Un punto de encuentro para las alternativas sociales

El maldito asunto de la URSS y de la burocracia

Pepe Gutiérrez-Álvarez

En la mitad de los años sesenta, cuando el que escribe se inició en “la política”, la URSS comenzaba a gozar de un renovado prestigio entre la gente que “se movía”. Existían numerosas razones para ello. Se entendía que lo que se decía desde el régimen franquista carecía de la más mínima fiabilidad, y se contaba la anécdota de un millonario adicto que al regresar de un viaje por allá, declaró: “Allí viven peor que nosotros”, y se subrayaba el “nosotros” para los que no caían en el significado. Lo mismo sucedía con las películas anticomunistas vulgares que daban más bien risa. El contraste aparecía como evidente, mientras que el franquismo nos había colocado como un protectorado norteamericano, la URSS competía con la potencia del dólar en el crecimiento económico, y en aquella carrera espacial tan increíble. Recuerdo que mientras asistía con unas pocas personas más y con los muchachos de la escuela nocturna a la exposición de tapices de Goya, nuestro maestro, Don Ángel Vidal, un republicano represaliado, nos enseñó un recorte en el que un conocido corresponsal de La Vanguardia llamado Luís del Arco, contaba como dicha exposición había provocado enormes colas en Moscú. Por aquellos días, los más cinéfilos pudimos disfrutar con el estreno del magnífico Don Quijote (1953), de Gregori Kozintsev, en la que el gran Nicolai Tcherkassov interpreta al idealista hidalgo, en tanto que la ambientación había corrido cargo de Alberto Sánchez, un exiliado como lo habían sido la mayor parte de los artistas, escritores y poetas de su tiempo.

Semejante estado de simpatía había estado en mi caso forjada a través de numerosas referencias, comenzando por el hecho de que la única gesta que podía atribuirse a papá que “nunca se había metido en nada”, fue cuando en la inmediata postguerra el “señorito” del molino de aceite donde trabajaba como un favor, le preguntó que le parecía lo de Rusia. Su respuesta fue: “Seguro que es mejor que aquí”. Menuda la que armó, aunque al final todo quedó igual porque el abuelo seguía siendo un hombre muy respetado. Yo había oído aquí y allá que Rusia fue la única potencia que ayudó a la República, y entre las anécdotas (seguramente inventada) que llegaron a mis oídos había una que se atribuía a Gila. Reflejaba el ambiente que se dio cuando el nazismo fue derrotado en Stalingrado, episodio clave del siglo sobre el que ya se había estrenado una película homónima (Frank Wisbar, 1959) basada en una novela de Sven Hassell, y en la que se daba cuenta de la terrible agonía de los soldados alemanes.

Pues bien, se decía que Gila aparecía en el escenario y tendía una camisa sobre la que decía muchas cosas, hasta que en un momento se detenía para subrayar: “Alguien me dirá que está un poco rota, pero STA-LIN-PI-TA”. Igual me la contó mi pariente Antonio Segura, el comunista del pueblo que se había atrevido a plantarle cara al abominable y repulsivo “franquito” del pueblo, o quizás fuese el mismo Pedra, mi tutor político de los sesenta que aunque era anarquista, reconocía que, a pesar de todo, en Rusia se habían hecho muchas cosas. Por entonces, ya había entrado en contacto con “el Partido”, con los comunistas del barrio que me dejaban libros como El Don apacible, con el que Mijhail Sholojov había ganado el Nobel de Literatura. También había tenido ocasión de escuchar reconocimientos de obreros de procedencia diversa, cenetista incluida, que empero, estaban persuadidos de que la disciplina de hierro de Koba, había sido fundamental para evitar otras derrotas como la de la República. Lo demás eran zarandajas.

Sin embargo, a partir de 1967, esta dinámica digamos “prosoviética”, comenzó en mi caso, y en el de parte del grupo de las “comisiones juveniles” de L´Hospitalet, a cambiar de signo. Fueron varios los factores que influyeron. Supongo que ya existían ciertas lecturas críticas, y como no, películas de altura como Un, dos, tres, de Billy Wilder (1961), o Teléfono rojo, de Stanley Kubrick (1963), que ofrecían una sátira por igual de un lado y otro. La recomendación de la segunda me valió perder la amistad de un compañero de trabajo, un médico que estaba suspendido por haber participado en un aborto. Estaba –claro está- las advertencias de Pedra sobre la actuación del PCE-PSUC durante la guerra, y lo que nos contaba sobre el “uniformismo” y el papel totalitario del Estado. También su discurso sobre la necesidad de tener un pensamiento propio (el “librepensamiento”), conceptos que con relación al partido acabó de sentir por boca de Miguel Núñez, un comunista de antes, en el documental Postguerra.

Inmerso en una intensa labor de lecturas y discusión, mis amistades comunistas me parecieron “detenida” en la obediencia “al Partido”. En este cuadro, la llegada de un universitario que se hacía llamar nada menos que A. Nin, precipitó nuestra evolución con la ayuda de lecturas más avanzadas como lo fueron, entre otros, el Stalin, de Isaac Deutscher, y el Hongria, 1956: socialisme i llbertat, de François Fetjö, ambos publicados en catalán en Edició de Materials. Después llegaron el propio Trotsky, amén de obras de Pierre Broué, Ernest Mandel, etc. En Octubre de 1967, servidor ofrecía una conferencia sobre la revolución rusa en el Centro Social de La Florida, plenamente deudora de dichas lecturas El hecho provocó una pequeña conmoción entre mucha gente que consideró aquello como un atentado contra la cultura comunista, era como querer arreglarlo todo cuando con lo que teníamos aquí –la dictadura-, ya era más que suficiente.

