Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Más allá del Presupuesto Participativo

Edmilson Brito Rodrígues, Jurandir Santos de Novaes, Raimundo Luiz Silva

Es necesario partir de la constatación de que estamos tratando de un gobierno municipal, en una ciudad periférica, parte de un país capitalista. Eso determina los límites de las conquistas materiales que el movimiento social es capaz de arrancar, puesto que sólo cambios estructurales profundos serán capaces de reverter el cuadro de desigualdades y de miseria social.

Al mismo tiempo en que afirmamos los límites, tenemos que trabajar partiendo de la base de que la ciudad no es apenas un reflejo de la sociedad. Ella produce riquezas, produce y reproduce relaciones económicas, políticas y culturales. Refleja la estructura social, pero, y al mismo tiempo, puede también impulsar dinámicas que acaben por definir esa estructura, o sea, además de heredar desigualdades de la estructura social, las profundiza.

Existe un combate entre dos proyectos de ciudad y de gobierno. De un lado, el de los que quieren mantener la sumisión de las ciudades a los dictámenes de la acumulación capitalista, cabiendo a los gobiernos la tarea de ofrecer infraestructura a los mercados (verdaderos dueños de la ciudad!), apartar la pobreza de las áreas nobles, y gestionar las secuelas sociales.

De otro lado, el de aquellos que gobiernan las ciudades buscando la construcción del poder popular a través de la afirmación de una concepción antagónica a la lógica capitalista. Eso se orienta en elementos estratégicos, tales como soberanía nacional (pues un gobierno de izquierda debe ser instrumento de la lucha anti-neoliberal), radicalización democrática (como necesidad y posibilidad de que el pueblo experimente la profundización de formas de control social del Estado).

Planificar es necesario

El primer mandato del gobierno popular en Belem, enriqueció mucho nuestro debate sobre participación popular, poniendo en práctica, de forma radicalizada, diversas experiencias, que pueden ser clasificadas en tres vertientes:

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Un eco fecundo: Algunos textos de Marx y Engels sobre la Revolución Francesa

Joan Tafalla

La revolución francesa está presente a lo largo y ancho de la obra de Marx y Engels. Fue para ellos un motivo de fecunda inspiración y de impulso teórico. En numerosas ocasiones, fue para ellos un modelo sobre el que reflexionar. Digamos, para emplear la expresión de Hobsbawn, que “La Marsellesa” tuvo en Marx y Engels, en su obra y en su acción revolucionaria, un eco fecundo. En éste número de Realitat tan sólo se pretende traer a colación algunos escritos integrantes de un largo recorrido teórico con la doble intención de resaltar algunos de los pasos más relevantes del mismo, así como también de resaltar la clara evolución entre las posiciones iniciales de Marx y Engels sobre la Revolución Francesa, en los año 40 y las que adoptaron al final de su vida.

Puede consultarse una buena selección de los escritos de Marx y Engels (probablemente completa) en “Sur la Révolution Française. Ecrits de Marx et Engels”. Antología publicada bajo la responsabilidad de Claude Mainfroy, .Messidor Editions Sociales, Paris 1985 ( 306 páginas). La presente selección de textos (adecuada en su tamaño a su publicación en Realitat) se ha realizado con la ayuda de dicho libro y siguiendo la investigación realizada en paralelo, por Joaquín Miras y por Jacques Texier en relación a la importancia del concepto de democracia en la obra de Marx i de Engels [1]. Los textos se publican con arreglo a las diversas traducciones españolas que se indican al inicio de cada uno de los textos.

Como selección que es, no aspira a la neutralidad, ni a la objetividad. Sin embargo, es preciso resaltar que se ha tratado de dar una imagen de la mencionada evolución y de la problemática de la relación entre nuestros autores y la revolución francesa. Entendemos el proceso revolucionario francés como un proceso que no se detiene en 1795 o en 1814, sino que prosigue para intentar realizar sus tareas pendientes en 1830, 1848 y 1871. Así lo entendían Marx i Engels y es por ello que nuestros lectores encontrarán aquí, textos que comentan o analizan aspectos de estas diversas revoluciones.

