Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Colapso y catástrofe en Irak

Robert Fisk

Queríamos darle a esta gente los frutos de nuestra civilización, pero no nuestra civilización en sí. COLAPSO Y CATASTROFE EN IRAK Altercom* Robert Fisk*

10 de diciembre de 2006

«El imperio romano esta cayendo». Ésto es, en una frase, lo que dice James Baker en el informe que el miércoles entregó al presidente de EEUU, George W. Bush, respecto a la marcha de la ocupacion de Irak y de Oriente Medio. El documento viene a constatar el fracaso de Estados Unidos en una region que ha llenado de odio y muerte.

«El imperio romano esta cayendo». Ésto es, en una frase, lo que dice el reporte Baker. Las legiones no lograron imponer su mandato en Mesopotamia. Craso perdió los estandartes de sus legiones en los desiertos de Siria e Irak, y lo mismo le ha ocurrido a George W. Bush. No hay ningún Marco Antonio que recupere el honor del imperio.

La política «no está funcionando». «Colapso» y «catástrofe», palabras que se escucharon en el senado romano en muchas ocasiones, estaban incrustadas en el texto del reporte Baker. ¿Y tú, James?

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Venezuela, el socialismo del siglo XXI y nosotros, europeos

Francisco Fernández Buey

Venezuela, el socialismo del siglo XXI y nosotros, europeos

Francisco Fernández Buey

Rebelión

Hace unos años, cuando ya había desaparecido la Unión Soviética, vi un documental que me hizo repensar las largas discusiones que durante largos años habíamos tenido en Europa sobre la naturaleza del socialismo a propósito de lo que creíamos saber que estaba pasando Rusia, China, Cuba, Vietnam, etc. En el documental, un periodista, no recuerdo ahora si inglés o alemán, preguntaba a un viejo campesino de un país euro-asiático por qué en su pueblo se habían hecho comunistas al final de la primera guerra mundial.

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Disparates

Juan Gelman

*Disparates* Juan Gelman /“Dios me dijo que golpeara a Al Qaida y lo hice, y me indicó entonces que golpeara a Saddam y lo hice, ahora estoy decidido a resolver el problema del Medio Oriente”. “Si se le enseña a un niño o una niña a leer, él o ella podrá aprobar un examen de lectura”/ /“No me gustan los brócolis y no me gustaban cuando era niño y mi madre me obligaba a comerlos. Soy el presidente de Estados Unidos y no voy a comer brócoli nunca más” / América latina es fértil en mandatarios que hablan curiosamente. *Del Cono Sur bajo las dictaduras de los ’70 y ’80* se recuerdan todavía frases de militares en el poder que cosquillean en la mente: /“El país vivía una situación desastrosa y le imprimimos un giro de 360”,/ dijo uno. Y otro:/ “Estábamos frente al abismo y dimos un paso adelante”./ O la muy notable de *Pinochet*: /“Antes de hablar, voy a decir algunas palabras”/. Los civiles no escapan a esta norma, que el ex presidente argentino *Carlos Menem* cumplió con brillantez: “/Mi libro de cabecera son las obras completas de Sócrates”/, afirmó. Un maligno comentó que así era porque Menem nunca leía. Pero no sólo los latinoamericanos gozamos de ese privilegio. También el pueblo estadounidense. *Dan Quayle*, que fuera vicepresidente con Bush padre (1989-1993), producía verdaderos florilegios: /“No es la contaminación lo que daña a nuestro medio ambiente. Lo hacen las impurezas del aire y del agua”./ O: /“Para la NASA, el espacio sigue siendo una prioridad muy importante”/. También: /“Es hora de que la raza humana entre en el sistema solar”./ Y: /“Recientemente, estuve de gira por América latina y lo único que lamento es que en la escuela no estudié más a fondo el latín para poder conversar con esa gente”/. Su confusión sobre las lenguas se extendió a la geografía: /“Tenemos un compromiso firme con la OTAN, somos parte de la OTAN. Tenemos un compromiso firme con Europa. Somos parte de Europa”/. En cambio, no erraba en materia de educación: /“Para hablar con franqueza, los maestros son la única profesión que enseña a nuestros hijos”./ En fin. *Bush padre*, su jefe, tampoco carecía de estos dones: /“No voy a analizar lo que no voy a mencionar. Aunque no lo analice, no lo voy a mencionar”./ Impresionan sus ideas sobre la índole del ser humano: /“No es una exageración decir que los indecisos pueden tomar un camino o tomar otro camino”/. Ni hablar del alcance de su saber jurídico: /“No puedo pensar en alguna nueva ley existente en vigor que no haya existido antes”./ Como persona cabal, no ha escapado a los vaivenes de la contradicción: /“Tengo opiniones propias, opiniones muy firmes, pero no siempre estoy de acuerdo con ellas”./ Su cortesía es notoria: el día que le ofreció asiento a una dama supo decirle que /“la caballerosidad sólo está razonablemente muerta”/. *Y no cabe duda alguna de que Bush Senior es un padre excelente: Bush Junior lo supera con creces en el buen decir.* /“La justicia debe ser justa”,/ reveló *W.* en la conferencia económica que tuvo lugar en la Casa Blanca el 21 de noviembre del 2004. No se le puede reprochar que oculte su pensamiento en materia de derechos civiles: /“Déjenme expresarlo de manera contundente. En un mundo cambiante, queremos que más gente tenga control sobre la propia vida de ustedes”/ (Annandale, Virginia, 9-8-04). O en lo que hace a la democracia: /“Si ésta (EE.UU.) fuera una dictadura, todo sería endiabladamente más fácil, siempre que yo fuera el dictador”/ (Washington, 19-12-00). Posee absoluta claridad en temas de educación: /“Si se le enseña a un niño o una niña a leer, él o ella podrá aprobar un examen de lectura”/ (Washington, 21-2-01). Nada escapa a su conocimiento de la naturaleza: /“El gas natural es hemisférico. Me gusta llamarlo hemisférico porque es un producto que podemos encontrar en nuestros barrios”/ (Washington, 20-12-00). Es indudable la sutileza de esta observación: /“Sé que los seres humanos y los peces pueden coexistir pacíficamente”/ (Saginaw, Michigan, 29-9-00). Sí, señor. Otro mérito de *W. Bush* es que no vacila en explicar sus relaciones con el Ser Supremo: /“Creo que Dios quiere que yo sea presidente”, “Fui elegido por la gracia de Dios”, “Creo que Dios habla a través de mí. Si no fuera así, no podría hacer mi trabajo”, “Dios me dijo que golpeara a Al Qaida y lo hice, y me indicó entonces que golpeara a Saddam y lo hice, ahora estoy decidido a resolver el problema del Medio Oriente”,/ son confesiones que repite. Irak y/ “la guerra antiterrorista”/ han redoblado su agudeza:/ “El Congreso ha procedido bien al prolongar la vigencia de la ley terrorista, la Ley Patriótica”/ (Washington, 7-9-06), /“Una de las partes más difíciles de mi trabajo es conectar a Irak con la guerra antiterrorista”/ (CBS, 6-9-06), /“No me gustó que Hamas se negara a declarar su deseo de destruir a Israel”/ (Washington, 4-5-05). La que sigue es por cierto enigmática:/ “La verdad de la historia, escuchen cuidadosamente, es que Saddam seguiría en el poder si fuera el presidente de EE.UU., y el mundo sería mucho mejor”/ (Saint Louis, Missouri, 8-10-04). *W. Bush* puede abordar las cuestiones más variadas, su información es rica en todos los campos. La medicina: /“Demasiados médicos que son buenos están abandonando la profesión. Demasiados obstetras y ginecólogos ya no son capaces de practicar su amor con las mujeres de todo el país”/ (Poplar Bluff, Missouri, 6-9-06). La literatura: /“Laura/ (Bush) /me dijo que tenía que leer a Camus. También leí tres Shakespeare. Tengo una lista de lectura ec-a-léc-tica”/ (NBC, 29-8-06). El comercio internacional: /“Es evidente que nuestra nación depende del petróleo extranjero. Nuestras importaciones de petróleo provienen cada vez más del extranjero”/ (Beaverton, Oregon, 25-9-00). La economía: /“Se trata de no dudar de un presupuesto. Hay un montón de números ahí”/ (Reuters, 5-5-00). El conocimiento de sí mismo: /“Pienso que si uno sabe lo que cree, le resulta mucho más fácil contestar preguntas. No puedo contestar su pregunta”/ (Reynoldsburg, Ohio, 4-10-00). El más allá: /“Uno nunca sabrá cómo contarán su historia hasta mucho después de haber muerto”/ (Washington, 5-5-06). Etc. Eso sí, *W. Bush* tiene clara la latitud de su mandato: /“Soy el que comanda, no necesito explicar, no necesito explicar por qué digo cosas. Es lo interesante de ser presidente”/ (Washington, 4-11-03). /“No me gustan los brócolis y no me gustaban cuando era niño y mi madre me obligaba a comerlos. Soy el presidente de Estados Unidos y no voy a comer brócoli nunca más”/ (Washington, 15-6-01). Así sea. En los tiempos de Bush padre se publicaba en Nueva York un boletín de pocas páginas con los dichos de Quayle de la semana. Hoy en día la importante editorial Simon & Schuster edita cada año un volumen con los /“bushismos”/ seleccionados del presidente y abundan los sitios de Internet que los recogen.

