Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Sobre instrucción, educación y asuntos afines

Salvador López Arnal

En el momento que redacto esta nota, han aparecido en la prensa escrita artículos de Fernando Savater (“¿Ciudadanos o feligreses?”, El País, 5/VII//2007), Rafael Sánchez Ferlosio (“Educar e instruir”, El País, 29/07/2007), Xavier Pericay (“Educación, instrucción y ciudadanía”, ABC, 15/08/2007) y, de nuevo, de Fernando Savater (“Instruir educando”, El País, 23/08/2007), una nota de Carlos Fernández Liria –“Ferlosio y la ciudadanía”, El País, 1/08/2007-, así como sendas cartas de Pericay y Savater (El País, 25/08/2007 y 28/08/2007 respectivamente), en torno a las nociones de instruir, educar y, como tema de fondo, la asignatura de la enseñanza secundaria obligatoria española “Educación para la ciudadanía”, y el mismo concepto de ciudadanía. Ignoro si hay más intervenciones hasta la fecha. Sospecho que alguna puede publicarse estos próximos días.

Sobre las que acabo de señalar, desearía realizar algunas precisiones.

0. La contraposición entre educar e instruir normalmente apunta a la diferencia entre transmitir información, conocimientos, destrezas, describir situaciones, explicar leyes o demostrar teoremas, que sería instruir (a veces, sinónima de enseñar) y, por el otro lado, formar al individuo, ayudar a construir su personalidad, su moral, sus valores éticos, estéticos, sus formas sociales de comportamiento, las bases de su perspectiva política (sin adoctrinamiento dogmático),… todo lo cual sería educar o formar. La contraposición se presenta a veces de forma excluyente o casi excluyente: cuando se instruye, se enseña y no se educa; si se educa, no se pretende instruir.

A propósito de esta distinción, Fernández Enguita recordaba en su bitácora un poema de T. S. Eliot (The Rock):

¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido en la información?

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En la muerte de Benno Ohnesorg

(Sea dicho entre paréntesis: vale la pena recordar una olvidada relación del régimen del Sha  y la industria europea que ha sido recordada por Eduard Rodríguez Farré[6]. En los años setenta del pasado siglo, se creó en Europa un consorcio llamado “EURODIF” -abreviación de Eurodifusión- por el método de enriquecer uranio. El consorcio y sus instalaciones se encontraban, se siguen encontrando, bajo control francés. En EURODIF, además de los países europeos, España entre ellos, que no tenían entonces ni tienen ahora el ciclo completo del uranio, también participaba Irán, que antes, con el Sha en el poder, era país amigo. Al fundarse el consorcio, el Sha participó con un 10% del capital. Ya en estos años Irán tenía la finalidad de construir centrales nucleares. Nadie se escandalizaba por ello. Cuando fue Secretario de Estado bajo la presidencia de Nixon, Kissinger apuntó que la introducción de la industria nuclear en Irán beneficiaría las crecientes necesidades de su economía y, además, le permitiría reservar parte de su petróleo para la exportación o para la conversión en productos petroquímicos. El Sha era entonces un sátrapa, pero era nuestro sátrapa aliado. Cierro el paréntesis nuclear).

[1] Tomado de la editorial del número 11 de la revista Materiales, septiembre-octubre de 1977, p. 4

[2] Ahora en Manuel Sacristán, Intervenciones políticas. Icaria, Barcelona, 1985, pp.158-177 (el paso citado está en la página 165).

[3] Sacristán presentó y editó en 1976 una Antología de los escritos de la Meinhof a quien había conocido durante su estancia en Alemania entre 1954 y 1956.A ella se refería en una de sus últimas conferencias: “Sobre Lkukács” (1985), Manuel Sacristán, Seis conferencias. Libros de El Viejo Topo, Barcelona, 2005.

[4] Tariq Ali, Años de lucha en la calle. Akal, Madrid, 2007, p. 259.

[5] A la nueva edición (original 2005, en castellano 2007), Tariq Ali ha incorporado una larga introducción –“Crónica de entonces y de ahora”-, un apartado con intercambio de cartas entre John Lennon y John Hoyland y la entrevista que él y Robin Blackburn hicieron a Lennon y Ono.