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Hasta la derrota final

José María Ripalda

En una entrevista publicada en 1978, Sacristán cuenta cómo a mediados de los sesenta entró en una crisis muy profunda cuando se dio cuenta de que los partidos comunistas eran un desastre, que Gramsci había sido arrastrado en su lucha por la revolución hacia su propia destrucción psicológica y que, en definitiva, había algo que no funcionaba en el marxismo. Es entonces cuando inicia su gran apertura hacia el movimiento ecológico y antibélico, su acercamiento al anarquismo y al feminismo. La crisis le sume en una depresión profunda, tras la cual lo primero que escribe es un texto a propósito de Gerónimo, la biografía escrita por Stephen Barret con ocasión del quinto centenario del nacimiento de Fray Bartolomé de las Casas, en 1974. A Sacristán le interesaba la vida salvaje como modelo de cohesión. Los apaches eran un grupo pequeño, característicamente aficionado al alcohol y poco señalado por sus logros culturales, marginal incluso en comparación con los navajos. Sin embargo era el único grupo que conservaba su lengua en un entorno de tribus más grandes, razonables y cultas. Sacristán intenta averiguar dónde reside el secreto de la supervivencia de un pueblo tan pequeño y tan derrotado y escribe: «Su ejemplo indica que tal vez no sea siempre verdad eso que de viejo afirmaba el mismísimo Gerónimo, a saber, que no hay que dar batallas que se saben perdidas. Es dudoso que hoy hubiera una conciencia apache si las bandas de Victorio y de Gerónimo no hubieran arrastrado, hace ya casi un siglo, el calvario de diez años de derrotas admirables».

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Entrevista con Enrique Costas Lombardía para El Viejo Topo

Salvador López Arnal

         Enrique Costas Lombardía es economista y fue vicepresidente de la Comisión de Análisis y Evaluación del Sistema Nacional de Salud (también conocida como “Comisión Abril”). Con eso, según el propio Costas Lombardía, bastaría para la presentación, aunque, por otra parte, el señor Costas es también “alto, delgado y viejo”, y con muchos años de dedicación a los asuntos sanitarios (Una prueba más de esto último, y de su envidiable su ojo clínico, es la carta sobre trasplantes que publicó en El País de 20 de octubre de 2006. No se la pierdan).

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         ¿Cuáles son los principales laboratorios farmacéuticos que operan en España? ¿Podría indicarnos el volumen de su negocio, sus beneficios en estos últimos años?

Los mismos que también son principales en casi todos los países: laboratorios multinacionales, como Bayer, Norvartis, Lilly, Pfizer, Abbot, Roche, Pharmacía y algunos otros. Cada vez menos, porque tienden a concentrarse para ampliar la capacidad financiera y el dominio del mercado.

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Entrevista con Juan Torres López para El Viejo Topo.

Salvador López Arnal

Juan Torres López, granadino, se doctoró en Ciencias Económicas y Empresariales en 1981 y desde 1986 es Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga.

Es autor de quince libros y de más de cincuenta artículos científicos. Entre los primeros, su manual Economía Política, con seis ediciones en su haber, es uno de los textos de introducción a la Economía más utilizado por los estudiantes españoles. Es autor igualmente de Neoliberalismo. Sociedad, trabajo y poder financiero y de Toma el dinero y corre. La globalización neoliberal del dinero y las finanzas, y ha coordinado y dirigido libros colectivos como Pensiones Públicas, ¿y mañana qué? y Venezuela a contracorriente. Los orígenes y las claves de la revolución bolivariana.

Miembro del Consejo de Redacción de la revista PRINCIPIOS. Estudios de Economía Política, la obra científica de Torres López se caracteriza por su originalidad y por mantener una perspectiva crítica y radical de los problemas económicos, siendo uno de los economistas heterodoxos españoles de obra más abundante y conocida. Algunos de sus artículos de intervención pueden consultarse en www.rebelion.org

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            Suele afirmarse que la economía española está pasando por un excelente momento de forma: el crecimiento español es mayor que el crecimiento medio europeo, la inflación está mejor controlada, el paro está en cifras razonables, los contratos temporales van disminuyendo, España es una gran potencia industrial, etc. Desde el punto de vista de los trabajadores, de las personas asalariadas, ¿cree usted que los datos son tan positivos?

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Entrevista amb Josep Pàmies

Josep Pàmies. Membre d’Assemblea Pagesa de Catalunya

"La FAO reconeix que amb agricultura ecològica no hi hauria fam al món"