Insistimos en que una selección de citas no podría substituir la lectura de los textos referenciados completos, estudiados tambien, para su correcta comprensión en el marco histórico en que fueron producidos

La cuestión judía

(El texto con este título fue escrito por Marx entre agosto y diciembre de 1843, apareció publicado en los Anuarios franco-alemanes en 1844. Traducción española de José María Ripalda en OME/5 Obras de Marx y Engels Crítica. Editorial Grijalbo, Barcelona, Buenos Aires, México, 1978)

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Eloy Terrón Abad (1919-2002): el hombre y el marxista Una aproximación bio-bibliográfica

Rafael Jerez Mir

Eloy Terrón Abad fue un hombre altruista, modesto y bondadoso, un intelectual riguroso y un comunista abnegado. Desde sus propios condicionamientos culturales y biográficos, entendió siempre la filosofía al modo de Marx: como crítica sin contemplaciones de todo lo existente desde el compromiso político personal con la clase trabajadora y la superación socialista del capitalismo. [1] Maestro socrático e intelectual del pueblo, tendría hoy que ser también un modelo moral y político para la intelectualidad transformadora y la izquierda española en general. Para lograrlo en un futuro inmediato, hay que estudiar y difundir su pensamiento y su obra, comenzando por poner la información más indispensable al alcance de todos, que es precisamente el objeto de este trabajo.

Por lo demás, a efectos expositivos, esta aproximación bio-bibliográfica se divide en tres partes: formación moral, política y profesional (1919-1951); docencia e investigación (1952-2002); y un maestro socrático y un intelectual del pueblo, a modo de conclusión. [2]

Eloy Terrón Abad nació en Fabero de El Bierzo el 1 de diciembre de 1919. Se formó inicialmente con la acción y «la experiencia derivada de la práctica agropecuniaria, base de todo conocimiento»: [3] trabajó en el campo bajo la vigilancia y la dirección de sus mayores, en una familia de campesinos pobres. Se lo recordaba él mismo hace algunos años a sus paisanos, con ocasión del homenaje que le dieron en el pueblo.

«Nací en Fabero a finales de 1919, en una familia campesina pobre, como todas las del pueblo; fui educado como los demás muchachos en la realización de las labores agrícolas, bajo la vigilancia constante y la dirección de los adultos: mis padres y mi abuelo. Mi conciencia empezó a formarse con la experiencia ganada en el trabajo, en las orientaciones y, sobre todo, en las reprensiones de los mayores. Dada la forma de poblamiento y el sistema de producción agrícola, las relaciones de los muchachos con los adultos de otras familias eran muy escasas, por lo que apenas se producían interacciones de influencias extrañas. Ni siquiera el cura interfería seriamente en la formación de los muchachos, pues no disponía de medios, ni de tiempo para adoctrinarlos en la ideología católica nacional. La conciencia de los jóvenes campesinos era pobre, pero coherente y muy integrada; era suficiente y adecuada para guiar su comportamiento y el de los adultos, en un medio tan sencillo y tan poco expuesto al cambio». [4]

Con esa conciencia elemental, pero coherente e integrada, trabajó desde 1934 en las minas del Bierzo como aprendiz de mecánico y de electricista. Participó en las reuniones sindicales. Comenzó a formarse política e ideológicamente en el movimiento libertario prerrevolucionario de la época. Y se identificó emocional y moralmente con la clase obrera y con sus organización sindical y política, aunque sin vencer nunca la aversión espontánea del campesino frente a la violencia física.

«La llegada a Fabero de varios centenares de mineros procedentes de La Unión (Murcia), de Bélgica, de Francia, de Asturias, puso a prueba nuestra formación y nuestra ingenuidad y nos fascinaron las ideas anarquistas y socialistas, reforzadas por el hecho de que la gran mayoría de los jóvenes adolescentes, campesinos, empezábamos a trabajar en las minas; no se podía desperdiciar el ganar un jornal. A los trece años y medio empecé a trabajar en Minas del Bierzo, y a los 14 y 15 asistía a las reuniones sindicales clandestinas, en 1934 y 1935. Me sentía plenamente adherido a la nueva clase social naciente: la clase obrera».

