Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Harry Magdoff (1913-2006) Un pensador heterodoxo

La Jornada

Harry Magdoff se despidió apenas iniciado el año. Intelectual que miró al mundo desde la izquierda, se forjó en el debate teórico y político del imperialismo y las luchas obreras de las primeras décadas del siglo XX.

Harry Magdoff, uno de los economistas marxistas más reconocidos del mundo y coeditor de la revista Monthly Review desde 1969, murió el primer día de este año.

Sus análisis económicos del imperialismo ­"La era del imperialismo" (1969) e "Imperialismo: desde la Colonia hasta el presente" (1977)­ eran lectura obligada para los pensadores de izquierda en Estados Unidos (EU). Junto con su colega Paul Sweezy, Magdoff editó desde 1969 Monthly Review, publicación mensual que se identifica desde su fundación en 1949 como "una revista socialista independiente" y antimperialista que permanece como foro de análisis de la coyuntura e isla de pensamiento intelectual progresista en EU.

En manos de Sweezy (quien murió en 2004) y Magdoff, la revista mantuvo su posición política no alineada, ofreciendo un espacio crítico tanto a temas contemporáneos como a ensayos intelectuales que nutrieron el diálogo entre marxistas y pensadores de izquierda dentro y fuera de este país.

Los editores estuvieron entre los primeros intelectuales estadunidenses en viajar a Cuba al inicio de la revolución. De hecho, Magdoff y el Che Guevara armaron una amistad, y sostuvieron intercambios sobre asuntos económicos cuando se vieron en Cuba y en Nueva York. Las memorias de estas conversaciones fueron publicadas en 2004 con el título "Encuentros con el Che".

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Eurolandia a la deriva

Joaquín Arriola

A pesar de las expectativas levantadas, la cumbre de Lisboa ha servido fundamentalmente para poner en evidencia –para aquellos que han sido capaces de bucear por debajo del ruido mediático del bombo y platillos- la ausencia de consenso entre los actuales gobiernos de la UE sobre cual pueda ser el modelo de desarrollo más adecuado para Europa. El lugar elegido simboliza una de las preocupaciones de los dirigentes comunitarios: ¿como preparar a la economía europea para competir en mejores condiciones con el socio político y sin embargo rival económico del otro lado del Atlántico, los Estados Unidos de América (EUA)?

En principio, parece existir un consenso en torno a varios puntos: la economía en Estados Unidos se comporta mejor que en Europa; las nuevas tecnologías de la información son el sector productivo estratégico para las próximas décadas; la economía europea tiene en la falta de flexibilidad del mercado de trabajo uno de sus mayores problemas. ¿Será cierto todo esto? Vamos por partes

¿Crece EUA más y mejor que la UE?

Desde los años sesenta la Comunidad Europea crecía más que la economía norteamericana. Entre 1960 y 1969, la economía de los cuatro principales países europeos (Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia) crecío un 1,3% más al año; entre 1970 y 1979, un 3,9% más al año; en la década de los ochenta, un 2,1% más al año… pero desde 1992, la economía norteamericana crece más que los principles países de la UE todos los años menos en 1995. Esta evolución de los años noventa contrasta con lo que venía siendo una norma, es decir, algo asumido como normal, y de ahi viene el “complejo de inferioridad” de los líderes europeos.

La economía norteamericana crece más que la de Eurolandia. Este es un dato incuestionable. Pero ese mayor crecimiento se basa en tres cosas: la venta de automoviles y electrodomésticos, la venta de ordenadores y software y el consumo de productos importados.

Los bienes duraderos (automóviles, ordenadores, electrodomésticos) estos productos, que presentan unas elevadísimas tasas de crecimiento, representan el 20% del PIB, y aportan 2,4 puntos de los 4,2 de crecimiento del PIB:

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Europa S.A.

Joaquín Arriola

Del comportamiento de los actores europeos en la guerra de Irak podemos sacar una conclusión económica: la fase de la “globalización” (o sea de la integración de los mercados internacionales bajo la hegemonía de Estados Unidos) la hemos dejado ya atrás. Acabó probablemente en 2000, con las iniciativas del gobierno norteamericano en defensa de su industria del acero, y con el fracaso del Diálogo Transatlántico, que todavía algunos lobbies empresariales se empeñan en resucitar (y que tendrá en la cumbre EEUU-UE del próximo 25 y 26 de junio en Dromoland Castle, Irlanda, una prueba de fuego).

La realidad con la que nos enfrentamos ahora es por el contrario la de una “competencia global”, un conflicto en torno al dominio del mundo entre diversos países y áreas monetarias, que refleja el apego al territorio de origen de gran parte del capital productivo, y el papel de los grandes estados en la defensa corporativa de sus propias multinacionales. En este contexto se inscribe la introducción del euro, que representa un serio desafío al predominio monetario del dólar a escala mundial (un predominio gracias al cual EE.UU. ha podido permitirse, entre 1982 y 2002, un déficit de la balanza de pagos en relación al resto del mundos de 3.204.214 millones de dólares).

En este contexto se inscribe así mismo el reciente ingreso en la Unión Europea de nuevos países procedentes de la Europa central y oriental. Solamente razones políticas y estratégicas pueden explicar la relativa rapidez con la cual se ha llevado a cabo la integración de los países ex – socialistas cuando no se encontraban en situación de responder a todos los requisitos previstos para la adhesión a la UE. La ventaja estratégica de los nuevos adheridos es evidente: el capital europeo podrá asegurarse nuevos mercados emergentes, mano de obra especializada a bajo costo además de acceder más fácilmente a un área de gran importancia estratégica en la cual se concentran enormes recursos petrolíferos y de gas que los geopolíticos denominan Eurasia. En la división del trabajo interna a la Unión Europea, a los nuevos países miembros se les asigna la función de periferia interna, en la cual se consumirán productos de alta y media tecnología fabricados en los países de Europa central y del norte, y se producirán productos maduros (que, de paso, competirán con muchas de las producciones de países como Italia o España).

Todo esto, tan ajeno por lo visto y lo escuchado, a las preocupacioines de los candidatos a diputados europeos y a sus respectivos partidos políticos, es la realidad de Europa. La Europa del euro, la Europa del Tratado Consitucional (en la cuerda floja a la vista de los resultados de las recientes elecciones), a despecho de las afirmaciones ideológicas y (quizás) de las intenciones de sus valedores, no es una “Europa social”: en ella predominan la precarización de las relaciones laborales, los ataques al salario, las privatizaciones; al tiempo que están ausentes las políticas sociales coordinadas.