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La revuelta húngara no fue sofocada por el comunismo

La revuelta húngara no fue sofocada por el Comunismo

por Etienne Balibar y otros firmantes

Liberazione del 01/12/2006

La resolución aprobaba por el Parlamento europeo, el 24 de octubre de 2006, referente al cincuenta aniversario de la revolución húngara de 1956 y a su significado histórico para Europa, en el Párrafo 3, « subraya que la comunidad democrática debe rechazar inequívocamente la ideología comunista represiva y antidemocrática y defender los principios de libertad, democracia, derechos humanos y estado de derecho y tomar una clara posición cada vez que ellos sean violados». Sin embargo, ha sido rechazada una enmienda que condena tudas las iniquidades cometidas en nombre del comunismo, pero en realidad incompatibles con aquel movimiento en cuanto aspiración a la justicia y a la libertad. Los redactores de este documento se asocian a la condena de cualquier acción  represiva dirigida a imponer un orden autoritario de tipo imperialista que ahogue la expresión de necesidades, aspiraciones, concepciones en continuo desarrollo en la sociedad civil. Sabemos que la distorsión estalinista del comunismo ha dato lugar, a vasta escala, a acciones repressivas que han comprometido, en la consciencia de millones y millones de mujeres y de hombres, el valor de una idea: la construcción de un sentido común o comunista a partir del cual edificar nuevas formas de vida asociada y de participación civil. Por esto consideramos que los parlamentarios europeos, que han expresado un juicio sumario sobre el comunismo, si exponen a la sospecha o bien de una formación cultural insuficiente o bien de una larvada aquiescencia oportunista. Es preocupante carencia cultural ignorar un largo itinerario que es historia porque es pensamiento alto, cuyas raíces se llama (por decir solo algunos nombres) el Platón assertore de un mundo inmaterial y de valores ideales que culminan en el Bien y en la Justicia, el Tomás Moro santificado por la iglesia católica también en razón de su utopía igualitaria, un Karl Marx che invocaba la libertad di cada uno como condición de la libertad de todos, y che anche la opinión común de nuestro tiempo reconoce como un grande maestro de la humanidad, un Antonio Gramsci, cuyo pensamiento puede resumirse en el concepto de la historia como anhelo de libertad, y que es el pensador italiano, después de Dante Alighieri, más estudiado y más traducido en todos los continentes. La civilización europea querrá pues, cortar una de sus raíces históricas? Y aquellos cue, desde sus cátedras, imparten a los jóvenes estudiosos o estudiantes la lección de aquellas obras clásicas deberán dejarlas de lado olvidando aquella otra raíz que es la Ilustración? En la historia del siglo XX, mientras la lucha contra el fascismo (en el cual ideología totalitaria y represión política policial coincidían plenamente y bajo cualquier perfil) ha sido la necesaria premisa para reconquistar la democracia, al contrario el anticomunismo virulento ha abierto camino en todos sitios, in Europa como en las Américas, a la subida del fascismo. A chi giova, dunque, ribattezzare sotto il segno dell’anticomunismo la rivolta ungherese, se la stessa mozione del Parlamento europeo, nel punto F delle premesse, contraddicendosi, rende «omaggio al coraggio umano e politico di Imre Nagy, il primo ministro comunista-riformatore dell’Ungheria» e se quel sommovimento fu attivamente sostenuto dal grande pensatore comunista György Lukács? Se anche la Primavera di Praga fu salutata e guidata dall’altrettanto generoso dirigente comunista Alexander Dubcek? E i tanti comunisti perseguitati o fatti fucilare da Stalin dovremo (in quanto essi sarebbero stati perseguitati e fucilati dall’«ideologia comunista») considerarli anche noi nemici del comunismo, come li giudicava Stalin? Ma, dicevamo, altri denegatori del comunismo in assoluto potrebbero esporsi al sospetto, direbbe Gramsci, di trasformismo sia pure inconsapevole, se il loro assecondare gli ignari o gli intolleranti fosse dettato da cattiva coscienza o dal bisogno di far perdere le tracce del loro passato: se così fosse, non di quel loro passato converrebbe vergognarsi, ma della loro miseria presente. Il giudizio sulle azioni liberticide come la repressione dell’Ungheria del 1956 non può e non deve essere contestualmente mitigato neppure adducendo altre colpe di altri soggetti e di altri tempi. Ma, confessiamo, ci consolerebbe il sapere che, in altre circostanze o in altre sedi, autorevoli rappresentanti dei popoli e delle tradizioni europee fossero più propensi a riconoscere i limiti, passati e presenti, delle politiche praticate e predicate dal cosiddetto mondo opulento. Voci maligne potrebbero insinuare che il muro di Berlino ha fatto scuola: sulla linea di frontiera che separa il Messico dal suo più potente vicino di casa o sulla terra palestinese nella quale le tre grandi religioni monoteiste dovrebbero incontrarsi, non scontrarsi. Ma è forse ancor più inquietante il muro ideologico (certamente incompatibile con i classici principi di libertà e con le cristiane massime della carità e dell’accoglienza, anch’esse una radice profonda della civiltà europea), quel muro che eguaglia a una sterminata moltitudine di quasiparia, su scala mondiale e all’interno delle stesse nazioni occidentali, coloro che sono strutturalmente esclusi dal mercato, dal lavoro e persino dal cibo quotidiano. Etienne Balibar, philosophe, Université La Sorbonne, Paris Giorgio Baratta, Presidente della International Gramsci Society-Italia, Università di Napoli “L’Orientale” Jacques Bidet, philosophe, Directeur de la revue “Actuel Marx”, Paris Derek Boothman, Professore di Traduzione, Università di Bologna Giuseppe Cacciatore, Direttore del Dipartimento di Filosofia, Napoli Carlos Nelson Coutinho, Profess. Univers. Federal Rio de Janeiro Patrizio Esposito, fotografo e artista grafico Dario Fo, Premio Nobel per la Letteratura Rada Ivekovic, Professeur università, Paris Guido Liguori, Università di Calabria e dirigente International Gramsci Society-Italia Marina Paladini Musitelli, Professoressa di Letteratura Italiana, Università di Trieste Alessandro Portelli, Professore nell’Università di Roma La Sapienza Giuseppe Prestipino, Università di Siena, Presidente onorario del Centro per la Filosofia Italiana Franca Rame, attrice, eletta nel Senato della Repubblica Italiana Annamaria Rivera, Professore di Etnologia, Università di Bari Rossana Rossanda, scrittrice e giornalista Edoardo Sanguineti, poeta, critico, Professore nell’Università di Genova Silvano Tagliagambe, Professore nell’Università di Sassari

André Tosel, Professeur de Philosophie, Université de Nice Mario Tronti, Università di Siena, Presidente del Centro per la Riforma dello Stato Pasquale Voza, Università di Bari, Presidente del Centro Interuniversitario per gli Studi Gramsciani

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Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros.