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En recuerdo de Víctor Jara

Salvador López Arnal

Era Víctor, aunque le vi delgado y demacrado. ¿Qué te han hecho para consumirte así en una semana? Tenía los ojos abiertos y parecía mirar de frente con intensidad y desafiante, a pesar de una herida en la cabeza y terribles moratones en la mejilla. Tenía la ropa hecha jirones, los pantalones alrededor de los tobillos, el jersey arrollado bajo las axilas, los calzoncillos azules, harapos alrededor de las caderas, como si hubieran sido cortados por una navaja o una bayoneta… el pecho acribillado y una herida abierta en el abdomen… las manos parecían colgarle de los brazos en extraño ángulo, como si tuviera rotas las muñecas.. pero era Víctor, mi marido, mi amor. En este momento también murió una parte de mí. Sentía que una buena parte de mí moría mientas permanecía allí, inmóvil y callada… incapaz de moverme, de hablar.

                        Joan Jara, Víctor Jara, un canto truncado.

Al comenzar la década de los setenta Manolo [Manuel Sacristán] estaba convencido del doble fracaso o la doble derrota de las corrientes principales en que la tradición marxista se había dividido históricamente: la socialdemócrata y la comunista. Ya en 1969, al analizar lo que fue la Primavera de Praga y la invasión de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia, había apuntado, por una parte, que veríamos cosas peores y, por otra, la necesidad de una reconsideración crítica del leninismo si lo que se pretendía (y él lo pretendía) era evitar la recaída en el estalinismo o en la ilusión gradualista. La tragedia del socialismo en Chile, en 1973, afectó a Manolo profundamente. No escribió sobre eso porque le deprimió todo lo que estaba pasando: la confusión generalizada entre estar en el gobierno y tener el poder, la forma en que se produjo el golpe de estado y la reacción de las direcciones de los partidos comunistas europeos. El análisis de la experiencia de Chile le reafirmó en su convicción de que había que pensarlo casi todo de nuevo. En esto coincidía con el viejo Lukács.

Entrevista a Francisco Fernández Buey sobre Manuel Sacristán[1]

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Algo + sobre las Españas

Salvador López Arnal

En un informado e interesante artículo publicado recientemente en el diario independiente (¡ay!) de la mañana[1], Joan Subirats alertaba sobre una  paradoja no resuelta y sobre una de sus principales derivaciones.

Para el gobierno Zapatero-De la Vega-Rubalcaba, que, no olvidemos, ha contado con apoyos parlamentarios a derecha e izquierda, el país va mejor que nunca. Todos los macrodatos señalan la misma dirección: lo óptimo es mejor que lo bueno.

La oposición, la oposición extrema de la derecha española desbridada, que apenas nada dice sobre asuntos económicos porque cree, con buenas razones, que la línea continuista del gobierno actual con el equipo Rato-Aznar es más que evidente[2], habla de sus temas, de los temas que le han permitido cuidar y movilizar a sus numerosas huestes, y ciudadanos afines, en siete u ocho ocasiones: terrorismo, unidad de España, ETA y 11-M, educación para la sodomía -la expresión está en su florida e impúdica mochila- y defensa nacional-católica frente a los ataques a la libertad religiosa y a la Santa y apostólica Iglesia española del gobierno y de los partidos laicos y anticlericales.

¿Y por qué, supuestamente, el país va bien o mejor que bien? Subirats recuerda los datos macroeconómicos que suele ser citados y repetidos hasta la saciedad por instancias oficiales: el paro ha disminuido hasta niveles no recordados (en algunas comunidades es prácticamente inexistente, apenas existe el denominado paro técnico); corre el dinero con profusión; parte de la ciudadanía invierte nuevamente en bolsa; se compran -o se compraban- pisos y segundas residencias; los bancos y empresas españolas, “nuestras multinacionales”, invierten en todo el mundo y sus beneficios alcanzan “valores y niveles históricos”; se exporta más que nunca; el turista 195 millones está a punto de aterrizar en suelo peninsular o insular; España, Barcelona en particular, son la mejor “botiga” (tienda) del mundo; la construcción se extiende como macha incontrolable por todo el Mediterráneo; la corrupción, la extendida corrupción, no impide negocios ni apoyos electorales. Largo etcétera.