El camp s’esgota, davant el cultiu intensiu i l’ús indiscriminat d’agents químico-genètics que modifiquen l’estructura natural de les plantes. Els governs del Partit Popular, a Espanya, i de CiU, a Catalunya, van declarar oberta la veda per a la introducció de transgènics, decisió aquesta que ha suposat el principi de la fi per a la pagesia tradicional, i ha posat en perill diverses varietats agrícoles autòctones. Josep Pàmies, un pagès ‘conscient’ que comença a ser tan conegut com José Bové a França, és un dels que més batalla per a denunciar aquesta realitat del camp. El seu activisme l’ha portat a tenir problemes amb les autoritats, i el passat mes de juny va ser sentenciat a pagar 22.000 euros de sanció a un agent de seguretat que el va acusar de lesions, durant una manifestació duta a terme el 2003. Aquest contratemps, però, no desanima Pàmies a seguir treballant per millorar l’estat del camp, tant a nivell local, com estatal i mundial. Ni posa fre als seus amplis coneixements sobre plantes i cultius ecològics, que ja comencen a tenir ressó entre els cuiners més afamats del país i poden interessar a molta gent que pateix diabetis o hipertensió. Quina és la darrera hora de la sentència? He plantejat un recurs davant la multa que se m’ha imposat, perquè la persona afectada no pot aportar proves. Se m’acusa d’un delicte d’agressió i de falta lleu per provocar una lesió amb 350 dies de baixa per la víctima. Però jo li dic que no hi va haver violència de cap tipus. Ens manifestavem, i hi havien nens, quina violència hi podia haver? La lesió de l’agent era anterior a la del dia dels fets, i no li vaig causar jo. Sóc optimista, perquè si ja se m’ha commutat la pena de presó, se’m perdonarà aquesta suma de diners, que a més no puc pagar. Creu, doncs, que hi ha una persecució contra la seva persona? Hi ha intenció d’escapçar aquests moviments antitransgènics, perquè hi ha molts interessos econòmics i l’Administració calla. A Catalunya i Espanya s’està duent a terme un desastre tant gran, que no hi ha un sol pagès que s’atreveixi a cultivar panís ecològic. El que consumeixen les nostres bèsties ha de venir de fora. Tot això requereix respostes. Per què creu que s’est&an; utilitzant aquests panissos, com el BT76, per exemple? El BT 76 està prohibit des del desembre de 2004 perquè provocava resistència als antibiòtics, en els humans. Però el desordre que hi ha a Catalunya és tan gran que la varietat autòctona de panís ha quedat contaminada per la transgènica BT 76, prohibida dos anys enrera! Políticament, en qualsevol país democràtic passaria alguna cosa, però aquí no passa res. A què creu que es deu aquesta transigència Els governs anteriors a aquest han fet una aposta per les grans empreses agrícoles, i els actuals no es volen complicar la vida i acaben dient “fem ho tot transgènic”. Encara que sigui tòxic tant els fa. Els interessos que defensa la Conselleria d’Agricultura son els de l’agroindustria, que creu que amb la transgènia obtindran més rendiment econòmic, tot i que tampoc és cert perquè fa dos anys, en un camp d’experimentació de Gerri, es va demostrar que les varietats més rendibles eren les no transgèniques, és a dir les naturals. Existeix investigació a Catalunya? No, perquè els projectes d’investigació els financien, en bona part, les mateixes multinacionals que contaminen els panissos. No té sentit. El que cal és dur a terme una investigació totalment pública. Amb quins productes hi ha transgènia a Catalunya i Espanya? Amb les patates, les taronges i algunes hortícoles. Estem nerviosos, perquè si això no es para, dintre de pocs anys no hi haurà més agricultura familiar, s’acabaran les economies rurals, i tot s’especialitzarà i industrialitzarà. Cal buscar quelcom com el que hi ha a la Toscana o al Piamont, a Itàlia, on s’ha fet un rebuig total als transgènics i busquen donar valor afegit als productes autòctons, i crear genètica pròpia allunyada dels interessos de les multinacionals, com ara Monsanto o Syngenta, multinacional de Suïssa que no pot operar al seu propi país, que ha prohibit aquesta mena de cultius! El camí és, doncs, tornar cap a una agricultura de qualitat, amb productes de bon sabor, que fixin la pagesia en el territori, crein riquesa pel país. Llavors no caldria pagar royalties. Però enlloc d’això prima el menjar ‘porqueria’ sense gust, i es ven l’agricultura al millor postor. Aquesta realitat suposa que la pagesia, com a tal, desaparegui. L’agricultura agressiva, a més d’efectes econòmics incerts, té també riscos pel medi ambient i la salut? Quan hi ha dubtes sobre la salut, cal parar la maquinària i investigar més. Investigació al 100% pública i imparcial. Una investigació russa va alimentar cries de rata amb soja transgènica de Monsanto i el 50% va morir. En canvi, cap de les que van ser alimentades amb soja normal va morir. Les universitats i càtedres de Medicina de han d’implicar-s’hi més, fer com L’Institut Pasteur de França, que fa poc va alertar dels efectes del BT 176. Pot especificar una mica més sobre aquesta investigació russa? Sí, va ser un experiment fet per la doctora Irina Ermakova. Va fer tres grups de rates. Un alimentat per soja transgènica, una altra amb soja normal i una tercera que va rebre altres aliments. De les del primer grup, van morir la meitat i l’altre meitat va patir malformacions irreversibles. Una investigadora que descobreix això i diu que la culpa és de Monsanto ja és prou important com perquè la Conselleria d’Agricultura alerti les dones, que avui en dia mengen molta soja, per exemple. És, per tant, escandalós que a Espanya no tant sols no s’investigui sinó que si la soja MON 810 s’hagués d’aprovar amb les normes actuals, no s’aprovaria! I se segueix cultivant! És tant gros el que passa que l’única explicació que li veig són que els interessos econòmics que pressionen o corrompen els nostres polítics. D’això hi ha alguna evidència, públicament coneguda? Se’n parla, però jo, és clar, no ho puc provar. Però qualsevol persona que tingui sentiments i vegi aquestes investigacions parcials, que vegi com s’està morint l’agricultura perquè s’entra en un model industrial on quatre empreses s’ho reparteixen tot, que vegi aquest monocultiu a Catalunya, tan rica en diversitat, en fruites, veurà clar que o bé són hi ha molta incompetència o bé la mala fe és la que mou els fils. Té algun contacte amb José Bové? Amb ell directament no he parlat mai, tot i que sí amb la seva organització Voie Paysanne, i és possible que tractem de coordinar-nos a nivell europeu. Conec a Vandana Shiva, gran defensora de la pagesia de la India, on 20.000 pagesos moren cada any perquè l’arròs transgènic els ha contaminat totes les llavors, que ja no poden reproduir. Aquests pagesos indis, al no poder alimentar els seus fills, se suïciden bevent la pròpia risina de Monsanto. Aquí hem de lluitar per a ajudar aquelles pagesies que encara estan; pitjor que la nostra. També tinc relació amb Pere Casaldàliga, que està reportant els problemes de l’Amazònia on els pagesos es veuen obligats a abandonar els seus cultius tradicionals per a afavorir interessos extensius i industrials. El que vostè proposa és un canvi complet de model Tard o d’hora l’agricultura industrial s’acabarà. Abans, jo creia en els herbicides i els pesticides. Però la truita s’ha girat i ara ja no s’explica res sobre el cicle de les plantes o dels animals, és com si a les facultats de Medecina no s’ensenyés res sobre l’ésser humà. Hi ha tant a fer amb relació a l’economia agrícola que no es pot deixar de banda el propi potencial de les plantes, del animals i de l’economia pagesa. Però els interessos de les farmacèutiques i les químiques primen per sobre de tot això. Creu qu cal aturar l’enorme èxode rural que hi ha al món, que no quedi tant buit el camp? Què hi fa tanta gent amuntegada a la ciutat, poguent viure decentment al camp, fent productes de qualitat? Avui en dia, amb la tecnologia que hi ha i la riquesa que pot arribar a produir la terra, seria totalment possible que la gent s’arrelés al camp il treballés el territori, sense subvencions, vivint de la seva pròpia producció, no del que certes grans multinacionals demanessin que es produïs. Avui en dia hi ha els mitjans perquè tothom, a tot arreu, pogui menjar amb productes sans. El futur és aquest i aquí i , per tant, hem d’anar cap a un canvi de model. La FAO reconeix que amb agricultura ecològica no hi hauria fam al món, ni contaminació del medi ambient. Els pagesos químics que han fet marxa enrera saben que és possible deixar de contaminar. I, per contra, ni a Catalunya, ni a Espanya no hi ha cap càtedra sobre Agricultura Ecològica. Això és una vergonya molt gran. Algun país com a model? A França hi ha tots aquests grups que defensen l’anomenada agricultura-fermier, on el pages transforma les seves granges en obrador. Però, sobre tot, reclamem lleis que amparin una agricultura arrelada, que desemvolupi l’artesania alimentària, perquè la gent que s’hi dedica pugui vendre productes per a complementar ingressos, com formatges, per exemple. Per això reivindiquem una llei que potencii aquesta petita iniciativa en front de la norma sanitària europea, que al final només defensa la indústria. Si a França, Alemanya, i a diverses regions d’Italia i Grècia existeix, perquè aquí no? Algun partit que sintonitzi amb el que demanen? Iniciativa per Catalunya. I Esquerra Republicana, en part. Però estan lligats pels acords de Govern i no poden portar endavant una protecció integral del medi ambient, perquè no controlen la cartera d’Agricultura, que és la que està amparant, des de l’època de CiU, els cultius industrials. Així les coses, el territori està abonat pels transgènics i el panís autòcton ha desaparegut. Per a nosaltres és un delicte que desapareguin espècies i semilles pròpies. Però com que no està tipificat com a tal, perquè son plantes, no es jutja. Per això estem treballant perquè es protegeixin jurídicament les varietats autòctones. Vostè està cultivant stevia, planta amb múltiples propietats… En efecte, és una una planta bona per la hipertensió i la diabetes. El cuiner Quique Dacosta experimenta amb ella als seus plats. Hi ha moltes plantes beneficioses per l’organisme arreu del planeta, i que la farmaindústria criminalitza. Amb la mateixa llei de l’etiquetatge, feta a nivell d’Estat, que impedeix a qualsevol pagès etiquetar lliurement qualsevol producte que sigui realment natural. En canvi, Danone sí que pot posar que un producte seu “va bé pel colesterol”. La Generalitat hauria de plantar cara a aquesta llei. La gent ha de conèixer, ha de poder tractar-se amb plantes que els poden ser beneficioses, però si no podem etiquetar això queda tallat de socarrel.

