchos otros casos los movimientos guerrilleros fueron penetrados la contrainsurgencia que, con el narcotráfico y los agentes especiales, los inhabilitaron para emprender la necesaria revolución éticopolítica. Buen número de guerrillas se transformaron en grupos de forajidos sin más ley ni ideología que el pillaje y que la dominación represiva de las propias poblaciones en que se insertaban y en que a veces llegaban a imponer políticas clientelistas y de privilegios excluyentes, étnicos o lingüísticos. Parecían estar hechas a la imagen y semejanza de los "terroristas bestializados" por el terrorismo de Estado. Por todas partes, y en las más distintas culturas se desarrollaron instintos autodestructivos, individuales y colectivos muchos de ellos vinculados a una violencia de la desesperación. En el campo de las luchas políticas y sociales, de los partidos y de las organizaciones de la sociedad civil, los modelos de corrupción y represión, de conformismo y de enajenación anularon buen número de movimientos que originalmente mostraban una salida a los pueblos. Sus líderes fueron cooptados o corrompidos, o simplemente se adaptaron a un mundo controlado en que predominan las filosofías individualistas en que cada quien "jala por lo suyo". Es cierto que al mismo tiempo fueron surgiendo grandes movimientos como los de Chiapas en México, Seattle en Estados Unidos, Porto Alegre en Brasil, el otro Davos en Europa, Mombay en la India, y muchos más que buscan unir lo local y lo universal y forjan los nuevos proyectos de un mundo libre, equitativo, independiente que se acerca a la verdadera democracia, al verdadero socialismo y a la verdadera liberación. Pero todas esas luchas ocupan un espacio demasiado pequeño en relación a las necesidades del cambio sistémico y de la sobrevivencia humana, amenazada por una guerra contra los pobres que puede terminar en guerra bacteriológica y nuclear. Aparecieron así, a la vez, las contradicciones entre el imperialismo y los países dependientes, neocoloniales y recolonizados; las contradicciones entre los trabajadores y el capital, muchas de ellas mediatizadas y estratificadas; las contradicciones entre las etnias y las naciones-Estado; las contradicciones entre las potencias atómicas y nucleares y entre los propios integrantes de la comunidad imperialista, celosos de sus cotos y temerosos de perder poder y privilegios. Todas esas y muchas contradicciones más se plantearon en un imperialismo dominante más o menos colectivo que tiende a identificarse con el capitalismo como sistema global. El desenlace de las contradicciones no apareció más o menos asegurado en el sentido de que un sistema más justo y libre que el sistema capitalista mundial pudiera alcanzarse en el tiempo de una generación de luchadores políticos, sociales o revolucionarios. Es más, la amenaza a la sobrevivencia de la humanidad hizo pensar a las fuerzas gobernantes en una alternativa aun más siniestra, que mantuviera sus privilegios y su poder: la destrucción de una parte de la humanidad para la sobrevivencia del resto de la humanidad. Ese razonamiento llevó a la imposición paulatina y constante de un régimen de "nazismocibernético" con eliminación de pueblos enteros en el mundo, a la manera de Pol-Pot o del equivalente a los siete millones de judíos víctimas del nazismo anterior, que ahora apunta en el campo de concentración y eliminación en que el imperialismo y sus asociados han convertido a Palestina. La inmoralidad y criminalidad enfermizas de los nuevos dirigentes del sistema, como la de los antiguos nazis, combinada con el conocimiento y uso que hacen de las tecnociencias y de los sistemas auto-regulados, adaptativos y creadores, anunciaron oscuramente un negro futuro para la humanidad si los pueblos de las periferias e incluso de las metrópolis no logran imponer la transición a un sistema de producción y democracia post-capitalista que asegure la vida humana y la sobrevivencia de la especie. Todas las redefiniciones del imperialismo de hoy parecen dirigirse a la construcción de un imperio encabezado por Estados Unidos, sus asociados y subordinados en el que es más probable una guerra entre las potencias nucleares que una revolución social, o que un cambio de ruta hacia la socialización, democratización e independencia real de las naciones, los ciudadanos y los pueblos. De ese hecho derivan, en parte, las afirmaciones irresponsables de Michael Hart y Antonio Negri en el sentido de que es necesario sustituir el concepto de imperialismo por el concepto de imperio y el de lucha de clases por el de una lucha de "la multitud" contra "el imperio". La superficialidad de esta interpretación se debe en gran medida a una coyuntura histórica en que es evidente que ha ocupado un primer plano de la escena la construcción del imperio mundial por Estados Unidos. También se debe al hecho evidente de que la lucha de clases original y actual ha sido fuertemente mediatizada por otras luchas políticas, económicas, ideológicas y sociales, y que las organizaciones que lucharon contra el sistema de dominación y acumulación característico del Capitalismo, fueron mediatizadas y derrotadas primero en el siglo XIX y después en el XX. Todavía a principios del siglo XXI se vive la desorganización de las fuerzas alternativas y de sus propias organizaciones o medios, para alcanzar el socialismo, la democracia, la liberación. El carácter relativamente informe y multitudinario que las fuerzas alternativas todavía presentan es evidente. Pero ni del proyecto americano de un Imperio Global ni de la crisis mundial de las alternativas, puede derivarse que en vez de pensar y actuar contra el imperialismo se debe pensar y actuar contra el imperio y que en vez de pensar en las nuevas organizaciones de la resistencia y de la organización del poder alternativo, se debe luchar en los vagos términos de un pensamiento libertario o neoanarquista conservador que pretende enfrentar la multitud desorganizada al capitalismo más organizado de toda la historia. El origen del planteamiento mistificador de Hart y Negri proviene de una lógica de las disyuntivas que generalmente ha sido reaccionaria. Consiste en pensar que lo nuevo del imperialismo acaba con el imperialismo y que lo nuevo de la lucha de clases se expresa en una lucha histórica a cargo de las multitudes, ese otro término con que el pensamiento conservador y elitista ha visto siempre a los pueblos y los ha temido agresivamente. La verdad es que hoy, más que nunca, el concepto del imperialismo como una etapa del capitalismo y de la historia de la humanidad, sigue siendo un concepto fundamental. Al articular la historia de los imperios con la historia de las empresas, el concepto de "imperialismo" puso al descubierto el poder creciente de las empresas monopólicas y del capital financiero. También replanteó la lucha antimperialista combinando la lucha de las naciones oprimidas con la lucha de las clases explotadas. Si hoy estamos asistiendo a la construcción de un imperio mundial por el complejo militar-empresarial de Estados Unidos (y la palabra imperio les resulta grata desde la reina Victoria) ese proyecto de Imperio corresponde a las más avanzadas políticas imperialistas y capitalistas: combina la creciente fuerza de las megaempresas y de las potencias en que se apoyan, y de que se sirven, con las nuevas formas de dominación y explotación de los pueblos y los trabajadores. De hecho articula cada vez más el imperialismo al capitalismo hasta hacer incomprensible uno sin el otro. Es más permite explorar las contradicciones en la construcción del imperio mundial norteamericano en pugna inevitable con otros imperios dada su creciente apropiación y dominación de territorios, recursos y poblaciones, y el hecho de que aparece como el beneficiario principal de la nueva acumulación original y ampliada de capitales, planteando problemas de inseguridad a las grandes potencias y a las potencias intermedias. La lucha contra el imperialismo y el capitalismo como una lucha por la democracia, la liberación y el socialismo corresponde por su parte a un fenómeno alternativo, de sistemas emergentes y tanto por sus tendencias naturales como por las que serán dirigidas a alcanzar esos objetivos puede tener un crecimiento exponencial que incluya a la propia población de los Estados Unidos, no se diga a la del resto del mundo. En ese futuro el ejemplo de Cuba, lejos de ser "excepcional" tiene características universales que aparecerán más y más conforme se descubra en ella la necesidad étnicopolítica que todo movimiento por la liberación, la democracia y el socialismo debe priorizar en la organización de su pensamiento y de sus actos.