Pero, cabe citar, Subirats así lo hace, el lado oscuro y falsario de nuestra lunática ilusión: se acreciente el malestar particular de muchos; las gentes, sin vidas exageradas y consumistas, no llegan a final de mes; los jóvenes no pueden independizarse o lo hacen en condiciones mucho peores que las de la generación anterior; el fracaso escolar no disminuye y el interés educativo no aumenta; los sueldos de algunos jóvenes, y de personas adultas, apenas alcanzan los 1.000 euros; la precariedad brilla por su masiva presencia; las hipotecas hipotecan vidas, finalidades y rebeldías; más ancianos se las ven y desean para llegar a final de mes sin ayudas públicas o de instituciones de caridad; personas mayores necesitan residencias públicas que no encuentran; listas de espera que, en algunas especialidades, no disminuyen de forma significativa; sectores y fábricas donde la siniestralidad dicta su ley; empresas donde todo atisbo de derecho humano y sindical es arrojado al archivo de lo inútil e  imposible, situado normalmente a mano derecha de la entrada en el infierno laboral; desigualdades crecientes (En Barcelona, Subirats lo recuerda, la renta media familiar de barrios enriquecidos como Pedralbes es seis veces superior que la renta media del Raval -al lado de Ramblas, en pleno centro de Barcelona- o que la del barrio de Besós Sur, cercano al lugar donde se celebró el despropósito del Forum de las culturas, parcialmente subvencionado, como es sabido, por multinacionales arrogantes e industrias con inversiones e intereses armamentísticos, netamente preocupadas todas ellas, eso sí, por “la paz, la cultura y la armonía de los pueblos”). Etcétera también, no vacío desde luego.

Joan Subirats señala efectos políticos de esta situación. No pretende, no puede ser exhaustivo en un artículo periodístico. Los que apenas cuentan en la cuentas están crecientemente alejados de la esfera política. Sin que todo sea, no lo es desde luego, ni pueda reducirse a participación electoral, los datos de la abstención son indicativos. En las últimas elecciones municipales –insisto: municipales, no autonómicas o europeas- la abstención ha alcanzado el 70% en algunos distritos de Barcelona. El porcentaje es otro muy distinto en los barrios donde, mayoritariamente, vive la pequeña burguesía o la alta burguesía -Eixample, Sarrià, Sant Gervasi, Pedralbes-. Siendo también significativo, se reduce a un 35%.

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Muertes en el circo

Salvador López Arnal

Había nacido el 26 de noviembre de 1984. El futbolista del Sevilla Antonio Puerta Pérez falleció el 29 de agosto a las 14:30 en la UCI del Hospital Virgen del Rocío después de ser ingresado de urgencias. Había sufrido una parada cardiaca durante el partido Sevilla-Getafe, consecuencia de una arritmia ventricular, causada a su vez por una displasia arritmogénica del ventrículo derecho. Según fuentes del hospital, la muerte del joven Antonio Puerta fue causada por "la encefalopatía postaxónica y el fracaso multiorgánicos secundarios a la parada cardiaca" que motivó su ingreso el pasado sábado 25 de agosto.

La capilla ardiente se instaló en el estadio Sánchez Pizjuán. El futbolista estuvo amortajado con la bandera del Sevilla. Se colocó también una bandera de España, que, según las crónicas, simbolizaba su internacionalidad. A sus pies, todos los títulos que conquistó con el equipo, al que, según comentó un dirigente del club, esas fueron sus palabras, “amó desde que tuvo uso de conciencia" (sic).

No vi el partido. Pero creo haber leído o escuchado que Antonio Puerta tuvo un primer desvanecimiento. Siguió adelante, nadie le advirtió del peligro, o acaso él no quiso hacer caso de la advertencia. Ignoro incluso si los servicios públicos del club le habían hecho pruebas suficientes para detectar su enfermedad. Una médica cardióloga de un organismo oficial de Deportes declaró, un día después del fallecimiento de Puerta, que era posible mediante pruebas adecuadas, cuya necesidad ella misma no había dejado de señalar, detectar esa y otras enfermedades cardiovasculares semejantes. Según creo, nadie la ha escuchado hasta la fecha o nadie ha querido tomar nota práctica de su recomendación. Tal vez incremente gastos y aumente la fracción costes-beneficios.

