Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Sujeto y trabajo

Arnold Kremer

Si uno lee la literatura social del siglo XIX, ve filmes como "Germinal", incluso a escritores de mediados de siglo XX como Elio Vittorini y la remata con la última novela de Saramago "La caverna"; si uno escucha a nuestros abuelos, casi centenarios, puede comparar las consecuencias de la segunda revolución industrial con los actuales resultados de la llamada globalización. No queremos decir que no hay nada nuevo bajo el sol sino que se confirma la tendencia del desarrollo capitalista enunciada y seguida por sus estudiosos críticos, desde "El capital" de Marx a "El imperialismo fase superior del capitalismo" de Lenin y "La integración mundial, ultima etapa del imperialismo" de Silvio Frondizi.

Empero la literatura tiene la ventaja de mostrar el dolor, el drama humano, psicológico, emocional, las catástrofes culturales, por encima de la lectura de un dudoso progreso justificado por las ciencias sociales.

Cierto es que frente a la escasez generalizada en el siglo XIX ha sido justo que Marx viese en el desarrollo capitalista, la acumulación de riqueza amasada en sangre que sería, no obstante, la base material imprescindible para pensar en una sociedad igualitaria. Sin embargo eso ya no parecía creíble a la segunda mitad del siglo XX a pesar que nosotros lo queríamos creer. Porque ese " queríamos creer" explica las revueltas mundiales de los sesentas, precisamente más fuertes en las generaciones de jóvenes bien alimentados, sea allá el mayo francés, acullá la primavera de Praga, ahí la masacre de Tlatelolco o aquí cordobazo llevado a cabo por las clases sociales populares, que habíamos disfrutado de la niñez peronista. Las cargas de caballería, los tanques, los gases, los garrotes y las ametralladoras nos demostraron que ya no era creíble, si alguna vez lo fue.

El hilo conductor en estos casi dos siglos ha sido el conflicto entre capital y trabajo, confrontación antagónica, irreconciliable por su propia naturaleza. Una historia tinta en sangre que puso la impronta sobre la historia de la vida del pueblo y está registrada en toneladas de páginas, en las ciencias, las artes y en la memoria colectiva. Un tema monumental, por cierto, del que aquí solo me propongo examinar la vinculación que en este proceso se ha establecido entre trabajo y sujeto, entre trabajo e identidad y cómo la historia de la modernidad – que es la historia del capitalismo – desarrolló una relación ambigua entre el culto y la humillación al trabajo. Desafortunadamente, el marxismo no escapó a esa influencia. Culto como forjador de la esencia humana y humillación en sus divisiones en jerarquías variables según exigencias de cada época, partiendo de aquella primogénita separación entre trabajo manual e intelectual y demás subdivisiones de acuerdo a las necesidades del mercado, incluso el socialista..

Hoy es evidente que el folleto de Engels "El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre" estuvo muy influido por el darvinismo, y un materialismo lineal que le atribuyó solo al trabajo la conformación de la conciencia y el lenguaje, otorgándole a la subjetividad una subordinación pasiva. De esa influencia entre un economicismo indeseado y un biologismo insospechado, debido al prestigio de las ciencias naturales en aquel siglo, viene la concepción marxista oficial que supone un sujeto sustancial, originado por las fuerzas productivas, materializado en el trabajador. En efecto: así como la evolución de las especies basada en la supuesta, al menos hoy cuestionada, supremacía de los más fuertes, la evolución del trabajo de sus formas presumiblemente menores a las mayores, artesanales a industriales, antiguas a modernas, etc. desarrollaría la clase social llamada a ser la emancipadora de la humanidad: los obreros industriales. El proceso industrial sería irreversible puesto que se identificaba acumulación y concentración capitalista con centralización productiva física..

La temprana descentralización productiva

Read more

Descubren varios textos inéditos de Bertolt Brecht

Efe (24-08-2004)

Varios textos inéditos de Bertolt Brecht, entre ellos quince historias que tienen como protagonista al "señor Keuner", han aparecido en la pequeña localidad suiza de Brüttisellen, en el cantón suizo de Zúrich El autor del hallazgo es el escritor suizo Werner Wüthrich, investigador de la obra del gran poeta y dramaturgo alemán, autor además de un libro sobre Brecht y Suiza, informa el semanario helvético "Weltwoche". El semanario publica en su último número exclusivamente cinco de esas historias hasta ahora desconocidas del señor Keuner, a quien algunos consideran un alter ego del autor de "Madre Coraje", y que la editorial alemana Suhrkamp incorporará junto al resto y las ya conocidas en un nuevo volumen que aparecerá en septiembre.

El prolífico señor Keuner Con este descubrimiento son en total 121 las historias y fragmentos en torno al famoso señor Keuner, entre ellas las incluidas en las famosas "Historias de Almanaque", de 1948. Además de esas historias, el investigador suizo encontró toda una serie de originales como manuscritos para la escena, bocetos escénicos de Teo Otto, fotos y otros documentos relacionados con el exilio suizo del escritor. Un referente en la escritura Brecht vivió exiliado con su familia en Feldmeilen, junto al lago de Zúrich, entre noviembre de 1947 y octubre de 1948, en una casa que había puesto a su disposición la especialista en literaturas románicas Reni Mertens, que traduciría luego su obra al italiano. Tras la muerte de Reni Mertens en diciembre de 2000, una de sus hijas se ocupó de los documentos en su poder relacionados con Brecht y así es como llegaron a Brüttisellen, donde los descubrió Wüthrich, mientras preparaba su libro sobre la estancia del dramaturgo en territorio helvético.