No es por casualidad, sino por las hipotecas políticas que establece el consenso neoliberal, que la propuesta de dejar constancia en el tratado constituyente del compromiso de desarrollo de la Europa social al mismo nivel que la Europa de los equilibrios presupuestarios, promovida por un grupo de socialistas franceses, con Jacques Delors y Michel Rocard a la cabeza, no ha encontrado ningún eco entre los jefes de gobierno y a lo que parece, tampoco entre los socialistas hispanos. Así, el presidente Rodríguez Zapatero se ha mostrado como un verdadero europeísta, pero ha perdido la oportunidad de revelarse también como un europeísta de izquierda. En la reunión de jefes de estado que aprobó el Tratado constitucional el gobierno español no ha dicho esta boca es mía para promover nada parecido a un desarrollo del concepto de la Europa social, ni tampoco para defender el rechazo constitucional a la guerra como medio para dirimir diferencias entre países.

¿Se trata acaso de objetivos maximalistas o utópicos? Los objetivos que proponen los signatarios de la petición para el establecimiento de un verdadero tratado constituyente de la Europa social son ciertamente mínimos: unos objetivos cuantitativos vinculados a la calidad de vida y del empleo; la aplicación de la mayoría cualificada a las decisiones relativas a la harmonización fiscal; reconocer junto al principio de competencia, el principio del interés general y la utilidad de los servicios públicos; el principio de igualdad de acceso a los servicios de interés general; el encargo al Parlamento Europeo de elaborar una Carta para el Desarrollo Sostenible; el reconocimiento europeo del derecho de los pueblos la autosuficiencia alimentaria y la declaración de que la política comercial de la Unión se fundamenta en los principios de reducción de las desigualdades internacionales, la solidaridad y el desarrollo sostenible.

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Intervención de Josep Bel en representación de la Xarxa Contra la Precariedad y los Cierres de empresas en el Foro Social Europeo de Londres 17/10/ 2004.

Josep Bel

La reflexión que hemos realizado colectivamente tras ver el aislamiento de los despedidos por multinacionales, nos llevo a constituirnos en red y empezar en un acto contra los cierres o deslocalizaciones que se estaba produciendo. (tras lo de Sintel-Telefónica, como lucha ejemplar, se sucedieron decenas de cierres como Samsung, Philiphs, Fisipe, Valeo, Printer, muchas del Textil, electrónica, etc).

Comprobamos como el sindicalismo institucional no había ni presentado a los distintos colectivos en lucha, ni siquiera habia ofrecido contactos internacionales cuando eran una multinacionales como el caso de coreana la de Samsung. (sabíamos de la combatividad de ese sindicalismo en muchas ocasiones y de su implicación en Portoalegre). Es decir, comprobamos el aislamiento de las luchas ante la globalización capitalista. La teoría de la coordinación internacional hace aguas en el movimiento obrero, cuando están coordinados, cada país pelea frente al empleo del otro y casi nunca hay huelgas conjuntas.

A nivel nacional, en Catalunya, los presentamos, realizamos manifestaciones conjuntas, convocadas como Xarxa frente al gobierno catalan, entregándole las reivindicaciones escritas al gobierno tripartito supuestamente de izquierdas, que no dialogó con las bases afectadas, sino que realizó el pacto social con la patronal y los sindicatos subvencionados, le llamó Mesa del Textil, etc, ante la deslocalización. Su diseño, ayudar a recolocar a través de ETT y ayudar a la patronal a internacionalizar su empresa en esta globalización.

Los chantajes de deslocalización o precariedad se sucedieron en Nissan, SEAT-Wolswagen y otras empresas más o menos famosas. Si los trabajadores no bajan sus salarios o aceptan la doble escala salarial, para los que nuevos jóvenes contratados cobren menos, las empresas amenazan con cerrar o irse en parte. En Alemania vemos al mismo tiempo como aumenta jornada de 35 a 40 horas, de forma pactada con los sindicatos del poder, vemos recortes del estado del bienestar por toda Europa, en muchos casos pactados para ser competitivos en esta globalización capitalista.

Al mismo tiempo vemos que el proyecto de constitución europea es neoliberal, como toda la construcción europea (Maastrich, Pacto de Competitividad, Schenguen, etc) los derechos sociolaborales y las pensiones van a peor y los derechos civiles y libertades también.

Con todo lo que esta lloviendo, algunos le llaman revolución neoliberal, debatimos en la Xarxa unitaria, la necesidad de incorporarnos a la reflexión de que la precariedad es la consecuencia de esta globalización capitalista en la vida cotidiana, es decir, que el capitalismo necesita la precariedad en esta etapa imperialista, para mantener o aumentar su tasa de beneficio. Por lo tanto, cuando definimos precariedad lo hacemos de una forma integral, amplia. No son precarios solo los excluidos o los que tienen un contrato eventual. Sabemos que son 8 millones los excluidos en el estado español y que los eventuales son un 30% de los que tienen trabajo (55% de población activa). Pero el análisis de la palabra precariedad es más completo.

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Una mirada parcialment objectiva de la precarietat

En quant, a la contractació, aquest darrer any s’han registrat un total de 2.085.387 contractes laborals a Catalunya, 273.405 dels quals són indefinits (13,1 %) i 1.811.982, temporals (86,9 %). En comparació amb l’any anterior, el nombre de contractes registrats ha disminuït un 2 % en termes relatius, fet que ha afectat tant els contractes indefinits com els temporals, amb un descens del 5,9 % i de l’1,4 %, respectivament.

A Catalunya, en l’any 2003, el 86,9% dels nous contractes varen ser temporals. Això s’acompanya en que hi ha hagut unes 14.000 persones que, en un any, han sumat més d’onze contractes. Aquests han estat alguns a través d’ETT’s, però d’altres han estat en la mateixa empresa, on el treballador/treballadora ha encadenat aquests contractes, amb el que estem davant d’un clar frau. L’acomiadament, pràcticament lliure, s’enforteix aquesta situació en que els treballadors són, com sempre, els qui han d’arriscar tot per defensar el seu lloc de treball.

El panorama no es massa optimista, ja que des de l’any 2000, el volum de la contractació registrada a Catalunya ha descendit gradualment, amb una pèrdua de 156.596 contractes menys en un període de tres anys. El nombre de contractes indefinits i temporals disminueix a partir de l’any 2001 en nombres absoluts, tot i que incrementa, aquest últim, percentualment el nombre total de contractes. Una nota important, és el fet que la petita empresa és la que té més contractes indefinits.

Al conjunt de l’Estat, el nombre de contractes registrats l’any 2003 es xifra en 14.668.063, dels quals 1.269.768 són indefinits (8,7 %), i 13.398.295, temporals (91,3 %). El nombre de contractes registrats experimenta un creixement del 3,5 %, tot i la davallada, però, de 13.192 contractes indefinits (-1 %); La contractació temporal, per contra, experimenta un increment de 502.007 contractes (3,9 %) en relació amb l’any 2002 .