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La dura concretezza della mondializzazione

Luciano Vasapollo

Se, sul piano globale, gli operai calano di dieci o venti milioni di unità, mentre Cina e India mettono in fabbrica tra i duecento e i trecento milioni di nuovi operai, il lavoro «materiale» è aumentato o diminuito? La risposta è semplice, ma le teorie di moda preferiscono fare i conti col solo cortile di casa (questo pezzetto d’Occidente) e strologare di cambiamenti «epocali» e universali restringendo al massimo la lente di ingrandimento.

Beninteso, senza mai fornire alcuna «misura» dei fenomeni che si pretende di interpretare.


La ponderosa fatica di Luciano Vasapollo e dei suoi colleghi-compagni ispanoamericani ha invece il merito di affrontare questa realtà come un unicum, al cui interno esiste un’ovvia ma articolatissima divisione internazionale del lavoro, che dà perciò conto tanto delle novità (l’«economia della conoscenza») quanto delle moltiplicantesi persistenze (il fabbrichismo fordista, solo in parte delocalizzato nel terzo mondo).

Ricostruendo il quadro delle trasformazioni degli ultimi 50 anni, su scala globale, diventano allora comprensibili fenomeni che hanno disorientato tanta intellighenzia (e classe politica) di sinistra convincendola che «certi strumenti non funzionano più».

Un esempio: negli ultimi 25 anni i tassi di interesse (cominciò Reagan) sono stati costantemente superiori ai tassi di inflazione. Un «intervento dirigistico» («politico») ha perciò consentito un costante e massiccio spostamento di capitali dalla produzione (e perciò anche dai salari) alla finanza (e alle relative rendite).

Sono stati così ingigantite le armi della globalizzazione finanziaria, usate nella competizione mondiale, che hanno permesso la «sussunzione» di interi universi di forme economiche preesistenti (l’ex impero sovietico, Cina, India, Sudamerica) e imposto un’articolazione produttiva sovranazionale che ha schiantato molti degli strumenti di politica economica statuale. Sostituiti dal crescente potere di organismi sovranazionali formalmente «tecnici» (Wto, Fmi, Banca mondiale, Ue), in realtà funzionanti come meta-stato a livello planetario.


