Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Reflexiones marginales sobre el significado económico-político de la Constitución Europea actual, y de la futura

Diego Guerrero Jiménez

http://pc1406.cps.ucm.es

Enero de 2005

[1. Introducción, p. 1; 2. La CE, entre la política y la economía, y la lucha competitiva mundial, p. 2; 3. El poder constituyente europeo, p. 9; 4. La Constitución Europea: ¿mercado o democracia?, p. 12; 5. La constitución europea del futuro, p. 15; Referencias, p. 19]

Aunque este breve artículo tiene que ver con la Constitución Europea (CE), en él no se van a comentar las declaraciones y prescripciones que la misma contiene, ni siquiera aquellos de sus artículos que recogen las normas de mayor contenido económico. En realidad, este artículo podría haberse escrito sin haber leído siquiera esta Ley de leyes que están a punto de aprobar los ciudadanos de la Unión Europea (UE).

Lo único que se pretende hacer es calibrar el alcance histórico de este importante paso en la construcción político-económica mundial desde un punto de vista mucho más general y sistémico, sobre todo en relación con lo que dicho paso supone y supondrá en la debatible marcha del capitalismo en dirección hacia el comunismo.

No hará falta por consiguiente entrar en el detalle de los derechos y deberes de contenido económico que quedarán garantizados o meramente recogidos en la CE, ni en el recuento de los órganos e instituciones que se encargarán de poner en práctica las diferentes actuaciones de política económica, ni en el tipo de relaciones que existirán entre ellos, etcétera, porque partiremos del supuesto de que, aunque muy novedosa por el ámbito de vigencia de esta nueva norma, desde el punto de vista de su contenido esta Constitución no puede sino ofrecer un carácter fundamentalmente continuista, como corresponde a todas las normas supremas de que se han ido dotando los países capitalistas en los dos últimos siglos o, con mayor exactitud, desde la instauración y consolidación en ellos del régimen capitalista.