…I jo afirmo que la realitat no té sentit si no tenen sentit també l’experiència del treball manual, de la sexualitat, de la reproducció, del treball de cura als altri.

Luisa Muraro ( [1] )

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Estados Unidos en el centro de la crisis mundial

Jorge Beinstein

Más allá de Bush y Kerry

Jorge Beinstein@yahoo.com

Hacia el final de la década pasada la economía norteamericana solía ser presentada por los medios de comunicación como el mega motor del crecimiento global, el paradigma del capitalismo triunfante donde según los gurús neoliberales se estaba expandiendo de manera vertiginosa una Nueva Economía basada en la alta tecnología y desatando un círculo virtuoso de progreso indefinido. Se nos explicaba que las innovaciones tecnológicas generaban ingresos que incitaban a innovar más lo que a su vez expandía la riqueza, etc. Todo ello expresado en una euforia bursártil sin precedentes (nadie recordaba lo ocurrido en 1929). Clinton ocupaba la Casa Blanca y regalaba simpatía, el caso Lewinsky agregaba una nota de alegría suplementaria a la fiesta de los mercados.

Sin embargo algunos hechos disonantes perturbaban la armonía, en primer lugar el contraste entre el auge consumista y la casi desaparición del ahorro personal. Los ciudadanos del Imperio gastaban todos sus ingresos y contraían deudas porque de manera directa o a través de fondos de inversión o pensión ganaban mucho dinero especulando en la Bolsa.  Las empresas, en especial las llamadas tecnológicas veían como día tras día se valorizaban sus acciones lo que les permitía (sobre)invertir y (sobre)endeudarse. Todo eso hacía subir las cotizaciones bursátiles sin mayor vinculación con la rentabilidad real de las firmas.

La burbuja se desinfló en el año 2000, Clinton le dejó su puesto a Bush y se instaló la recesión, además llegó el 11 de septiembre de 2001 marcando el despegue de una era militarista.

No han faltado observadores, en especial del campo progresista, para señalar el antagonismo entre un Bush arbitrario e imperial y un Clinton multilateral, negociador,  apegado al juego de las instituciones. Sin embargo Clinton impulsó una descomunal concentración de ingresos, desató la guerra en el corazón de Europa (Yugoslavia) e intensifico el bloqueo y los bombardeos contra Irak que prepararon la invasión posterior. Todo su andamiaje económico se apoyó en la hipertrofia financiera acelerando el ascenso de las mafias que ahora gobiernan a cara descubierta. En realidad el fascismo crispado de Bush, sus delirios imperialistas y la corrupción que lo rodea  heredan, exacerban tendencias dominantes durante los años 90. La mutación parasitaria del capitalismo norteamericano y sus consecuencias sociales, políticas y militares se gestó durante mucho tiempo, con la complicidad de demócratas y republicanos, hunde sus raíces en la financierización del capitalismo mundial.

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La educación del educador

Joaquín Miras Albarrán y Joan Tafalla

Para que este debate tenga sentido y dé frutos concretos sugerimos modestamente  un cambio de método: hagamos un esfuerzo para evitar que un argumento brillante nos arruine un buen conocimiento de la realidad. Abogamos porque sean el conocimiento y el análisis de las nuevas realidades los que nos arruinen o confirmen los mejores argumentos del pasado.

Abandonemos un viejo hábito de la izquierda del siglo XX: el de justificar teóricamente “a posterori” la línea política forzada por las circunstancias. Dejemos de teorizar las derrotas como victorias y las retiradas estratégicas como victorias tácticas. En nuestros oídos aún resuenan las palabras de un dirigente comunista español aún en activo, en el Ateneo de Cerdanyola ante unos doscientos cuadros comunistas de la zona obrera del Vallès Occidental afirmando que el Pacto de la Moncloa no era ya la vía sino la “autopista” española al socialismo.

Proponemos, modestamente, seguir la sobria indicación de Lenin: “análisis concreto de la situación concreta”. Hacemos la modesta proposición de deducir del análisis las propuestas políticas, culturales y organizativas. Proponemos no forzar la realidad para hacerla caber en el lecho de Procusto de las necesidades de la organización.

 

Los modelos del socialismo.

 

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El nuevo anticomunismo de la nueva derecha post-antifascista europea

Luciano Canfora

29/01/06|

"La recuperación historiográfica de una parte más o menos grande de la experiencia fascista y la consiguiente demonización martilleante de la experiencia comunista no son una operación erudita: son una operación política que pretende resultados de todo punto políticos. De lo que se trata es de destruir la noción positiva de antifascismo (concepto que asume el fascismo como mal principal), y de fundar un orden constitucional conforme a las aspiraciones de aquellos estratos que en su momento no vacilaron en avalar precisamente al fascismo como remedio"

Hace una pocas semanas, un "nuevo filósofo" francés, el exmaoísta Alain Finkielkraut, declaró, a cuenta de los disturbios vividos el pasado otoño en París, que "el antirracismo será en el siglo XXI lo que ha sido el comunismo en el siglo XX", es decir, en su opinión, una ideología totalitaria peligrosa que ha de ser combatida con todos los medios: finalmente, los inmigrantes y sus hijos "odian trabajar", y "sólo quieren dinero y ropas de marca". Pocos tomaron demasiado en serio las declaraciones de este pícaro mediático habituado, exactamente igual que sus equivalentes –"filósofos" o "historiadores"— en España y en otros países, a exhibir con dosificada astucia su nuevo extremismo oligofrénico bajo la patente de perito en legitimación de lo existente que le conceden los grandes medios de comunicación del sistema. Pero como decía Bertolt Brecht, los excesos revelan la esencia del fenómeno. En esta semana que, a propuesta del Partido Popular Europeo, se debate en el Parlamento europeo una moción de condena del "totalitarismo comunista", nos ha parecido oportuno reproducir este lúcido y analítico discurso pronunciado por el historiador Luciano Canfora en Rímini [como invitado a la tribuna de oradores durante el III Congreso del Partido de los Comunistas Italianos, celebrado en febrero de 2004] sobre el significado político del revisionismo histórico anticomunista y de la paralela reorientación de la actual derecha italiana y europea en un sentido post-antifascista.

QUERRÍA EMPEZAR recordando una verdad elemental, a saber: que la historia la escriben los vencedores. Y puesto que la larga guerra europea, y luego mundial, comenzada en 1914 y desarrollada luego en varias fases, terminó, tras varias vueltas, paces aparentes y cambios de frente, con la derrota de la Unión Soviética en 1991, es evidente que, por ahora, y por mucho tiempo aún, la historia que prevalecerá será la que escriban los enemigos de la Unión Soviética, y por ende, del antifascismo.