Los textos del señor Keuner publicados por Weltwoche, incluido uno titulado "El señor K. y la política alemana", debieron de salir de la pluma (o máquina de escribir) de Brecht en 1948. El dramaturgo llegó a Suiza en noviembre de 1947 como ciudadano sin pasaporte tras haber huido prácticamente de Estados Unidos, donde le habían citado el FBI y el Comité sobre Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes. Como explicó con ironía el escritor al cineasta Erwin Leiser: "Cuando a uno le acusan de querer robar la estatua de la Libertad, es hora de largarse". En la neutral Suiza, según ha podido averiguar Wüthrich, Brecht, que estaba considerado como un "extremista de izquierdas" fue sometido a espionaje por las autoridades helvéticas, tal vez aconsejadas al respecto por las estadounidenses, que se negaron incluso a concederle permiso ilimitado de residencia. Biografía de Bertol Brech http://es.wikipedia.org/wiki/Bertolt_Brecht Bert (Bertolt) Brecht, nombre completo Eugen Berthold Friedrich Brecht ( 10 de febrero de 1898 en Augsburg-14 de agosto de 1956 en Berlín) es considerado el dramaturgo y poeta alemán más influyente del siglo XX. Ha sido renombrado y galardonado repetidas veces, tanto en el este como en el oeste de Alemania así como también internacionalmente. Nació el 10 de febrero de 1898 en Augsburg (Alemania). Su padre fue Bertolt Friedrich Brecht y su madre Sofie Brecht, nacida Brezing. Bertolt asistió a la escuela primaria desde 1908, a la escuela secundaria en Augsburg hasta 1917, año en el cual obtuvo el bachillerato de emergencia, debido a su implicación en un escándalo escolar. Por suerte, un profesor abogó a su favor. A continuación estudió medicina en Munich. Tuvo que interrumpir sus estudios al año siguiente ya que le llamaron a filas como soldado sanitario en un hospital militar en Augsburg. Durante este tiempo, conoció a Paula Banholzer que en 1919 dio luz a un hijo suyo, Frank. Siendo soldado alemán, Frank cayó en Rusia en 1943. A partir de 1920, Brecht viajó a menudo a Berlín, donde entabló relaciones con gente del teatro y de la escena literaria. En 1924 se trasladó a Berlín. Al principio trabajó en esta ciudad junto con Carl Zuckmayer como dramaturgo en el Deutsches Theater de Max Reinhardt. En el año 1922 se casó con la actriz de teatro y cantante de ópera Marianne Zoff. A partir de aquel momento, el joven artista tuvo papeles en Münchner Kammerspiele y en el Deutsches Theater de Berlín. Un año más tarde tuvieron una hija Hanne. Poco después conoció a su posterior esposa Helene Weigel. En 1924 nació su segundo hijo, Stefan, y tres años más tarde se divorció de Marianne Zoff. En 1929 se casó con Helene Weigel, matrimonio del cual tuvieron una hija, Barbara.

Desde 1926 tuvo frecuentes contactos con artistas socialistas, los cuales influenciaron su ideología ampliamente. Sus primeras obras ya tuvieron alguna característica de su interpretación de Hegel, cuyas obras conoció desde su primera juventud, así como de sus estudios de las obras de Karl Marx. A los 29 años publicó su primera colección de poemas "Devocionario Doméstico", un año más tarde tuvo el mayor éxito de teatro de la República de Weimar con "La Ópera de los Tres Peniques" (Música de Kurt Weill). Brecht siempre quiso influenciar al público con sus actuaciones, para lo cual eligió los medios de una manera dirigida hacia su meta, como por ejemplo, la radio, anécdotas o el teatro, a través de los cuales podía llegar al público correspondiente. Su meta fue un cambio social que debía alcanzar una liberación de los medios de producción. Incluyó tanto el ámbito intelectual como también el estético. Pueden observarse estas metas ya en sus primeras obras como "Baal", "Tambores en la Noche" y en su colección de poemas "Devocionario Doméstico". La "Ópera de los Tres Peniques", critica, por ejemplo, el orden burgués, del cual se burla representándolo como sociedad de delincuentes.

A comienzos del año 1933, la representación de la obra "La Toma de Medidas" fue interrumpida por la policía y los organizadores fueron acusados de alta traición. El 28 de febrero – un día después del incendio del Reichstag – Brecht con su familia y amigos abandonó Berlín y huyó a través de Praga, Viena y Zurich a Skovsbostrand cerca de Svendborg en Dinamarca, donde pasó cinco años. En mayo del mismo año, sus libros fueron quemados por los nacionalsocialistas.

Read more

Ética y Moral

Leonardo Boff

¿Qué es ética y que es moral? ¿Son lo mismo o hay que hacer distinciones entre ellas? Hay mucha confusión acerca de esto. Tratemos de aclararlo. En el lenguaje corriente e incluso culto, ética y moral son sinónimos. Así decimos: "aquí hay un problema ético" o "un problema moral". Con eso emitimos un juicio de valor sobre alguna práctica personal o social, si buena, mala o dudosa. Pero profundizando la cuestión, percibimos que ética y moral no son sinónimos. La ética es parte de la filosofía. Considera concepciones de fondo, principios y valores que orientan a personas y sociedades. Una persona es ética cuando se orienta por principios y convicciones. Decimos entonces que tiene carácter y buena índole. La moral forma parte de la vida concreta. Trata de la práctica real de las personas que se expresan por costumbres, hábitos y valores aceptados. Una persona es moral cuando obra conforme a las costumbres y valores establecidos que, eventualmente, pueden ser cuestionados por la ética. Una persona puede ser moral (sigue las costumbres) pero no necesariamente ética (obedece a principios). Estas definiciones, aunque útiles, son abstractas porque no muestran el proceso, cómo surgen efectivamente la ética y la moral. Y aquí los griegos pueden ayudarnos. Ellos parten de una experiencia de base, siempre válida, la de la morada entendida existencialmente como el conjunto de las relaciones entre el medio físico y las personas. Y llaman a la morada, "ethos" (con e larga en griego). Para que la morada sea morada, hay que organizar el espacio físico (cuartos, sala, cocina) y el espacio humano (relaciones de los moradores entre sí y con sus vecinos) según criterios, valores y principios para que todo fluya y esté como se desea. Eso da carácter a la casa y a las personas. Los griegos también llaman a esto "ethos". Nosotros diríamos ética y carácter ético de las personas. Además, en la morada, los moradores tienen costumbres, maneras de organizar las comidas, los encuentros, modos de relacionarse, tensos y competitivos o armoniosos y cooperativos. A esto los griegos también lo llamaban "ethos" (con e corta). Nosotros diríamos moral y la postura moral de una persona. Sucede que esas costumbres (moral) forman el carácter (ética) de las personas. Winnicot, continuando a Freud, estudió la importancia de las relaciones familiares para establecer el carácter de las personas. Éstas serán éticas (tendrán principios y valores) si han tenido una buena moral (relaciones armoniosas e inclusivas) en casa. Los medievales no tenían las sutilezas de los griegos. Usaban la palabra moral (viene de mos/moris) tanto para las costumbres como para el carácter. Distinguían la moral teórica (filosofía moral), que estudia los principios y las actitudes que iluminan las prácticas, y la moral práctica, que analiza los actos a la luz de las actitudes y estudia la aplicación de los principios a la vida. ¿Cuáles son la ética y la moral vigentes hoy? Las del capitalismo. Su ética dice: bueno es lo que permite acumular más con menos inversión y en el menor tiempo posible. Su moral concreta reza: emplear la menor cantidad de gente posible, pagar menos salarios e impuestos y explotar mejor la naturaleza. Imaginemos cómo sería una casa y una sociedad (ethos) que tuviesen tales costumbres (moral/ethos) y produjesen caracteres (ethos/moral) igualmente conflictivos. ¿Sería todavía humana y benéfica para la vida? Aquí está la razón de la grave crisis actual.