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Una conferencia inédita de Manuel Sacristán sobre Giordano Bruno y Galileo Galilei

Manuel Sacristán Luzón

        Hace algo más de cuarenta años, el 13 de febrero de 1967, Manuel Sacristán Luzón (1925-1985) impartió una conferencia en la Residencia (o Escuela) San Antón con el título “Bruno y Galileo: creer y saber”. Existen dos esquemas muy similares de su intervención depositados en Reserva de la Biblioteca Central de la Universidad de Barcelona. Se incorporan aquí los textos seleccionados por el propio Sacristán para acompañar su intervención.

Sacristán participó con un breve escrito, fechado el 3 de diciembre de 1967, en una revista de los estudiantes de Filosofía de Barcelona. Su texto llevaba por título: “Un problema para tesina en filosofía”. Ha sido reimpreso en Papeles de filosofía. Icaria, Barcelona, 1984, pp. 351-355. El lector hará bien en repasarlo como complemento de esta conferencia.

No era la primera que Sacristán se aproximaba a la figura de Galileo. Una de sus conferencias más recordadas, dictada en la facultad de Medicina de Barcelona en 1964, llevó por título: “Detrás de una medición de Galileo” (el esquema de su intervención se conserva igualmente en Reserva de la Biblioteca Central de la UB,  Fondo Sacristán). De hecho, Sacristán hizo diversas y documentadas referencias a Galileo en sus clases de “Fundamentos de Filosofía” tras su vuelta de la Universidad de Münster, y en sus apuntes editados de 1956-57 y 1957-58 hay diversas referencias a la obra y al método galileanos.

          Tiene interés recordar algunas aproximaciones de Sacristán a la obra de Galileo Galilei: 

          Un apunte de Sacristán de las clases de Metodología de las ciencias sociales 1983-1984 (pp. 10-12) en torno al papel de la experiencia (o de los experimentos) en la contrastación de las teorías científicas que, obviamente, no intenta  defender la creencia de que todo trabajo teórico elaborado y artificioso es bueno per se, independiente de toda empiria, pero sí hacer plausible la tesis de que el rechazo de una construcción teórica por su carácter rebuscado, artificioso o sofisticado puede tener efectos paralizadores. El ejemplo dado por Sacristán toma el caso de Galileo como ilustración:

Varios físicos de la universidad del París del siglo XIV, y belgas, habían llegado prácticamente a nociones que serían poco tiempo después características de la nueva física. Por ejemplo, la noción de inercia (que no llamaban inercia, la llamaban “impetus”, pero la noción es muy análoga). Era la idea -completamente nueva, revolucionaria entonces, y contrapuesta a la física antigua y medieval- de que el estado de movimiento era una cosa tan natural como el estado de reposo, de que un cuerpo en movimiento puede seguir indefinidamente en ese estado -que es la base de la idea de la inercia, que el cuerpo permanezca en su estado sea cualquiera ese estado del principio y dejando aparte cuestiones de roce, etc.      Esos físicos del XIV (Nicolás de Oresme, Buridán) llegaron a esa idea simplemente por crítica de la teoría del movimiento antiguo, de la teoría del movimiento mecánico aristotélico y escolástico. Por ese camino llegaron a deducciones ya galileanas. Por ejemplo, muy cerca de la ley de caída libre de los graves, que es quizá el punto angular del nacimiento de la ciencia moderna, la tesis de Galileo según la cual en el vacío todos los cuerpos, cualesquiera que sea su densidad, caen a la misma velocidad.

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La sociología como una de las bellas artes. Entrevista con Richard Sennett