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Europa y el Imperio

Toni Negri

Prefacio   1. Descripción del texto Estos escritos sobre Europa, esto es, sobre diversos aspectos del proceso de la unidad europea, han sido redactados a partir de la segunda mitad de la década de 1990. Son escritos de carácter bastante distinto, a veces análisis o intervenciones ocasionales, en otros casos reflexiones ligadas a determinados acontecimientos (la invasión de los albaneses sobre las costas de La Puglia, la guerra de Kosovo, la segunda guerra iraquí, las diversas etapas del debate sobre la construcción de la unidad europea, las discusiones políticas que, entre Francia e Italia, tuve oportunidad de seguir a partir del fatídico 1989 soviético). Los que aquí se recogen no son todos los escritos que redacté en la década de 1990 sobre el tema de Europa. Hay otros que no he podido encontrar y que formaban parte de la literatura de movimiento, algunas veces conservados en forma de grabación, pero de la que no existe texto escrito. Se podrá advertir que esta reflexión, en sus diversos momentos, presenta desequilibrios e incertidumbres, idas y venidas: para quienes han luchado en el movimiento comunista, no fue fácil volver a Europa. Pudimos volver de lleno a ésta a través del movimiento global, sólo después de Seattle. Pero cuando volvimos, como se podrá comprobar leyendo estos textos, fuimos capaces de hacerlo con un cierto entusiasmo. Me hubiera gustado añadir a los textos aquí recogidos el prefacio del libro Lenta Ginestra[1] <cid:part1.05030203.08060602@sindominio.net>, cuyo título es «Leopardi europeo». El editor considero que suponía añadir una carga inútil al texto. A mí me parecía, por el contrario, que podía constituir una metáfora interesante: se trataba de la tenaz esperanza de una nueva sociedad civil, propuesta fuera del recuerdo de la derrota de la Revolución francesa, el dispositivo de un nuevo sujeto político dentro de la construcción de un nuevo espacio de liberación… Y tal vez una referencia a Leopardi podría haber resultado útil a su vez para indicarnos la manera de responder a todos los «euroescépticos»: se trata sobre todo de los viejos mentores del socialismo «que tiene una patria» (nosotros, por el contrario, estamos de parte de los comunistas que «no tienen patria»). Con respecto a los burgueses de su tiempo, Leopardi albergaba nuestro mismo desprecio y la tomaba con los grunf-grunf italo-escépticos de aquella época. El hecho es que todavía no logro entender –tal vez porque he atravesado todas las fases de construcción del discurso europeo– cómo es posible negarse a ser al mismo tiempo comunistas y federalistas europeos. Europa es una ocasión interesante para volver a poner en juego, en el interior de la globalización, aquellas subjetividades fuertes que ya se han alzado dentro de una historia de liberación, y para proponer una innovación tanto del espacio político como de los dispositivos democráticos. 2. Motivos biográficos de europeismo He sido siempre europeísta y un federalista convencido. Reproduzco aquí, en el apéndice, un artículo de 1955 (tenía 20 años); se trata de un comentario de la propuesta europeísta de Emmanuel Mounier: un artículo bastante ingenuo, pero convencido de que la Europa unida era necesaria y de que no habría podido llegar a la unidad de no haber sido socialista. Un año después, en 1956, coincidiendo con la insurrección húngara y con el informe Kruschev sobre las atrocidades del estalinismo, entré en el movimiento obrero, persiguiendo un sueño de justicia y con la convicción de que el capitalismo debía ser destruido. Aún no era marxista; era, por así decirlo, un comunista ingenuo y espontáneo… y ya europeísta. He seguido siendo europeísta a través de todo el recorrido posterior por el marxismo. ¿Por qué? ¿Fue acaso para mí, aquel ser europeísta, una ilusión de provinciano? No, el europeismo señalaba y construía un espacio de libertad, precisamente fuera y contra la provincia italiana (y también de la del socialismo y/o el estalinismo). Europa representaba un signo de eficiencia productiva, de madurez de los espíritus, de modernización cultural… Cuando cumplí quince años comencé a recorrer Europa haciendo autostop, de aquí para allá. A los veinte años Europa ya se había convertido para mí en un verdadero terreno de ciudadanía intelectual. Era un cuerpo común, una experiencia de libertad. El aprendizaje universitario, la emancipación sexual, la aventura… Y luego las experiencias musicales, deportivas, tan distintas de las que permitía la provincia italiana… Y más tarde, cada vez más, la complejidad cultural, las complicaciones del aprendizaje, el placer del mestizaje lingüístico y corpóreo… un conocimiento distinto. Atravesar Europa, conocer cada uno de sus aspectos territoriales y culturales, sus universidades, ya no era entonces, en la década de 1950, internacionalismo: era algo distinto, una experiencia cultural y política que se plegaba sobre sí misma y miraba desde dentro la experiencia común de los europeos, tanto en las deshonrosas tragedias locales como en el espíritu que desde el Humanismo determinara la fortuna del continente. ¡Abajo la patria y muerte de la burguesía! Siempre en Europa se realiza la paradójica transvaloración de los valores que considera europeo a aquel que, más allá del color de la piel o de la miseria del explotado, consigue estremecerse, transformar la memoria de la supervivencia y de la explotación en arma de ataque y de hegemonía. En la década de 1950, Europa se presentó a mis ojos como dispositivo antifascista y anticapitalista. No se trataba de un pequeño fascismo, ni de una pequeña explotación, sino de los profundos y terribles del odio de lo universal y de la destrucción de lo humano… Fue en Europa donde comprendí el valor de la Resistencia, de la antifascista y de la clase, de la guerra civil contra el terror de la burguesía. Me acuerdo de los primeros amigos europeos que me hablaron de Auschwitz como símbolo de la Europa que fue. Pero también de aquellos que me hablaron de Europa como territorio de la clase obrera en lucha. Son contradicciones que un muchacho de veinte años construye en sí mismo como tensión irrefrenable para vivir una vida. Las luchas de la clase obrera han formado Europa. Ahora, reflexionando en mi madurez sobre la que fuera mi percepción de Europa, la Comuna de 1871 enlaza directamente con la revolución de 1917, con el «otoño caliente» italiano de 1969 y con las luchas parisinas de 1995-1996… En esta sucesión, los derechos de los trabajadores se han extendido y han construido el esqueleto, la estructura, el cuerpo de los derechos de todos los ciudadanos. Europa se ha tornado en construcción de libertad. Pero pasemos al hoy: aquí ya no se trata de recuerdos, sino de experiencias directas, que la memoria no contradice. En efecto, cuando se da la globalización, Europa se presenta como formidable testigo de una libertad que ofrece a los demás continentes apoyo y símbolos de resistencia y de alternativa. En la globalización, Europa se torna en un espacio de resistencia. Por supuesto, si es cierto cuanto hemos dicho hasta ahora, la resistencia no es un concepto negativo: por el contrario, recupera todos los caracteres de libertad y los dispositivos de construcción de derecho cuya constitución a través de nuestros cuerpos hemos comprobado y sentido hasta este momento. 3. A propósito de resistencia Llegado un cierto punto, en la historia italiana y europea empezaron a hablar de Europa los hombres de la «tercera vía», los Rosselli, los Spinelli… «Tercera vía» quería decir la libertad más el socialismo… Eran pasiones también de los mejores resistentes socialistas y comunistas, Emilio Lussu y otros hablaban de ello… Por lo demás, encontramos un patriotismo europeo como el de Giustizia e Libertà ampliamente difundido en la conciencia intelectual y moral de los europeos de la postguerra. Es un intento, a veces desesperado pero a la larga ganador, de mantener unidos comunismo y libertad. Desde el Vittorini del Politecnico a los Panzieri y los Fortini de los Quaderni Rossi, y luego progresivamente en las sucesivas y repetidas crisis del PCI, encontramos esta consigna que muchos tacharon de ilusión. El socialismo y la libertad podían caminar juntos, en Europa. Los que abandonaban el PCI, pero sin convertirse en traidores ni refugiarse en el inmundo regazo de la derecha, siguieron considerando Europa como un espacio deseante de libertad y justicia. No pretendo hacer una historia sagrada, tan sólo trato de leer la perspectiva de una «tercera vía» siempre derrotada… en Italia, en Europa. Aquellos que no han vivido esta experiencia en el fondo del alma, puede decirse que han vendido su alma al diablo. Ahora bien, ya no hay «tercera vía», porque una de las dos posibilidades que la historia nos presentara ha dejado de existir. Giustizia e libertà continuó resistiendo en solitario, sola contra el capitalismo y sola contra la socialdemocracia, que no es sino una alternativa mistificada de gestión del primero. Aquella resistencia derrotada resurge, decimos, contra la Razón de Estado de derecha y de izquierda. Europa es el sueño de una cosa esperada, de justicia y de libertad. 1968 hizo verdad este sueño, lo hizo concreto. En los años posteriores a 1968, las luchas de los obreros y de los estudiantes en Europa hicieron global esta apertura de programa. Y, cuando la larguísima guerra civil europea de la modernidad entre católicos y protestantes primero, y luego entre liberales y comunistas, entre occidentales y orientales, y otras tantas que podríamos citar, ha terminado; cuando ya no son dos sino uno el que manda y la alternativa significa reconstruir el dos y ya no sencillamente experimentar una «tercera vía»: pues bien, nosotros, comunistas y europeístas, sentimos representar la continuidad de la resistencia y la reconstrucción de un nuevo proyecto de transformación finalmente más allá de la guerra civil europea, por una Europa de las libertades. Por esta razón los movimientos antiglobales, releyendo su propia historia a la luz de estos acontecimientos, se proclaman hoy europeístas. Europeístas fuertes, constituyentes, que asumen la responsabilidad de lo nuevo y de la esperanza, y al mismo tiempo denuncian, combaten y destruyen todo resurgimiento fascista de la Patria y del Estado.