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Manifiesto para la renovación de la historia

Eric Hobsbawm

En el curso de las últimas décadas el relativismo en la Historia ha armonizado con el consenso político. Es hora de "reconstruir un frente de la razón" para promover una nueva concepción de la Historia. A ello invita Eric Hobsbawm, en el discurso de cierre del coloquio de la Academia británica sobre historiografía marxista (13-11-2004)

"Hasta ahora, los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo; se trata de cambiarlo". Los dos enunciados de la célebre "Tesis Feuerbach" de Karl Marx inspiraron a los historiadores marxistas. La mayoría de los intelectuales que adhirieron al marxismo a partir de la década de 1880 -entre ellos los historiadores marxistas- lo hicieron porque querían cambiar el mundo, junto con los movimientos obreros y socialistas; movimientos que se convertirían, en gran parte bajo la influencia del marxismo, en fuerzas políticas de masas. Esa cooperación orientó naturalmente a los historiadores que querían cambiar el mundo hacia ciertos campos de estudio -fundamentalmente, la historia del pueblo o de la población obrera- los que, si bien atraían naturalmente a las personas de izquierda, no tenían originalmente ninguna relación particular con una interpretación marxista. A la inversa, cuando a partir de la década de 1890 esos intelectuales dejaron de ser revolucionarios sociales, a menudo también dejaron de ser marxistas. La revolución soviética de octubre de 1917, reavivó ese compromiso. Recordemos que los principales partidos socialdemócratas de Europa continental abandonaron por completo el marxismo sólo en la década de 1950, y a veces más tarde. Aquella revolución engendró además lo que podríamos llamar una historiografía marxista obligatoria en la URSS y en los Estados que adoptaron luego regímenes comunistas. La motivación militante se vio reforzada durante el período del antifascismo. A partir de la década de 1950 se debilitó en los países desarrollados -pero no en el Tercer Mundo- aunque el considerable desarrollo de la enseñanza universitaria y la agitación estudiantil generaron en la década de 1960 dentro de la universidad un nuevo e importante contingente de personas decididas a cambiar el mundo. Sin embargo, a pesar de desear un cambio radical, muchas de ellas ya no eran abiertamente marxistas, y algunas ya no lo eran en absoluto. Ese rebrote culminó en la década de 1970, poco antes de que se iniciara una reacción masiva contra el marxismo, una vez más por razones esencialmente políticas. Esa reacción tuvo como principal efecto -salvo para los liberales que aún creen en ello- la aniquilación de la idea según la cual es posible predecir, apoyándose en el análisis histórico, el éxito de una forma particular de organizar la sociedad humana. La historia se había disociado de la teleología (1). Teniendo en cuenta las inciertas perspectivas que se presentan a los movimientos socialdemócratas y socialrevolucionarios, no es probable que asistamos a una nueva ola de adhesión al marxismo políticamente motivada. Pero evitemos caer en un occidentalo-centrismo excesivo. A juzgar por la demanda de que son objeto mis propios libros de historia, compruebo que se desarrolla en Corea del Sur y en Taiwán desde la década de 1980, en Turquía desde la década de 1990, y hay señales de que avanza actualmente en el mundo de habla árabe. El vuelco social ¿Qué ocurrió con la dimensión "interpretación del mundo" del marxismo? La historia es un poco diferente, aunque paralela. Concierne al crecimiento de lo que se puede llamar la reacción anti-Ranke (2), de la cual el marxismo constituyó un elemento importante, aunque no siempre se lo reconoció acabadamente. Se trató de un movimiento doble. Por una parte, ese movimiento cuestionaba la idea positivista según la cual la estructura objetiva de la realidad era por así decirlo evidente: bastaba con aplicar la metodología de la ciencia, explicar por qué las cosas habían ocurrido de tal o cual manera, y descubrir "wie es eigentlich gewesen" [cómo sucedió en realidad]. Para todos los historiadores, la historiografía se mantuvo y se mantiene enraizada en una realidad objetiva, es decir, la realidad de lo que ocurrió en el pasado; sin embargo, no parte de hechos sino de problemas, y exige que se investigue para comprender cómo y por qué esos problemas -paradigmas y conceptos- son formulados de la manera en que lo son en tradiciones históricas y en medios socio-culturales diferentes. Por otra, ese movimiento intentaba acercar las ciencias sociales a la historia, y en consecuencia, englobarla en una disciplina general, capaz de explicar las transformaciones de la sociedad humana. Según la expresión de Lawrence Stone (3) el objeto de la historia debería ser "plantear las grandes preguntas del ‘por qué’". Ese "vuelco social" no vino de la historiografía sino de las ciencias sociales -algunas de ellas incipientes en tanto tales- que por entonces se afirmaban como disciplinas evolucionistas, es decir históricas. En la medida en que puede considerarse a Marx como el padre de la sociología del conocimiento, el marxismo, a pesar de haber sido denunciado erróneamente en nombre de un presunto objetivismo ciego, contribuyó al primer aspecto de ese movimiento. Además, el impacto más conocido de las ideas marxistas -la importancia otorgada a los factores económicos y sociales- no era específicamente marxista, aunque el análisis marxista pesó en esa orientación. Esta se inscribía en un movimiento historiográfico general, visible a partir de la década de 1890, y que culminó en las décadas de 1950 y 1960, en beneficio de la generación de historiadores a la que pertenezco, que tuvo la posibilidad de transformar la disciplina. Esa corriente socio-económica superaba al marxismo. La creación de revistas y de instituciones de historia económico-social fue a veces obra -como en Alemania- de socialdemócratas marxistas, como ocurrió con la revista "Vierteljahrschrift" en 1893. No ocurrió así en Gran Bretaña, ni en Francia, ni en Estados Unidos. E incluso en Alemania, la escuela de economía marcadamente histórica no tenía nada de marxismo. Solamente en el Tercer Mundo del siglo XIX (Rusia y los Balcanes) y en el del siglo XX, la historia económica adoptó una orientación sobre todo socialrevolucionaria, como toda "ciencia social". En consecuencia, se vio muy atraída por Marx. En todos los casos, el interés histórico de los historiadores marxistas no se centró tanto en la "base" (la infraestructura económica) como en las relaciones entre la base y la superestructura. Los historiadores explícitamente marxistas siempre fueron relativamente poco numerosos. Marx ejerció influencia en la historia principalmente a través de los historiadores y los investigadores en ciencias sociales que retomaron los interrogantes que él se planteaba, hayan aportado o no otras respuestas. A su vez, la historiografía marxista avanzó mucho en relación a lo que era en la época de Karl Kautsky y de Georgi Plekhanov (4), en buena medida gracias a su fertilización por otras disciplinas (fundamentalmente la antropología social) y por pensadores influidos por Marx y que completaban su pensamiento, como Max Weber (5). Si subrayo el carácter general de esa corriente historiográfica, no es por voluntad de subestimar las divergencias que contiene, o que existían en el seno de sus componentes. Los modernizadores de la historia se plantearon las mismas cuestiones y se consideraron comprometidos en los mismos combates intelectuales, ya sea que se inspiraran en la geografía humana, en la sociología durkheimiana (6) y en las estadísticas, como en Francia (a la vez, la escuela de los Anales y Labrousse), o en la sociología weberiana, como la Historische Sozialwissenschaft en Alemania federal, o aun en el marxismo de los historiadores del Partido Comunista, que fueron los vectores de la modernización de la historia en Gran Bretaña, o que al menos fundaron su principal revista. Unos y otros se consideraban aliados contra el conservadurismo en historia, aun cuando sus posiciones políticas o ideológicas eran antagónicas, como Michael Postan (7) y sus alumnos marxistas británicos. Esa coalición progresista halló una expresión ejemplar en la revista "Past & Present", fundada en 1952, muy respetada en el ambiente de los historiadores. El éxito de esa publicación se debió a que los jóvenes marxistas que la fundaron se opusieron deliberadamente a la exclusividad ideológica, y que los jóvenes modernizadores provenientes de otros horizontes ideológicos estaban dispuestos a unirse a ellos, pues sabían que las diferencias ideológicas y políticas no eran un obstáculo para trabajar juntos. Ese frente progresista avanzó de manera espectacular entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la década de 1970, en lo que Lawrence Stone llama "el amplio conjunto de transformaciones en la naturaleza del discurso histórico". Eso hasta la crisis de 1985, cuando se produjo la transición de los estudios cuantitativos a los estudios cualitativos, de la macro a la microhistoria, de los análisis estructurales a los relatos, de lo social a los temas culturales. Desde entonces, la coalición modernizadora está a la defensiva, al igual que sus componentes no marxistas, como la historia económica y social. En la década de 1970, la corriente dominante en historia había sufrido una transformación tan grande, en particular bajo la influencia de las "grandes cuestiones" planteadas a la manera de Marx, que escribí estas líneas: "A menudo es imposible decir si un libro fue escrito por un marxista o por un no marxista, a menos que el autor anuncie su posición ideológica. Espero con impaciencia el día en que nadie se pregunte si los autores son marxistas o no". Pero como también lo señalaba, estábamos lejos de semejante utopía. Desde entonces, al contrario, fue necesario subrayar con mayor energía lo que el