Read more

A Revolução de 1383-85

Vasco Gonçalves

A guerra entre Portugal e Castela nos fins do Séc. XIV não é apenas uma guerra entre dois Estados, ou mais uma guerra entre dois Estados. Da parte dos portugueses é uma guerra nacional e popular, uma guerra que mergulha as suas raízes nas lutas sociais, nas lutas de classes que se vinham desenvolvendo e intensificando ao longo do Séc. XIV. Estava-se processando o declínio do sistema feudal causado, fundamentalmente, pela liquidação da servidão da gleba nos Séculos XIII e XIV e pelo surgimento da pequena produção baseada no trabalho do proprietário dos meios de produção e da produção baseada no trabalho assalariado. A expansão dos concelhos está ligada ao desenvolvimento desta produção: é sua consequência e é seu estímulo, na medida, por exemplo, em que favorecia a libertação dos servos da gleba. Os servos da gleba dão lugar aos pequenos produtores formando-se, depois, por um lado, uma classe de camponeses ricos, a burguesia rural, e, por outro, uma classe de camponeses sem terra que fornecem trabalho assalariado. Com a produção mercantil simples, com a pequena produção baseada no trabalho assalariado aumenta a produção em geral, desenvolvendo-se o comércio interior. Surge uma classe de comerciantes que cresce em número e em poder económico. Por outro lado, o desenvolvimento do comércio externo (que já existia quando da formação de Portugal) conduz ao aparecimento de uma classe de ricos mercadores. Sendo o comércio externo quase todo feito por mar desenvolve-se a Marinha Mercante e, a construção naval. Nos centros urbanos do litoral forma-se uma burguesia rica, que se organiza na defesa dos seus interesses, e que vão influenciando cada vez mais a política portuguesa. Os portos, em particular Lisboa e Porto, tornam-se centros de poder da burguesia comercial-marítima. Paralelamente a este progresso, na produção e na troca de produtos, desenvolve-se a produção artesanal, cresce a classe dos mesteirais, cujo papel na Revolução de 1383-85 virá, em certos momentos, a ser decisivo. Com o desenvolvimento da produção mercantil e do comércio os burgueses concentram na sua mão grande riqueza. Com o seu crescente poder económico a burguesia ligada ao comércio marítimo torna-se o principal inimigo da classe senhorial e vem a estar em condições de, em unidade com as outras classes não senhoriais, disputar o poder político à nobreza latifundiária. O surgimento das novas classes e camadas sociais, o crescente poder económico da burguesia, cujos interesses se opõem aos da classe senhorial, exercem pressão sobre o poder real e obrigam a que os privilégios da nobreza e do clero vão sendo reduzidos ao longo dos Séculos XIII e XIV. Contudo, a natureza do Estado não muda com as conquistas que a burguesia vai alcançando. A nobreza latifundiária e militar, de que o rei é o primeiro senhor, continua a ser a classe dominante, continua a dispor da direcção política do Estado. D. Fernando é obrigado a promulgar leis de protecção ao comércio e à navegação, é obrigado a promulgar, nomeadamente, a Lei das Sesmarias, o que tem o significado de grandes conquistas da burguesia urbana e rural. Amadurecem as condições para a disputa do poder político à nobreza por parte da burguesia. Apercebendo-se do perigo que corria e sentindo que não possuía forcas para, por si só, dominar a contestação aos seus privilégios e ao seu poder, a nobreza portuguesa vinha procurando o apoio da nobreza castelhana à qual se unia (sem atender aos riscos que essa união implicaria para a independência nacional) com. o fim de salvaguardar e manter os seus privilégios, de reforçar o seu poder e de contrabater a burguesia ascendente. Foi com este objectivo que se celebrou em 1383 o casamento da infanta D. Beatriz, filha única de D. Fernando e de D. Leonor Teles, com o rei de Castela. Antes, em 1376 e 1380, o casamento da infanta com príncipes castelhanos estivera para ser realizado, prevendo-se já então a sucessão de um rei castelhano no trono de Portugal. O próprio casamento de D. Fernando com D. Leonor Teles fora preparado pela nobreza portuguesa em aliança com a de Castela com vista a influenciar mais directamente as decisões do rei no sentido favorável aos interesses da nobreza portuguesa. E de tal modo assim foi que os burgueses e artesãos se revoltaram em vários pontos do País. O alfaiate Fernão Vasques e os seus companheiros, à frente de três mil mesteirais, besteiros e homens de pé, em 1371, corajosamente, afirmaram o seu protesto ao rei pelo seu casamento com D. Leonor Teles; eles haviam compreendido o significado político desse matrimónio preparado pela nobreza portuguesa em conivência com a de Castela. Essa revolta dos mesteirais, exprimindo a oposição de interesses entre as classes populares e a nobreza feudal representou uma tal ameaça ao poder feudal que o rei mandou degolar Fernão Vasques e muitos dos seus companheiros. A propósito do casamento de D. Fernando, Fernão Lopes diz que os populares se juntavam criticando acerbamente os privados do rei e os grandes da terra que lho consentiam. Nos últimos meses da vida de D. Fernando acentuou-se junto do rei a influência da nobreza mais reaccionária o que fez crescer a tensão social e contribuiu para criar as condições para a insurreição de Lisboa, poucos dias depois da morte do rei. A morte do rei precipitou os acontecimentos ao colocar o problema da sucessão. A causa imediata da revolução burguesa é a tentativa por parte da nobreza de entregar o Governo de Portugal à monarquia castelhana. A revolução toma desde logo um carácter nacional, social e popular. A insurreição de Lisboa é secundada por revoltas populares por todo o País (sobretudo a Sul do Tejo) da burguesia rural, dos camponeses, dos assalariados rurais, dos «ventres ao sol». A luta pela independência nacional funde-se com a luta contra os privilégios da nobreza e pelo poder político, pois a classe dominante à qual era disputado este poder político era a mesma que, para conservar as suas posições, havia provocado a intervenção da nobreza de Castela contra os interesses populares e estava disposta a entregar o Governo de Portugal à monarquia castelhana. A revolução burguesa identifica-se, assim, com a luta pela independência nacional. A revolução tem um