Un punto de encuentro para las alternativas sociales

La Segunda Oleada de la Crisis

Robert Kurz

Una llamada "gran crisis" del capitalismo profunda, tal y como se manifiesta en el desmoronamiento estructural del conjunto del sistema de producción y reproducción, evoluciona siempre en diversas oleadas repartidas en el tiempo. Primero alcanza el centro industrial de producción de plusvalía, después los sectores subordinados como la circulación (comercio), los servicios y las infraestructuras estatales. Esto es así mucho más en una situación como la de hoy cuando la tercera revolución industrial al final lleva la "valorización del valor" a sus límites. Las industrias fordistas de producción de automóviles, de mercancías de "gama blanca" (electrodomésticos como frigoríficos, cocinas, máquinas de lavar, aspiradoras etc.) o de "gama marrón" (televisión, vídeo, Hi-Fi etc.) se agotaron ya hace mucho tiempo como soporte de la acumulación. Por eso, la racionalización microelectrónica, los despidos en masa y cierres socavan cada vez más la base de creación de valor (utilización de fuerza de trabajo, "capital variable") mientras que la capacidad de producción de bienes aumenta hasta dimensiones incomensurables. Pero no está a la vista una nueva base con suficiente capacidad de crear valor que signifique una nueva absorción masiva de fuerza de trabajo. En este aspecto, el sector de las tecnologías de información (IT) fue un fracaso, igual que el comercio por Internet. La ilusión de la sociedad de servicios sólo pudo surgir porque la segunda oleada de crisis en los sectores subordinados se hizo esperar. La fosa entre la creación real de valor y el consumo de mercancías o de servicios fue rellenado en primer lugar a través de dinero "aparcado" y de capital ficticio. A nivel del conjunto de la sociedad era, y aún es, sobre todo el endeudamiento estatal el que hacía de parachoques. De él dependen grandes cantidades de puestos de trabajo de los sectores secundarios; desde el servicio militar a las piscinas públicas, desde los aparatos administrativos a la enseñanza, desde la construcción de carreteras a la recogida de basura. Y todos estos ocupados compran bienes y servicios. Pero también el creciente endeudamiento privado en un primer momento produce poder adquisitivo. En cambio, quien tenga ahorros, empieza a gastarlos (y ahora por el "Hartz IV" [1] muchos incluso se ven obligados a ello). Finalmente, la generación del milagro económico se va muriendo poco a poco y deja herencias que de ahora en adelante también serán gastadas. Todos estos factores prolongan la capacidad capitalista de consumo más allá de la base real de creación de valor y dan origen a la ilusión óptica de que podría haber un capitalismo de circulación y de servicios sin trabajo industrial de masas. Pero la vida de segunda mano no puede durar eternamente. El endeudamiento estatal choca contra sus límites, igual que el privado. Tarde o temprano los ahorros se habrán gastado y las herencias se habrán agotado. Ahora ya la crisis empieza a alcanzar imparablemente las infraestructuras, la circulación y los servicios. Tanto las oficinas de correo como los teatros, así como guarniciones militares federales y talleres para discapacitados, trenes de cercanías como centros de terapia serán eliminados. Los bancos cierran sucursales y liquidan ramas enteras de negocios. Ya desde hace años el comercio al por menor está en decadencia. En este sentido la crisis aguda en Karstadt/Quelle[2] es una señal de alarma. Ya ha empezado la liquidación de bares de copas, igual que la de periódicos; hasta el turismo está en vuelo descendente. Los alemanes, campeones mundiales en compra de muebles, flaquean hasta en este sector: desde el comienzo de la presente década, un 10% de las empresas tuvieron que cerrar; sólo en 2003 el volumen global de ventas cayó un 12%, mientras, en competencia eliminatoria, surgen cada vez más nuevas superficies comerciales gigantescas. Junto con el espejismo de la sociedad de servicios se desvanece también la mezquina opción para grandes sectores de salarios de miseria. Todavía habrá alguna que otra "última comida del condenado a muerte" en forma de consumo endeudado, subvencionado o sacado de las reservas; pero en un futuro próximo expirarán las sobrecapacidades, estimadas en más del 50% en algunos sectores secundarios y terciarios. Ya Comenzó la reacción en cadena, la segunda oleada de la crisis está en movimiento. Original alemán DIE ZWEITE KRISENWELLE publicado en Neues Deutschland, 26.11.2004 Traducción al portugués: B.A. Traducción al español: Reinhart Pablo Esch