Mayo, 2004

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Europa: cultura humanística de democracia y libertad

Joaquín Miras Albarrán

EL DEBATE SOBRE EUROPA Y LA CONSTITUCIÓN EUROPEA

Europa no fue nunca antes en la historia el nombre atribuido a una región integrada de comercio y mercado, ni a una entidad política, ni a una unidad religiosa. En origen, y durante muchos siglos, la palabra Europa no poseyó otro sentido que el propio de una denominación geográfica, con un significado tan descriptivo y anodino como el de los demás nombres propios de un Atlas; era entonces, además, un nombre al que a penas se recurría.

Ahora bien, en el sentido muy especial, y también eminente, en el que una determinada tradición intelectual constituida por el pensamiento Humanista, cívico político, ha usado dicho término como denominación durante los últimos doscientos cincuenta años, la palabra Europa es algo distinto y algo más que el nombre de un territorio geográfico continental o la denominación del conjunto de poblaciones, culturas y creencias comprendidas en ese territorio, o una región organizada por un mercado.

Europa es el nombre del que se dota, a fines del siglo XVll, una tradición cultural, la tradición democrático republicana de la Antigüedad clásica grecolatina, rescatada, restaurada y transmitida por el Humanismo cívico, laico y republicanista, con el fin de designar un proyecto cívico de convivencia y ciudadanía.

Este hecho, sobre el que vamos a volver de inmediato, sin embargo, ha desaparecido en el actual debate sobre la constitución europea, que no es sólo un debate político –económico político-, sino también ideológico cultural, y  en el que además del nuevo reparto de poder entre las diversas fracciones plutocráticas europeas, se dirime también, cuál debe ser la idea de Europa que el bloque de poder dominante decida apoyar y tratar de convertir en “sentido común”. Por ello estamos asistiendo a una fabulosa falsificación histórica: a la “reescritura” mendaz  de la historia de las luchas y de las ideas que se desarrollaron en una determinada área geográfica, que estaba comprendida –ahora sí- en el continente europeo.

El nombre de Europa deja de ser un nombre propio geográfico convencional,  para adquirir un sentido político filosófico análogo al que le damos, durante la segunda mitad del siglo XVll. Durante ese siglo, los poderes despóticos de los estados absolutistas y de las diversas iglesias cristianas –Católicos y Protestantes- precipitaron a las sociedades de un territorio geográfico denominado hasta entonces “La Cristiandad” en un torbellino de guerras, esfuerzo económico para la guerra, violencia represora, y persecuciones y asesinatos en masa contra todo aquel que declarase ideas y creencias diferentes a las del represor.

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IU: Abrazados a una política muerta

Manuel Cañada

" Adso, el error consiste en creer que primero viene la herejía y después los simples que la abrazan (y por ella acaban abrasados). En realidad, primero viene la situación en que se encuentran los simples, y después la herejía." El nombre de la rosa, Umberto Eco

