Multitud, movimiento, obrero social: ¿proceso sin sujeto?: ¿Qué ocurriría si, realmente, no existieran más empleos?, se preguntaba una tapa de la revista Newsweek. El desempleo en el mundo ha alcanzado en la actualidad su nivel más elevado desde la gran depresión de los años ’30. Más de mil millones de seres humanos componen hoy el ejercito industrial de reserva. En la década del ’50 en nivel de desempleo natural estuvo en el 4%; en los años ’60 se situó en el 4,8%, en los setenta se elevó hasta el 6%, mientras que en los ’80 trepó a un 7,3%. Sin embargo un problema es siempre algo para lo que existe, al menos, una solución. Una encrucijada tiene su camino correcto, todo laberinto, por definición, tiene una salida. Vista de esta manera las cosas el "desempleo" no es un "problema", sino una situación con visos de fatalidad o de catástrofe natural. El desempleo no es un problema porque la solución de una época dorada de pleno empleo no es una solución realista y, por lo tanto, algo que pueda fijarse responsablemente como un objetivo político. Como sintetizaba el famoso gurú Peter Drucker, la desaparición del trabajo como factor clave de la producción se transformó en el proceso inacabado de la sociedad capitalista. Previsiones de consultoras alemanas de inmaculado ADN liberal (son de 1999) dan el siguiente futuro para los próximos quince años: 25% de trabajadores permanentes, semicalificados, protegidos y sindicalizados; 25% de trabajadores periféricos, subcontratados, subcalificados, mal pagados y sin sindicalización; 50% desempleados o trabajadores marginales dedicados a empleos marginales, economías sumergidas o empleos parciales con ayuda estatal.
En Argentina estamos viviendo lo que se conoce como el "Jobless Growth", el crecimiento sin empleo del posfordismo. Es un fenómeno internacional, un proceso que implica el inicio del fin de la sociedad salarial, tal como la conocemos desde la década del ’50. La evolución del empleo se desvincula dramáticamente de la dinámica de la economía. Esto marca la rídiculez de volver a fórmulas neokeynesianas de los años ’40 o ’50. Según Jean-Claude Paye, Secretario General de la OCDE, en los diez años venideros la industria europea no podría emplear más que el 2% de la población activa. La sociedad argentina es relativamente rica, pero le falta un mecanismo institucional adecuado que permita distribuir su propia riqueza en el conjunto de la comunidad. Para la mayor parte de los argentinos una cosa es cierta: sólo aquel que tiene trabajo y que a través del trabajo obtiene ingresos, bien por medio de la familia o de la seguridad social, tiene posibilidades de participar en la riqueza so cial y ser un ciudadano pleno. Pero la ciudadanía se ha separado definitivamente del trabajo asalariado. Se le llama con distintos nombres: toyotismo, re-engineering, gestiones ligeras (lean production and lean management), postfordismo, todas tienen un objetivo central: no sólo reducen el número de empleos, también modifican profundamente la situación de los asalariados y las mismas condiciones de empleo.
Y finalmente la forma estado. El fin del llamado crecimiento "fordista" (en honor a Henry Ford) dejó a las empresas con la tarea de crear trabajo que anulara trabajo. Un nivel elevado de informatización y robotización con un nuevo modelo de organización que permite la máxima flexibilidad de los efectivos, permite asegurar un mayor índice de producción con la mitad del capital y entre un 40 y un 80% menos de empleos. Ejemplos no faltan: de los 90 millones de empleos que suministra el sector privado de los EEUU, alrededor de 25 millones podrían ser suprimidos, según el insos pechado Wall Street Journal; cada año las empresas norteamericanas suprimen más de dos millones de empleos, según la estadística de la revista Fortune; en Alemania, 9 millones de empleos, sobre un total de 33, desaparecerán en los próximos años, según las cifras del Instituto de Estadística McKinsey, con lo que la tasa de desempleo sería de casi el 40%. En la escala mundial existen hoy entre 800 y 1000 millones de desempleados y que, en el plazo de aquí al 2025, habría que crear alrededor de 1.500 millones de empleos para aquellas personas que entrarán, por primera vez, al mercado laboral, según datos del Banco Mundial. La sociedad salarial fordista tiene muy pocas promesas o esperanzas para estos problemas. En el caso particular argentino, si el sujeto es el movimiento, el movimiento es una totalidad sintetizada en la figura del posfordismo, el obrero social. ¿qué obrero social en la Argentina? ¿qué composición de clase en el "Capital-Parlamentarismo"? Organización y composición de clase son una misma dimensión, un mundo bifronte, decisivo para la estrategia y la táctica del movimiento. Con datos de octubre del 2001 (el benemérito INDEC) tenemos para todos los aglomerados urbanos un 34% de ocupados, de los cuales un 72% son asalariados, de los cuales un 38% son autónomos, valga la paradoja. Si a esto se le suma un 18,3% de desocupación oficial, más un 16,4% de subocupación demandante y no demandante (lo que significa que casi un 35% fue o quiere ser asalariado) nos da un total de 79,3% de la fuerza de trabajo sobre la población actual. La desagregación nos da el siguiente resultado: 13,8% en la industria, 7% en la construcción, 23,7% en comercio, 46,9% en servicios y 7,9% en tra nsporte.