——————————————————————————– Notas del traductor: 1. Bajo este nombre se esconde un paquete de medidas de drásticos recortes sociales, recientemente aprobado por el parlamento alemán. 2. Cadena de grandes almacenes, más o menos comparable con El Corte Inglés; hace poco entró en una crisis aguda de liquidez.

Read more

La descomposición

“Todas las tradiciones están gastadas, todas

las creencias anuladas, y no despunta una nueva

conciencia en las masas; es lo que yo llamo la descomposición,

es el momento mas atroz en la existencia de las sociedades”

Pierre-Joseph Proudhon

 

Read more

¡El FMI está de fiesta!

Julio Gambina

jgambina@imfc.coop

El gobierno argentino anunció la cancelación de la deuda pública con el FMI por un monto de 9.810 millones de dólares. El pago se hará con recursos propios, provenientes de las reservas internacionales. La medida expresa la continuidad y profundización de la política que se venía aplicando en materia de endeudamiento externo desde que Néstor Kirchner asumió en mayo de 2003, privilegiando el pago a los organismos financieros internacionales. La Argentina nunca estuvo en default con estos acreedores internacionales, pues el compromiso con ellos fue siempre el riguroso pago, claro que pronunciando críticos discursos al FMI.

Teníamos razón cuando sosteníamos que la Argentina tenía recursos para hacer frente a las necesidades sociales postergadas. Anualmente se gastan 1.000 millones de dólares en financiar el plan de jefes y jefas de hogar para 1.700.000 personas. Ahora y en un pago se aplican recursos 10 veces más para cancelar acreencias con el FMI. Otros podrían haber sido los usos de ese dinero. Se prefirió pagar al FMI aún conociendo ampliamente las necesidades sociales insatisfechas en alimentos, salud, educación, vivienda, empleo, desarrollo local y productivo que hace a la calidad de vida deteriorada de una gran parte empobrecida del pueblo de la Argentina.

Se comunicó la medida en el mismo momento en que la Cámara de Diputados aprobaba el Presupuesto del 2006, donde se incluía una suma destinada al pago de la deuda y que ahora no tendría destino, pues el acreedor será satisfecho antes de finalizar el presente año. ¿Qué ocurrirá con esos fondos aprobados por los parlamentarios? ¿Se encargará el poder ejecutivo de su reasignación para el pago de otras acreencias, o tendrá otro destino? Más allá de los interrogantes, la realidad es que otra vez se pasa por alto la Constitución Nacional que sostiene que es el Parlamento el que debe “arreglar” la deuda.

¿Quién quería el desendeudamiento?

Desde el gobierno se pretende instalar que se trata de una medida soberana y que quita la posibilidad de condicionamiento externo a la política económica local. Nos permitimos dudar de esa reflexión, ya que curiosamente los grandes deudores del FMI siguen el mismo camino. Cuando estalla la crisis argentina en el 2001 los grandes deudores del FMI eran Rusia, Turquía, Brasil y Argentina. Salvo Turquía, los demás cancelaron la totalidad de las acreencias con el organismo internacional, con Brasil y Argentina anunciando el pago con 48 horas de diferencia. Es mucha la casualidad de “estrategias soberanas” planteadas en simultáneo. Mejor es pensar que el FMI quería bajar la exposición financiera con esos grandes deudores y en rigor, era el mandato del principal accionista del Fondo: EEUU.