Comunicado a los órganos de información

Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros. Lisboa. Portugal, 10-12 de noviembre

Domingo, 12 Novembro 2006

1 Los días 10, 11 y 12 de noviembre de 2006 se realizó en Lisboa el Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y obreros con el tema de “Los peligros y las potencialidades de la situación internacional. La estrategia del imperialismo y la cuestión de la energía, la experiencia de la lucha de los pueblos de América Latina, la perspectiva del socialismo." El Encuentro, en el que participaron 63 partidos y que recibió salutaciones de otros 17 que no podrían asistir por motivos diversos, puso en evidencia los aspectos más relevantes de la situación internacional y, además de hacer un vehemente llamado de alerta sobre las grandes amenazas de nuestro tiempo, también expresó su confianza en la capacidad de los pueblos para forzar al imperialismo a revertir sus proyectos hegemónicos y para lograr nuevos avances en el sendero del progreso social, la paz y el socialismo. 2. El Encuentro observó el incremento en la agudización de la lucha de clases y subrayó la necesidad de intensificar la batalla contra el neoliberalismo y el neocolonialismo y contra la expansión de la explotación por parte del gran capital que, al atacar los valores humanos más elementales, engendra la regresión social, cultural y democrática. 3. Se enfatizó en que el neoliberalismo, el militarismo, la guerra y la embestida contra los derechos fundamentales, las libertades y las garantías son componentes inseparables de la ofensiva del gran capital y el imperialismo. La lucha por el dominio de los recursos energéticos del planeta y el control de sus rutas de distribución es un factor importante en la geopolítica del imperialismo, tanto en términos de colaboración como en términos de rivalidad, como queda evidente en Europa, el Medio Oriente, Asia Central, África y en otras regiones. Al mismo tiempo, los participantes denunciaron el despilfarro de los recursos energéticos por el consumo desenfrenado que caracteriza a las sociedades capitalistas. 4. Se consideró que existe la necesidad de intensificar la lucha contra el militarismo y la guerra; por el retiro de las fuerzas de ocupación en Afganistán e Iraq; por la disolución de la OTAN y otros tratados militares de agresión; por la drástica reducción de los gastos en armamento y por su canalización a promover el desarrollo; por la supresión de las bases militares extranjeras. De nueva cuenta fue subrayada la urgencia de poner en la orden del día el tema del desarme y en especial el desarme nuclear. 5. Se destacó que la generalización de los ataques contra los derechos, las libertades y las garantías fundamentales de los ciudadanos es una tendencia particularmente alarmante en la situación internacional, y se condenó la aprobación por parte del Congreso de Estados Unidos de las prácticas de la tortura y el terrorismo de Estado. Los participantes presentes en el Encuentro formularon un vehemente llamado a la lucha en defensa de las libertades democráticas, contra el avance de la extrema derecha, contra la xenofobia, el racismo, el fanatismo religioso y el oscurantismo, y contra el anticomunismo. Expresaron su solidaridad con los jóvenes comunistas checos, y exigieron el reestablecimiento de los derechos de la Juventud Comunista Checa. Rechazaron las tentativas de criminalizar a las fuerzas y a los pueblos que resisten la explotación capitalista y la opresión imperialista. 6. Los participantes valoraron la creciente resistencia contra el intervensionismo y la agresión imperialistas y subrayaron la importancia de reforzar la solidaridad con todos los pueblos que están en la primera fila de esa batalla. Subrayaron la importancia de la vigorosa resistencia que enfrentan las fuerzas de ocupación de EEUU y la OTAN en Afganistán e Iraq. Condenaron las amenazas contra Siria e Irán, que en los últimos días han adquirido particular gravedad, y exigieron total respeto a la soberanía de Líbano. Denunciaron los crímenes perpetrados por Israel en Líbano y Palestina, y la complicidad de la Unión Europea con Estados Unidos, responsable de la situación de represión y de la catástrofe humanitaria en Gaza y Cisjordania. Expresaron su apoyo a la lucha por la retirada completa de Israel de todos los territorios árabes ocupados en 1967, en cumplimiento de las resoluciones pertinentes de la ONU, y su solidaridad activa con la OLP y el pueblo palestino en su lucha por el establecimiento de su propio Estado independiente y soberano en el territorio de Palestina. 7. La generalidad de las intervenciones abordaron las experiencias concretas de la lucha en diversos países y regiones, confirmando que los trabajadores y los pueblos no se resignan y que, incluso en las actuales condiciones, los avances liberadores hacia la soberanía y el progreso social, son posibles. Los avances de las luchas populares y antiimperialistas que recorren América Latina fueron saludados, y los procesos de soberanía y de cooperación solidaria que tienen lugar. Se manifestó la solidaridad con Cuba socialista y se reafirmó la exigencia de cese del bloqueo criminal impuesto por Estados Unidos; la solidaridad con el pueblo de Venezuela y su Revolución Bolivariana, con el pueblo de Bolivia y demás pueblos de América Latina y el Caribe. 8. Fueron subrayadas de manera amplia la vigencia y la urgencia del socialismo. El intercambio de opiniones demostró la incapacidad del capitalismo para dar solución tanto a los problemas apremiantes de los trabajadores y los pueblos como a los peligros que pesan sobre el futuro del planeta. El socialismo emerge cada vez más como la alternativa al capitalismo y como la condición para la supervivencia de la propia Humanidad. 9. Fue subrayado que la actual situación internacional hace particularmente necesario consolidar la cooperación de todas las fuerzas progresivas y antiimperialistas y particularmente de los partidos comunistas y obreros de todo el mundo. En este sentido fue valorada la realización de este tipo de encuentros como espacio para el intercambio de información, experiencias, puntos de vista y para la posible definición de posiciones e iniciativas comunes, y fue considerada la importancia de asegurar su continuidad. Fueron planteados en el Encuentro varios temas, líneas de acción e iniciativas para el desarrollo de la solidaridad y la acción común de los partidos comunistas y obreros, como los siguientes: • Contra el militarismo y la guerra y particularmente por el retiro de las fuerzas de ocupación en Iraq; • Por la disolución de la OTAN y la abolición de bases militares extranjeras; • Contra la estrategia imperialista en el Medio Oriente, por acciones urgentes de solidaridad con el pueblo palestino y por el envío de misiones de solidaridad a Palestina y Líbano; • De solidaridad con Venezuela Bolivariana, con Bolivia y con Cuba Socialista y por la promoción de una semana de acciones comunes de solidaridad con este país; • Contra el revisionismo histórico, el blanqueo del fascismo, y el anticomunismo, destacando fechas significativas como el 11 de septiembre de 1973, en Chile; • Contra la ofensiva neoliberal para desmantelar los derechos y las conquistas de los trabajadores; por la consolidación de las acciones de masas, por un movimiento sindical clasista y en defensa de trabajadores migrantes; • Para aprovechar la participación en eventos internacionales para celebrar encuentros y articular la actividad de comunistas; • Para estimular la cooperación regional y temática entre los partidos. Fue destacada la importancia de la batalla de ideas en nuestra época. Los participantes recalcaron la importancia de resaltar el 90º aniversario de la Revolución de Octubre con iniciativas diversas y expresaron su apoyo a la propuesta de un acontecimiento central, internacional, que tendría lugar en la Federación Rusa. El PCP informó su intención de promover una iniciativa internacional, en un nivel europeo, en el marco de la presidencia portuguesa de la Unión Europea, que ocurrirá en el segundo semestre de 2007. 10. La fecha, el lugar y el tema para el Encuentro Internacional de 2007 serán decididos por la reunión del Grupo de Trabajo de los partidos comunistas y obreros que se realizarán oportunamente y se darán a conocer en un comunicado de prensa. 11. La reunión adoptó un “Llamamiento contra el militarismo y guerra, por la libertad, la democracia, la paz y el progreso social” y una “Moción de solidaridad con América latina y Cuba”. 12. Participaron en este Encuentro los partidos incluidos en la lista que se anexa a este lanzamiento de prensa. Lisboa, 12 de noviembre de 2006

Llamamiento contra el militarismo y la guerra, por la libertad, la democracia, la paz y el progreso.