marxismo puede aportar a la historiografía. Cosa que no ocurría desde hace mucho tiempo. A la vez, porque es preciso defender a la historia contra quienes niegan su capacidad para ayudarnos a comprender el mundo, y porque nuevos desarrollos científicos transformaron completamente el calendario historiográfico. En el plano metodológico, el fenómeno negativo más importante fue la edificación de una serie de barreras entre lo que ocurrió o lo que ocurre en historia, y nuestra capacidad para observar esos hechos y entenderlos. Esos bloqueos obedecen a la negativa a admitir que existe una realidad objetiva, y no construida por el observador con fines diversos y cambiantes, o al hecho de sostener que somos incapaces de superar los límites del lenguaje, es decir, de los conceptos, que son el único medio que tenemos para poder hablar del mundo, incluyendo el pasado. Esa visión elimina la cuestión de saber si existen en el pasado esquemas y regularidades a partir de los cuales el historiador puede formular propuestas significativas. Sin embargo, hay también razones menos teóricas que llevan a esa negativa: se argumenta que el curso del pasado es demasiado contingente, es decir, que hay que excluir las generalizaciones, pues prácticamente todo podría ocurrir o hubiera podido ocurrir. De manera implícita, esos argumentos apuntan a todas las ciencias. Pasemos por alto intentos más fútiles de volver a viejas concepciones: atribuir el curso de la historia a altos responsables políticos o militares, o a la omnipotencia de las ideas o de los "valores"; reducir la erudición histórica a la búsqueda -importante pero insuficiente en sí- de una empatía con el pasado. El gran peligro político inmediato que amenaza a la historiografía actual es el "anti-universalismo": "mi verdad es tan válida como la tuya, independientemente de los hechos". Ese anti-universalismo seduce naturalmente a la historia de los grupos identitarios en sus diferentes formas, para la cual, el objeto esencial de la historia no es lo que ocurrió, sino en qué afecta eso que ocurrió a los miembros de un grupo particular. De manera general, lo que cuenta para ese tipo de historia no es la explicación racional sino la "significación"; no lo que ocurrió, sino cómo experimentan lo ocurrido los miembros de una colectividad que se define por oposición a las demás, en términos de religión, de etnia, de nación, de sexo, de modo de vida, o de otras características. El relativismo ejerce atracción sobre la historia de los grupos identitarios. Por diferentes razones, la invención masiva de contraverdades históricas y de mitos, otras tantas tergiversaciones dictadas por la emoción, alcanzó una verdadera época de oro en los últimos treinta años. Algunos de esos mitos representan un peligro público -en países como India durante el gobierno hinduista (8), en Estados Unidos y en la Italia de Silvio Berlusconi, por no mencionar muchos otros nuevos nacionalismos, se acompañen o no de un acceso de integrismo religioso-. De todos modos, si por un lado ese fenómeno dio lugar a mucho palabrerío y tonterías en los márgenes más lejanos de la historia de grupos particulares -nacionalistas, feministas, gays, negros y otros- por otro generó desarrollos históricos inéditos y sumamente interesantes en el campo de los estudios culturales, como el "boom de la memoria en los estudios históricos contemporáneos", como lo llama Jay Winter (9). "Los Lugares de memoria" (10) obra coordinada por Pierre Nora, es un buen ejemplo. Reconstruir el frente de la razón Ante todos esos desvíos, es tiempo de restablecer la coalición de quienes desean ver en la historia una investigación racional sobre el curso de las transformaciones humanas, contra aquellos que la deforman sistemáticamente con fines políticos, y a la vez, de manera más general, contra los relativistas y los posmodernistas que se niegan a admitir que la historia ofrezca esa posibilidad. Dado que entre esos relativistas y posmodernos hay quienes se consideran de izquierda, podrían producirse inesperadas divergencias políticas capaces de dividir a los historiadores. Por lo tanto, el punto de vista marxista resulta un elemento necesario para la reconstrucción del frente de la razón, como lo fue en las décadas de 1950 y 1960. De hecho, la contribución marxista probablemente sea aun más pertinente ahora, dado que los otros componentes de la coalición de entonces renunciaron, como la escuela de los Anales de Fernand Braudel, y la "antropología social estructural-funcional", cuya influencia entre los historiadores fuera tan importante. Esta disciplina se vio particularmente perturbada por la avalancha hacia la subjetividad posmoderna. Entre tanto, mientras que los posmodernistas negaban la posibilidad de una comprensión histórica, los avances en las ciencias naturales devolvían a la historia evolucionista de la humanidad toda su actualidad, sin que los historiadores se dieran cabalmente cuenta. Y esto de dos maneras. En primer lugar, el análisis del ADN estableció una cronología más sólida del desarrollo desde la aparición del homo sapiens en tanto especie. En particular, la cronología de la expansión de esa especie originaria de África hacia el resto del mundo, y de los desarrollos posteriores, antes de la aparición de fuentes escritas. Al mismo tiempo, eso puso de manifiesto la sorprendente brevedad de la historia humana -según criterios geológicos y paleontológicos- y eliminó la solución reduccionista de la sociobiología darwiniana (11). Las transformaciones de la vida humana, colectiva e individual, durante los últimos diez mil años, y particularmente durante las diez últimas generaciones, son demasiado considerables para ser explicadas por un mecanismo de evolución enteramente darwiniano, por los genes. Esas transformaciones corresponden a una aceleración en la transmisión de las características adquiridas, por mecanismos culturales y no genéticos; podría decirse que se trata de la revancha de Lamarck (12) contra Darwin, a través de la historia humana. Y no sirve de mucho disfrazar el fenómeno bajo metáforas biológicas, hablando de "memes" (13) en lugar de "genes". El patrimonio cultural y el biológico no funcionan de la misma manera. En síntesis, la revolución del ADN requiere un método particular, histórico, de estudio de la evolución de la especie humana. Además -dicho sea de paso- brinda un marco racional para la elaboración de una historia del mundo. Una historia que considere al planeta en toda su complejidad como unidad de los estudios históricos, y no un entorno particular o una región determinada. En otras palabras: la historia es la continuación de la evolución biológica del homo sapiens por otros medios. En segundo lugar, la nueva biología evolucionista elimina la estricta diferenciación entre historia y ciencias naturales, ya eliminada en gran medida por la "historización" sistemática de estas ciencias en las últimas décadas. Luigi Luca Cavalli-Sforza, uno de los pioneros pluridisciplinarios de la revolución ADN, habla del "placer intelectual de hallar tantas similitudes entre campos de estudio tan diferentes, algunos de los cuales pertenecen tradicionalmente a los polos opuestos de la cultura: la ciencia y las humanidades". En síntesis, esa nueva biología nos libera del falso debate sobre el problema de saber si la historia es una ciencia o no. En tercer lugar, nos remite inevitablemente a la visión de base de la evolución humana adoptada por los arqueólogos y los prehistoriadores, que consiste en estudiar los modos de interacción entre nuestra especie y su medio ambiente, y el creciente control que ella ejerce sobre el mismo. Lo cual equivale esencialmente a plantear las preguntas que ya planteaba Karl Marx. Los "modos de producción" (sea cual fuere el nombre que se les dé) basados en grandes innovaciones de la tecnología productiva, de las comunicaciones y de la organización social -y también del poder militar- son el núcleo de la evolución humana. Esas innovaciones, y Marx era consciente de eso, no ocurrieron y no ocurren por sí mismas. Las fuerzas materiales y culturales y las relaciones de producción son inseparables; son las actividades de hombres y mujeres que construyen su propia historia, pero no en el "vacío", no afuera de la vida material, ni afuera de su pasado histórico. Del neolítico a la era nuclear En consecuencia, las nuevas perspectivas para la historia también deben llevarnos a esa meta esencial de quienes estudian el pasado, aunque nunca sea cabalmente realizable: "la historia total". No "la historia de todo", sino la historia como una tela indivisible donde se interconectan todas las actividades humanas. Los marxistas no son los únicos en haberse propuesto ese objetivo -Fernand Braudel también lo hizo- pero fueron quienes lo persiguieron con más tenacidad, como decía uno de ellos, Pierre Vilar (14). Entre las cuestiones importantes que suscitan estas nuevas perspectivas, la que nos lleva a la evolución histórica del hombre resulta esencial. Se trata del conflicto entre las fuerzas responsables de la transformación del homo sapiens, desde la humanidad del neolítico hasta la humanidad nuclear, por una parte, y por otra, las fuerzas que mantienen inmutables la reproducción y la estabilidad de las colectividades humanas o de los medios sociales, y que durante la mayor parte de la historia las han contrarrestado eficazmente. Esa cuestión teórica es central. El equilibrio de fuerzas se inclina de manera decisiva en una dirección. Y ese desequilibrio, que quizás supera la capacidad de comprensión de los seres humanos, supera por cierto la capacidad de control de las instituciones sociales y políticas humanas. Los historiadores marxistas, que no entendieron las consecuencias involuntarias y no deseadas de los proyectos colectivos humanos del siglo XX, quizás puedan esta vez, enriquecidos por su experiencia práctica, ayudar a comprender cómo hemos llegado a la situación actual.