Read more

De la precariedad laboral a la precariedad social

María Cecilia Fernández

Chainworkers, entrevistados por María Cecilia Fernández El movimiento obrero novecentista se organizaba en torno a la fábrica a través de espacios de agregación social y apoyo mutuo. La s del sindicato, pero paralelamente construía sociedades de resistencia. La producción capitalista era entendida no sólo como un problema económico sino al mismo tiempo social. La lucha contra el capitalismo significaba una lucha contra las formas de vida mercantiles, más allá de la reivindicación sindical y los derechos laborales. Actualmente, el proceso de valorización capitalista ha incorporado como fuerza de trabajo las capacidades cognitivas, comunicativas y afectivas de lo humano. Una de las dimensiones más dinámicas de la producción social es un tipo de fuerza de trabajo inmaterial. Operadores de informática, diseñadores de páginas web, publicistas, artistas, comunicadores sociales, son parte de la actual composición social del trabajo. Las nuevas formas del trabajo, en el marco del modo de producción postfordista, han puesto en discusión cuáles serían las formas de organización social que harían frente a la situación de flexibilidad, movilidad y precariedad laboral, pero también a las formas de vida que producen las relaciones sociales capitalistas. En Italia, el colectivo milánes Chainworkers lleva años trabajando sobre estos aspectos de la precariedad laboral y social. Chainworkers comenzó dirigiéndose a los empleados de las cadenas comerciales, lo que significó, por un lado, un acercamiento a la figura precaria emblemática de los años noventa: el empleado estilo McDonald´s, sin ningún derecho ni representación sindical, que no se percibe a sí mismo como trabajador en un sentido clásico; pero también, por otro lado, el colectivo abordaba estrategias de comunicación innovadoras con el objetivo no sólo de dar información sobre los derechos labores en situación precaria, sino también intentar crear formas de agregación y conflicto social más allá de la sindicalización. María Cecilia Fernández (MCF): ¿Qué análisis hacen de su primer recorrido? Frenchi (F): Al principio, al interior del movimiento toda la cuestión del trabajo venía expresada con retóricas que denotaban impotencia, pero no capacidad de intervención [“Stop al precariado”, etc.]. En nuestro caso, una de las características iniciales fue el odio a las cadenas de negocios, no como lugar de consumo, sino como instituciones. Pero éramos muy inocentes, porque pensábamos que la condición neoesclavista de los trabajadores de las cadenas comerciales sería una condición “no imitable”, y que se estaban creando zonas de marginalidad muy amplias entendidas como una cierta reproducción del mercado fordista. Pero estábamos equivocados: todo el mundo del trabajo tendía a esta condición neoesclavista. La precariedad, como concepto, surge en el 2002, al caer en la cuenta de que no es un nuevo subproletariado el que estaba naciendo, no era sólo un mecanismo laboral lo que estaba en juego, sino una nueva relación social más compleja entre vida y trabajo. MCF: ¿Cómo definen entonces precariedad social? F: Es un mecanismo de control, división del trabajo, repartición de los recursos humanos y selección que genera ganancias y plusvalor para las empresas, que muta y modifica su propia conformación. Este pasaje de la precariedad laboral a la precariedad social pone entre interrogantes nuestra capacidad de intervenir, y también cuestiona reivindicaciones que cuentan con un pasado muy fuerte: por ejemplo, las del movimiento autónomo italiano de los setenta, con su rechazo al trabajo y la reapropiación del tiempo; también el derecho a una vida digna a través de una serie de derechos civiles y sociales históricamente conquistados. MCF: ¿Qué significa para ustedes crear comunidad? F: Crear relaciones solidarias concientes con un fuerte vínculo relacional, capacidad de comunicación entre todos los sujetos que están en esta comunidad. Capacidad de generar una producción autónoma muy cooperativa, muy horizontal aun asumiendo la división de competencias, muy ligada a la capacidad innegable que uno reconoce en los demás. Comunidad de individuos solidaria y de amigos, pero sobre todo una comunidad en el momento en que logra producir y cooperar y darse sentido a sí misma. MCF: ¿Cualés son los planos de intervención de esta comunidad? F: Son muchos. Un primer plano es la autoformación colectiva. Estar en una comunidad es una situación que ya de por sí te defiende. Entonces, hay un aspecto social, un aspecto de comunidad, un aspecto de comunicación, un aspecto lúdico, y también un aspecto de autorédito. Todo esto incluye varios factores: comunidad, socialización, formación, intervención política, relaciones preferenciales con algunos grupos, es decir una conciencia fuerte del territorio y de mecanismos que regulan este territorio. Esta es la comunidad que