Un punto de encuentro para las alternativas sociales

Empezar pacientemente la acumulación de fuerzas

Joan Tafalla

“La izquierda italiana que hemos conocido está muerta… No es una oposición ni una alternativa y ni tan solo una alternancia por usar esta jerga. Ha asumido un grado de subalternidad y de sujeción no sólo a las políticas de la derecha si no a su punto de vista y a su mentalidad en el cuadro internacional e interno”.

Con estas palabras definía Luigi Pintor, el 24 de abril de 2003, la situación de la izquierda italiana en el último editorial que escribió para Il Manifesto. Murió veinticuatro días después (**). Creo sinceramente que este duro diagnóstico puede ser aplicado sin paliativos al conjunto de la izquierda institucional española. Me refiero al PSOE y a la dirección de Izquierda Unida. Creo también que empieza a ser hora de darse una perspectiva diferente.

Crítica de la impaciencia electoral

Los resultados de la izquierda en el pasado 25 de mayo corroboran lo que se pretende demostrar en estas líneas. Como no era difícil de prever, las grandes multitudes que salieron a la calle contra la guerra permanente de Bush y Aznar no encontraron en el politicismo e institucionalismo de las propuestas del PSOE y de la mayoría de IU una respuesta política a sus aspiraciones. No encontraron en el discurso débil de ambas organizaciones lo que reclamaba Luigi Pintor en el editorial citado más arriba: “Además, la paz y la convivencia civil, nuestras banderas, no pueden ser una opción entre otras, sino un principio absoluto que implica una concepción del mundo y de la existencia cotidiana”. No puedo desarrollar esta idea aquí, pero creo que este hecho ha tenido grandes consecuencias en lo que yo llamaré la derrota del 25 de mayo. La disputa mediática de cifras entre el PP y el PSOE y el triunfalismo fatuo e ingenuo de Llamazares no pueden ocultar la realidad. La izquierda institucional está desnuda. El PSOE ha mantenido a duras penas su electorado e IU ha evitado su desaparición gracias a la triste realidad de una guerra. Las bases esenciales del poder de la derecha, de su hegemonía política, ideológica y social siguen sin haber sido tocadas. El movimiento antiguerra fue una ocasión de oro para ensayar la derrota de la derecha. Surgió de las inmensas reservas de valores morales que poseen nuestros pueblos. No todas las generaciones tienen la ocasión de participar a movimientos masivos de ese calibre y de esa profundidad. Era el momento para mostrar otros valores, de ofrecer otra forma de organizarse, otra forma de vivir. Era el momento para el combate contra la hegemonía social derecha. Era el momento de iniciar un contrapoder real. Pero sólo fue vivido por la izquierda institucional como una precampaña electoral. De ése modo, se contribuyó a recortarle las alas al movimiento y, de forma suicida, se contribuyó a la propia derrota electoral. En lugar de estimular y organizar la lucha en la calle, en los territorios, en las empresas, se quiso organizar un referéndum electoral. Y la izquierda institucional perdió y nos hizo perder a todos. La no convocatoria de huelga general por parte de las CCOO fue la muestra de la incapacidad de la izquierda institucional para construir ese contrapoder, para dar la batalla allí donde había que darla, en el corazón de las empresas, de su incapacidad para acumular fuerzas, para proponerse la tarea de diluir la hegemonía de la derecha por la base.