Carolina del Olmo

Traducción Xohana Bastida Calvo En su último libro publicado en España, El respeto, habla usted abundantemente de su vida: del compromiso político de sus padres, de su infancia en un bloque de viviendas sociales en Chicago… ¿Contribuye de algún modo esa herencia a explicar la orientación o el enfoque de su trabajo teórico? Mi padre y mi tío, que eran anarquistas, lucharon en la Guerra Civil española con el POUM, y su relación con España estuvo bastante circunscrita a Cataluña, y a Barcelona en particular. Cuando volvieron a Estados Unidos se encontraron con que allí a nadie le importaba la diferencia entre estalinistas, anarquistas y trotskistas y fueron catalogados, simplemente, como izquierdistas. De ahí parte la larga relación que tiene mi familia con España. Tras la muerte de Franco me quedé asombrado al ver que la mayor parte de los españoles de mi generación que conocía porque estaban exiliados en Nueva York, se convertían de pronto en alcaldes de ciudades como Barcelona. Uno de ellos, Narcís Serra, llegó a ser Ministro de Defensa. Me sorprendió mucho aquella brusca evolución. En cuanto a la relación de mi historia personal con mis libros, lo cierto es que si incluí en El respeto todo este material autobiográfico no fue para intentar explicar de dónde proceden mis teorías o, al menos, no fue exactamente por eso. Pero, ya que estaba escribiendo sobre el respeto, esa relación tan básica para el buen funcionamiento de la sociedad, para el estado de bienestar y los pobres, pensé que sería más ilustrativo describirlo recurriendo a mi propia infancia que limitarme a teorizar. El respeto forma parte de una trilogía cuyo primer libro es La corrosión del carácter y que se completa con un ensayo que aparecerá próximamente en España: La cultura del nuevo capitalismo. Estos tres volúmenes forman una especie de ciclo en el que describo qué es el nuevo capitalismo centrando mi atención en el trabajo en el caso de La corrosión del carácter, en el estado de bienestar en El respeto y en la cultura en el que libro que está a punto de salir. Resulta habitual que en los estudios sociales de los últimos años se mencione un cambio económico, político y social que habría tenido lugar entre finales de los sesenta y comienzos de los setenta, un cambio que se ha conceptualizado de maneras muy diferentes: capitalismo tardío, sociedad posindustrial, paso a un sistema de producción posfordista o a un régimen de acumulación flexible… En La corrosión del carácter también usted aludía a esta transformación citando algunos fragmentos del clásico libro de Piore y Sabel The Second Industrial Divide. ¿Cree que se trata de un cambio de gran calado o de una modificación superficial? En mi opinión, se trata de un cambio profundo y estructural: el capitalismo ha entrado en una nueva era, que no se puede describir únicamente en términos de globalización. Se ha producido una transformación profunda en las instituciones y también en las expectativas que tiene la gente acerca de la relación entre la economía política y la cultura. En esta trilogía de la que hablaba he intentado demostrar que no estamos presenciando simplemente un fenómeno pasajero. Y no creo que la izquierda haya comprendido aún el calado de esta mutación, como no ha comprendido las profundas modificaciones que la tecnología está introduciendo en el sistema capitalista ni en qué medida esta tecnología se emplea para incrementar las desigualdades y la dominación. Si no tenemos en cuenta esta transformación nos limitaremos a mirar hacia atrás y a pedir que las cosas no cambien, como esos estudiantes franceses que se están manifestando porque quieren una seguridad que ya no tienen. No creo que ése sea un buen método para combatir este tipo de cambio. Cuando emprendí esta investigación sobre el nuevo capitalismo que me ocupa desde hace prácticamente quince años, casi todo el mundo identificaba lo que estaba ocurriendo con una nueva fase del imperialismo americano. Sin embargo, ahora vemos que los mismos cambios están teniendo lugar en China, en la India… Sería demasiado simplista decir que ya hemos visto antes lo que está ocurriendo allí. Se trata de dos países extremadamente pobres que, de pronto, han alcanzado una posición de poder muy importante y están presenciando cómo en su seno se genera una profunda contradicción entre los nuevos tipos de clase media y la gente que se está quedando rezagada. No cabe duda de que éste es un cambio estructural producido, digamos, por la economía y no el resultado intencionado de las maniobras de Estados Unidos. Son temas importantes sobre los que es preciso reflexionar. En sus ensayos utiliza abundantemente estudios de caso, historias de vida y transcripciones de conversaciones. Además de manejarse estupendamente con el lenguaje, se aprecia claramente que tiene una especial sensibilidad para este tipo de relatos. No me ha sorprendido, pues, descubrir que también ha escrito usted tres novelas, que no están traducidas al castellano. ¿Qué le llevó a escribir narrativa? A lo largo de mi formación como sociólogo aprendí a recabar y a utilizar historias de vida en mi investigación. Este método de estudio se basa en una teoría según la cual, para comprender el significado de los hechos políticos o económicos es preciso situarlos en un contexto temporal. Se trata de un enfoque que surge de la tradición etnográfica de la sociología británica, aunque también ha recibido influencias del psicoanálisis. Su objetivo es llegar a comprender la situación dentro de un marco narrativo amplio. En realidad, mi formación como sociólogo estuvo muy próxima a la antropología y dado que la mayor parte de mis investigaciones requerían entrevistas de hasta diez y doce horas, acabé desembocando en la narrativa de una manera muy natural. Para mí, la literatura y la sociología no son cosas tan distintas. Por lo demás, si bien es cierto que no soy un novelista particularmente bueno, mis novelas fueron para mí una especie de extensión de mis estudios, una investigación diferente que también me servía para comprender el lugar de las cosas en el marco de períodos extensos de tiempo, lo cual resulta fundamental en unos momentos en los que el rasgo más relevante de la cultura del nuevo capitalismo es la ruptura del tiempo, su fragmentación en pequeñas porciones, de forma que, como explicaba en La corrosión del carácter, las experiencias resultan muy breves e inconexas. Este tipo de investigación etnológica, que produce un tipo de conocimiento muy específico, no tiene nada que ver con la escuela estadounidense, más orientada a los números y las estadísticas, pero tampoco con la francesa; es totalmente diferente. Aunque es cierto que la obra del sociólogo francés Pierre Bourdieu, que fue buen amigo mío y que también tuvo una formación antropológica, se basa en narraciones de este tipo. Curiosamente, en los últimos años estoy teniendo en la universidad, en Londres, bastantes alumnos franceses; tal vez están cansados de tanta teoría… Dice usted que sociología y literatura no son cosas tan distintas… Si no me equivoco, hace algún tiempo declaró que su intención era volver a convertir la sociología en un género literario, como lo fue en el siglo XIX. ¿Qué opinión le merecen las pretensiones científicas de los sociólogos? Y, una vez que aceptamos la sociología como género literario, ¿a qué tipo de verdad cree que pueden aspirar sus conocimientos? La primera parte de la respuesta es que no hay por qué pensar que ciencia y arte son excluyentes. Las cosas se puede hacer como las hago yo o de otro modo. En realidad, siento un enorme respeto por los investigadores que trabajan con estadísticas, aunque mi método sea distinto. El trabajo que yo llevo a cabo, y que desarrollan otros muchos estudiosos con los que comparto un enfoque similar, desemboca en un tipo de conocimiento diferente que en alemán se denomina Verstehen; es una labor de reconocimiento y empatía, aunque tal vez «empatía» no sea la palabra adecuada. En cualquier caso, es la capacidad de imaginar una vida diferente de la propia. Naturalmente, este método basado en el Verstehen no es algo que yo haya inventado, procede de una tradición muy respetable en la que destacan figuras como Dilthey o Nietzsche. Los conceptos de «verdadero» y «falso» forman parte de un lenguaje propio de un mundo muy específico. En las investigaciones de este tipo, en cambio, no se trata tanto de producir verdades cuanto de conseguir un entendimiento, una comprensión que constituye también conocimiento objetivo, aunque de un tipo muy peculiar, que permite descubrir qué es lo que hace que otro ser humano sea diferente de uno mismo. Y para lograr que el lector experimente esas diferencias y comprenda ciertos aspectos concretos que están en el interior de otras personas, quien realiza el análisis debe trabajar mucho su escritura. Si yo quiero, por ejemplo, expresar qué hay de extraño en la vida de un señor que trabaja como programador informático, no puedo limitarme a explicarlo, tengo que convertirlo en una experiencia concreta que poder narrar. Si me limito a decir «estas personas son diferentes de ustedes», el lector no captará nada. Por eso le doy tanta importancia a la forma en la que escribo.