4. Contra la Convención, por la Constituyente Ha habido mucha prudencia en los movimientos, a lo largo de toda la década de 1990 y al principio del nuevo siglo. Sin embargo, ahora la suerte está echada: un manifiesto por la Europa unida, que no respalde el proceso de neutralización del ansia de libertad de las multitudes, dentro y contra el Imperio y, por lo tanto, por una Europa libre y comunista –pues bien, ese manifiesto comienza a vivir en las conciencias. Frente a éste, se ha presentado una Convención que castra, desde el punto de vista de las elites de los gobiernos y de los Estados-nación, el trabajo de los movimientos para construir un demos revoltoso, un pueblo jacobino europeo. Escribiremos entonces, en las luchas, un Manifiesto contra la Convención: éste es el producto necesario del optimismo de una razón que sabe que el movimiento es potente, así como de una medida exacta de la ferocidad destructiva del adversario (pesimismo de la voluntad). Así, pues, Constituyente contra Convención. Una constituyente que recoja la Europa de las multitudes, una constituyente federalista, contra todos los fetiches fascistas e identitarios. No una Europa de las Patrias, porque Verdún y el Piave masacraron semejante ilusión; no una Europa de los Pueblos (Habermas y Derrida deberían aprender a reconocer en los movimientos, antiglobales y por la paz, ya no matrices populares sino rizomas multitudinarios): en definitiva, lo que queremos, lo que podemos, es una Europa de la democracia absoluta. La Constituyente se forma en torno a una voluntad federalista que no conecta impotentes y represivos Estados-nación, sino que descubre la convergencia singular de las multitudes europeas, poniendo de manifiesto sus deseos, exaltando sus tensiones, satisfaciendo sus exigencias, organizando su potencia. ¿Qué constitución europea queremos? Una Constitución contra la guerra, contra el trabajo asalariado y el beneficio, contra la representación liberal y la delegación –una Constitución por la paz, por la renta de ciudadanía y la distribución igual de la riqueza, por la expresión multilateral y multiniveles de las multitudes… Sin embargo, el problema no consiste tan sólo en obligar a las elites a doblar la cerviz y a que hojeen nuestros Cahiers de doléances –no, el problema consiste en hacer que surja la potencia constituyente de las multitudes. Aquí, en Europa, la Constituyente es ya imperial, es capaz de definir un modo de vida y una organización del trabajo para la sociedad europea, considerando la globalización como una perspectiva que ya vivimos en nuestra conciencia. La Constitución de Europa es capaz de hablar al globo. Julio de 2003

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“Festung-Europa: Notas sobre la constitución europea”

Nicolás González Varela

“Desobediencia es mi palabra favorita”

(Philip Marlowe)

Proemio

La hipótesis de una “guerra global permanente” (GGP) tiene una ventaja y muchas hipotecas ocultas. La ventaja es obvia: es un concepto altamente comprensible, una etiqueta de fácil explicación, harto evidente y fácil de digerir. A esta facilidad semántica se le contrapone problemas diríamos de introspección nacional: queda constreñida a un “revival” de la vieja categoría “militarismo” del siglo XIX, donde el peso excesivo recaía sobre la esfera de la política externa, dando por consabido o supuesto las determinantes internas, sistémicas, la lucha de clases en la propia nación. Quiero abordar el tema de la Constitución europea en sentido inverso, pensando la GGP como la primacía de la política interna, como el desarrollo larvado de figuras de la lucha de clases (pasadas y futuras), como presunciones de guerra civil y dominio de clase. La constitución entendida como sistema de mediaciones y equilibrio entre el capital y el poder obrero coagula niveles de violencia al mismo que diseña nuevas figuras de comando político que tendrán profunda incidencia en la morfología de la lucha de clases.

Europa. Historia conceptual de una ideología:

El proyecto de unidad europea El anhelo de unidad europea es más antiguo que la corona de Carlomagno, decía clarividente Jünger en 1944, el nacional-bolchevique amigo de Heidegger, pero nunca ha sido tan apremiante y ardiente como en nuestro tiempo. Europa es una suerte de enigma, un enigma que arrastra desde su propio nombre equívoco. Euro, el antiguo viento del sudoeste, hijo de Eos y de Tifón. Europa, mitológica heroína oriental que termina nombrando y renombrando un apéndice geográfico, la joven amada por Zeus e hija de Agenor, rey de Fenicia; la seducida y montada en un toro, tal como se puede ver en una antigua metopa del templo de Seminonte. Europa, una metáfora semítica del espacio entre el Atlántico y los Urales, una región que los antiguos relacionaban con el sol poniente al norte de la Hélade, la Grecia clásica, tal como la nombraban Esquilo y Eurípides.

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¿1905 en Bolivia? Ahora es cuando…

Colectivo Nuevo Proyecto Histórico

Discusión sobre el significado de la insurrección en Bolivia. Apuntes y dudas, sugerencias y un disparador para la discusión en el área autónoma. A modo de introducción:

El Colectivo Nuevo Proyecto Histórico (NPH) ha tratado de realizar algunas conclusiones práctico-teóricas de la revolución en marcha en Bolivia. Pretendemos extraer conclusiones activistas, líneas tácticas militantes, performances constituyentes. Debido a nuestra exterioridad a los hechos, somos bárbaros que observan el naufragio desde la playa, nos guiamos por fuentes secundarias, estadísticas frías, testimonios o notas periodísticas. No queremos repetir la parodia de muchos articulistas o publireportajes con aires de tesis hegelianas que repiten con signo cambiado las conclusiones de los "media". Lo nuestro es esto: humildes indicios, generalizaciones precarias, hipótesis de combate que deberán contrastarse con la realidad.