Por un relanzamiento de la iniciativa de la clase

Las movilizaciones multitudinarias del movimiento antiglobalización desde el año 2001 hasta aquí, han sido un factor siempre en ascenso cuya ultima (por el momento) expresión ha sido la lucha contra la guerra. No cabe duda que esas movilizaciones expresan la aparición de una nueva generación en la lucha y la recuperación de generaciones anteriores. Pero debemos huir del triunfalismo fácil y de los análisis simplones, presentes en una parte del movimiento. A pesar de la masividad de las movilizaciones se hecha de menos un proceso de recomposición de la multitud, del proletariado metropolitano, del demos o de la clase trabajadora. Cualquiera de esas denominaciones nos sirve provisionalmente para definir aquello a lo que nos referimos. No entraré aquí, por razones de espacio, a discutir esta terminología. Los cambios drásticos, epocales ha que ha sido sometida la clase obrera fordista en nuestra área, su fragmentación, su precarización creciente, la desarticulación de los organismos sindicales y políticos de empresa y territoriales donde la clase se socializaba, se organizaba, tomaba conciencia de sí, ha hecho casi desaparecer a la clase obrera de la escena política y social. Aquellas movilizaciones donde orgullosamente se cantaba “aquí están, estos son los que aguantan la nación” son un recuerdo ya lejano. La movilización de Sintel ha significado una ruptura de esta tendencia por parte de una plantilla que se siente orgullosa de sus conocimientos profesionales y de haber modernizado las telecomunicaciones en España. Los de SINTEL, juntos, se sienten poderosos. Tan poderosos que pueden autogestionarse su lucha prescindiendo de aparatos sindicales externos. Tan poderosos, que ha sido precisa la santa alianza entre Telefónica, el gobierno y la dirección de CCOO para intentar disgregarla, para tratar de convertir a ese colectivo conciente de su poder en un recuerdo vago. Sintel ha sido y es un destello de luz en la oscuridad de la derrota y de la disgregación, del aniquilamiento como clase. Pero un relanzamiento de la iniciativa de la clase requiere crear “ uno, cien, mil Sintels” El relanzamiento de la iniciativa de la clase no es sólo un asunto sindical. Es esencialmente un asunto político. Aquellos sectores que coincidan en la idea de que sin clase obrera para sí, de que sin clase organizada no es posible plantearse la perspectiva de la transformación social, deberán cargarse la pilas, deberán relanzar la perspectiva del sindicalismo crítico y de clase, pero además deberán estudiar en concreto los cambios de la composición de la clase, estudiar las experiencias de las luchas y resistencias que se dan aquí y allá, deberán ( como los camaradas italianos de muy diversas tendencias) realizar en todas partes y cada día, encuesta de clase. La encuesta de clase no es un ejercicio teórico si no eminentemente práctico. Se trata de un ejercicio de sociología militante y organizada y organizadora, imprescindible para un relanzamiento de la iniciativa de la clase y de su presencia en el escenario político.

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La democracia participativa en la red

Proponemos a continuación algunas páginas web y algunas direcciones electrónicas que pueden ser útiles a quienes quieran hacer una investigación propia sobre les temas de la democracia participativa. Naturalmente, no son las únicas pero son un buen principio para iniciar una interesante navegación en la búsqueda de la Ítaca de la democracia.

ATTAC: Llamamiento de Morsang.

http://attac.org/glocal/index.html

En enero del 2000 ATTAC organizó en Morsang-sur-Orge un coloquio titulado “ Cuando lo local se confronta con la mundialización liberal. Las colectividades, anclajes del avance ciudadano” que se formalizó en el “Llamamiento de Morsang” a los ciudadanos y a sus electos.

Brasil es uno de los paises de mayor producción práctica y teórica respecto de la democracia participativa. Diversas direcciones nos dan cuenta de esta rica producción:

http://www.correiocidadania.com.br/

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Devolvemos la soberanía al pueblo

Joan Tafalla

Entrevista a Raúl Pont, alcalde de Porto Alegre

Raúl Pont es un alcalde afable y accesible, lejos de la imagen paternal y distante de tantos alcaldes al uso. En los pasillos del encuentro "Pour un droit de cité. Vers une nouvelle citoyenneté", celebrados los días 17 a 20 de mayo pasados en Saint Denis lo encontramos abierto al contacto, haciendo pedagogía paciente entre la clase política municipal europea que, aunque interesada, mira con distancia ( incluso con aire de superioridad) esta experiencia de democracia participativa que es el Presupuesto Participativo ( OP) de Porto Alegre. Acepta rápidamente la propuesta de entrevista para El Viejo Topo que le formulamos. Sus respuestas reflejan la madurez de una realidad que está socializando la política en su ciudad, que está devolviendo a los ciudadanos la soberanía que les había sido usurpada por los políticos profesionales.

Declaraciones recogidas por Joan Tafalla

Joan Tafalla.- El planteamiento del presupuesto participativo en Porto Alegre, ¿ era una opción estratégica del PT o bien surgió como fruto de la circunstancia de que el PT tuviera la alcaldía de Porto Alegre (poder ejecutivo), pero la mayoría de la Cámara de Vereadores ( poder legislativo) tenía otra composición, lo que dificultaba la posibilidad de gobernar?