Bien estudiado, y no estoy en condiciones de hacerlo, algo de lo que ha sucedido tiene que ver directamente con lo que hoy es el fútbol: un negocio-espectáculo que mueve millones, y a millones de personas, en manos de multinacionales, abogados de renombre, empresarios de la construcción o gentes poco recomendables (Gil y el Atlético de Madrid, Berlusconi y el Milan)[1], que usan a veces su popularidad “deportiva” como trampolín político hacia otras arenas de aún mayor proyección y proximidad al Poder-poder. Que ese negocio no tiene entrañas, o las tiene en parada dilatada, es sabido: baste pensar en la final del mundial Francia-Brasil, cuando se obligó a jugar enfermo a Ronaldo, entonces en su mejor momento y con popularidad internacional. Los media impusieron su presencia.

Sobre el tratamiento mediático de la muerte de Antonio Puerta no es necesario decir nada que no se sepa. Acaso un pequeño apunte. ¿Qué sentido tiene hablar del embarazo de su compañera en estos momentos luctuosos? Tal vez lo tenga. Entonces, ¿qué sentido tiene hablar de los dos hijos de la anterior relación de su pareja? ¿Es ato de interés? ¿Qué sentido tiene señalar la diferencia de edad entre ambos, entre Puerta y su compañera? Algunas de las preguntas se responden solas. La cosmovisión que las envuelve produce vómitos.

Sigamos adelante porque acaso valga la pena señalar dos instantáneas más. Ese mismo 29, el día que fallecía Antonio Puerta, moría en Castellbisbal (Barcelona) un trabajador -latinoamericano, aunque no importa, pero acaso por ello más desprotegido y más desesperado- de las obras del AVE que se están haciendo en Barcelona. Dos trabajadores más resultaron heridos. Una bobina de 3.000 kilos de cabe cayó sobre ellos cuando instalaban la catenaria, justo cuando la estaban  manipulando. La responsable de las obras, en el tramo donde tuvo lugar el accidente, es ADIS[2], una unión temporal de las empresas Thales, Siemens, Dimetronic e Indra. Los trabajadores formaban parte de la plantilla de System, una empresa dedicada a la instalación de cabe eléctrico. Ya lo han adivinado: System es una subcontrata de Thales. De hecho, desde que en 2001 se iniciaron las obras del AVE en Cataluña, han perdido la vida en ellas al menos 11 trabajadores; otros 9 han sufrido heridas graves.

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“Cans de palleiro: Diálogo con John Berger y Manuel Rivas sobre cultura campesina”

Víctor Sampedro

CANS DE PALLEIRO.

Una conversación con John Berguer y Manuel Rivas

Referencia: SAMPEDRO, Víctor (2002) “Cans de palleiro: Diálogo con John Berger y Manuel Rivas sobre cultura campesina” en FUNDACIÓN CONTAMÍNAME (ed.) Ciudadanos de Babel, pp. 21-48. Punto de Lectura.Madrid. ISBN 84-663-0740-0

Los encontramos en la calle. Contaban cuentos en una plaza próxima al estudio de Pedro, donde se reúnen los sin techo y los sin patria, soñando sueños de cartones de vino dentro de cartones de neveras. John Berger y Manuel Rivas se comportaban como cans de palleiro de paso por Madrid. Así les llaman en Galicia a los perros sin raza,concebidos y paridos en cualquier pajar. A pesar de ello, son animales sabios yexpertos, como los campesinos emigrados que acompañan en el destierro, en el tránsito del heno al asfalto. Vinieron a la ciudad, ladrando en dos lenguas poemas y pasajes del último libro de John Berger, titulado King: el perro que cosecha con otros “sin tierra” un vertedero afavelado de Europa. Duo de aullidos para un estandarte de harapos en honor a todos los exiliados del campo. John, vestido con el luto pueblerino de los días de fiesta, pidió silencio para escuchar los gorriones del otoño. Manuel ladró un aturuxo de mozo de aldea, semejante al que un día antes gritaban los manifestantes contra el Fondo Monetario Internacional en Praga: “Capitalismo, Canibalismo”. Y, al final, echaron a correr en frente de los grises de la memoria, girando en torno a nosotros, convocados por una bandera blancacon un lema pintado en spray rojo y negro: “King y vosotros”.