nítido carácter de classe. Dois campos se afrontam: o da nobreza territorial latifundiária e o das classes não senhoriais: a burguesia urbana e rural, os mesteirais, os pequenos proprietários camponeses, os camponeses sem terra, nesse momento unidos contra o mesmo inimigo, a nobreza portuguesa e castelhana, ultrapassando assim as próprias e naturais contradições de interesses que havia entre essas classes sociais não senhoriais. Foram estas forças que se defrontaram em Aljubarrota. O facto de, do lado português, sempre ter havido nobres ao lado das classes populares não altera o carácter do afrontamento de classes. Em todas as revoluções houve sempre elementos da classe dominante que tomaram o partido das classes em ascensão, progressistas, que se opõem ao poder dessas mesmas classes dominantes. Era restrito o número de nobres que estava com Portugal. E pertenciam aos estratos inferiores da nobreza. Eram dos menos abastados. Não podemos, pois, afirmar que do lado português, em Aljubarrota, se encontravam todas as classes sociais defendendo a independência nacional. O facto de, depois da Revolução de 1383-85, a nova nobreza ter ficado na posse de vastos domínios, domínios cuja extensão total era tão grande como a que antes de 1383 possuía a antiga nobreza latifundiária, não invalida a afirmação de que em Aljubarrota a nobreza, como classe, não estava do lado de Portugal. Estava, sim, um reduzido número de nobres que eram chefes militares das tropas populares. Os comandos militares, os quadros superiores eram, regra geral, nobres que, como se sabe, naquele tempo, eram militares profissionais. O que aconteceu foi que esses poucos nobres, em consequência dos êxitos na guerra e em virtude da posição que ocupavam no exército, ascenderam à grande propriedade territorial, no lugar daqueles que se puseram ao lado de Castela. Com efeito, foi com esses nobres leais a Portugal que, dadas as condições objectivas e subjectivas da época, foi reconstituída a grande parte dos domínios senhoriais. O caso mais típico é o de Nuno Alvares Pereira que ascendeu ao primeiro plano da classe senhorial e de tal modo que os seus domínios atingiram uma extensão igual à dos domínios que anteriormente possuíam muitos dos grandes nobres tomados em conjunto. É Fernão Lopes que nos diz que em resultado da grande crise surgiu uma «sétima idade em que se levantou um mundo novo e nova geração de gentes, aparecendo fidalgos de origem plebeia e erguendo–se pequenos aristocratas à primeira linha da nobreza». Repare-se que, para Fernão Lopes, o aparecimento de um mundo novo não estava ligado, como para nós, hoje, a uma profunda transformação nas relações de produção e distribuição entre as diferentes classes sociais. As condições objectivas da vida da sociedade portuguesa em fins do séc. XIV não eram de molde a poder colocar à consciência da burguesia e das classes populares a necessidade de uma modificação radical das estruturas socioeconómicas, que liquidasse o poder da classe senhorial. Só séculos mais tarde essa questão será posta pelas burguesias dos diferentes países e com grandes intervalos de tempo entre si. Com efeito, podemos verificar que nos finais do séc. XIV a Revolução de 1383-85 respeita as estruturas da sociedade feudal. Em 1383-85, do ponto de vista socioeconómico, o objectivo fundamental comum à burguesia e às classes populares era o de limitar os privilégios senhoriais, devendo, contudo, ter-se presente que eram diferentes entre si os objectivos concretos da burguesia e das demais classes populares. Em Aljubarrota, na realidade, encontravam-se muito poucos fidalgos do lado de Portugal. A principal nobreza portuguesa estava do fado castelhano, quer ali, em Aljubarrota, nas hostes de Castela, quer na chefia de povoações e castelos que se mantinham como ilhas ao serviço do inimigo, quer mesmo em Castela. Aliás, quando da primeira invasão castelhana, em princípios de 1384, o rei de Castela entrou praticamente sozinho em Portugal, antes do seu exército. Tal era o apoio que o rei de Castela tinha entre a nobreza portuguesa que o rei chegou à Guarda com a esposa e um pequeno séquito de umas trinta pessoas, sendo recebido processionalmente pelo bispo e clero e acorrendo depois numerosos fidalgos ao paço episcopal onde se hospedou. Em Aljubarrota, além de D. João I, Nuno Álvares e de mais uma dezena de grandes senhores haveria cerca de uma centena de nobres de modesta hierarquia. Ora, o número de membros da nobreza portuguesa é estimado, nos fins do séc. XIV, em 4000 a 5000 pessoas, não incluindo os membros da família real que seriam algumas centenas (Armando Castro, «História Económica de Portugal», II vol.). A nobreza que combatia contra os Portugueses em Aljubarrota tinha bem a noção do carácter de classe da guerra que fazia. Fernão Lopes dá-nos vários testemunhos: — Por meados de 1384 quando o nobre Gonçalo Mendes de Vasconcelos, senhor do castelo de Coimbra, entreviu por uma seteira do seu castelo, o exército de Nuno Álvares, que partia para Tomar, comentou para os seus privados o género de combatentes que compunham essa hoste, espantado que tais homens pudessem defender o reino contra um grande senhor como o rei de Castela, «salvo se Deus fosse seu capitão». — Quando o rei de Castela reuniu o conselho para decidir se devia dar batalha ou não, poucas horas antes do início desta, houve entre os seus conselheiros quem fosse de opinião que não se desse batalha pois se o rei de Castela fosse vencido teria sido derrotado «por um pouco número de pobre gente». — A covilheira do rei de Castela defumava os fidalgos com algumas defumaduras «para perderdes os maus cheiros destes chamorros, das casas onde vivem e aldeias onde moram». — Após a derrota de Aljubarrota, o rei de Castela, em fuga, ao chegar a Santarém lamenta-se de ter sido derrotado pelos «chamorros». «E se vós dizeis que outro tal e tanto aconteceu a meu pai verdade é que assim foi. Mas (…) de que gentes foi meu padre vencido? Foi-o de ingleses que são o frol da cavalaria do mundo, em tanto que, vencido por eles, não deixava de ficar honrado (…) E de que gentes fui eu vencido? Fui-o de chamorros que ainda que me Deus tanta mercê fizesse que a todos tivesse atados em cordas e os degolasse por minha mão, minha desonra não seria vingada».