La próxima celebración de la asamblea extraordinaria de IU me anima a poner por escrito algunas dudas y reflexiones que revolotean hace tiempo en mi cabeza, pero que quieren posarse en un territorio ajeno y desconfiado de las luchas de poder propias de este tipo de eventos. Soy afiliado del PCE y de IU, pero antes soy militante de un partido más amplio y decisivo, el partido de la alergia al capitalismo, el partido de la rebeldía contra el poder. Mi lealtad pertenece a esas ideas antes que a un partido. Para empezar habría que bajarle los humos y atemperarles la prisa a todos aquellos dirigentes de esa formación política que, enfangados en la enésima lucha de misérrimo poder, no se percatan siquiera (o sí, lo que es más grave aún), de que IU es una pequeña expresión, cada día más pobre y extraña a la vida cotidiana de los comunes, dentro del campo de fuerzas sociales y culturales de la transformación o del antagonismo. Relájense los burócratas, de variada procedencia y adscripción, prestos siempre a vender la última confrontación interna como la madre de todas las batallas. No sirven los atajos para quienes, exiliados interiores en la dictadura del capital, quieren "cambiar el mundo de base". Ni afinamientos de discurso, ni líderes providenciales elegidos o subastadas por la Cadena Ser o El País, resolverán la encrucijada. O al menos no lo hará para aquellos que, honestamente, siguen pensando en IU como un instrumento más de lucha por una forma de vivir alternativa, ajena a la explotación del ser humano y de la naturaleza. 1. La mutación de IU Hace ya mucho tiempo que en IU las palabras son lana marchita, que diría Vicente Aleixandre. Las palabras ya no sirven, se independizan de su significado original, declinan hacia el metalenguaje de los aparatos. Se pierde la congruencia básica entre lo que se dice y lo que se hace, se pierde la tensión moral imprescindible para quienes pugnan por otro mundo. "En una sociedad basada en el antagonismo clasista, todos estamos calados por este antagonismo, todos somos auto-contradictorios", afirma Holloway, uno más de tantos repudiados por una izquierda tan expeditiva en sus juicios como perezosa en el estudio. Odiamos el mundo que amamos. Y todos somos autocontradictorios, pero los que nos levantamos contra el desorden existente tenemos que estar peleando todos los días (y hacerlo si es posible con alegría) por derrotar la resignación, el interés individual, el poder que vive en cada uno de nosotros. En los siglos XII y XIII surgieron numerosas corrientes heréticas en el seno de la Iglesia. Era la particular forma que adoptaba la lucha de clases de aquel tiempo. Las herejías, e incluso movimientos "moderados" como los franciscanos, nacían como una denuncia del divorcio entre la retórica de la pobreza que hacía la Iglesia Católica y su práctica de ostentación, corrupción y sólida alianza con los poderes temporales. Los debates de la Iglesia oficial de aquel tiempo eran monumentos exquisitos de hipocresía, acabadas muestras de sutileza doctrinal y bizantinismo solo accesible para los elegidos. A quienes demostraban combinar mejor el arte de los equilibrios internos y la falta de escrúpulos les estaban reservados los mejores púlpitos. Bastante de esto ocurre hoy en IU, y también en otras capillas del mundo alternativo. En tiempos del vilipendiado Julio Anguita al que, en una demostración más de que el estalinismo anida en los corazones más renovadores y tiernos que uno pueda imaginarse, eliminaron incluso del video de la historia de IU, al menos existía un afán por la coherencia. Julio Anguita y la IU de esos años, incluso cuando enunciaba un discurso moderadísimo como la defensa de los contenidos sociales de la constitución o la exigencia de pleno empleo, era creíble. Un rojo, dispuesto a hacer transacciones, aplazamientos, alianzas, pero un rojo. Dispuestos a negociar los ritmos, pero no los principios. En IU se ha producido una mutación, un cambio de naturaleza, una pérdida de identidad. Y reconozco que tengo muchas dudas (y ojalá me equivocase) sobre la reversibilidad de ese proceso "transgénico". Porque no ha sido un episodio sino un proceso al que además hemos contribuido, por acción o por omisión, muchos de nosotros. Hoy podría decirse, y nadie se ofenda, que a IU no la conoce "ni la madre que la parió". IU es una fuerza crecientemente subalterna del PSOE y de su entramado mediático y sindical, agarrotada por los intereses (institucionales, pero no solo institucionales) de sus aparatos, y afincada en el discurso políticamente correcto. De la IU soberana, intento de movimiento político-social y rebelde, quedan poco más que los ecos. Una fuerza política que ha perdido la capacidad de indignarse contra la injusticia, la desconfianza contra el poder, la voluntad de autonomía: * Que contempla con pasividad cómplice la excarcelación del general Galindo, condenado por torturas y terrorismo de estado. * Que no se atreve siquiera a pedir la comparecencia en la comisión del 11-M de los confidentes habituales de la policía que tenían montado el "supermercado" de explosivos y armas con los que se produjo el atentado. 25 años después del atentado de Piazza Fontana en 1969 en Italia se conoció la implicación de la red Gladio. Ahora terrorismo y guerra se hermanan en la política estratégica del choque de civilizaciones. La connivencia con las alcantarillas, donde estado y terrorismo se dan la mano y se confunden, se entiende en partidos de orden (del orden establecido), pero ¿lo es también IU? * Que no es capaz de oponerse alto y claro a la participación del ejército español en Afganistán y Haití, guerras de la misma lógica del Imperio. Una fuerza que, a pesar de que una de sus señas de identidad y de independencia fuera la oposición al Tratado de Maastricht, no se atreve a pronunciarse sobre la Constitución europea claramente neoliberal y militarista. Y que para pronunciarse, con más miedo que vergüenza, necesita previamente ser derrotada en las urnas en y que se abra un conflicto interno por las listas de las elecciones europeas. En fin, estos son sólo algunas muestras recientes, cogidas al paso, de un discurso cada vez más subordinado al partido que gobierna. El último, que nos habla de la interiorización profunda del papel complementario, de bisagra con respecto al PSOE, es la ausencia de irritación siquiera por una reforma electoral que va a reforzar descaradamente el bipartidismo, con la excusa populista de la elección "directa" de los alcaldes. Por eso hay que reconocerle al equipo de dirección de IU una enorme coherencia en la selección de algunas de sus referencias. La asistencia de Carrillo a la última asamblea federal de IU y el ensalzamiento de Iniciativa per Catalunya como modelo a seguir, son muy representativas de la línea que se va imponiendo. El carrillismo, el eurocomunismo era una variante de socialdemocracia caracterizada por la "ascensión" a los altares del tacticismo y la primacía de lo institucional. Tradición y verbalismo comunista, pero práctica decididamente reformista. Iniciativa per Catalunya es el correlato en nuestro país de la involución del Partido Comunista Italiano hacia el capitalismo. Y representa magistralmente un modelo de partido funcional para las élites dirigentes que huían del "colapso del comunismo", pertrechándose por el camino de todos los retales de la posmodernidad. Iniciativa ha acabado siendo un modelo de partido posmoderno de políticos. No un partido político, que era otra cosa, sino un partido de políticos, una agencia de representación que corre con la parte del mercado electoral que se sitúa más a la izquierda del PSOE. Toda una vida de vanguardia: antes de vanguardia del proletariado, y ahora de vanguardia de las identidades múltiples y fragmentarias de la posmodernidad. "En España los novedosos apedrean a los originales" dijo Mairena/Machado. La IU punta de lanza de la experimentación política en toda Europa a finales de los 80 y principios de los 90, la fuerza de la convivencia rojiverdevioleta, el movimiento que respondía a la crisis de los partidos, está siendo demoradamente deglutida. 2. A Matrix le crecen los rebeldes Hubo un tiempo en el que los que querían cambiar el mundo utilizaban como termómetro la lucha de clases. "La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases" que dijera con precisión y dotes de publicista adelantado Marx. Hoy hay mucha lucha de clases, pero de las cabezas dirigentes de la izquierda oficial ha desaparecido y en su lugar solo hay votos y titulares de periódico. "En 1900 los trabajadores asalariados sumaban alrededor de 50 millones de una población global de 1000 millones, hoy en día son alrededor de 2000 sobre 6000 millones", nos recuerda Daniel Bensaid, para ilustrar la proletarización creciente del mundo. Aunque ello no implique automáticamente más lucha de clases, ni la lucha de clases sea tampoco lucha salarial ni sindical, sino algo más complejo. Más proletariado que nunca, pero cada día más huecas y miedosas las cabezas de los celosos usufructuarios de la herencia del marxismo. La globalización ha terminado su década prodigiosa. La "globalización feliz", como le gusta llamarla a Ramón Fernández Durán ha encallado. El paraíso que alcanzaríamos gracias la aceleración del desarrollo combinado de la biotecnología, la informática y las telecomunicaciones se ha teñido de sangre. Esta guerra, como continuación de la globalización por otros medios, fracasa. Tiempo de canallas y tiempo de rebeldías. El golpe de estado americano ha fracasado. 