Raúl Pont.- Cuando ganamos la elecciones en 1989 por primera vez en la capital teníamos como punto de programa, gobernar de una forma distinta que hasta entonces la ciudad había conocido. Esto sería a través de Consejos Populares, que no teníamos muy claro como serían por que no teníamos una acumulación anterior, no teníamos una experiencia anterior ni en Porto Alegre, ni en otras ciudades gobernadas por el PT. Teníamos referencias teóricas de la historia de las luchas del socialismo, pero en Brasil nunca se había practicado un gobierno de izquierdas, precisamente por que la mayor parte de nuestra historia está compuesta por gobiernos oligárquicos o por dictaduras donde no existía ni tan sólo la representación de la democracia representativa. Por tanto, era algo pensado, no era algo espontáneo, lo teníamos como punto programático. Y empezamos por esto: por hacer una primera experiencia, oir a la gente, dividir la ciudad por regiones … y esto se fue perfeccionando hasta llegar a hoy, en que el OP involucra a miles de personas, con una organización y una complejidad mucho mayor que cuando empezamos, doce años atrás. Es algo consolidado y es algo que expresa claramente un predominio en las decisiones de los ciudadanos que participan en este proceso.

J.T.- ¿Cómo son las relaciones entre la alcaldía y el poder legislativo?

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“Yo no he roto con Cuba”: Entrevista con José Saramago

Especial para Juventud Rebelde, La Jornada, Rebelión y Cubadebate Declaraciones en Lanzarote, Canarias, dell Premio Nobel de Literatura. "Siempre he pensado que llegará un tiempo en que la justicia no sea esa vergüenza de mundo al que asistimos todos los días", dice.

A la entrada, junto a la puerta marcada con el número 3, un discreto grabado indica que allí viven Pilar del Río y José Saramago. No hay mucha diferencia entre esta y las viviendas vecinas de la comarca de Tías, en Lanzarote, salvo el cartel que la nombra, "A Casa" – "la Casa"-, y que recuerda esas denominaciones que le da el escritor portugués a muchas de sus criaturas: "el Rey", "el Hombre", "la Mujer", "el Centro", "la Caverna", "la Balsa"…

Y "la Casa" es eso, un lugar tibio, tres perros, una biblioteca y un hombre y una mujer que se aman. José, simplemente José, llega sin protocolos, a pasos firmes, desmintiendo la edad que dicen los libros que tiene, y presentando a los compañeros de viaje de la pareja en esta isla dentro del archipiélago canario: Pepe, Greta y Camoens, los perros. "¿Viste la corbatica blanca?", y señala el pecho de Camoens, al que reconozco no más verlo. Es "Encontrado", uno de los protagonistas de La Caverna, a quien le debemos quizás el capítulo más hermoso de esa novela y una verdad inexorable: "en asuntos del corazón y del sentir, siempre lo demasiado es mejor que lo escaso".

La conversación toma distintos rumbos, y por supuesto, se habla de la noticia del día: la designación de John Michael Coetzee como Premio Nobel. José lo conoció en México. "Es un hombre reservado y valiente. Me parece excelente esta designación", afirma, mientras Pilar va y viene, terminando de armar la cena que sus manos han preparado especialmente para la embajadora cubana en España, Isabel Allende, y para su esposo, el escritor Armando Cristóbal Pérez, Consejero Cultural de la misión..

Es Pilar, periodista y traductora de la obra de su esposo, quien nos invita a ver un video sobre la visita que en 1999 hizo el Premio Nobel a Cuba y que reseña también el encuentro de toda la tribu Saramago-Del Río con Fidel. También, hará notar el cuadro con la imagen de la Bodeguita del Medio, que cuelga a la entrada de su despacho. Y contará detalles de la presentación del último libro del Nobel, El hombre duplicado, en el Teatro Colón, de Buenos Aires, ante 4200 personas. Allí, en un cartel gigante habían escrito: "Saramago, te queremos, pero queremos a Cuba también." Pilar recuerda lo que comentó José cuando lo vio: "Yo también quiero a Cuba."