– x –

Como dissemos atrás, a Revolução de 1383-85 tomou, desde a sua eclosão, um carácter nacional, de luta peta independência, posta em perigo pela aliança da nobreza portuguesa com a de Castela. D. Leonor Teles manda alçar pendão por D. Beatriz, rainha de Portugal e de Castela. A rainha viúva pede a intervenção de Castela, a cujo rei entrega, em Santarém, a regência do reino, em Janeiro de 1384, com o apoio da alta nobreza portuguesa. Tem havido quem procure justificar o comportamento antipatriótico da aristocracia portuguesa afirmando que nessa época o sentimento nacional e patriótico seria inexistente. Mas a verdade é que esse sentimento já existia nessa época em Portugal e já existia de longa data. Não se terá esse sentimento de independência começado a definir partir da auto-proclamação de Afonso Henriques como rei de Portugal? O que se verificou é que não era essa nobreza feudal, como classe, a portador desse sentimento patriótico. A história mostra que não pode formar-se uma nação como uma comunidade de indivíduos que vivem no mesmo território e que, para além de relações económicas estáveis, estão ligados por uma língua comum e pelas particularidades da mentalidade, da cultura, do modo de vida, fixadas nos seus usos, costumes e tradições, sem que, na sua raiz, estejam classes produtivas directas e as demais classes populares. Os interesses destas classes, nos graves momentos de crise nacional, identificam-se com os interesses da Pátria. O mesmo não acontece quanto as classes privilegiadas: em determinadas condições históricas, para defenderem os seus interesses e as suas posições frente à acção revolucionária das massas populares, elas sacrificam o sentimento patriótico, são capazes de comprometer a independência do seu país em troca do auxílio estrangeiro, para se manterem no poder. Na tão grave situação de 1383-85, o sentimento nacional, a solidariedade activa entre as mais largas camadas de portugueses foi reforçada, mas este facto foi devido à luta das classes, não privilegiadas contra a nobreza feudal. A própria solidariedade activa entre a grande maioria da população atesta que já havia nessa época um arreigado sentimento pátrio. São muitas as referências de Fernão Lopes a esse sentimento pátrio: «o povo meúdo» quando a aristocracia, após a morte de D. Fernando, erguia o pendão por D. Beatriz, mulher do rei de Castela, respondia com «Arraial, arraial, por Portugal». Alguns exemplos:

· Os representantes do concelho de Alenquer dirigem-se ao Mestre de Avis afirmando o seu patriotismo, «somos portugueses e todos naturais destes reinos».

· Quando o Mestre de Avis se despede, em Coina, de Nuno Álvares Pereira, que marcha para o Alentejo como fronteiro dá-lhe o apoio de algumas dezenas de escudeiros, dizendo-lhe serem «verdadeiros portugueses».

· Os homens bons de Cerveira, Caminha e Monção enviam mensagens a Nuno Alvares Pereira: declaram-se «verdadeiros portugueses» e entregam-lhe voluntariamente essas povoações.

Read more

Olga incomoda. Por quê?

Emir Sader

Olga incomoda. Ninguém sai do cinema alheio ao belo filme, baseado na obra-prima de Fernando Morais, que desagradou a imprensa e alguns "formadores de opinião". A crítica cinematográfica ficou incomodada, alguns jornais chegam ao limite de praticamente não recomendar o filme, pela baixa avaliação que lhe dão, em comparação com a quantidade de porcarias holywoodianas recomendadas diariamente. Olga incomoda porque conta a história pessoal de dois revolucionários. Incomoda saber que militantes comunistas são seres humanos, que amam, que sofrem, que são felizes, que se identificam profundamente com as causas pelas quais lutam, que não buscam nenhuma vantagem pessoal, mas sim a justiça e a solidariedade. Olga incomoda porque recorda as brutalidades repressivas que se cometeram contra os comunistas, aqui e na Alemanha. Incomoda porque a Alemanha – país ocidental, branco, protestante, anglo-saxão, capitalista – foi poupada por Hollywood, apesar de ter feito a pior "limpeza étnica" da história, contra judeus, comunistas e ciganos (e quando Chaplin fez O grande ditador, teve de sair dos EUA antes mesmo de o filme ser lançado). O filme de Rita Buzar e Monjardim recorda o papel que a Alemanha, como potência imperialista, desempenhou no nazismo. Olga incomoda porque revela a vida de militantes, de gente que optou por entregar o que têm de melhor pela revolução, pela luta anticapitalista. E incomoda – sobretudo os que vivem de interesses, de lucros, de prestígio, de honrarias, de ganhos imediatos, de poder – saber que outro tipo de vida e de valores é possível, dedicado a verdadeiros ideais. Olga incomoda talvez por mostrar Fernanda Montenegro, nossa principal atriz, dando vida à mãe de Luis Carlos Prestes, o mais conhecido dirigente comunista brasileiro. Talvez incomode ouvir a Internacional, em variados arranjos, inclusive como tema de fundo das cenas de amor dos revolucionários. É possível que Olga incomode também porque é uma produção de ótima qualidade, apesar de procurar fugir dos cacoetes de estilo norte-americano a que tanto nos acostumam nos cinemas. Mas sobretudo Olga incomoda porque é um filme que toma posição: é de esquerda – como o são Diários de motocicleta e as fitas de Michael Moore -, quando nos querem convencer de que isso não existe mais, que apenas os critérios estéticos é que contam. E Olga além do mais é um belo filme, humanista, que não poupa os carrascos, que diz as coisas pelos nomes que as coisas têm. Vejam Olga, apesar do que dizem os jornais, apesar da opinião dos conservadores. Que os jovens saibam, que os adultos se recordem, que todos vejam e julguem, com os seus olhos, os seus sentimentos, sua razão e os seus valores. Olga incomoda e é bom que incomode, em tempos que parecem pedir a todos que já não se incomodem com nada.