estamos creando. MCF: ¿En su experiencia, cómo ha tomado cuerpo esa idea de producción de comunidad y qué significa en la práctica el concepto de autorédito? Bombo (B): Mi formación profesional nació en un centro social, el Depósito Bulk en Milán. Allí logré algo que ni la universidad ni un puesto de trabajo hubieran podido darme. Siguiendo la filosofía Do it yourself (hazlo tú mismo) de los centros sociales, hice la formación profesional que actualmente aplico a mis trabajos: el discurso del free software (sistemas informáticos abiertos), la idea de compartir conocimientos, me permitieron no sólo acometer una reivindicación cultural, sino seguir trabajando en el sector de la informática con el objetivo no de producir mejor y ganar más, sino de manera alternativa a las propuestas del mundo comercial de la informática. Más tarde, comenzamos a pensar el Centro Social La Pérgola como un posible lugar para construir infraestructuras útiles para nuestro trabajo, así como para crear espacios de intervención en la ciudad: desde herramientas y espacio telemático hasta un lugar de alojamiento nocturno que fuera extremadamente accesible frente a la oferta en Milán, y de aquí nace la hostería autogestiva. Abrir una hostería nos metió en un proyecto que sobre la base del voluntariado no iba a funcionar, y que solucionamos creando puestos de trabajo que no siguen las reglas tradicionales, sino que consideramos un tipo de servicio social. MCF: Ustedes comenzaron en el 2001 manifestándose el 1 de Mayo, pero resignificándolo como el día de la precariedad. ¿Cuál es el objetivo y cómo se expresa esta intervención comunicativa? F: Unos años atrás, para nuestros gobernantes, hablar de precariedad estaba al límite del terrorismo. La MayDay sirvió como acto comunicativo para desarrollar una nueva conciencia. Con el San Precario, por ejemplo, hacemos subvertising [técnica de desvío y reapropiación del propio lenguaje de la publicidad para generar un efecto de sentido opuesto o diferente] sobre un tejido social que es muy católico. Aunque seamos laicos, en Italia hay un pasado popular ultra católico. El santo fue tomado de la cultura popular para insertarlo en una situación no religiosa. Y cada icono que está debajo de la imagen de San Precario indica los cinco ases de la no precariedad: debemos tener dinero, casa, relaciones afectivas y derecho a la comunicación y al transporte. MCF: ¿Cuál es la inserción de la figura del precario en el discurso sindical? F: No lo tiene, porque la precariedad es extorsión, chantaje, y difícilmente entendible a través de las formas sindicales clásicas. Hablando de la renovación en las formas de lucha, creemos que eso también implica renovación en las instituciones de la lucha, es decir del sindicalismo, el arte sindical y las acciones sindicales. Actualmente estamos construyendo los “puntos de San Precario”, que se coordinan en una red que llamamos biosindical. La concepción de biosindicato parte de la siguiente premisa: si la precariedad es social e invade toda nuestra vida, es obvio que nuestra acción sindical debe partir de cada uno de los puntos en que se desarrolla nuestra vida, internos y externos al lugar de trabajo. Los puntos de San Precario serán lugares simultáneamente de servicios legales, autoformación, comunidad solidaria y defensa. Serán todo lo que sepamos ir construyendo para que nuestras acciones de conflicto sean incisivas, golpeen a la empresa y a su imagen. Serán el intento de organizar una defensa, un contraataque. Al final, el individuo es precario porque no tiene acceso siquiera a la información que debería sobre las condiciones del propio contrato. Y, sobre todo, está aislado en relación a los otros en su lugar de trabajo. Necesitamos romper este aislamiento, crear comunidad. MCF: ¿Qué piensan de la lucha en el plano de los derechos laborales? F: Estamos convencidos de que la situación actual no puede ser modificada al interior del discurso político-judicial. La relación de precariedad social supera la relación legal-laboral y es directamente explotación, fuerza y potencia de la empresa sobre la vida de cada uno. Si llega a haber una modificación de las leyes laborales, será como siempre ha sido: gracias a la capacidad de crear conflicto y, sobre todo, de crear conflicto potente, fuerte e inteligente. A las leyes que se concretan las llamamos “amortizadoras”: reconocemos que doscientos euros más o menos al mes cambian la situación. Ahora bien, si ese dinero es el motivo para que no construyas una estrategia política que vaya más allá de los doscientos euros, caés en una monetarización de los derechos. Una estrategia política inteligente debe perseguir aumento salarial, redistribución, asistencia o subvención, pero sin perder de vista que el problema de la precariedad es cuando te llaman a medianoche para decirte “mirá que mañana tenés que trabajar” y vos ya habías hecho planes para ir a Lugano a visitar a tu familia.