¿Un 1905 constituyente y abierto a las posibilidades de una revolución desde abajo? ¿Otro abril de 1952, cuando un levantamiento popular fracturó primero y destruyó después al Ejército, abriendo el camino a la nacionalización de las minas, la reforma agraria y el voto universal? ¿Ensayo general constituyente u obertura de una nueva maniobra burguesa? ¡Si cae el "Gringo" (Gonzalo Sánchez de Lozada) qué hacemos! ¿Quién será Presidente de Bolivia?: ¿Felipe Quispe? ¿Evo Morales? ¿Jaime Solares? ¿Los tres se unirán? ¿Qué pasará con el Parlamento o lo cerramos? ¿Cómo se refundará el país? ¿El nuevo gobierno cómo sacará de la crisis a Bolivia? ¿Crisis del capitalismo boliviano o combatimos el pelele del FMI? ¿La toma del poder debe ser por vía armada o pacífica? ¿Asamblea Constituyente o seguimos la sucesión de la Constitución burguesa? ¿Una transición con el modelo estabilizador de Duhalde como en Argentina? ¿Paramos o seguimos? Esas son algunas preguntas urgentes y desesperadas que se escucharon insistentemente en el concurrido Ampliado Nacional de Emergencia de la Central Obrera Boliviana (COB), que se realizó el 3 de octubre en la joven y empobrecida ciudad proletaria de El Alto. Indica como síntoma algo que se repitió en la experiencia argentina: contra el "Capital-Parlamentarismo" no sirven ni las viejas táctica ni las viejas fórmulas alquimistas de la vieja izquierda.

En está coyuntura revolucionaria e insurreccional, como en Argentina, los "tradicionales partidos de izquierda" de Bolivia prácticamente desaparecieron, con sus esquemas, citas y ortodoxia oxidada.

Este gran acto histórico de las masas estuvo precedido por dos levantamientos y semi-insurrecciones que fueron de mayor a menor: la guerra de la coca (enero, 2003) y el febrero rojo (febrero, 2003). En todo ellos las características fueron similares a las de diciembre del 2001 en Argentina: a la hora de hacer el balance, todos los dirigentes sindicales y militantes de partidos de la vieja izquierda revelaron que fueron "sorprendidos" por los sucesivos levantamientos sociales, que sumados dan una cifra de más de 140 muertos.

El máximo líder del MAS, el mediático Morales, el dirigente de la Coordinadora del Agua, Olivera, el ejecutivo nacional del magisterio urbano, Aliaga, y el representante de las Centrales Obreras Departamentales (CODes) del país, Torrico, reconocieron "autocríticamente" que ninguna de las organizaciones a su mando ni la progubernamental Central Obrera Boliviana (COB) coordinaron acciones para dirigir este movimiento.

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Bolivia insurgente. El retorno del fantasma

La rebelión de los de abajo ha vuelto a ocupar el centro del escenario latinoamericano. La insurgencia boliviana continúa y profundiza una seguidilla de sublevaciones populares que se viene desarrollando desde el comienzo de la década actual. Cochabamba (2000), Buenos Aires (2001), Caracas (2002) son algunos de los hitos que marcan el nacimiento de una nueva realidad social generada a partir del hundimiento institucional y económico de un capitalismo regional desquiciado por la depredación. En cada  caso los medios de comunicación trataron de acotar el significado de esas convulsiones limitándolas a sus especificacidades nacionales o locales, pretendiendo disminuir su trascendencia. Buscaron reducir los levantamientos en Bolivia durante el año 2000 a la guerra del agua debida al descontento de la población de Cochabanba por la entrega de su suministro a una empresa privada, o bien simplificar la insurrección de diciembre de 2001 en Argentina  atribuyéndola a la reacción de los ahorristas estafados, en Venezuela al antigolpismo de las masas chavistas, en Ecuador al despertar indígena y ahora en Bolivia encasillándola como guerra del gas. La avalancha social que presenciamos es mucho más que eso, persiste a lo largo del tiempo, se extiende en el espacio latinoamericano, se radicaliza y masifica (el itinerario boliviano entre 2000 y 2003 es ilustrativo al respecto).

La región se encuentra desgarrada por dos procesos interdependientes pero antagónicos. Por una parte la dinámica elitista y desestructuradora del sistema económico y su trama político-institucional y frente a ella el ascenso, la tentativa de recomposición y sobrevivencia civilizacional de grandes masas sumergidas, mayoritariariamente urbanas o culturalmente urbanizadas, cada día más empobrecidas. La crisis (y colapsos en ciertos casos) de los modelos neoliberales ha agravado bruscamente dicho antagonismo. Se trata en consecuencia de fenómenos muy profundos, con componentes locales y regionales.

Economía y política

Exagerando la síntesis podríamos decir que el capitalismo le queda chico a las grandes mayorías populares de América Latina. Aumentan exponencialmente los excluidos y asalariados superexplotados porque la economía de mercado no se reproduce  ampliando el área de sectores sociales integrados sino estrechándola, no extiende la infraestructura educativa, sanitaria, habitacional, de transportes, etc, por el contrario la depreda, no crea nuevos empleos, destruye y degrada muchos de los existentes. No debido a un brote de irracionalidad de algunos (o muchos) malos capitalistas sino a la lógica decadente del capitalismo, sobredeterminante, global, sin lugar (o con espacios en rápida contracción) para ilusorios capitalistas serios o productivos. En la era en que la burguesía deviene lumpenburguesía el sistema económico, acaparado por redes de saqueadores (financieros, comerciales, agrarios, industriales) locales y transnacionales, no admite transformaciones positivas o solo ensaya cambios perversos (como los promovidas por el FMI)  que incrementan el pillaje.