Read more

Fragilità, corpo, amore. Lessico pratico per il presente Sotto il cielo della politica. Effetto Sydney

Ida Dominijanni

Il Manifesto. 28 de setembro de 2004

«Italian Effect», un convegno a Sydney sull’influenza del pensiero radicale italiano nell’ultimo decennio. Dal laboratorio nostrano degli anni `70 al laboratorio globale di una politica contrapposta alla forma della guerra

C’è un effetto della globalizzazione che né i suoi fautori più entusiasti né i suoi critici più apocalittici riescono a mettere a fuoco, ed è quello che essa provoca sul pensiero. Come in altri campi, la tecnica qui dice molto ma non tutto: non si tratta solo di una maggiore facilità di comunicazione e diffusione di idee, fonti, testi. Si tratta di una diversa modalità di produzione del pensiero, quando esso si avvale di uno scambio di esperienze e di un contatto diretto con persone, contesti, luoghi, tempi, stagioni differenti. Quando questo avviene, e contrariamente a quanto spesso si crede, l’effetto non è né di piatta omologazione, né di tranquilla contaminazione: c’è invece un rischioso quanto fecondo spiazzamento, che cambia le prospettive, altera le dimensioni, porta in primo piano particolari trascurati, costringe a ruvidi confronti con alterità non considerate, libera associazioni mentali tenute sottotraccia. A Sydney, nel corso di un convegno internazionale dedicato all’«Effetto italiano» sul pensiero politico radicale, tutto questo è felicemente avvenuto, grazie anche all’accoglienza di una «global city» che dello scambio multiculturale e della traduzione linguistica, politica, artistica fa ogni giorno necessità e virtù. Si trattava, grazie all’interesse per la scena politica e intellettuale italiana di alcuni ricercatori di cinque università consorziate – Brett Neilson che ne scrive qui a fianco, Ilaria Vanni, Michael Goddard, Melinda Cooper, Timothy Rayner – di verificare l’ipotesi che in questo decennio si stia verificando uno spostamento dall’influenza prevalente del pensiero francese (Foucault, Deleuze, Derrida) sugli studi politici australiani e, più in generale, di area anglo-americana, a quella del pensiero italiano, e più precisamente di quello che gli organizzatori, sulla scorta del titolo di un libro di Michael Hardt e Paolo Virno, chiamano «pensiero radicale italiano»: l’operaismo degli anni 60 e 70 e il post-operaismo degli anni 90, la cybercultura, il pensiero della differenza sessuale. Il portato, insomma, del «laboratorio politico» italiano dal Sessantotto in avanti, ripensato sulla scia del successo mondiale di Impero di Toni Negri e Michael Hardt, del credito internazionale del lavoro di Giorgio Agamben (tanto più in Australia, dove il tema del campo concentrazionario è imposto dal trauma storico del rapporto con gli aborigeni e dal trauma politico del trattamento dei profughi), dell’esplosione delle potenzialità politiche della Rete e del mediattivismo (tanto più in un continente in cui più che altrove Internet ha significato un salto di qualità nella comunicazione e nell’aggregazione), dell’attenzione per il femminismo italiano (più viva che altrove grazie a una forte presenza nelle università di ricercatrici di lingua italiana). L’operazione, si capisce, era a rischio, e poteva risolversi nell’esegesi e nell’idealizzazione di un patrimonio politico e teorico, gratificante per noi che in Italia sentiamo ancora bollare gli anni Settanta come il decennio maledetto, i «radical thinkers» come cattivi maestri, il femminismo della differenza come una corrente esoterica e via dicendo, ma poco utile ai fini di uno scambio effettivo per il presente. L’effetto di spiazzamento invece ha funzionato, facendo del laboratorio italiano un punto di partenza per pensare le necessità della politica oggi, in una situazione globale che già rende superate le premesse da cui il «pensiero radicale italiano» degli anni `90 partiva; e in un contesto intellettuale vivo come quello allestito dai ricercatori e dagli studenti di Sydney, in cui malgrado le elezioni siano alle porte (si vota l’8 ottobre e lo scontro fra Howard e Lethan ricalca quello fra Bush e Kerry) ciò che conta di più è la politica post-rappresentativa, e dallo scenario di guerra non rimbalza tanto l’eco della bomba sull’ambasciata australiana a Giacarta quanto la catastrofe antropologica dispiegata quotidianamente dalle immagini di torture e decapitazioni. Cambio di decennio, appunto, cambio di scenario, e di conseguenza cambio di tonalità del pensiero politico antagonista. Sotto un cielo in cui l’Impero riscopre bandiere e politiche nazionaliste, il post-umano si rivela disumano, il cyborg si reincarna nei kamikaze, la soldatessa Lyndie England sevizia un prigioniero iracheno al guinzaglio, si può ancora puntare su Spinoza contro Hobbes, scommettere sul futuro di una moltitudine mai segnata dal negativo, tenere viva una politica del desiderio, fidarsi delle tecnologie della comunicazione e dell’agorà virtuale, mettere in valore la differenza sessuale? «Il panorama è cambiato», dice Franco Berardi alias Bifo (che del convegno sta a sua volta raccontando su Rekombinat.org), e tira le somme per quanto riguarda la Rete, il mediattivismo e le teorie del cognitariato: l’ottimismo tecnologico degli anni 90 sta scontando adesso un doppio limite, l’enfasi sulla comunicazione virtuale a spese del corpo e l’enfasi sull’infosfera a spese della psicosfera. Corporeità, sessualità, sensitività, contatto, emotività, elaborazione psichica inconscia dell’informazione cancellate in nome della potenza cognitiva e della velocità comunicativa. Senonché corpo, emotività, sessualità ci presentano adesso il conto: dal teatro della guerra e dal set mediatico di una politica dell’immaginario che dall’alto ci manipola senza che dal basso riusciamo a rispondere con pratiche altrettanto capaci di mobilitare ragione e inconscio, discorso e passione, mente e corpo. La scissione fra corpo e linguaggio, desiderio e razionalità, di cui la politica moderna si nutre fin dalla sua nascita, si è impadronita anche della politica alternativa postmoderna? Il rischio c’è e ed è quello che il femminismo, sulla scena italiana, ha segnalato fin dal suo esordio, «tagliando» con l’esodo femminile la generazione politica del `68. Tanto più diventa interessante ripensare oggi quel taglio, i suoi effetti, le possibilità di un rinnovato dialogo fra donne e uomini di quella generazione politica e delle successive che si aprono oggi. E’ una storia in parte scritta ma in parte tutta da scrivere, a partire dalle contaminazioni linguistiche che si riscontrano fra «pensiero radicale» e pensiero della differenza sessuale, e che tuttavia non ne accorciano le distanze sui due punti cruciali e connessi della concezione della soggettività e delle pratiche del cambiamento. Però non è un caso, o così a me pare, che sotto il cielo di Sydney, e in un clima più mite di quello italiano anche quanto allo scambio politico e intellettuale fra donne e uomini, alcune urgenze si siano ripresentate in comune. L’esigenza di riportare il corpo in primo piano. E quella di pensare una politica dell’amore. Non, o non solo, con la felice baldanza dell’antico slogan «fate l’amore non la guerra» dei tempi del Vietnam. Ma con la consapevolezza che la potenza espropriante dell’amore è l’unica in grado di opporsi alla potenza espropriante della violenza, e di volgere la fragilità e l’esposizione delle nostre «vite precarie», come le definisce Judith Butler, alla relazione con l’altro e non al suo annientamento.