135.000 soldados invadiendo Irak no han sido suficientes. Las multitudes en la calle el 15 de febrero del 2003 han deslegitimado la guerra y la resistencia iraquí consuma la derrota americana. A veces no basta con una cierta dosis de ternura, y hay que añadirle una cierta dosis de plomo, dice el subcomandante Marcos. Pero nadie se engañe. El bloque del poder, temporalmente dividido, busca recomponer su unidad. Sus ideólogos rastrean las revueltas, especulan y experimentan con la absorción/recuperación de las rebeldías. Ha fracasado el golpe de estado americano, pero no Matrix y su lógica. La Gran Máquina del Capital Global busca a marchas forzadas la salida de su crisis política. Tres ejemplos de ello, las reformas laborales en Alemania, el Forum de Barcelona y los centros de internamiento para inmigrantes. Schroeder y la patronal en Alemania inician una ofensiva de calado estratégico. Un ataque articulado capaz de apresar las contradicciones de la clase trabajadora e intervenir en ellas. En nombre del empleo y del mantenimiento del Estado del Bienestar (la misma retórica abyecta en todos sitios) se simultanean dos agresiones brutales. Por un lado incremento de la jornada laboral y menos salario para los trabajadores que se incorporen, a cambio de que las grandes empresas como la Siemens no se vayan de Alemania. Y justamente en los sectores como el metal, pioneros en la consecución de la jornada de 35 horas. Si no quieres sopa dos tazas. Por otro lado una brutal reducción de las prestaciones de desempleo y las ayudas sociales, el conocido como plan Hartz 4. Los sindicatos pactan los recortes en las grandes empresas. Por el contrario los parados y precarios salen a la calle todos los lunes contra el plan de recortes sociales. El capital desmigaja aún más la subjetividad obrera. Para unos, los restos del navío fordista, clase trabajadora industrial con antigüedad y derechos, un trocito cada vez más pequeño de cielo. Para los otros, la "morralla" precaria, pura intemperie. Los primeros agachan la cabeza, los segundos gritan su desesperación. Renuncia y resistencia, dramática descomposición del sentido de clase. Pero no se olvide que Schroeder es "de los buenos", de los que estiman la ONU y el derecho internacional, de los que se han opuesto a la guerra de los Estados Unidos…. Mientras el movimiento obrero y la "izquierda" no recuperen la capacidad de pensar antagonista, la autonomía de clase, serán solo serviles acompañantes de una fracción de la burguesía. La tormenta de la guerra se fabrica en la nube del capitalismo. Y a mi al menos no me consuela nada que la guerra sea "legal y justa", amparada por la ONU, argumentario que se han hartado de repetir como loros insensatos, dirigentes de la "izquierda". Solana y otros leales funcionarios de Matrix ya preparan el gran reencuentro, especialistas como son en guerras almidonadas y "humanitarias" como las de Yugoslavia o Afganistán. Segundo laboratorio: el Forum de Barcelona. Políticos socialdemócratas y empresas multinacionales ensayan la apropiación de las rebeldías. Justamente allí donde el movimiento antiglobalización ha manifestado más fuerza y más creatividad. Más allá de la especulación urbanística, lo que revela el Forum es la enorme consciencia por parte de las clases dominantes de las potencialidades de antagonismo real que se han desarrollado en los últimos años. Tras la cháchara de los organizadores (desarrollo sostenible, comercio justo, interculturalidad,…) no sólo hay un intento de apropiarse y "disecar" los conceptos que han puesto en pie los movimientos, empezando por la propia noción de foro social. Forma parte de un intento de cooptación, de recuperación de las energías de lucha que han liberado los movimientos. Porque los movimientos, "el pueblo de Seattle" existe. Es algo más que una moda, más que un eco de la sociedad del espectáculo. "Donde reina el espectáculo, las únicas fuerzas que pueden organizarse son las del espectáculo. A una guerra televisada corresponde una protesta televisable" dice Miguel Amorós. Comparto muchos de los recelos de quienes desconfían de las movilizaciones que se inscriben en la lógica y los tiempos del espectáculo, pero la protesta no es ilusoria y el movimiento existe más allá de lo mediático y de los aparatos políticos y sindicales. Es más, son precisamente esos instrumentos los que pretenden capturar las fugas, la resistencia anticapitalista que a pesar de todo existe y se escapa. Hay, con todas las contradicciones que se quiera, una intuición anticapitalista en las luchas de los últimos años, algo inapropiable e irreductible que perturba a los estados mayores y menores del capital….. Tercer laboratorio: los campos de internamiento de inmigrantes. La Unión Europea propone crear en los países del Norte de Europa campos "de acogida" para los inmigrantes "ilegales" que pretenden llegar al mundo de la abundancia. No se trata de una medida más de control migratorio, ámbito de intervención preferente de la Unión Europea que, como "mercado común" también de mano de obra, adopta decisiones reguladoras de los flujos laborales. Es mucho más que eso, significa el flirteo con la idea del campo. Giorgio Agamben alertó hace años sobre la lógica jurídico-política que compartían los centros de internamiento de inmigrantes con los campos de concentración. "El campo es el espacio que se abre cuando el estado de excepción empieza a convertirse en regla. En él, el estado de excepción, que era esencialmente una suspensión temporal del orden jurídico, adquiere un sustrato espacial permanente. La ley es suspendida de forma integral, todo es verdaderamente posible en ellos". La negación de ciudadanía implícita en la consideración de ilegales, pasa a convertirse en explícita. Nuda vida, simples cuerpos en el limbo de los sin derechos. Volvamos al inicio. Los poderes indagan salidas a la crisis política e intentan reconstruir su unidad. No excluyen ninguna posibilidad, ninguna vía, ningún atajo. "Blair y yo contra las fuerzas del conservadurismo" proclama Haider, el líder de la extrema derecha austriaca, con una ironía que revela al mismo tiempo el tronco común de los experimentos neoliberales. Pero, a pesar de todo, Matrix vive en el desasosiego. Hoy rinde a los de Izar en Corea, y a los de Atento en Marruecos, pero y mañana cuando la tasa de ganancia se estanque allí ¿donde irá?. ¿Cuáles son los límites de la deslocalización, de lo que Wallerstein llama desruralización?. ¿Cuánto tiempo soportarán las víctimas de un lado y otro del planeta ser piececitas prescindibles, material sobrante, simple grasa de la Máquina? Cuando todo parece atado y bien atado, vuelve a asomar el cabo suelto, el cabo disolvente, la testarudez del ser humano que se niega a ser reducido a mercancía. En la selva del libre mercado aparecen destellos inesperados de comunidad, de inteligencia colectiva autoorganizada, de comunismo intuitivo. Véase lo que ocurre por ejemplo con los programas de ordenador P2P, utilizados por los jóvenes para compartir gratuitamente la música, las películas, el ocio, la cultura. El capital se muestra más parasitario que nunca, puro excedente de explotación que necesita de represiones y capataces para apropiarse de la riqueza social. Ahora, sin ir más lejos toda la legislación que se anuncia en España para suprimir estas prácticas de préstamo gratuito, a mayor gloria de sanguijuelas como la SGAE. A lo mejor va a tener razón el exaltado Negri cuando afirma, para escándalo de las mentes mortecinas, que el comunismo está maduro… "El sujeto revolucionario ha muerto" sentenciaron los que mandan, y junto a él la historia, el marxismo, los grandes relatos, y todo lo que oliese a esperanza, a emancipación. Pero la partida sigue, bien lo saben, y sus tres vértices son la guerra, el trabajo y la democracia. La guerra global es la política estratégica del poder para los próximos años y el "choque de civilizaciones" su ideología legitimadora. La guerra "infinita", la guerra duradera que se nos anuncia corresponde a esta transición en la que Polifemo no sabe qué hacer con su rabia. El enemigo, nadie se confunda, somos nosotros, ese gigantesco y difuso movimiento del Otro Mundo Posible, que amenaza con colapsar la Máquina. El moro, el inmigrante, no son más que las nuevas figuras preliminares y anticipatorias del enemigo interno. Santiago López Petit utiliza las categorías de fascismo posmoderno y Estado-Guerra para aproximarse a la criatura que se está incubando en las pesadillas de los poderosos. El fascismo, como máquina de producción de indiferencia moral, late cada día más fuerte. Modernidad tecnológica e involución social se funden. En la película de Michel Moore, Fahrenheit 9/11, un soldado americano relata cómo la guerra para él es algo entretenido y natural: mientras aprieta los botones mortíferos de su carro de combate escucha a su grupo musical favorito. La globalización traducida a la vida cotidiana de la gente se llama precariedad. "La fase actual del capitalismo necesita la precariedad como una condición estructural" afirma la CGT. Pero la precariedad, como analiza con rigor este sindicato, va mucho más allá de las relaciones laborales. La precariedad se convierte, de la mano de la deslocalización y del dominio del capital, en sustancia constituyente del trabajo asalariado y de nuestras vidas. Miedo a perder el trabajo, miedo a no encontrarlo, miedo global. "Vivo en un mundo de gente encorvada pero nadie lo nota porque todas viven de erguirse sobre alguien" El poeta Antonio Orihuela sintetiza con amargura el dominó de precariedades de nuestro tiempo. La clase obrera va al paraíso, decía el título de la película. A veces, solo a veces, habría que añadirle. El funcionario, sometido al moobing o a la creciente presión en la empresa precariza a la empleada de hogar inmigrante legal o ilegal. El trabajador que después de toda una vida de hipotecas consigue la propiedad de una vivienda que quiere vender a alto precio engrasa la maquinaria del capital inmobiliario/financiero que convierte la vivienda en un yugo para los jóvenes…. ¿Dónde consigue este régimen de poder su hegemonía?. La respuesta seguramente tiene mucho que ver con la capacidad del poder para intervenir en la oposición entre los intereses del individuo como productor y los del individuo en tanto que consumidor/propietario. El neoliberalismo se ha "naturalizado" en la conciencia de la población. 