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La aspiración comunista en el nuevo siglo: condiciones de posibilidad

Joaquín Miras Albarrán, Joan Tafalla

De te fabula narratur

En los días 27 y 28 de enero del 2001 el Comité Nacional del PCF convocaba la celebración de un Congreso extraordinario para la segunda quincena de octubre del presente año. Misión del congreso: concretar la mutación propuesta hace años por Robert Hue[1], y desarrollada en el congreso de Martigues. Esta concreción se deberá hacer en el congreso extraordinario en forma de estatutos de un nuevo partido comunista[2]. Sin embargo, el debate, según Hue no puede detenerse únicamente en el tema estatutario. Ello constituiría un “congreso autocentrado”, poco útil para aquello que, según Hue, necesitan los comunistas franceses o sea : “…impulsar hasta el final la lógica de Martigues… ir hacia un congreso de donde saldrá efectivamente el nuevo Partido comunista”[3].

El dossier que presentamos forma parte del debate desarrollado en Francia entre intelectuales marxistas en torno a las perspectiva de refundación, relanzamiento o creación de una “ nueva fuerza comunista”. Lógicamente, se trata de una pequeñísima parte de un debate que no ha afectado únicamente a los intelectuales miembros o no del PCF, sino a muchos, muchísimos militantes comunistas, o no, miembros del llamado en Francia “movimiento social” o de otras corrientes de la izquierda revolucionaria. Naturalmente, en la selección de textos hemos optado por destacar algunos de los temas que a nuestro modesto entender nos parecían cruciales. Otros observadores habrían hecho, sin duda otras miradas y habrían focalizado otros documentos, otros artículos, otros autores y otros temas.

Nuestra mirada no es neutral sinó la de observadores intervinientes. No podía ser de otro modo. En la época de la globalización capitalista y de la construcción de un espacio europeo tendiente a diluir los antiguos estados nacionales, y a modificar los marcos de lucha de clases , ampliándolos, aquello que discute la izquierda francesa no es un asunto simplemente francés. Es un asunto europeo, y seguramente, nos quedamos cortos. Sin entrar en las decisiones de cada organización, nos sentimos concernidos por el debate y por los asuntos que se tratan. Por otra parte muchos de los cambios sociales de los que hablaremos a continuación son similares a los que suceden en nuestro pais.

Este año se celebran congresos de diversas fuerzas comunistas en nuestro pais: congresos del PCE, del PSUC y del PCC. Toda el área comunista en Europa occidental está inmersa en un debate sobre sus esencias, sobre su identidad, sobre su función, sobre la forma-partido, sobre la estrategia de transformación social, sobre lo que se llama en jerga “política de alianzas”,…. Refundación Comunista, el Partido de los Comunistas Italianos, Izquierda Unida, el PDS de Alemania, el PCP… Luchan, actúan y debaten para encontrar un espacio en el futuro. Sin embargo, mientras los comunistas nos lamemos las heridas del estalinismo, de la caida del muro, de las falsas salidas reformistas como el eurocomunismo o la disolución del PCI, la reestructuración de los sujetos sociales que dieron base a los potentes partidos comunistas de occidente de los años cincuenta y sesenta se desarrolla al albur de los cambios sociales. Es una reestructuración que viene de lejos, de mucho antes del 89 y que no se resuelve con debates nominalistas. Esta reestructuración social se inicia en un largo ciclo de luchas iniciado a finales de los sesenta y principios de los setenta, en el pase del fordismo al postfordismo. Un ciclo de luchas derrotado entre mediados y finales de los setenta, coincidiendo con la crisis del 73/74 y con la adopción de nuevas estrategias por parte del capital. El modelo neoliberal de acumulación, una nueva división del trabajo, el apoyo en la nueva ideología globalista entre otras medidas servirá para infligir graves derrotas al movimiento obrero. Todo ello incidió en la parálisis e incluso la disolución de potentes sujetos políticos antagonistas como habían sido los partidos comunistas del siglo XX. Una parálisis y una disolución que han incluido la cooptación de numerosos cuadros comunistas a las filas de la tercera via ( ello ha pasado a nivel individual tanto como en Francia, España o Portugal; caso a parte fué Italia con la disolución del PCI y la creación del PDS). Otra vía ha sido la de los que se han mantenido fieles a la identidad comunista, pero se han instalado en la derrotad, integrándose a las filas del ejército de la resignación, del “no hay otra via” tatcheriano. Al planteamiento de que el único espacio posible y la única función real sería, para los comunistas, hacer de “farolillo rojo” del socialiberalismo.