Read more

La Tradición de la Democracia (y2)

Joaquín Miras Albarrán

LA FILOSOFÍA Y EL PENSAMIENTO EN LA TRADICIÓN DE LA DEMOCRACIA

La Filosofía es la metateoría o autoconciencia reflexiva de esta experiencia de la democracia, que percibe la cultura material como contingente, producto del ser humano y, por lo tanto mudable [1]. Insisto en su carácter metateórico, pues su peculiaridad noética la clasifica como un saber teorético fuerte -episteme-.

La episteme, o saber fuerte tiene la peculiaridad de ser poseído por pocos: los que se hayan tomado el trabajo de hacerse con el conocimiento de la materia mediante aprendizaje. Versa sobre lo necesario, es decir, su objeto de conocimiento es lo que no puede ser de otra manera -las leyes de la naturaleza, etc.-, por ello puede pronosticar el comportamiento futuro del objeto de su estudio -p. e. las revoluciones de los cuerpos celestes-, o es una generalización de segundo orden, a posteriori, de experiencias singulares, y en la medida que es generalización, y en virtud de ello, es un cuerpo de conocimiento que puede ser codificado, enseñado y aprendido. Su paradoja es, por tanto, que lo poseen pocos, pero que puede ser poseído mediante aprendizaje, por cualquiera que estudie.

Precisamente por esas dos características de la ciencia, el pensamiento político, para la democracia, no puede ser considerado episteme o ‘ciencia’. Si fuese un saber especializado, la política debería quedar en manos de los especialistas, y esto, sin embargo va contra el sentido común y la experiencia de la democracia [2]. Además, si fuese un saber sobre lo necesario, y no sobre lo contingente, la política dejaría de pertenecer al reino de la libertad; y en la medida en que esta tiene como objeto la vida social, el ser humano dejaría de pertenecer al reino de la libertad, pues la posibilidad de conocer la realidad social y humana mediante la ciencia indicaría que estas realidades han sido siempre iguales y que no pueden ser cambiadas por la voluntad humana.

Lo necesario no es libre; sólo lo contingente es libre. El capítulo sobre  ‘La deliberación’ en el libro lll de la Ética Nicomáquea es magistral al respecto. ‘Nadie delibera sobre lo eterno, por ejemplo, sobre el cosmos, o sobre la diagonal y el lado, que son inconmensurables; ni sobre las cosas (.) que ocurren siempre de la misma manera, o por necesidad o por naturaleza o por cualquier otra causa. (.) Deliberamos entonces sobre lo que está en nuestro poder y es realizable’ .

En cambio, sobre las realidades estudiadas por la ciencia, Aristóteles se expresa así:

Read more

La Tradición de la Democracia(y3)

Joaquín Miras Albarrán

LA ECONOMÍA EN LA TRADICIÓN DE LA DEMOCRACIA

El asunto de la economía es caudal para la democracia. En primer lugar, la democracia desarrolla su política en torno a este asunto y crea un pensamiento y una práctica. Sin estas la democracia no existiría. Pero, además, en segundo lugar, hay que tener en cuenta que la aparición de una economía que genera riquezas de forma expansiva -crematística/ jremata-, y que amplía hasta hacerla flagrante la desigualdad entre pobres y ricos, es el contexto genético de la democracia, y por lo tanto, el asunto de la economía exige un enfoque distinto y más complejo. Comenzaré por este segundo aspecto.

Las democracia tiene su origen en la situación abierta  lucha de clases que es consecuencia de esa nueva situación de desarrollo económico ampliado y de la desigualdad material.