Mientras la estructura económica aparece como un corsé que se va encogiendo al ritmo de los ajustes y las reformas estructurales, los sistemas políticos y más en general las instituciones van perdiendo legitimidad. Las democracias latinoamericanas abandonan sus últimas pretensiones de representatividad popular y quedan al descubierto como mafias, grupos restringidos de negocios más o menos criminales. Hacia comienzos de los años 90 democracia y liberalismo económico se presentaban como las dos caras del progreso, ahora el fracaso neoliberal arrastra a las democracias elitistas al pantano común de la crisis. Sanchez de Lozada fue una muestra caricatural de esa evolución. Era un hombre de los 90, cuando su barco empezó a naufragar sin remedio Bush le brindó públicamente apoyo, Kofi Anan y el Papa llamaron a la paz social (basada en la resignación de los pobres) y los nuevos presidentes progres Lula y Kirchner enviaron mediadores. Por suerte el pueblo boliviano no tuvo tiempo para escuchar los pedidos de calma del Santo Padre y siguieron peleando hasta desalojar al presidente-millonario, sin dejarle posibilidades de ejercer sus artes a los expertos en embrollos fletados a La Paz por los jefes de estado mencionados (seguramente alentados por Repsol, principal inversor en el proyecto de saqueo del gas boliviano).

Bolivia rebelde

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Adios a la vieja izquierda

Ernesto Salinas

Este artículo habla sobre la muerte de la izquierda elitista. Es una crítica a las organizaciones que tienen una concepción elitista de representación y mando político.

Este artículo habla sobre la muerte de la izquierda elitista. Entendemos por izquierda elitista el conjunto de organizaciones que plantean alcanzar el socialismo a través de relaciones jerárquicas, en las que unos "piensan y dirigen" mientras los demás se limitan a ejecutar tareas. De estas organizaciones, la más voluminosa, por su burocracia y cantidad de afiliados, es el Partido Comunista, pero no es la más importante. Esta crítica es a las organizaciones que dicen estar a la izquierda del PC, y que desde allí reproducen esta concepción elitista de representación y mando político.

"Sin embargo, al arrebatar a las personas un suelo sobre el que podían posar sus pies pero que les impedía tener alas, este proceso ofrece algo más que el dolor de la caída; es la ausencia completa – cruda, implacable – desde donde la plenitud, al poder llegar a ser distinguida y reconocida como necesidad y como aptitud, se vuelve posible."

(El club de lucha, noviembre del 2002)

1

La década de los 90 fue para la izquierda elitista un tiempo descorazonador. Si las heridas sufridas bajo la dictadura habían sido parte inevitable de un combate en el que muchos supieron preservar su dignidad, el capítulo abierto en 1989 no fue tan decoroso: una parte de la militancia tuvo que soportar las maniobras de claudicación de sus líderes frente a los vencedores; otra parte, obligada a nadar en aguas enturbiadas, mordió uno a uno los anzuelos tendidos por el siniestro dúo Schilling-Carpenter, con resultados desastrosos; mientras que por todas partes las masas militantes se dispersaban dando la espalda a sus jefes. Las capas dirigentes no quisieron ver en ello más que la consecuencia del "vacío" dejado por la salida de Pinochet, y por inercia, los demás se acostumbraron a creer que la desbandada se había producido al no haber un enemigo claramente identificable al cual oponerse (la impotencia llega al extremo de que algunos añoran "los buenos tiempos de la dictadura, cuando al menos había algo por qué luchar").

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¿Cómo queda el mundo después de la guerra?

La guerra de invasión y ocupación de Estados Unidos en contra de Irak fue doblemente anunciada. Claramente por el discurso de George Bush del 20 de septiembre de 2001 (una semana después de los atentados de Manhattan), en el que decretaba el mundo entero en estado permanente de guerra y de excepción. Pero la lógica de guerra ya estaba en marcha desde 1990-1991 con el derrumbe del Muro de Berlín, la unificación alemana y la desintegración de la Unión Soviética. Después de esas modificaciones en la correlación de fuerzas mundiales, un nuevo reparto general del mundo se hizo posible: control de las fuentes y las rutas de la energía, redistribución de los territorios, reorganización de las alianzas y rediseño de las instituciones internacionales. En agosto de 1990, antes incluso de la entrada de las tropas iraquíes en Kuwait, una reunión de alto nivel realizada en Aspen, en las Rocallosas, sentó las primeras bases de la reorientación estratégica norteamericana: con la conclusión victoriosa de la guerra fría, en adelante la prioridad la obtuvieron la fuerza aérea, las fuerzas de intervención rápida y el mantenimiento del orden imperial en las turbulentas zonas del sur.

Contrariamente a los discursos de George Bush padre, anunciando la llegada de un nuevo orden mundial más justo y más pacífico, la docena de años transcurridos ha conocido una sucesión de guerras calientes (en al Golfo Pérsico, en los Balcanes, en el África de los Grandes Lagos, en Medio Oriente, Afganistán y de nuevo en Irak). Las desigualdades no han dejado de ahondarse como lo muestra el índice de desarrollo humano utilizado por las Naciones Unidas o bien el impacto ecológico. La fractura ecológica se suma, en efecto, a las fracturas sociales.

El mundo está, así, muy lejos de ser homogenizado en un "espacio liso", contrariamente al diagnóstico de Toni Negri, según el cual ya no existiría "la fractura Norte-Sur", puesto que no se mantendría "la diferencia geográfica entre los Estados-nación" (entrevista a Le Monde, 22 de enero de 2002). La acumulación planetaria del capital sigue regida por las leyes del desarrollo desigual y combinado, por un movimiento pendular entre la desterritorialización y la reterritorialización (solamente en Europa, durante la última década, fueron trazados 17 mil kilómetros de nuevas fronteras y catorce nuevos países han sido admitidos en las Naciones Unidas).