9 millones de personas participan en España en el mercado de la bolsa; los fondos privados de pensiones o el accionariado asalariado, se extienden… Sin abordar estas contradicciones la izquierda y el movimiento obrero no saldrán de la retórica. En el último año se ha producido, en un silencio casi clandestino, un expediente de regulación de empleo de 15.000 trabajadores nada menos en Telefónica, contando con el aval cómplice de los sindicatos mayoritarios (luego se entera uno de que ha aumentado la participación de los mismos en los fondos privados de pensiones de la empresa). Y esto ocurre en el sector de telecomunicaciones, que es precisamente el que está en mayor expansión. Es evidente que esos 15.000 puestos de trabajo van a ser ocupados por otros trabajadores, obviamente en subcontratas, y cobrando menos de la mitad de quienes hasta ahora los ocupaban. ¿Se puede llamar a esto, sin ofender al lenguaje, sindicato de clase?. ¿Se puede llamar a estas prácticas corruptas siquiera sindicalismo?. Y por último la ausencia de democracia . La última novela de Saramago "Ensayo sobre la lucidez", que ha pasado casi desapercibida para una izquierda decididamente autista, plantea un debate crucial y actualísimo: ¿existe realmente democracia en los llamados países democráticos? ¿es la naturaleza del poder existente, democrática? ¿cómo funcionan los resortes del terrorismo de estado?. "Le llaman democracia y no lo es" gritaban los jóvenes en la calle en la primavera del año pasado. No hay democracia que merezca tal nombre, y sin embargo la "izquierda" sigue dando vueltas a la noria, aceptando como una maldición bíblica la farsa. El poder real ha huido, en gran medida, de las instituciones. Tienmeyer lo dijo clarito "Los ciudadanos votan una vez cada cuatro años, los mercados financieros votan todos los días", pero sin embargo la izquierda sigue, encerrada con su solo juguete, como aquel amante despechado y ridículo que cantara George Brassens: "y yo aquí, con mi flor, como un jilipollas". La democracia censitaria es un hecho (2 millones de inmigrantes que viven en España no pueden participar en las elecciones), las leyes electorales violan el principio de un hombre/una mujer, un voto; la desigualdad de origen entre los contendientes es evidente (financiación, presencia en medios de comunicación…). A lo que existe no se le puede llamar siquiera democracia representativa, pero sin embargo la "izquierda" sigue cultivando la ficción de la igualdad de oportunidades. Las cartas están marcadas. Y para aquellos que no aceptamos la estafa, solo es lícito participar en el juego en determinadas condiciones, desde la más escrupulosa y desconfiada distancia. Participar en el juego pero solo desde la continua denuncia del mal de origen, la ausencia de democracia. Participar en el juego solo en la medida que sea complementario y útil a la tarea principal, la construcción desde la base de una democracia participativa, expresiva, no representativa. Aspiramos no a que las víctimas sean representadas, sino a que se expresen. 3. Resistir es crear Se me dirá que baje a la arena de lo concreto, que haga propuestas, que me moje. No tengo respuestas, solo interrogantes y alguna certeza. Y además no me corresponde a mi esa tarea, sino a aquellos que serán o aspiran a ser delegados en la próxima Asamblea de IU. En cualquier caso, vaya además por delante mi acuerdo en lo fundamental con las propuestas que se hacen en el documento que suscriben los compañeros Víctor Casco, Susana López, Manuel Monereo, Pedro Montes y Jaime Pastor. He aquí mis interrogantes y mis certezas. Mi única certeza: hay que cambiar de rumbo, no solo de timonel. O mejor aún, que en la embarcación no haya timonel, sino dirección colectiva. Cambiar de rumbo y de flotilla, de compañía. La herejía es de los simples, de los comunes, de los leprosos, de los precarios, o sencillamente no es herejía. "Los propios gobiernos son esclavos de la Bolsa y del mercado. Cuando votamos sabemos que estamos reemplazando a un esclavo del capital por otro esclavo del capital. ¿Es posible no seguir siendo esclavos del capital y del mercado? Esta es una definición posible de la política, la posibilidad de no ser esclavos". Alain Badiou nos anima, al igual que Saramago, a andar un camino arriesgado pero inevitable. Si la política se ha convertido en pura gestión de lo existente, si democracia representativa y mercado son principios inamovibles fuera de la discusión, qué significan hoy transformación, revolución o democracia. Estamos seguramente al inicio de un largo proceso de bifurcación. Las únicas esperanzas de lucha anticapitalista nacen y se desarrollan fuera de lo institucional, cuando no contra lo institucional. El zapatismo, el movimiento de los sin tierra (MST), los piqueteros, el movimiento antiglobalización cuestionan los límites de la política institucional. Hoy es una quimera reaccionaria pensar que el cambio social puede venir con una forma de entender y practicar la política que pivota sobre lo institucional, o dicho con más propiedad, sobre la noción dominante de política. Es metafísicamente imposible hacer política transformadora en el círculo elecciones- instituciones- partido- medios de comunicación. Manuel Sacristán denunció con lucidez y amargura aquello que se llamó eurocomunismo. "El eurocomunismo como estrategia socialista es la insulsa utopía de una clase dominante dispuesta a abdicar graciosamente y una clase ascendente capaz de cambiar las relaciones de producción (empezando por las de propiedad) sin ejercer coacción. Para creerse semejante utopía (si es que alguien se la cree) es necesario haber perdido la idea de lo que pueda ser un cambio, conscientemente querido de modo de producción y de lo que es una clase amenazada de expropiación por la clase a la que ella domina y explota actualmente". Tengo que confesar que, en mi opinión y muy a mi pesar, el eurocomunismo, aún cuando se exprese con otros nombres (ecosocialismo, izquierda plural…) es en este momento una concepción mayoritaria en IU. "Lo peor es creer que se tiene razón por haberla tenido Lo peor es no ver que la nostalgia es señal del engaño o que este otoño la misma sangre que tuvimos canta más cierta en otros labios." José Ángel Valente Y sin embargo el volcán sofocado se desata a veces. En la primavera del 2003 un temblor de desobediencia se apoderó de las calles y de los balcones; el 13 de marzo se produjo una hermosa rebelión frente a las sedes del PP, en pleno día de reflexión. Un escrache, " un momento de producción de verdad y justicia desde abajo que no precisa de mediaciones para ser validada" como señalan Pablo Carmona y Amador Fernández Savater entre otros, en un artículo colectivo. Pero la izquierda triste no quiere saber nada de "alborotos" y ni siquiera le dedica un simple comentario ni reflexión a estos hechos en sus documentos. Otra democracia y otra política se están creando incipientemente en los márgenes, ajenas a la delegación y a la representación. Como en su día fueron los estados generales en Francia, y andando el tiempo los soviets, o los consejos obreros. Una nueva generación de cambio histórico, efectivamente, está surgiendo. El poder sí estudia lo que ocurrió el 13 de marzo, o el 15 de febrero. El poder sí estudia las rebeldías y se pone manos a la obra a recuperarlas, a espectacularizarlas, a comercializarlas, a capitalizarlas, a acartonarlas. La lucha de las gentes demuestra un inaudito sentido de la oportunidad, "una familiaridad con lo contingente", pero el poder también se espabila, reconduce, ahorma. En los Foros, desembarcan la socialdemocracia y los partidarios del capitalismo con rostro humano… Refundar la política desde donde únicamente puede hacerse, desde abajo. Y marcando las distancias con el poder. Máxime cuando se demostró que fue el poder el que nos tomó a nosotros… Crear nuestro propio tiempo y espacio, al margen de los poderes. Crear y fortalecer medios de comunicación propios, editoriales, formas de crédito, cooperativas de consumo…es cien veces más revolucionario que la mejor de las iniciativas parlamentarias. Unir en torno a un programa. Que es lo serio, frente al cambalache, a los personalismos y oportunismos. Y un programa valiente, que se atreva a poner el dedo en las contradicciones estratégicas: república, renta básica fuerte, papeles y derechos de ciudadanía para todos… Volvamos a Alain Badiou: "Hay que reemplazar la política impaciente de los partidos por la política paciente de los movimientos". ¡Los movimientos, malditos, los movimientos!. Ahí está constituyéndose el sujeto del cambio, en las infinitas formas que adopta la precariedad, en el dolor de la inmigración, en la capacidad creativa de la juventud, en las madrigueras de la globalización. Y eso significa movimiento antiglobalización, sindicalismo de lucha, redes de economía alternativa, colectivos culturales, ecologistas…. No se trata de idealizar los movimientos. En su seno, no podía ser de otro modo, se reproducen las mismas tendencias dominantes que existen en la sociedad e incluso en ellos se produce también a veces el repliegue, el miedo a mezclarse y a la experimentación. Las luchas de poder, los enroques "identitarios", los metalenguajes también se dan aquí aunque, obviamente, no en la misma medida. Pero aquí al menos se pelea. Tiempo de bifurcación. Resistencia o renuncia, construcción de alternativa o embellecimiento de lo existente, lucha o acomodación. No se puede estar eternamente abrazado a una política muerta. "Como dice el pueblo: a la hora del cambio de luna la luna joven sostiene en brazos a la vieja durante toda una noche. El titubeo de los miedosos denuncia la nueva época. Siempre colocad el todavía y el ya. Las luchas de clases, las luchas entre lo viejo y lo nuevo se entablan también en el interior de cada uno". Búsqueda de lo viejo y lo nuevo. Bertold Brecht * Manuel Cañada, militante del PCE y de la CGT.