Sin embargo, los nuevos sujetos sociales de la rebeldía social postfordista se mueven. Bullen, se enfrentan y resisten. Un relanzamiento que pasa por Chiapas, por el Movimiento de los Sin Tierra, por la huelga generalizada de otoño del 95 en Francia, por las Marchas Europeas contra el paro, por lo movimientos de los sin papeles capaces de victorias importantes en Francia del 96 o en la España del 2001, por experiencias tan interesantes como la del PT brasileño, por movidas tan fuertes como las de Seattle, Praga, Washington o próximamente Barcelona, por experiencias como las del Presupuesto Participativo en Porto Alegre… la izquierda social se mueve y resurge de las cenizas de los grandes sujetos político-sociales de la época del fordismo y del estado de Bienestar. Y este resurgir de las cenizas es el marco en que se inscribe el debate que presentamos.

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¿Democracia en peligro?

Hernán Montecinos

La frase del título se oye bastante a menudo últimamente. Y si uno presta atención a su entorno y no es granadero acorazado de las aguerridas huestes del PP (Panzer Partei), seguramente estará de acuerdo con ella. (Si es “pepero” de la vieja guardia, es decir, franquista irredento y no reciclado, también estará de acuerdo; pero en vez de lamentar la situación, brindará con regocijo y con champán por la eterna memoria del huésped mortalicio de Cuelgamuros, al grito triunfal de “¡Reinar después de morir!”)

En cambio, si uno no es ninguna de las cosas anteriores (es decir, si tiene una cierta querencia política izquierdosa pero ha perdido el sentido de la realidad actual y sigue pensando en la democracia como aquel ideal proclamado por Rousseau, Babeuf, Marx y los comuneros de París, entre otros) tendrá, al oír la frase de marras, la misma impresión que tendría si en el velatorio de un pariente difunto recibiera, en vez de los pésames de rigor, preocupadas observaciones de que al tal pariente se le ve “muy desmejorado”.

La democracia, en efecto, si es que algún día llegó a nacer (dicen que lo hizo en Atenas en el siglo V antes de la era vulgar, pero parece que la alimentaban con carne y sudor de esclavos), hace tiempo que la enterraron. La democracia sólo puede existir en sociedades sin clases, donde los individuos viven libremente asociados de modo que el grupo no limita, sino que potencia la libertad de cada uno de sus miembros.

¿Se atreverá alguien a decir que es ése el sistema político que tenemos? ¿Qué sentido tiene, pues, decir que ese sistema corre peligro? Lo que sí tiene sentido es denunciar que incluso las formas democráticas están siendo infringidas. Formas que no son condición suficiente de democracia, pero sí condición necesaria.

Por supuesto, la punta de lanza de ese ataque a las formas democráticas la constituye el PP (Partido Populachero). Nada nuevo bajo el sol (ni cara al sol): la derecha española, hija como es de la Madre Inquisición y el Padre Cucharón, tiene las manos curtidas en el sano ejercicio de romper la baraja en cuanto cree que puede perder la partida. La rompió todas las veces que quiso en cuanto empezó a molestarle la modestísima Constitución de Cádiz y culminó sus gestas “rupturistas” un infausto 18 de julio de 1936 (en realidad fue el 17, pero la historia oficial decretó que había sido el 18, día de la “epifanía” del señor capitán general de Canarias, Francisco Franco).

La novedad es que antes embestía cuando le ponían delante el trapo (especialmente si era rojo). Ahora, en cambio, embiste contra la sombra: como ese gobierno tripartito de izquierdas, pálida sombra de aquellos gobiernos del Frente Popular machacados por las bombas de la Cóndor, perseguidos con saña en el exilio y fusilados en Montjuich.

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Autogestión productiva y asambleismo

Luis Mattini

arnolkremer@hotmail.com

Primera parte: "Lo que el cuerpo piensa"

Mabel Thwaites Rey estimula el debate sobre grandes interrogantes del momento con un oportuno análisis de las posibilidades inmediatas de los movimientos autónomos que se desarrollan por diversos puntos del globo terrestre.(Ver: "Autogestión social y nuevas formas de lucha", http://www.lafogata.org, 5 de junio de 2003)

El debate se presenta entre considerar esas iniciativas como luchas acumulativas hacia un clásico proyecto de poder popular o verlas como expresiones embrionarias de contrapoder o no-poder.