A pesar de las deslocalizaciones productivas, las grandes firmas trasnacionales que se reparten los mercados siguen respaldadas por la potencia de sus Estados de origen. El peso de las grandes sociedades petroleras o de las grandes empresas de armamento estadunidenses depende directamente de la potencia política de Estados Unidos, del papel del dólar, de su supremacía militar. Si la soberanía de los Estados dominados es cada vez más ficticia, la de las potencias dominantes se mantiene, como lo ilustra el rechazo norteamericano a ratificar el protocolo de Kyoto o a asociarse a una institución penal internacional; como lo ilustran también las medidas proteccionistas de apoyo a la agricultura o a la siderurgia. Según la famosa definición schmithtiana de la soberanía -es soberano aquel que decide sobre el estado de excepción-, Estados Unidos es más soberano que nunca.

En el seno mismo de la Unión Europea, las fusiones y concentraciones de empresas capitalistas aspiran más a constituirse en "campeones nacionales" del automóvil, la banca, los seguros, etcétera, que en "campeones europeos" (excepto en algunos sectores de punta como el espacial).

Los ideólogos neoconservadores hablan hoy sin complejos y positivamente de imperialismo, a pesar de que el término había sido prácticamente abandonado y considerado obsoleto por parte de la izquierda oficial y respetuosa. Así, Robert Kagan reivindica con orgullo "la dulce influencia imperial de América". Peter Rosen reivindica para Estados Unidos el derecho a "mantener el orden imperial". El consejero personal de Tony Blair, Robert Cooper, se jacta de los beneficios de un nuevo "imperialismo liberal" que tendría por vocación "aportar el orden y la organización, transmitir sus leyes, proveer a sus ciudadanos con un poco de dinero y construirles algunos caminos". Richard Haass, consejero de George W. Bush, desde el año 2000 recomendó a Estados Unidos "redefinir su papel, pasando de un Estado-nación tradicional a una potencia imperial". Afirmaba preferir el adjetivo "imperial" sobre el de "imperialista", en la medida en que este último conlleva una idea de explotación con fines comerciales y de control territorial, mientras que, a partir de ahora, se trata de "extender el control imperial informalmente si fuera posible y formalmente si fuera necesario" (citado por John Bellamy Foster, Monthly Review, mayo 2003). Las bases militares estadounidenses o las de la OTAN están instaladas en más de cincuenta países.

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La Fábrica de la Infelicidad. Nueva Economía y Movimiento del Cognitariado

Franco Berardi (Bifo)

PRÓLOGO A LA EDICIÓN CASTELLANA

Traducción de P. Amigot y M. Aguilar.

Cuando este libro fue escrito en la primavera de 2000, la new economy mostraba los primeros signos de una crisis que se agravó hasta desencadenar la recesión en la que el mundo entró en 2001. La crisis se precipitó de forma trágica cuando, el 11 de septiembre, el símbolo del poder económico occidental, las torres del World Trade Center, fueron destruidas por el ataque de un comando suicida.

En el último decenio hemos visto sucederse con vertiginosa rapidez tres fases diferentes: el ascenso de una clase social ligada a la virtualización, que halló su triunfo en la impresionante subida de las acciones tecnológicas en la Bolsa; la crisis ideológica, psíquica, económica y social del modelo new economy; y, por último, la precipitación de la crisis y su revés angustioso en forma de violencia y guerra, de militarización de la economía.

La fábrica de la infelicidad es un libro dedicado al análisis de la ideología virtual, de sus aporías teóricas y, sobre todo, de su fragilidad cultural.

La ideología virtual es una mezcla de futurismo tecnológico, evolucionismo social y neoliberalismo económico. Floreció a mediados de los años noventa, cuando la revista californiana Wired se convirtió en el Evangelio de una nueva clase cosmopolita y libertaria, optimista y sobreexcitada.

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El horizonte de la lucha de clases durante el próximo decenio

Colectivo Nuevo Proyecto Histórico

Multitud, movimiento, obrero social: ¿proceso sin sujeto?: ¿Qué ocurriría si, realmente, no existieran más empleos?, se preguntaba una tapa de la revista Newsweek. El desempleo en el mundo ha alcanzado en la actualidad su nivel más elevado desde la gran depresión de los años ’30. Más de mil millones de seres humanos componen hoy el ejercito industrial de reserva. En la década del ’50 en nivel de desempleo natural estuvo en el 4%; en los años ’60 se situó en el 4,8%, en los setenta se elevó hasta el 6%, mientras que en los ’80 trepó a un 7,3%. Sin embargo un problema es siempre algo para lo que existe, al menos, una solución. Una encrucijada tiene su camino correcto, todo laberinto, por definición, tiene una salida. Vista de esta manera las cosas el "desempleo" no es un "problema", sino una situación con visos de fatalidad o de catástrofe natural. El desempleo no es un problema porque la solución de una época dorada de pleno empleo no es una solución realista y, por lo tanto, algo que pueda fijarse responsablemente como un objetivo político. Como sintetizaba el famoso gurú Peter Drucker, la desaparición del trabajo como factor clave de la producción se transformó en el proceso inacabado de la sociedad capitalista. Previsiones de consultoras alemanas de inmaculado ADN liberal (son de 1999) dan el siguiente futuro para los próximos quince años: 25% de trabajadores permanentes, semicalificados, protegidos y sindicalizados; 25% de trabajadores periféricos, subcontratados, subcalificados, mal pagados y sin sindicalización; 50% desempleados o trabajadores marginales dedicados a empleos marginales, economías sumergidas o empleos parciales con ayuda estatal.

En Argentina estamos viviendo lo que se conoce como el "Jobless Growth", el crecimiento sin empleo del posfordismo. Es un fenómeno internacional, un proceso que implica el inicio del fin de la sociedad salarial, tal como la conocemos desde la década del ’50. La evolución del empleo se desvincula dramáticamente de la dinámica de la economía. Esto marca la rídiculez de volver a fórmulas neokeynesianas de los años ’40 o ’50. Según Jean-Claude Paye, Secretario General de la OCDE, en los diez años venideros la industria europea no podría emplear más que el 2% de la población activa. La sociedad argentina es relativamente rica, pero le falta un mecanismo institucional adecuado que permita distribuir su propia riqueza en el conjunto de la comunidad. Para la mayor parte de los argentinos una cosa es cierta: sólo aquel que tiene trabajo y que a través del trabajo obtiene ingresos, bien por medio de la familia o de la seguridad social, tiene posibilidades de participar en la riqueza so cial y ser un ciudadano pleno. Pero la ciudadanía se ha separado definitivamente del trabajo asalariado. Se le llama con distintos nombres: toyotismo, re-engineering, gestiones ligeras (lean production and lean management), postfordismo, todas tienen un objetivo central: no sólo reducen el número de empleos, también modifican profundamente la situación de los asalariados y las mismas condiciones de empleo.