Read more

El problema és què fer i com fer-ho.

Joan Tafalla

En la meva opinió els documents presentats poden ser aprovats sense cap tipus de problema. Contenen elements d’anàlisi interessants, amb els que coincideixo força i d’altres en que coincideixo menys. Però és indiferent allò que aprovem com a document polític o les millores que es podrien fer a aquests documents via esmenes, via debat.

El problema que tenim no és de programa. Tenim superàvit de programa, sobretot si ens atenem a les forces que tenim per a aplicar-lo. El problema que tenim no és de document polític. Podríem posar una fàbrica de documents polítics. El problema no és simplement d’organització de la subjectivitat política. La crisi del moviment comunista a l’estat espanyol i arreu fa molt anys que dura. No es tracta, simplement, d’una crisi de direcció, no es tracta, simplement, d’una crisi d’organització. Si fora així, qualsevol “avantguarda” dotada de la “veritable ciència marxista” ja hagués ocupat l’espai a força de voluntarisme. Per exemple, el PCC o el PCPE. Per exemple, el PRT.

Encara que de crisi de direcció i de crisi d’organització n’hi ha. Però és una crisi subsidiària d’un problema major: la crisi de subjecte social. No reconèixer que el tema essencial es la crisi de subjecte social, el canvi radical d’aquest subjecte, la seva metamorfosi absoluta, significa equivocar-se de forma greu en allò que és el més important: el què fer. Allò més important ara no és què escriure, si no què fer i també, com fer-ho.

Tronar-se a equivocar en això significa seguir posant el carro davant dels bous, significa equivocar-se de nou en l’apreciació del moment, que no és encara de construcció política si no de re- constitució de classe, per tant d’acumulació de forces, de lluita ideològica y cultural, de construcció de noves formes de socialització. Vull dir que no cal estar organitzats? Qui afirmi que jo dic això em difama gratuïtament. I hi ha gent que ho està fent.

La classe obrera industrial ja no és allò que era en els anys seixanta y setanta. La classe obrera, el proletariat ha canviat radicalment. Les úniques lluites obreres industrials que veiem són lluites defensives quan no resignades, de negociació dels tancaments, de les indemnitzacions, de les pre- jubilacions. El tèxtil català tanca tot, sencer, o gairebé, en el silenci, i això canvia les nostres ciutats i la nostra societat: de la ciutat- fàbrica passem a les metròpolis com a reservori de força de treball. El Sabadell, Terrassa, Igualada, Mataró que coneixíem ja no són els mateixos. Tanca el metall: tanquen la UH a Sabadell, i la AEG a Terrassa. Empreses del metall que varem ser el bressol de tota una generació del moviment obrer i popular dels barris.

Quan els xinesos ens venguin els seus cotxes magnífics, moderns, a preus d’ entre 3000 i 6000 € on quedarà la SEAT i la seva industria auxiliar? Així mateix, quines possibilitats reals tenim d’intervenir en aquesta lluita des de fora? Amb la simple impressió que les nostres fulles “han estat ben acollides”?

Read more

La lucha por la hegemonía en el frente intelectual: la práctica política de Manuel Sacristán Luzón

Joaquín Miras Albarrán

“El pecado del intelectual es echar un velo sobre la realidad”

M.S.L.