Les abordamos en el bar de la esquina para llevarles a casa, con las únicas promesas que tientan a los aldeanos: alimento, bebida y conversación. Belén, María y Rosa oficiaron el banquete. Vasos y platos siempre llenos. Sonrisas y miradas que alimentaron las esperas y los silencios, los huecos libres del diálogo. Nela, la compañera de John Berger, se reclinaba en un sillón. La guitarra y las estrofas de Pedro dieron paso una conversación en inglés, gallego y castellano.

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Terra incognita. La soledad de Bush, el fracaso de los halcones y el desinfle de las burbujas

Jorge Beinstein

jorgebeinstein@yahoo.com

 

Aunque le falta más de un año para abandonar la Casa Blanca, la situación actual de Bush es la de un presidente en estado terminal. El acoso parlamentario opositor aumenta semana a semana, sus aliados republicanos lo van abandonando uno tras otro, su asesor estrella Karl Rove ha desertado, la burbuja inmobiliaria se sigue desinflando señalando un futuro oscuro para el conjunto de la economía norteamericana y provocando sucesivos sacudones bursátiles globales. Su compañero de aventuras, Tony Blair, dejó el cargo de primer ministro en Inglaterra generando en Washington crecientes temores acerca de un posible deslizamiento de los ingleses hacia la Unión Europea aflojando sus lazos atlantistas y tomando distancia de la estrategia eurasiática de los halcones (1). Además han empezado a circular declaraciones de funcionarios y “filtraciones” mediáticas referidas a escenarios elaborados en el Pentágono de retirada rápida de las tropas estadounidenses de Irak (2). En ese nivel y en el conjunto del sistema de poder de los Estados Unidos ya casi nadie pone en duda el fracaso de la aventura irakí y mientras el sector más extremista de los halcones sueña con algún “golpe de fuerza” milagroso dentro de Irak o por medio de un ataque contra Irán, el Imperio esboza repliegues que le permitan preservar su presencia en el Medio Oriente. Las ventas masivas de armas a los regímenes amigos de la región es una de los medios empleados, el gobierno estadounidense acaba de acordar ventas por 20 mil millones de dólares a los estados del Golfo (incluidos 10 mil millones para Arabia Saudita), 30 mil millones de dólares a Israel y 13 mil millones de dólares a Egipto. Combinando “intereses estratégicos” de los Estados Unidos e intereses comerciales de las empresas beneficiadas con esas ventas (3), obviamente los funcionarios involucrados en el negocio recibirán las “recompensas” correspondientes (curiosa mezcla de corrupción y fanatismo imperialista).

Por otra parte acumula apoyos en el establishement el llamado plan Biden-Gelb de dividir a Irak en tres partes (una sunita, otra shiita y una tercera kurda) lo que supone el éxito (para nada asegurado) de la estrategia de guerra étnica desarrollada por los ocupantes, la concreción del plan les permitiría (en teoría) replegarse con relativamente pocas bajas ya que la resistencia iraki quedaría sumergida en un océano de conflictos locales. Hacia mediados del año pasado el senador demócrata Joseph Biden y Leslie Gelb, presidente emérito del Council on Foreign Relations, publicaban en el New York Times un texto desbordante de cinismo donde tomando como precedente “exitoso” al desmembramiento de Yugoslavia proponían descuartizar Irak. Completando el coro siniestro, nada menos que David Walker, titular del “ Government Accountability Office”, pronunció el 7 de agosto pasado una conferencia en la que trazó el paralelo entre la decadencia del imperio romano y la situación actual de los Estados Unidos (4).