Y finalmente la forma estado. El fin del llamado crecimiento "fordista" (en honor a Henry Ford) dejó a las empresas con la tarea de crear trabajo que anulara trabajo. Un nivel elevado de informatización y robotización con un nuevo modelo de organización que permite la máxima flexibilidad de los efectivos, permite asegurar un mayor índice de producción con la mitad del capital y entre un 40 y un 80% menos de empleos. Ejemplos no faltan: de los 90 millones de empleos que suministra el sector privado de los EEUU, alrededor de 25 millones podrían ser suprimidos, según el insos pechado Wall Street Journal; cada año las empresas norteamericanas suprimen más de dos millones de empleos, según la estadística de la revista Fortune; en Alemania, 9 millones de empleos, sobre un total de 33, desaparecerán en los próximos años, según las cifras del Instituto de Estadística McKinsey, con lo que la tasa de desempleo sería de casi el 40%. En la escala mundial existen hoy entre 800 y 1000 millones de desempleados y que, en el plazo de aquí al 2025, habría que crear alrededor de 1.500 millones de empleos para aquellas personas que entrarán, por primera vez, al mercado laboral, según datos del Banco Mundial. La sociedad salarial fordista tiene muy pocas promesas o esperanzas para estos problemas. En el caso particular argentino, si el sujeto es el movimiento, el movimiento es una totalidad sintetizada en la figura del posfordismo, el obrero social. ¿qué obrero social en la Argentina? ¿qué composición de clase en el "Capital-Parlamentarismo"? Organización y composición de clase son una misma dimensión, un mundo bifronte, decisivo para la estrategia y la táctica del movimiento. Con datos de octubre del 2001 (el benemérito INDEC) tenemos para todos los aglomerados urbanos un 34% de ocupados, de los cuales un 72% son asalariados, de los cuales un 38% son autónomos, valga la paradoja. Si a esto se le suma un 18,3% de desocupación oficial, más un 16,4% de subocupación demandante y no demandante (lo que significa que casi un 35% fue o quiere ser asalariado) nos da un total de 79,3% de la fuerza de trabajo sobre la población actual. La desagregación nos da el siguiente resultado: 13,8% en la industria, 7% en la construcción, 23,7% en comercio, 46,9% en servicios y 7,9% en tra nsporte.

Pero hay más: para una cantidad cada vez mayor de argentinos, la discusión sobre si conviene un sistema previsional de reparto o de capitalización es ociosa. Son quienes, más allá del modelo que sea impulsado, no podrán jubilarse ni alcanzar una magra pensión no contributiva. En sólo siete años más, es decir, en 2010, cuatro de cada diez personas de 65 años o más no tendrán acceso ni a una jubilación ni a una pensión. De ellas, el 80% vivirá en hogares pobres. Hoy la exclusión afecta al 34,5% de la población que ya cumplió la edad del retiro laboral. El postfordismo es un estado de excedencia, de exclusión sistémica: esto es lo que debe discutir una verdadera estrategia de izquierda. La estimación surge de un trabajo de la consultora Equis. El estudio señala que mientras que hoy son 1.237.000 los mayores desprotegidos, en 2010 serán 1.600.000, si es que continúa el ritmo de crecimiento de la informalidad, y aun cuando haya leves caídas de los índices de pobreza y de sempleo. Así, mientras que la población total de 65 años o más crecería un 11,5% hasta 2010, la cantidad de personas sin cobertura aumentaría un 29,3 por ciento. El informe aporta un dato que revela la fuerza del deterioro de la situación en los últimos años: en 1991, la falta de cobertura afectaba al 24,7% de los mayores, por lo que el índice creció, en 10 años, un 39,6 por ciento. Los datos corresponden a los censos poblacionales realizados por el Indec. Si bien por un efecto lógico de la distribución poblacional el mayor número de personas desprotegidas vive en la provincia de Buenos Aires, la ciudad de Buenos Aires y la provincia de Santa Fe, las jurisdicciones con porcentajes más elevados de personas sin jubilación son Formosa (55,9%), Misiones (54,6%), Chaco (51%) y Corrientes (50,9 por ciento). En el otro extremo se ubican la ciudad de Buenos Aires, con el 25,4% de sus habitantes mayores sin jubilación ni pensión, y La Rioja, donde los que no tienen cobertura son el 2 7,3 por ciento. El trabajo de Equis analiza qué ocurre en la raíz del problema, definida como la falta de aportes durante la vida laboral, la otra cara de las relaciones de producción postfordistas. Entre 1990 y 2003, destaca, el trabajo informal pasó del 25,3 al 45,1%, en tanto que el desempleo pasó del 6 al 21,4% (si no se considera como ocupados a quienes reciben planes sociales), y el subempleo subió del 8,1 al 18,8 por ciento. La relación entre las condiciones del mercado laboral postfordista y el acceso a un haber jubilatorio es indiscutible. Por eso, cuando los especialistas en la materia y los funcionarios del "Capital- Parlamentarismo" afirman que una reforma previsional debe tender a ampliar la cobertura también advierten que difícilmente ello pueda lograrse sólo a partir de una nueva ley jubilatoria. Porque el derecho en el capitalismo sigue al mercado. Si bien se prevé la conveniencia de otorgar prestaciones asistenciales, se señala que ésa no es la solución real a un problema que tiene su raíz en la alta informalidad del mercado laboral. Las personas subsidiadas, como las que hoy cobran, por el plan Adultos Mayores, un ingreso mensual de $ 150, son, entre los pasivos, el equivalente a lo que representan en la población activa los desocupados y los trabajadores que están en negro.