El gran debate de la tradición de la democracia es entre quienes son denominados indistintamente ‘demos’ -pueblo-, ‘hoi polloi’ -los muchos-, ‘ta plezos’ -la muchedumbre/masa- ‘hoi aporoi’ -los pobres-,  ‘hoi eleuceroi’ -los libres- y quienes son denominados ‘ousías éjontes’ -los que tienen riquezas-, ‘hoi plousioi’ -los opulentos, los plutócratas-, ‘hoi oligoi’ -los pocos-, euporío -los de hermosos bienes- y a veces, aunque posee otros sentidos también, ‘hoi áristoi’ -los mejores-. El lenguaje lo dice todo [1].

La radicalidad de la lucha de clases, su carácter manifiesto y explícito es consecuencia de que ésta se expresa en términos políticos y a través de prácticas políticas, debido a las particularidades ya existentes en la polis que permitieron a ‘los muchos’ emplear medios políticos que ya estaban casi a su alcance. Cuando el conflicto social y económico se expresa en términos políticos, explica Marx, es cuando la lucha de clases se hace explícita. Para el demos griego eso estaba al alcance de la mano. Los griegos pobres emplearon los recursos políticos a su alcance como instrumento de lucha contra los ricos. En el mundo griego era natural que las actitudes políticas de cada individuo estuviesen determinadas por sus situación material.

‘Al igual que otros muchos griegos, Aristóteles consideraba la situación económica de un hombre el factor decisivo que determina su actividad política, al igual que en otros muchos campos. No ve nunca la necesidad de argumentar a favor de esta situación, que daría simplemente por decontada, porque era casi universalmente aceptada’ [2].

Read more

La Tradición de la Democracia(y4)

Joaquín Miras Albarrán

Estas ideas se borran y diluyen, por supuesto, en las versiones de la democracia elaboradas desde el liberalismo, fundamentalmente durante el periodo de lucha contra el fascismo, en la segunda guerra mundial.

Estas ideas, desgraciadamente, se han difuminado como consecuencia de la hegemonización del concepto de democracia por parte de la burguesía, que ha logrado asociar el término democracia con su tardía y recortada interpretación de la misma. Hoy se oculta la relación entre democracia y participación directa y permanente en política de las masas organizadas.

Los movimientos democráticos de masas de la Modernidad, hasta la fecha, nunca, o tan sólo transitoriamente, han alcanzado el propósito último que empujó su organización, pero son la causa de que el capitalismo haya tenido límites, y que, donde se han producido, las condiciones de vida de los de abajo hayan sido más dignas.

Los movimientos democráticos de masas han tenido conciencia de ser continuidad de una tradición, y esto se ha expresado de múltiples formas, entre otras, mediante palabras y símbolos tomados a la clasicidad. El gorro frigio, los ropajes a imitación de una presunta moda griega o romana, el arte neoclásico, la recuperación de las historias de los Gracos, de Espartaco, etc., y por supuesto, las palabras ‘democracia’ ‘proletariado’, etc.

El legado escrito clásico, recibido desde las lecturas e interpretaciones elaboradas por la Ilustración, ha sido patrimonio de este movimiento.

Para ver la consciente recuperación de ideas de la tradición, desde los nuevos contextos sociales de recepción de esas ideas y desde los nuevos problemas aparecidos, tras la Revolución Francesa, en lucha con el capitalismo, vamos a recurrir a los textos de dos de los intelectuales más importantes del movimiento democrático del siglo XlX, Carlos Marx y Federico Engels.

Read more

La Tradición de la Democracia(y5)

Joaquín Miras Albarrán

LA CONCEPCIÓN DE LA POLÍTICA Y DEL ESTADO EN MARX. LA CRÍTICA A LA ESTATOLATRIA

Las ideas de Marx sobre la clase obrera, sobre la organización social de la propiedad, alternativa a la desarrollada por el capitalismo y sobre la política, como hemos visto, fueron cambiando notablemente durante los años cuarenta. También sus ideas sobre el estado variarían, en parte como resultado de su relación con esos otros cambios de pensamiento. Pero el núcleo fuerte de su concepción del estado como producto subordinado de una determinada sociedad civil, quedaría fijo para siempre. Las ideas que Carlos Marx había elaborado al respecto, procedían de la herencia de la tradición ilustrada -los ‘pensadores franceses modernos’-, de su reflexión a partir de sus conocimientos históricos, y del conocimiento de los clásicos griegos. A pesar de la estatolatría de Hegel, la investigación sobre la constitución de la sociedad civil, de ese autor, redundó en el refuerzo de la línea de pensamiento de Marx.

En cuanto a la evolución de su valoración sobre la política, el cambio fue notable. Precisamente el análisis de la actividad política que se desarrollaba ante los ojos de Marx mientras vivía en Alemania, es decir, la interpretación liberal de la política, que él creía ser, por esas fechas, el resultado de la Revolución Francesa, le había producido fuertes prejuicios, que luego mantendría con firmeza en debates con personas que habían sido amigas, como por ejemplo, Ruge.

La política era asimilada por él, en este periodo, con la concepción liberal de la misma. El liberalismo defendía los derechos del ciudadano, pero dejaba de lado las necesidades materiales del ser humano. Por lo tanto, la cuestión social no encontraría cabida en la política. La política era asimilada, además con la actividad representativa y con el estado burocrático; por todo ello Marx se sentía inducido a oponer actividad política y liberación social.

El mismo estado democrático representativo fue fustigado una y otra vez, e, incluso, en un exceso, llegó a asimilarlo con la retrógrada burocracia prusiana [1].

El cambio de opinión se produce rápidamente en Francia, donde la tradición ilustrada y jacobina sostenida por los obreros organizados en opinión pública le permite entrar en contacto con una interpretación alternativa de la política. Ya en 1845 encontramos un texto breve -esquema de un trabajo que pensaba realizar sobre el estado moderno-, en el que Marx distingue entre el estado representativo democrático y el ‘derecho de sufragio’, término que aparece en cursiva como nombre de un agente de lucha política y de una alternativa política al estado burocrático:

Read more