Eric Hobsbawm es historiador británico, autor entre otros de Historia del siglo XX, Barcelona, Crítica, 1996. 1 Teleología, doctrina que se ocupa de las causas finales. 2 Reacción contra Leopold von Ranke (1795-1886), considerado el padre de la escuela dominante de la historiografía universitaria antes de 1914. Autor, entre otros títulos, de "Historia de los pueblos romano y germano de 1494 a 1535" (1824) y de Historia del mundo" (Weltgeschichte), (1881-1888 – inconclusa). 3 Lawrence Stone (1920-1999), una de las personalidades más eminentes e influyentes de la historia social. Autor, entre otros títulos, de "The Causes of the English Revolution, 1529-1642" (1972), "The Family, Sex and Marriage in England 1500-1800" (1977). 4 Respectivamente dirigente de la socialdemocracia alemana y de la socialdemocracia rusa, a comienzos del siglo XIX. 5 Max Weber (1864-1920), sociólogo alemán. 6 Por Emile Durkheim (1858-1917), que fundó "Las reglas del método sociológico" (1895) y que por ello es considerado uno de los padres de la sociología moderna. Autor, entre otros títulos, de "La división del trabajo social" (1893) , "El suicidio" (1897). 7 Michael Postan ocupa la cátedra de historia económica en la universidad de Cambridge desde 1937. Co-inspirador, junto a Fernand Braudel, de la Asociación Internacional de Historia Económica. 8 El partido Bharatiya Janata (BJP) dirigió el gobierno indio desde 1999 hasta mayo de 2004. 9 Profesor de la universidad de Columbia (Nueva York). Uno de los grandes especialistas de la historia de las guerras del siglo XX, y sobre todo de los lugares de memoria. 10 "Les lieux de mémoire", Gallimard, París, 3 tomos. 11 Por Charles Darwin (1809-1882), naturalista inglés autor de la teoría sobre la selección natural de las especies. 12 Jean-Baptiste Lamark (1744-1829), naturalista francés, el primero en romper con la idea de permanencia de la especie. 13 Según Richard Dawkins, uno de los más destacados neodarwinistas, los "memes", son unidades de base de memoria, supuestos vectores de la transmisión y de la supervivencia culturales, así como los genes son los vectores de la subsistencia de las características genéticas de los individuos. 14 Ver fundamentalmente "Une histoire en construction: approche marxiste et problématique conjoncturelle", Gallimard-Seuil, París, 1982.