Domingo, 12 Noviembre 2006

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Imágenes Marxistas III. Antologia de Textos de Manuel Sacristan

Manuel Sacristán Luzón

             Ingrao no sólo sigue estando en su sitio, sino que, además, construye con mucho sentido de la realidad.

            De una carpeta de resúmenes de Reserva de la UB, anotaciones de Sacristán en torno a la obra de P. Kagi, La génesis del materialismo histórico. Karl Marx y la dinámica de la sociedad. Sacristán cita por la edición alemana: Genesis des historischen Materialismus. Karl Marx und die Dynamik der Gesellschaft, Europa Verlag, 1965.

            1. Sobre su método (p. 43) [Desde “Utilizo por de pronto proposiciones del prólogo a la Aportación a la crítica de la economía política..” hasta “… en la medida en que éste difiere de aquel otro texto”].

            2. “Afirmaremos: Marx encontró en Hegel una estimación de la ciencia empírica, pero al mismo tiempo un concepto de ciencia que abarca desde la ciencia empírica hasta la doctrina de las ideas, de modo que tenía que resultar difícil distinguir entre las ciencias. Posiblemente nos aclare esto más adelante el que Marx, al abandonar el modo especulativo de pensar, pudiera de todos modos recoger ideas hegelianas que sin ninguna duda pertenecen a la parte especulativa de la ciencia hegeliana” (p. 54).

            Aunque este honrado socialdemócrata piadoso yerra al referir esas afirmaciones a la dialéctica realmente practicada por Marx, la observación es de cierto interés para el pleito de Althusser.

            3. Expone el ateísmo de Marx no por Strauss ni por Feuerbach ya que, según observa, las correspondientes publicaciones de estos (Das Leben Jesu [La vida de Jesús], Das Wesen des Christentums [La esencia del cristianismo]) son anteriores al entusiasmo hegeliano de Marx joven; sino por influencia de Bruno Bauer (p. 78).

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¿Entender a Foucault? Chomsky, la izquierda y el disparate ético