La discusión se complica cuando se revalorizan categorías como "política" o "no-política", tema que cierto marxismo arrogante ha vulgarizado al adjudicarle a los movimientos sociales el calificativos de "no políticos" como si fueran un escalón inferior en las relaciones humanas. Es evidente que la polémica no es banal: uno u otro criterio llevan a considerar las posibilidades hacia un socialismo por la vía del estado nacional o la emancipación por el desarrollo de experiencias comunales. Al mismo tiempo el eje de la discusión tiene una faz común: cómo ha de actuarse, aquí y ahora, en terreno de la sociedad capitalista que es la que sufrimos, superando el corset del sindicalismo, el corporativismo, y el derecho burgués que es el derecho por definición.

Por momentos, y como paradoja histórica, pareciera que estamos discutiendo en la Europa post revolución francesa, dicho esto sin intención peyorativa, por el contrario, una demostración más de las limitaciones del mito del progreso y de cómo el pasado suele regresar como puro presente. Sea como fuere, lo importante es recoger la riqueza de aquella polémica polarizada entre anarquistas y marxistas que dejó como saldo una producción intelectual sustanciosa.

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Viaje al otro lado del espejo

Joan Tafalla

o

La solidaridad de los seres de corazón moreno

con los rostros pálidos [1]

0.- Noticias del otro lado del espejo.-

“Lo más curioso era que los árboles y las demás cosas que las rodeaban permanecían totalmente inamovibles: por más que corrieran no conseguían adelantar nada. “¿ No será que todo se mueve con nosotras?”, se preguntó intrigada la pobre Alicia. Y la reina pareció adivinar sus pensamientos, pues le gritó: ¡Más deprisa! ¡ Y no trates de hablar!.

Lewis Carroll, Al otro lado del espejo [2]

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La Tradición de la Democracia

Joaquín Miras Albarrán

En estas jornadas sobre el Presupuesto Participativo[1] hemos reflexionado sobre la posibilidad de organizar la intervención ciudadana en la elaboración del proyecto de presupuesto municipal directamente, sin la mediación institucional de partidos políticos y de representantes electos. Hemos conocido, para ello, experiencias políticas valiosas desarrolladas en  otros lugares, y hemos debatido las condiciones técnicas de aplicación en nuestros municipios.

El Presupuesto Participativo establece una relación distinta entre el ciudadano y la política, y confiere nuevo sentido a la palabra democracia, pues, al menos en un ámbito, la actividad política es ejercitada por la ciudadanía.

El Presupuesto Participativo es un primer paso en el intento de extraer la política fuera de las instituciones estatales y de convertirla en objeto de debate y de decisión por parte de una Opinión Pública formada directamente por los ciudadanos. En este sentido, la Sociedad Civil asume la soberanía en lo que hace a la política que se desarrolla desde ese ámbito de las instituciones políticas que es el municipio. La experiencia política que valoramos es un ejemplo de democracia directa, no delegativa, que rebasa los límites que el liberalismo ha impuesto a la democracia, y devuelve sentido a la palabra ‘ciudadanía’.

Con todo, la capacidad de decisión política de la Opinión Pública queda restringida todavía en el ámbito de las instituciones y aparatos que denominamos Estado. En este inicio de apropiación de la política por parte del demos, aún queda fuera de la discusión y decisión pública toda la actividad socialmente organizada, que se genera en la propia Sociedad Civil. Si bien toda actividad que se desarrolla desde las instituciones estatales está sometida, en principio, de iure a la publicidad, pues se le reconoce su carácter social y debe ser democratizada, también gran parte de la actividad que se desarrolla en la sociedad civil desde multitud de instituciones  posee una carácter social, aunque esto se rechace y se la considere actividad de interés privado.

El desideratum democrático es que toda institución de la sociedad civil que desarrolla una actividad socialmente organizada, y coordina, por ello, la actividad inmediata de diversas personas, según una determinada división técnica del trabajo, para la ejecución de su actividad, posea instrumentos internos de decisión que permitan a los agentes directos de la actividad colectiva ejercer el poder democrático -deliberación y ejecución- sobre la propia actividad y sobre los instrumentos y medios que la posibilitan.