He leído que Tony Blair ha citado su libro El respeto en apoyo de su Labour’s Respect Action Plan, un paquete de medidas destinadas a solventar los problemas de convivencia ciudadana –una normativa parecida a la ordenanza cívica que tanta polémica ha desatado en Barcelona–. ¿Comparten usted y Blair el mismo concepto de respeto? No, en absoluto. La cuestión de los problemas de convivencia que causan los excluidos y los marginales no tiene nada que ver con el tema sobre el que escribí en mi libro. Me sorprendió muchísimo enterarme de lo de Blair; supongo que la confusión se debe a la forma de leer que tienen los políticos. En realidad, mi libro habla precisamente sobre cómo los poderosos –y esto también vale para las instituciones– podrían tratar con más respeto a los que están por debajo de ellos, a los que están en sus manos. En los últimos años parece como si el discurso acerca de la justicia social, tan común en los estudios urbanos, hubiera sido remplazado por un discurso, muy típico del Nuevo Laborismo, que habla de «sostenibilidad social» y en el que los objetivos de competitividad y cohesión social, antaño considerados contradictorios, aparecen como complementarios. ¿Cree que los gobiernos pueden realmente lograr esta meta conjunta? No, cohesión y competitividad son conceptos que no pueden ir de la mano. Ése es el problema. En el capitalismo, al menos en su etapa actual, no puede haber conciliación entre las ganancias económicas y la cohesión social. Todo ese discurso del que hablas no es más que palabrería, es imposible producir simultáneamente más desigualdades económicas y más solidaridad. Esta cuestión cobra tintes dramáticos en países como China. Allí el capitalismo está en plena eclosión de una manera que los europeos no podemos ni imaginar. El Partido Comunista ha resultado ser un perfecto motor para llevar a cabo esta revolución capitalista. Pero este desarrollo está separando drásticamente las zonas urbanas de las rurales, violando uno de los principios fundamentales del comunismo chino y provocando una terrible pérdida de cohesión y un conflicto dramático del que sólo se está beneficiando un tercio de la población, mientras las barreras que separan a este grupo de los dos tercios restantes se vuelven cada día más infranqueables. Últimamente están empezando a producirse revueltas en las zonas rurales y se está forjando todo un discurso sobre las desigualdades que el Partido Comunista Chino no está preparado para asumir. Este asunto constituye, por cierto, un buen ejemplo de las razones por las que debemos evitar dirigir la mirada únicamente a Estados Unidos, o hablar sólo del capitalismo anglosajón. Pero volviendo a tu pregunta, creo firmemente que no es realista afirmar que puede haber crecimiento económico y un incremento de la cohesión social al mismo tiempo. Tal vez fuera posible hace un siglo, pero ahora no. Hace un par de años, Ray Pahl, uno de los padres de los estudios urbanos actuales, autor del clásico Whose city?, declaraba que los investigadores llevaban años culpando a la ciudad de ciertos aspectos de la vida social que tenían bastante más que ver con política fiscal, por ejemplo, y afirmaba que lo que deberían hacer era, precisamente, insistir en la relativa insignificancia de las pautas y procesos específicamente urbanos. ¿Está de acuerdo con esta opinión de Pahl? Pahl es un buen amigo mío. En mi opinión, lo que quiere decir con estas palabras es que no se puede tomar un fenómeno como el capitalismo flexible, por ejemplo, y tratar de intervenir a pequeña escala, a escala urbana. Si no se cambian, por ejemplo, las normas que rigen las operaciones de los bancos, quien se limite a dirigir la mirada a la sucursal bancaria de su pueblo sólo conseguirá un impacto mínimo. De todas formas, la afirmación de Pahl es realmente rotunda… Yo creo que los cambios económicos y sociales que he estudiado han tenido un efecto claro de homogeneización en las ciudades. Hoy en día, lugares tan dispares como Londres, Nueva York, Madrid, Shanghai o incluso Bombay, resultan enormemente parecidos, lo cual no deja de asombrarme. La principal razón de esta homogeneización es que el entorno urbano es el territorio ideal para que pueda operar este nuevo capitalismo, por tanto, todas las personas y los servicios irrelevantes para esta dinámica económica son expulsados del centro de las ciudades, que queda reservado para turistas y burgueses, con el inevitable componente de exclusión social que ello conlleva.