Josu Cristóbal De-Gregorio

¿Entender a Foucault? Chomsky, la izquierda y el disparate ético

Josu Cristóbal De-Gregorio

Rebelión

En un artículo publicado en Rebelión el pasado 27 de noviembre con el sugestivo título "Chomsky contra Foucault, 35 años después", su autor, Darwin Palermo, nos trae a la memoria un interesante debate que tuvo lugar en 1971 en la televisión holandesa entre el lingüista estadounidense Noam Chomsky y el filósofo francés Michel Foucault. Concretamente encabeza dicho artículo con estas palabras de Chomsky pronunciadas veinte años después del debate: “Nunca he conocido a nadie que fuera tan completamente amoral. Generalmente cuando se habla con alguien, uno da por sentado que se comparte algún territorio moral. Con él me sentí, sin embargo, como si estuviera hablando con alguien que no habitara el mismo universo moral. Personalmente me resultó simpático. Pero no pude entenderlo, como si fuera de otra especie o algo así”. Creo comprender la sensación que todavía en aquella época le produjeron a Chomsky las posturas radicales de Foucault, ya que efectivamente los dos pensadores habitaban universos éticos distintos. Pero con ser interesante esta cuestión, en lo que sigue me voy a referir al contenido del artículo del Sr. Palermo, ya que en el mismo se vierten, de forma ciertamente simplista, una serie de opiniones sobre el filósofo francés que, en el mejor de los casos, parecen producto de una auténtica ignorancia. Opiniones que, por cierto, se unen a la moda existente entre ciertos sectores de la izquierda, de descalificar in toto el pensamiento filosófico francés –parisino, dirían algunos- de la segunda mitad del siglo pasado. Intentando resumir las posiciones enfrentadas en el debate, Darwin Palermo acaba convirtiendo al bueno de Chomsky en una mala caricatura de sí mismo, con posturas que suscribiría hasta Benedicto XVI o el mismísimo George W. Bush: “Chomsky mantenía posiciones ilustradas razonablemente sensatas (matar y oprimir está mal, la igualdad y la libertad están bien… cosas así)”. Aquí termina la contribución al análisis de la figura del lingüista norteamericano, pues, como se verá a continuación, lo que le interesa de verdad es disparar sobre Foucault. En efecto, si tremendamente simplista es la interpretación sobre las palabras de Chomsky, directamente delirante es la interpretación que sobre la postura de Foucault vierte en su artículo, buscando con ello demostrar que la posición política del pensador francés, al contrario de las razonadamente ilustradas, es un auténtico disparate ético. Dice así: “El encuentro tiene interés porque pone de manifiesto la enorme distancia moral que separa a dos autores que supuestamente se movían en espacios ideológicos cercanos o, en otras palabras, muestra hasta qué punto las posiciones políticas de izquierdas no están reñidas con el más puro disparate ético”. Ya va quedando claro el campo de batalla: el razonablemente ilustrado Chomsky vs. el disparatado y chalado populista Michel Foucault (no lo digo yo, lo dice el autor: “Foucault se desmarcaba con ramalazos de chaladura populista”). Pues bien, entrando en el asunto, confieso que mi primera impresión fue que el Sr. Palermo no había entendido nada del debate en cuestión, pero tras revisar su artículo más bien parece que ni siquiera lo ha leído. Ruego que me disculpe por este atrevimiento, pero si no es así ¿cómo se explica que fundamente sus argumentos en una sola frase sacada del contexto del debate sin atender en ningún momento al desarrollo del mismo? La frase en cuestión era la siguiente: “MF: El proletariado no hace la guerra contra la clase dominante porque crea que esa guerra es justa sino porque, por primera vez en la historia, quiere hacerse con el poder (…). Cuando el proletariado toma el poder es perfectamente posible que ejerza sobre las clases que ha derrotado un poder violento, dictatorial e incluso sanguinario. Y no veo qué objeción se puede hacer a eso”. En primer lugar –y esto va para los bienpensantes-, parece claro que Foucault no expresa deseo alguno de que eso ocurra, ya que se limita a decir que es perfectamente posible, lo cual nadie puede negar absolutamente. Concretamente lo que se pregunta Foucault es si la posibilidad –ciertamente pensable- de la acción violenta, deslegitimaría la idea de Revolución. En segundo lugar, y más importante, si el Sr. Palermo hubiera prestado más atención al contexto del debate no le habría sido difícil percibir que la frase se enmarca dentro de la controversia más amplia que los dos pensadores mantuvieron respecto a los conceptos de naturaleza humana, justicia y revolución. En efecto, Chomsky, desde una posición ilustrada y humanista, defiende, con indudable buena fe, que toda visión de una futura sociedad justa debe estar fundamentada en un sólido concepto de la esencia de la naturaleza humana, concepto que proporciona su verdadera dimensión a la libertad y la dignidad. Por tanto deben de existir –piensa- ciertas cualidades humanas fundamentales sobre las que fundar una verdadera noción de justicia. Y es por ello que la única razón para desear la Revolución es “creer, con razón o equivocadamente, que determinados valores humanos fundamentales podrían enriquecerse con este cambio de poder”. Foucault, mucho más escéptico y nominalista, mucho más crítico con los proyectos ilustrados humanistas, se muestra incapaz de proponer un modelo de funcionamiento social ideal, y advierte del riesgo de utilizar una definición de naturaleza humana o de justicia en términos retomados de nuestra sociedad o civilización. Para el pensador francés, “estas nociones de naturaleza humana, de justicia, de realización de la esencia humana, son nociones y conceptos que se formaron en el interior de nuestra civilización , en el interior de nuestro tipo de saber y de nuestro modo de filosofar, y, en consecuencia, forman parte de nuestro sistema de clases, y no podemos por tanto, por muy lamentable que esto resulte, servirnos de estas nociones para describir o justificar un combate que debería –que debe en principio- dar la vuelta completamente a los fundamentos mismos de nuestra sociedad”. Se trataría entonces de interpretar las luchas en términos de poder y no en términos de justicia, que pueden correr el riesgo de neutralizarlas. Lo cual no quiere decir en absoluto –como es posible que se piense.- que el sentido de las acciones no importe, sino que son éstas las que darán en cada momento y lugar la medida de la justicia de las luchas. “Más que pensar en la lucha social en términos de justicia, hay que poner el acento en la justicia en términos de lucha social”. Este es, en mi opinión, el sentido del debate que, como se podrá comprobar, tiene mucho que ver con las actuales controversias entre modernidad y postmodernidad. Pues bien, lo que le molesta al Sr. Palermo -y me temo que a muchos otros- es que Foucault se niegue a entrar en el juego de la definición de las esencias, de la libertad, de la justicia, y prefiera hablar de la inmanencia de las luchas y las resistencias. Tanto le molesta que cree salvarnos a todos del peligro, convirtiendo a Foucault en un chalado, en algo así como un mero apologeta de la violencia o del asesinato político. Por cierto, hasta el mismo Chomsky, en un momento del debate y ante las interpelaciones de Foucault, se ve obligado a reconocer que no es un pacifista contra viento y marea: CH: “No afirmo que el recurso a la violencia sea malo en todas las circunstancias”. No contento con todo esto, el Sr. Palermo continua disparando sus balas: “La cosa no pasaría de la mera anécdota si no fuera por el catastrófico efecto que tuvieron las tesis de Foucault y los suyos sobre parte de la izquierda durante los años ochenta, cuando mucha gente se cansó de tener razón sin que el mundo le hiciera el menor caso y prefirió prescindir alegremente del mundo. El resultado fue una auténtica debacle relativista que concluyó, no podía ser de otra forma, con una desbandada hacia la derecha (sin ir más lejos, Jiménez Losantos tiene el discutible honor de haber introducido en España la obra de Lyotard a principios de los años ochenta)”. Ya tenemos a un culpable del alegre y generalizado desencantamiento del mundo, de la muerte de la acción política. ¿Qué ceguera, qué densidad ideológica –o grado de ignorancia- puede llenar la pluma que escribe esas líneas? ¿Foucault neoconservador? Para salir de ese atolladero, al Sr. Palermo le habría bastado quizás con seguir leyendo atentamente otros párrafos del debate: MF: “Su pregunta es: ¿por qué me intereso tanto por la política? Para responder de un modo muy simple diría: ¿por qué no debería interesarme por ella? ¿Qué ceguera, qué sordera, qué densidad ideológica tendrían que pesar sobre mí para impedir que me interesase por el problema sin duda más crucial de nuestra existencia, es decir, la sociedad en la que vivimos, las relaciones económicas con las que funciona, y el sistema que define las formas habituales de relación, lo que está permitido y lo que está prohibido, que rigen normalmente nuestra conducta? La esencia de nuestra vida está hecha, en último término, por el funcionamiento político de la sociedad en la que nos encontramos. Así pues, no puedo responder a la cuestión de por qué me intereso por la política, únicamente puedo responder preguntándome: ¿por qué no debería hacerlo?… Lo que sería un verdadero problema sería no interesarse por la política”. Pero la cosa no queda ahí. Si pensamos que la intención del Sr. Palermo, en último extremo, era presentar el pensamiento foucaultiano como la penúltima muralla levantada por la burguesía contra las ansias revolucionarias, se entiende mucho mejor entonces que no haga mención alguna a estas otras palabras: MF: “No, no creo en absoluto que nuestra sociedad sea democrática. Si se entiende por democracia el ejercicio efectivo del poder por parte de una población que no está dividida ni ordenada jerárquicamente en clases, está perfectamente claro que estamos muy alejados de la democracia”. O si quiere convertirlo en un defensor del quietismo político, es normal que se olvide de estas otras: MF: “La verdadera tarea política, en una sociedad como la nuestra, me parece que es criticar el juego de las instituciones aparentemente neutras e independientes… En primer lugar porque el poder político cala mucho más hondo de lo que sospechamos: el poder cuenta con centros y puntos de apoyo invisibles, poco conocidos; su verdadera resistencia, su verdadera solidez se encuentran quizás allí donde no se piensa. Quizás no basta con decir que, tras los gobiernos, tras el aparato de Estado se encuentra la clase dominante; es preciso situar los puntos de actividad, los lugares y las formas bajo los cuales se ejerce esta dominación… Si no se es capaz de reconocer estos puntos de apoyo del poder de clase se corre el riesgo de permitirles que continúen existiendo y de ver cómo se reconstituye ese poder de clase tras un proceso aparentemente revolucionario”. Continuando con el artículo, resulta sumamente revelador el intento de relacionar a Foucault con el incombustible Jiménez Losantos, por medio de una inestimable e indirecta comparación con Lyotard. Insisto en que si se interesara un poco más en el pensamiento del filósofo francés se daría cuenta de que está más cerca, por ejemplo, de la teoría crítica de la primera generación de la Escuela de Frankfurt que del postmoderno Lyotard, como reconoce el propio Foucault en una de sus entrevistas. La cuestión es meter a todos los herejes en el mismo saco y aquí paz y después no precisamente gloria. Pero yendo más allá del debate, si que lo que necesitan algunos para acercarse a los malditos heterodoxos es tranquilizar previamente sus conciencias, sería interesante que dedicaran algún tiempo a hojear otros libros, en los que podrían tropezarse con opiniones que mitigarían mucho la tentación, si es el caso, de convertir al pensador de Poitiers en un furibundo antimarxista a lo Jiménez Losantos. MF: “Aun cuando uno admita que Marx está hoy en vías de desaparecer, no hay duda de que volverá a aparecer. Es lo que yo deseo […]. No tanto la recuperación, la restitución de un Marx auténtico sino, muy probablemente, el aligeramiento, la liberación de Marx de los dogmas de partido que durante tanto tiempo lo han aprisionado al mismo tiempo que transmitían y esgrimían lo que él dijo”. Hay que reconocer que el pecado de Foucault es haber mantenido actitudes mucho más radicales –en el sentido etimológico de la palabra- que las de ciertos izquierdismos dogmáticos y clarividentes. El pecado ha consistido en atreverse a problematizar nociones como naturaleza humana, justicia, libertad, democracia, construidas siempre desde una cultura o civilización determinada –en este caso, la sociedad burguesa-. Todo ello con el consiguiente escándalo de todos aquellos que se consideran capaces de pasear todas las mañanas por el afuera de nuestra civilización capitalista, y desde allí dibujar con total nitidez –como si de un pincel divino se tratara- los contornos de tales nociones, retornando así de nuevo a nuestro mundo con el rostro de la futura Revolución perfectamente delineado. Podría referirme a las miles de páginas que dejó escritas. Podría recordar las decenas de imágenes de los años setenta en las que es posible vislumbrar la calva del filósofo francés -entre otros grandes pensadores como Sartre- encabezando diversas manifestaciones y asambleas a favor de los inmigrantes, los presos, los estudiantes, los trabajadores. Podría hablar de su vida revolucionaria, de su compromiso anticapitalista radical, pero sería demasiado extenso. En definitiva, un pensamiento complejo, pero sobre todo militante y profundamente comprometido con las víctimas de un mundo enloquecido. Un pensamiento que veinte años después sigue inspirando en diferentes sentidos a numerosos movimientos sociales de feministas, homosexuales, anarquistas, presos, enfermos mentales, antiglobalizadores, etc, no merece este pelotón de fusilamiento. Ya sabemos que los pensamientos reaccionarios, incapaces de neutralizarlo, desean verlo morir por las balas de sus mismos compañeros de barricadas. Pero no les hagamos el juego. Las mismas barricadas que, a pesar de los malentendidos, él compartía con Chomsky, y en las que nos hemos encontrado Darwin Palermo y yo. En algo estoy de acuerdo con el autor del artículo. Coincido con él en que toda esta situación que nos ocupa va más allá de la mera anécdota. Pero no –como señala- “por los efectos catastróficos que para la izquierda ha tenido el pensamiento de Michel Foucault”, sino, muy al contrario, por los desastrosos efectos que se siguen de descalificar un pensamiento crítico revolucionario, por el simple hecho de que no se adapta como un guante a los rígidos marcos de un cierto pensamiento de izquierdas dogmático y decimonónico. Estoy seguro de que Darwin Palermo y yo nos seguiremos encontrando en aquellas barricadas levantadas contra la estupidez de la moral burguesa y las políticas neoliberales, barricadas como las de Rebelión, dicho sea de paso. Pero espero que sea construyendo en el futuro un pensamiento de izquierdas con mejores y más abiertos argumentos. Y en ese camino hay grandes pensadores que nos han aportado valiosas herramientas. ¿Olvidar a Foucault? Lo que no se puede olvidar es que para entender a un filósofo hay que tomarse la molestia de leerlo. * Josu Cristóbal De-Gregorio. Profesor de Filosofía del Derecho. UNED jcristobal@der.uned.es