Pero me enteraré de todo esto después. Antes, se produce la entrevista. En ese largo diálogo descubro que el ser humano esencial que escribe sus libros, es el mismo que tengo delante. En la despedida, nos abrazó uno a uno, y cuando me tocó el turno, solo atiné a decirle muy bajo: "no deje de querernos, no deje de querer a Cuba". Todavía me estremece ese "nunca" que escuché con la cabeza apoyada en su hombro. EL AMOR -He visto que todos los relojes de esta casa siguen detenidos a las cuatro de la tarde…

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Fonaments teològics de la política de G. Bush

Jaume Botey

Pot semblar estrany el títol d’aquesta trobada. Però son també estranyes a l’Occident les continuades referències de Bush a la Bíblia, a la religió, a Déu com a garantia publica de les seves decisions. A l’Occident és inusual que un president confessi que ho és per exprés designi de Déu, que les sessions d’un Consell de Ministres comencin amb una estona d’oració o que el divendres a la tarda les oficines del govern tanquin a fi que els treballadors puguin assistir a sessions d’estudi de la Bíblia.

El discurs religiós, sempre present en la vida pública nord-americana malgrat la separació de poders establert per la Constitució des de la independència al 1776, s’ha fet més present en els últims anys. I sovint ha explicat el propi president que era la raó última de les decisions de l’actual administració republicana.

Discurs que connecta, tan amb la tradició calvinista com amb el de les identitats i enfrontament entre cultures, el màxim exponent del qual es Samuel Huntington amb el “xoc de civilitzacions”. Tan Huntington com el clàssic de Fukuyama de “El final de la història” fonamenten les seves tesis indemostrables en una mena de categorització religiosa dels pobles, ètnies i cultures en funció del model occidental i nord-americà, al que es considera han d’assemblar-se totes les cultures..

Heus aquí tres texts:

“He escoltat una crida. Sé que Déu vol que em presenti a les eleccions presidencials” (Bush al telepredicador James Robinson, al 1998). El mateix Bush després de l’atemptat de l’11 de setembre: “Ha sigut una desgràcia nacional. Ha sigut un acte de guerra. La llibertat i la democràcia han sigut atacades (…). El terrorisme contra el nostre país no quedarà impune. Els que han comès aquestes accions i els que les protegeixen, pagaran un preu molt alt pel que han fet (…). La guerra que ens espera es una lluita monumental entre el bé i el mal (…). Serà llarga i bruta (…). Els que ens han atacat han escollit la seva pròpia destrucció (…). O s’està amb nosaltres o amb el terrorisme (…). Déu està amb nosaltres (…). Déu beneeixi Amèrica”.

O el 21 de novembre del 2001 davant de militars destinats a Afganistan: “El que no està amb nosaltres està contra nosaltres”, “sabem que Déu no es neutral”, “Estem al començament d’una intervenció militar que serà llarga. La intervenció a Afganistan no es més que l’inici de la guerra contra el terror. Durant molts anys i a tot el món haurem de combatre els malvats. Es la nostra missió. I estem segurs que guanyarem”.

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Gobierno Democrático y Popular de Río Grande del Sur: un año y medio de alternativas

El Palacio Piratini, sede del Gobierno del Estado de Río Grande del Sur (RS), en el centro histórico de la ciudad capital, Porto Alegre, compartiendo el espacio de una plaza en pendiente, con la catedral, el palacio de la Asamblea Legislativa (Parlamento del Estado) y uno de los más viejos teatros, no puede dejar de sorprender al nuevo visitante: una pancarta colgada en la fachada llama a participar en la jornada de actividades del Dia Internacional de la Mujer Trabajadora; en el interior, obviamente construcción señorial de aires decimonónicos, neoclásicos, barrocos, va a encontrar carteles con diferentes motivos de izquierda y, más importante, un comportamiento inusitadamente amable de parte de los funcionarios y personal que atiende. Es el Gobierno Democrático y Popular de RS, que ya tuvo que acatar una moción aprobada en la Asamblea Legislativa prohibiendo a los y las telefonistas de la Casa atender las llamadas con un, por veces, combativo "Aló, Gobierno Democrático y Popular de RS" demasiado agresivo y duro, sin dudas, para la derecha gaúcha.