Las dos burbujas imperiales se están desinflando al mismo tiempo: la burbuja financiera centrada en el mercado inmobiliario (aunque sus alcances son mucho más amplios) y la burbuja militar apoyada en las guerras de Irak y Afganistán (pasó decisivo en la delirante estrategia de conquista de Eurasia). La interacción entre ambos fracasos es evidente, aparecen como los aspectos más visibles, por ahora, de la degradación general de la sociedad norteamericana que no puede ser comprendida sino en su totalidad. De ese modo es posible explicar comportamientos sectoriales (militares, políticos, financieros y otros) aparentemente desmesurados, incoherentes, a veces abiertamente estúpidos pero que integran una dinámica superior marcada por la decadencia. Y como los Estados Unidos constituyen la espina dorsal y la cabeza enfermas del capitalismo mundial sus temblores afectan (expresan) al conjunto del sistema, es por ello que los interrogantes sobre su futuro tienen alcance planetario.

 

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Henri Lefebvre

Joan Tafalla

Una casualidad propia del verano, haciendo limpieza en la biblioteca me encuentro un viejo número de la revista teórica del PC, Nuestra Bandera, allí hay un artículo dedicado a Henri Lefebvre, es del año 77, casualmente estos días leo algunas cosas del pensador francés.

Leo su conferencia Lukács 1955, un homenaje al filosofo húngaro con motivo de su 70 aniversario y de la concesión del premio Kossuth; también leo su obra La vida cotidiana en el mundo moderno.

En los años cincuenta, G. Lukács está siendo criticado en su propio país, hay un affaire Lukács que va más allá de las fronteras húngaras. Lefebvre, que ha visitado al filósofo en Budapest, ha tomado partido a favor suyo, la chispa parece haber saltado en un curso sobre el realismo en la Universidad de Budapest, Lukács se ha despachado a gusto con afirmaciones en el sentido de que el realismo socialista no ha tenido ni su Balzac ni su Leonardo da Vinci, rápidamente el sector oficial del partido se lanza al ataque, estas afirmaciones contra el arte socialista pueden debilitar el socialismo frente a sus enemigos; no deja de ser  interesante que la conferencia a que hacemos referencia se pronuncia en el Instituto Húngaro de París.

Quizás entre las cosas que puedan unir a estos dos pensadores, una sea su lucha contra el economicismo en el pensamiento marxista y revolucionario; Lukács lleva muchos años ya luchando contra esta deformación del marxismo, ha afirmado en alguna entrevista que ya en los años veinte, él mismo, A. Gramsci –el más dotado, según L- y K Korsch luchaban por una reformulación del marxismo lejos del economicismo y del tacticismo imperante.

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El maldito asunto de la URSS y de la burocracia

Pepe Gutiérrez-Álvarez

En la mitad de los años sesenta, cuando el que escribe se inició en “la política”, la URSS comenzaba a gozar de un renovado prestigio entre la gente que “se movía”. Existían numerosas razones para ello. Se entendía que lo que se decía desde el régimen franquista carecía de la más mínima fiabilidad, y se contaba la anécdota de un millonario adicto que al regresar de un viaje por allá, declaró: “Allí viven peor que nosotros”, y se subrayaba el “nosotros” para los que no caían en el significado. Lo mismo sucedía con las películas anticomunistas vulgares que daban más bien risa. El contraste aparecía como evidente, mientras que el franquismo nos había colocado como un protectorado norteamericano, la URSS competía con la potencia del dólar en el crecimiento económico, y en aquella carrera espacial tan increíble. Recuerdo que mientras asistía con unas pocas personas más y con los muchachos de la escuela nocturna a la exposición de tapices de Goya, nuestro maestro, Don Ángel Vidal, un republicano represaliado, nos enseñó un recorte en el que un conocido corresponsal de La Vanguardia llamado Luís del Arco, contaba como dicha exposición había provocado enormes colas en Moscú. Por aquellos días, los más cinéfilos pudimos disfrutar con el estreno del magnífico Don Quijote (1953), de Gregori Kozintsev, en la que el gran Nicolai Tcherkassov interpreta al idealista hidalgo, en tanto que la ambientación había corrido cargo de Alberto Sánchez, un exiliado como lo habían sido la mayor parte de los artistas, escritores y poetas de su tiempo.