El propósito de esta ponencia es facilitar una primera aproximación a la obra de Manuel Sacristán Luzón para un posible  lector novel, imbuido, como Sacristán, de inquietud moral revolucionaria. Toda introducción esclarecedora  a la obra  de Manuel Sacristán Luzón debe comenzar refiriéndose a su compromiso político como comunista. Manuel Sacristán se organizó –es el término apropiado- en el Partido Comunista en Cataluña, el PSUC, en 1956, y fue hasta el final de su vida un Comunista y un marxista.

Como podemos leer en la penúltima conferencia que pronunció, sobre Lukacs, menos de 4 meses antes de su muerte,  al final de su vida seguía reiterándose en sus principios y reconociéndose públicamente comunista y marxista, aunque matizaba la primera palabra, y se decía “comunista de izquierdas” [1] .

Es necesario resumir  -hoy como siempre, por lo demás- lo que significa ser comunista. Más si se tiene la pretensión de que el texto sirva como aproximación hermenéutica a la obra de Sacristán por parte de las generaciones jóvenes actuales. El comunismo es una corriente de la tradición de la democracia que se caracteriza por considerar que la explotación económica y la dominación humanas sólo pueden ser resueltas mediante la lucha de clases y la transformación revolucionaria de la sociedad. Esta ruptura con el orden político y económico capitalista tiene como objetivo la socialización de los medios de producción y cambio, que deben convertirse en propiedad de la comunidad, es decir, en propiedad o cosa pública. En este proceso de lucha, el Estado debe comenzar a ser reabsorbido por la Sociedad Civil, pues se fundamenta en la división jerárquica, burocrática de la actividad entre los hombres –mandar/obedecer-  y reproduce la dominación.

Estas ideas eran compartidas por Manuel Sacristán. Consiguientemente, Sacristán militó, como ya he escrito en un partido comunista –el PSUC-. Conviene aclarar estas dos palabras subrayadas. Un partido comunista, tal como lo entendía Sacristán, no es una organización formada por profesionales de la política que elaboran programas electorales y ejecutan su actividad política desde las instituciones del Estado, a modo de ingeniería social, usando de los recursos financieros y humanos puestos a su alcance por el propio Estado. Este tipo de actividad política, basada en la división jerárquica del trabajo, aun cuando se impulse en nombre de ideales emancipatorios, se hace siempre por cuenta y a beneficio del capital, y no es sino un ejercicio de lo que Gramsci denominó Revolución Pasiva: El Estado atiende a la resolución de aquellas necesidades más exacerbadamente sentidas por los explotados a condición de que estos renuncien a su condición de ciudadanos y permanezcan desorganizados y políticamente inactivos, en lugar de ejercer su soberanía y constituirse en poder organizado.

Read more

El problema es que hacer y como hacerlo

Joan Tafalla

En mi opinión los documentos presentados pueden ser aprobados sin ningún tipo de problema. Contienen elementos de análisis interesantes, con los que coincido, mientras que hay otros en los que coincido menos. Pero es indiferente aquello que aprobemos como documento político o las mejoras que se podrían hacer a estos documentos vía enmiendas o por la vía del debate.

El problema que tenemos no es de programa. Tenemos superávit de programa, sobretodo si nos atenemos a las fuerzas que tenemos para aplicarlo. El problema que tenemos no es de documento político. Podríamos poner una fábrica de documentos políticos. El problema no es simplemente de organización de la subjetividad política. La crisis del movimiento comunista en el estado español dura hace ya muchos años. No se trata, simplemente, de una crisis de dirección, no se trata, simplemente, de una crisis de organización. Si fuera así, cualquier “vanguardia” dotada de la “verdadera ciencia marxista” ya hubiese ocupado el espacio a fuerza de voluntarismo. Por ejemplo, el PCC o el PCPE. Por ejemplo, el PRT.

Es cierto que crisis de dirección y crisis de organización hay. Pero es una crisis subsidiaria de un problema mayor: la crisis del sujeto social. No reconocer que el tema esencial es la crisis del sujeto social, el cambio radical de este sujeto, su metamorfosis absoluta, significa equivocarse de modo grave en lo que es más importante: el que hacer. Lo que es más importante ahora no es que escribir, sino que hacer y también, como hacerlo.