La sede del conjunto de secretarías (ministerios) es una construcción moderna, muy céntrica también, con clara voluntad faraónica, de forma piramidal, obvio. Dos alas con más de veinte pisos, para poder ser vistas desde bien lejos y desde las que se consiguen varias de las más bonitas vistas de la ciudad. También ahí el ambiente refleja el cambio de gobierno. Cambio que, sin embargo, no siempre es posible percibir nítidamente sin haber conocido la situación anterior. En la planta 17, sede de la Secretaría para el Desarrollo y Asuntos Internacionales (SEDAI), cuando los actuales inquilinos tomaron posesión, encontraron despachos de la General Motors (GM) y la FORD. Junto a las instalaciones, también los funcionarios públicos a su servicio. Una opción política muy clara la del anterior Gobernador.

Fue, precisamente, en relación con esas dos grandes transnacionales estadounidenses del automóvil que el Gobierno Democrático y Popular de Olivio Dutra, apoyado por un frente de organizaciones de izquierda cuya columna vertebral es el Partido de los Trabajadores, sufrió la primera gran ofensiva, con eco en todo Brasil, de un frente formado, esta vez, por la patronal, la derecha con mayoría en la Asamblea y casi todos los medios de comunicación de masas, en realidad y prácticamente un monopolio relacionado con la famosa Red Globo.

Ésa y otras tres decisiones tomadas al principio de la gestión: llevar a la Justicia Federal el contrato de la deuda con el Gobierno Federal realizado por el anterior gobernador; la asistencia a la reunión de gobernadores con el presidente de la República, durante la crisis de la deuda de los Estados; la comparecencia a la Marcha de los 100.000, en Brasilia, bajo las banderas del "Fuera Fernando Henrique Cardoso, fuera el FMI"; permiten ver con meridiana claridad la orientación política del nuevo gobierno. "Las cuatro decisiones muestran un gobierno: preocupado, a veces hasta demasiado, con la opinión pública y con la actual correlación de fuerzas; pero dispuesto a avanzar, con cautela, "sin golpes" como dicen ellos, en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo para Río Grande del Sur y el país." ("O Sul de novo se levanta" Raimundo Rodrigues Pereira, en "Teoria & Debate" n.42, agosto/set./oct. 99).

El Gobierno planteó renegociar con las dos montadoras yanquis los contratos que éstas habían cerrado con el anterior gobierno. Pero, antes de poder hablar nada, el griterío en la Asamblea se hizo ensordecedor; los titulares de prensa escrita, radio y televisión anunciaban el caos absoluto; la patronal, mostrándose aterrorizada y muy agresiva, auguraba la noche más negra para la economía gaucha. De hecho, los contratos firmando por el anterior gobernador y la GM y la FORD eran considerados como conquistas históricas por la burguesía gaucha e, incluso, en algunos sectores del campo democrático y popular había interés por las montadoras, creyendo en la propaganda que anunciaba puestos de trabajo y desarrollo tecnológico.

Los contratos eran ciertamente históricos, sobretodo para GM y FORD que recibieron dos tipos de promesas: préstamos sin plazo de retorno, con intereses simbólicos y sin corrección monetaria, además de obras y servicios gratuitos; exenciones fiscales. En resumen, el Estado gastaría un billón de reales (US$ 1: R$ 1,75, aproximadamente) desembolsado para ayuda inmediata y cinco billones en exenciones y préstamos futuros.

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In memoriam de Cristopher Hill

Joaquín Miras Albarrán, Joan Tafalla

“Si cuando nuestros cuerpos de barro reposen en la tumba, hay niños en nuestro lugar, será señal de que luchamos por la verdad, la paz y la libertad de nuestros días”

Gerardo Winstanley

Nuestro camarada Christopher Hill murió el pasado 26 de febrero de 2003. La desaparición de uno de los grandes historiadores del siglo XX, perteneciente al grupo conocido como “historiadores marxistas británicos” que ha revolucionado la historiografía mundial, sin embargo, ha pasado por completo desapercibida. Por ello, a pesar del retraso, creemos oportuno redactar esta breve semblanza intelectual, que recuerde su obra y que, quizá sirva como presentación y como invitación a la lectura para algún lector de las generaciones jóvenes.