Semejante estado de simpatía había estado en mi caso forjada a través de numerosas referencias, comenzando por el hecho de que la única gesta que podía atribuirse a papá que “nunca se había metido en nada”, fue cuando en la inmediata postguerra el “señorito” del molino de aceite donde trabajaba como un favor, le preguntó que le parecía lo de Rusia. Su respuesta fue: “Seguro que es mejor que aquí”. Menuda la que armó, aunque al final todo quedó igual porque el abuelo seguía siendo un hombre muy respetado. Yo había oído aquí y allá que Rusia fue la única potencia que ayudó a la República, y entre las anécdotas (seguramente inventada) que llegaron a mis oídos había una que se atribuía a Gila. Reflejaba el ambiente que se dio cuando el nazismo fue derrotado en Stalingrado, episodio clave del siglo sobre el que ya se había estrenado una película homónima (Frank Wisbar, 1959) basada en una novela de Sven Hassell, y en la que se daba cuenta de la terrible agonía de los soldados alemanes.

Pues bien, se decía que Gila aparecía en el escenario y tendía una camisa sobre la que decía muchas cosas, hasta que en un momento se detenía para subrayar: “Alguien me dirá que está un poco rota, pero STA-LIN-PI-TA”. Igual me la contó mi pariente Antonio Segura, el comunista del pueblo que se había atrevido a plantarle cara al abominable y repulsivo “franquito” del pueblo, o quizás fuese el mismo Pedra, mi tutor político de los sesenta que aunque era anarquista, reconocía que, a pesar de todo, en Rusia se habían hecho muchas cosas. Por entonces, ya había entrado en contacto con “el Partido”, con los comunistas del barrio que me dejaban libros como El Don apacible, con el que Mijhail Sholojov había ganado el Nobel de Literatura. También había tenido ocasión de escuchar reconocimientos de obreros de procedencia diversa, cenetista incluida, que empero, estaban persuadidos de que la disciplina de hierro de Koba, había sido fundamental para evitar otras derrotas como la de la República. Lo demás eran zarandajas.

Sin embargo, a partir de 1967, esta dinámica digamos “prosoviética”, comenzó en mi caso, y en el de parte del grupo de las “comisiones juveniles” de L´Hospitalet, a cambiar de signo. Fueron varios los factores que influyeron. Supongo que ya existían ciertas lecturas críticas, y como no, películas de altura como Un, dos, tres, de Billy Wilder (1961), o Teléfono rojo, de Stanley Kubrick (1963), que ofrecían una sátira por igual de un lado y otro. La recomendación de la segunda me valió perder la amistad de un compañero de trabajo, un médico que estaba suspendido por haber participado en un aborto. Estaba –claro está- las advertencias de Pedra sobre la actuación del PCE-PSUC durante la guerra, y lo que nos contaba sobre el “uniformismo” y el papel totalitario del Estado. También su discurso sobre la necesidad de tener un pensamiento propio (el “librepensamiento”), conceptos que con relación al partido acabó de sentir por boca de Miguel Núñez, un comunista de antes, en el documental Postguerra.

Inmerso en una intensa labor de lecturas y discusión, mis amistades comunistas me parecieron “detenida” en la obediencia “al Partido”. En este cuadro, la llegada de un universitario que se hacía llamar nada menos que A. Nin, precipitó nuestra evolución con la ayuda de lecturas más avanzadas como lo fueron, entre otros, el Stalin, de Isaac Deutscher, y el Hongria, 1956: socialisme i llbertat, de François Fetjö, ambos publicados en catalán en Edició de Materials. Después llegaron el propio Trotsky, amén de obras de Pierre Broué, Ernest Mandel, etc. En Octubre de 1967, servidor ofrecía una conferencia sobre la revolución rusa en el Centro Social de La Florida, plenamente deudora de dichas lecturas El hecho provocó una pequeña conmoción entre mucha gente que consideró aquello como un atentado contra la cultura comunista, era como querer arreglarlo todo cuando con lo que teníamos aquí –la dictadura-, ya era más que suficiente.

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