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El Foro Social Mundial ante la amenaza de guerra de Colombia

Heinz Dieterich

La disyuntiva ética del Foro El V Foro Social Mundial (FSM) de Porto Alegre se realiza, en palabras de Hugo Chávez, ante la dramática disyuntiva de "Unión o Muerte". Con estas palabras, el Presidente se refiere al avance de la integración bolivariana, liderada por él mismo, y el avance de su amenaza de destrucción, encabezada por el dúo Uribe-Bush. La analogía con el Congreso Antifascista de Valencia, tan infructuosamente invocada durante el Encuentro Mundial de Intelectuales en Caracas, ahora se presenta en toda su dimensión real para el Foro Social de Porto Alegre. Porque la amenaza de la agresión neofascista de Bush-Uribe es real y posiblemente nos separa poco tiempo de su inicio.Tal situación presenta un doble desafío ético para el Foro y su Comité Internacional Organizador (CIO). Por una parte, el peligro bélico que representan Bush-Uribe requiere de un pronunciamiento inequívoco del Foro o del CIO, y, por otra, la visita de Hugo Chávez al Foro y su discurso público exigen una respuesta de solidaridad concreta. En la vida política nunca existe la posibilidad ética de ser neutral, porque toda praxis humana se realiza inevitablemente dentro del medio de la ética material y formal. Las exigencias éticas a la praxis varían según las situaciones concretas. Mientras el Foro era, como lo definió acertadamente Ignacio Ramonet, una especie de "Escuela de Verano", no importaba realmente que tomara la bucólica posición de la academia griega cuyo flujo de bellas ideas y estéticas se sustentaba sobre un mar de lágrimas del esclavismo. Pero si la alternativa en América Latina hoy día es, "la Unión o la Muerte", entonces la simpática idea de una variante gauchesca de la Escuela de "Summer Hill" ha perdido su razón de ser. La amenaza bélica de Uribe-Bush convierte irremediablemente el silencio o una elucubración abstracta del V Foro en torno a la disyuntiva de "vida o muerte", en un hecho de facto-complicidad con el enemigo público número uno de los pueblos y Estados latinoamericanos. El Plan de guerra de Uribe ha cambiado el carácter semi-privado del Foro en un evento marcadamente público al cual, quiera o no, no puede escapar. No hay posiciones de neutralidad posible en América Latina ante la coyuntura actual: ni para los partidos políticos, ni para los gobiernos y, mucho menos, para los entes de la sociedad civil que ostentan banderas de transformación y de lucha por la posibilidad "de un mundo mejor". 2. La pluralidad como apología del "no hacer" El argumento esgrimido históricamente por los organizadores para no pronunciarse sobre temas concretos ha asumido diversas formas, como que "el Foro no da recetas para llegar al socialismo", que no es "un foro partidista", que es una especie de "Escuela de Verano" y que se trata de "un espacio abierto, diverso y horizontal, hecho para reflexionar sobre la globalización y buscar alternativas. No es la cita de un partido político u organización sindical, en las que se pueda emitir pronunciamientos finales". El argumento, de que la pedagogía antiautoritaria y la naturaleza plural del Foro prohíben ejercer solidaridad concreta con el Irak latinoamericano es, por supuesto, falaz. Como ha demostrado el Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos (IBASE), citado por Diego Cevallos en rebelion.org, la pluralidad del FSM es más retórica que real. En cuanto a la pluralidad geográfica, el Instituto encontró que alrededor del 86 por ciento del total de los participantes provino de Brasil. En lo referente a la pluralidad socio-educativa, más del 73 por ciento de los participantes al foro de 2003 eran académicos o estaban en vía de ser académicos. El Foro no es, por lo tanto, en términos sociográficos, un foro de movimientos sociales o populares, sino, primordialmente, de clases medias y pequeña burguesía. Mucho menos es, por supuesto, un Foro controlado por los intereses y movimiento populares. Algo semejante se observa con respecto a su economía política. Las fuentes de financiamiento se agotan, esencialmente, en las estructuras directas e indirectas de cinco Estados nacionales —secundados por el Estado Global, las iglesias occidentales y algunos capitales privados— que financian no sólo el FSM, siino todos los grandes encuentros regionales y globales respectivos. Y el volumen financiero necesario para ese tipo de eventos, es grande. Por ejemplo, el Foro Social Europeo de Paris costó alrededor de cinco millones de Euros. De la apología de la pluralidad quedaría entonces solo el aspecto de la pluralidad ideológica de los participantes. Pero, nuevamente, el argumento es insostenible. El Foro constituye, en términos sociológicos un "grupo de referencia" o en términos de estadística, una "población" o un "universo", es decir, un conjunto de elementos (personas) que tienen alguna característica o propiedad en común. Lo que tiene en común la población del Foro son las banderas particulares de la lucha contra el neoliberalismo, el militarismo, el racismo, etcétera, y su doble convicción de que otro mundo es posible y que se deban buscar las alternativas que lleven a él. La audi encia del FSM no es, por lo tanto, cualitativamente diferente a la que se reúne en los foros contra el ALCA o contra el Fondo Monetario Internacional y dado, que toda votación sobre una propuesta sería voluntaria, no habría ningún impedimento por el carácter "plural" del Foro para tomar partido ante la matanza que Uribe-Bush están cometiendo a diario en Colombia, con la amenaza agravante de extender sus métodos terroristas a toda América Latina y, en particular, a Ecuador y Venezuela. Y si el número de participantes fuera ahora el argumento para rechazar un pronunciamiento, habría un simple remedio: que se pronuncie el Comité Internacional Organizador. 3. ¿Qué posición debe tomarse frente al Foro? La triple influencia ejercida sobre el Foro por la hegemonía del pensamiento liberal-socialdemócrata, el credo religioso-pacifista y la economía política de su existencia material, conforman un status quo, cuyo armazón e inmovilidad difícilmente se podrán romper desde las tribunas de la crítica pública, cuyos esfuerzos en este sentido han sido esencialmente inútiles. Por eso es de particular interés observar el impacto de la participación delPresidente Hugo Chávez, que en este momento es la fuerza más poderosa que puede movilizar la realidad latinoamericana, para derrotar a la barbarie del capital y de la Doctrina Monroe. Hay dos opciones posibles: a) que los mandarines, flexibles como el bambú ante el monzón, se acomodarán a esa fuerza natural que se llama "Chávez", sabiendo que pasará relativamente rápido, para después volver a la normalidad o, b) que los cambios del entorno latinoamericano y mundial serán tan drásticos que la Escuela de Verano tenga que dar paso a la Escuela de la Vida, so pena de perder legitimidad. Lo dicho anteriormente puede entenderse como una premisa de la cual se saquen las inferencias correctas. Pero todo el mundo sabe, que es fácil sacar de premisas correctas inferencias equivocadas. Esto, a mi juicio, es el caso de un grupo de personas de Rosario, Argentina, que hacen una crítica severa, pero correcta en muchos aspectos, al FSM, convocando a un Encuentro Antiimperialista como Alternativa revolucionaria al Foro Social Mundial. "El Encuentro intentará constituirse como una alternativa para que sectores de la vanguardia tengan un espacio donde poder discutir y organizarse para proponer salidas concretas de lucha, contra los enemigos de los pueblos que son las multinacionales, los bancos, es decir el imperialismo y los políticos que le sirven, como los del «eje latinoamericano» integrado por Lula, Kirchner, Chávez y ahora Tabaré Vázquez." Organizar Encuentros de vanguardia es necesario, porque ninguno de los grandes Foros o Congresos latinoamericanos o Mundiales lo son. En el eterno dilema del político y del intelectual, de tener que optar entre "unidad y claridad" —-problema magistralmente analizado por Lenin— los organizadores de esos foros han priorizado "la unidad" y descuidado o, inclusive bloqueado, los intentos de crear espacios de vanguardia. Esto explica, porque apenas ahora los intelectuales que suelen reunirse en esos foros y congresos empiezan a hablar de la unidad latinoamericana, cuando desde hace cinco años era evidente que se trataba de la única vía antiimperialista y de desarrollo sustentable posible en América Latina. Cinco años perdidos en estériles repeticiones keynesianos y argumentos anti-ALCA de decenas de miles de intelectuales, en lugar de concentrar esos recursos teóricos en la construcción del ALBA y del Bloque Regional de Poder Latinoamericano (BRPL) y su horizonte estratégico popular, la civilización anticapitalista o el socialismo del siglo XXI. Hay, por lo tanto, una indudable responsabilidad histórica de esa inteligentsia liberal, socialdemócrata y religiosa-filantropista que controla la organización de esos eventos, junto con la responsabilidad de los entes financiadoras, en el atraso de la lucha de clases y del antiimperialismo en América Latina. Sin embargo, es un gravísimo error y un sectarismo suicida declararle la guerra a "Lula, Kirchner, Chávez y ahora Tabaré Vázquez". La actual etapa del desarrollismo democrático unificador latinoamericano tiene todas las características de una potencial fase de transición hacia el postcapitalismo. Sin embargo, no entender este potencial y enfrentarse a sus protagonistas tal como hace la propuesta de Rosario, significa aliarse de nuevo con los canallas del imperialismo, como el embajador Spruille Braden contra el supuesto "nazifascismo" de Perón o colgar de nuevo, en alianza con la "rosca" (oligarquía) boliviana y la embajada Yanqui, al general Villaroel en los faroles de la Plaza Murillo, en La Paz. Significa, en una palabra, hacerle el trabajo sucio a George Bush y Álvaro Uribe.