En sus libros, especialmente en La corrosión del carácter, explica cómo la gente que se siente de un modo u otro amenazada por esta fragilización de las relaciones sociales que conllevan las nuevas condiciones flexibles del trabajo y la economía, tiende a desplazarse a posiciones políticas de derechas. ¿Qué es lo que motiva este giro político? Me alegro de que hayas tocado este tema, porque es algo que tengo muy presente en estos últimos tiempos. Me intriga sobremanera saber por qué el primer impulso de la gente en momentos de cambio como el actual es desplazarse a posiciones de derechas. Para comprenderlo, hay que tener en cuenta que generalmente se trata de una derecha particular, tipo Vicente Fox, por ejemplo, o tipo Berlusconi, muy marcada por el individualismo, que viene a decir a la gente: «Tú también puedes alcanzar el éxito. El problema son esos pesados de la izquierda que se interponen en tu camino». Es un discurso que apela a una mentalidad de derechas individualista, desligada, en apariencia, de los intereses de los grandes grupos de poder. La única razón que se me ocurre para explicar este fenómeno es que el nuevo capitalismo pone el énfasis en la responsabilidad de cada persona frente a su propio destino, antes que en la responsabilidad colectiva, y este tipo de movimientos de derechas también refuerzan esa responsabilidad personal: le dicen a la gente que también ellos son importantes como individuos, que no son simplemente parte de la gran masa, aunque las circunstancias les hayan impedido demostrar de lo que son capaces. En la India, por ejemplo, resulta muy interesante observar cómo las personas que más sufren los efectos de este nuevo capitalismo están siendo atraídas en gran medida por este tipo de ideología derechista que les dice: «Sí, vosotros también merecéis tener vuestra oportunidad». De modo que no es un fenómeno únicamente occidental. Y la cuestión es saber por qué los movimientos de izquierdas no conectan con estos sentimientos. Esta es la gran pregunta que la izquierda debe abordar porque, en estos momentos, lo único que parece transmitir a la gente es desesperanza. En el Reino Unido, por ejemplo, los movimientos organizados de izquierdas están totalmente anquilosados y en Francia, la izquierda se ha ganado la etiqueta de auténtico movimiento conservador, con sus reivindicaciones de estabilidad. Tal vez simplemente tengamos que esperar unos años para que la situación evolucione; al fin y al cabo, estas tendencias actuales sólo tienen diez o quince años de vida. Puede que lo único que haga falta sea un cambio generacional para conectar mejor con la gente, que la solución radique simplemente en librarse de los líderes de mi generación que hay en los sindicatos y los partidos de izquierdas. No conozco bien la situación en España, pero no me cabe duda de que en países como Francia o el Reino Unido la vieja izquierda no tiene ninguna idea sobre qué hacer. Por ejemplo, me parece imprescindible reinventar los sindicatos de forma que apoyen a la gente que vive inmersa en esta economía flexible y va cambiando de un trabajo a otro; deberían reconvertirse en una especie de combinación de agrupación comunitaria y servicio de empleo, así podrían aportar a las personas algo de continuidad y estabilidad a pesar de las interrupciones y las rupturas que implica el nuevo capitalismo. En cierta ocasión hablé sobre este tema en un congreso sindical en el Reino Unido, y me asombró oír las respuestas que me dieron: «No podemos hacer eso, perderíamos nuestra identidad. Somos un sindicato que sólo representa a los trabajadores de un ramo determinado, y si uno de ellos cambia de ramo, dejamos de representarlo. Además, lo que nos importa es preservar el salario de nuestros trabajadores, no buscarles empleo». Me parece una actitud absolutamente tradicional: sólo te protegen si ya tienes trabajo. Mi esperanza es que, a medida que se vaya muriendo la gente de mi generación puedan desarrollarse estos nuevos sindicatos que defiendo… En El respeto utiliza su experiencia como violonchelista para explicar cómo una base de técnica, disciplina y «saber hacer» es necesaria para poder disfrutar de la libertad –en este caso, de un vibrato–. Imagino que es una metáfora válida para todos los ámbitos, desde la práctica artística hasta la vida cotidiana. ¿Cree que la disciplina es un valor en desuso que debiera ser rescatado? Sí, estoy firmemente convencido. Ahora bien, cuando hablo de disciplina no me refiero al término en el mismo sentido que Foucault y sus seguidores, no es algo impuesto desde arriba. Para mí, la palabra «disciplina» es una especie de símbolo que representa la fuerza psicológica que ha de tener la gente para sobrevivir en este capitalismo tan lleno de injusticias. También me refiero a este concepto con la palabra «oficio» [craft], en el sentido de los oficios artesanos, algo que es necesario dominar. ¿Nunca has tenido la sensación de que tienes la capacidad de realizar una tarea determinada, y de que quieres hacerla bien aunque el sistema económico no te vaya a compensar por ello? Eso quiere decir que crees en ti misma, que te respetas, y eso te proporciona energía. En cambio, si te conviertes en una especie de criatura del momento, en alguien que aborda cualquier tarea aunque sólo tenga un conocimiento superficial de ella, estás perdida. De modo que esta idea de reconstrucción de uno mismo a través de una disciplina u oficio, es crucial. Porque este nuevo capitalismo resulta ser un sistema muy destructivo tanto en el plano social como en el psicológico, dañino de una forma en que no lo era el capitalismo clásico. Y si queremos soportarlo tenemos que empezar por construirnos una personalidad fuerte para enfrentarnos a él.

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Sacristán sobre Heinrich Heine. Antología

Manuel Sacristán Luzón

Mi querido amigo:

Aprovecho el paso del portador de estas líneas, el señor Annenkow, un ruso sumamente amable y culto, para hacerle llegar mis mejores saludos.

Hace algunos días cayó casualmente en mis manos un pequeño libelo difamatorio contra usted: cartas póstumas de Börne. Jamás le hubiese considerado tan insulso, mezquino y absurdo como cuanto puede leerse allí en letras de molde ¡Y qué míseros disparates hay en el apéndice de Gutzskow, etcétera! Escribiré en alguna revista alemana una crítica detallada de su libro relativo a Börne. Difícilmente pueda hallarse en ningún período de la literatura un tratamiento más torpe que el que ha experimentado este libro en manos de los asnos cristiano-germánicos, aunque no hay ningún período alemán que esté exacto de torpeza.

Si usted tiene aún algo de “especial” que comunicarme acerca de su trabajo, hágalo rápidamente.

Su,

K. Marx

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