Christopher Hill nació en York en 1912. Fue decano del Balliol College d’ Oxford y miembro de la Academia británica. De 1934 a 1938 fue fellow del All Souls College d’Oxford, y de 1936 a 1938 profesor ayudante de Historia Moderna en el University College de Cardiff. Fue felllow y tutor de Historia Moderna en el Balliol College de Oxford de 1938 a 1965, y profesor invitado de Historia Inglesa de los siglos XVI y XVII en la Universidad de Oxford entre 1958 a 1965. Christopher Hill y la historiografía marxista británica.

Hill ingresó en el Partido Comunista de la Gran Bretaña en 1937, tras una visita de un año a la Unión Soviética donde conoció a historiadores soviéticos que habían estudiado, aplicando criterios marxistas, la revolución inglesa del siglo XVII. Los autores de esta nota ignoramos los nombres de estos historiadores, pero conociendo la contribución de historiadores soviéticos a la historia de las rebeliones campesinas en la Francia del mismo siglo o a la vida de Babeuf, podemos comprender la profunda huella que imprimieron en la inteligencia del joven historiador inglés. Ya en fecha tan temprana como 1940 Christopher Hill publicó un ensayo sobre “La revolución inglesa de 1640”, en el que, frente a la predominante “tesis Gardiner” que interpretaba aquella revolución en clave de lucha religiosa, como “revolución puritana”, Hill desarrollaba una interpretación alternativa de la misma, basada en la lucha de clases a partir de tres fuentes de inspiración: la obra de R.H. Tawney, las indicaciones de historiadores soviéticos y la concepción sustentada por Marx y Engels. A partir de esta interpretación, ya no se verá el siglo XVII en clave de enfrentamiento religioso sino en clave de lucha de clases.

Entre 1945 y 1957 Christopher Hill perteneció a la Agrupación de Historiadores del PCGB. Aunque la parte más importante de su obra es posterior a 1957, Hill consideraba que el formidable equipo de historiadores reunido en aquella agrupación constituyó el fermento intelectual cuyas discusiones e intercambios intelectuales le permitieron desarrollar sus concepciones, puesto que su adhesión al grupo coincide con “debates que fueron el mayor estímulo que he conocido” (Harvey j. Kaye, 1989). Hill pertenece a una tradición teórica, historiográfica, a cuya creación él contribuye decisivamente, junto con otros tres grandes colosos: Rodney Hilton, Eric Hobsbawm, y Edward Palmer Thompson. Todos ellos comparten una problemática común, que es, sin duda, resultado de su experiencia política y que replica a los pseudo teoremas doctrinales que dominaban en el movimiento obrero organizado tras la segunda guerra mundial y cuyas consecuencias políticas experimentaron en carne propia. Hobsbawm, hablando del legado de aquellos historiadores ha dicho: “ (una) ventaja de nuestro marxismo – que debemos en gran manera a Hill…- fue que nunca redujimos la historia a mero interés económico o a un determinismo de “intereses de clase” ni devaluamos la política ni la ideología … ( y) la dedicación formal a la ideología plebeya – teoría que subyace a las acciones de los movimientos sociales- todavía se identifica en gran manera con las historiadores de este origen, porque la historia social de las ideas fue siempre ( en especial gracias a Hill) una de nuestras preocupaciones primordiales” (Hobsbawm, 1974)

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De la invención del príncipe moderno a la controversia sobre el príncipe posmoderno

Francisco Fernández Buey

La Insignia. México, junio del 2003.

¿En la época de la globalización neoliberal y del nacimiento del movimiento de movimientos es suficiente una reformulación la teoría gramsciana del partido político en la línea del príncipe moderno o se necesita una reflexión completamente nueva acerca de lo que podría ser, para entendernos, el príncipe posmoderno? Esta es una pregunta que empieza a tomar cuerpo en el más importante de los movimientos sociales alternativos del presente, sobre todo a partir del momento en que la gran prensa admitió que la red de redes que se ha ido configurando entre Seatle y Florencia es el antagonista principal del capitalismo imperial en su actual fase.

Hay dos respuestas drásticas a esta pregunta, que yo conozca. La primera de estas respuestas acepta en lo sustancial la vigencia del punto de vista gramsciano y propugna la transformación del actual movimiento de movimientos en un partido orgánico internacional, acorde con el tipo de mundialización que conocemos. Este punto de vista admite la heterogeneidad sociocultural del movimiento de movimientos y la pluralidad de corrientes que existe en el mismo, pero reivindica su unificación tomando como base un concepto de la política muy parecido al que tenía el propio Gramsci.