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Civilización o barbarie

Declaración de Serpa ( Portugal)

En los pasados 23, 24 y 25 de setiembre de 2004 se realizó en Serpa ( Portugal) un encuentro internacional bajo el rótulo Civilización o barbarie. Podéis encontrar las ponencias presentadas en la dirección:. Resistir. Publicamos a continuación la declaración firmada por los asistentes.

Los participantes en el Encuentro Internacional “Civilización o Barbarie – Desafíos del Mundo Contemporáneo” reunidos en las ciudades portuguesas de Serpa y Moura

– Alertan ante la gravedad de la crisis global – social, económica, militar, cultural y ambiental – que la humanidad afronta, la cual amenaza la propia continuidad de la vida en la tierra.

– Constatan que en el desarrollo de esa crisis el capitalismo, en su escalada de agresividad, se ha convertido en un factor de regresión absoluta de la humanidad.

– Subrayan que EE UU, potencia hegemónica, ha optado, en la búsqueda de la salida para la crisis estructural del sistema, por una estrategia de terrorismo de estado, de guerras llamadas “preventivas”, que asume ya matices neofascistas.

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Héctor P. Agosti, introductor de Gramsci en América Latina

Néstor Kohan

El poder protege, difunde y promociona a sus intelectuales predilectos. Los críticos corren otra suerte. Cuando no los asesinan (Rodolfo Walsh, Silvio Frondizi, Raymundo Gleyzer, etc.), quedan sepultados por el polvo gris del olvido o el desconocimiento de las nuevas generaciones.

Héctor Pablo Agosti [1911-1984] fue un intelectual crítico. El rescate de su memoria, a 20 años de su muerte, invita a reflexionar sobre su obra: El hombre prisionero [1938]; Emilio Zola [1941]; Literatura francesa [1944]; Defensa del realismo [1945]; Ingenieros, ciudadano de la juventud [1945]; Cuaderno de bitácora [1949]; Echeverría [1951]; Para una política de la cultura [1956]; Nación y cultura [1959]; El mito liberal [1959]; Tántalo recobrado [1964]; La milicia literaria [1969]; Aníbal Ponce. Memoria y presencia [1974]; Las condiciones del realismo [1975]; Ideología y cultura [1978]; Cantar opinando [1982]; Mirar hacia delante [1983]; Correspondencia con Enrique Amorin [s/fecha].

Agosti fue uno de los teóricos del Partido Comunista en Argentina. Si bien muchísimos intelectuales pasaron por sus filas, algunos hicieron época. Como él, Aníbal Norberto Ponce [1898-1938], Rodolfo Puiggrós [1906-1980], Ernesto Giudici [1907-1991] y, sin ser un teórico, el poeta Raúl González Tuñón [1905-1974]. Ponce tuvo que exiliarse tempranamente en México. Allí, antes de morir, revisó su liberalismo sarmientino. Puiggrós cuestionó el antiperonismo y rompió con el PC en 1946. Giudici, disidente desde años atrás, renunció al PC en 1973. El único teórico que se mantuvo fiel hasta el último día, a pesar del dogmatismo de una dirección que no ocultaba sus simpatías por Stalin, fue Agosti. El joven discípulo de Ponce En 1927 Agosti se suma al PCA. Tiene 16 años. Queda fascinado por Aníbal Ponce. En 1929 ingresa a la Facultad de Filosofía y Letras. Con otros jóvenes funda la agrupación Insurrexit, homónima de otra anterior. En 1933, siguiendo las sugerencias de Ponce, el joven Agosti publica Crítica de la Reforma Universitaria (en la revista Cursos y Conferencias). Ese año aparece un folleto furioso: "Quince años de derrotas bajo el signo de la Reforma" (probablemente redactado por Ernesto Sábato, compañero de Agosti en Insurrexit). Durante la década infame Agosti es encarcelado varios años (hasta 1937). Al salir revaloriza la Reforma de 1918. En la cárcel nace su primer libro, El hombre prisionero, publicado en 1938. En él escribe: "En nuestra América sólo dos grandes figuras ejemplifican al verdadero intelectual revolucionario. Una es Mariátegui, el magnífico escritor que desde su sillón de inválido promueve la organización del proletariado peruano. La otra es Mella". Adviértase que no menciona ni a Victorio Codovilla [1894-1970] ni a Rodolfo Ghioldi [1897-1985], principales dirigentes del PCA, quienes habían enfrentado a Mariátegui y a Mella. Los Cuadernos de Cultura No obstante el stalinismo extremo de Codovilla y Ghioldi, Agosti logra al interior del PC un espacio de reflexión autónoma que se condensa en las revistas culturales Expresión y Cuadernos de Cultura. A ésta la fundan Roberto Salama e Isidoro Flaumbaun. Agosti comienza a dirigirla a los pocos números, convirtiéndose en su guía inspirador desde 1951 hasta 1976. Cuadernos de Cultura fue posible gracias a una "división del trabajo". Como alguna vez describió al PC brasileño Carlos Nelson Coutinho, los intelectuales se ocupaban de la cultura pero no interferían con la política partidaria. En el PCA sucedía lo mismo. Agosti se daba el lujo de explorar la cultura marxista, apartándose de las "autoridades" soviéticas… siempre y cuando no se metiera con la política de Codovilla y Ghioldi, quienes vibraban al ritmo de Moscú. Abría el juego en la teoría, pero aceptando esa disciplina, incluso a costa de su propio desarrollo intelectual. El reconocimiento de Henri Lefebvre Por ejemplo, el 4 de febrero de 1955 el filósofo francés Henri Lefebvre [1905-1991], uno de los pensadores más importantes del marxismo occidental, le envía una carta a Agosti: "Desde que recibí su trabajo Defensa del realismo llamo la atención de mis amigos franceses sobre lo que ocurre en la Argentina desde el punto de vista cultural […] Pocos textos se han escrito más serios, más profundos que esas líneas. Le confesaré que se adelantaban a casi todo cuanto se escribía en Francia por esa época (1949-50) […] Hemos conducido, usted y yo, conociéndonos muy poco, y de manera independiente, la misma lucha por la objetividad profundizada del arte nuevo". Era una consagración. Agosti, orgulloso, la incluye como prólogo en la segunda edición de Defensa del realismo [1955]. Pero en 1956 la URSS invade Hungría. Lefebvre no lo soporta y cuestiona. Lo expulsan del PCF. En la tercera edición de 1963, Agosti elimina aquel prólogo de su libro. Ese gesto, autoflagelante, resume su acatamiento de la disciplina.