Volverse a equivocar en eso significa seguir poniendo el carro delante de los bueyes, significa equivocarse de nuevo en la apreciación del momento, que no es todavía de construcción política si no de reconstitución de clase, por tanto de acumulación de fuerzas, de lucha ideológica y cultural, de construcción de nuevas formas de socialización. ¿Quiere decir que no debemos estar organizados? Quién afirme que yo digo eso me difama gratuitamente. Hay gente que lo está haciendo.

La clase obrera industrial ya no es lo que era en los años sesenta y setenta. La clase obrera, el proletariado ha cambiado radicalmente. Las únicas luchas obreras industriales que vemos son luchas defensivas cuando no resignadas, de negociación de los cierres, de las indemnizaciones, de las prejubilaciones. El textil catalán cierra todo, entero o casi, en el silencio, y eso cambia nuestras ciudades y nuestra sociedad: de la ciudad-fábrica pasamos a las metrópolis como una reserva de fuerza de trabajo. Las Sabadell, Terrassa, Igualada, Mataró que conocimos ya no son los mismas. Cierra el metal: cierran la UH en Sabadell, y la AEG en Terrassa. Empresas del metal que fueron la cuna de toda una generación del movimiento obrero y popular de los barrios.

Cuando los chinos nos vendan sus coches magníficos, modernos, a precios de entre 3000 y 6000 ¿donde quedará la SEAT y su industria auxiliar? Así mismo, ¿qué posibilidades reales tenemos de intervenir en esta lucha desde fuera? Con la simple impresión de que nuestras hojas “han sido bien acogidas”.

Read more

El liberalismo igualitario de los jacobinos

Jean-Pierre Gross

Los jacobinos no elegían entre la libertad y la igualdad. Afirmaban una gracias a la otra, y unían una a la otra con el cemento de la fraternidad. Preocupados a la vez por no “alarmar a la propiedad” y no “ofender a la justicia”, juzgaban que la prosperidad de los ricos jamás debía contradecir la subsistencia de los pobres. Hoy, incluso esta moderación, aparece de nuevo revolucionaria…

Destacar el ideal igualitario de los jacobinos es un lugar común. Discípulos de Rousseau, se aplicaron a erradicar las desigualdades heredadas del Antiguo Régimen: si 1789 consagró la igualdad ante la ley, 1793 debía inaugurar la era de la igualdad real. Pero destacar, al mismo tiempo, el liberalismo de los jacobinos, discípulos de Montesquieu, parece una paradoja. ¿Acaso libertad e igualdad no son, a priori, incompatibles? Cuanto más libertad existe, la competencia tiende a engendrar más desigualdades e, inversamente, si se desea impulsar la igualdad, se tiende a caer en una limitación de la libertad, al redistribuir riqueza o ventajas. Por esto Montesquieu, en su proyecto de sociedad, se esforzó en dosificar estos dos ingredientes, siendo la libertad para él más deseable que la igualdad, y la desigualdad un mal menor frente al despotismo. A este dilema filosófico se agrega la problemática histórica del Terror. ¿Los autores modernos no nos han señalado que este fue también, además de un régimen represivo impuesto por las “circunstancias” y que llevaba a una necesaria restricción de las libertades, una ideología igualitaria cuyo objetivo era la regeneración moral, y la uniformidad de la sociedad? En este sentido, Luc Ferry y Alain Renaut 1 condenan el jacobinismo por su visión voluntarista y ética de los derechos del hombre, en la que el riesgo inherente a tal visión era la política del Terror, “históricamente verificable”. François Furet y Mona Ozouf 2, por su parte, han estimado que el consentimiento a la coacción fue la verdadera línea divisoria en la Convención: al desear imponer la igualdad a los ricos y al “forzarlos a ser honestos”, Robespierre y sus seguidores inauguraron la era totalitaria, el culto de la violencia, que únicamente esperaba “el injerto bolchevique” para transformarse, en el siglo XX, en necesidad revolucionaria.