La segunda respuesta viene a decir que hay que mantener el fin, o sea, aspirar a cambiar el mundo de base, pero que el medio, o sea, el partido, el príncipe moderno, ya no sirve ni siquiera en la forma gramsciana del intelectual colectivo. La forma partido habría periclitado por su tendencia a la identificación con el Estado, con el poder en toda la extensión de la palabra. De manera que a lo que habría que aspirar es a un contrapoder de forma movimentista que sigue aspirando a cambiar el mundo pero sin tomar el poder. Esta actitud ha sido argumentada recientemente en América Latina por John Holloway. En sus formulaciones extremas estos dos puntos de vista remiten a posiciones que se dieron ya en la época de la Primera Internacional. Pero no veo motivos fundados para reproducir hoy aquel debate. Sugiero, en cambio, que se puede potenciar un diálogo entre ambos puntos de vista teniendo en cuenta las siguientes consideraciones que se inspiran, a su vez, en el diálogo con Gramsci: 1º Conviene seguir manteniendo la orientación maquiaveliana de Gramsci sobre lo político. Pues, a pesar del muy extendido desprecio de la política por identificación de ésta con la "alta" política, con la política institucionalizada (que es, en lo esencial, politiquería o diplomacia), el desprecio abstracto de la política (que habría que entender como participación activa de la ciudadanía en la cosa pública) acaba conduciendo, también en nuestro mundo, a distintas formas de hipocresía o de cinismo, de "apoliticismo animalesco" y de qualunquismo. No es sólo que cuando se agudiza el conflicto entre intereses sociales se plantea siempre la necesidad de hacer política, sino que, además, en esa agudización del conflicto, que en la época de la mundialización afecta a países y culturas enteras, se acaba haciendo política hasta en los monasterios.

Todas las propuestas de refundición de lo ético y lo político (y hay varias propuestas bienintencionadas en ese sentido) siguen sonando a discursos premaquiavelianos y, por tanto, premodernos, en un mundo dividido como es el nuestro. Por eso la ampliación gramsciana de la noción de hegemonía más allá del ámbito militar, económico y político, para incluir en ella el primado o preeminencia cultural e intelectual en la formación de un bloque histórico, es todavía sugerente en la época de la globalización neoliberal. 2º No está escrito, sin embargo, que la mejor forma de hacer política alternativa en nuestro mundo sea a través del partido político. Recogiendo el léxico gramsciano se podría decir que no están dadas las condiciones para la construcción del príncipe posmoderno, el cual debería ser, obviamente, transnacional; pero tampoco es evidente que estén dadas las condiciones para la disolución de los partidos políticos que hoy se presentan como alternativos. De hecho, hay en el mundo bosquejos de lo primero, de lo que podría ser el príncipe posmoderno transnacional (en la red de redes, en el movimiento de movimientos) y ejemplos de transformación en curso de partidos políticos alternativos en un sentido nuevo (el PT en Brasil, con independencia de lo que se piense sobre la actual política económica y social de Lula).

Por lo tanto, no habría que precipitarse, como a veces se hace desde posiciones neoanarquistas, al declarar la obsolescencia del sistema de partidos, sino valorar qué es lo que ha caducado en la forma de entender el príncipe moderno. Lo cual lleva al punto siguiente.

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La encuesta obrera

Maximilien Rubel

Destinado a poner en marcha una vasta encuesta sobre la situación obrera en las ciudades y campos franceses, el Cuestionario redactado por Marx en 1880 se proponía recoger una masa de materiales con el fin de compilar una serie de monografías especiales para las diversas categorías, a reunir después en un volumen [1] . Lo que distingue esencialmente esta encuesta de otras que se habían realizado con anterioridad en Francia era su carácter de clase: los obreros eran exortados a describir en primera persona y por sus propios fines su situación económica y social [2] . En un preámbulo Marx insiste fuertemente sobre el aspecto revolucionario y auto educativo de la iniciativa, subrayando que solamente los obreros pueden “describir con total conocimiento de causa, los males que les afectan: […] únicamente ellos, y no salvadores providenciales, pueden aplicar enérgicos remedios a las miserias sociales de las que sufren” [3] .