Introducción de Gramsci Agosti es el introductor de Antonio Gramsci [1891-1937] en Argentina y América Latina. Su difusión es pionera en todo el mundo. Gracias a Agosti, el pensamiento de Gramsci es conocido antes en Argentina que en Inglaterra, Francia, Alemania o EEUU. Edita las cartas del italiano en 1950 y los Cuadernos de la cárcel entre 1958 y 1962. Más allá de estas traducciones, la recepción productiva de Gramsci comienza con el Echeverría [1951] de Agosti. Distante del revisionismo histórico, rosista-peronista, y del liberalismo antiperonista, este libro no glosa a Gramsci ni es un manual introductorio. En él, Agosti utiliza sus categorías para comprender la cultura nacional del siglo XIX y "la impotencia política de la burguesía argentina", en el XX. Concluye que "se agotó el papel histórico de la burguesía argentina", pues "esta clase nace desvalida de impulsos desde antes de emprender la marcha".

Ese análisis coincide con el "prusianismo" que le atribuía Ernesto Giudici, el otro intelectual comunista de relieve. Ambas descripciones sociológicas discrepaban implícitamente con la voz oficial del PCA, que otorgaba un papel absolutamente positivo a la "burguesía nacional" en el frente democrático. Sin embargo, Agosti nunca se animó a extraer todas las consecuencias políticas que se derivaban de su estudio. Dejó picando la pelota. Sólo sus discípulos se atreverían a lidiar -rompiendo con el PC- con esa tesis explosiva. Según Agosti, Echeverría representaba una tradición democrática, nacional-popular, diferente a Rosas, Mitre y Roca. Una tesis que reaparecerá, pulida y desarrollada, en Nación y cultura y El mito liberal, sus dos libros de 1959. Sus mejores libros En ambos textos, Agosti reconstruye el linaje de la tradición de izquierda, enfrentando al liberalismo y al nacionalismo cultural. Encontrar un camino socialista autónomo frente a las dos caras de la cultura dominante argentina impregna una búsqueda que seguramente todavía no ha concluido. En Nación y cultura reaparece Gramsci, en señal de alarma. En medio del nacimiento de la nueva izquierda, Agosti advierte: o se "moderniza" la cultura comunista, uniéndose al pueblo-nación, o se corre el riesgo de perder la hegemonía en la izquierda (lo que finalmente ocurre). Ese año la revolución cubana trastoca todo el andamiaje político y cultural del marxismo latinoamericano. El 1 de agosto de 1959 Agosti, aunque fiel a la URSS, le escribe a Enrique Amorin: "Mirá lo que pasa en Cuba. No quiero en esto pecar de ese optimismo exagerado de que siempre me acusás, pero a mí me entusiasman los episodios de Cuba". De la mano de Gramsci, y con el trasfondo de Cuba, Agosti reexamina la supuesta continuidad entre el comunismo del siglo XX y el liberalismo del XIX, tan cara a historiadores y ensayistas del PCA como Juan José Real, Álvaro Yunque, Leonardo Paso o incluso el joven Puiggrós. En 1959 esa afinidad había estallado. Ese año, Agosti pretende dar un curso sobre Gramsci (quizás el primero en Argentina), pero Frondizi clausura la Casa de la Cultura, en un adelanto de lo que vendría después. Los discípulos "herejes" y la nueva izquierda Con sus escritos y la ayuda de Gramsci, Agosti impulsa una corriente culturalmente renovadora dentro del PCA, en la que se inspiran sus discípulos José Aricó [1931-1991] y Juan Carlos Portantiero. Ambos, junto con Oscar del Barco, se animan a dar el paso que Agosti eludió: desobedecer a la dirección del PC. Prolongar la divergencia cultural al campo político. Así nace Pasado y Presente, primero como revista y luego como editorial. Lo mismo sucede con La Rosa Blindada de José Luis Mangieri, Andrés Rivera y Juan Gelman (aunque éstos estaban más vinculados a González Tuñón que a Agosti). En un informe -inédito- de 1965, después de la fractura de Pasado y Presente y La Rosa Blindada, Agosti reconoce su límite: "Creo que cuando enunciamos los principios de ‘tolerancia’ y ‘libre emulación’ estamos diciendo que, en las cuestiones no referidas a la línea política del Partido [El subrayado me pertenece. N.K.], el sólo método admisible es el de la confrontación (y aun la confrontación pública) de las diversas opiniones, sometidas por lo mismo a la prueba de la práctica, sin que ninguna de ellas aparezca investida con los caracteres de ‘escuela única’". Se puede discutir todo en teoría (en filosofía menciona a León Rozitchner, en historiografía a José Chiaramonte), pero el límite de la amplitud llega hasta… la política. Eso no se puede tocar. Al romper con el PC, Portantiero y Aricó pueden abocarse a la luz del día a las "herejías" que Agosti transitaba en puntas de pie y a escondidas, para no chocar con la línea partidaria. Pero hay una diferencia entre el maestro y los discípulos. Si bien Agosti se mantiene obediente, sin animarse a desafiar a la ortodoxia -seguramente su mayor debilidad-, cabe reconocerle una virtud. Nunca sigue la corriente. Se mantiene firme, aunque eso le cueste no pocas humillaciones en su rol de intelectual frente al rígido control de Codovilla y Ghioldi. Aricó y Portantiero, en cambio, se permiten romper. Así ganan prestigio en el campo cultural y pueden encarar una editorial como Pasado y Presente que, sin duda, quedará en la historia. Pero, a diferencia de Agosti, terminan navegando siempre con la ola del momento: stalinistas en los ’50, castristas y gramscianos en los ’60, montoneros en los ’70, alfonsinistas en los ’80, socialdemócratas de la "tercera vía" en los ’90 y así de corrido… Lo que se ganó en libertad intelectual se perdió en coherencia ético-política. Balance provisorio Agosti fue brillante, precursor y original. Asumió un compromiso. Estuvo preso. Fue lúcido y leal. No se acomodó. No tuvo miedo de contradecir la cultura oficial argentina. Ejerció un pensamiento propio, a contramano de las modas. Eso es lo mejor de Agosti, lo más rico, actual y perdurable. Sin embargo, al aceptar la "división del trabajo", terminó subordinando su reflexión a la vigilancia de Codovilla y a la implacable disciplina sectaria de su aparato. De este modo, sacrificó lo mucho que había en él de creador en aras de los moldes trillados, asfixiantes y rudimentarios del stalinismo. Ese fue su límite y su drama.