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Leggiamo Tronti? Obreros y capital hoy

Nicolás González Varela

 

Leggiamo Tronti? Obreros y Capital hoy

 

Nicolás González Varela

fliegecojonera.blogspot.com

 

Había una vez un libro de culto, un libro de destino. Aquí la propia escritura y el texto tienen un carácter divino (como en la Antigüedad, donde había libros ‘celestiales’, ‘sagrados’, ‘litúrgicos’). Que se prestaba con recelo, que circulaba como un auténtico ‘Samizdat’ entre los jóvenes del ’68 italiano (como circulaban los textos de Daniel Guerin entre los franceses). Sólo lo conocíamos por referencias indirectas, citas oscuras o críticas desenfocadas que aumentaban nuestro apetito. Borges dice que las obras maestras suelen ser hijas del azar o de la negligencia. Este libro decisivo y secreto es fruto azaroso de la militancia política. Recuerdo el temblor cuando un editor de la mítica editorial Siglo XXI (que se había exiliado en México debido a la dictadura argentina) me prestó un ejemplar en italiano (¡la edición original de Einaudi de 1966!) para que lo fotocopiara en el día y se lo devolviera. El libro tenía un título enigmático: ‘Operai e Capitale’. Obreros y Capital. No se trataba de una obra íntegra, sino una serie de artículos escritos entre 1962 y 1966. Su autor era un desconocido universitario, militante del PCI en la sección de Ostia (cerca de Roma). Como toda la nuova sinistra italiana de posguerra el libro surgió de una experiencia editorial y de intervención práctica que marco época: los ‘Quaderni Rossi’ (Cuadernos Rojos, con el siguiente motto: ‘espressione di un lavoro teorico e practico di militanti impegnati nelle lotte sindicali e politiche del movimento operaio’). Producto de la maduración de una generación de militantes (y en especial del extraordinario Raniero Panzieri) el desarrollo de un nuevo marxismo crítico y abierto, capaz de realizar una condensación y síntesis de la rica cultura política del ’56, la ‘altra linea’. La nueva crítica se afirmaba en una superación del marxismo tercerointernacionalista (Kritik fuertemente anti-idealista y anti-historicista que intentaba una superación ‘classista’ del estatalismo socialdemócrata y del capitalismo de estado stalinista) y un “ritorno a Marx” serio y filológico (el mismo Panzieri había sido editor en Einaudi y traductor del tomo II de “EL Capital”). La figura liminar de Panzieri amerita un artículo completo pero podemos decir que después de haber participado entre 1956 y 1958 en la experiencia del ala izquierda del PSI (con Rodolfo Morandi) había propuesto reformulaciones sobre una estrategia de controllo operaio en alternativa a las direcciones reformistas sindicales (tesis escritas con Lucio Libertini) para madurar hacia 1960 la necesidad imperiosa de una refundación de la política de organización del nuevo movimiento obrero. Influenciado por Della Volpe (pero también por intentos de sincretismo de la fenomenología con Marx de Giulio Preti) y su idea de reproponer al marxismo como análisis científico de la realidad. El mismo Tronti recordaba la fortuna de haberse topado en la Facultad de Letras de Roma con el marxismo de Della Volpe. No sólo Della Volpe, no sólo Roma: se leían y traducían trabajos de la nueva sociología del trabajo norteamericana, de revistas francesas como ‘Socialisme ou Barbarie’ o ‘Pouvoir Ouvrier’, textos ya canónicos como los de Daniel Mothé y su ‘Journal d’ouvrier’ o experiencias prácticas como las de Cremona (primera co-investigación militante), en las que Danilo Montaldi intentaba desarrollar una nueva cultura política. El espíritu era una paradójica opposizione comunista al comunismo. Pero no era suficiente simplemente constatar la superioridad y autosuficiencia de los clásicos, se trataba de demostrar prácticamente el fundamento del nuevo marxismo no sólo recuperando el discurso del método sino traduciéndolo en intervenciones y conclusiones prácticas coherentes, eficaces. Los Q.R. se proponían no sólo romper totalmente con la ortodoxia, sino además superar los nuevos revisionismos (ideólogos del neocapitalismo, de la neutralidad de la técnica, del fin de la clase obrera) para logra una rilettura de Marx con la reconstrucción de nuevos instrumentos operativos. En la inédita revista colaboran militantes de partidos de toda la izquierda, como Romano Alquati, Alberto Asor Rosa, Dario Lanzardo, Massimo Paci, Antonio Negri (que venía de una experiencia católica), Mario Tronti, además de sindicalistas (Foa, Garavini, Pugno, Alasia). Las primeras divergencias produjeron en 1963, Alquati, Gasparotto y Gobbi fundarán “Gatto Selvaggio”, un volantone que describe las formas de las nuevas luchas y pone en cuestión los modelos sindicales. Una divergencia más profunda surge después del tercer número de la rivista: los miembros del llamado Gruppo Romano (entre ellos Tronti y Asor Rosa) que darán origen a otra publicación y a otro grupo político: ‘Classe Operaia’. Las divergencias centrales eran entre Panzieri y Tronti; para el primero la centralidad es de las relaciones de producción y la crítica a la pretendida neutralidad del desarrollo científico-técnico (l’uso capitalistico delle macchine, como se titulaba uno de sus artículos más destacados que critica tanto al capital como a la URSS). Las relaciones de producción están siempre dentro de las fuerzas productivas. Las relaciones de producción son siempre, según Panzieri, relaciones de poder, por eso se las reclama como clave de lectura del nuevo conflicto social, de las recomposiciones de clase, del nuevo despotismo del capital y de las transformaciones en la forma del estado. ¿Cómo se las lee en su materialidad? Con un viejo método de la encuesta obrera empleado por Marx en 1867: la co-investigación militante (co-ricerca). La muerte imprevista de Panzieri (octubre 1964) acentúa la crisis de los ‘Q.R.’, que sobrevive produciendo una serie de publicaciones (Cronache, Appunti, Lettere) que serán la vigilia del movimiento del ’68. Decíamos que el Gruppo Romano lanzará, luego de separarse de los ‘Q.R.’, un ‘giornale politico mensile degli operai in lotta’, desarrollando muchas de las intuiciones panzierianas pero encuadradas en las coordenadas de la divergencia que Tronti tuvo en 1962. Ya en el ensayo ‘La fabbrica e la societá’ está presente el núcleo teórico no sólo de la divergencia con Panzieri sino el alma de toda una corriente del futuro Operaismo: la clase obrera es el motor del desarrollo capitalista. Se invierte así las intuiciones de la metodología de los ‘Q.R.’, mientras en Panzieri es el desarrollo capitalista el que determina la posibilidad de un nuevo nivel de luchas, para Tronti el desarrollo no es otra cosa que una funzione de la lucha obrera dentro del proceso productivo. En la editorial del primer número Tronti, el famosísimo artículo Lenin in Inghilterra, exaltará todavía más esta contraposición. Hemos visto (por la experiencia en ‘Q.R.’) ‘primero el desarrollo capitalista, después las luchas obreras’. Es un error, dice Tronti, el principio è invece le lotta de classe operaia. El desarrollo del capital se halla subordinado a las luchas, se despliega tras ellas y a ellas se debe el mecanismo político de la propia producción. La fuerza-trabajo nace históricamente homogénea sobre el plano internacional y esta homogeneidad es la que constriñe la forma de dominio del capital. El debate, aunque pareciera puramente académico, se daba sobre el intento de intervenir en la propia lucha de clases: la rottura politica en los ‘Q.R.’ se superponía sobre la lucha victoriosa de los trabajadores metal mecánicos (el mítico suceso de Piazza Statuto en julio del ’62). En el balance del ciclo de luchas que había quebrado el nexo PSI/PCI-sindicato, emergen dos orientaciones: una, la del grupo de Panzieri, el éxito de los trabajadores no sólo confirmaba la incapacidad de la burocracia sindical oficial y sus