Debe admitirse que los enfoques de los historiadores de izquierda favorecieron esta percepción de una inexorable continuidad histórica. ¿Acaso Albert Mathiez no veía en Robespierre al cómplice de Babeuf, en un momento en que éste último era reivindicado como el antepasado ilustre de la revolución proletaria? Cuando escribía en 1928, en la época de la “dekulakización” de la URSS, Albert Mathiez presentaba la política agraria de los jacobinos franceses del año II como una vasta tentativa de expropiación de una clase en beneficio de otra. Si bien esta interpretación fue sensiblemente modificada por sus sucesores, no es menos cierto que, a través del prisma marxista, la experiencia jacobina aparecía aún como una prefiguración de las luchas ideológicas de los tiempos modernos.

Tales asimilaciones, y las reservas que ellas suscitan, llaman a reflexionar. Revelan un profundo desprecio en cuanto a la naturaleza del igualitarismo jacobino, nacido del individualismo de 1789 y de la lógica de los derechos del hombre. La Declaración de derechos de 1793, redactada conjuntamente por Girondinos y Montañeses ( esencialmente por Condorcet y Robespierre), proclama los derechos naturales que son “la igualdad, la libertad, la seguridad y la propiedad”.

Ni laissez-faire ni dirigismo

Estos derechos emergieron de las tesis de Locke, padre del liberalismo moderno, que definía el derecho de propiedad como englobando “la vida, la libertad, los bienes”, comprendiendo en ello la facultad de acumular las riquezas y gozar de ellas; pero que afirmaba también la igualdad natural y el “derecho igual a la libertad”, implicando, según el principio de reciprocidad, el deber de respetar el derecho del otro a la libertad. Como lo hace notar Amartya Sen, teórico del utilitarismo norteamericano, la igualdad es no solo una característica esencial de las concepciones liberales de organización social (libertad igual para todos, igual consideración para todos), sino que la oposición entre libertad e igualdad es ficticia e inexacta, en cuanto que al ser la libertad uno de los posibles campos de aplicación de la igualdad, la igualdad forma parte de los esquemas de distribución posibles de la libertad.

Read more

Arthur Rosenberg, un pensador proscrito

Joaquín Miras Albarrán

PRÓLOGO

El autor de la presente obra, que se traduce por primera vez al castellano, es uno de los pocos, verdaderos, grandes pensadores políticos del siglo XX, y un revolucionario. El lector puede quedar sorprendido ante este juicio, e incluso abrigar sospechas  por cuanto Arthur Rosenberg, que falleció hace seis decenios, es un perfecto desconocido.

Es cierto, Rosenberg ha sido, desde su muerte, ignorado por todas las corrientes  del pensamiento político. Desde luego, por la derecha, pero también por las diversas escuelas y corrientes de la izquierda. Dejamos de lado el olvido en que lo tiene la academia, de la que fue un miembro ilustre. La razón: en primer lugar su radicalidad política y su independencia de criterio político durante todo el periodo que va de 1918 hasta su muerte a comienzos de los cuarenta. En segundo lugar, y esto puede resultar esclarecedor para el lector, por ser uno de los pocos, grandes historiadores cuya obra intelectual se especializa en la investigación sobre la democracia –sobre lo que verdaderamente es la democracia-. La tradición política de la democracia está por completo reñida con el estatismo y con la separación de política y sociedad; con  la delegación de la actividad política en elites, y con la falta de participación organizada permanente de los de abajo en política. No faltan razones, pues, para comprender su destierro del mundo intelectual: no sólo el ostracismo en el que lo mantiene la academia y la política burguesa, sino también el silencio y excomunión que hace pesar sobre él la propia izquierda.

Lo cierto es que Rosenberg no ha sido reclamado nunca por ninguna corriente política organizada de la izquierda.

Breve Semblanza

Arthur Rosenberg nació en Berlín en 1889 y falleció en Nueva York en 1943. Estudió en la universidad de Berlín, donde se especializó en Historia Antigua –Roma y Grecia- y fue alumno de otro gran especialista de la historia clásica, Eduard Meyer. Durante su juventud estuvo alejado del pensamiento de izquierdas, y en concreto, del marxismo, pensamiento al que se aproximaría tan sólo al final de la Primera Guerra Mundial. Antes de la Gran Guerra había llegado a ser ya una figura de primer rango  en la universidad del Reich.

Read more