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Unión Soviética: la transición frustrada

Ariel Dacal Díaz

Cuba Literaria

El intento de transición al socialismo en la URSS ha suscitado los más diversos debates durante décadas, haciéndose más definitorio el antagonismo ideológico que el tema entraña, tras el colapso soviético. Aún cuando el corolario final fue el desdeño de una preciosa oportunidad para socavar las bases del dominio burgués; repensar, comprender y asumir (sobre todo asumir) las características del proceso soviético en su conjunto brindan elementos sustanciales para las alternativas anticapitalistas que demanda el siglo XXI.

En esta dirección desarrollamos nuestro trabajo, partiendo, dado su peso esencial en la comprensión de la historia de la URSS tanto dentro como fuera de sus fronteras, de las problemáticas siguientes: ¿quiénes detentaron el poder en la Unión Soviética?, ¿qué mentalidad portaban?, ¿en qué momento se puede hablar de ruptura con el proyecto bolchevique?. En estas páginas intentamos algunos apuntes sobre estas interrogantes.

“La clase imprevista” [1]

Stalin fue el rostro visible y representante de la burocracia que gradualmente rompió vínculos con la esencia bolchevique y que deshizo los endebles mecanismos de participación política de las masas.

Sería entonces oportuno preguntar ¿de qué fuentes se nutrió la burocracia soviética?. A los principales cargos administrativos ascendieron figuras de relieve secundario dentro de la revolución debido, entre otros factores, a que muchos viejos combatientes de la vanguardia perecieron durante la contienda civil, o se separaron de las masas al ocupar cargos de menor relevancia, acomodándose a las nuevas condiciones de poder. Al mismo tiempo, el poder soviético estuvo forzado a utilizar individuos del anterior aparato gubernamental, incorporando personal técnico y especializado, así como a las masas campesinas que fueron proletarizadas. De este modo se desclasó al partido de Lenin, cuyo requisito de ingreso de nuevos militantes debía ser el resultado de un largo y riguroso proceso de comprobación, excepto para los trabajadores que hubieran laborado en la industria por más de diez años[2].

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Dossier de “Andalucia Libre”

Analizando la experiencia de la URSS

Espai Marx ha recibido y reproduce con gusto un dossier elaborado por los compañeros del interesante boletin de noticias y opinión “Andalucia libre”. El análisis de la experiencia soviética está lejos de agotarse. El debate y, sobre todo, la investigación histórica deben continuar. Los artículos que publicamos en este dossier están lejos de agotar ese debate. Sin embargo aportan elementos de mucho interés. Quienes quieran seguir el trabajo de Andalucia Libre pueden encontrarlos en la siguiente dirección: http://www.andalucialibre.tk/

Indice del dossier:

*Aportaciones interesantes para un debate necesario, Andalucía Libre

*Unión Soviética: la transición frustrada, Ariel Dacal Díaz

*Rosa Luxemburgo y la Revolución Rusa, Hiram Hernández Castro

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Rosa Luxemburgo y la Revolución Rusa

Hiram Hernández Castro

Cuba Literaria

Queda atrás la última década de un Siglo que fue testigo de uno de los acontecimientos más reveladores de la Historia: el agotamiento y derrumbe de una estructura sociopolítica que devenida en modelo cerró su posibilidad de reproducción. Los intelectuales de todo el mundo, unos quizá más sorprendidos que otros, se lanzaron a un heterogéneo debate que intentaba indagar en las disímiles causas de aquellos hechos. Sin embargo, no todos los discursos se alejaron de la mera suma de calamidades sobre la experiencia “socialista”. En la medida en que el pensamiento emancipador logre agudizar sus instrumentos de análisis político deberá asumir aquel proceso histórico como un referente obligado para la teoría y la práctica revolucionaria. Será preciso volver siempre a repensar sobre los hechos, las figuras, los documentos y las prácticas de poder comprometidas con las experiencias de la Revolución y el socialismo real.

Es cierto que la trascendencia de la Revolución de Octubre como parte de ese proceso, no puede ser oscurecida por la posterior deformación y bochornoso final de la URSS. Sin embargo, y aunque las prácticas académicas se resientan, es preciso que la pasión no detenga la reflexión crítica y polémica sino, todo lo contrario, sea su elemento inmanente. Y es que en su momento la Revolución de Octubre fue el punto de encuentro de algunos de los debates más enconados de los que ha sido testigo el pensamiento humano. No fue teoría de gabinete, ni de torre de marfil, sino pensamiento gatillado por los problemas de la toma del poder en una experiencia inédita y concreta las condiciones sobre las cuales se ejerció la praxis política bolchevique.

Lenin, Trotsky, Bujarin, A. Kolontái entre otros, eran al tiempo que protagonistas, el centro de un copioso debate internacional, observado por furiosos detractores y emocionados amigos. La toma del poder institucional por un partido revolucionario fue un hecho pero su viabilidad en el tiempo dependía, en un contexto harto difícil, de las decisiones políticas de un pequeño grupo revolucionario. Lenin y Trotsky eran, entre otros, los líderes de aquel triunfo, pero discusión no era lo que faltaba entre ellos y otros no menos importantes teóricos revolucionarios, que desde dentro y fuera del Partido Bolchevique, acompañaban cada decisión con sus críticas. Esas enconadas discrepancias fueron la raíz de no pocos textos que hoy constituyen el más valioso legado político de aquella Revolución.

Sin embargo, el termidor estalinista cerró el debate. Como afirmará Trotsky, existía entre los “amigos de la U.R.S.S.” cierto trasnochado consenso en considerar cualquier crítica peligrosa para la edificación del socialismo[2]. Mientras que al interior Stalin se aseguraba de fusilar la más mínima sospecha de disidencia. Las prácticas de censura y la vulgar apología “izquierdista” sobrevivieron a Stalin, hasta el punto de amoldarse sintomáticamente a la reproducción del modelo hasta sus últimos días. Si bien el XX Congreso condenó los crímenes de Stalin, las prácticas inquisitivas contra el pensamiento crítico y la rebeldía, aún la de probado carácter revolucionario, no desapareció del todo, sino que se hizo más sutil, llegando a formar parte constitutiva de la cultura política institucional, social e individual del supuesto ciudadano socialista. Los comportamientos sociales inmediatos a la caída del muro constataron que aquel individuo presuntamente consciente volitivo se mostraba igual o más obnubilado que sus contemporáneos occidentales. La clase política que, por décadas, había asumido el papel de vanguardia del proyecto “socialista” prácticamente no se resistió y en muchos casos se convirtió en protagonista de la estructuración del “nuevo sistema económico y político”.

Incluso podríamos decir que, lamentablemente, la acriticidad del Kremlin no dañó sólo al modelo eurosoviético, sino que se extendió a través de su influencia a los partidos comunistas y grupos de izquierda de todo el mundo. En este sentido, uno de los espacios más afectados fue el teórico-académico e intelectual. El llamado “marxismo-leninismo” o DIAMAT socializado por la escolástica estaliniana y que fuera colocado en el pedestal de ciencia de las ciencias, para nada fue una alternativa válida del diverso pensamiento marxista, sino que constituyó un retroceso lamentable.

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