métodos reformistas, sino señalaba una amplia derrota política de la clase obrera en su conjunto (por ejemplo: la lucha exhibía que ciertos elementos de conciencia política no están implícitos en la combatividad sindical, aún siendo esta altísima y extrema); la del grupo romano (con Tronti y Negri) por el contrario, la derrota sindical de la lucha ha determinado ya en los hechos (en especial en las grandes usinas, la FIAT) un verdadero salto cualitativo de la clase o mejor dicho: de su avanguardie de massa, que no comprende pequeños núcleos de trabajadores, sino la fábrica en su conjunto, con capacidad de guiar en la lucha, como objetivo consciente y organizado, respecto a lo cual elemento sindical es un mero pretexto. Mientras el grupo panzieriano retiene prioritario objetivos de trabajo más cautos y menos optimistas (que apuntaban a una recomposición política de la clase), Tronti retiene ‘en acto’ la recomposición misma de la classe, incluso se ensaya una idea de rotura y revolución a corto plazo. Por supuesto que subyacían a la elaboración de las líneas afinidades políticas (Panzieri con el ala izquierda del PSI; Tronti con su propia militancia en el PCI), modelos teóricos y experiencias de militancia diversa: si el principio de todo es la lucha de clases y, en especial, si la ‘Arbeitskraft’, la fuerza-trabajo es ‘ya’ clase obrera, prescindiendo del lado material de sus organizaciones y del grado de desarrollo del estado y el capital, si el desarrollo político de la classe es el presupuesto teórico del modelo, todo se justifica. Es un círculo vicioso, una hipostatización de un Sujeto ideal: la classe es puesta como sujeto y se excluye todo lado objetivo, todo lo que no sea variable a sí misma, todo está ‘ya’ puesto en el sujeto mismo y todo es como parte de su propia realización. Es un vicio neohegeliano, y ya Panzieri capto este sujeto ideal ‘ya’ puesto como ‘è molto hegeliano, in senso originale, como modo nuovo di rivivere una filosofia della storia. Ma è appunto una filosofia della storia, una filosofia della classe operaia…’ Lo que se extrae del discurso de Tronti es que el capitalismo vive sólo por autosugestión, concluía pesimista Panzieri. ‘Classe Operaia’ inicia su publicación mensual en enero de 1964 con una redacción impresionante: Romano Alquati, Massimo Cacciari, Luciano Ferrari-Bravo, Mario Tronti y Antonio ‘Toni’ Negri. Las colaboraciones son numerosas, con redacciones locales en Milán, Torino, Génova, Firenze, Mestre. Recordemos los nombres de Sergio Bologna, Enzo Grillo (traductor de los Grundrisse de Marx), Adriano Sofri. El propio equipo redactor funciona como centro de agregación política para un trabajo de intervención en la fábrica. Los artículos son en su mayoría anónimos. La atención principal es dedicada a la lucha obrera: análisis de las formas de lucha, categorías de participantes (metalúrgicos, textiles, etc.) participación del estado y de partidos políticos, balance de la lucha sindical, todo en números monográficos. La noción fundamental trontiana (prioridad teórica, histórica y política de la classe) impregna toda la revista, cuya experiencia política hará una parábola que parte de la idea de un conflicto de clase amplio y general para concluir con un repliegue que considera el “uso táctico” realista del viejo PCI. Tronti ya había invertido la vieja fórmula y reclamaba la estrategia como un hecho inmanente a la clase y que el partido es sólo instrumento de la táctica. Si inicialmente servía para justificar y explicar la madurez política de la clase obrera (toda hecha expresión en las luchas), apenas el grupo se encuentra con dificultades políticas en su intervención práctica, la misma sirve ahora para justificar un re-ingreso al PCI legitimado del propio “uso” táctico de los trabajadores comunistas. “C.O.” es una experiencia teórica y política singular, izquierdo-hegeliana, de un lado progresiva y muy de izquierda (con connotaciones de superar el leninismo); por el otro lado, involutiva y reaccionaria. Pero en sus contradicciones es el laboratorio de una elaboración de ruptura, de una creatividad en el retorno a Marx, la trontiana, acta de nacimiento del Operaismo moderno que surge como rara síntesis y punto de cristalización entre la cultura crítica del ’56, las lecciones teóricas de Panzieri, la nueva hermeneútica sobre los textos clásicos e incluso con acento neohegeliano. La experiencia “C.O.” no se reduce a Tronti: allí están los soberbios análisis sociológicos y de co-ricerca en la fábrica de Romano Alquati, primeros análisis de la composición y estratificación interna del proletariado (luego reunidos en otro libro mítico: Sulla FIAT e altri scritti); la serie de análisis sobre al formación de la ideología de la cultura de Alberto Asor Rosa, crítica ácida al inocente populismo de la cultura de izquierda (reunidos en el volumen Intellettuali e classe operaia); incluso Antonio Negri intentando expurgar los vicios ideológicos del trontismo. Alquati, recordando esta etapa, afirmaba que la diferencia fundamental de Tronti respecto al marxismo oficial era la valorización y énfasis cambiado de la más notable fórmula marxiana: el Doppel Charakter del trabajo. Recordemos que para Marx (en el tomo I de Das Kapital) el trabajo bajo el capital tiene un carácter bifacético, que genera movimientos antitéticos. El fetichismo del capital es una caja de Pandora con varias antinomias superpuestas, pero retenía Alquati, Tronti destacaba este doble carácter del trabajo colectivo como estratégico y medular, dándole incluso un énfasis más allá (o acá) de Marx. Era el encuentro inédito entre una nueva clase obrera y una nueva manera de entender la tradición clásica. El discurso sobre la autonomía de la classe nace de esta verificación (aunque sus raíces están en Morandi) de esa mercadería especial llamada “Arbeitskraft” y su potencial negatividad (su no-identificación con los procesos e instituciones del capital, quizá la más grande lección práctica del trontismo). Lo cierto es que había nacido una nueva Tendenza político-teórica destinada a influenciar a toda la nueva izquierda, italiana o no-italiana. La más importante experiencia política, “Potere Operaio”, tendrá como texto sagrado nada más ni nada menos que el libro de Tronti: “’Operai e Capitale’ era la bibbia di Potere Operaio”, recordaba Greppi. Pero antes la propia “C.O.” sufrirá su propia rotura interna, un hilo rojo que atravesaba el problema de autonomía y nueva organización (=partido). Para Tronti el primer objetivo había sido evitar la socialdemocratizzazione del PCI, para luego recomponer adecuadamente la relación clase-partido, como lo señalaba en un número dedicado al tema del partido de clase (Nº 10-12). El slogan era “l’uso operaio del partito”. Y “C.O.” serviría no como germen de una nueva forma organizacional, sino una experiencia pedagógica de formación en contacto con la lucha real, de un gruppo dirigente, que podría luego fungir en la Gran Política, re-introducirse en el PCI (y la CGIL, la central obrera comunista) para darle sentido revolucionario con su relación material (ontológica) con la nueva vanguardia. Tronti recuerda que el motivo final de la ruptura fue está evolución no-intencional de la rivista, que se estaba transformando en un grupo alternativo, en un esbozo organizativo que enfrentaba y competía con la burocracia stalinista en todos los niveles. Rita Di Leo, la más trontiana con Asor Rosa, explicaba que pujaban dos almas en el grupo: una, que quería ayudar al PCI a recuperar su via regia con las luchas obreras; otros que consideraban a “C.O.” como una posibilidad de golpear y superar al PCI en un nuevo nivel. Sobre esta consigna se consumo la nueva escisión. La identidad entre soggetto sociale y el partido histórico (futura perspectiva de la “Autonomía de lo político” del tardo Tronti) ya estaba presente en la primera editorial. Ya Negri en dos artículos (Il comitati di classe di Porto Marghera; Operai senza alliatti) intentaba poner el peso sobre esta identidad pero apuntando hacía otro lado: sobre el comité de base señalaba sin titubeos que las bases y condiciones materiales de una organización están dadas. En otro artículo de 1965 (Lenin e i Soviet nella rivoluzione), aunque no entra de fondo en el debate demuestra que opone el Lenin “loco” de las tesis de abril al Lenin conservador y jefe de estado de Kronstadt y la NEP: ruptura de las masas frente a continuidad. Su búsqueda era radicalizar hacía la izquierda la hipostatización trontiana, mostrando una resistencia clara al nuevo discurso sobre las instituciones del movimiento que comienza a penetrar en los integrantes provenientes de la experiencia comunista. Para Negri la cuestión será otra: “¿Cuáles son las formas a través de las cuales la clase obrera internacional amenaza el desarrollo capitalista? Es éste el nuevo interrogante científico, el nuevo horizonte…”. La ruptura será inevitable, lo que dará forma a una nueva solución de compromiso, la revista “Contropiano”, creada bajo el impacto del mayo italiano del ’68, junto con Asor Rosa y Cacciari (solución que duró dos números) cuando Negri definitivamente opte por el Lenin “loco” anti-partido de 1917: “si el desarrollo sabe ser crisis, si sabe ser estado y violencia… entonces el antagonismo revolucionario de la clase obrera debe recobrar la primacía leninista del romper… romper, enseña Lenin, romper el eslabón más débil de la cadena” (Marx sul ciclo e la crisi; Contropiano, Nº2, 1968, siempre reconociendo la deuda con Tronti). Al final de este artículo la dirección de la revista publica un breve comunicado donde anuncia la renuncia de Negri al equipo editorial. Pero esta ya es otra historia… Mientras Tronti realiza una autocrítica a su pecado de la época de los “Q.R.” que demuestra que la otra cara del idealismo del Sujeto proletario es la aceptación acrítica de la más vulgar empiria: la propia historia del PCI. Reclamando una nueva relación espontaneidad (classe)-organización (partito), Tronti abandona a Lenin en Inglaterra, mientras redescubre al viejo partido comunista en Italia. La Gran Mediación del partido leninista de cuadros es indispensable/irremplazable (ya está allí al autonomía de lo político de nuevo) y sólo un “uso operaio” (que no puede ser pacífico) puede re-establecer la tensión hacia la propia clase. La palabra de orden es que el PCI cambie su línea política, adquiera una cultura proletaria, liquide el populismo y se revitalice en un contacto prístino con la fabbrica. Ninguna crítica a la realidad material de las instituciones históricas: la separación entre activos y pasivos, su propia composición social, su naturaleza des-representativa, su metamorfosis burguesa en el estado de partidos, su separación estructural con el movimiento, la naturaleza alienante de la propia mediación política sans phrase. La crisis de las hipótesis trontianas y las resistencias internas se puede seguir sismográficamente en la periodicidad de la rivista: ocho números en 1964; cuatro en 1965, dos en 1966. El último número de “C.O.” sale en 1967: la objetividad material refuta toda su arquitectura neohegeliana, se verifica la importancia y fuerza de las instituciones históricas de la clase obrera, el valor y el espesor en la mediación de la política burguesa pero también el instinto de innovación y creatividad (ruptura) del nuevo movimiento obrero. No es casualidad que en el Poscritto a la segunda edición de “Operai e Capitale” (1971), Tronti manteniendo su coherencia teórica, descubre que la América política de ayer (la de los años ’30) será nuestro presente histórico de hoy. El “New Deal” es la demostración histórica de cómo una gran iniciativa capitalista es una gran victoria de los trabajadores. Roosevelt es el resultado, in positivo, de la supremacía de la lucha obrera. El Geist obrero puede y quiere desplegarse y encarnarse en cualquier forma; la Will zur macht proletaria se funcionaliza siempre persiguiendo sus propios fines, sin preocuparse de la materialidad de las relaciones de producción, de la naturaleza alienante del capital, del fetichismo de la mercancía. La classe, por definición, puede hacer un uso “in-mediato” de la Mediación (aunque suene tautológico). Embarazoso es seguir las ondas de los ciclos de lucha y las constantes traducciones/traiciones que intenta Tronti: la lucha explota en el ’68, y se mantendrá en el más alto nivel en Occidente hasta 1972, es como si su teoría, gelatinizada en el reflujo y pasividad obrera del 63-66, intentara salvaguardar intacto el ideal del Sujeto. Primero utilizará al propio Hegel (al Hegel más político, título de su libro de 1975); después intentará rescatar la pulsión populare de la revolución inglesa; luego participará del descubrimiento italiano del decisionismo de Carl Schmitt (Marx dopo Schmitt). Todo concluirá con la tesis que cierra toda una parábola: el Político (con mayúsculas, pero en modo particular el partido, que ya a esta altura puede ser incluso la socialdemocracia¡¡¡) es ya totalmente autónomo, de la misma clase obrera, de sus luchas, de sus subjetividades, de sus intereses y necesidades. Ahora la classe concede ella misma la autonomía al partido, liberándolo de la estrecha representación de sus intereses sectoriales, tratando a su propia lucha con autosuficiencia, como momento particular (¡dialéctica!) privado de importancia y que el Político puede cancelar. Ahora el partido puede ser indiferente, incluso oponerse a la misma lucha de clases, puede tranquilamente reprimir (ya lo hará el 7 de abril), porque él ya es, en todos los casos, la expresión (el Ausdruck hegeliano) más auténtica de la classe. Se inaugura la época del ingreso en el Político de las nuevas fuerzas sociales, realizando un doble salto mortal sobre la alienación de la forma representativa burguesa y la reducción de la política al profesionalismo del estado de partidos… Un largo camino ha llevado a Tronti de la autonomia operaia a la autonomía del político, por lo que deberíamos tomar seriamente la matriz filosófica-política (que algún lector atento como Sbardella o Meriggi han definido como de naturaleza idealística `a lá Gentile, actualística y neohegeliana). Muchos creen que la actual posición política de Tronti es una contradicción con sus posiciones de “Operai e Capitale”; otros simplemente coherencia y continuidad. Como sentenciaba Negri, aunque “Quaderni Rossi” y “Classe Operaia” fueron un salto elevadísimo en la teoría, hoy son ilegibles para nosotros y la propia militancia. Se encuentran demasiado situados, demasiado determinados, demasiados ligados a la figura del trabajador fordista de la FIAT. Sin embargo, leggiamo de nuevo a Tronti aunque sepamos que el rojo que se avecinaba en sus textos no era el del amanecer sino el del crepúsculo de una figura social.

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¿Para que una encuesta de clase?

Joan Tafalla

¿Para qué una encuesta de clase?

Joan Tafalla

(Publicado en el número de diciembre de En Lucha)

El concepto de clase y de lucha de clases está devaluado entre la izquierda postmoderna europea. La asunción del discurso dominante comporta la idea de la lucha de clases como concepto inoperante, inútil. Por un lado, la izquierda institucional sólo hace políticas de gestión del capitalismo en su fase actual. Por otro lado, sectores de la extrema izquierda sesentaiochesca, reciclan su discurso en forma de anti-globalización, democracia radical, ecologismo y feminismo. Luchas todas ellas necesarias y respetables y respetadas por el abajofirmante pero  integrables y  a menudo, integradas. Sólo exiguas minorías, tratan de realizar análisis de clase que incorporen los nuevos fenómenos en una perspectiva global. Minorías exiguas pero existentes y operantes.

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