Por supuesto, la organización de un poder democrático en este conjunto multitudinario de organizaciones debe ser interno a cada una de las organizaciones e instituciones civiles concretas, y no puede ser ejercido a modo de ingeniería social desde fuera de cada una de ellas, a partir de las instituciones políticas estatales, tal como plantea el comunitarismo actual.

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¿Día de la memoria o día de la cancelación de la memoria? Reflexiones sobre memoria y olvido

Adriana Chiaia

En el 2000 una ley del Estado italiano instituía "el día de la memoria", a celebrarse el 27 de enero, en homenaje de la liberación de los prisioneros supervivientes en el campo de exterminio de Auschwitz.

En este homenaje los medios de comunicación de masas han utilizado, en los últimos años, expresiones del tipo: "27 de enero de 1945: caen las verjas de Auschwitz" o bien: "Las verjas de Auschwitz, abiertas por los aliados", es decir, los ingleses, estadounidenses y franceses. E incluso es británico el carro armado de la homenajeada película La vida es bella de Benigni, ganadora del Oscar 1999.

Hemos protestado recurriendo al testimonio de Primo Levi, superviviente de

ese campo, que describe así la llegada de los liberadores:

"… La primera patrulla rusa es avistada en el campo hacia el mediodía del día 27 de enero de 1945. […] Eran cuatro jóvenes soldados a caballo, que avanzaban cautelosamente, con las ametralladoras al brazo, por la carretera que limitaba el campo. […] Cuatro hombres armados, pero no armados contra nosotros, cuatro mensajeros de la paz, de rostros toscos y pueriles bajo los pesados gorros de piel. No saludaban, no sonreían, parecían abrumados, más que por la piedad, por un confuso reparo, que sellaba sus labios y ofuscaba sus ojos ante el fúnebre escenario. Era la misma vergüenza que nosotros conocíamos tan bien […]: la vergüenza que los alemanes no conocerían, aquella que siente el justo ante la culpa cometida por otros, y que provoca remordimiento por el simple hecho de existir, por haber sido introducida de forma irrevocable en el mundo de las cosas que existen…." (1)

Recuperada así la memoria, se ha admitido que sí, efectivamente, a Auschwitz llegaron los rusos.

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Una mirada al futuro: repensando la Revolución Francesa

¿Qué puede importar la revolución francesa a los comunistas del siglo XXI? Quizás ésta puede sea la pregunta que algunos de nuestros lectores se hagan en el momento de abrir estas páginas y de decidir si se adentran en ellas o bien si se dedican a cualquier otro menester. Se trata de una pregunta razonable, habida cuenta de lo escaso que es nuestro tiempo. Ciertamente a los comunistas nos importa y mucho la reflexión sobre la revolución francesa. Y ello por diversas y amplias razones.

Cerrando su libro “La revolución congelada”, Ferenc Feher considera que la revolución francesa debe ser clausurada como elemento de reflexión sobre los mecanismos de transformación de la realidad: “El mundo está por cambiar. Pero es hora ya de cerrar la Revolución francesa”[1]. Para nosotros, que no compartimos la visión determinista de la necesidad histórica de la Revolución Francesa, ni de ninguna otra, sin embargo, la herencia de la revolución francesa continúa hablándonos de forma elocuente sobre las vías y los modos en que se producen las revoluciones, la luchas de clases y, por ende, las transformaciones sociales. Por eso, creemos que aquello que Feher llama la “narración maestra”, continúa teniendo interés no sólo historiográfico sino también político.

Por ello consideramos que repensar la revolución francesa con la ayuda de las nuevas aportaciones de la historiografia así como con la ayuda de nuevos planteamientos de algunos teóricos marxistas no es un lujo cultural sino una necesidad de futuro, en el proceso de refundación del pensamiento emancipatorio. Por eso consideramos que repensar la revolución francesa significa echar una ojeada al futuro. Esperamos que nuestros lectores verán, en el número de la revista que proponemos, una contribución relevante a ese proyecto de futuro.