Pero hay más: para una cantidad cada vez mayor de argentinos, la discusión sobre si conviene un sistema previsional de reparto o de capitalización es ociosa. Son quienes, más allá del modelo que sea impulsado, no podrán jubilarse ni alcanzar una magra pensión no contributiva. En sólo siete años más, es decir, en 2010, cuatro de cada diez personas de 65 años o más no tendrán acceso ni a una jubilación ni a una pensión. De ellas, el 80% vivirá en hogares pobres. Hoy la exclusión afecta al 34,5% de la población que ya cumplió la edad del retiro laboral. El postfordismo es un estado de excedencia, de exclusión sistémica: esto es lo que debe discutir una verdadera estrategia de izquierda. La estimación surge de un trabajo de la consultora Equis. El estudio señala que mientras que hoy son 1.237.000 los mayores desprotegidos, en 2010 serán 1.600.000, si es que continúa el ritmo de crecimiento de la informalidad, y aun cuando haya leves caídas de los índices de pobreza y de sempleo. Así, mientras que la población total de 65 años o más crecería un 11,5% hasta 2010, la cantidad de personas sin cobertura aumentaría un 29,3 por ciento. El informe aporta un dato que revela la fuerza del deterioro de la situación en los últimos años: en 1991, la falta de cobertura afectaba al 24,7% de los mayores, por lo que el índice creció, en 10 años, un 39,6 por ciento. Los datos corresponden a los censos poblacionales realizados por el Indec. Si bien por un efecto lógico de la distribución poblacional el mayor número de personas desprotegidas vive en la provincia de Buenos Aires, la ciudad de Buenos Aires y la provincia de Santa Fe, las jurisdicciones con porcentajes más elevados de personas sin jubilación son Formosa (55,9%), Misiones (54,6%), Chaco (51%) y Corrientes (50,9 por ciento). En el otro extremo se ubican la ciudad de Buenos Aires, con el 25,4% de sus habitantes mayores sin jubilación ni pensión, y La Rioja, donde los que no tienen cobertura son el 2 7,3 por ciento. El trabajo de Equis analiza qué ocurre en la raíz del problema, definida como la falta de aportes durante la vida laboral, la otra cara de las relaciones de producción postfordistas. Entre 1990 y 2003, destaca, el trabajo informal pasó del 25,3 al 45,1%, en tanto que el desempleo pasó del 6 al 21,4% (si no se considera como ocupados a quienes reciben planes sociales), y el subempleo subió del 8,1 al 18,8 por ciento. La relación entre las condiciones del mercado laboral postfordista y el acceso a un haber jubilatorio es indiscutible. Por eso, cuando los especialistas en la materia y los funcionarios del "Capital- Parlamentarismo" afirman que una reforma previsional debe tender a ampliar la cobertura también advierten que difícilmente ello pueda lograrse sólo a partir de una nueva ley jubilatoria. Porque el derecho en el capitalismo sigue al mercado. Si bien se prevé la conveniencia de otorgar prestaciones asistenciales, se señala que ésa no es la solución real a un problema que tiene su raíz en la alta informalidad del mercado laboral. Las personas subsidiadas, como las que hoy cobran, por el plan Adultos Mayores, un ingreso mensual de $ 150, son, entre los pasivos, el equivalente a lo que representan en la población activa los desocupados y los trabajadores que están en negro.
El informe de Equis destina un capítulo a analizar la relación entre pobreza y falta de acceso a un haber previsional. Según los datos de la encuesta de hogares del Indec de mayo pasado, en la franja que agrupa al 40% más pobre de los trabajadores, más del 70% no realiza aportes jubilatorios, en tanto que en el grupo que reúne al 20% que tiene mejores ingresos, el índice cae al 20,4 por ciento. Según los resultados de la encuesta, el 28,3% de los mayores (1.012.060 personas) es pobre, en tanto que en diciembre de 2001, antes de la devaluación, el índice era del 15,6%. Si se cumple el pronóstico sobre población no cubierta en 2010, el trabajo de Equis estima que la pobreza en este segmento de la población se elevaría al 32,8%. El trabajo concluye también que el 60% de la pobreza de los habitantes del país mayores de 65 años se explica por la falta de ingresos jubilatorios. Como la evasión previsional debe ser considerada un problema dentro de la evasión impositiva en general, "aunque no existieran impuestos al trabajo y sí otras altas cargas impositivas, una empresa probablemente evitaría declarar trabajadores para ser consistente con la no declaración (o subdeclaración) de su actividad". La afirmación es parte de las conclusiones de un reciente trabajo del economista Ruffo, del Ieral. Según el informe, además de la presión tributaria general, hay al menos otros dos factores que explican el alto índice de trabajo en negro y la consecuente baja tasa de cobertura de la seguridad social: las regulaciones laborales impuestas por viejos convenios y el costo diferencial que implica generar un puesto formal en relación con uno informal (es decir: uno fordista versus uno postfordista). Respecto de este último aspecto, Ruffo señala que "un puesto declarado implica un 70% más de costo frente a una relación informal". Pero agrega que estos costos, si bien constituyen un incentivo a no declarar, no explicarían el incremento de la informalidad, porque las contribuciones cayeron fuertemente entre 1993 y 2000. El diferencial de costos se amplía, según el economista, en etapas recesivas: en esos momentos el sector formal provoca una expulsión neta de trabajadores y los desempleados se vuelcan al sector informal, lo que provoca, a su vez, que caigan los salarios en negro.
El informe advierte que la decisión del Gobierno de incrementar los salarios del sector privado es una medida que, lejos de mejorar la distribución del ingreso, la empeora, porque privilegia al sector formal por encima del informal. También expone cuestionamientos al plan de controles del trabajo en negro, ya que, según señala, si no se acompaña con medidas de incentivo a la formalidad se corre el riesgo de que algunas empresas no puedan subsistir "o eviten tomar más trabajadores". El trabajo del Ieral no sólo hace referencia a la falta de cobertura futura de esos trabajadores. Hace hincapié en las falencias que se sufren en la etapa activa por estar al margen de beneficios como el de un plan de salud, el seguro de accidentes laborales y la posibilidad de cobrar el seguro de desempleo.
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