El informe de Equis destina un capítulo a analizar la relación entre pobreza y falta de acceso a un haber previsional. Según los datos de la encuesta de hogares del Indec de mayo pasado, en la franja que agrupa al 40% más pobre de los trabajadores, más del 70% no realiza aportes jubilatorios, en tanto que en el grupo que reúne al 20% que tiene mejores ingresos, el índice cae al 20,4 por ciento. Según los resultados de la encuesta, el 28,3% de los mayores (1.012.060 personas) es pobre, en tanto que en diciembre de 2001, antes de la devaluación, el índice era del 15,6%. Si se cumple el pronóstico sobre población no cubierta en 2010, el trabajo de Equis estima que la pobreza en este segmento de la población se elevaría al 32,8%. El trabajo concluye también que el 60% de la pobreza de los habitantes del país mayores de 65 años se explica por la falta de ingresos jubilatorios. Como la evasión previsional debe ser considerada un problema dentro de la evasión impositiva en general, "aunque no existieran impuestos al trabajo y sí otras altas cargas impositivas, una empresa probablemente evitaría declarar trabajadores para ser consistente con la no declaración (o subdeclaración) de su actividad". La afirmación es parte de las conclusiones de un reciente trabajo del economista Ruffo, del Ieral. Según el informe, además de la presión tributaria general, hay al menos otros dos factores que explican el alto índice de trabajo en negro y la consecuente baja tasa de cobertura de la seguridad social: las regulaciones laborales impuestas por viejos convenios y el costo diferencial que implica generar un puesto formal en relación con uno informal (es decir: uno fordista versus uno postfordista). Respecto de este último aspecto, Ruffo señala que "un puesto declarado implica un 70% más de costo frente a una relación informal". Pero agrega que estos costos, si bien constituyen un incentivo a no declarar, no explicarían el incremento de la informalidad, porque las contribuciones cayeron fuertemente entre 1993 y 2000. El diferencial de costos se amplía, según el economista, en etapas recesivas: en esos momentos el sector formal provoca una expulsión neta de trabajadores y los desempleados se vuelcan al sector informal, lo que provoca, a su vez, que caigan los salarios en negro.

El informe advierte que la decisión del Gobierno de incrementar los salarios del sector privado es una medida que, lejos de mejorar la distribución del ingreso, la empeora, porque privilegia al sector formal por encima del informal. También expone cuestionamientos al plan de controles del trabajo en negro, ya que, según señala, si no se acompaña con medidas de incentivo a la formalidad se corre el riesgo de que algunas empresas no puedan subsistir "o eviten tomar más trabajadores". El trabajo del Ieral no sólo hace referencia a la falta de cobertura futura de esos trabajadores. Hace hincapié en las falencias que se sufren en la etapa activa por estar al margen de beneficios como el de un plan de salud, el seguro de accidentes laborales y la posibilidad de cobrar el seguro de desempleo.

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En la maquila: luchar todo el tiempo

Daniel Romero, presidente del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora de Exportación, está muy preocupado. En declaraciones publicadas en la prensa hace unas semanas, Romero aseveró que la fuga de empresas maquiladoras de capital extranjero con sede en territorio mexicano va a continuar mientras aquí no haya certidumbre fiscal, regulatoria y jurídica para los inversionistas. Su advertencia ha sido contundente. Los integrantes del sector maquilador deberán darse "por bien servidos"(1) si logran conservar el millón setenta mil empleos que existen.

Con esta declaración se está planteando el inicio de una campaña del sector maquilador para asegurar una mayor fragmentación de las relaciones laborales y un incremento en la sobreexplotación de la mano de obra.

Esta inesperada fuga de capital hacia países centro-americanos o asiáticos, principalmente hacia China, comenzó hace algunos años y tiene diversas explicaciones. Una de ellas, la más clara, es que difícilmente se puede encontrar en el mundo mano de obra más barata que la de los trabajadores chinos, que puede ser hasta de 20 centavos de dólar por hora. Otra es que una gran cantidad de las empresas maquiladoras que se asentaron en México en décadas pasadas son de compañías que tenían sus oficinas centrales en países de Asia, lugar donde ahora se asienta el auge maquilador. Y bien, parece que ante la posibilidad de pagar hasta cinco veces menos de lo que pagaban aquí en México (y que era ya diez veces menos de lo que habrían tenido que pagar en Estados Unidos), un gran número de industriales de la maquila ha decidido salir en estampida en busca de mejores condiciones de explotación humana.

De la misma manera que los empresarios, el gobierno de Vicente Fox está muy preocupado por la salida de estas empresas, verdaderos centros de maquinización de la persona, en los que había puesto sus esperanzas como paliativo para el grave desempleo que azota a nuestro país. Y es que si revisamos un poco la historia de la vida industrial en las últimas décadas veremos que las maquiladoras se habían convertido en la gran oferta gubernamental de trabajo para más de un millón de personas, sin importar que éste se diera en condiciones infrahumanas.

Los hombres y, sobre todo, mujeres que trabajan en los niveles de producción de las empresas maquiladoras son responsables de la fabricación de un sinnúmero de elementos indispensables para el funcionamiento de una vida moderna "agradable": aparatos electrodomésticos, ropa, contenedores de alimentos. Sin embargo, las ventajas de la modernidad no son algo que esté presente en sus vidas cotidianas.

En los últimos años, las condiciones mecanizadas del trabajo en la maquila, que llegan al grado de restringir al mínimo el tiempo que necesita una persona para ir al baño, han tras-pasado el entorno de la fábrica y han salido a buscar un espacio dentro de la opinión pública nacional e internacional.

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