Florence Gauthier, es autora de “La vía campesina en la revolución francesa. El ejemplo de la Picardia” , “La revolución de los derechos del hombre y del ciudadano”, “Triunfo y muerte del derecho natural en la revolución, 1789-1795-1802” y en coedición con G. R. Ikni, de “La guerra del trigo del XVIII siglo”. La autora pertenece a una corriente historiográfica que niega el determinismo, la necesidad histórica de la revolución, pero que reivindica la importancia del iusnaturalismo, el papel de los jacobinos robespierristas y utiliza sabiamente conceptos como economia moral de la multitud acuñados por E.H.Thompson. Precisamente, y no es poco mérito en el pais de Althusser, en la recopilación “La guerra…” se produce la primera traducción al francés del famoso artículo del historiador británico, donde acuña un concepto que tan fecundo ha sido tanto para la historigorafia como para la política emancipatoria. En su artículo Crítica del concepte de "revolució burgesa" aplicat a les revolucions dels drets de l’home i del ciutadà del segle XVIII, que publicamos en el presente número, realiza una convincente crítica del concepto de “revolución burguesa” con lo que da un paso esencial para repensar uno de los conceptos que algunas corrientes marxistas , tanto socialdemócratas como tercerinternacionalistas, han utilizado en sus polémicas y en sus análisis y que ha sido retomado por gente como François Furet para revisar la historia de la revolución y para intentar desmontar la rica aportación de la historiografia jacobino-marxista francesa y tambien anglosajona. Gauthier realiza esta revisión del concepto de revolución burguesa sobre la base de una rica investigación real, de archivo, de hechos, que le permite dar una nueva luz sobre los acontecimientos y no sobre la base de la especulación filosófico-política inconsistente tan cara a la escuela revisionista francesa de Furet.

Nuestros lectores conocen algo de la obra de Georges Labica, autor del siguiente artículo de nuestro número: Maximilien Robespierre: la causa del poble. Es autor de apotaciones al marxismo tan importantes como su “Robespierre. Una política de la filosofía” , “Karl Marx.Las tesis sobre Feuerbach”, “El paradigma del Gran-Hornu. Ensayo sobre la ideología”, “Diccionario crítico del marxismo” o “El marxismo-leninismo”. Labica amigo de nuestra revista, ha estado en dos ocasiones entre nosotros y de él hemos publicado aportaciones que han sido importantes en nuestro desarrollo teórico-político: Respecto a su artículo podemos decir que realiza una recuperación de la figura de Robespierre para el acerbo revolucionario, sacándolo del ostracismo al que le había condenado la concepción ortodoxa marxista, escasamente marxiana por otro lado, de “ la dictadura burguesa del Comité de Salud Pública”. Como se dice en la contraportada de su “Robespierre”: “Existe un pensamiento político de Robespierre que tiene algo de particular y de inédito en la medida que es el pensamiento de la revolución en el seno de sus vicisitudes. La dignidad filosófica de Robespierre surge del enfrentamiento más terrible entre los existentes: el de los principios y las prácticas. A pesar de su fracaso, a pesar de sus detractores, de hoy y de ayer, Robespierre sirvió, como él decía a ‘la causa del pueblo’. Del rechazo de los ‘ciudadanos pasivos’ al derecho de las naciones a disponer de ellas mismas, de la ‘virtud’ al Terror y al ser Supremo, Robespierre intentó propiamente la invención de la democracia. Es por esto que la lección de este ‘vigilante incomodo’ concierne aún a nuestra actualidad”.

Jacques Guilhaumou, historiador, autor de numerosos artículos sobre la revolución francesa y especialmente de la obra “El idioma político y la Revolución francesa”, “Marsella republicana (1791-1793)” y “Experimentaciones en analisis del discurso”. En el artículo que publicamos :Revolución francesa y tradición marxista: una voluntad de refundación. Reflexiona sobre las vicisitudes que al aparato conceptual heredado de Marx ha sufrido en los últimos tiempos entre aquellos que pretenden el estudio de la revolución. Las estrechecemos conceptuales de determinadas escuelas maxistas no suponen para nuestro autor una dificultad para, después de un largo trayecto intelectual, poder extraer del marxismo elementos aún útiles para pensar aquel fenómeno.

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