4. ¿Por qué el FSM no es radical? El FSM es estructuralmente incapaz de dar una respuesta radical a los problemas de la humanidad —radical en el sentido de la palabra, de ir a la raíz de los problemas— porque esa radicalidad viene de la situación existtencial de las víctimas del sistema. Y las víctimas del sistema no se encuentran en el FSM, sino un estrato social privilegiado que no tiene nada que ganar enfrentándose al sistema fuera del modus operandi de la Escuela de Verano, que quieren mantener los mandarines. Walter Benjamín ha expresado en su XII Tesis de Filosofía de la Historia, porque el FSM en su forma actual no puede ser radical. Sustituyendo el enfrentamiento revolucionario con el sistema por la confianza en su transformación pacífica mediante el sistema electoral, social y sindical, "La socialdemocracia (alemana) se complacía en asignar a la clase trabajadora el papel de redentora de las generaciones futuras. Y así cortaba el nervio principal de su fuerza. En esta escuela (de pensamiento, H.D.), la clase desaprendió tanto el odio como la voluntad de sacrificio. Pues ambos se nutren de los antepasados oprimidos y no del ideal de los descendientes libres." Las "Tesis de Filosofía de la Historia", en muchos aspectos legítimos herederos de las "Tesis sobre Feuerbach", posiblemente no estarían muy bienvenidos en el Foro, porque no faltaría el mandarín que descubriera que predican el odio y el sacrificio y que, por tanto, en aras del pluralismo no se puede ser solidario con ellas: tal como no se puede ser solidario con el pueblo combatiente de Colombia. El Foro Social Mundial ha asumido, en el sentido de Benjamín, "el papel de redentora de las generaciones futuras" y el ideal "de los descendientes libres", lejos del rol espartacista de los esclavos industriales modernos y, también, lejos del magnífico y valiente documento de nueve mil ciudadanos estadounidenses que dijeron a Bush, Not in our Name.

En un excelente artículo en rebelion.org (17.1.2005), Arturo Cruz afirmó que "no basta con que en el Foro de Porto Alegre se condene con mayor o menor dureza el secuestro de Granda o la extradición de Trinidad, sino que hay que trascender de la retórica y dar un paso más allá: solicitar el reconocimiento de la guerrilla colombiana como fuerza beligerante". Esta es, a todas luces, la demanda central para la solidaridad internacional, contra el proyecto de Bush-Uribe en América Latina, el Plan Colombia. Al mismo tiempo, es un elemento estratégico en la tarea teórica más urgente del momento que consiste en organizar una contraofensiva mundial en el campo de las ideas, para destruir la ideología orwelliana de la "Guerra contra el Terrorismo". Sin embargo, es evidente, que esta demanda jamás será aceptada por el Comité Organizador, por ser demasiado "radical". Aún así, un pronunciamiento público que denuncie a Uribe y su proyecto atentatorio contra el sistema del Estado de Derecho latinoamericano y la integración, como el mayor peligro a la paz de la Patria Grande sería de enorme ayuda. Presionaría y apoyaría a los gobiernos de Lula, Kirchner y Tabaré Vazquez a enfrentarse al proyecto neocolonial-terrorista de Bush-Uribe y sería un apoyo concreto a los pueblos latinoamericanos, en particular el colombiano y el venezolano. Habrá que ver si el Comité Internacional Organizador resiste el doble impacto de los acontecimientos andinos, sin evolucionar. Pero decida lo que decida debe de tener claro que su silencio ante la disyuntiva de la "Unión o la Muerte", lo liquidaría éticamente. Porque como decía Bertold Brecht: Hay tiempos en que es un crimen callarse o "hablar de mariposas".

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