Las primeras encuestas dirigidas en Francia por iniciativa de las instituciones académicas o del estado estaban, como mucho, impregnadas de espíritu filantrópico: algunas estaban dirigidas contra las tentativas de mutua asistencia de los obreros y contra las teorías socialistas en general, a las que oponían la beneficencia y la caridad de iniciativa clerical o patronal; otras, embebidas de maltusianismo se limitaban a criticar los efectos desastrosos de la industrialización creciente, aconsejando la moderación a los patronos y la calma a los obreros [4] . En su preámbulo, Marx denuncia la actitud inhumana de la burguesía francesa, que tiene todas las razones para temer una encuesta imparcial y sistemática sobre “las infamias de la explotación capitalista”; se desea que el gobierno republicano “ imite al gobierno monárquico de Inglaterra” que no ha temido nombrar comissiones especiales y inspectores de fábrica encargados de indagar “sobre los hechos y fechorías de la explotación capitalista”. Mientras no se producían estas medidas oficiales, los obreros habrían procedido ellos mismos a la edición de Cahiers du travail: “la primera labor que se impone a la democracia socialista para preparar la renovación social”.

La intención profunda que se puede deducir del cuestionario es la de suscitar en los obreros mismos una clara conciencia sobre su condición de seres alienados en la sociedad capitalista y, aún más – como deja entender el preámbulo en una frase lapidaria-, de persuadirlos de ser “la clase a la que pertenece el porvenir”. La encuesta no se debería limitar a la pura información y documentación estadística, aunque las preguntas se refiriesen a los detalles más pequeños de la condición social del trabajador. Los Cahiers du travail no debían parecerse a los Cahiers de doléances del tercer estado, si no constituir, al contrario, una condena sin reservas de un régimen social y económico en el que los obreros no podían esperar ningún remedio sustancial a sus condiciones de vida.

Brevemente, el cuestionario era al propio tiempo, instrumento de educación socialista y estímulo para una acción política que tuviera un fin creativo: la realización del socialismo. El documento estaba dividido en cuatro puntos:

1. Estructura de la empresa y condiciones de seguridad ( preguntas 1-29).

2. Horario de trabajo; trabajo infantil ( preguntas 30-45).

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Cuestionario para una encuesta obrera (1880)

Presentación

Ningún gobierno ( monárquico o republicano burgués) ha osado emprender una encuesta seria sobre la situación de la clase obrera francesa. Pero, en revancha, ¡cuántas encuestas sobre las crisis agrícolas, financieras, industriales, comerciales, políticas!

Las infamias de la explotación capitalista reveladas por la encuesta oficial del gobierno inglés; las consecuencias legales que estas revelaciones han producido (limitación de la jornada de trabajo a diez horas, leyes sobre el trabajo de las mujers y de losniños, etc.) han hecho a la burguesía francesa aún más temerosa de los peligros que podría representar una encuesta imparcial y sistemática.

Esperando que podamos obligar al gobierno republicano a imitar al gobierno monárquico de Inglaterra, a abrir una vasta encuesta sobre los hechos y desgracias de la explotación capitalista, vamos, con los débiles medios de los que disponemos, a intentar iniciar una por nuestra parte. Esperamos ser apoyados, en nuestro trabajo, por todos los obreros de la ciudades y campos, que comprenden que únicamente ellos pueden describir con conocimiento de causa los males que soportan; que únicamente ellos, y no salvadores providenciales, pueden aplicar enérgicamente remedio a las miserias sociales que sufren; contamos también con los socialistas de todas las escuelas que, deseando una reforma social, deben querer un conocimiento exacto y positivo de las condiciones en las que trabaja y se mueve la clase obrera, la clase a quien pertenece el provenir.

Estos Cuadernos del trabajo son la tarea primera que se impone a la democracia socialista para preparar la renovación social.

Las cien preguntas que siguen son las más importantes. Loas respuestas deben llevar le numero de orden de la pregunta. No es preciso responder a todas las preguntas; pero recomendamos responder de la forma más abundante y detallada posible. El nombre de la obrera o del obrero que responde no será publicado, a menos que sea autorizado de forma expresa; pero se nos debe facilitar, así como su dirección, para que podemos comunicar con él.

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